La crisis ideológica

 

LA CRISIS IDEOLÓGICA  

  

-El vacío de militancia como efecto de la crisis ideológica 

-crisis del marxismo y crisis ideológica

-las creencias políticas como recurso a la falta de creencias

-doctrinalización como sucedáneo religioso

-el poder material y el poder ideológico

 

  

Quedarse sin ideología es tanto como la pérdida del corpus conceptual, lo cual abrevia vía libre a la disgregación de los referentes. si no hay ideas que contraponer a los estilos instaurados del sistema entonces ¿que queda? El marxismo ha actuado como tabula salvadora para las franjas de pensadores y buscadores que querían ser arropados por una  ruta a una alternativa social. Siempre se ha argumentado la defensa marxista en torno al robusto método de análisis social que inscribía al movimiento de los explotados de un mando sensato. La ciencia social de los deseos comunistas tuvo apellido a partir de Marx, pero ni Marx ni la ortodoxia que le siguió dio todas las respuestas, ni tampoco sus versiones desde la heterodoxia han garantizado nunca un plan de futuro impecablemente aplicable. El marxismo y sus representaciones orgánicas han tenido acogida y peso en los movimientos sociales impulsivos que requerían una emergencia de libertad en un modelo social, que nadie se atrevía a mencionar o estructurar. El signo de las alianzas de las clases explotadas se hizo con rapidez con el puesto de símbolo motor de las historias y novelas de luchas. Pero no bastaba en sacar de las estanterías los libros previstos y oportunos para cada situación coyuntural concreta, sino la de saber releer los nuevos elementos de realidad en cada período.

 

La repetición insistente de viejas consignas ha demostrado fehacientemente   sus resultados contrarios. Contar con una dotación teórica de una vez para siempre es una trasgresión flagrante a los principios de la ciencia. La teoría, como todo, nace, se desarrolla y muere. Y no existe una teoría axiomática inamovible apta para toda circunstancia, evento y lugar. Tampoco el marxismo a pesar de su contribución analítica al fenómeno de las clases sociales, da  contenidos imperecederos. Lo que es más, sus frases entresacadas, que han sido subrayadadas y alimentadas a través del tiempo, tales como “vale más un paso del movimiento real que cien programas“ o “la filosofía siempre ha interpretado el mundo ya es hora de cambiarlo”, son opuestos al propio espíritu filosófico del transformacionismo a partir de las contradicciones. Pero tal como suele pasar con los defensores de algo en lo que no han participado elaborativamente, su defensa se hace mecánica y ahistoricista, mientras que su creador da cuenta de un momento y de unos contenidos que vitaliza. Estrictamente hablando, hacer prevalecer una frase a categoría pontifical, una década tras otra, es un crimen a la exploración de las últimas razones. Si bien es cierto que otros parámetros de expresión creativa, la poesía  por ejemplo-como un intermedio entre literatura y filosofía- puede mantenerse a  través de sus generaciones lectoras y reproductoras, los contenidos programáticos, las aportaciones políticas y los modelos interpretativos tiene una duración vital menor y su travesía por el tiempo es tanto más acelerada cuanto más rápidas las circunstancias envolventes de los que son sus reflejos. La crisis generada por un vacío teórico, tiene como desventaja la  apertura de una etapa de confusión, dónde el ¿que hacer?¿por dónde seguir? pueden rebotar como preguntas sin ser contestadas por un tiempo, y tiene de ventaja, la bajada  del podium intelectual, para hacer reconocimientos y exploraciones situacionales concretas y empezar así a presentar iniciativas en lo específico. En definitiva la pérdida del corpus teórico es estimulativa para una regeneración teórica, a partir de nuevos predicados que llevarlos a la realidad. La crisis del marxismo acompaña a la modificación y disolución de cientos de organizaciones en todo el mundo basadas en los fetiches modulares de cómo hacer una revolución y que hacer luego. De hecho, nunca ha habido una adaptación mecánica igual del marxismo en los distintos países que ha influenciado. No solo cada uno ha seguido su camino concreto, sino que además distintas versiones de él, se han enfrentando rotunda y militarmente (URSS/CHINA CHINA/VIETNAM). El marxismo nunca ha sido garantía de un futuro sostenido con precisión científica. Incluso sus predicciones futuristas sobre la nación vanguardia del proletariado quedaron ridiculizadas muy pronto.

 

Lo importante es que su crisis como corpus teórico no permanentice una crisis ideológica. Los analisistas sociales y los revolucionarios prácticas que se autoestimen como tales, tendrán que abrir nuevas rutas de comprensión y nuevos temarios de elaboración para establecer soluciones  con las que continuar la lucha y la vida de calidad. Posiblemente la guerra entre clases pasará a segundo término para priorizar la guerra por la vida de todos y la conservación del planeta.

 

El ecologismo que desde la óptica de clases ha sido vista por tiempo como un proceso marginal e inconsciente, cobrará la función de ser el primer indicador de contenidos de transformación humana y social. Posiblemente para los movimientos de lucha, todas las respuestas no serán abordadas, pero bastará con unas cuantas como clave para que el progreso se instale en el norte de las acciones de la humanidad, en lugar de seguir merodeando cortesanamente posiciones  demagógicas  sobre maquillajes para no cambios reales.

La libertad politica en lo revolucionario.

La Libertad Política en el seno de las organizaciones revolucionarias.

Los héroes de papel en los ámbitos ideológicamente reprimidos.

El conflicto entre las dimensiones de la libertad y de la unidad en los procesos de entendimiento para una alternativa.

  

La cuestión de la unidad ha sido ampliamente tratada. De toda la galería política, es imposible encontrar un solo grupo-militante que no  se haya  planteado (supuesta o realmente) aportar avances a la Unidad Organizativa de los trabajadores, estableciendo prácticas de unidad y de acercamiento inter-grupos como una medida previa para ello. Y sin embargo la dispersión de las fuerzas revolucionarias ha constituido y continúa constituyendo  una de las características fundamentales de la etapa  histórica de una actualidad mundial, donde es más  representativa la división que la unidad. Dentro de las premisas o prerrequisitos para unas condiciones de optimización que permitieran el salto histórico a la revolución, la de la unidad amplia quedaba establecida como una predominante, o cuando menos, la de una vanguardia polar que tuviera que ser tenida en cuenta por los demás sectores. esa preeminencia conceptual de la unidad ha incidido tradicionalmente en el marcaje del ejercicio de la libertad, tanto proyectada a nivel valorativo frente a los otros, como a nivel interno, permitiendo los flujos tendenciales, propio de todo desarrollo orgánico de un proceso político. La libertad es la posibilidad  de expresión de diferentes posiciones interpretativas ante la realidad.

 

Puesto que la realidad no es mono interpretable (puede estar conteniendo no solo distintos puntos de vista, sino también distintas subrealidades) necesariamente admite en su seno el concurso de varias ópticas. Este es el fenómeno natural, el artificial es el de reprimirlas o diluirlas en un supuesto todo unitario, donde todo el mundo está pensando lo mismo y actuando igual. Esta panacea de la fuerza vertebrada en torno a un solo comportamiento, es un reduccionismo político. Evidentemente, el analista quedaría incapacitado para interpretar las causas que determinan el divisionismo anticapitalista, si limitara la crítica al empleo que la burguesía, hace de la represión material y de la confusión ideológica. El análisis no queda circunscrito a un bivectorialismo. Y un método socio-político de evaluación de lo real, no puede quedar circunscrito solo a los factores visibles o evidenciados, o revelados nominalmente, puesto que hay otros en la trastienda del acunamiento y de las precondiciones embrionarias. Plantear procesos de unidad, limitados a grupos nominales y a siglas más o menos corpusculares o fantasmáticas presuponiendo que ellos agotan todo el repertorio de la realidad y que la representan, ha llevado a procesos etéreos y elitistas sin  demasiado futuro para la realidad en general, pero sí, con mucha literatura privada ciclostilada para la excitación imaginaria de los protagonistas factos como héroes de papel repletos de terminología pero reproductores de incapacidad de visión del posibilismo histórico y por lo tanto de bloqueo frente a la no predicción coyuntural. La unidad y la libertad están estrechamente unidas, aunque se trate de dimensiones completamente dispares. La una nace por razones táctico-estratégicas y cálculos de fuerzas y efectivismo operacional. La otra, está imbricada en la estructura expresiva del pensamiento creativo, y es el garante de la evolución de la condición humana, el dispositivo que le permite ser catapultado desde la miseria intelectual  a las cotas de la ambición del conocimiento y de la concepción creativa de una nueva clase de ser Humano y de Vida.

 

Por lo tanto la libertad política es solo una versión particular del universo libertario, término  cuya asociación a los ambientes anarquistas lo ha desnaturalizado en su dimensión de integralidad. El ser libre deviene un ser políticamente libre. En cambio las elecciones de conductas políticas desde la posibilidad expresiva no garantizan una libertad total. La libertad política es la parte, la libertad integral es el todo. Ciertamente todo acto de libertad y todo proceso polémico en el que es posible discutirlo todo, puede tener como consecuencia inmediata ciertos componentes inasimilables que toda controversia arrastra. La discusión es para la dialéctica lo que los decretos y órdenes representan para las actitudes fijistas y las mentes conservadoras. Aceptar que todo es discutible es el respeto a unas bases de revisión que permite potencialmente el reajuste de una línea de intervención, mas políticamente justa, en lo social. Al mismo tiempo la discusión sistemática de todo puede provocar una parálisis en la actuación y una caída en verbalismos inoperantes. Para intervenir en la polémica hay que aceptar sus términos y sus desarrollos teóricos. Discutir e impedir la palabra de las posturas tiene otra denominación: el sabotaje a la comprensión.

