el estado de la cuestión

Escrito por sussanamaraselva 31-05-2012 en General. Comentarios (0)

De la cuestión del Estado al estado de la cuestión. sussanamaraselva

La indignación es un sentimiento transversal histórico. Sus motivos son múltiples, la sociedad no satisface las expectativas de los que nacen en ella y en cuanto empiezan a tener conciencia empiezan a frustrarse por la realidad militante, maxi fracturada por partidismos e ideologismos. Los individuos tampoco se corresponden los unos con los otros, las faltas están generalizadas. Se van sumando malestares y reflexiones, y circulan indisposiciones en contra del estado general de las cosas: hay crisis, falta de trabajo, falta de reconocimiento, años de universidad no rentabilizados. La sociedad, o una parte que se hace notar de ella, concluye que el problema es del sistema y hace responsable al estado de ese sistema. La culpa la tiene el gobierno de turno. La afirmación es tan simplista que suena más a chiste que a conclusión política. Debe ser el mejor chiste de intertemporadas porque es la frase que se pasan las generaciones de unas a otras sin que nadie ría ni mucho ni poco en cuanto lo oye. Tiene éxito, ya que la referencia continuada es a las incompetencias de un tipo de gobierno que se diría solo hace sus reuniones para aumentar las agresiones a la ciudadanía, eso sí, dentro de marcos legales.

La cuestión del Estado se ha convertido en un tema de conversación continuado y la critica a sus directorios y departamentos, a sus personajes más públicos y destacados, es una constante del día a día de un país. Sus oficiantes saben que cobran para ser las dianas de las iras populares. Como que se cofunde deliberadamente el estado con el sistema se acota la cantidad de responsables históricos de la crisis de una realidad. Si el estado tiene la culpa de casi todo, significa que los demás que no participan o participamos directamente de ese estado somos inocentes. La ecuación es elemental.  Pero si lo que  afirmamos que el sistema es en el fondo responsable de lo que pasa esto nos involucra a todos en un grado u otro, ya que el sistema es lo que existe gracias a la complicidad de la sociedad.

Mientras todos los debates y puntos de crítica sean el Estado, contra sus normativas y sus figuras, eso  nos exonera de  una auto reflexión crítica de las implicaciones de nuestro comportamiento en perpetuar el mundo que habitamos. Si por el contrario hablamos del estado de la cuestión, es decir del conjunto de cuestiones que nos afectan  y afectan a nuestros entornos, al medio ambiente, a la vida; entonces donde toca poner el énfasis de la lucha es en la responsabilidad de cada uno con tanta o más intensidad que en la denuncia de los problemas inherentes de la estructura.

La diferencia entre continuar un planteamiento y tomar otro es que en el primer caso el concepto de responsabilidad se sigue poniendo en el afuera, en el sistema, en la clase política, en el sistema como el gran otro que extiende su zarpa a todos los rincones; en el segundo caso, la responsabilidad queda centrada en el uno mismo. En cuanto te planteas qué puedes hacer como individuo para mejorar tus condiciones de vida y por ende las condiciones de existencia de la sociedad dejas de ser simplemente un protestatario para ser un emprendedor. Ser un emprendedor significa pensar en términos de creación cuya consecuencia llevará a concebir otro sistema de soluciones.

Esa confrontación entre mantenerse en la denuncia o-sin olvidar la anterior- crear nuevas iniciativas de vida es la que se ha dado históricamente en distintas situaciones. Ahí donde hay una parte de la sociedad que no comparte la dinámica de ésta y ha optado por vivir marginalmente no ha podido perpetuarse desde la denuncia estéril y continuado, ha tenido que inventar y consolidar sus formas de vida. El sistema capitalista permite que algunas islas marginales hayan sobrevivido dentro de sus ciudades (en Berlín, en Hamburg, en Copenhague, en NY,…) sin temerlas como modelos alternativos que vayan a ser seguidos por la multitud.

La lucha social tiene dos aspectos diferenciados: el de la denuncia al sistema y sus artimañas, y las propuestas de creación de una nueva realidad en la que implementar formas de vida postcapitalistas. En cuanto a lo primero hay una multitud flotante de personas que acuden por sistema a todas las convocatorias articuladas desde campañas en principio justas pero que no por serlo no pasan de ser episodios de espectáculo y distracción social. No se puede olvidar que en la sociedad del espectáculo, los movimientos reinvindicativos también han pasado a formar parte de los escenarios ante los que hay amplia expectación, como por desgracia también sucede con las guerras, con los atentados o con los crímenes. El movimiento social tras décadas de campañas que fracasaron en sus objetivos (no pertenencia a la OTAN, el 0,7% del PIB para los países necesitados, cierre de las centrales nucleares,…) o bien siguen en la demora, debería replantearse que tal vez para otro modelo social nunca jamás estará dispuesto el grueso de esta sociedad a secundarlo. ¿Si es así? ¿Por qué la conciencia adelantada de unos tiene que estar a la zaga y esperar al crecimiento supuesto de la conciencia de otros si estos otros no están ni estarán dispuestos a crecer?

Si bien se diría que el común denominador de los comentarios es el desacuerdo con este tipo de mundo no es la mayoría la que está dispuesta a apoyar vías radicales para cambiarlo, entendiendo por radicalidad no la de la violencia sino la de la implementación de una nueva estructura productiva y de mercado. Los discursos que giran en torno a la cuestión del estado circulan en torno a las responsabilidades ajenas, el discurso que gire en torno al estado de la cuestión centrará el ojo de mira en las responsabilidades propias. Las reuniones de debate sobre la lucha a hacer están repletas de objeciones contra el sistema legal que no es duro con el fraude fiscal o por el apoyo a la reflotación de la banca tras el fraude financiero que ha hecho pero raramente son reuniones para crear soluciones propias: cooperativas de consumo, usos comerciales sin el uso del dinero, una nueva perspectiva del hábitat sin pasar por la condición patrimonial individualizada. Si excepcionalmente un grupo decide dirigir su propio proceso autogestionaria pasa a entender como un segundo plano las acciones de protesta para tomar como primer plano las propuestas empresariales de autoconstrucción del objetivo que se evalúe.

La predominancia del primer discurso lleva a un registro insólito: el de pensar que un presidente de gobierno es el responsable de toda una situación nacional. La sola contabilidad de pps circulantes en contra de un presidente y de comentarios profesados en las redes puede dar la idea de la incultura política grave de la ciudadanía. Si por un momento pensara que los presidentes de gobierno son figuras gestoras de quita y pon[1] por el sistema según sus necesidades y no son ni sus ejes ni sus garantes, el análisis sería algo más inteligente porque obligaría a salir de la denuncia fácil y simplista.

Mientras el anecdotario sobre la cuestión del estado es imparable y la galería de lo político se convierte en una sucesión de sorpresas de lo cerril que puede llegar a estar el poder, el estado de la cuestión de ¿qué hacemos nosotros? Se queda sin respuestas porque apenas nadie emprende iniciativas para demostrar que es posible vivir de otra manera: fuera del consumo y minimizando las necesidades monetarias.

 



[1]   Despues de muchas especulaciones se demostró que tras el asesinato de uno de los presidentes mas populares que ha existido, estuvo el Pentágono y la CIA por no estar de acuerdo en implicar ilegalmente a Cuba en un conflicto.