El Club de los Poetas Vivos
olla vieja de cobre
PRESENTACIÓN DE UN NUEVO ESPACIO LITERARIO-ARTÍSTICO
Club es un término que evoca una familiaridad en un espacio de excelencia.Raya la idea de lo selecto.Esa selectividad no tiene porque ser exclusivista ni privativa ante iniciativas de arte creativo.
Poetas, a pesar de su tinte masculinista, reclama la dimensión de la sensibilidad de hablantes y soñantes de diversas naturalezas, que están/estamos aventurados en la palabra como viaje hacía el todo y como alma imaginaria.
Vivos, marca una frontera: la de no ocuparnos, ahora y aquí, de los poetas fallecidos y/o de los poetas consagrados, no porqué no se lo merezcan.(es obvio que han sido las luciérnagas de caminos y los maestros marcadores de pautas ) sino porque vienen gozando de multitud de espacios que los tratan, los publican o re-publican, los citan y recitan, los admiran y trabajan.
Vivos, porque nos conviene hacer referencia a una multitud de seres anónimos y desconocidos, -para empezar, nosotros mismos-que tienen/tenemos manantiales de bellezas en sus/nuestros cajones de sastre, para los que sin duda, hay/habrán lecturas dispuestas a comprenderlos, rumiarlos, gozarlos, y tal vez releerlos y memorizarlos.
El club de los poetas vivos se oferta como un rincón teórico-práctico de convocatoria semanal permanente para poder sentir desde el primer minuto, un clima de acogida, de coparticipación y de descubrimiento. Es una ganga, pues ofrece un elixir entusiasta por el módico precio de una asistencia gratuita.
Evidentemente, de acuerdo con el propio espíritu poético, no puede ser un lugar rígido, normativo ni una cita de gladiadores, sino el lugar sosegado de la escucha y el habla que permita conocernos en nuestros textos más reveladores de lo que somos. Si escribir un poema es un ejercicio profundo de introspección y extrospección, pasar a leerlo a otros, es un acto de fe en lo humano y una de las conductas más elevadas de sinceridad, en tanto que se confía la propia vulnerabilidad a ese universo complejo de lo ajeno. La excepción estriba en que, para la mirada poética, en el fondo nada ni nadie resulta totalmente ajeno a las vicisitudes particulares de cada uno.
El club de los poetas vivos se desarrollará, porque viene existiendo ya como una multitud de microespacios[1] en variados puntos de nuestras geografías culturales, en tanto que los sitios literarios nunca se han extinguido del todo, y afortunadamente en la actualidad están experimentando un nuevo apogeo[2] . En el nuevo espacio presentado y ofertado, para asegurar vigencia y continuidad, flota el deseo de un planning, una cierta programación, una perspectiva y una prospectiva de su desarrollo. Por eso, no se limitará a ser una tertulia espontánea[3] para ser copada por ningún carisma particular sino una cita sistematizada de contenidos.El esquema base que propongo es: 1/abordar autores y obras no presentes 2/ronda de lecturas[4] de lo presencial o no 3/debate e interacciones. Y como criterio confeccionador se pueden hacer planificaciones de los textos a tratar a manera de seminario, es decir repartiendo elecciones temáticas de acuerdo con los intereses de los/las seguidores/as del espacio.
[1] Micros y también macros cuando hay fiestas poéticas que por espacio de varias horas se pasa a la tribuna de las tablas o al escenario de metro y pico por encima de un público.
[2] Por eso, aunque demos el nombre de club a nuestro espacio literario, en realidad no adoptamos el nombre como una patente de marca de ese espacio, ya que consideramos que todo /a poeta/poetisa en el ejercicio de su función creadora, ahí donde la haga en interacción con otros, está haciendo su versión de pleno derecho de ese club vivo.
[3] Las tertulias como tales dejadas a su libre albedrío periclitan pronto a no ser que pretenda unos ciertos logros culturales, festivos e intelectuales.
[4] que además de poesía puede incluir prosa: relatos breves, anecdótica, retratos y perfiles, teatro o scripts.