El Coleccionista de Palabras
El Coleccionista de Palabras[1].
La creación literaria pasa por tres grandes clases de colecciones: la de los libros ajenos, la de los títulos de los libros propios y la de las palabras. Un escritor es un coleccionista de palabras. A veces las adquiere de golpe maestramente ordenadas dentro de un formato de texto o de enciclopedia, otras las va tomando una a una de las sonoridades con las que se encuentra en sus viajes por el mundo de las páginas con las que goza su sensibilidad. Tengo la costumbre de subrayar los libros que leo desde el principio de estrenarme como lector. Y las palabras que no conozco o que me gustan las apunto en una lista a parte (a veces en el mismo libro en la última hoja) o a falta de esto las marco con un pequeño círculo en medio de ellas. La intención para todos es retomarlas, buscarles el significado, aprehenderlas, hacerlas mías usándolas. La acumulación de todo ello: libros ajenos y libros propios, conocimientos y más conocimientos, los de sensibilidades de otras causas y cruzadas y mi propia autoexploración metido en cientos o miles de páginas seguramente no conduce a ninguna parte salvo al gigantismo gráfico. Es una metáfora simbólica. Lo esencial que contiene una biblioteca bien lo puede contener un solo libro y lo que tiene este puede quedar instantánemente valorado por una idea expresada en pocas frases. A pesar de todo es difícil vivir toda una vida con una docena de frases y tendemos a crearlas y re-crearlas hasta la saciedad, pensando así tal vez, que recreamos el espacio habitado y nos recrecemos en el papel que ocupamos en él. El deseo de la palabra-relato y escrita no es un deseo universal aunque la pulsión comunicativa sí lo sea. Mucha gente se retira de un libro al primer párrafo denso con el que tropieza. , me he encontrado con muchas personas que ocupan asientos de profesores y que tienen titulaciones universitarias y un supuesto nivel cultural que se cansan al primer minuto de lectura. Hay un tipo de intelectualidad al servicio de la escalada social no de la comprensión psicosociológica de la cultura o de la historia. En el fondo de quien no admite la lectura y no acepta entrar en la retórica del discurso escrito está consagrando su energía a una manera particular de rentabilizar el esfuerzo intelectual. Hay mucha mas gente de la que se reconoce como trepadora de la pirámide socia y que toman las relaciones con los demás en función de su perspectiva potencial de beneficio o negocio. John D. Rockefeller representante del darwinismo social hablaba del crecimiento de un negocio no como una tendencia perversa de la economía sino como un desarrollo de la ley de la naturaleza en la supervivencia del mas apto. Para el teórico de las letras el más apto no es el que consigue más poder físico o económico para dominar las circunstancias o su entorno sino el que emplea su poder personal para no ser dominado por los poderes ajenos. Para eso su mejor aliado es la filosofía práctica de vida y la mejor casuística es la que pasa por la literatura. No hay personalidades ni figuras por conocer que no hayan pasado antes como estereotipos y arquetipos por las páginas de la literatura universal. Una de las cosas que por siglos han dicho mucho de las personas es si tenían o no biblioteca en su casa y la cantidad de libros que figuraban en ella, también el tipo de orden y si presentaba una cierta actividad de uso. Experimento un fluído de simpatía inmediatamente cuando visito a alguien y nada en literaturas, tiene la costumbre de adquirir y tratar con textos y tiene libros por todas partes. La magia de esa imagen todavía me cautiva. Cuando tengo noticia de la cantidad de libros que ha reunido una persona[2] es como si se me proporcionara un detalle personal de ella con más información que otros elementos de curriculum vitae, como títulos y diplomas. De paso comentaré que las formas, ya clásicas y obsoletas, de los presentantes de programas de televisión o de conferencias en hacer la sinopsis de los entrevistados o conferenciantes me resulta agotadora por no decir agraviante e inútil. Tener doctorados o títulos universitarios ya no dice nada de la capacidad teórica de los doctores o licenciados sino solo su capacidad de permanencia y de insistencia tras unos documentos acreditativos de subordinación, obediencia, persistencia y rutina. Son más indicativas otras informaciones como viajes, lecturas, aportaciones escritas o investigaciones realizadas. El teórico es tanto más práctico cuantas más palabras haya coleccionado adaptables para resolver situaciones concretas y el curriculario no tiene mayor imagen que la de demostrar de lo que puede llegar a ser capaz una persona de hacer a lo largo de su vida para llenarse de demostraciones de lo que ha hecho para sentirse más seguro con su propia capacidad. Claro que en el fondo los hablantes coleccionamos palabras con la vana pretensión de entendernos todos con todos y de organizar los desperfectos del mundo a la vez que vamos respondiendo a sus incógnitas. Lo que sucede es que unas palabras llevan a otras y cuantas mas tenemos más necesidades experimentamos de precisarlas y usarlas además de inventar otras nuevas.
[1] prepublicado en http://www.librosenred.com/foro/posting.php
[2] Jesús Pardo ( Santander 1927-) Autorretratos sin retoques, Zapatos para el pie izquierdo. Reunión de los inventos que más han dado que hablar.Su biblioteca contiene 15 mi títulos.