Sexo y Tension.

El dolor como experiencia excitatoria. 

El contenido de Histoire de O de Pauline Réage, pseudónimo de Dominicque Aury, fue conocido antes por su traslado a la pantalla española, en la época en que apuntaba al destape, que por la lectura de sus páginas. Ya llevaba tiempo publicada en Francia, un cuarto de siglo atrás,  con el consiguiente escándalo de su literatura que entraría en el etiquetaje de perversora por los sabuesos de la moral o de la psicopatología por los impulsivos de las clasificaciones. Sea como fuere, la autora proponía una relación de servidumbre sexual entre O, la protagonista, que en término actuales denominaríamos de maltratada, y su amante y los hombres a los que éste  la somete. Lo que más llamó la atención del texto, lejos de ser una literatura exquisita de la descripción,  fue  la descripción del sometimiento al dominio varonil bajo el slogan del quererse. Aceptar la afrenta y el dolor físico administrado por el látigo  constituía una prueba de amor. El relato se inicia con un sometimiento de O a varios hombres por la orden de su amante, al cual obedece. No hay ningún protocolo previo. No concurre ninguna explicación excepcional sobre un supuesto proceso de entrenamiento de ella para aceptar este rol servil y, bajo no pocas observaciones, tratado de patológico, enfermizo e inaceptable. Es un relato que tuvo la osadía en su momento de elevar a categoría de arte, o al menos de excitación, el dolor físico. Un dolor controlado, sí, pero no menos persistente. No se trata de un solo episodio para la experimentación sino del sometimiento diario a los latigazos y al grillete. En la edición de Tusquets (Barcelona 2005), el prologuista Jean  Paulhan (1954) habla y conjetura sobre “la dicha de la esclavitud” y liga sin equivocidades un episodio de rebelión del s.XIX en Barbados de un par de centenares de antiguos esclavos que se alzaran contra el señor que los había librado para que volviera a tomarlos en las condiciones de antes. ¿La esclavitud es una elección?

La teoría sexual de los sentidos y de las prácticas de dominio relativiza el sadomasoquismo como algo presencial en una dosis u otra en las relaciones eróticas. Pero es cualitativamente distinto el goce creado -con la práctica del daño hasta sus últimas consecuencias- que el goce insinuado en una negociación discreta entre el que lo proporciona y quien lo recibe. El deseo de usarlo en la escenografía sexual no es tan exiguo como cabría esperar. La edición del libro comentado destaca en la contraportada  que la brutal belleza de sus páginas conectaría con lo que millones de lectores”, tanto hombres como mujeres sentían sin osar formularlo.

La pregunta obligada es si en la intimidad de su lectura, indistintamente de la forma estilística usada, el lector o la lectora se contagia de la excitación que desprende el texto. No preguntaré a quienes hagan su lectura. Es suficiente con que cada cual se reconozca la respuesta en su intimidad sensorial. Me basta la hipótesis de que un texto como éste,  en el que la descripción de las cópulas es mínima y donde predomina el azote con toda su carga simbólica y los detallismos del vestir, consigue mover penes o vulvas bajo las telas sin otra intervención manipulativa que sus entradas descriptivas. Si esto es así ¿no es suficiente con este dato para determinar que un tipo de violencia física, aunque sea desde el plano de su evocación, genera excitación y placer? Terrible pregunta cuya respuesta comprometerá a cualquiera. La cultura manda y ordena que todo pase por lo pacífico y por el diálogo desestimando cualquier clase de violencia por comunicativa o ejemplar  que quiera ser. Por otro lado el organismo humano está hecho de procesos tensionales, con cargas y descargas, con momentos opuestos, los de   excitaciones y clímaxs y los de  distensiones, con intensidades y relajaciones. Los actos de amor no son ejecutados siempre de la misma manera. Hay encuentros muy dulces y otros que son, deliberadamente, rápidos, incluso bruscos. Hay situaciones en las que las yemas de los dedos ocupan el lugar que en otras lo hacen las uñas de los mismos dedos.

Lo sorprendente del libro desde su momento de aparición fue y sigue siendo sus escenas directamente sexuales con esa clase de sexualidad. Lo que más sorprende es que coloca un mundo de relaciones humanas de protagonistas oscuros  sin detenerse a explicar nada de lo que hace cada uno en su vida salvo sus episodios de sexo. Esa ausencia de perfiles sociológicos colocan el texto en cualquier momento imaginable  en el que la  convicción de que el deseo erótico y su particular aspecto del deseo de una sexualidad violenta y servil es atemporal.

La referencia a la relación sadomasoquista de definición tópica  es a menudo usada para ilustrar las bajezas de la condición humana. En cambio las amoroso-románticas en las que apenas si hay el cruce de un par de besos y la capacidad de entrega de uno de los enamorados al otro hasta morir como si eso fuera  la máxima prueba de amor, es ensalzada, cuando en realidad la aceptación de morir por el otro no pierde conexión con el masoquismo y el de aceptar la muerte de quien te quiere como enseña de la entrega tampoco la pierde con el sadismo.

Evidentemente O paga las secuelas de su servidumbre. Sus demostraciones de amor, a tanto el sufrimiento, la colocan en una dinámica de placer  embrutecido que lo pone en función  por el procedimiento del mismo que aplican los amos también para ellos. El amo le aplica dosis controladas de dolor, la encierra, la ningunea; ella acepta admitiendo que maximiza su amor maximizando también la cuota de daño recibido. El libro es descriptivo y no se plantea ni deja entrar ninguna consideración de tipo moralista. La sexología argumenta que todo lo que produce placer sin ponerse de acuerdo en donde están los límites. Afirmaciones genéricas de esta clase tienen motivos para arrepentirse antes o despues. Todo es una palabra demasiado grande para usarla con tanta ligereza. La novela fue escrita como material de placer para su autora, la cual se dio a conocer  muy posteriormente. Escribirla fue un acto de justicia con el deseo del inconsciente colectivo. Las relaciones sexuales incluyen un cierto tipo de violencia y son un barómetro de la relación de los partners a lo largo del día o del momento que atraviesan. Eso tampoco significa que todas las mujeres deseen pasar por la experiencia de O ni que todos los hombres admitan el papel de su amo, el cual tampoco consumaba necesariamente el acto sexual y obtenía el placer derivado por el ejercicio de su dominio.

La novela se deja leer pero tiene más valor como producto de imagen que como creación escrita. No es un libro para regalar a una pareja que decide unirse a vivir para no levantar equívocos pero si para comentarlo en un club de lectura compartida y como referente en una terapéutica sobre  relaciones íntimas con  agresividad mutuamente pactada y voluntaria.

 

 

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