Otra Vez Sola

 

La doncella se ha quedado tirada de nuevo.

A los 17 años  me quedé prendada de un tío que me llevaba unos 8 años. Tenía barba y los cabellos largos.algo típico bien mirado en una época de estreno de nuevo régimen. Corría 1977.  Eran tiempos de sueños, de risas, de proyectos y de unas ganas locas de enamorarme y brindar mi virginidad a alguien. Néstor  era el prototipo ideal. Mi opinión la compartían las dos amigas con las que por aquel entonces íbamos juntas a todas partes.Si a una le gustaba algo o a alguien , las otras dos también consentían. Pero las tres, a pesar de los porros y de las vestimentas casi hippies,llevábamos bastante ciego ideológico.  Fuimos a caer al domicilio de Néstor con algún pretexto de hacer teatro o algo así, que no concluyó. La verdad es que no recuerdo ninguna conversación seria con él o si lo intentó yo no respondería,porque lo mío era reirme por todo y así liberar la tensión de no saber que hacer, o no saber ningún saber.  Además yo no pasaba de ser una niña mientras que él era ya un hombre.No ´se muy bien si me sentí gratamente impactada o levemente enamorada, lo cierto es que me dé con su imagen, su nombre y su recuerdo.

 Como vivía con otra gente su piso era un desfiladero de visitas y recuerdo como el muy canalla nos dejó en una ocasión plantadas y se fue con una amiga suya. Eso ya me indispuso en cierta manera por sospecharlo en otros brazos mientras yo seguía con mi  particular cuento de hadas. ¿Si Néstor era mi principesco hallazgo que se supone que debería hacer yo como la heroína del cuento? aparentemente él tenía su vida montada y algo olía a chamusquina de mujeriego. Enredarse con un tipo así podría resultar peligroso.

La cuestión es que no nos vimos tantas veces como para que se iniciara algo entre nosotros, aunque sus ojos verdes cada vez que me miraban  sentía cosquillear mi bajo vientre  y me contenía para no saltarle como una tigresa al cuello y susurrarle “hazme el amor ahora mismo”. Lo que recuerdo o lo que percibí es que yo no estaba en sus objetivos de conquista. ¿O tal vez si lo estaba y no me dí por enterada?  Lo cierto es que me monté la película de que tal vez podría gustarle y le apetecía salir conmigo y me montó una cita en la barcelonesa plaza Real en un caluroso verano. Yo fui con mis dudas pero fui y allí me lo encontré acompañado de otra chica a la que le hacía carantoñas, o ¿era su modo de actuar? En todo caso ¿para que me citó entonces? ¿que pintaba yo allí? me largué y los dejé plantados y me prometí que con un tipo así lo mejor era olvidarse. Lo que no hice fue explicarle como me sentía para no rebajarme ante la otra.cumplí mi promesa de desentenderme a pesar de que Néstor preguntó insistentemente por mí en una ocasión que se encontró con mis compenetradas amigas, y demás me llamó algunas veces por teléfono o me dejó recado y yo no respondí. En mi noción de la amistad no entraba corresponderme con alguien por lo que hace a llamadas, postales o mostrar interés.Si él me había enfrentado al despecho de citarme a la vez que otra, ¿acaso podía hacerlo por un motivo distinto que no fuera el de hacerme sentir mal? ¿pero que le había hecho yo para que se comportara así de primeras, en una primera cita, aparentemente para los dos solos? O era muy tonto o se lo hacía, y ¿como podía ser tan tonto si yo andaba loca de deseos para que me tocara y para ser su mimada? En aquella época yo era un fideo con los pelos revoltosos  y el ja-já/ji-jí a falta de otra posibilidad de comentarios, pero tenía ya mis ideas  avanzadas sobre el destino marcado por mediaciones externas y me resultaba sospechosa la gente que como él estudiaba o leía y vestía sus argumentos con discursos demasiado intelectuales para mí. Ya entonces me parapetaba hecha un ovillo ante prosas que me resultaban incomprensibles o eran costosas de seguir. Por eso me posicioné a favor de los credos de la sentimentalidad  y del universo de la intuición, que era mucho más fácil de practicar y llegar a teorías místicas y existenciales sin tener que pasar por complicadas metadiscusiones. Todo lo contrario a Néstor  que lo poco que saqué de él es que estaba muy rallado filosofando y politicando en discursos fuera de mi reino. La verdad es que no recuerdo haber tenido una discusión con él sobre algo concreto, más bien mi tendencia era la de evitar entrar en temas que me resultaban difíciles, y en las que podía evidenciarme con un bajo nivel cultural. bueno, yo era una estudiante de bachillerato, pero sí he de ser sincera, bastante mediocre.Ciertamente era una estudiante que capeaba como podía los programas de curso en una época en que también estaba liada con haschisch y los ácidos.Era la moda y la época. Y con mis amigas pertenecíamos a ese submundo de la cloaca que  tan plásticamente descrito en las últimas páginas de la revista Ajoblanco, que constituyó el emblema y el alegato de una época de utópicos y buscadores. Yo estaba subida al carro ¿pero de verdad me sentía revolucionaria? Sí acudí con la transición a un insti de estilo ácrata y con profesores avanzados para la época, con un sistema autogestionario de los estudios, pero sí he de ser sincera, aquello no me colocó en un proceso universitario y en cambio sí en un desinterés creciente por lo académico. Por eso cuando Néstor  se ponía a hablar  sobre teorías, tanto él como otro de su ámbito, me sumergían en un movedizo pantano en el que me ahogaba. Néstor pertenecía a ese grupo de personas con ganas de analizarlo e intelectualizarlo todo.!Demasiado para mí¡ Yo soy un ser sensible, exquisitamente pulcro, elevado y flotante. No quiero engrasarme las manos tocando las cosas sucias de la vida y eso se empareja con que tampoco quiero engrasar mis neuronas para acometer esfuerzos superiores. Si la vida resulta tan sencilla de vivir ¿para que complicarla tanto con murallas de palabras?  Por eso cuando alguien tiende a hablar y se desparrama con largos razonamientos yo me pongo en guardia. Desafortunadamente Néstor tiene demasiadas palabras y de dejarle es un pico de oro que calculo que puede seducir a un auditorio  de mayorías. Yo reconozco que tan pronto empieza a hablar, me cansa con sus palabras  de poco uso y su convicción total en lo que dice. Con él no se puede hablar. Y yo, pobre de mí, yo siempre quiero hablar, pero él no me deja. Aunque si lo pienso un instante sé que no me interrumpe cuando yo tomo mi turno y no me grita, algo que yo sí practico abundantemente y me lo ha señalado un infinito número de personas: soy una chillona y seguramente me podría contratar como extra para una película de histéricas. En el fondo no es verdad.Sé que me podría controlar. Basta quererlo ¿pero cuando lo quiero?