 

Para el analista social, y para el grupo de innovación, no comprendería en lo más mínimo, el papel que debería de ejercer para situar las condiciones de transformación socialista del sistema social, sino adoptara una política justa en el tratamiento de la Unidad. A favor de esa Unidad mayusculizada se han rendido tributos y energías. Y cíclicamente las etapas pre revolucionarias en sociedades clasistas inscriben en sus historias proyectos de unidad popular, centrales únicas de trabajadores, plataformas de convergencia y posiciones pactadas. En realidad el fenómeno es más describible a la inversa. A partir de unas divisiones y diferencias instauradas de hecho, cada tentativa desarrollista de la historia ahí donde fuere, se inscribe en un proceso que desde la meta teoría ya queda previsto, el de esas tentativas de unidad, institucionalizadas o frágiles, cuya preeminencia en un momento histórico decisivo no esconde la  necesidad pospuesta de una emergencia de las diferencias.

 

La Unidad y la Libertad (de expresión de tales diferencias) actúan con dos cilindros o vasos comunicantes sobre un  suelo en  crisis periódicas de movimiento. Los momentos de calma permite por gravedad la tendencia a la igualación de lo uno y de lo otro.las convulsiones vuele a colocarlos a diferentes niveles. avanzar hacia la situación de las condiciones objetivas que permitan la alteración -en sentido contrario- de la relación de fuerzas favorables al Capital, está indisolublemente conectado con el avance de las condiciones subjetivas de las clases sociales y las franjas políticas, interesadas en el Socialismo.es tan utópico aguardar a que el capitalismo por su propia dinámica interna, extreme hasta sus últimas consecuencias, sus recortados procesos de democratización, y así instaura la eliminación de la propiedad privada por feliz evolucionismo, como confiar en una derrota de los sectores conservadores y reaccionarios del sistema por eventuales y espontáneas radicalizaciones de los movimientos masivos.

 

 Ni los supuestos insights de conciencia generalizada, donde todo un pueblo está puntualmente de acuerdo en un derrocamiento garantiza un desarrollo de conciencia posterior y mucho menos un futuro social admirable.

 

 De otra parte, si los sectores de agitación han tenido y  han arrastrado modelos internos orgánicos basados en una sola voz y en un dirigismo descriticado, es obvio que después transpolen a escala social aquella conducta de funcionamiento. Si en algo se ha caracterizado los modelos supuestamente pos revolucionarios (y siguen caracterizando los que prevalecen como el albanés y el cubano) es en el temor a la circulación de las ideas y en el desarrollo creativo de las escuelas de pensamiento. El fantasma de la dictadura del proletariado, como etapa transitoria para impedir la resurrección de los resortes antiguos del poder desestablecido, acaba no solo por actuar contra aquellos, sino contra todo lo distinto a la nueva casta gubernamental: fenómeno absolutamente indiscutible y profundamente estudiado. La unidad: desde la leve o brevísima unidad de acción a la unidad ideológica, no puede tener miedo a la desunida por situaciones de distinción. Si la unidad exige el acriticismo y la complicidad con las conductas erróneas, es difícil que pueda engendrar unos valores de intercambio creativo entre las gentes auténticamente alternativos. La libertad por su parte es un ejercicio de autocreación desde  el poder individual hasta el poder  comunitario. Es una vía regia de difícil acceso a pesar de su enorme potencial atractivo y de la amplitud de su umbral. Acercarse a ella es más fácil que traspasarla y ejercerla. A menudo la libertad de palabra que concreta un pensamiento distinto se paga con la vida o con la marginación. Mientras que la palabra queda el producto de una acción reforzada dese una unidad puede ser una verdadera entelequia. No siempre un paso del movimiento real vale más que diez programas o una imagen más que mil palabras, puesto que para definir paso y acción ya están siendo necesarias las palabras que lo anteceden en concepción y en tiempo.

Teoría y Lucha

Teoría y Lucha. Significación absoluta dela militancia teórica.

 

No se puede hablar de teoría y de corpus conceptual por encima de las partes coleccionadas, coleccionadoras y coleccionables de la realidad, con el uso de plurales infladamente apasionados de tomas posicionales a favor o en contra de facciones realistas en pugna. El materialismo científico, repite (y los materialistas  arrogantemente científicos, repetiremos) tantas veces como sea preciso, que sin teorización revolucionaria de la práctica, no puede existir movimiento revolucionario alguno con garantías de triunfo consolidado. Esto, induce inmediatamente a concebir las reuniones y órganos de trabajo interpretativos de cada acción real, como algo simultaneado a éstas acciones. Su conveniencia dual, puede disparar tensiones entre unos momentos (los del pensamiento) y los otros (los de la acción) especialmente cuando, unos momentos acaban siendo asumidos por unos sujetos, y los otros, por otros distintos, por una elegibilidad natural entre militantes más dispuestos al análisis y otros más dispuestos al cóctel molotov.

 

Aunque la famosa frase marxiana de más vale un paso del movimiento real que mil programas, es excitado a partir del parágrafo anterior hay que opinar honestamente que no todo movimiento es útil, y una parte importante de acciones acaban en sucedáneos de ellas, y no por mucho actuar reiterada y mecánicamente, se establecen las garantías de hacerlo mejor en las siguientes veces. Al contrario una estructuración del movimiento en unas obsesiones fijas, en lugar de superarlos, puede actuar como un escándalo abierto y una teatralización de la lucha, que acaba actuando como disuasorio para otros pre movimientos de simpatía.

 

El acceso a la teoría y a la cultura realmente científica, es pues, algo más que un derecho propio de los estadios históricos de la civilización humana.es una necesidad sin la cual todo esbozo de cambio alternativo a la sociedad, está condenado a priori al fracaso. Apelamos a la metodología teórica heredada y aprendida de la experiencia anterior de la Lucha de Clases, y reivindicamos la utilización permanente del análisis científico,; no como procedimiento con el q. escrutar las ironías de las situaciones conflictivas, ni como manera con la que llegar al paroxismo de la abstracción, sino como una de las premisas imperativas sobre las que levantar el movimiento de emancipación irreversible de la humanidad en su conjunto, separándose de todos los factores que actúan a niveles de esclavitud y alienación. La teoría es la clave. Es la articulación de la lucha.

 

 La palabra como instrumento y producto de análisis, que vertebra aspiraciones y concepciones de lectura del entorno además de una visión para cambiarlo, es la arca convergente de todas las energías sumativas que desean avalarla, comprometidas en el cambio de lo externo y de lo objetivo.

 

Con lamentable frecuencia y en amplias áreas del proletariado militante, continúan persistiendo creencias adversas, a todo lo q. represente “excesiva” intelectualización. Existe la tendencia a confundir dedicación teórica con teoricismo o sistematización del análisis autocrítico con intelectualismo inaccesible y disciplinación de los estudios político-científicos con enajenación de las tareas prácticas del proceso revolucionario. El intelectual orgánico o el intelectual gramsciano tienen que esconder sus papelajos o morderse sus recursos a citas y a experiencias aprendidas por la vía bibliográfica, para no correr el riesgo de ser tildado pequeño burgués, confusionista o manipulador. El obrerismo ha ensalzado las manos estropeadas y callosas, los pulmones silicóticos y la espalda torcida por el peso de la explotación como sinónimo de conciencia. Ha venido el sufrimiento como  una sola clase de dolor: el que pasa por las sensaciones del hambre, el de los desarrollos de la envidia por no poder comprar lo de los otros, o el de las largas jornadas de sol a ocaso, para obtener unos míseros salarios, como sinónimos de clase y de dispositivos para la sensibilización. Afortunadamente el mecanismo mental permite otras vías para la toma de niveles de conciencia, sin pasar por los pozos de las minas o las agotadoras  actividades de jornalero o de operario-muñeco-servidor de  las máquinas en las que está a cargo. Y ese otro conjunto de vías de acceso situacional desde el pensamiento, permiten evitar la bajada a aspectos nefastos de la realidad.

 

Por supuesto esto ha podido ser tildado, y no sin razón, de cultura libresca, pero el obrerismo no ha aportado precisamente una conciencia extremadamente objetiva de la realidad, sino extremadamente resentida con ella. Cada experiencia es insustituible y en conjunto todas contribuyen a una aproximación a las leyes de la vida: desde las ciénagas a las lecturas literarias asépticas. La explicación remota al valor en uso de los recursos teóricos, queda hallada, con la asociación histórica que ha habido entre Cultura en su sentido general (y los detentadores físicos del Saber en sus más diversas formas  manifestativas y expresiones) y Política dominante (y los ejecutores físicos de ésta). A través de los tiempos, el acceso al conocimiento teórico, estuvo intransigentemente vedado a las clases explotadas. Aún hoy, en anchos territorios del planeta, sólo queda reservado para minorías privilegiadas, las posibilidades y derechos al Saber. Pero en cualquier caso, tanto en los sectores geográficos más avanzados como más adelantados, en los que neta y explícitamente domina el modo de producción  capitalista, la cultura va siendo popularizada, justo en la medida en que a los intereses de la Explotación y sus representantes, les va conviniendo.

