La Ficción Creativa
mascara de Oaxaca
La Ficción Creativa.
La condición creativa ha venido quedando certificada por su facultad de invención ficciosa. El/la autor/a creante tiene la habilidad de impresionar profundamente con su arte haciéndolo pasar por cierto. La novela sumerge a sus lectores en una historia que aun sabiendo que no es real la vive como si lo fuera. Lo mismo se puede decir de otras producciones expresivas. Algunos seguidores de propuestas artísticas estamos más predispuestos a enternecernos por ellas que no por la realidad misma. El ojo de la cámara remarca la mirada precisa o el análisis descriptivo hace caer en la cuenta de detalles que una impresión de paso no concede. La creación es creación de algo nuevo que no existía o bien de una ficción que cumple la función de una novedad. Tras este esquema no importa tanto la verificación de un hecho como su versatilidad, la comprobación de su existencia como la hipótesis de su posibilidad, el descubrimiento como la originalidad. Despues del dios mitológico sellado como principal y único creador de todas las cosas conocidas generaciones de ateos o simplemente de materialistas hedónicos han pretendido hacer sus aportaciones creativas sin otorgarse ningún poder competencial ni mucho menos la exclusividad de ser engendradores de todo lo conocido. El artista se presenta como algo insólito. Trata de vivir de su cuentos y hace de su vida un cuento o al menos su tentativa. No es una opción más, es la opción que no admite vuelta atrás. Bien es cierto que muchas personas pasan por temporadas bohemias y se centra en la escritura o en la pintura a las que renuncia tras comprobar que eso no le da suficientes ingresos, tampoco estatus o reconocimiento a no ser que sea uno de los elegidos para las galerías de las efemérides. Además de las necesidades supervivenciales en si mismas la elección artística necesita una alta dosis de convicción que no se ponga a oscilar según si recibe o no reconocimientos ajenos. Es así que quien decide crear algo para la ficción a lo primero que se enfrenta es a recrearse a sí mismo. Ser sujeto artístico es dejar de ser sujeto pasivo que acepte resignadamente ser controlado por todos los patrones de las tradiciones sociales. Es sabido que el artista ha tenido históricamente apoyos de estado y ha fructificado más en unos periodos que en otros. Puede llegar a ser inimaginable la grandiosidad de Atenas sin Pericles o los monumentos a las formas de muchos municipios sin el apoyo de sus ayuntamientos democráticos. Tales medios de apoyo no serian nada sin alguien dispuesto a trabajar en una orientación sustentada por su cantera creativa. El primer atributo de ficción en la otra creativa es el creante que la hace debiendo haber luchado antes contra todo un mundo cerrado y compacto que le prohíbe esa expresividad a la que no dudará en tildar de locura. El verdadero artista lo es/sería hasta la muerte no renunciando a sus formas visuales, a sus conceptos de vida, a su lucha por una abstracción e independencia del imperio de lo concreto, a su autonomía personal frente al cheque. Tras una carrera quedan innumerables productos, unos incluso en grado de tentativa, proyectos más o menos clave para entender la obra de una vida y también el tiempo coetáneo que alberga esa obra. Posiblemente se caiga en reiteraciones y en la circularidad en torno a unos mismos temas u obsesiones centrales. Luego, en la atalaya que permita la contemplación de los trabajos hechos, un/a creante puede mirar atrás y darse cuenta que tal vez todo lo hecho no ha sido más que una ficción no porque sus creaciones la pretendían deliberadamente auxiliadas por su potencial imaginario sino por la creación en si misma como una hipótesis nunca del todo demostrada. ¿qué significa crear? Respuesta: transformar unas condiciones dadas en unas completamente distintas no porque aquellas tengan un potencial germinal sino porqué la intervención creante las utiliza de palanca para llegar a las nuevas con su concurso imaginario, su talento, su subjetividad, su poder. ¿Qué pasa si tras toda una vida de escritura