Sex and Love
El amor y el sexo hay quien las presenta como dos opciones distintas. La demanda de más amor y menos sexo o el amor como la alternativa a lo sexual introduce una cierta trampa. Practicar sexo es un conjunto de técnicas que buscan un placer físico. Amor es un conjunto de sensaciones que por la vía de la aceptación y el reconocimiento producen un bienestar psíquico. La sentimentalidad de este no es menos intencional que la materialidad fisiológica netamente expresada de aquella. La sexualidad pasa por el tocarse y por la excitación, el amor por la atención, la dulzura, los cuidados y las palabras bonitas. Lo sexual es perfectamente descrito. Suele empezar por unas caricias de sondeo y terminar en orgasmos con o sin penetraciones. Lo amoroso incluye una mayor cantidad de variables. Suele empezar por un interés específico y distintivo en alguien para terminar convirtiéndolo en una persona sentimentalmente especial. En el proceso amoroso las caricias están presentes y la excitación erótica sigue su curso. Hay particularidades amorosas en la que esto no se da o al menos no se revela y es en las relaciones parental-filiales, también en las fraternas y en alguna clase de las amicales. La demanda de amor es una prerrogativa universal. La comunicación sexual es también una praxis universal. Es difícil que el amor de pareja siga su desenlace sin una comunicación sexual y algo parecido se puede decir al revés, es difícil tener una relación sexual continuada con alguien si amarle. Sin embargo las experiencias de las prostitutas refieren de clientelismos fijos por años sin caer en una relación tópica de amor lo cual permite pensar en otras variables sentimentales.
En los conflictos de pareja por concepciones amorosas distintas se hace difícil la continuidad de los encuentros exclusivamente de orden sexual aun cuando se cumple la condición de ambas partes de seguirlo deseando.
La demanda amorosa va más allá de las atenciones genitálicas que se puedan recibir, pide el trato de unos privilegios como persona. Después de agotamientos sexuales de toda clase de encuentros eróticos con partners, lo más probable es pedir amor como lo prioritario dejando el sexo para un despues si llega. Es posible incluso que un exceso de practica sexual, haya sido hecha con muchos clientes o amigas/os, termine por hacer aburrir un tipo de practica erótica, en particular aquella que solo busca un desfogamiento directo. El sexo es muy importante como desneurotizador como la forma más lujuriosa y barata de obtener placer. Su práctica tiene un intenso abanico de sutilidades que proporciona resultados distintos según la forma de practicarlo. Aunque aparentemente un orgasmo es igual a otro o todas las eyaculaciones se parecen, la resolución orgasmática final depende de la intensidad de identificación con el partner. Eso lleva a que determinadas citas amorosas puedan superar a otras en pasión y experiencia y entrega aunque la cantidad de estas otras sea mayor. Hay una sexualidad que puede llegar a ser rutinaria y tapar las necesidades eróticas pero no en resolverlas del todo. Los orgasmos se pueden repetir y eso no significa que se lleve una vida sexual integra o totalmente sana. La mayor intensidad sexual depende de la mayor identificación con el objeto del deseo. A menudo dos cuerpos que se relacionan se gustan suficientemente para hacerlo pero no se aceptan en algunas de sus partes que declinan tocar o explorar. La verdad es que es difícil que haya dos personas que se conozcan en todos sus lados corporales. Hay zonas que dejan de tocarse o que son marginadas. Es así que hay infinitas parejas consolidadas que siguen una relación regular ordinaria suficiente para mantener abierto el contacto de su intimidad pero insuficientemente entregadas como para ejercitar la sexualidad ideal. Sin sexualidad ideal no hay placer máximo. Este es el simple resultado de una suma de los distintos ingredientes que aquella puede escenificar. Si hay zonas tabú intocables y ejercicios íntimos autonegados la intimidad tiende a un decrecimiento o a un estancamiento que la condena a una cuota de placer menor. El más amor en esos casos no quita el minus placer de ellos. A nuestro pesar nos toca reconocer que la voluntad amorosa por alguien no se transforma en una mayor pasión por su figura. Son otros factores de orden inconsciente que tienen que ver con el deseo de la forma lo que está detrás del placer maximizable. No es suficiente con la previa amorosa para la pasión total ¿Me quieres cariño? Luego entonces pósemela paradoja de la relación íntima es que la pasión y el amor son registros diferentes. O al menos creo que la honestidad del análisis exige diferenciar ambas cosas. Hay distintos tipos de cariños que no pasan por la pasión y el amor de crucero (el de larga duración) puede pasar por distintas épocas de intensidad en las que la pasión no sea una constante, ni siquiera aparezca. Si preguntáramos a una muestra representativa de parejas convivenciales como anda su pasión es posible que nos encontráramos con la no tan enorme sorpresa de que la mayoría afirmen que esta no existe, ha desparecido o incluso nunca ha existido. Llamamos pasión a una alta cota de entrega sexual. El amor convivencial termina por organizar una entente de intimidades con carantoñas y reconocimientos recíprocos sin tener que pasar o rescatar lso atributos pasionales. En cierta forma la relación amorosa desapasionada implica una saturación del yo del otro o bien una falta de seducción ante su atractivo. K.J.Gergen ya hablo del yo saturado. Cabria trasladar los efectos de la saturación a la repetición de formas y rituales de experiencia que han dejado de aportar grandes o excitantes acontecimientos a la vida privada. Independientemente de la robustez de un yo explorador que demore su caída en el yo saturado la elección que haga del otro no significa que le obligue a tratar con ese otro para todo. La intensidad del trato se ajusta a muchas variables, entre ellas las formas corporales.