 

La cuestión a retener es la siguiente: tradicionalmente los explotados nunca aprendieron en academias o en universidades, pues ni su inserción en el proceso productivo les brindaba  condiciones aptas para ello, ni dentro de los planes de las  clases dominantes que han desfilado por la historia, entraba el proyecto de culturización de la población. Invariablemente todas estas clases han sabido que una de sus  armas más poderosas residía en la ignorancia masificada de quienes se nutrían y a los que robaban. Este principio, continua siendo tan válido hoy como hace mil años. Sin embargo en la era del Capitalismo, el mismo modo de producción y su proceso de cualificación tecnificada, ha emplazado a los estados burgueses, a irse rodeando de sectores de la población con unos grados de especialización, que aunque limitados son sostenibles desde parcelas de dominios. El proceso de crecimiento económico ha llevado al ajustamiento del mismo engranaje económico-productivo. Y este fenómeno queda insertado dentro de la compleja red de contradicciones secundarias, en las que se ve obligado a desarrollarse el Capital. En este período histórico lo que se ha dado y continuará dando es una extensión formativa, más que informativa sobre aspectos que convienen a los avances.

 

Hoy ya no se puede hablar de una estructuras detentadoras desde la privacía del saber en general, sino de su multipartición a nivel global. Y las vetas de extensividad son múltiples. La experiencia de las teorías culturales está ya definitivamente dentro de las posibilidades de amplios sectores poblacionales, y la contradicción clásica entre saber e ignorancia, que se correlacionaba con las clases, ha pasado a convertirse en intereses distintos poblacionales: los que perpetuán el no saber y los que quieren regenerar el saber. Esto es tanto como establecer las contradicciones a niveles de explicación´ y planos de conciencia. La sociedad y los movimientos que contiene ya no son el producto de las estrategias maquiavélicas de estados perversos que solo representan los intereses de los poderosos, sino de los grados conscientes vertidos. Cada movimiento social cuenta con unas perspectivas y unos apoyos teóricos. Su fundamentos pueden quedar momificados o revitalizados, según si quiere enriquecerlos con análisis y teorías. El futuro cambiará syss (si y solo si) acepta la Teoría y la Lucha como complementarios indisociables. Y evitará desgastes de energía humana y procesos sin salida, si de la teoría y la lucha  hace de la Lucha Teórica, una capacidad de pronóstico y de pre-balances antes incluso de acciones de compulsión masiva, dónde la espontaneidad combativa y las eclosiones desgarradas preñadas de emocionalidad reactiva no arrollen la inteligencia humana y los procesos indispensables de  raciocinio y relecturización de la vida.

El tribunal de las palabras

El tribunal de las palabras. La literatura de denuncia como compromiso ético.

La elección de la praxis literaria como instrumento de elaboración  tiene una cosntatación a traves de los siglos. Tambien ha sido y es una plataforma desde la que recrear la investigacion imaginaria. En tercer lugar es la oportunidad para la descripción de los hechos reales y su recurso como acción o lucha. La literatura es un arco de posibilidades desde el queexteder la cultura crítica y creativa asi como las propuestas para ua vida mejor a favor de la existencia colectiva. No diré que el de los escritores sea un gremio unitario de vanguardistas al cargo de defender los intereses sociales ya que deploro esas unitariedades y es elocuente que como tal gremio no existe a pesar de las asociaciones y congregos de una parte de sus vocacionales y aficionados; además se confirman sus diferecias itinsecas y sus distitas ideologias. Lo que sí estoy en codiciones de afirmar  es que la literatura es un arte de intervención en la cultura y de influencia en las formas de pensar y que dentro de su heterogéneo campo hay autores convencidos en ponerse al servicio de causas y otros que prescinde de tal prerrogativa.  Un mismo autor como fuente factorial puede crear textos de distintas categorías y estilos que vayan desde la maxima abstracción a la máxima concreción.Depediendo del género asi será su estilo y su habildiad de atractivo. En lo metodológico y lo  epistémico y en la mayoría de ensauos no cabe el entretenimiento en la anécdota salvo algunas concesiones para hacer mas simpática o llevadera la lectura. En cambio la crónica y la biografía se mueven en situaciones  detalladas envueltas de personajes co las que  es potestad de cada mirada retratar las circunstancias mencionando los nombres vinculados a los hechos. No veo porque el relato crónica  puede mencionar nombres para la situacion de los elogios y callarlos cuando lo para situaciones de denuncia. Debe(ría) ser al revés: llegar a los nombres para ponerlos a descubierto por sus fechorias porque es de la genturza de quien nos toca protegernos más. Las razones de esa discrimiacion entre los dos tipos de menciones es evidente: a todo el mundo le gusta salir bien retratado en la foto y desde el lado de quien hace el retrato prefiere ser reconocido por su empatia que por su antipatía. Inevitablemente ser critico convierte al portador de la critica en antipático para el criticado.

A la hora de describir situacioes y experiecias el autor es el primer interesado en poder hablar bien de los demás y poderlos citar como ejemplos o modelos o como referentes que seguir y de los que aprender. En alguos títulos literarios  vinculados a mi nombre  he tratado de compensar por cada cuestion transcripta objetada ligada a alguien al menos otro nombre al que referir como argumento de identificacion o idea de apoyo a pesar de eso el ánimo que genera en la lectura es que la critica pesa mas que el elogio. Ese sentimiento resultante no es una cuestión de lectura si no de predisposició psicológica ante el relato leído. Para la lectura el hecho de que se acuda a nombres de autores reconociéndoles aportaciones válidas no es tomado como una forma de elogio sino como parte de la estructura ensayística, en cambio citar los hechos de personas con las que uno se encuentra en directo y que toca soportarles en accions lesivas o siempre gusta.Tal vez el lector no le gustaría estar en la piel de los personajes cuyos retratos no los dejan como buenas personas y por eso crea un flujo de simpatía por el que ha quedado mal parado. Es cierto, el perfil del tipo desenmascarado queda expuesto en su vulnerabilidad. Nadie es infalible, los malos tampoco. Pero esa potestad del escritor o del autor, en cualqueira que sea su campo artístico, en poner en evidencia errores ajenos le da una fuerza mayor. Con su arte consigue cambiar los papeles.

Despues de muchas agresiones y victimidades el recurso a la palabra es todo l oque puede hacer la víctima. Si insiste en este recurso terminará por vencer a quienes le hayan hecho daño. Esa secuencia tiene algo del péndulo de la venganza. Posiblemente la autodefensa puede ser interpretada como venganza. En el merchandising de las interpretaciones las hay para todos los gustos.

Según el campo de expresión el grado de concreción es uno u otro.Las concreciones pasan por los datos. Hay discursos que cursan sin necesidad de mecionar ingu nombre y hay formas de relatar aveturas en las que se desdibujan lo suficiente las circunstancias para que posibles lecores que estuvieron en ellas ni siquiera las identifiquen como haberlas vivido. Las formas recursivas por disfrazar los hechos son multiples. Se puede decir que los recursos artisticos pasan por el arte del disfraz. Hay una cierta connivencia para escapar del realismo extremo. La realidad copiada exactamente no interesa, el arte se ocupa de seleccionar sus fragmentos que trabaja con maneras cuidadosamente deformativas. Pero hay un tipo de arte que quiere hacer justicia  a los sucesos en particular cuando los responsables de acciones crueles han contraido una deuda histórica con sus damnificados. Eso ha llevado a que una constante en la historia de las letras haya sido el de la denuncia contra personajes grotescos que a veces han conseguido vivir vidas longevas en total impuidad por sus crímenes. Es muy facil ponerse de acuerdo en llevar al tribunal de las palabras idividuos y acciones que merecen estar en la lista de los denunnciados cuando las cosecuecias de sus actos tuvieron cosecuencias lesivas muy graves. De hecho existe toda una literatura documentalsita que no para de mencioar esos nombres a los que la historia no les ha podido conceder ningun perdón.

Por lo que hace a cada actualidad en los aparatos de poder de los países mas retrasados políticamete siguen habiendo comportamientos increibles que figuran y figuraran como ejemplos de delitos mayores en los mauales de criminología. El mundo sigue asistiendo a las atrocidades por no ingerir en determinadas zonas o por no perderlas como aliadas granjeándose nuevos enemigos estrategicamente inconvenientes. Es así que a los tribunales de justicia internacional llegan los menos y a lios tribunales de las palabras tampoco llegan todos.

De lo que sí sirve tener malos confesos y recoocidos es como nexos de cemento para crear consensos generales. Es así que no paramos de hablar de los poderosos del planeta o del propio país ate los que  casi nadie deja de emitir su opinión pero en cambio se resiste a aceptar que otras miradas externas opinen de nosotros. El periodismo siempre se ha tenido que cuidar de cómo hablar y de quien, incluso a los asesinos, siempre presuntos, se les referia con sus iniciales y así de paso no perjudicar el apellido de la familia con el escándalo de su detención. Vana prevención, las verdades acaban rugiedo y dado el valor del tiempo es mejor que rujan en la época en que se dan que no medio siglo o varios siglos después.