El reencuentro con Néstor  estaba siendo una sucesión de desencuentros.Lo he dicho yo y también lo ha estimado así él. Sólo que la misma palabra en sus labios quedaba autentificada y en los míos no pasaba de ser un estertor mojigato. La primera vez que hicimos el amor, ya desnudos y él con una erección descomunal, me asaltaron mis dudas de frígida y afirmé contundentemente que allí no había química  y me cerré en banda.Gracias a su persistencia me sentí más gratamente poseída que nunca antes en el pasado. Yo soy incapaz de orgasmar con la penetración e incluso con las manipulaciones orales y manuales de mis amantes y descarté desde el comienzo que con él fuera una excepción. Por eso y de acuerdo a mis hábitos, primero me masturbé yo  mientras él se contenía haciéndome caricias y tras mis débiles jadeos,luego el me penetraba hasta estar a punto y volcar lo suyo en mi vientre. El me pidió ésta vez y las dos siguientes,que le ayudara con las manos en los últimos instantes, porque de lo contrario aunque se corriera no le satisfacía totalmente.Debo confesarme que en ninguna de las ocasiones fui capaz de manipularle el pene así tal como me lo pedía y notaba en m´mi una cierta aprehensión a que me mojara las manos con su cosa. el no era tonto para no darse cuenta de estas cosas y yo me sabía una sub-amante poco diestra en las competencias amatorias. Para alguien como él con  bastantes docenas de relaciones de erótica experimental,se habría dado cuenta de lo inútil que yo era. El tema lo acabé de enmierdar esta primera vez al  reaccionar histéricamente cuando al filo de la medianoche él se despidió para irse. Le  interrogué con -¿Ya está todo? ¿Ya te vas no?. Y él me repuso cómodamente -¿que prefieres que nos sentémenos al sofá a ver la tele tres horas juntos? tengo que levantarme temprano, me voy.

  Ante mi reacción bronqueante,él expresó su primer ultimátum sutil:

-Sé que vas a tener reacciones de estas y yo voy a poder soportar unas cuantas.en todo caso no muchas. 

Tal información la amplió con otras cosas al decirme que alguien como él que se ocupa de la higiene mental no podía permitirse una relación sentimental con alguien tan trastornado como yo con una esquizotipia severa.añadió además que el diagnostico psiquiátrico que me sigue desde hace años de agorófoba solo disfraza un análisis más estricto sobre mi conducta patológica.

