democracia bloqueada

Escrito por sussanamaraselva 31-05-2012 en General. Comentarios (0)

La democracia bloqueada.sussanamaraselva

Para que la democracia participativa sea democracia completa y real todo lo que se diga en los espacios de habla (desde las reuniones minoritarias a las asambleas multitudinarias) no puede quedar en la dilución dispersa de una multitemacidad. De lo que se diga, lo útil -tanto por lo que haga a metodología y criterios como por lo que haga a propuestas de (re)construcción social- tiene que ser vehiculado hacia un mecanismo estructural que permita definir líneas de trabajo precisando el quantum de la energía y medios necesarios.

Muchas reuniones convocadas para hablar son encerronas frustrantes cuando tras una rueda de descargas no exentas de rabia y de razón (no más allá de una hora no sea que la gente se hernie) no quedan conclusiones operativas ni siquiera para mejorar el método. Todo un programario reinvindicativo de un momento histórico -y los millones de personas que podrían apoyarlo proporcionando fuerza- quedan en patéticas reuniones y/o micromanifestaciones que dejan en ridículo los propios enunciados de la convocatoria.

Puntualmente, crestas de expectación concentran un número elevado de personas adherentes a una protesta superando incluso las expectativas de los convocantes  pero si inmediatamente después de la protesta no se define el objetivo que se persigue y la vía de conseguirlo lo más probable es que la expectación pase a decrecer paulatinamente. En Europa no son los actos represivos de la Seguridad del Estado lo que acaba con los movimientos sociales (si no lo consiguieron las dictaduras mucho menos lo van a conseguir los modelos pseudodemocráticos), son las propias contradicciones de los movimientos los que los extinguen o más exactamente finiquitan cada tanda o turno de lucha. Como que la realidad va de mal en peor y hay precariedad en muchos factores de la sociedad motivos para luchar contra ella, es decir luchar por otra realidad, no faltan ni faltarán; por consiguiente,  candidatos a participar existen y existirán, la cuestión es cómo capitalizar toda su energía y convertirla en resultados reales.

Una de las luchas políticas más importantes es la de crear una sociedad democrático-directa, es decir de participación continuada del grueso social en la dirección del estado. Por lo que estamos viendo y hemos visto a lo largo de la historia, las distintas versiones reclamando la democracia real han puesto en que sean los estados (que ya hemos dicho que no son ni quieren ser íntegramente demócratas) o a que sean determinadas vanguardias de la oposición a que paran ese nuevo modelo democrático. En el proceso de lucha se advierte que un instrumento crucial de ella, el de la asamblea, deja mucho que desear como instrumento democrático más allá del acto formal de la participación verbal (y no siempre no toda). Después del indudable valor que tiene el aprendizaje a hablar en público o a compartir en público, y además con desconocidos en su mayor parte, las inquietudes y los problemas, el evento no va más allá de ser verborrágico, no pasando a ser político, sino crea decisiones fuertes de grupo en una perspectiva de creación de nuevo modelo de vida y de sociedad. Como que eso son palabras mayores inmediatamente son tachados de idealistas quienes así hablan y ninguneados por la vía de su ridiculización. Hay un fetichismo verbal de los más retrógradas en procesos populares por los cuales son descubiertos como eso: como retrógradas y es el que pide más tiempo para dar oportunidades a la conciencia, el que dice frases como “acabamos de empezar” (eso lo he oído en militantistas que llevan 40 o 50 años de dedicación continuada a reuniones y campañas y confunden la última racha del movimiento social con todos episodios de movimiento y protesta a lo largo de las décadas). No, no acabamos de empezar. La lucha social lleva siglos exigiendo un cambio de paradigma y las nuevas generaciones que se incorporen a esa lucha lo primero que han de entender es que se incorporan a un proceso que empezó muchos antes de que advirtieran su existencia y seguirá mucho después que dejen de participar en él.