Llevar a la proyección artística los padecimientos existenciales se puede hacer básicamente de dos maneras: substrayéndose de las situaciones vividas y creando otros simulacros para manejar las anteriores o recreándolas sin pelos en la lengua citando responsabilidades en sus contextos y autorías. Mientras el artista es consentido socialmente si se mantiene en la primera elección suele granjearse enemigos y no pocos si elige la segunda. El primer perjudicado en explicar una historia verdadera suele ser quien la explica. Basta que diga un hecho no autorizado a ser publicado para que lo pase mal. No se le perdonará que no se ajuste al dictum del poder que rija en esa cuestión que sutilmente habrá protocolizado lo que se puede y no hacer pada cada caso. En palabras de Ray Loriga[1], de los  dolores de subjetividad puede dar cuenta  todo aquel que exprese opiniones e individuación propia cursado increpaciones o denuncias. Sigue siendo sorprendente que en la civilización mas racionalista y tecno científica de todas se siga temiendo a la profusión de verdades y en particular de aquellas que nombran a los individuos vinculados a hechos por los que tienen motivo para avergonzarse.

En tiempos de democracia electrónica la oportunidad de denunciar protagonistas de actos reprobables (desde los criminales a los fraudes, desde los deshonestos a los de la palabra incumplida) es universal. Ya ha sido predicho que internet es la nueva arca en la que nos encontraremos todos. De cada cual depende encontrarse citado o expuesto según un comportamiento brillante u otro reprobable.  Antiguamente ante una reyerta o una situación de peligro o  ataque grave se acudía verbalmente a  avisar a la poli o acudir a las tribunales, con la vana ilusión de que podía servir de algo lo uno o lo otro, ahora la posibilidad recursiva de la denuncia es más inmediata a través de la palabra escrita en plataformas internáuticas que permitan su difusión o al menos su documentabilidad gráfica. Entiendo que la literatura denunciativa que no acude a nombres supuestos para disfrazar situaciones sino que cita los nombres reales de personas responsables de  conductas concretas lesivas contra la sociedad o contra los demás es un compromiso ético de quien la escribe consigo mismo. Las peores conductas no vienen determinadas por su cuota de legalidad, alegalidad o ilegalidad sino por su falta de ética y transparencia. Es importante que en las formas de escribir nos hagamos eco de las autorías de los hechos y de las palabras y no dejemos de mencionar los nombres de quienes hacen conductas para dañar a otros. Eso pone el repaso de los comportamientos en los individuos y nadie queda a salvo por el hecho de pertenecer a una clase social determinada o estar encuadrado en un club o en una sigla.  Eso no tiene nada que ver con la delación de los perseguidos por el sistema para proporcionar sus datos a los gestores del poder sino con la transparentación de los errores graves en quienes no pueden hacerse pasar por buena gente. Eso significa conseguir y publicar los nombres de pederastas reales que ha abusado de su posición como oenegeros en al menos el caso de Save the Children  a pasmas que siguen usando el maltrato en comisarías, a jueces juzgados como Sharon Keller (renombrada como Killer) por permitir la ejecución de la pena capital de uno de sus condenados por no esperar  una pruebas que lo hubieran exculpado. Como siempre, las noticias de orden transfronterizo guardan mucho más parecido del aceptado a las que son sólo de orden local. Su única diferencia, la magnitud de la noticia, no impide que en ambos casos tengan que ser denunciados los comportamientos equivocados: sean los de individuos antiéticos con consecuencias lesivas para la comunidad, los del comerciante que cobra por adelantado un servicio con el que no cumple, los de alguien cercano que viene a hacer trabajos domésticos a tu casa que toma por propia y comete imprudencias con peligro para terceros.

Para no tener demasiada gente en el haber de las experiencias negativas lo mejor es prever con quien tratarse y no caer en la trampa de relaciones que vayan a traicionarnos. Más vale tener pocas personas y de alta calidad que muchos contactos y de calidad nefasta.  La oportunidad y la práctica de denunciar incongruencias y errores graves es una forma de practicar la libertad que va a favor, cada vez más, de la calidad de vida y de las relaciones. A fin de cuentas la gente siempre ha tenido miedo al qué dirán y a estar en boca de los demás pasándoles factura simbólica dado el desuso del vudú.  Presumo que en el futuro mucha gente acudirá al tribunal de las palabras como única posibilidad para reclamar sus derechos denunciando las agresiones recibidas. Recomiendo que además de citar marcas de productos o empresas fabricantes o entidades serviciales se citen por sus nombres y apellidos a los agentes intermediarios responsables de fraudes y fechorías. Quizás así aprendan nuevos hábitos.



[1] En El hombre invisible. El país semanal un, 1710.

Otra vez sola.

Otra vez sola. La doncella se ha quedado tirada de nuevo. relato

LA DONCELLA SE HA QUEDADO  TIRADA  DE NUEVO.

A los 17 años  me quedé prendada de un tío que me llevaba unos 8 años. Tenía barba y los cabellos largos, algo típico bien mirado en una época de estreno de nuevo régimen. Corría 1977.  Eran tiempos de sueños, de risas, de proyectos y de unas ganas locas de enamorarme y brindar mi virginidad a alguien. Néstor  era el prototipo ideal. Mi opinión la compartían las dos amigas con las que por aquel entonces íbamos juntas a todas partes. Si a una le gustaba algo o a alguien, las otras dos también consentían. Pero las tres, a pesar de los porros y de las vestimentas casi hippies, llevábamos bastante ciego ideológico.  Fuimos a caer al domicilio de Néstor con algún pretexto de hacer teatro o algo así, que no concluyó. La verdad es que no recuerdo ninguna conversación seria con él o si lo intentó yo no respondería, porque lo mío era reírme por todo y así liberar la tensión de no saber qué hacer, o no saber ningún saber.  Además yo no pasaba de ser una niña mientras que él era ya un hombre. No sé muy bien si me sentí gratamente impactada o levemente enamorada, lo cierto es que me dé con su imagen, su nombre y su recuerdo.

 Como vivía con otra gente su piso era un desfiladero de visitas y recuerdo como el muy canalla nos dejó en una ocasión plantadas y se fue con una amiga suya. Eso ya me indispuso en cierta manera por sospecharlo en otros brazos mientras yo seguía con mi  particular cuento de hadas. ¿Si Néstor era mi principesco hallazgo que se supone que debería hacer yo como la heroína del cuento? aparentemente él tenía su vida montada y algo olía a chamusquina de mujeriego. Enredarse con un tipo así podría resultar peligroso.

La cuestión es que no nos vimos tantas veces como para que se iniciara algo entre nosotros, aunque sus ojos verdes cada vez que me miraban  sentía cosquillear mi bajo vientre  y me contenía para no saltarle como una tigresa al cuello y susurrarle “hazme el amor ahora mismo”. Lo que recuerdo o lo que percibí es que yo no estaba en sus objetivos de conquista. ¿O tal vez si lo estaba y no me di por enterada?  Lo cierto es que me monté la película de que tal vez podría gustarle y le apetecía salir conmigo y me montó una cita en la barcelonesa plaza Real en un caluroso verano. Yo fui con mis dudas pero fui y allí me lo encontré acompañado de otra chica a la que le hacía carantoñas, o ¿era su modo de actuar? En todo caso ¿para qué me citó entonces? ¿qué pintaba yo allí? me largué y los dejé plantados y me prometí que con un tipo así lo mejor era olvidarse. Lo que no hice fue explicarle como me sentía para no rebajarme ante la otra. Cumplí mi promesa de desentenderme a pesar de que Néstor preguntó insistentemente por mí en una ocasión que se encontró con mis compenetradas amigas, y demás me llamó algunas veces por teléfono o me dejó recado y yo no respondí. En mi noción de la amistad no entraba corresponderme con alguien por lo que hace a llamadas, postales o mostrar interés. Si él me había enfrentado al despecho de citarme a la vez que otra, ¿acaso podía hacerlo por un motivo distinto que no fuera el de hacerme sentir mal? ¿pero que le había hecho yo para que se comportara así de primeras, en una primera cita, aparentemente para los dos solos? O era muy tonto o se lo hacía, y ¿cómo podía ser tan tonto si yo andaba loca de deseos para que me tocara y para ser su mimada? En aquella época yo era un fideo con los pelos revoltosos  y el ja-já/ji-jí a falta de otra posibilidad de comentarios, pero tenía ya mis ideas  avanzadas sobre el destino marcado por mediaciones externas y me resultaba sospechosa la gente que como él estudiaba o leía y vestía sus argumentos con discursos demasiado intelectuales para mí. Ya entonces me parapetaba hecha un ovillo ante prosas que me resultaban incomprensibles o eran costosas de seguir. Por eso me posicioné a favor de los credos de la sentimentalidad  y del universo de la intuición, que era mucho más fácil de practicar y llegar a teorías místicas y existenciales sin tener que pasar por complicadas metadiscusiones. Todo lo contrario a Néstor  que lo poco que saqué de él es que estaba muy rallado filosofando y politicando en discursos fuera de mi reino. La verdad es que no recuerdo haber tenido una discusión con él sobre algo concreto, más bien mi tendencia era la de evitar entrar en temas que me resultaban difíciles, y en las que podía evidenciarme con un bajo nivel cultural. bueno, yo era una estudiante de bachillerato, pero sí he de ser sincera, bastante mediocre. Ciertamente era una estudiante que capeaba como podía los programas de curso en una época en que también estaba liada con haschisch y los ácidos. Era la moda y la época. Y con mis amigas pertenecíamos a ese submundo de la cloaca que  tan plásticamente descrito en las últimas páginas de la revista Ajoblanco, que constituyó el emblema y el alegato de una época de utópicos y buscadores. Yo estaba subida al carro ¿pero de verdad me sentía revolucionaria? Sí acudí con la transición a un insti de estilo ácrata y con profesores avanzados para la época, con un sistema autogestionario de los estudios, pero sí he de ser sincera, aquello no me colocó en un proceso universitario y en cambio sí en un desinterés creciente por lo académico. Por eso cuando Néstor  se ponía a hablar  sobre teorías, tanto él como otro de su ámbito, me sumergían en un movedizo pantano en el que me ahogaba. Néstor pertenecía a ese grupo de personas con ganas de analizarlo e intelectualizarlo todo.!Demasiado para mí¡ Yo soy un ser sensible, exquisitamente pulcro, elevado y flotante. No quiero engrasarme las manos tocando las cosas sucias de la vida y eso se empareja con que tampoco quiero engrasar mis neuronas para acometer esfuerzos superiores. Si la vida resulta tan sencilla de vivir ¿para qué complicarla tanto con murallas de palabras?  Por eso cuando alguien tiende a hablar y se desparrama con largos razonamientos yo me pongo en guardia. Desafortunadamente Néstor tiene demasiadas palabras y de dejarle es un pico de oro que calculo que puede seducir a un auditorio  de mayorías. Yo reconozco que tan pronto empieza a hablar, me cansa con sus palabras  de poco uso y su convicción total en lo que dice. Con él no se puede hablar. Y yo, pobre de mí, yo siempre quiero hablar, pero él no me deja. Aunque si lo pienso un instante sé que no me interrumpe cuando yo tomo mi turno y no me grita, algo que yo sí practico abundantemente y me lo ha señalado un infinito número de personas: soy una chillona y seguramente me podría contratar como extra para una película de histéricas. En el fondo no es verdad. Sé que me podría controlar. Basta quererlo ¿pero cuando lo quiero?