Yo sé que estoy mal.Muy mal. Lloro de amargura por mi existencia y por los pocos beneficios espirituales,emocionales y materiales que he conseguido hasta ahora al borde de mis 40 años a punto de cumplir. Se me pasan los días encerrada en casa y ahora que de pronto podía rehacer algo importante con alguien emblemático de mi adolescencia no se me ocurre otra cosa que ponerme a destruir desde el primer momento lo bonito que puede dar de sí una relación. Asusto a los hombres no puedo negarlo. ¿quien se va a fiar de mí si me presento con exigencias desde el primer instante? En efecto a Néstor en la primera cita en que me pagó  una consumición  (me pagaría una colección de ellas con posterioridad: todos los hombres son unos tontos paganos por naturaleza)me sondeó directamente.Me tocó las manos y me pidió a la despedida con un “hoy,por ser el primer día, dos besos de mejilla”, que me tocaba mover a mí la siguiente vez.

al día siguiente por la mañana yo ya estaba llamándole y lo noté extraño y distante.era media mañana y sin duda se sorprendió de mi rapidez. en menos de 12 horas yo había regurgitado el impacto adolescente que hubiera dejado Néstor en mí y me apresuraba para elegirlo como mi hombre. Puesto que de alguna manera él ya me había tirado los tejos sin tapujos,  seguro que me conquistaría nada más bajar yo la guardia y permitirle que me tocara. !los hombres son así  en general y Néstor cumplía a la perfección el rol del conquistador¡ Luego me daría cuenta que conquistador de que y para qué. Yo inmediatamente le confesé mi amor con un “te quiero” en el momento de sus empujes dentro de mí y él añadía un sibiloso “yo también pero poco convincente”. Luego con mi suma de llamadas, que al principio las hacía cautelosas llegué a confesarla que sufría por no verlo.!Maldito el momento en que se me ocurrió decirselo¡ Posteriormente un acto vulgar de conciencia me ha llevado a preguntarme si de verdad lo he querido o ha sido una alucinación, ya que al ver que él no me correspondía con el mismo número de llamadas telefónicas que yo !En realidad sólo me hizo uno¡ !Sólo una¡ y pasaba olímpicamente de mi demanda para que me llavara al cine o para tener una relación normal.La verdad es que nada más empezar  a vernos yo le aclaré que no queria una relación sola de sexo sino que la concebía ¡inmersos en el amor. Palabras¡ !Mios palabras¡ ¿quien ponía pantallas a las cosas? ¿como se puede caracterizar una relñación a priori antes de darle tiempo para ser vivida? Néstor captçó rapidamente mi estado mental y su segunda carta a diferencia de la primera, llena de sensualidad y recuerdos, fue para llamarme a orden y pedirme que respetara su tiempo, su ritmo y su modo de ser. Asentí verbalmente y pedí disculpas por mi impetuosidad desbordada, sabiendo que yo era incapaz de cumplir una promesa de tal tipo y que necesitaba que la gente pivotara en torno a mí. si yo no era el centro no quería nada.A cadallamada que le hacía lo encontraba tan frío y distante que dudaba de que pùdiera salir algo de todo ello, pero insistí una docena y otra y otra más de veces,para exigirle sus obligaciones de compañero.Luego cuando nos veíamos en casa, en mi humilde y poco atractiva casa, sus ojos y su halko me volvían a seducir y yo aceptaba entregarme de nuevo aunque me urgía confirmar que habíamos roto.

-Ruptura de que-objetó el muy canalla- ¿Es que habíamos creado algo?- añadió insolentemente.

Cargada de odio rezumante por todos y cada uno de mis miles de poros no podía contenerme y bajabar a la disparada desde mi piso hasta la cabina más proxima.Ding-dong-ping-Ding-dong-ping  sonaba su móvil y en seguida oía su voz seria, escueta distante, serena profesional, segura de si misma, con un simple:

-Sí díguim- ante la que yo me descontenía y encadenaba una sarta de torpedos verbales para que supiera lo que era

-¿Eres un cerdo, un primate o que? ünicamente me has utilizado para echarme un polvo que es lo único para lo que sirves.-le decía a bocajarro y colgaba. En otras ocasiones,él me daba tiempo para despotricar a mis anchas, adoptando,sin duda alguna, una actitud técnicamente impecable: Me dejaba hablar para  añadir al final  algo como ésto:

-no voy a discutir lo que dices o sientes en este momento.Eres tú quien piensas así, yo no.Es a tí a quien corresponde vivir con esta interpretación y esta compulsión en reiterarte tantísimo  para decir lo mismo.

Yo sabía que tenía razón. Y las docenas de llamadas de teléfono que hice a su móvil, seguramente me las podía haber evitado o reducirlas a su decena parte,de haber comprendido a tiempo el significado de tal mensaje. Néstor no era como los otros hombres a los que he intimidado con cuatro gritos y dos tetazos y en lugar de contagiarle mi histerismo parecía fortalecerse con cada una de mis ingratas palabras. Reconozco que si alguien toma el telefono para llamarme y decirme sola la tercera parte de lo que yo le djera a él, me pasaría un mes entero sollozando y pidiendo a todos los demonios fuego eterno para mi insultante. Pero yo tenía claro que no podía contenerme y admitir que lguien como él pasara por mi vida me follara dos o tres veces y desapareciera sin más. ¿Es que no tienen sentimientos los hombres? ¿Es que un hombre como Néstor no es más que un robot-máquina disfrazado de carne?

