Discriminacion estetica

 

La cuestion estética está dentro de lo primero perceptible. Su traducción sutil se instala en el binario me gusta/no me gusta. Cada vez que alguien emite una de estas frases, sea afirmativa o negativa, esta produciendo un mensaje según las pautas educativas que ha recibido y las influencias sobre la forma. También puede emplearlo como formulismo social explícito para acercarse o por el contrario retirarse del otro, que compendia un parámetro estimular determinado.

Presumiblemente hay una disposición innata para las formas. Una regularidad y un círculo son más atractivos que una línea quebrada y signos inconstantes. Eso aplicado a los rostros y a los cuerpos significa que unos, por su forma concreta atraen mas que otros. De hecho la sensibilidad estética es una forma fina de llamar a la disposición de las personas a sucumbir a unos estilos y a rechazar otros. El hechizo sensorial forma parte de las estrategias adaptativas a la vida. Es algo que va desde el campo de contacto interpersonal al campo comercial para la inducción a la compra. Hay unos colores, unos movimientos e, incluso, unos olores para atraer, a modo de feromonas plusmodernas a la clientela potencial. Lo que hace una boutique chic lo viene haciendo desde  tiempos inmemoriales el cuerpo humano que se avitualla para conseguir parejas, apareamientos y prole.

Su generalización es tal que antes de que el intelecto pase a hacer consideraciones sobre lo que tiene el otro de interés el cuerpo propio, o sea el sistema perceptivo, ya se ha posicionado ante el de aquel. Eso implica un conflicto interno de entrada. Mientras los sentidos son rápidos y se posicionan más cerca o más lejos de los demás por todo lo que reciben de estimulativo o revulsivo, la mente va recogiendo y sistematizando una información sobre valores más objetivos y sólidos de lo ajeno. Es así que interpretar racionalmente situaciones lleva a conclusiones opuestas a los indicativos de los sentidos. Eso produce una estela anecdotaria curiosa: es posible que quien sepa más, tenga más atributos de inteligencia o sea más ocurrente pueda ser el más feo, el que viste peor o el más descuidado. Puede ser que quien tenga más interés visual y estético para el lugar de relación sea el sujeto menos interesante para llegar a un acuerdo organizativo o profesional del tipo que sea.

Hay un tipo de moda y de inversión industrial en la forma que ha creado la figura de la mujer-florero o de míster músculos. Las formas físicas siguen siendo lo primero que se ven. Los establecimientos de servicios especializados en ellas se ocupan de todo: de blanquear dentaduras, de vestir por fuera  con elegancia, de vestir por dentro con picardía, de hacer estiramientos de la piel, de nutrirla con una infinidad de productos, de marcar como andar, cómo hablar, en definitiva como formalizar el rito de relación. La inversión en morfologías es tal que las tesituras del ser quedan en muy segundo plano. Incluso en los ámbitos presuntamente alternativos que están en contra del sistema social y del clasismo caen en formas específicos de identificación al grupo o a un tipo de ideología. Antes de que te llegue la palabra de alguien te llega su imagen que se supone que va asociada a un tipo de discurso. Es así que las cabelleras con rastas dan una pauta de quien se tiene delante ya  los cabellos largos de antes en los hombres o sus barbas se les infería un cierto progresismo. Hoy sabemos que ninguna de estas impresiones es biunívoca. Por encima de la forma adoptada prevalece una psicología, inicialmente, oculta que va a mover al sujeto con unos hilos u otros. Saberlo evita caer en la trampa del automatismo discriminatorio. No se puede juzgar a nadie por su apariencia aunque también es cierto es que la apariencia forma parte del conjunto detalles que nos llegan configurando una postura, un estar, indicativos del ser por decir. Eso significa que inevitablemente caemos en la injusticia recíproca. No hay nadie que deje de juzgar al otro por su impacto visual por mucho que una urbanidad demagógico diga que eso no está bien hacerlo. No tenemos tanto tiempo para conceder horas a los demás antes de llegar a un veredicto. Encuentros puntuales y cruces mínimos, a veces de segundos, bastan para tomar una posición difícilmente modificable de entrada. Cuando sucede esto también hay un conflicto latente entre los resultados de un análisis intelectivo y de una primera impresión Concederle tiempo a alguien para entender su comportamiento puede llevarte a comprender parte de sus razones. No hay ningún humano que no tenga las suyas para hacer cualquier cosa incluyendo las barbaridades más execrables. El tiempo y los circuitos de la rapidez  restringen el tiempo atencional para el otro. En lugar de pensar las cosas el psiquismo se deja impresionar por ellas como si fuera una pastilla blanda de mantequilla. Eso forma parte de las necesidades supervivenciales y adaptativas pero también es consecuencia de una naturaleza inevitablemente injusta. El proceso discriminatorio ha empezado ante de la misma discriminación estética. Esta es una parte estrella de la sensorial que pasa necesariamente por el ver o ser visto, pero hay otras fuentes de información anteriores a la imagen.  El tipo que nos da con el claxon detrás cuando el semáforo aun no ha cambiado a verde o cuando estamos haciendo una maniobra de estacionamiento nos da suficiente información de si mismo para que, sin mirarle a la cara, nuestra psique haya tomado una posición ante él.

