Poesia como Afirmación.

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/img/estatuafemeninadeVilasar.bmp Estatua de Vilassar de Mar

 

La poesía sigue estando en un lugar honorable y reputable. Es un lugar para  la sublimación. No hace falta pedir permiso para hacerlo, no es necesario aprender las técnicas para expresarla. La poesía es un raro fenómeno que sigue perdurando, permanentemente en crisis y metida en circuitos tal vez elitistas a veces y minoritarios siempre. Continuar cultivándola parece la ocupación propia de los desocupados en otros menesteres más sensatos o lucrativos o en otros negocios. Para Arthur Schopenhauer formaba parte de los  puestos más sublimes del arte. Para la mirada filosófica en  la búsqueda de verdades (cuando menos las suyas) es una instancia no exenta de nebulosidad que descubre las llagas o las radiaciones. Para la mirada científica en busca de leyes es la escapada divagacionista. Para el psicoanálisis forma parte del arte como síntoma o déficit existencial. Y desde la mirada artística es algo que puede sustentar o al menos hibridarse con todas las demás expresiones artísticas.

La poesía se puede llegar a  distanciar tanto del objeto poético  que adquiere una patina de frivolidad. A la vez es el ejercicio de quien con ella se afirma aún en medio de las atrocidades más crueles o las experiencias más pavorosas.  Theodor W. Adorno puso en duda la posibilidad de la creación poética tras la producción de realidades patéticas de la condición humana “¿es posible escribir poesía después de Auswitch?  . La poesía como otras instancias creativas es la resultante de la energía creadora de quien vive en la insastisfacibilidad de su ser incompleto. Somos seres que no elegimos todas las circunstancias de las que salir airosamente como protagonistas modelos. Nos toca vivir lo que nos toca y escribimos y sentimos según esos contextos y el lugar que nos hacemos en ellos. La poesía es generada como un proceso afirmativo de una idiosincrasia y unas creencias. Lo cual no queda capturado solo por una clase de lengua. El bilingüismo, al que Josep Pla veía  como tragedia, es una de las características de una determinada idiosincrasia como la catalana. Frente a esa bi-versión expresiva postulaba que la gente escribiera según las necesidades de su clan. También, añado, frente a las necesidades mismas de cada hablante en cada momento dado. El alarmismo de Agustín Redondo[1] que le lleva a rizar la exageración con la idea de queel mayor peligro para el idioma es el bilingüismo” sin considerar que por encima de la clasificación de los estilos lingüísticos y expresivos en géneros ya se ha producido una separación o una división íntima, psíquica, inevitable espontánea. La poesía cabalga entre distintas lenguas en un mismo autor porque son  sus distintos yoes o momentos biográficos los que hablan. Si tal como dice   “la lengua es una y múltiple con especificidades que tienen derecho a existir” ¿por qué no aplicarlo a un gradiente superior? La fórmula quedaría así: el sujeto humano es uno múltiple y complejo empujado a existir y sacar fuera con distintos procedimientos y expresiones todo lo que tiene dentro.

Hay que contar en que siempre habrá una presión desde fuera, desde la tecnocracia de la palabra por la vía académica o la tecnocracia de la forma desde los especialistas en estética, Georges Perec lo objeta- y de paso lo ridiculiza - de esta manera: “¿qué es lo que me piden exactamente?/ ¿si pienso antes de clasificar?/ ¿Si clasifico antes de pensar?/ ¿cómo clasifico lo que pienso?/¿Cómo pienso cuando quiero clasificar?” La poesía tiene un rango de admisibilidad porque su sentimentalidad inherente no entra en discusión. Pueden ser discutidas las razones y los argumentos pero no las inclinaciones emocionales. Las disposiciones sentimentales son las que son. Son inercias del inconsciente convertidas en sinergias con las partes de la realidad que las acogen La poesía permite maneras sutiles de afirmar lo que se siente y decirlo entre visillos de tal modo que hay algo de transparencia del adentro pero no tanta como para quedar al descubierto en toda la desnudez de las miserias propias. Claro que eso, depende de cada cual en su particular manera de escribir, es decir de nombres de los eventos mentales que encierra, y los eventos interactivos con los que se mezcla. Sea como fuere la poesía  hace de  auto-afirmación, y al hacerlo, levanta un cierto parapeto entre el yo poético y el mundo  en el que navega. Una cierta poesía pueda certificar un tipo de vida. Una literatura puede no solo afirmar una manera de ser sino incluso salvar la propia vida. Las palabras que  contiene amortiguan la indefensión de un en el trasiego de sus verdades íntimas con un afuera que exige cualquier papel menos el de desentrañar las cosas. La verdad está condenada a ser  intolerable.

En la poesía auto-afirmadora basta seguir escribiendo para seguir viviendo y en el repaso de los manuscritos de viejos tiempos seguir encontrando la confirmación de una línea biográfica, una manera de ser o, al revés, la certificación de imposibilidad de haber hecho otra vida o sentir de otro modo.

 



[1]  Catedrático de la Universidad la Sorbonne-Nouvelle. Presidente de los hispanistas. AIH Asoc. internacional de hispanistas

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