Si los actos de lucha social no quedan concienciados en la parte del proceso en el que están no solo corren el riesgo de repetir errores tópicos sino incluso retroceder con respecto a maneras de hacer y técnicas de organización adelantadas en el pasado. Es sumamente sorprendente que reuniones de polémica social empiecen como clubes de amigos cuando tras asistencias de cientos de personas se ven reducidas a un par de decenas y ni siquiera se pregunten a que se debe tal reducción o se la justifiquen con auto mentiras del tipo de que no ha funcionado correctamente la convocatoria. Es sumamente grave que en reuniones de este tipo, con militantes duchos, sean capaces de empezar sin un mínimo orden de discusión. Es todavía más grave que se quieran bloquear participaciones en la dirección de autoconcienciar el momento en el que se está y a donde se va. Es así que una asamblea que en principio tiene carácter de soberanía encierre sutilmente al peor de los enemigos (no precisamente el del policía infiltrado) sino el de la ignorancia consentida o hasta propiciada.

Las asambleas actuales de la lucha de toda una cancha social de insatisfacciones no garantizan más que un parlamento institucional  la representatividad política (una reunión popular reúne a unas cuantas personas que cada cual se representa a sí misma  y punto) ni la fuerza  social para gestar un nuevo mundo. Un par de docenas de asamblearios para una localidad de 50mil bocas tal vez crea estar en la punta de lanza de la lucidez pero olvida que hay contenidos mucho más elaborados en el mismo momento en el que se reúnen en otra multitud de espacios paralelos de encuentros de personas con el habla tratando de sus problemas. Lo que convierte una asamblea en un instrumento útil de lucha y ciertamente democrático es:

1. que sean respetadas todas las intervenciones e ideas en positivo permitiendo el tiempo expositivo que necesiten.

2. Que no se queden en la actualización de denuncias e informaciones del propio movimiento.

3. Que definan acciones de presión.

y 4. fundamental, que definan objetivos autogenerados de reconstrucción social.

La democracia incompleta lo es no solo porque las instituciones no vehiculan las formas participativas extrapartidistas y el bipartidismo dominante se juega el país en sus negociaciones particulares, también lo es porque las tentativas de democracia directa popular se ven, desde su primera eclosión, como canchas a las que dirigir o limitar en su perspectiva revolucionaria.

Ciertamente los temas y, sobre todo, propuestas creativas que se puedan tratar en una reunión no solo dependen del deseo de los que participan en ellas sino de la fuerza real con la que cuentan, es decir del número de gente dispuesta a trabajar para una causa. Tras participar en  asambleas de una cierta envergadura que ha titulado unas cuantas líneas de trabajo para las que eran necesarias unas cuantas comisiones o equipos y luego chocar con una falta de quórum en sus distintas citas, se llega a la conclusión que hay una dislocación entre lo que se dice y queda apuntado en un libro de actas y la voluntad de ejecutividad. Eso implica o significa algo mucho peor a nivel sutil: las mismas sensibilidades dispuestas a criticar al sistema y a los errores de gestión del poder político demuestran no tener voluntad de poder para llevar a cabo sus conclusiones. Por eso, a lo largo de la historia una y otra vez se repiten encuentros multitudinarios con el deseo expresado y coreado en forma de consignas pero a menor escala en asambleas co-elaborativas del mundo que se quiere hacer. Mientras la manifestación pasa la exigencia del cambio a quien tiene ya el poder, la asamblea se enfrenta a cuestionarse lo que es el poder de cambio siendo retada a ser sede de una nueva filosofía de vida. Por cada 100 o 1000 , 10mil o 100mil manifestantes va a ir una sola persona a la convocatoria de asamblea para pensar, discutir, debatir en grupo y concluir opciones en función del grupo real de fuerza que se estime tener. Como que a menudo reuniones de 20 tratan de decidir acciones de presión a las que vayan 20mil no pueden llegar a conclusiones de reorganización del mundo que no impulsarán ni siquiera los que las deciden, el tema de la democracia se queda en una performance escénica de faltas sumadas. La conclusión es triste: lo que explica la continuidad asistencial a reuniones es  una especie de auto débito personal del militantista no una lógica que requiera realmente su presencia. Este es otro tema de discusión el de ahora es el reconocimiento de las faltas de auto compromiso consigo mismos de las asambleas ciudadanas que agrupan gente inquieta y con una lucha justificada por lo que hace a objetivos de reconstrucción social. Mientras las asambleas de protesta no incorporen ese campo del discurso en todas y cada una de ellas, no dejaran de participar en juegos que no cambiarán realmente la realidad aunque, eso sí, harán creer a sus participantes que hicieron todo lo posible para hacerlo.

