La conducta adúltera
Las culturas monogámicas han represaliado considerablemente toda transgresión a la posesión del otro como territorio sexual y de placer. La mujer adúltera era lapidada Y el bígamo (trígamo o polígamo)está castigado por los códigos penales. Otras culturas poliándricas o poligámicas evitan condenar las practicas sexuales que en otras latitudes(las nuestras) son consideradas como perversas. Esa lasitud y liberalidad en las formas tiene una ventaja inmediata en el incremento de la salud. Los esquimales que ofrecen sus mujeres al visitante,es el pueblo que presenta el menor índice de crisis cardiacas. Los infartos coronarios que están muy ligados al estrés y a la posesión tienden a desaparecer con el sentimiento de posesión disminuido. Y las posesiones no se refieren solo a los bienes físicos sino también a las relaciones humanas apropiadas. El territorio privado fundamental es el de la familia, que queda circunscrito no solo por su demarcación física, sino también por sus componentes humanos. Si los hijos propios son tomados como propiedades físicas y consciencias dominadas, desoyendo los sabios consejos de Khalil Gibran[1] entre otros; el partner es tomado como un otro aún más sojuzgado con quien se está en función de un contrato tácito.
La burguesía en su apogeo, pontificó tanto la sacra institución matrimonial como la escarneció a escondidas permitiéndose inconfesamente toda clase de transgresiones.No era la primera vez en la historia ni sería la última. Todo acto natural de elección de un uno sobre un otro, genera una tendencia posesiva a la dominación y a la privacidad. Antes de los humanos lo han venido ejerciendo por millones de años algunas de las otras especies animales que comparten el planeta. La dinámica de la posesión de lo afectivo y de lo sexual es tan comprensible como irrazonable para un estadio evolucionado de inteligencia, de acuerdo con el cual la recursividad del placer aumenta a partir del incremento de la variación. La conducta adúltera que está tipificada en los códigos de leyes y que es perseguía tanto por la moral pública como por el cónyuge que se cree traicionado, resulta que es explicable biológica y psicológicamente. El transgresor o la transgresora por consciente y consecuente que quiera ser cuando transgrede los códigos públicos se siente amenazado/a por todo lo externo a su historia adúltera, que generalmente llevará en secreto. Ese amor clandestinizado es la exacta correspondencia a un impositivo social: el que ha intentado reducir la sexualidad a la de la pareja,generalmente heterosexual y , en lo posible, legítima[2] . Eso convierte una historia de amor en paralelo no solo en una sexualidad prohibida sino también en una aventura social que debe sortearlas miradas tradicionales y la moral punitiva, para custodiarla como una historia íntima y personal, que solo compete -debe de competer- a los directamente implicados. En la práctica, los adúlteros siguen sometidos a presiones externas que son interiorizadas, hasta tal punto, que algunos encuentros sexuales resultan fallidos por una deserotización consecuente de la presión recibida. La conducta adúltera no evacúa los condicionantes de las presiones a las que está sometida, hasta el momento en que la explica a todas las partes implicadas, y fundamentalmente a la parte más comprometida: el partenaire institucional (sea o no una pareja de hecho o matrimonial, pero que actúa como la más
estable y previa en el tiempo).Tal acto confesional generalmente no es tolerado, y sigue sin serlo aunque sea perdonado.En todo caso no suele ser equivalente a un reconocimiento de la posibilidad de relaciones simultaneizadas. Para la parte transgresora resulta más comunicable la transgresión como episodio concluido, que como historia en proceso abierto y mantenido. Reivindicar la relación plural como una legitimidad biopsíquica e ideológica y desvestirlo del acusativo de adúltera,retomando las tesis del amor libre, sigue tropezando con importantes tabúes. El crecimiento personal y la realización de los idearios implicados se debate entre la tesitura de la fidelidad con el placer plus sacrificado, o la apertura a más conocimientos y exploraciones por la dimensión de la pluralidad, a costa de la pérdida de la persona preferente y preferida, que generalmente no admitirá ser relegada a ,lo que interpretará como, segundos planos. Por eso lo adúltero siempre ha sido objetado, aunque hipócritamente practicado.El adulterio ha incentivado teorías agresivas sobre la traición afectiva y ha colocado a la parte engañada en el lugar de la burla. Los decretos al respecto no han podido frenar ni frenarán tendencias que son naturales en la condición humana y vienen preinscritas ancestralmente.