Poder del Agua

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El Poder concedido por  los permisos para el Hacer.

En la sociedad todo gira en torno a la cuestión de poder. Pero la sociedad no empieza con la congregación humana. También existe la asociación animal, el grupalismo y los comportamientos gregarios, las jerarquías y la especialización de funciones. También aquí se observan las estructuras de dominio. El salto de la sociología a la zoología y la entomología puede ser más atrevido y extenderlo al comportamiento de las especies vegetales. Algunas son fronterizas entre sus limitaciones vegetativas y su capacidad de deglución animal. Es sabido que unas especies dependen de otras y que el encadenamiento de actos de nutrición pasa irrevocablemente por los actos de destrucción. Lo que para unos es el final de sus existencias para otros es energía potencial para la continuación de las suyas. El poder en términos de supervivencia es la facultad que un ser vivo tiene para alcanzar sus propósitos de dominio sobre un espacio y, por añadidura, sobre otros seres. A fuerza de emplear el verbo de una manera sesgada se sobreentiende que se trata de poder humano, o el poder de unos sobre otros, o de poder político. Estas denominaciones tan solo alcanzan una reducida realidad de la vastedad del concepto y de la polisemia del verbo al que se acude inicialmente en la primera adquisición lingüístico y que es el que permite discriminar entre autonomía de hacer y dependencia de lo que hacen otros. Puedo/no-puedo es la clasificación binaria para el reconocimiento del rol que se tiene o de lo que se es. La inmediatamente siguiente es la de Querer/no-querer. Esta implica directamente a la voluntad subjetiva, aquella a un razonamiento objetivo de estas condiciones subjetivas. El poder y el querer están en permanente colisión, semánticamente no para de surgir la necesidad de su reubicación: “¿no puedes o no quieres?”- Se oye decir continuamente un hablante a otro. Ciertamente una de las premisas del poder para hacer  o no hacer determinadas cosas es darse el permiso para hacerlas, es decir tener suficiente voluntad para ello. Habrá que medir el contexto de cada acción y sus limitantes naturales para evaluar qué parte del poder está vencido a priori porque un sujeto se desentiende de su capacidad potencial y qué otra parte está determinada por limitantes materiales obvios. Poéticamente  podemos decir que tenemos alas para volar y seguir nuestros imaginarios pero no hay ningún poeta que haya olvidado que la anatomía física del humano no guarda parecido con el de un ave y que no le van a nacer alas en las axilas a la medida de su capricho. Hay un poder que puede ser evocado pero nunca concretado. De ahí que se acuda a la simbología y a la abstracción para conseguir con el razonamiento y la imaginación lo que no es posible hacer con la realidad. De otra parte la falta de alas del ser humano lo ha empujado a una tecnología para volar que no tienen las especies voladoras. Mientras estas siguen volando como milenios atrás, aquel mejora sus récords de velocidad y sus técnicas para vencer la gravedad.

Hay un poder en lo humano que pasa simplemente por dejarse de prohibir la vida.  Cuando Alan Watts dice que el poder del agua consiste en dejarse llevar por su propio peso está describiendo un fenómeno natural en el que no interviene para nada la voluntad o la planificación, Esta en la propia naturaleza de ese elemento tender a meterse por todos los orificios o resquicios siguiendo la ley de la gravedad. Esa misma agua metida en un depósito que la encierra y no la deja salir nunca ni hidratará a bebientes ni nutrirá el suelo que la espera. Esa imagen puede servir para describir un símil en el comportamiento humano cuyos excesos de autocontención y reserva convierten su potencial en algo inerte por no decir muerto, en algo a la espera por no decir algo enterrado, en algo lleno de todo pero falto de lo fundamental: darse al exterior.