Sí, tenía muy claroque mi relación amorosa con el no podría continuar y lo llasmaba una y otra vez para decírselo y él para no discutirmelo.¿que significaba eso? Sin duda que yo no le interesaba un pimiento. Incluso en alguna ocasión llegó a meterse con mi barriga colgante, y eso me resonó a tan feo que le exigí que me devolviera a casa.Eso pasaba 10 minutos de haberme venido a recoger.El replicó sin inmutarsele un músculo.

-te acompaño,te apeas en tu casa y te paso a recoger dentro de 10 o 20 años.-cuando ya íbamos de regreso me disculpé y le dije que fuéramos a donde iniciailmente íbamos.El consintió y aceptó hasta comerconmigo aunque no le apetecía para nada  hacerlo tan temprano. Después hicimos un polvo maravilloso en mi habitación de cama de niñas y nos despedimos hasta una siguiente vez.Yo siempre necesitaba prefijar d´ñia y hora para el siguiente encuentro.aquella tarde estuvo bien y reconocío que para estar bien con un acompañante debía contener mis pruritos neurasténicos. Pero siempre exigía una cita por anticipado por temor a perder lo que acababa de encontrar. Néstor era demasiado analítico como para que no se le escaparan detalles de estas magnitud y a pesar de seguir con el rol de amante de tarde de domingo seguramente ya tenía inscrito en su mente que una relación conmigo no podría prosperar. A decir verdad ¿que relación ha prosperado en mi vida de todas las que he he iniciado? Todos los hombres son pateticamente iguales.tan sólo te quieren como un agujero en el que descargar sus huevos y luego si te he visto no me acuerdo. A psar de eso,aparentemente disfrutan haciéndolo, y eso es un común denominador entre los mejores y los peores amantes  que han pasado por mi intimidad. Néstor se llevó la palma,consiguió-comparativamente a los 9 que le precedieron- qe en menos cantidad de encuentros íntimos le aceptara hacer más cosas: que se la chupara  y que me la metiera en el coño sin goma, aún sin conocer realmente si estaba emparentado con otras.El y su recuerdo me atraían irresistiblemente. ¿quien sabe como era en realidad? Pero de estar con otros, acaso yo le ofrecía confianza y una mínima estabilidad mental como para que quisiera depositarla en mí. No lo creo.La confianza es algo a ganar y ganar la de Néstor no era nada fácil especialmente cuando mis conductas pasaban por una abundante colección de despropósitos y desméritos. Lo que menos toleraba en él era su superioridad y sus ademanes de estar por encima de mí. su inmutabilidad me sacaba de mis casillas y aunque le llamaa para solicitar una entrevista ya había llegado tarde con mi pedido. Las conversaciones previas fueron un diálogo de brutos y yo no estaba dispuesta a hablar con un tipo que me calificara de esquizotipoide, obsesiva, trastornada, enferma. Esto era maltratarme y yo no podía aguantar ese maltrato,en particular de alguien que como él se nmov´ñia en el ejercicio profesional de la salud mental. ¿Psicólogo él? Era la persona menos íntegra y más dañina que había conocido jamás.Por si fuera poco me la jugó como ya me la había jugado esa veintena de años atrás poniéndome cuernos con otra, lo cual me confesó.

La duda sobre mi misma era si yo estaba loca.Y esta pregunta la formulé en varios ámbitos y también a él.