El reencuentro con Néstor  estaba siendo una sucesión de desencuentros. Lo he dicho yo y también lo ha estimado así él. Sólo que la misma palabra en sus labios quedaba autentificada y en los míos no pasaba de ser un estertor mojigato. La primera vez que hicimos el amor, ya desnudos y él con una erección descomunal, me asaltaron mis dudas de frígida y afirmé contundentemente que allí no había química  y me cerré en banda. Gracias a su persistencia me sentí más gratamente poseída que nunca antes en el pasado. Yo soy incapaz de orgasmar con la penetración e incluso con las manipulaciones orales y manuales de mis amantes y descarté desde el comienzo que con él fuera una excepción. Por eso y de acuerdo a mis hábitos, primero me masturbé yo  mientras él se contenía haciéndome caricias y tras mis débiles jadeos, luego el me penetraba hasta estar a punto y volcar lo suyo en mi vientre. El me pidió ésta vez y las dos siguientes, que le ayudara con las manos en los últimos instantes, porque de lo contrario aunque se corriera no le satisfacía totalmente. Debo confesarme que en ninguna de las ocasiones fui capaz de manipularle el pene así tal como me lo pedía y notaba en mí una cierta aprehensión a que me mojara las manos con su cosa. el no era tonto para no darse cuenta de estas cosas y yo me sabía una sub-amante poco diestra en las competencias amatorias. Para alguien como él con  bastantes docenas de relaciones de erótica experimental, se habría dado cuenta de lo inútil que yo era. El tema lo acabé de enmierdar esta primera vez al  reaccionar histéricamente cuando al filo de la medianoche él se despidió para irse. Le  interrogué con -¿Ya está todo? ¿Ya te vas no?. Y él me repuso cómodamente -¿qué prefieres que nos sentémonos al sofá a ver la tele tres horas juntos? tengo que levantarme temprano, me voy.

  Ante mi reacción bronqueante, él expresó su primer ultimátum sutil:

-Sé que vas a tener reacciones de estas y yo voy a poder soportar unas cuantas. En todo caso no muchas. 

Tal información la amplió con otras cosas al decirme que alguien como él que se ocupa de la higiene mental no podía permitirse una relación sentimental con alguien tan trastornado como yo con una esquizotimia severa. Añadió además que el diagnostico psiquiátrico que me sigue desde hace años de agorófoba solo disfraza un análisis más estricto sobre mi conducta patológica.

Yo sé que estoy mal. Muy mal. Lloro de amargura por mi existencia y por los pocos beneficios espirituales, emocionales y materiales que he conseguido hasta ahora al borde de mis 40 años a punto de cumplir. Se me pasan los días encerrada en casa y ahora que de pronto podía rehacer algo importante con alguien emblemático de mi adolescencia no se me ocurre otra cosa que ponerme a destruir desde el primer momento lo bonito que puede dar de sí una relación. Asusto a los hombres no puedo negarlo. ¿quién se va a fiar de mí sí me presento con exigencias desde el primer instante? En efecto a Néstor en la primera cita en que me pagó  una consumición  (me pagaría una colección de ellas con posterioridad: todos los hombres son unos tontos paganos por naturaleza) me sondeó directamente. Me tocó las manos y me pidió a la despedida con un “hoy, por ser el primer día, dos besos de mejilla”, que me tocaba mover a mí la siguiente vez.

al día siguiente por la mañana yo ya estaba llamándole y lo noté extraño y distante. Era media mañana y sin duda se sorprendió de mi rapidez. en menos de 12 horas yo había regurgitado el impacto adolescente que hubiera dejado Néstor en mí y me apresuraba para elegirlo como mi hombre. Puesto que de alguna manera él ya me había tirado los tejos sin tapujos,  seguro que me conquistaría nada más bajar yo la guardia y permitirle que me tocara. ! los hombres son así  en general y Néstor cumplía a la perfección el rol del conquistador¡ Luego me daría cuenta que conquistador de qué y para qué. Yo inmediatamente le confesé mi amor con un “te quiero” en el momento de sus empujes dentro de mí y él añadía un sibiloso “yo también pero poco convincente”. Luego con mi suma de llamadas, que al principio las hacía cautelosas llegué a confesarla que sufría por no verlo.!Maldito el momento en que se me ocurrió decírselo¡ Posteriormente un acto vulgar de conciencia me ha llevado a preguntarme si de verdad lo he querido o ha sido una alucinación, ya que al ver que él no me correspondía con el mismo número de llamadas telefónicas que yo !En realidad sólo me hizo uno¡ !Sólo una¡ y pasaba olímpicamente de mi demanda para que me llevara al cine o para tener una relación normal. La verdad es que nada más empezar  a vernos yo le aclaré que no quería una relación sola de sexo sino que la concebía ¡inmersos en el amor. Palabras¡ !Míos palabras¡ ¿quién ponía pantallas a las cosas? ¿cómo se puede caracterizar una relación a priori antes de darle tiempo para ser vivida? Néstor captó rápidamente mi estado mental y su segunda carta a diferencia de la primera, llena de sensualidad y recuerdos, fue para llamarme a orden y pedirme que respetara su tiempo, su ritmo y su modo de ser. Asentí verbalmente y pedí disculpas por mi impetuosidad desbordada, sabiendo que yo era incapaz de cumplir una promesa de tal tipo y que necesitaba que la gente pivotara en torno a mí. si yo no era el centro no quería nada. A cada llamada que le hacía lo encontraba tan frío y distante que dudaba de que pudiera salir algo de todo ello, pero insistí una docena y otra y otra más de veces, para exigirle sus obligaciones de compañero. Luego cuando nos veíamos en casa, en mi humilde y poca atractiva casa, sus ojos y su halo me volvían a seducir y yo aceptaba entregarme de nuevo aunque me urgía confirmar que habíamos roto.

-Ruptura de que-objetó el muy canalla- ¿Es que habíamos creado algo?- añadió insolentemente.

Cargada de odio rezumante por todos y cada uno de mis miles de poros no podía contenerme y bajaba a la disparada desde mi piso hasta la cabina más próxima.Ding-dong-ping-Ding-dong-ping  sonaba su móvil y en seguida oía su voz seria, escueta distante, serena profesional, segura de sí misma, con un simple:

-Sí díguim- ante la que yo me descontenía y encadenaba una sarta de torpedos verbales para que supiera lo que era

-¿Eres un cerdo, un primate o qué? únicamente me has utilizado para echarme un polvo que es lo único para lo que sirves.-le decía a bocajarro y colgaba. En otras ocasiones, él me daba tiempo para despotricar a mis anchas, adoptando, sin duda alguna, una actitud técnicamente impecable: Me dejaba hablar para  añadir al final  algo como ésto:

-no voy a discutir lo que dices o sientes en este momento. Eres tú quien piensas así, yo no. Es a ti a quien corresponde vivir con esta interpretación y esta compulsión en reiterarte tantísimo  para decir lo mismo.