Cada ser humano es un templo de potenciales energéticos. Desde su sede de quietud puede alcanzar el universo si se da permiso para el despliegue de su energía y la realización de lo que es. Dejarse ir es superar represiones que lo anularon. Dejarse extender es salir de sus limitaciones egoicas para alcanzar un sentimiento de fusión. Dejarse vivir es la clave. La opción de darte los permisos para ser quien realmente contienes en tu ser, y dejar de lado los roles a los que estás obligado (el rol del  asalariado, del contribuyente, del votante,...pero también el rol del familiar, del cabeza de familia, del padre, del hijo,…) es seguir un proceso de autentificación cuyos resultados pueden ser profundamente rupturistas con formas de vida pasadas. Evidentemente no todos los roles pasados tienen porque ser eliminados pero sí la dialéctica de subordinación entre la dimensión de la persona-Ser y la función de rol por la que profesionalmente es contratada o socialmente es entrenada.

La civilización es equivalente a códigos.  Código es equivalente a Represión publicada y paralelamente  interiorizada. Tiene esa doble realidad: la externa y la personal. Evidentemente sin códigos compartidos por la colectividad, consensuados o no, pero aceptados o imperativos, no hubiera habido posibilidad de organización y desarrollo social. Por otra parte los códigos son transmitidos pro la herencia intelectual y formativa. El neonato llega a la sociedad y esta da por supuesto una predictibilidad de su comportamiento, es decir de su adaptación al medio de la especie. Su evolución personal pasa por el consentimiento colectivo. El gran club lo admite como miembro de pleno derecho si se ajusta a las normativas que regulan las interacciones. Como todo no está regulado ni todo es previsible hasta el ultimo detalle las zonas de desavenencia entre individuo y el resto no dejan de estar presentes. Eso significa más exactamente que todas y cada uno de los individuos mantienen una cierta prevención ante todos los demás como colectividad a la que valoran y de la que se abstienen en algunas cuestiones. La interiorización de los deseos públicos en el alma del individuo particular llevan a que parte de este se supedite al gran superyó o al dios público social. Una parte de esa subordinación forma parte de la lógica supervivencial y adaptativa a los factores jerárquicos del tiempo en el que está inserto; otra parte, sin embargo, atenta fundamentalmente a la propia autoestima al no permitirse desarrollos como individuo soberano. El poder personal es el que pone el Hacer como resultado de un plan voluntario y personal. Esa tesis sirve tanto para ético como para no éticos puesto que instrumenta una metodología para la acción desde la fuerza del yo, la fuerza de la voluntad.  Toca diferenciar lo que se hace por imposición subjetiva de lo que se hace como expansión de lo personal tras deseos autorrealizativos. Una descontención a ultranza es el nido de la irrespetuosidad y finalmente de la violencia contra el prójimo (to destroy es uno de los verbos juvenilescos de moda  que ponen los pelos de punta a los conservacionistas de la energia y de la naturaleza), una descontención legítima ante todos los tabúes limitantes y represores internos que prohíben la autonomía personal es indispensable para la evolución mental y humana de cada cual. El símil del poder al agua dejada ir de Watts es un canto a la libertad personal, a un tipo de libertad: la del poder hacer, la de irrigar las zonas secas del entorno, a esas  que les falta la vida para crecer, la frescura de las ideas y de  las innovaciones fructíferas.

Toda disertación sobre el poder  como algo externo y objetivo limitado a las estructuras del afuera social desconectada del poder como  algo interno inherente en una dosis u otra a todos y cada uno de los individuos vivos nos lleva a un espejismo reduccionista y fragmentario. Donde realmente se aprende de la verdad intrínseca de las relaciones de poder es en el trato con los humanos y con las cosas desde las primeras experiencias y a pequeña escala. Los análisis de las correlaciones de fuerzas a escala sociopolítica son tan solo una parte de la digresión general. En el campo directo del feedback del tú a tú también hay luchas sutiles por el poder. La construcción de la soberanía personal pasa por instrumentar el poder para ejercer la libertad individual y no condicionarla a los imperativos ajenos, procedan de donde procedan: sean del policía que te hace callar con sus golpes o del compañero de partido, asociación o convivencia que lo hace con su dictum por ser el que pasa por ser el más entregado o el que sabe más.

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