El elogio del pene.
Antes de que pueda ser iniciado cualquier discurso lo que se ve en el otro es su cuerpo.Antes de la palabra hablada, queda constatada la imagen. Antes que el otro se constituya en hablante es tomado en su materialidad evidente. Antes de que pueda ser conectada una demostración, prevalece una observación. La dimensión del hecho perceptivo sobre alguien cualquiera antecede de lejos la dimensión de su ser, su alma, su condición potencial. Es la primera dimensión, que desde la discriminación óptico-icónica y la censura de las formas,hace el arbitraje de admisión o no-admisión de la persona observada, hacía espacios de comunicación mayores. De una primera constatación de la presencia cabe toda clase de inferencias y especulaciones sobre lo que hay más allá de la imagen vestida. La hipótesis de un cuerpo nutrido y fibroso sólo es constatado tras la caída de los velos[1] y la prueba de la desnudez. La anatomía desnuda,con los estudios gráficos pioneros de Da Vinci y con la mirada indiscreta irrefrenable de las partes que dejan de ser ocultas o vergonzantes, tiene una parte tabú en el varón: su genitalidad y su poder de transformación. El cambio del pene de su estado de reposo a su estado eréctil es tal, que ningún otro órgano o zonas de modificaciones aparentes en la figura humana demuestran tal espectacularidad. Sí, que por razones hormonales y excitantes hay cambios en otras partes de la anatomía sea masculina o femenina, pero no con la enevergadura que ostenta un pene. Ahí radica su magia y su tragedia. Y lo que va de su elogio a su fondo traumático.
El tema de su tamaño siempre ha sido asociado a una exageración mítica[2] y desde posiciones femeninas y feministas ha tendido a ser supeditado a los valores funcionales. Parece que una cierta marginación de forma y tamaño se ha emparentado con un progresismo que al valorar la dimensión sentimental por encima de todo no entra en detallismos de ese tipo. Pero el pene y su magia de multiplicarse por 2 o 2,5 según el grado de aflojamiento inicial, sigue llamando la atención poderosamente y sigue siendo un objeto de caricia,siguiendo la tradición ancestral implícita de la totemización[3] .Y su función conectora entre un hombre y una mujer le dan un valor por encima de cualesquiera otras partes de ambas anatomías, que sin dejar de ser importantes no operan ni pueden operar igual[4] .La relativización del tamaño sigue una lógica de la comunicación, ya que entre dos que se buscan no hay ninguna dimensión que pueda ser tomada en términos absolutos:cualquier elemento formal que no se ajuste a un supuesto canon puede ser relativizado o disminuido en importancia, por que por encima de las formas están los intercambios de contenidos. Pero hay una parte de mentira en tal argumento, ya que en el juego sexual de dos (o más), una parte considerable del jugar consiste en el hablar de los objetos en juego: la vagina, los pechos, los bíceps y por supuesto el pene, además de cualquier otro elemento físico. De hecho cuanto menos es hablado un órgano sexual,menos es reconocido. En ese lenguaje sexual hay una carga erotizante. Si el pene es elogiado el pene es también agrandado simbólicamente.si por el contrario hay partes del cuerpo que nunca son mencionadas: ojos, boca, dientes o pies, es que son parcialmente discriminados del juego y negados en que su potencialidad erótica pueda ser desplegada en su totalidad.
A propósito de datos numéricos[5] sobre una media aritmética simple del tamaño peneal, los programas de radio y televisión que se encargan de hacer de caja de resonancia de las noticias, que sin serlo, las convierten en tales, no han parado de hablar de ello y de entrevistar en directo a gente de la calle,además de a profesionales invitados a los platós o peceras, para que den su opinión. Hemos podido escuchar ocurrencias de todo tipo: desde la apología del amante la tenga como la tenga, si es buen amante, a los reconocimientos naturales de que el tamaño, como todo tiene su importancia. a partir de unas ciertas dimensiones hay un mayor contacto con el cobijo vaginal. No es extraño pues, que desde siempre los espacios publicitados para ofertar medidas y elongaciones artificiales para eliminar reducciones y garantizar mayores potencias sean iluminarios para el imaginario masculino cuyo deseo inconsciente está inscrito en una tabla de volúmenes: mas músculos y más espectacularidad en todos sus atributos. Lo cierto es que en los consultorios psico-sexuales y andrológicos el tamaño es algo consultado, ya que asociado a tal consulta existe una buena dosis de acomplejamiento. Pues bien ,lo mismo que hay elongaciones óseas para combatir el enanismo también hay prótesis y adminículos para convertir un minipene en un órgano presentable en público, o ante el otro deseado que lo representa. Lo grave es que la estructura de personalidad que necesita valerse de intervenciones quirúrgicas o recursos protésicos para sentirse más seguro de si mismo, no evitará con un cambio de forma una eliminación instantánea de los traumas inscritos en su psique por autominusvaloración personal. Junto al tamaño del pene, va asociado toda una serie de comportamientos asociales,como el temor a gozar del nudismo en playas especiales para su práctica, o desnudarse y ducharse en vestuarios masculinos y ejercitar un deporte.