En el damerograma social nos vamos repartiendo los unos y los otros según gustos, looks y apetencias. Ese reparto es un tanto sumario. Los encoñamientos de un momento dado pueden estar pagándose toda la vida, la supeditación a la belleza puede ir en contra de otros valores más fundamentales de la vida. La estética según los cánones de cada momento genera admiración y quien es admirado/da por ella puede desarrollar una gratitud sino termina en el palco de los divos intocables. La cuestión es que por lo general quien es bello ha debido hacer muy poco para conseguirlo: la naturaleza se lo ha proporcionado todo. Es el casero de una morfología por la cual no ha tenido que esforzarse. A diferencia de otros valores y destrezas la belleza física fundamental no depende tanto de la voluntad de quien la tiene; se ha limitado a recibirla como un don natural. No tiene el menor mérito. Últimamente con las liposucciones, los implantes mamarios, las hormonas, los aumentos de labios y otras ofertas de los catálogos de la industria de los embellecimientos corporales el resultado final de un cuerpo moldeado depende de la voluntad de quien lo tiene y de su poder adquisitivo para comprarlo.  El sector de la estética ha irrumpido con una fuerza formidable en el mundo del tratamiento hospitalario en el que a veces sin demasiada ética subordinan la salud corporal a la imagen según demanda de clientes,

La cirugía estética ha pasado de ser una necesidad ineludible para reconstrucciones faciales a una elección regular de un tipo de clientela permanentemente insatisfecha de su condición física: Michael Jackson o Cher como sus sumos sacerdotes. El cuerpo no es intocable ni hay que  tomarlo como una determinante para toda la vida,  Se le pueden aplicar tantas transformaciones como se desee, solo que en ese planteamiento se puede terminar por olvidar para que sirve un cuerpo. Si lucirlo y pasearlo es lo fundamental tal vez sí lo más importante  de la vida de alguien sea pasarlo continuamente por la mesa de operaciones para poderlo pasear maximizando su esbeltez por la calle, Un cuerpo bello esculpido o no, se ven o no las señales de su artificiosidad, llama la atención y desencadenada una serie de procesos bioquímicos que vienen a poner a tono y en consonancia un cuerpo receptor de otro. El tema de la belleza ajena sigue siendo crucial. Quien menos habla de ello es quien menos agraciado se considera porque la belleza ciertamente es una gracia dada por el ADN y la biología más que un objetivo esforzado tratado.

La naturaleza presta unas formas por una temporada tras la cual los átomos se reintegran a otras formas que ni mejores ni peores remiten a la informe verdad de la material estructurada. Entre tanto los humanos e su circulo de vanidades e ilusiones se valoran entre ellos en función de sus impactos físicos y visuales olvidando deliberadamente que lo mejor, también lo peor, está siempre más allá de la piel y de la forma facial.

La gente no tan bella que no tiene un buen culo ni una buena presencia sabe bien que tiene que desarrollar otras habilidades verbales e intelectuales o de simpatía para adaptarse a la existencia, y poder sobrevivir en el mundo de los demás, ese mundo preparado para unos tamaños corporales o para unas aptitudes físicas. Todo lo distinto, lo anormativo, lo feo será tratado como vulgar y como algo a excluir. No lo  será por decreto obligado  pero sí implícitamente. Parece que quien pasa por la exlusion por razones estéticas al no encajar en el cánon dominante, debería aumentar en conciencia para no reproducir esa clase de exclusión en otros. No necesariamente es así. El excluido por estética puede ser excluidor a la primera oportunidad para ganarse el cielo de los elegidos.

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