o de poesía, o de música o de distinción resulta que en realidad no se ha añadido nada nuevo a lo que ya contenía el universo antes de toda esa aportación? El artista es el primero interesado en creer en su trabajo, en lo que hace y en estar convencido para poder convencer que sus propuestas son únicas e induplicables, sin contar los plagios que puedan generar. Esta solo/a ante sus espacios en blanco, sus desiertos incluso. Tiene un taller o una mesa o un ordenador o una cámara o sus manos desnudas. La pulsión creativa instrumentará lo más rudimentario para hacer lo más grandioso. Puede decir que tiene el auxilio inspirador de no se sabe muy bien quien pero en el fondo es el/ella en su taller, en su buhardilla, en su escritorio, en su bloc de notas, en su tentativa poética. En otra parte (Función y final de la musa. La musa-motivante finita. La inspiratriz contractual[1]) desmiento el valor otorgado a recursos sobrenaturales. Quien quiere/a dedicarse a la creación activa, del tipo que sea, tiene que ser un metodólogo y en cierta manera auto constituirse en dios en funciones para el campo del que quiera ocuparse. La misma praxis innovacionista le irá marcando las pautas a seguir. Por encima de las musas para escritores o escritoras, compositores o compositoras, creantes en general, lo operativo es la cita continuadamente renovada con el trabajo, con la tesitura existencial, con la novedad original. Sin originalidad no hay distinción sin arte no hay alternativa a la estandarización.
Todo este esquema pasa a formar parte de la caja de los truenos cuando se sospecha que lo creativo puede ser otra forma más de consumo masivo que en lugar de ser producido por máquinas en procesos seriados lo es por individuos aislados finalmente engullidos por el sistema para que entretengan con sus cantos, sus imágenes, sus desnudos, sus danzas o sus poemas y escritos a una multitud que necesita consumir distinción. El panorama de mercado necesita renovar permanentemente la industria del ocio y ésta reflota efemérides o eleva a los atriles de los premios a caras hasta ese momento desconocidas con las que renovar la plantilla de novedades retroalimentando la ficción creativa. Todo cambia o parece que cambiar para continuar siendo lo mismo. En la actualidad de las posibilidades autoeditoras todo el mundo puede ser artista o al menos perseguir este propósito durante una temporada biográfica. Incluso combinarlo con su elección profesional económicamente sustentadora. No es la primera vez que se presupone esta posibilidad. Alejo Carpentier en El siglo de las luces, 1962, dijo que “Casi todos los escritores del XIX fueron escritores y ciudadanos”, no sabemos cuando alguien podrá afirmar, sin error de apreciación, que todos los ciudadanos de una época además de ser ciudadanos sean creadores. Sería –supongámoslo- el momento justo en que el consumidor dejaría de tener la necesidad de continuar de voyeur de lo que otros hicieran o frenaría su pulsión obsesivo-posesiva de comprarlo para privatizarlo.
Desde la posición creante poco importa si sus creaciones contribuyen con productos de ficción a la imaginación popular desde una hipótesis no verificada de la creación misma o si ésta es otra forma de autoengaño subsistencial para creer que el universo imaginario es superior al universo de la materia tangible. El caso es que sea cual sea el resultado de la contribución creativa, si es verdaderamente una contribución nueva o una repetición reversionada de lo sabido, da una coarta ideal al creante para separarse de un mundo invivible en la forma en que lo ha recibido inicialmente. Filosóficamente no se terminan de resolver las preguntas finales del por qué hacemos las cosas o de su sentido a largo plazo. De esta duda no se salva tampoco la intención artística que disfraza de maneras distintas los resultados patéticos de las primeras miradas al mundo humano. Como conclusión es mejor pretender una innovación o una actividad artístico-experimental que no una reproducción mecánica de las formas, colores, objetos y conceptos regulares. Esto es el sopor; lo otro, la ilusión.