 

La objeción fiscal es una antigua propuesta de lucha y de presión, Die Grünen la tuvo como criterio. La insumision fiscal total (el no pago de ningun tipo de impuesto) es prácticamente imposible ya que los impuestos indirectos se pagan en todas y cada unas de las transaaciones que se hacen: desde cargar combustible en una gasolinera y comprar cualquier objeto en una tienda a cobrar un salario que no sea en negro. La insumision fiscal selectiva por el momento no es posible con declaraciones de renda que solo permiten la reconduccion de la parte que iba para el catolicismo a  que lo sea a otro tipo de asociaciones de mayor crédito. En resumen en cuanto eres legal estás atrapado. Para que la objecion fiscal fuera efectiva no deberia participarse de ninguna transaccion oficial que genera impuestos (el estado cobra por todo, es el organismo que mayor ventaja saca de todas las operaciones comerciales), lo cual hace la vida en sociedad prácticamente en imposible. El criterio de no pagar impuestos al estado (o a sus distintas administraciones) tiene mas valor pedagógico que posibilidad de acción práctica.En cuanto dejes de pagar el ibi tu propiedad puede entrar en un proceso de embargo y en cuanto tratas de comprar algo sin factura para no pagar el iva (praxis que se ha hecho hasta la saciedad) eso forma parte de la picaresca que no tiene nada que ver con la concienciación política. La objeción fiscal (que no la insumisión total) es tanto más posible cuanto más participe la sociedad en la gestión presupuestaria (para empezar a escala municipal y para terminar a escala de todo el país) no firmando una carta en blanco a las autoridades para que hagan lo que les rote con el dinero público metido en proyectos espantosos o mal planeados.

 

No conozco lo suficiente la cuestión como para poner estar de acuerdo en el envío de un voto en blanco en las próximas elecciones al senado como forma reinvindicativa de suprimir tal institución por lo que alega todo el mundo: su inutilidad. Sin duda su supresion significaría un ahorro en los gastos de su organización y sus senadores. Los países del orbe democrático  sin senados no es que sean la panacea de la más alta democracia. La discusion sobre su función obsoleta o no deberá ir unida a la discusion sobre un tipo de representación parlamentaria conectada con la tesis de democracia directa y real para proponer un resultado factible. En principio dos cámaras serian funcionales si la del senado actuara como supervisión de la parlamentaria, como instancia de revisión dentro de un calendario efectivo. El problema que se plantea no es el de su gasto excesivo y superfluo sino el de su no-representatividad, ni siquiera del porcentaje de la poblacion votante que es llevada a las urnas sin conocer el fondo de los temas y de los partidos que vota.

En un esfuerzo por repensar una ley electoral representativa lo menos con lo que habría de estar compuesta una cámara legislativa mas –aunque seguramente no absolutamente- representativa, sería un representante por cada zona geográfica del país  tomando la comunidad geográfica básica la de comarca (solo eso ya superaría el número de representantes actuales) y otro (que podría o no coincidir con el anterior) por quantums de 100 o 150mil habitantes, lo que aumentaría considerablemente el congreso. Eso no tendría porque aumentar su coste de mantenimiento (si se ajusta lo de las dietas, lo de las pagas vitalicias y lo de la no profesionalidad del político tomando su rotatividad como alternativa), al contrario lo abarataría. Una nueva ley electoral (a ver si nos ponemos manos a la obra y nos atrevemos a hacer propuestas desarrolladas lo mas completas posible de ella) podría describir una estructura parlamentaria y permitir evaluar su coste de mantenimiento por el tesoro público.