Néstor desplegó su artillería teórica para desdemonizar  el concepto de anormal pero yo sabía que mi conducta era extraña y los pocos amigos que me aguantaban tal vez lo hacían por estar peor que yo.Un caso era el de Peter Romany, amigos desde hacía una pequeña eternidad,. que se dedicaba a la intrusión profesional en psicología con un poti-poti de psicoastrología de lo cual había venido viviendo,campo con el que me relacionaba porque yo también hacía cartas astrales además de tirar las cartas del tarot. ese Peter amigo pero del que nunca me quedó claro porque no se coinvirtió en amante, me hizo sospechar,como en otras ocasiones de no ser deseada por los hombres. Por coincidencias del destino Peter yNéstor se habían conocido hacía años y de entrada Néstor lo categorizó de informal contándome ubna anécdota acerca de una impresentación injustificada de aquel y yo se lo confirmé sobradamente. por su parte Peter Romany despotricó a sus anchas contra Nestor por ser un bebedor de tés. cuando se lo comenté a Néstor ya no recuerdo si comentó que solo a un imbécil se le podría organizar una actitud en torno a tal detalle,aunque efectivamente era un casi teinómano. De otro lado, mi biografía había pasado por itinerarios y gente referencial común a la de Néstor. Uno de ellos: Létic ya me anunció que nuestra relación no sería posible. A Néstor no le sorprendió su comentario puesto que lo tenía en estima y apreciaba su inteligencia. Por eso cuando puse la palabra de ruptura a nuestra relaciónm fue al primeo que llamé para confirmarle su previsión.Lo que no le dije es que la misma noche haríamos una vez más el amor en mi cama de por los suelos con Néstor. Yo necesitab aclar las cosas. más que eso, necesitaba brotarlas, escribirlas en las paredes, darles color rojo y encender una hoguera al lado. Y no podía permitirme ser un coño dispuesto para ningún hombre en cuanto me necesitara. O esa era la teoría sobre la que levantaba mi pequeño imperio de pasiones. en honor a la verdad debo decir que nunca ví a Néstor tan encoñado aunque entrábamos en sintonía pod´çia estar encima mío clavándomela durante cientos de embestidas.con todo,fallaba una sintonía y cantábamos distintas canciones. Pronto pasaría a ser una más a la lista de conquistas de él y punto y yo lo vería como un malnacido que solo se aprovechó de mi ingenuidad. Eso lo vivía un tanto contradictoriamente conmigo mismo cuando yo hacía de médium y adivinadora para otros infelices que venían a depositar su confianza en mi ya hasta a pagarme por ello. De hecho mi currículum no estaba tan mal: medio bruja, consultante de los destinos ajenos, había hecho  ademásun curso de grafodiagnosis y tenía una nutrida biblioteca de libros de autoestima,astrología y new age,además de estar subscrita a Círculo de Lectores y hacer mi pedido bimensual. N´stor me hizo deparar en que toda mi crítica a lo intelectual y a las palabras,chocaba con el hecho de mi propio coleccionismo de libros por encima del promedio ordinario de mucha gente. Acertó. Me lanzé a la lectjura autodidacta porque me sabía torpe y con limitaciones de comprensión. Era consciente de ello en mi adolescencia y por eso me amparaba en las risas y en las simplificaciones. Lo grave es que lo seguí haciendo después de los 30 muy cumplidos con algunos cientos de lecturas y experiencias de más, pero con los mismos dividendos de menos. Mi saldo existencial era y es de una pena absoluta por la cual sufro pero que no convierto en energía útil para aprender.En vez de eso regaño a quienes se acercan a mí y se desmoronan mis amistades. Soy un salpìcadero de atrocidades a mi pesar.sé que cuando estoy señalando con mi dedo acusador a tal o cual, en reaslidad lo estoy diciendo a mi misma, a mi espejo. Paralela y complejamente acudo a sesiones espirituales de meditación y teorizo sobre el no-ego y el desapego. Y los hados de la vida han querido recolocarme en el camino a un ser estupendo, que no alza el tono de voz más de lo comedido y que capta rápidamente lo que le digo.En lugar de sacarle partido a tal circunstancia lo he utilizado desde el primer momento para que me llavra a los sitios y me colocara en la posición de ser la pagada. esos detalles no podían escaprsele a un analista y era cuestión de días por no decir de horas que sutilmente prescindiera de mí y también de mi coño.Estoy seguro de que no le faltarán otrasy siguiendo ya su costumbre ha vuelto a ponerme los cuernos.Es definitivamente un amoral  con el que no quiero saber nada. Inmediatamente a continuación de proferirlo me asaltan unas dudas sobre mi vacío y las flaquezas de mi criticismo.