Sangre de Bestias.

 

“Cap torero sense cornada”. Ningún torero sin ser corneado. Texto mural que no deja lugar a dudas[1]. Si uno quiere ser torero que pague al menos con una cornada por su aventura. Dado el fracaso de la razón ilustrada para convencerle de que no lo sea y de la fantástica canción de Albert Plá ridiculizando ese mal entendido oficio del valor, el  torero que se precie al menos que se descojone (en el sentido literal de la palabra de quedarse sin huevos no en el figurado de partirse de risa) si quiere demostrar al público su coraje a costa de cobrarse la vida de un animal preparado para el espectáculo de la sangre. No dudamos que los entendidos de tauromaquia tienen en su haber argumentos de todas clases que van desde la mitología a las razones económicas para sostener cortijos infrautilizados agrícolamente. Por otra parte, el traje de luces, el tendido, la dedicación del toro a la figura ilustrísima de turno, la embestida de jinetes y caballos contra el animal  y el supuesto  atractivo del rojo que brota de costados y espalda del animal atrapa miradas de un tipo de personalidades cuando menos curiosas para el estudio, para repasarlas con lupa y proponerlas para test de psicodiagnóstico. Me enseñaron de niño que no es nada humano gozar a costar del sufrimiento ajeno, aunque se tratara de vidas ajenas diminutas e incluso irritantes. Recuerdo haber capturado algunas moscas que le arranqué las alas, una araña que encerré en una caja de plástico transparente y disparé en una sola ocasión contra un  ruiseñor. Pagué ya por ello y nunca más repetí tales fechorías. Todavía experimento vergüenza al recordarlo. La muerte gratuita no tiene el menor sentido. Estamos rodeados de ella. La ingesta de la carne te convierte en cómplice de una industria que sistemáticamente organiza la muerte de animales para consumo masivo. A otra escala intentar sobrevivir haciendo campismo pasa por cargarte una cierta cantidad de moscas y mosquitos empeñados en no dejarte en paz. Es difícil encontrar un ser humano que de un modo u otro no participe en una cuota de responsabilidad de la destrucción de otras vidas. Otro asunto muy diferente es participar en calidad de público por la avidez del espectáculo que proporciona. Lo triste es que no podemos dudar que haya gente que realmente disfruta viendo como se acosa y se tortura a animales. El hecho de que mucha gente siga pagando sus entradas para esto y llene plazas o siga espectáculos  descalifica el país que compartimos con ella, Es simplemente vergonzoso para todos. Lo que para esta gente es cultura para otra gente es una humillación. Los reportajes videográficos de infelices que están junto a la barrera y son atrapados por embestidas del toro al que no  le calcularon su fuerza forma parte del lote de autodefensa animal. Deben llevarse una buena lección a casa,-si sobreviven-  en particular los turistas extranjeros que asoman las narizotas en puntos de riesgo sin saber muy bien a lo que se exponen. El espectáculo es desigual. El animal es forzado a ir a esa particular forma de matadero, el torero y el público están ahí por voluntad propia, los empresarios de esa farándula vienen viviendo de ese cuento desde hace mucho sin que nadie les pare los pies, incluso contra normativas de determinadas ciudades como la de Barcelona que a pesar de todo siguen con deplorables corridas,

La sangre entre bestias puede mezclarse, toda es roja, la una tendrá el  ¡ai! y el clamor de un público cuando su héroe es cogido por los puntiagudos cuernos del animal, la otra raramente el indulto y la vida. El uno es un ser humano con nombre y recordatorio, el otro una bestia que se parecerá demasiado a las otras como para recordarla. El uno irá al cielo de los creyentes, el otro será descuartizado y zampado. De cada parte del toro se hará leyenda para conseguir potencia sexual. La bestia morirá casi todas las veces y el héroe será reclamado desde las tribunas aunque quede un poco maltrecho y siga persistiendo como mataroros hasta que un torno lo mate a él. Todas mis consideraciones para el animal forzado a servir de plato fuerte a los sádicos que gozan con su dolor, ninguna consideración para toreros, cuadrillas, aguijoneadores, público en general que para gozar necesita ver sangre, peor que los propios vampiros que al menos la necesitaban para renovar su vida corpórea inmortal.

Sabemos que los espectáculos tauromáquicos y cuales quiera otros basados en el sufrimiento de animales, sean los que sean, cabras o gallos, o patos, terminaran por ser prohibidos y pasaran a los archivos municipales y estatales. Mientras que eso no llegue no hay que ser tan comprensivos con sus practicantes en aras a que su tradición pasa por ahí. Que la cambien. El elogio del sufrimiento no tiene nada de cultural. Lo menos que se puede hacer con sus seguidores y profesionales es mostrarles un desprecio inequívoco y desde luego no subscribirlo en ninguna de sus formas. La silueta negra del toro en los coches españoles en una cierta abundancia todavía recuerda que la gente se presta a la tontería de  significar a España con una de sus formas mas brutales, ignorando que ya esta en otro tiempo y sus toros es todo lo contrario a algo de lo que pueda sentirse orgulloso.

Por ultimo en los ruedos, si hay alguien que tiene valor es el toro no el torero, cuya técnica lo predetermina para ser matador (asesino es la palabra precisa) con el paripé de un rato de olés y movidas, en lugar de matado (no precisamente asesinado).El torero se enfrenta a una muerte casi segura. Su energía y su pelea lo ponen a la altura de la situación, ¡que remedio! En cada corrida se citan un animal defendiéndose y una bestia atacando, no es difícil adivinar quien es quien.

 



[1] Visto en una pared de un edificio en ruinas cerca de la biblioteca comarcal de Amposta

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Albergado en:blogdiario.com

Noticias: Noticias

Un servicio de HispaVista

Contador gratis contadorplus.com