Yo sabía que tenía razón. Y las docenas de llamadas de teléfono que hice a su móvil, seguramente me las podía haber evitado o reducirlas a su decena parte, de haber comprendido a tiempo el significado de tal mensaje. Néstor no era como los otros hombres a los que he intimidado con cuatro gritos y dos tetazos y en lugar de contagiarle mi histerismo parecía fortalecerse con cada una de mis ingratas palabras. Reconozco que si alguien toma el teléfono para llamarme y decirme sola la tercera parte de lo que yo le dijera a él, me pasaría un mes entero sollozando y pidiendo a todos los demonios fuego eterno para mi insultante. Pero yo tenía claro que no podía contenerme y admitir que alguien como él pasara por mi vida me follara dos o tres veces y desapareciera sin más. ¿Es que no tienen sentimientos los hombres? ¿Es que un hombre como Néstor no es más que un robot-máquina disfrazado de carne?

Sí, tenía muy claro que mi relación amorosa con el no podría continuar y lo llamaba una y otra vez para decírselo y él para no discutírmelo. ¿qué significaba eso? Sin duda que yo no le interesaba un pimiento. Incluso en alguna ocasión llegó a meterse con mi barriga colgante, y eso me resonó a tan feo que le exigí que me devolviera a casa. Eso pasaba 10 minutos de haberme venido a recoger. El replicó sin inmutársele un músculo.

-te acompaño, te apeas en tu casa y te paso a recoger dentro de 10 o 20 años.-cuando ya íbamos de regreso me disculpé y le dije que fuéramos a donde inicialmente íbamos. El consintió y aceptó hasta comer conmigo aunque no le apetecía para nada  hacerlo tan temprano. Después hicimos un polvo maravilloso en mi habitación de cama de niñas y nos despedimos hasta una siguiente vez. Yo siempre necesitaba prefijar día y hora para el siguiente encuentro. Aquella tarde estuvo bien y reconoció que para estar bien con un acompañante debía contener mis pruritos neurasténicos. Pero siempre exigía una cita por anticipado por temor a perder lo que acababa de encontrar. Néstor era demasiado analítico como para que no se le escaparan detalles de estas magnitud y a pesar de seguir con el rol de amante de tarde de domingo seguramente ya tenía inscrito en su mente que una relación conmigo no podría prosperar. A decir verdad ¿que relación ha prosperado en mi vida de todas las que he iniciado? Todos los hombres son patéticamente iguales. Tan sólo te quieren como un agujero en el que descargar sus huevos y luego si te he visto no me acuerdo. A pesar de eso, aparentemente disfrutan haciéndolo, y eso es un común denominador entre los mejores y los peores amantes  que han pasado por mi intimidad. Néstor se llevó la palma, consiguió-comparativamente a los 9 que le precedieron- que en menos cantidad de encuentros íntimos le aceptara hacer más cosas: que se la chupara  y que me la metiera en el coño sin goma, aún sin conocer realmente si estaba emparentado con otras. El y su recuerdo me atraían irresistiblemente. ¿quién sabe cómo era en realidad? Pero de estar con otros, acaso yo le ofrecía confianza y una mínima estabilidad mental como para que quisiera depositarla en mí. No lo creo. La confianza es algo a ganar y ganar la de Néstor no era nada fácil especialmente cuando mis conductas pasaban por una abundante colección de despropósitos y desméritos. Lo que menos toleraba en él era su superioridad y sus ademanes de estar por encima de mí. su inmutabilidad me sacaba de mis casillas y aunque le llamara para solicitar una entrevista ya había llegado tarde con mi pedido. Las conversaciones previas fueron un diálogo de brutos y yo no estaba dispuesta a hablar con un tipo que me calificara de esquizotipoide, obsesiva, trastornada, enferma. Esto era maltratarme y yo no podía aguantar ese maltrato, en particular de alguien que como él se movía en el ejercicio profesional de la salud mental. ¿Psicólogo él? Era la persona menos íntegra y más dañina que había conocido jamás. Por si fuera poco me la jugó como ya me había jugado esa veintena de años atrás poniéndome cuernos con otra, lo cual me confesó.

La duda sobre mi misma era si yo estaba loca. Y esta pregunta la formulé en varios ámbitos y también a él.