¿Pero en el fondo que caray me ha hecho Néstor? Le propuse una colaboración para la revista que edita y dirige, me enfrenté a mi incapacidad para dar forma escrita a mis ideas y renuncié a tal propuesta; luego, me puse como una ridícula incapaz de llevar adelante una cena con tallarines en mi casa y el vino a poner orden a mi  vergonzante y enguarrada cocina.Estaba supernerviosa como una colegiala por lo que venía en el después de la cena,pero le admiré su  aparato para fornicar, sin duda el más grande de  aquellos con los que había tenido contacto. finalmente mi ataque de amor por él me lleva a una compulsión casi cotidiana, mientras que él dejaba pasar los dias y no llamaba o no mostraba interés por mí. Por si fuera poco enfermé o me convino el diagnóstico de una matasanos que me me aseguró una inflamación de pleura.Al contárselo él me pìdió que me cuidara pero no hizo nada por venir raudo y veloz a mi maravillosa habitación con vistas a los paisajes mejores de la ciudad.Con lo cual inferí que le importaba un comino. ¿Para que me interesaba un hombre que no se desviviera por mí? Néstor necesitaba una paliza o cuando menos que alguien como yo le cantara las verdades directas y al oído. Pero él como un tonto inerte no experimentaba o no expresba ninguna necesidad de volverme a ver. ¿Acaso podía permitir que un tipo llegara a mi vida, me sedujera de un dia para otro, prepara el catre en el suelo y me abriera de piernas para él, y luego sin darle mayor importancia no expresara  un interés en avanzar en mí? ¿que era un hombre o un ap`rovechado, que vino conbmigo como quien se va de putas? Si soy sincera conmigo misma debo decir que lo pasé bien y que a diferencia de otros amantes, estuvo clavándomela durante muchísimo rato para darme tiempo a mi placer. Su experiencia con otras no le daba tanto de sí como para no darse cuenta que yo era una inútil para los orgamos simultáneos y solo podía alcnazar el placer con mi automanipulación. al hacerlo, él me animaba y decía que se sentía excitado viéndome hacerlo, pero no creo que fuera cierto, porque aunque estagba en primera fila y me acariciaba, algunas de sus caricias me desconcentraban de mi unico objetivo clitoriano. No creo que las putas se comporten así. Tal vez sean muy poco sinceras y digan “cariño,. amor mío, fóllame fuerte” y cosas por el estilo  pero adquieren un compromiso al cobrar por él y hacen toda la parafernalia escénica para contentar al cliente y no lo ponen de observador mientras ellas se trabajan el chocho solas.Yo no creo que ni siquiera pudiera servir para puta.actuaría como un témpano de hielo encima de un marmol, como una muerta tanatorial para que fueran desfilando los pagadores sin nisiquiera notar su paso por mí. Néstor me enseñçó que parecía tener prisa en pasar a lo más fuerte de lo más íntimo.sé que le gustaba aunque al observar su pene podía pasar de la flaicdez a la erección varias veces intervaladas y no sé muy bien porqué. ¿No sería, tal vez, por mi prosa del momento? El me criticaba que nada más correrse ya estuviera importunandole con preguntas del “¿te ha gustado?” para no hacerle bajar de la alfombrá mágica en la que flotaba.La verdad es que tal como soy y las dificultades que tengo para compartir placer, no me extrañaría que él se cansara prematuramente de mí. ¿Tal vez tras el primer polvo, tras el segundo? ¿Cuando empezó a pasar de mi? si recapacito los hechos, pienso que lo asusté tras la primera vez que al irse lo increpé por dejarme abandonada tras estar el satisfecho. Puede ser que la mala fama de los hombres como utitaristas sea por la condición de algunas mujeres como yo de no dar la talla más allá de ser portadoras de un agujero. Pero Néstor que lo he interpretado como poco honrado y no íntegro, me cuestionó que yo fuera un agujero, por eso me llamba Lurdes sin o,en el simbólico sentido de alguien que está falta del circulo vacío a llenar por otro. Yo me declaro clitoriana,es decir, no soy vaginal.La vagina es para los hombres. Yo solo soy una niña con una deformación perceptiva de mi cuerpo y una alteración sentimental sobre mis necesidades. cuando reapareció Néstor venía al pelo para cubrir mis carencias. La primera vez quedamos citados en mi casa por mi incapacidad para desplazamientos.También, la segunda, la tercera, la cuarta, ty la quinta vez ¿hubo una sexta? Ya no estoy segura. Venía con su coche y bocinaba un claxon largo y uno corto o llamaba al interfono con un largo y un corto.Yo me pintaba los labios de rojo y me vestía a la disparada para impresionarle o agradarle. El no concedió importancia a mi imagen, pero mis tetas eran objeto de su mirada. çEn realidad un hombre qué es ¿un interlocutor que le habla a tu cuerpo o a tu inteligencia? Y mi inteligencia ¿donde está, que es,en qué la utilizo? Pronto me sentí seducida por su  manera de ser  o posiblemente con su reaparición retomé el amor en suspenso que siempre quedara sin resolver de mi adolescéncia. A la segunda vezs penetrada ya le estaba diciendo apasionadamente el “te quiero” de marras,aún intuyendo que esas repentinas declaraciones podían ser más nefastas para un amante de su categoría que alardeantes. En mi caso, ser amorosa con alguien podía traducirse con convertirme en un fardo de su vida, en una pesada que pide más y más, en una irruptora y una invasora de la otra privacía. Esa es mi conducta, y aunque N´çestor no me lo reprochó le leia en sus ojos que no estaba dispuesto a sincerarse conmigo totalmente o a entregárseme a la primera de cambio.Especilamente cuando de las pocas veces que quedamos,casi todas salieron abortadas, dadas mis limitaciones para ni siquiera acompañarle en cochce al centro de la ciudad. El reencuentro del desencuentro empezó desde el mismo momento en que yo admití hacer acuse de revcbo de una carta de propuestas de trabajo pero sensual que me envió.Esa parte sensual,la menor, es la que tuvo más importancia para mí y destaqué auqél párrafo de nostalgia de 20 años atrás en que me decía que tal vez hubieramos jugado juntos en una cama. Yo supe que eso no había sucedido.