Es tan absurdo plantear el amor como premisa condicional para practicar el sexo que presuponer la consecución de aquel a partir de la praxis de este. Es a partir de la verbalización de los actos, lo que se espera de ellos y el significado que se les da, si una relación de intimidad conducirá al incremento amoroso o a su no posibilidad. Tradicionalmente el clientelismo de la prostitución ha buscado prácticas sexuales en profesionales del sexo que les eran negadas en sus matrimonios. La pasión intima de aquellas no solo no desbancaba el formato de estos sino que los aseguraban a continuar. Tenemos el amor por una parte y el sexo por otra que en el mejor de los casos coinciden en la misma persona. Cuando eso no sucede lo mas lógico es que quien necesita practicar sexo de alta intensidad lo busque en quien se lo pueda proporcionar. Si eso es descubierto será tomado como un flagrante delito por el cual será castigado el o la infractora/a aplicando la idea de que una sexualidad es extraña es igual a una falta de amor.
El género humano de actualidades no está suficientemente preparado para analizar este doble tema en la singularidad de las partes. La mente racional no lo es tanto en este campo temático en cuanto funciona con conceptos estancos y absolutos: has practicado sexo con alguien fuera de mí luego entonces no me quieres. Tal simplificacionismo es tan brutal que da vergüenza saber que es un producto elaborado por la condición humana.
El amor ni empieza ni termina con el sexo y al revés, el sexo ni empieza ni termina con el amor. El uno no es atributo del otro aunque lo presuponga. La discusión no está terminada. ¿Como medir donde hay más amor? La pasión no es lo único que lo engrandece. Esta si bien es un indicador de intensidad sexual no lo es tanto del amor cuanto es posible prescindir de la otra persona tras un periodo erótico suficientemente agotado.
En una cultura en la que las relaciones sexuales sean/fueran instigadas y educadas desde el principio respetando la espontaneidad biológica de la demanda libidinosa de los púberes en crecimiento se permitiría una libertad en el crecimiento que no confundiera de entrada amor y sexo. La libertad sexual dotaría de una madurez anticipada para la elección amorosa adecuada posterior. En las culturas que se crece con el sexo es malo o sucio o dañino o prohibido, las premisas para las neurosis futuras están preparadas. Los resultados son patéticos: no se puede ignorar que las grandes frustraciones a escala de humanidad explotan y se pagan con grandes colisiones donde la gente se destruye prefiriendo odiarse y matarse que amarse y gozarse mutuamente. Si la humanidad tiene futuro o el futuro de la humanidad quiere ser garantizado este pasará por un enfoque distinto del inicio de la vida sexual y del trato sexual con el otro como algo plural y experimental, no como experiencias de entrada única que deban conducir obligatoriamente al pacto amoroso. Mientras no se diferencie lo uno de lo otro en sus justos términos la patología social que depende de este tema seguirá sin ser curada.
A diferencia de la actividad sexual el amor ha sido idealizado. Necesitamos saber que el otro al querer por quien darlo todo es el ser ideal para la relación ideal. El amor, como todo, depende de variables que demuestran su vulnerabilidad, su realismo y sus límites. R. May teorizó la necesidad del mito. Esa necesidad funciona a escala étnica de grupos pero también a escala privada de parejas. Dentro de una pareja cada partner le toca recordar al otro sus límites humanos y que lo des idealice convenientemente sin por eso dejar de quererlo. Ámame pero recuerda que no soy ningún/a dios/a.
El sujeto enteramente equilibrado es el que está seguro de su condición de amado y también de enamorado y que además goza con la compañía y con el encuentro sexual con el otro. Es una hipótesis. La mayoría de individuos lo más que les es dado es la conciencia de sus desajustes o desequilibrios; en particular los que se refieren a sus déficits con el placer y sus faltas de acoplamiento amoroso total, lo cual tiene que ver con sus faltas de reconocimiento.