La Reutilización

La reutilización. Vivir la vida sin comprar nada (o menos).

En la sociedad de la opulencia  -a pesar de todas y  cada una de sus crisis- son mas cosas las que se producen que usuarios existentes para usarlas. Ese desajuste entre productos y consumidores deja un umbral de recursos que tiende al crecimiento permitiendo que se vayan sumando iniciativas para el reciclaje. Las crisis económicas cíclicas no lo son de déficit sino de todo lo contrario: de superproducción. Los gobiernos asustados por el caos social generado por la reducción de puestos de trabajo en lugar de proponer  nuevos modelos de vida social basados en la cooperación y en una distribución más equitativa instan al mas trabajo y al mayor gasto si bien es cierto que las insinuaciones a nuevos modelos van surgiendo en los discursos públicos pero sin atreverse a pronunciar la frase mágica. Acabar con el capitalismo, con su irracionalidad, su antihumanismo y sus despilfarros.  Al alarmismo social toca añadirle esa incapacidad gubernamental (indistintamente de los partidos políticos en la gestión del estado) en calmarlo.

El hecho es que una  buena parte de la sociedad capitalista tiene más de lo que necesita y sin embargo sigue contribuyendo a la producción de objetos. Materiales que no hacen falta y que vienen a estorbar la vida. Todo ello está condenado al stock o a la destrucción con tal de que las máquinas sigan rugiendo y vomitando los artículos para los que han sido diseñadas.

La primera propuesta ecologista para preservar el hábitat y los ecosistemas ha sido y sigue siendo el de la Reducción. Esa es una idea genial que sirve tanto para un  plan global de una gran industria como para un  pequeño hogar de una familia. Reducir significa aminorar el ritmo de necesidades o elegir aquellas cosas que cumplan varias funciones para evitar la duplicidad de elementos contextuales. Reducir significa ajustar la vida a lo necesario y no acostumbrarla a un superávit de artículos sobrados.

Reducir  significa atenerse a  este parámetro y no mal educar a criaturas (futuros consumidores compulsivos) en la extralimitación de la superfluidad. En suma, reducir es trabajar para cubrir necesidades y no al revés: trabajar para aumentarlas en terceros a cambio de quimeras de éxito profesional que se desvanecen al aproximarse a su significación autentica.

Por ahora, las propuestas de la simplificación no han creado dinámicas de vida dominantes. Hay una resistencia a vivir con mínimos porque eso se asemeja a hacerlo como lo hicieran las clases más bajas y al no tener excesos se le equipara a tener poco o a la pobreza. Se ha llegado a creer que no comprarlo todo es tanto como apretarse el cinturón, una famosa y demagógica frase indicando que significa pasar hambre. Todavía hay quien ve como algo terrible comer dos veces al día en lugar de 3. Un cura demagogo hablaba de eso por la tele con toda la piedad de la que era capaz por los pobres de la tierra.

Puesto que la reducción es todo lo contrario a lo que plantea el sistema con la explotación de los recursos naturales y los recursos humanos en pos de  productos arrojados por las fábricas, el no-uso de  todas las cosas es su consecuencia directa y correspondiente. Las cosas se acumulan en lugares antes de que su tiempo de vida útil haya concluido. Además se tiran antes de que se hayan aprovechado suficientemente.

La Reutilización es el fenómeno que nace a partir de recoger y re-usar cosas que han sido despreciadas por otros.

Las empresas dedicadas a los artículos de ocasión y usados (second hand) son la forma más conocida de re-utilización. Lo malo de ellas es que al intervenir los intermediarios en su almacenamiento (desde los típicos chatarreros y traperos a los modernos almacenes de reparación y remaqueamiento de las cosas) es que añaden un segundo precio para sus beneficios a cosas por las que ya pagaron el primer precio sus dueños. De hecho el dueño de algo que lo tira sin apenas usarlo  paga una segunda vez para que se le lleven eso de su espacio, y el nuevo dueño que la adquiere significa que paga una tercera vez en ese ciclo.  La basura –entendida caqui por todo aquello que es despreciado- puede generar tanto más gasto cuanto más intermediarios haya en su manipulación. En todo caso, para suerte de rebuscadores y reutilizadotes convencidos,  el acceso a ella es de libre disposición.  La curiosidad del sistema es que lo que encarece un producto por encima de su coste de fabricación es su transporte, su distribución y reubicación. Aunque no se pague por la compra de una cosa e incluso resultando gratuita por encontrarla junto a un container el hecho de recogerla, transportarla y almacenarla significa un trabajo que tiene un coste en tiempo y significa también un pago por combustible, energía extra y materiales añadidos a su reparación si es eso lo que se hace. Todo lo gratis tiene cuando menos un coste de trabajo aunque no sea necesario gastar un céntimo para arreglarla.

