Los ojos de dios
La instalación de videocámaras en espacios públicos no se hizo sin una cierta oposición. Hasta aquel momento las cámaras de circuito cerrado se habían usado para vigilar las esquinas de los cuarteles, las portaladas de las grandes empresas o los interiores de establecimientos muy custodiados. La cámara de vigilancia en bancos o empresas fue justificada e inmediatamente incorporada por razones de seguridad. La custodia de las cajas fuertes y la disuasión de los asaltantes eran sobradamente razonables. Recuerdo las primeras de ellas. ¡enormes! Su extensión e instrumentación desde entonces en miles de puntos ha sido rápida. Toda esa trama de ojos de visión automatizados o con control a remoto da cuenta del estado del tráfico o de las montañas, también de lugares en establecimientos públicos fuera del ´ángulo de visión directa de sus empleados. A parte de los edificios y casas que miran por esos teleobjetivos antes de preguntar quien está al interfono la cantidad de cámaras ubicadas estratégicamente y sin ser detectadas es tal que hoy día un viandante urbano entra en el campo de acción de ellas sin siquiera advertirlo. La sofisticación tecnológica ha ido permitiendo colocarlas de varios tamaños en todas partes, desde las más clásicas que se sabe que lo son a las más diminutas que pasan desapercibidas entre rincones de estanterías en el comercio. Entre las unas y las otras las medio esferas negras que están fijadas en los techos con un teleobjetivo dentro que no se sabe en que dirección apunta son las más misteriosas. El cliente podía inicialmente sentirse espiado en sus gestos. Recuerdo perfectamente mi malestar cuando el restaurant vegetariano que frecuentaba las instaló en su comedor de arriba donde solo estábamos los comensales. En una primera etapa las cámaras parecía que nos trataban a todos como sospechosos. En la actualidad hemos aprendido a coexistir con ellas sin prácticamente advertirlas. Gracias a ellas cosas que suceden y de las que antes había noticias breves que no se les hacia caso o silencio total ahora dan cuenta de brutalidades inadmisibles. El video documento es un prueba irrechazable. Supera incluso la grabación de audio y la foto de plano fijo. Es curioso que muchos ataques de violencia gratuita de fachas contra inmigrantes o indigentes ante las que la sociedad ha reaccionado sin fu ni fa, activen un proceso encadenado de reacciones de repulsa cuando son apoyadas con imágenes elocuentes de una conducta violenta e injusta.
Dado el crecimiento de la tasa de violencia pública en sociedad –también de la privada a juzgar por la mortandad anual por caos domésticos y enfrentamientos sentimentales- la implementación de cámaras y su grabación continua no harán más que ir en aumento. La instrumentación de control es un hecho que lamentablemente no podemos tratar de circunstancial. La actualidad y la curva de violencia de los últimos tiempos hacen pensar que todo tiende a ser protegido por cámaras. Nos aseguraron que dios estaba en todas partes y lo veía todo. Es cierto. Sus ojos no paran de aumentar. Son disuasorios para hacer adquisiciones sin pago en grandes almacenes pero también para cometer actos violentos en transportes públicos o lugares especialmente peligrosos por falta de público. Es conocido que el perfil del violento se lo auto reprime en una situación colectiva en que tema poder ser intercedido o contraatacado por otros aunque no siempre el público está a la altura de su segura fuerza colectiva. A través de los ojos de dios el personal subalterno al cargo de los monitores que tratan las imágenes o repasan las grabaciones se puede aprender mucho de comportamiento colectivo y desde luego tener información suficiente para interceptar, detener, neutralizar, procesar y condenar a un indeseable que va pegando tiros con su Colt contra todo lo que no le gusta. Paradójicamente el sistema de visión que en principio fue interpretado como un sistema de vigilancia y de control mas centrado en la seguridad de los grandes caudales se está convirtiendo en un sistema de información formidable con aplicaciones prácticas a la protección ciudadana. No me extrañaría que a la larga las cámaras alcanzaran zonas más privadas por imposición tal vez pero también ¿por qué no? por testificación contra falacias y falsas denuncias. Ya empiezan a serlo en cuanto vestíbulos y jardines de edificios comunitarios pero tal vez lleguen a los salones y a las alcobas de domicilios particulares. El big brother seguirá extendiendo sus tentáculos de visión de la intimidad ajena. Resulta molesto tener que reconocer que esa mirada electrónica tenga un potencial disuasorio para la protección de la vida y la integridad de los individuos sintiéndose seguros al andar libremente y no arriesgarse a sufrir asaltos o agresiones por tropezarse con gente que no aprende a vivir con sus semejantes. Ciertamente las cámaras siempre tienen ángulos muertos y las filmaciones que proporcionan tienen pixelaciones deficientes. Tampoco se puede contar con ellas como poder disuasorio para que la gente tenga un comportamiento respetuoso. Finalmente el tipo de carácter violento es un tarado que terminará por hacer daño en una zona u otra, eligiendo a una persona diana para descargar con toda su furia sus fracasos existenciales.
El tema de la video vigilancia emplaza a dos interpretaciones diferentes aunque la predominancia de su defensa como recurso tecno de información difícilmente va a ser contrarrestada. Resulta que no siempre los ojos de dios que nos observan son para controlar la transgresión legítima en determinados campos de consumo, sino también para controlar la agresividad inaceptable de personal muy violento.