Néstor desplegó su artillería teórica para desdemonizar  el concepto de anormal pero yo sabía que mi conducta era extraña y los pocos amigos que me aguantaban tal vez lo hacían por estar peor que yo. Un caso era el de Peter Romany, amigos desde hacía una pequeña eternidad,. que se dedicaba a la intrusión profesional en psicología con un poti-poti de psicoastrología de lo cual había venido viviendo, campo con el que me relacionaba porque yo también hacía cartas astrales además de tirar las cartas del tarot. ese Peter amigo pero del que nunca me quedó claro porque no se convirtió en amante, me hizo sospechar, como en otras ocasiones de no ser deseada por los hombres. Por coincidencias del destino Peter y Néstor se habían conocido hacía años y de entrada Néstor lo categorizó de informal contándome una anécdota acerca de una impresentación injustificada de aquel y yo se lo confirmé sobradamente. por su parte Peter Romany despotricó a sus anchas contra Néstor por ser un bebedor de tés. cuando se lo comenté a Néstor ya no recuerdo si comentó que solo a un imbécil se le podría organizar una actitud en torno a tal detalle, aunque efectivamente era un casi teinómano. De otro lado, mi biografía había pasado por itinerarios y gente referencial común a la de Néstor. Uno de ellos: Létic ya me anunció que nuestra relación no sería posible. A Néstor no le sorprendió su comentario puesto que lo tenía en estima y apreciaba su inteligencia. Por eso cuando puse la palabra de ruptura a nuestra relación fue al primeo que llamé para confirmarle su previsión. Lo que no le dije es que la misma noche haríamos una vez más el amor en mi cama de por los suelos con Néstor. Yo necesitaba aclarar las cosas. más que eso, necesitaba brotarlas, escribirlas en las paredes, darles color rojo y encender una hoguera al lado. Y no podía permitirme ser un coño dispuesto para ningún hombre en cuanto me necesitara. O esa era la teoría sobre la que levantaba mi pequeño imperio de pasiones. en honor a la verdad debo decir que nunca vi a Néstor tan encoñado aunque entrábamos en sintonía podía estar encima mío clavándomela durante cientos de embestidas. Con todo, fallaba una sintonía y cantábamos distintas canciones. Pronto pasaría a ser una más a la lista de conquistas de él y punto y yo lo vería como un malnacido que solo se aprovechó de mi ingenuidad. Eso lo vivía un tanto contradictoriamente conmigo mismo cuando yo hacía de médium y adivinadora para otros infelices que venían a depositar su confianza en mí ya hasta a pagarme por ello. De hecho mi currículum no estaba tan mal: medio bruja, consultante de los destinos ajenos, había hecho  además un curso de grafodiagnosis y tenía una nutrida biblioteca de libros de autoestima, astrología y new age, además de estar subscrita a Círculo de Lectores y hacer mi pedido bimensual. Néstor me hizo deparar en que toda mi crítica a lo intelectual y a las palabras, chocaba con el hecho de mi propio coleccionismo de libros por encima del promedio ordinario de mucha gente. Acertó. Me lancé a la lectura autodidacta porque me sabía torpe y con limitaciones de comprensión. Era consciente de ello en mi adolescencia y por eso me amparaba en las risas y en las simplificaciones. Lo grave es que lo seguí haciendo después de los 30 muy cumplidos con algunos cientos de lecturas y experiencias de más, pero con los mismos dividendos de menos. Mi saldo existencial era y es de una pena absoluta por la cual sufro pero que no convierto en energía útil para aprender. En vez de eso regaño a quienes se acercan a mí y se desmoronan mis amistades. Soy un salpicadero de atrocidades a mi pesar. Sé que cuando estoy señalando con mí dedo acusador a tal o cual, en realidad lo estoy diciendo a mí misma, a mi espejo. Paralela y complejamente acudo a sesiones espirituales de meditación y teorizo sobre el no-ego y el desapego. Y los hados de la vida han querido recolocarme en el camino a un ser estupendo, que no alza el tono de voz más de lo comedido y que capta rápidamente lo que le digo. En lugar de sacarle partido a tal circunstancia lo he utilizado desde el primer momento para que me llevara a los sitios y me colocara en la posición de ser la pagada. Esos detalles no podían escapársele a un analista y era cuestión de días por no decir de horas que sutilmente prescindiera de mí y también de mi coño. Estoy seguro de que no le faltarán otras y siguiendo ya su costumbre ha vuelto a ponerme los cuernos. Es definitivamente un amoral  con el que no quiero saber nada. Inmediatamente a continuación de proferirlo me asaltan unas dudas sobre mi vacío y las flaquezas de mi criticismo. ¿Pero en el fondo que caray me ha hecho Néstor? Le propuse una colaboración para la revista que edita y dirige, me enfrenté a mi incapacidad para dar forma escrita a mis ideas y renuncié a tal propuesta; luego, me puse como una ridícula incapaz de llevar adelante una cena con tallarines en mi casa y el vino a poner orden a mi  vergonzante y enguarrada cocina. Estaba supernerviosa como una colegiala por lo que venía en el después de la cena, pero le admiré su  aparato para fornicar, sin duda el más grande de  aquellos con los que había tenido contacto. finalmente mi ataque de amor por él me lleva a una compulsión casi cotidiana, mientras que él dejaba pasar los días y no llamaba o no mostraba interés por mí. Por si fuera poco enfermé o me convino el diagnóstico de un matasanos que me aseguró una inflamación de pleura. Al contárselo él me pidió que me cuidara pero no hizo nada por venir raudo y veloz a mi maravillosa habitación con vistas a los paisajes mejores de la ciudad. Con lo cual inferí que le importaba un comino. ¿Para que me interesaba un hombre que no se desviviera por mí? Néstor necesitaba una paliza o cuando menos que alguien como yo le cantara las verdades directas y al oído. Pero él como un tonto inerte no experimentaba o no expresaba ninguna necesidad de volverme a ver. ¿Acaso podía permitir que un tipo llegara a mi vida, me sedujera de un día para otro, prepara el catre en el suelo y me abriera de piernas para él, y luego sin darle mayor importancia no expresara  un interés en avanzar en mí? ¿que era un hombre o un aprovechando`, que vino conmigo como quien se va de putas? Si soy sincera conmigo misma debo decir que lo pasé bien y que a diferencia de otros amantes, estuvo clavándomela durante muchísimo rato para darme tiempo a mi placer. Su experiencia con otras no le daba tanto de sí como para no darse cuenta que yo era una inútil para los orgasmos simultáneos y solo podía alcanzar el placer con mi automanipulación. al hacerlo, él me animaba y decía que se sentía excitado viéndome hacerlo, pero no creo que fuera cierto, porque aunque estaba en primera fila y me acariciaba, algunas de sus caricias me desconcentraban de mi único objetivo clitoriano. No creo que las putas se comporten así. Tal vez sean muy poco sinceras y digan “cariño,. amor mío, fóllame fuerte” y cosas por el estilo  pero adquieren un compromiso al cobrar por él y hacen toda la parafernalia escénica para contentar al cliente y no lo ponen de observador mientras ellas se trabajan el chocho solas. Yo no creo que ni siquiera pudiera servir para puta. Actuaría como un témpano de hielo encima de un mármol, como una muerta tanatorial para que fueran desfilando los pagadores sin ni siquiera notar su paso por mí. Néstor me enseñó que parecía tener prisa en pasar a lo más fuerte de lo más íntimo. Sé que le gustaba aunque al observar su pene podía pasar de la flacidez a la erección varias veces intervaladas y no sé muy bien porqué. ¿No sería, tal vez, por mi prosa del momento? El me criticaba que nada más correrse ya estuviera importunándole con preguntas del “¿te ha gustado?”  Ya así  hacerle bajar de la alfombra mágica en la que flotaba. La verdad es que tal como soy y las dificultades que tengo para compartir placer, no me extrañaría que él se cansara prematuramente de mí. ¿Tal vez tras el primer polvo, tras el segundo? ¿Cuándo empezó a pasar de mi? si recapacito los hechos, pienso que lo asusté tras la primera vez que al irse lo increpé por dejarme abandonada tras estar el satisfecho. Puede ser que la mala fama de los hombres como utilitaristas sea por la condición de algunas mujeres como yo de no dar la talla más allá de ser portadoras de un agujero. Pero Néstor que lo he interpretado como poco honrado y no íntegro, me cuestionó que yo fuera un agujero, por eso me llamaba Lurdes sin o, en el simbólico sentido de alguien que está falta del circulo vacío a llenar por otro. Yo me declaro clitoriana, es decir, no soy vaginal. La vagina es para los hombres. Yo solo soy una niña con una deformación perceptiva de mi cuerpo y una alteración sentimental sobre mis necesidades. cuando reapareció Néstor venía al pelo para cubrir mis carencias. La primera vez quedamos citados en mi casa por mi incapacidad para desplazamientos. También, la segunda, la tercera, la cuarta, y la quinta vez ¿hubo una sexta? Ya no estoy segura. Venía con su coche y bocinaba un claxon largo y uno corto o llamaba al interfono con un largo y un corto. Yo me pintaba los labios de rojo y me vestía a la disparada para impresionarle o agradarle. El no concedió importancia a mi imagen, pero mis tetas eran objeto de su mirada. ¿En realidad un hombre qué es ¿un interlocutor que le habla a tu cuerpo o a tu inteligencia? Y mi inteligencia ¿donde está, que es, en qué la utilizo? Pronto me sentí seducida por su  manera de ser  o posiblemente con su reaparición retomé el amor en suspenso que siempre quedara sin resolver de mi adolescencia. A la segunda vez penetrada ya le estaba diciendo apasionadamente el “te quiero” de marras, aún intuyendo que esas repentinas declaraciones podían ser más nefastas para un amante de su categoría que alardeantes. En mi caso, ser amorosa con alguien podía traducirse con convertirme en un fardo de su vida, en una pesada que pide más y más, en una irruptora y una invasora de la otra privacía. Esa es mi conducta, y aunque Néstor no me lo reprochó le leía en sus ojos que no estaba dispuesto a sincerarse conmigo totalmente o a entregárseme a la primera de cambio. Especialmente cuando de las pocas veces que quedamos, casi todas salieron abortadas, dadas mis limitaciones para ni siquiera acompañarle en coche al centro de la ciudad. El reencuentro del desencuentro empezó desde el mismo momento en que yo admití hacer acuse de recibo de una carta de propuestas de trabajo pero sensual que me envió. Esa parte sensual, la menor, es la que tuvo más importancia para mí y destaqué aquel párrafo de nostalgia de 20 años atrás en que me decía que tal vez hubiéramos jugado juntos en una cama. Yo supe que eso no había sucedido. ¿Pero porque lo creía él si aparentemente era muy inteligente? ¿Y si recordaba perfectamente que no había sucedido, no me estaba diciendo acaso implícitamente que le gustaría que nos concediéramos la oportunidad de que sucediera? su estrategia de conquista no tenía nada que ver con los domingueros bien arregladitos que van de pubs o salones de baile. Su fuerte era la palabra si se le dejaba  ser oída, y en so no tenía nadie igual. Pues bien, entre líneas entendí su sugestión y su propuesta erótica y aunque en esa primera cita de cafetería me hice la estrecha y le rechacé varias veces sus manos tocando las mías, en el fondo de mis angustias yo estaba deseando entregarme, como ya lo había estado deseando en mis años de  bachiller. Pero toda mi anatomía se hallaba envarada y mi zona pélvica era unas tenazas en torno a un tubo, en el que a pesar de todo mi estratega se abrió paso y pronto puso su lengua en ella, para lubricarlo suficientemente. Algo que tampoco me daba tanto placer a pesar de lo erótico de la escena. Yo estoy bloqueada. Soy un manual de síntomas a bordo de un cuerpo que se esconde en casa. Todavía me pregunto cómo es que Néstor volvió a fijarse en mí o le hizo ilusión tal reencuentro, a todas luces imposible de prosperar.  Cuando en una de las citas yo hablé jocosamente de mí noté que él no soltaba prenda ni tenía ganas de hacerlo. Tal vez se tratara de un hombre casado o emparejado o cargado de hijos o con otra media docena de amantes a la vez y que no confesara nada de eso. Todavía no lo sé. En un mensaje de socorro que le dejé´ grabado en el contestador de la oficina, un día que ya e me  había atendido unas cuatro veces al teléfono y le exigía que habláramos pero que no estaba dispuesto a visitarme, me solté todo lo que pude y le chillé “no te importa nadie, sé sincero al menos una vez en tu vida”. Que rematadamente burra fui. Le decía a él que no le importaba nadie cuando su especialidad eran los problemas ajenos (!claro que cobraba por ello¡) y le acusaba de ser insincero, cuando de hecho lo que me preocupaba era su sinceridad-canalla al decirme que no estaba dispuesto a aguantar mis broncas, miedos, inestabilidades y cambio de planes cada vez que nos veíamos. Si  me lo preguntan más veces, sé que yo no puedo demostrar que a Néstor no le importe nadie. Pero sí que yo no le importo. O tal vez le importo un poco y a partir de eso poco no he conseguido interesarle más por mí. Soy una gilipollas rematada por dejar pasar a un tipo como él por mi vida sin sacarle más rendimiento. Estoy segura de que Néstor hubiera venido, no cinco o seis, sino cien o dos cientas veces hasta mi  piso de quintas categoría y me hubiera acogido en su regazo y hubiéramos hecho cientos de veces el amor, si yo no hubiera puesto tantos obstáculos desde el primer día. Ahora sé que me he quedado con una ira y una emoción negativa que no ayuda a mi proceso, con otra anécdota que mancha mi biografía y con un caos mental superior al que tenía antes. ¿Eso es culpa de él o mía? Le he dicho que la gente no somos gilipollas, pero acaso ¿es creíble que alguien como Néstor vaya por ahí aprovechándose de los demás? Incluso entre nosotros dos, de las pocas citas habidas, ¿quien ha puesto más? Le dije que es el mismo primate de siempre. ¿Pero yo lo había conocido alguna vez salvo verlo en un par de ocasiones, como para saber quién era? Por su parte, ha sido muy comedido con las palabras, e imagino que lo ha hecho respetando mi  precaria salud mental. Aunque ya me anunció que alguien como él con alguien con un diagnóstico como el mío no podía implicarse en una relación. Por eso cuando yo tuve prisa en anunciar el “hemos roto”, el no admitía tal ruptura donde no había una previa construcción. Seguramente Néstor iguala el sexo a cualquier otra actividad lúdica, como ir a un espectáculo o a un restaurante, lo cual se puede hacer excepcionalmente sin que eso obligue a fichar cada día para sistematizarlo. en el fondo lo envidio ¿porqué no puedo hacer yo lo mismo? ¿porque no puedo liberar mi tensión muscular y ser orgásmica cuando es lo más natural del cuerpo humano? ¿Por qué no puedo hacer una conversación ordinaria con las pautas básicas del diálogo y la escucha? ¿porque no puedo permitirme dar y recibir placer y guardar en el b baúl de los pasados, todos mis temores y duendes? He acusado a Néstor de haberme hecho daño y le he dicho cosas serías por las que él parece no haberse importunado demasiado.  La cuestión que me apena y me preocupa es que he pasado a amarlo y odiarlo como ya me sucediera dos decenas de años atrás, sin que por su parte haya habido tantas conductas como para  producir por mi parte una respuesta tan aversiva. he llegado a decir que es un troglodita cavernario y un animal, por no decirle hijo de puta y cabrón,como palabras más fuertes. Pero él me ha puesto los cuernos. Se ha ido con otra (¿o tal vez nunca ha dejado de estar con alguna y yo he sido su episodio para su coleccionario de desgraciadas? porqué sí sé que soy una desgraciada que lloro con lágrimas de dique seco una amargura que es solo mía).Yo soy la cornuda y al acusarle me repuso ¿acaso hemos hecho un pacto de fidelidad? y añadió: -no te das cuenta que las citas contigo y su desenlace son el principal factor de que tú me envíes a los brazos de otra mujer. 