¿pero porque lo creía él si aparentemente era muy inteligente? ¿Y si recordaba perfectamente que no había sucedido, no me estasba diciendo acaso implícitamente que le gustaría que nos concediéramos la oportunidad de que sucedira? su estrategia de conquista no tenía nada que ver con los domingueros bien arregladitos que van de pubs o salones de baile.Su fuerte era la palabra si se le dejaba  ser oída, y en so no tenía nadie igual. Pues bien, entre líneas entendí su sugestión y su propuesta erótica y aunque en esa primera cita de cafetería me hice la estrecha y le rechacé varias veces sus manos tocando las mías, en el fondo de mis angustias yo estaba deseando entregarme,como ya lo había estado deseando en mis años de  bachiller. Pero toda mi anatomíoa se hallaba envarada y mi zona pélvica era unas tenazas en torno a un tubo,en el que a pesar de todo mi estratega se abrió paso y pronto puso su lengua en ella,para lubricarlo suficientemente. Algo que tampoco me daba tanto placer a pesar de lo erótico de la escena. Yo estoy bloqueqada.Soy un manual de síntomas a bordo de un cuerpo que se esconde en casa. Todavía me pregunto como es que Néstor volvió a fijarse en mi o le hizo ilusión tal reencuentro,a todas luces imposible de prosperar.  Cuando en una de las citas yo hablé jocosamente de mí noté que él no soltaba prenda ni tenía ganas de hacerlo.Tal vez se tratara de un hombre casado o emparejado o cargado de hijos o con otra media docnea de amantes a la vez y que no confesara nada de eso. Todavía no lo sé. En un mensaje de socrro que le dej´ñe grtabado en el contestador de la oficina, un día qu ya e me  había atendido unas cuatro veces al teléfono y le exigía que habláramos pero que no estaba dispuesto a visitarme, me solté todo lo lo que pude y le chillé “no te importa nadie, sé sincero al menos una vez en tu vida”.Que rematadamente burra fui. Le decía a él que no le importaba nadie cuando su especialidad eran los problemas ajenos (!claro que cobraba por ello¡)y le acusaba de ser insincero,cuando de hecho lo que me preocupaba era su sinceridad-canalla al decirme que no estaba dispuesto a agunatar mis broncas, miedos, inestabilidades y cambio de planes cada vez que nos veíamos. sí me lo preguntan más veces, sé qe yo no puedo demostrar que a Néstor no le importe nadie.Pero sí que yo no le importo. O tal vez le importo un poco y a partir de eso poco no he conseguido interesarle más por mí. Soy una gilipollas rematada por dejar pasar a un tipo como él por mi vida sin sacarle más rendiiento.Estoy segura de que Néstor hubiera venido, no cinco o seis,sinop cien o dos cientas veces hasta mi  piso de quintas categoría y me hubiera acogido en su regazo y hubiéramos hecho cientos de veces el amor, si yo no huibiera puesto tantos obstáculos desde el priomer día.Ahora sé que me he quedado con una ira y una emoción negativa que no ayuda a mi proceso, con otra anécodta que mancha mi biografía y con un caos mental superior al que tenía antes. ¿Eso es culpa de él o mía? Le he dicho que la gente no somos gilipollas, pero acaso ¿es creible que alguien como Néstor vaya por ahí aprovechándose de los demás? Incluso entre nosotros dos, de las pocas citas habidas, ¿quien ha puesto más? Le dije que es el mismo primate de siempre. ¿pero yo lo había conocido alguna vez salvo verlo en un par de ocasiones, como para saber quien era? Por su parte, ha sido muy comedido con las palabras, e imagino que lo ha hecho respetando mi  precaria salud mental. Aunque ya me anunció que alguien como él con alguien con un diagnóstico como el mío no podía implicasrse en una relación. Por eso cuando yo tuve prisa en anunciar el “hemos roto”,el no admitía tal ruptura donde no habçía una previa construcción.Seguramente Néstor iguala el sexo a cualquier otra actividad lúdica,como ir a un espectáculo o a un restaurante, lo cual se puede hacer excepcionmalmente sin que eso obligue a fichar cada dia para sistematizarlo. en el fondo lo envidio ¿porqué no puedo hacer yo lo mismo? ¿porque no puedo liberar mi tensión muscular y ser orgásmica cuando es lo más natural del cuerpo humano? ¿porque no puedo hacer una conversación ordinaria con las pautas básicas del diálogo y la escucha? ¿porque no puedo permitirme dar y recibir placer y guardar en el b ául de los pasados, todos mis temores y duendes? He acusado a Néstor de haberme hecho daño y le he dicho cosas serías por las que él parece no haberse importunado demasiado.  La cuestión que me apena y me preocupa es que he pasado aamarlo y odiarlo como ya me sucediera dos decenas de años atrás,sin que por su parte haya habido tantas coductas como para  producir poor mi parte una respuesta tan aversiva. he llegado a decir que es un troglodita cavernario y un animal, por no decirle hijo de puta y cabrón,como palabras más fuertes. Pero él me ha puesto los cuernos.Se ha ido con otra (¿o tal vez nunca ha dejado de estar con alguna y yo he sido su episodio para su coleccionario de desgraciadas? porqué sí sé que soy una desgraciada que lloro con lágrimas de dique seco una amargura que es solo mía).Yo soyla cornuda y al acusarle me repuso ¿acaso hemos hecho un pacto de fidelidad? y añadió: -no te dás cuenta que las citas cotigo y su desenlace son el principal factor de que tu me envíes a los brazos de otra mujer. 

