Más Amor
La demanda de amor público. (Comentario de rótulo callejero). “+Amor en este mundo”. (Pintada en el carrer Casimir de Cerdanyola). Ya va bien que progresivamente la clásica pintada política de la consigna vaya dejando paso al grito sentimental del pueblo anónimo, es decir de sus anónimos valientes dispuestos a mantener encendida la antorcha del deseo humanista. Posiblemente sí, todo lo que necesitamos es amor. Ya nos los dijeron los Escarabajos de Liverpool y nos lo recicló Jesús Paredes. ¿pero como meter dosis de amor a las venas de este mundo? ¿Por donde pasa eso de más-amor? Veamos: Mirarnos a los ojos cuando nos cruzamos por la calle, preguntarnos por como estamos realmente interesados en saberlo, practicar el acto solidario espontáneo, regresar al uso del piropo bonito y dejar que las mujeres también lo practique sin que eso sea interpretado como acoso de los unos y puterío de las otras. Todo eso son formas amorosas. Compartir, dar, estar dispuestos a recibir, interesarnos por el otro, ser deferenciales, no aferrarnos posesivamente a nadie clavándoles picas de flandes en sus corazones. Todo eso debe ser amor. Ayudarse, interesarse por el desconocido, por sus problemas. Eso es amor. Claro que concretar lo no es algo tan fácil. Predomina la costumbre de habitar en la indiferencia, de pasar sin ser vistos, incluso de existir sin vivir, que la propuesta de más amor nos coge por sorpresa. Imagino la mano que escribió esto: una mano de una persona dulce, una mano poética con un texto sumamente radical por su ingenuidad. Todos fuimos cogidos desprevenidos. Los que más los poderes nominales y fácticos, que están acostumbrados a la reivindicación política precisa (libertad detenidos) o ecologista (reciclaje y protección de zonas como espacios verdes) o economicista (menos horas de trabajo y más sueldo). Claro que la pintada no es para ellos sino para todos, para que cada se la lleve a casa y la medite: hoy he leído eso y me ha dado que pensar le diría uno a su familia o a sus amigos. No creo que el texto haya tenido tanta suerte. Si alguien se ha dado cuenta de su existencia y encima lo ha comentado que lo diga. Si su autor/a me lee ánimos desde aquí para que siga produciendo eslóganes tan brillantes como ese. Cuando te pones a enumerar acciones amorosas es posible que te tomen por imbécil, como eso que he dicho de la recuperación del piropo (ya sabemos que un piropo pide un maestro de la prosa rápida y muchos paletas lo han estropeado haciendo de paletos) pero lo que pasa es que no estamos preparados para ser protagonistas del amor. El amor es algo para la alcoba, para las privacías, para el fortín del dueto y luego a lo mucho, una palabra hueca que resuena dentro de algunos templos. Examinemos los discursos de los políticos y hagamos sonar un píiii cada vez que pronuncian la palabra amor. ¿Alguien se la ha escuchado alguna vez? El pito se quedará infrautilizado. No, el vocabulario se reparte por sectores y esta palabra forma parte de las intimidades de consortes que hacen sus pactos de sexo, placer y cariño y a escala pública de telepredicadores o simplemente predicadores que parecen tener la exclusiva de explotar su significado. El amor ciudadano suena a constructo inverosímil. Aunque un gabinete de dirección social, un consistorio, un gobierno, la plana mayor de un ejército, los caporales de las guardias o la cúpula ejecutiva de una empresa podrían instrumentar días para la celebración del amor. ¿Qué tal un día anual para el beso público? Hubo días señalados para los ancianos en los que las pubillas los llevaban a bailar puede haber otro programa de días en los que se priorice el amor a la gente y entre la gente. Es difícil que un consistorio asuma locuras como ésta cuando se demora tanto en cuestiones fundamentales de urbanismo pero el ciudadano inexperto nunca pierde la esperanza y confía en que el amor reemplazará la desidia y el odio prevalentes en este mundo.