Puesto que no hay correlaciones significativas entre otros tamaños corporales[6] y el tamaño del pene, solo tras la desnudez del chico atractivo no se descubre la realidad del tamaño, que hasta entonces toda inferencia no ha podido pasar de una especulación. Y ese tamaño sea el que sea tan sólo constituye un problema si es vivido como problema por su propietario. Si el tamaño es cuestionado por dimunuto o elogiado por gordo y de longitud considerable, puede acabar molestando de distintas maneras: en primer término por no ser tenido en cuenta en otras virtuosidades, y en segundo por no ser elogiado por otras aportaciones al juego amoroso-sexual.En todo caso el pene elogiado, da cuenta de la experiencia de la partner[7] .Pero no es un indicador infalible. Para el juego erótico el intercambio mutuo de elogios y de gustos por partes concretas del cuerpo del otro, contribuye a una sexualidad sana y pletórica. Que puede ser incrementada pidiendo más mimos por aquellas partes que son mas desatendidas[8] .
El pene tiene su importancia, y cuanto más reconocida esté en su función conectora con el otro, mayor será su capacidad erótica.Pero el erotismo no se limita a su potencialidad erectora y excretora de semen,sino sobre todo engloba toda un arte de la seducción en que cada gesto, mirada, caricia, movimiento, palabra y presión tiene su valor específico para elevar la cota de satisfacibilidad. Esta será mayor o menor según sea vivida la sexualidad amorosa como un acontecimiento creativo y particular, distinto en si mismo en cada oportunidad que se ejecute, aunque su resolución sobrevenga con el clímax o la eyaculación. La clave es la toma de la sexualidad como un espacio no rutinario, de recreación de los sentidos y de alumbramiento de otra versión sintónica de placer, en la que el intercambio de energías fusione a los amantes en juego en un revival de uno de los motivos del existir. Para eso por encima de tamaños hace falta que concurran las condiciones temporales de relajación y el elogio del otro como motivo de gusto y de concordancia. siendo que el elogio cubre una instancia superior a la de las propias medidas, cuya expresión numérica es atribuible a distintos tipos de razones: desde el propio ejercicio del órgano con incorporación de prácticas prematuras de masturbación, a las intervenciones quirúrgicas clásicas que permitan su mayor desarrollo natural[9] .
[1] en el doble sentido de la frase: tras la retirada de los vestidos, y tras la caída de la carga de idealización que el expectante tiene puesto sobre el otro.
[2] que guarda una relación patológica con una demanda dismorficofóbica,cuando el sujeto con complejo de micropene no acabará nunca estando contento con ningún otro tamaño alternativo, teniendo una pobre imagen de si mismo aunque su tamaño real esté por encima de las medidas promedio.
[3] No solo hay totems enormes que son falos, si no que su representación ha sido una constante en objetos de decoración y en pinturas de cerámicas.
[4] Ciertamente la lengua o los dedos, y en menor medida el rozamiento genital, cumplen funciones excitatorias importantes, pero la sensación del pene atrapado en una vagina y la profundización de ese órgano en la cavidad femenina,constituyen sensaciones de fusión insuperables por las otras prácticas.
[5] A partir de la medición de un instituto andrológico de aproximadamente medio millar de varones se ha inferido que el umbral está entre unos 8cms y unos 19cms, estableciendo la media en unos 14,5. Cabe decir que las medias estadísticas es uno de los datos más confusionistas que hay. Pero las mediciones sí siguen una distribución normal, quedando en el centro alto de la campana, penes de 15-16cms como estándard. Pero el estado de erección de cada pene individual tiene su propio umbral, según el grado de excitación y de intercambio erótico de cada momento. A mayor deseo mayor erección y mas consistencia de rigidez y a menor deseo puede haber copulación pero sin las condiciones de idoneidad totales.
[6] A pesar de la ocurrencia entre los dedos gordos e indice de la mano.Quien es alto como el dedo indice la tiene corta como el pulgar, y quien es bajo como el pulgar la tiene larga como el índice. También se ha tratado de establecer nexos correlativos entre tipo de nariz y predicción del pene, sin que haya estudios comparativos que lo demuestren.
[7] Cuántas mas veces afirme que el tuyo es muy grande, más podrás precisar con la poca cantidad de hombres con los que ha estado, si el tuyo se ajusta a dimensiones promedio. Y al revés, si le preguntas qué le parece el tuyo,si no lo considera digno de piropos, posiblemente ha estado con otros hombres que ostentan otro tamaño mayor.
[8] El pene aunque sea uno de los símbolos preponderantes de la erótica, especialmente en las sociedades falócratas, no representa la parte corporal de mayor intimidad: las caricias al ano indican un mayor compromiso en la intimidad y confianza y aceptación del otro.Para eludir el anilingus la boca femenina se parapeta ocupándose de una felatio,cuando el otro lo que está esperando o pidiendo es ser mimado en el más prohibido de sus agujeros. Otras conductas como integrar los pies y sus dedos, y los orificios auditivos a los objetos saboreados, generan otros grados de profundidad íntima.
[9] fimosis y circuncisión.