dicho así, me ha puesto como un revulsivo, como el peso lastroso por el cual se ha ido a buscar  otros contrapresos más dulces.Sin lugar a dudas soy la gran rechazada y él lo sabe tanto ue no ha necesitado llamarme o telegrafiarme o enviarme una carta pasando los epítetos de mano. Como experto en cuestiones mentales debería haber tenido más delicadeza y no soltarme los perrors tan pronto. Le he dicho que es vegozoso ue se dedique a ser psicólogo. Pero recuerdo qu alguna vez me dijo ue conmigo no haría de psicólogo sino de  compasñero, amante o amigo y que por lo tanto se reportaría y comportaría en función de la consideración de tales roles. Estuve avisada desde el principio aunque no entendía la verdadera magnitud de los avisos hasta que lo perdí de nuevo. Eso ha quedado así y quedará y cad vewz que inicie una histoia con alguien, si la inicio, porqué los hombres en general ya me dan asco, recordaré a Néstor y el desenlace repentino de nuestro conato de no sé qué con él. Por encima de todo me disgusta que él esté en su despacho o en su casa, tranquilamente,tomándome como un registro más en su anecodtoraio particular o en su experienciarium,en una lista de más de un centenar de féminas y yo me está dando cabezxazos en las paredes de la mía, por no poder tenerlo a él ni a nadie. soy doblemente desgraciada por un reencuentro que me ha devuleto a la infelicidad de los desencuentros, y con un hombre que ha actuado de hombre cuando yo lo que deseaba era un niño mequetrefe y manipulable que votara alrededor de mis compases.  Me equivoqué con Néstor.No podía ajustarlo a ninguna clase de cánon y llena de rabia contra él, contra todo, contra todos y contra el mundo entero, me estaba dando cuenta de perder alguien cundo lo había tenido tan cerca, casi en la palma de mi mano, o eso me había hecho creerlo ¿o no? Oh ya no lo sé.Él me dijo que el principal enemigo para que alguien se enamorara en profundidad de mí era yo misma. ¿tan mala era? ¿Tan fea y revulsiva? ¿tan rematadamente tonta? Yo podía ir insultando a los demás y despreciándoles,pero sabía que lo que más despreciaba en la vida era a mi misma. ¿Que había hecho en todos mis años? ¿Aprenderme cuatro páginas de un manual de astrología,las cuales ni siquiera adaptaba y copiaba tal cual para hacer  las conjunciones, los tríngonos y las cartas de  alguna gente?  ¿interpretar las figuras simbólicas de las cartas para adivinaciones? !Pero madre mía¡ ¿quién era yo para ser un referente o un canal para nadie?Pero las 4 cosas que sabía, !eso sí, las sabía a fondo¡Y por eso lo primero que hice tras el encuentro con Néstor fue preguntarle la hora y el año de nacimiento  y ponerme manos a la obra para hacer su carta de planetas y solaparla con la m,ía y as´çi ver nuestras conicidencias  astrales. No necesité esnifar nada para ponerme a trabajar en ello. Pero cuando le leí el borrador el muy estúpido no le dio la mayor importancia,aunque yo quise hcerlo bien y le prometí que se lo plastificaría antes de entregársela. Por supuesto no lo hice ni me quedé con ganas de hacerlo, tan pronto advertí que yo era una más en su colección de anécdotas, y como tampoco había pasado tanto tiempo, ni siquiera constituiría una anécdota que recordar. Posiblemente el pensaría que debería sentirme agradecida por haberse dignado en recordarme, en recuperarme y en llevarme a la cama. Posiblemente habría tomado lo poco den uestra sexualidad conjunta como una operación quirúrgica sin anestesia. Posiblemente  yo no valía para él más que ese polvo puntual por el que me sentiría tan embrutecida. Posiblemente,... Pero no lo careé para saberlo.Me limité a postular que era y sería indigno de mí,aunque para no perderlo por entero le propuse la amistad en la primera de una serie de llamadas, para avcabar pensando en la ñúltima, que mejor estaría muerto y desee luego, mejor hubiera sido no haberle conocido jamás. Mi arrebato colérico me hizo sospechar  un paroxismo en ciernes dentro de mi caja craneal. Estuve a punto de estar y ser capaz de cualquier cosa.Esa exageración compulsivba ya me había llevado a  pyunto de ser encerrada en psiquiátricos en otras ocasiones. Y en esa coyuntura emocional era incapaz de refrenarme y deshisterizarme un mínimo para aparentar una normalidad que no he tenido nunca.

 

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