El hecho participativo

Escrito por sussanamaraselva 31-05-2012 en General. Comentarios (0)

El hecho participativo. sussanamaraselva

Participar es un verbo importante, es el que indica que la acción individual se junta a la acción asociada. Es un verbo que se ha extendido por distintas voces pidiendo la adhesión a distintas causas. Participa, el problema es de todos. Las convocatorias a reuniones vecinales son una constante, las asambleas airadas que pide el concurso de toda la sociedad para tratar los problemas de sociedad son también invitaciones al debate y a la toma de acuerdos. Participar es lo importante, decía otro slogan del campo deportivo. Es cierto, la verbalización de los sentimientos y de las ideas, es importante por si misma independientemente del resultado de hacerlo, pero no nos iremos a creer que quien habla una y otra vez lo seguirá haciendo toda la vida aunque lo que diga no produzca el menor impacto ni interés. El hecho participativo es intrínsecamente discriminativo. Las voces son distintas, las opiniones también, proporcionando una abigarrada gama de intereses y puntos de atención. Cada acto participativo en el escenario más democrático que se pueda concebir, desde el momento en que es actuado, se instala en una mejor o peor

Posición de interés. Ese es un factor, es el factor subjetivo (el de las distintas subjetividades en el concurso de su encuentro) por lo que se refiere a la voluntad participacionista de espontáneos y convocados; luego hay dentro de los factores subjetivos los convocantes, mas organizados y duchos en el tema del que se trata, que no están a la altura de las participaciones conseguidas. No me sorprendió nada que de una lista que hicimos de docenas de propuestas manuscritas en una tira de papel y que fueron llevadas a la asamblea local no fueran colgadas, ni fueran recogidas en su mayor parte; otros textos colgados de la cuerda de anuncios fueron desaparecidos. No diré que hubiera una intención perversa o de sabotaje en ello, pero sí una incapacidad de gestión de la energía desencadenada y de los materiales recibidos. Las distintas versiones del izquierdismo siguen quedando lejos de la capacidad de rehabilitación de un concepto de autoorganización básica. Cuando en una asamblea hay quien proclama la necesidad de la participación de todos y todas las presentes está ya cometiendo un acto demagógico porque sabe, -por poco que lo piense- que no todo el mundo ha vencido sus inhibiciones de hablar en público y sus bloques comunicativos y de quien lo haya hecho no todo el mundo que participa lo hace con coherencia y con lógica. Los espacios participativos antes de que puedan ser soberanos han de destilar lo que de bueno contengan y madurar como sedes de inteligencia colectiva pero ¿qué es eso de la inteligencia colectiva? Se puede responder: la asunción por el grupo de las ideas mejores de sus individuos más brillantes que en sus transacciones llegan a crear conclusiones por las que se apueste como las necesarias. Pero ¿existen realmente  estados de asunción total en que una totalidad sin fisuras se vertebre en torno a una unidad total? ¿O cualquiera de esos estados no pasan de ser momentos de fervor mimético que, tras ser reposados, las reflexiones posteriores dan lugar a disidencias? La participación por su propia naturaleza es disenso si bien existe la tecnología comunicativa suficiente como para que se separe lo urgente en cada situación y se tomen acuerdos operativos para esa urgencia consensuados por los directamente implicados. Un buen número de cosas quedan para ser discutidas después. El elogio de la participación que es una de las propiedades de los escenarios democráticos no la garantiza en absoluto. Los que se organizan técnicamente en torno a lo que convocan se encontraran con que otros factores que valoren como prioritarios arrinconen iniciativas que no sean de su gusto. Esos otros factores, que generalmente son de orden externo, pueden pesar más que la espontaneidad creativa que se esté viviendo. En la praxis de las reuniones, en particular las de una cierta cuota de multitud, pueden surgir muchas ideas que ni siquiera quedan recogidas en acta y algunas que lo son no van más allá de la multitud de papeles sumados sino convienen a las directrices del grupo convocante que suele arrogarse una capacidad de verdad histórica que no necesita respaldar por nadie.

La reflexión sobre el hecho participativo que pone en evidencia los limites de una estructura parlamentaria con profesionales dedicados a su oficio que solo muy puntualmente firman en su diez por ciento (porcentaje legal requerido) la convocatoria de referéndums, también evidencia los limites de las incipientes estructuras extraparlamentarias en su expresión embrionaria de democracia directa que centradas en el estado y sus faltas olvidan la auto observación del propio movimiento y de las suyas.  Los conatos de procesos democrático-directos que cuestionan el representacionismo delegado e indirecto, si bien parte de una perspectiva participacionista más ambiciosa tienden a ver reducida su ambición y su importancia numérica. Además hay que añadir el hecho de la falta de condiciones materiales unidas a los actos asamblearios en los espacios públicos a la intemperie.  Para que la participación tenga su eficacia y continuidad no basta con el derecho al habla (algo que su mismo ejercicio crea una división inmediata entre los que hablan y vuelven a hablar y se repiten en sus propuestas y los que no hablan, oyen o escuchan y no se atreven a tomar su turno de voz) hay que añadir la recogida de protestas, el levantamiento de actas y las instancias de revisión posterior para que las repasen y no se cuelen por el desaguadero de las prisas y de las censuras partidistas solapadas.

El proceso se va dando y no es que a priori haya una intención censuradora en propuestas que desbordan las previsiones, lo que pasa es que un gran despliegue de ideas puede no ser asumido por los convocantes. La participación presencial y verbal en una reunión multitudinaria es una invitación y un deseo importantes pero no es hasta que se recogen las contribuciones a partir de ella que se puede decir que tiene un valor más allá del dato numérico. En una asamblea puede haber cientos de palabras tomadas y eso vestirá el ejercicio de pedagogía discursiva compartida pero si además de las intervenciones catárticas no las hay y no predominan las positivistas como propuestas para diseñar soluciones el proceso no irá mucho más lejos que testimoniar la rabia con una situación social dada. 

 

Estamos pasando de la indignacion a la acción y delaprotesta a la propuesta.,el estado ya ha demostrado de lo que es capaz, no nos va a salvar de esta situación. Que nazcan iniciativas de todo tipo y se creen talleres para vivir de maneras distintas. Las soluciones no vendran de arriba ni se decidirán en los palacios, si las hay surgirán de las bases y desde las iniciativas populares con un espiritu comunitario.