Distintas Literaturas
Cada texto tiene su currículo específico. Un artículo que es válido por los datos que proporciona, las informaciones que atestigua y los argumentos racionales que emplea lo continuará siendo más allá del mismo recuerdo que tenga su autoría sobre el. La oportunidad de dejarlo en una plataforma pública de consulta lo convierte en una fuente potencial permanente de uso. Puede ser citado y puede ser discutido. Una estadística articulada anexa puede dar cuenta de ese movimiento de uso. El texto internáutico, más que ningún otro, puede gozar de un control acerca de su periplo. Además de otras motivaciones personales que asistan al autor/a para escribir sobre un tema, la comprobación de que genera un seguimiento puede `proporcionar una satisfacción en si misma además de la demostración de que sirve para alguien no quedando en una prédica estéril.
De todos los tipos de textos el distendido que emplea el gag ocurrente, también los de las tramas de intrigas son los más utilizados y los que son ensayísticos puros que profundizan en metodología del pensamiento, posiblemente los menos. Las plataformas de gestaciones temáticas dan cuenta de los títulos genéricos más interesantes. Los de arte y cultura, denominación ambiguas en las que pueden caber muchas cosas, son notorios, también los políticos. Para hablar, y para escribir, hay que saber lo qué se dice y conocer la cuestión. No tener informaciones específicas suficientes lleva el discurso a la generalidad o bien a la abstracción. No salir de su exceso significa dejar el discurso permanentemente en los juegos correlacionales de las fuerzas y de los protagonistas de las coyunturas no colocando la reflexión más allá de las actuaciones de poder. Hay un poder de reserva que ni piensa tanto en apresurar alternativas a las actualidades como a dar cuenta porque estas son las que son poniendo en evidencia las condiciones necesarias para cambiarlas en un futuro cuando estas no sean mas que tradiciones gastadas. Las distintas literaturas proponen maneras interpretativas de la infinita cantera de los datos de la realidad y de la historia a los que siempre se puede volver para tratar de entender mejor. También, por supuesto, permiten acudir a construcciones absolutamente fantásticas en las que la gestación de héroes imaginarios a la carta sirve para soportar las cobardías y ordinarieces de las existencias rendidas.
Antiguamente leer podía ser sinónimo de actividad ocioso. Actualmente la lectura es una de las actividades más reputadas. Quien no lee no se entera de las verdades de las cosas. Quien tiene el discurso permanentemente renovado es porque cuenta con una base multi-literaria de la que sacar puntos de vista, argumentos, razones, detalles y cifras con los que intervenir en debates y conversaciones y con los que permitir sanas influencias a su propio pensamiento para reinterpretar cosas de la vida. Contra lo que pueda parecer la lectura exige una interactuación activa aunque sea desde el silencio o el reposo. Leer es para la mente el equivalente a beber o comer para el cuerpo. Durante la adolescencia me preguntaba la potencialidad formativa de esta actividad si el máximo esplendor intelectivo de un ser humano empezaba a decrecer a partir de los 25. Me equivocaba. Cuanta más experiencia literaria tienes como lector más recursos selectivos y comprensivos tienes para las futuras lecturas de tal manera que a partir del doble de esta cifra se pueden continuar absorbiendo contenidos no solo con la misma energía que antes sino que además es posible hacerlo con más brillantez. De hecho todo lector tiene o debería tener al menos segundas y terceras citas si no con todos con una buena parte de sus libros leídos: una para extractarlos, resumirlos y citar frases exactas; y otra, para releerlos desde el principio al final.
Es en la vida de un lector que las distintas literaturas toman una coherencia determinada. Raramente habrá quien le guste leerlo todo. Todo implica textos jurídicos oficiales, contratos mercantiles y folletos de instrucciones de electrodomésticos. El lector se acomoda a unas lecturas siendo que hay lecturas de todo tipo para toda clase de lectores. El lector ideal es el que nunca deja de leer como una constante diaria. De hecho su imagen pueda acompañarlo nada más levantarse y ser de las últimas imágenes al acostarse. Claro que los ideales suelen no cumplirse y a veces ni siquiera a escala personal. Carlyle sostuvo que tanto el ideal de la vida como los obstáculos para impedirlo están en cada uno de nosotros. Completamente de acuerdo no hay peor enemigo de uno que él mismo. En realidad su superyó aterroriza a su auténtico yo, Eso también rige en el campo literario. La formación lectora lleva a elegir unas temáticas y rechazar otras también unas autorías y prescindir de otras. De lo segundo hay mucho que hablar. A veces se elige no leer a determinados autores no tanto porque no tengan cosas interesantes a decir sino porque conociéndolos en persona y habiendo comprobado su poca elegancia y falta de ética bien merece la pena objetarlos excluyéndolos del propio tiempo personal. ¿Esto es subjetivismo? Pues sí y ¿por qué no aceptarlo? Habiendo tanto por leer es preferible antes elegir a alguien contra el que no se tenga nada que tenerlo por la experiencia directa de haberlo tratado y saber que se trata de un individuo deplorable. La cultura no obliga a incluirlo todo y la objetividad tampoco obliga a pasar lista de todo lo que hay o de todos los que hablan de un tema dado. Basta con tener en cuenta todos los factores que agoten un tema pero no a todos los representantes que crecen como setas a su alrededor.
Leer es un trabajo aunque sea una actividad no directamente productiva. Deja siempre un conocimiento. No debería cuestionarse como recurso continuo. El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras dijo La Fontaine. La lectura además de proporcionar fuentes informativas y argumentales también genera la reflexión sobre el vacio de ideas que deja incompletudes de los sesgos temáticos en los que se mete, con lo cual cada lectura en profundidad llevaría o debería llevar a una escritura de la propia mano.
Otro asunto es el valor específico de cada literatura. Se puede gozar enormemente con literaturas de suspense a quien le guste tratar con autores que se ponen de moda con textos investidos de una cierta cultura que mantienen enganchados al lector durante cientos de paginas esperando que se desvele un secreto. En realidad todos los datos que puedan contener en su trama se resumen a la extensión de un artículo de tamaño medio, la habilidad autora esta en convertirlo en una trama entretenida. La diferencia es que mientras uno se lee en poco rato el otro necesita de varios fragmentos de día antes de terminarlo. No discutiré la adhesión a este tipo de literatura pero he de reconocer sus éxitos aunque no le dedique demasiado tiempo. Lo qué se es que lo que queda de ello como datos contantes es lo que había en ese supuesto artículo de partida.
Las distintas literaturas dan lugar también a distintas clases de espectáculos. Los públicos mayoritarios siguen prefiriendo dedicar su vista y sus manos a otras dedicaciones sensoriales que no pasan por la lectura. Quien lee aprende pero quien no lee no necesariamente fracasa. No tiene que temer nada, la sociedad no le castigará por su incompetencia. La cuestión es que, mientras haya cosas de las que hablar y teorizar habrá hablantes, escritores y teóricos que se ocuparan de ellas. Quizás los cerebros biónicos del mañana encuentren un sistema menos agotador que pasar miles de horas con los libros y absorberán sus contenidos de otras formas de captación cibernéticas con chips artificiales dentro del tejido neuronal.