Bajo las Estrellas
antiguo quiosco en Manresa
Palabras bajo las estrellas/ Xerrades a la fresca[1]
Lo que polariza las tertulias, generalmente ha sido y es la personalidad radicante y magnética de alguien que las convoca y presta su cemento personal para levantar una especie de enladrillado o casa común que cobije ese espacio de intercambio. Ese mismo factor de garantía del acto se puede convertir en su factor suicida, cuando la personalidad magnética que atrae arribismos, los ahuyenta por su falta de sensibilidad psicológica en poner en marcha una dinámica de coparticipación. Otras veces a falta de nadie con imagen potenciaria, la pulsión por el encuentro entre amigos de letras, proporciona un sitio en el que leer algunos textos, citar de memoria otros o hablar de cuestiones derivadas. Durante el verano ni siquiera son necesarios espacios cerrados para proteger tal evento. El calor invita a usar jardines o terrazas para encadenar unas cuantas citas seguidas dónde hablar (o balar) de inquietudes artísticas.El clima, el de las condiciones ambientales y térmicas, incide radicalmente en la comunicación humana. Y mayo/junio son meses en las latitudes barcelonesas, de meses de cambios: A un tipo de actos culturales se deja de ir porque la calle sigue atrapando la fiesta (y a nadie le apetece encerrarse en un local a las 8 de la tarde cuando todavía la luz es espléndida)y a otros se pone la mirada: preparar fiestas sobre la arena cerca del mar o hablar en una terraza de l´Eixample bajo las estrellas.
Esa última imagen tiene algo de rescatadora de aquellos tiempos en que la xerrada a la fresca era un acto de comunicación social muy importante y un espectáculo a la vez: era el sitio donde contar los relatos y transmitir la cultura oral. Un sitio familiar y amical muy por encima de la calidad de las televisiones posteriores que vinieron a asesinar la palabra familiar y la lúdica privada.
Si además esa tertulia es literaria o pretende conversaciones más preparadas tanto mejor, ya que facilitará el aprendizaje de unos y de otros y de todos con todos bajo un marchamo de la concordia. No obstante una convocatoria anfitriona puede extinguirse en sí misma a la segunda o tercera reunión cuando el encuentro no se desarrolla como se pensaba o se acude a él a falta de otro sitio al que ir. Es archiconocido el terror del personal a quedarse con su soledad un sabádo-noche. Su fiebre lo afana tras cualquier búsqueda y se apunta a un bombardero aunque no sea el tema de su gusto,con tal de no quedarse en casa. el personal forma filas tras la consigna del “sal”. Y sale, aunque su presencia en determinados espacios no se ajuste a sus deseos, entre otras cosas porqué no los tiene muy definidos y prueba suerte en unas reuniones u otras, aunque los caretos aportados sean los apropiados a su despiste privado. La suma de esos sujetos despistados con otros filoliterarios,cada cual con su visión particular de la bohemia y del arte en privado, configura un cóctel de sensaciones y expresiones a media voz, que convierten reuniones de grupo de una docena de personas en tantas subtertulias como la falta de un eje polarizante permitan, no siendo raro que el encuentro sea un espacio de microconversaciones aparentando cada cual que no le interesa lo que se dice medio metro más allá en torno a una misma mesa. Cada participante de un espacio de sensibilidades sabe porque móviles oscuros o visibles se ha apuntado. No siempre lo poético rima con lo inteligente y unos encuentros fenecen en si mismos no más allá de una docena de textos leídos. A pesar de lo cual sin esperar nada, todo encuentro con las letras siempre deja una resultante:nuevos contactos personales, nuevas conversaciones y la adquisición de nuevas letras.
[1] Nuestra amiga édita Carmen González propuso su magnífica y tranquiliza terraza en la Barcelona céntrica para tutorizar una tertulia artística, que no pasó de unas escasas reuniones y tuvo un comportamiento de flor veraniega, o ni siquiera eso, a falta de nadie que la monitorizara adecuadamente y a falta de un proyecto construido ni presentado.