La cantidad de productos desechados es de tal cantidad que una planificación del reciclaje incidiría directamente en la disminución considerable de la producción de primeros productos. Como eso no interesa a la sociedad del lucro las alternativas del reciclaje  y educación medioambientalista se demoran. La cultura consumista es de tal magnitud que todo l oque no sea pasar por alquileres altos y por hipotecas interminables no es considerado. Resultado: la gente enferma poniendo su vida al servicio de la propiedad en lugar de poner los recursos naturales al servicio de su vida.

Como  proyecto experimental es actualmente posible la construcción de una casa bioclimática con la utilización de  materiales tirados y solo tirados. El chabolismo ya es eso, solo que su aspecto es feo y su higiene deplorable. Las casas de lata ya vienen a ser unidades domésticas reciclando recursos que por otros han sido tirados. En lo más rudimentario los homeless se protegen de las inclemencias de la noche metiéndose dentro de una caja de cartón. La alternativa no es esta. Los hombres-rata pueden vivir de deshechos en las papeleras y dormir en cualquier portal pero eso no es una alternativa. Huelen mal y no hacen otra cosa que obedecer sus imperativos estomacales.

El planteamiento de la reutilización es el de posibilitar una vida cómoda y agradable con los recursos proporcionados por la misma sociedad del despilfarro. Ha habido experimentos sociales con coloridos e ingenios de unidades domésticas permitiendo el lujo y el placer de vivir sin obligaciones laborales asumiendo directamente las necesidades de trabajo y creativas de esa elección existencial.

Lamentablemente los optantes por reutilizar materiales despreciados (la ocupación de casas abandonadas en una de sus versiones) no siempre miman los lugares en los que se meten teniendo serios problemas con la organización doméstica básica.

En una buena parte de Europa y del mundo más rico se podría vivir organizándose con criterios de reutilización efectiva (también por lo que hace a comida acudiendo a los mercados en sus horas de cierre cuando sus mercancías ya no están para la venta).Evidentemente la opción es/sería para minorías. Alguien tiene que estar produciendo primeros productos para que haya despilfarro que de lugar a la alternativa de su reutilización. Tal como están las cosas un grupo organizado podría demostrar poder vivir sin usar un céntimo y cubriendo la totalidad de sus necesidades con la reutilización de las cosas tal cual y su reciclaje por piezas. Eso incluiría desde el tejado y el calor a los libros, el vestido, la comida y los desplazamientos.

Eso no es una simple conjetura. Hay micropoblados y formas marginales de vida que apuntan a eso pero su caos organizativo y su antiestética por no hablar de su mal gusto y falta de higiene los descalifica como modelos. Es una lástima que ahí donde va el ser humano deja su contaminación y su desorden. Esa es una constante sea cual sea la clase social de pertenencia y sin que tenga nada que ver el poder económico en el impacto ecológico adverso. Cuanto mayor sea ese poder mayor será el impacto nefasto pero la determinante psicológica será la misma. Por fortuna para la gente del futuro hay personas que apuestan por las soluciones y respetan los espacios que habitan.

La perspectiva no de una vida entera pero sí de una temporada de un par o 3 de años de vivir sin pasar por la tienda o por el restaurant o por el espectáculo de pago es perfectamente posible aunque no probable. Salvo los más menesterosos que se dedican a la indigencia por única vocación,  es difícil encontrar quien se preste a un proyecto de esta clase porque para sumarse a ello habría que vencer todas las inseguridades previas. Como Rudyard Kipling fantaseamos una vida habitable no desde el dogma sino desde la creación. La creatividad solo necesita dos cosas: el ingenio y los materiales de trabajo. Estos los proporciona el despilfarro (por cierto hay artistas que trabajan sus formas tomando los materiales de los containers) y en cuanto al ingenio la iniciativa personal y el no-miedo es el que proporciona la genialidad suficiente para una vida distinta y divertida.

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