Dicho así, me ha puesto como un revulsivo, como el peso lastroso por el cual se ha ido a buscar  otros contrapesos más dulces. Sin lugar a dudas soy la gran rechazada y él lo sabe tanto que no ha necesitado llamarme o telegrafiarme o enviarme una carta pasando los epítetos de mano. Como experto en cuestiones mentales debería haber tenido más delicadeza y no soltarme los perros tan pronto. Le he dicho que es vergonzoso que se dedique a ser psicólogo. Pero recuerdo que alguna vez me dijo que conmigo no haría de psicólogo sino de  compañero, amante o amigo y que por lo tanto se reportaría y comportaría en función de la consideración de tales roles. Estuve avisada desde el principio aunque no entendía la verdadera magnitud de los avisos hasta que lo perdí de nuevo. Eso ha quedado así y quedará y cada vez que inicie una historia con alguien, si la inicio, porqué los hombres en general ya me dan asco, recordaré a Néstor y el desenlace repentino de nuestro conato de no sé qué con él.

 Por encima de todo me disgusta que él esté en su despacho o en su casa, tranquilamente, tomándome como un registro más en su anecdotario particular o en su experienciarium, en una lista de más de un centenar de féminas y yo me está dando cabezazos en las paredes de la mía, por no poder tenerlo a él ni a nadie. Soy doblemente desgraciada por un reencuentro que me ha devuelto a la infelicidad de los desencuentros, y con un hombre que ha actuado de hombre cuando yo lo que deseaba era un niño mequetrefe y manipulable que votara alrededor de mis compases. 

¿que es lo que ha pasado a fin de cuentas? ¿porque me desprecian tanto? ¿Qué he hecho yo dios mío para merecer ésto? Mis bufidos de res cansada no me van a devolver la salud y me alejan del camino de la plenitud. Yo soy una practicante de las enseñanzas místicas y una apóloga del no-Ego de acuerdo con las sacras escrituras allende del Himalaya. En consecuencia no debería ponerme a palpitar como una paroxística al primer revés que encuentre ni ser intolerante ante alguien que pase de mí. Sé que no podemos pretender gustar a todo el mundo. Con Néstor lo menos que podía suceder es lo que ha sucedido y lo más: hacer todo lo que le he descrito insultantemente. Le he reprochado ser insincero pero lo que de verdad me ha aturdido es su franqueza directa al decirme que puede quererme pero no tiene motivos para enamorarse, que puede gustarle estar un rato conmigo pero que no proyecta una historia a tutti pleni, que desea hacer el amor pero manteniendo una independencia, que prefiere la espontaneidad y el encuentro distante que la planificación de cada cita a l final de la anterior. Si soy franca conmigo mismo, todo ésto es sinceridad. Pero no es la sinceridad que yo quiero sino justo lo contrario. Por lo tanto hubiera preferido ser más engañada, y que me hubiera hecho creer que soy la mujer más importante del mundo para él y que me querría hasta la muerte. ¿acaso encontraré algún majadero que me  presente tales promesas?  A estas alturas, después de haberme reprimido de coger el teléfono u otra vía para descargarme  a mis anchas contra él, sé que diga lo que diga no le va a afectar en lo más mínimo. Por su profesión está más entrenado que yo misma a qué le digan de todo, con  la concurrencia de locas semánticas con las que habrá bregado. Yo estoy inscrita en algún estilo dentro de ellas y aunque haya presentado una cierta contención en la habla  sin decirle palabras más fuertes ni mencionarle a sus progenitores, me siento terriblemente injuriada y deseo que le pase lo peor. Al hacerlo,  tal deseo odioso-como un bumerang kármico-vuelve en mi contra y resulta que es a mí contrariamente a quien le está pasando lo peor. Mi negra novela si  puede seguir por alguna parte es por la reflexión contundente, abriendo de par en par  mi polvorín, airearlo, liquidar sus riesgos, y escuchar. Creo que Néstor aunque no vuelva a verlo nunca más ha constituido un buen motivo para cerrar mis espitas y guardar mis lanzas, y tratar de empezar de nuevo, en una existencia que es tanto más difícil para mí cuanto más difícil soy yo para mí misma  -y por lo tanto- para los demás. Repensándolo mejor, creo que mi grado de madurez quedaría puesto a prueba con un careo con el propio Néstor, si admitiera una conversación ordinaria, sin demasiadas arrogancias. y sin tener necesidad de disimular nada. El, conociéndole, querría tocarme y meterme mano y yo impasible le diría: “has llegado tarde muñeco, ya no soy para ti”. Pero él, ajeno a la noción de  territorio prohibido, volvería a  intentarlo y no pararía hasta seducirme, y yo, yo, creo que me volvería a enganchar con él, aunque supiera que él no se encoñaría tanto conmigo para dejar a un lado sus actividades, su carácter y su programa de proyectos, para complacerme a mí como el centro de su vida.  Si no soy el centro de alguien me parece no ser nada para este alguien. Por eso interpreto su conducta hacía mí como vacilante en un te quiero-no te quiero, tal como lo he experimentado con otros amantes. Tengo graves sensaciones de que yo he sido el primer factor de ahuyentación de amantes potenciales o incluso fácticos, pero no consolidados. ¡A mi edad, sólo he compartido una convivencia y de poco tiempo! Pero no puedo bramar que nadie me quiere, porque si lo pienso ¿a quién quiero yo de verdad? ¿A mi madre, que me toca cuidarla por obligación y me limito a prepararla tentesenpié con pan bimbo de mentira, en lugar de cenas reales, y la  lavo o una vez a la semana, con gestos mecánicos y desperfectos? ¿es esa la ética que me ha enseñado el budismo en cuanto a las funciones de los hijos para sus padres necesitados? Pero, yo estoy exenta de obligaciones, porque mi propia locura me exhibe de responsabilizarme de otros más necesitados. Yo soy la que dependo de ese mundo, y a ese mundo le exijo el rol que debe conmigo: el de cuidar a sus hijos discapacitados, a sus engendros intérminos como yo. ¿Me podré reconstruir algún día? Una de mis partes rotas se ha ido con Néstor y no es suficiente con que me la devuelva sino que él debería personarse para ofrendármela eso él ya no lo va  a hacer. !Bastante ha hecho el pobre con los desplazamientos  a mi pisito de mala muerte¡ Nunca le he reconocido sus tiempos y esfuerzos de dedicación hacía mí. Yo soy la necesitada y él quien tiene energía a raudales. ¿que importa un poco más de tiempo en sus desplazamientos para llegar hasta mí? Por eso, me puse hecha una verdadera furia cuando aceptando hablar una última vez conmigo, en la que le pensaba cantar las cuarenta, me dijo que sí a cambio de recibirme en su despacho. ¿que se creía ser un ministro? Yo no estoy dispuesta a molestar a nadie para desplazarme más allá de mi terreno segurizante: el de mi barrio, con las casas amontonados y sin un espacio de 2 ms seguidos para aparcar un coche, sea dicho de paso. Cuando se lo he contado a alguien a pesar de toda la pasión de mi versión, se han quedado con la duda de si soy la que llevo la razón. ¿Y si en lugar de estar el mundo en deuda conmigo yo lo estuviera con él? Lo que debería hacer es atiborrarme con  lingotazos de lo que fuera para salir de este pensamiento obsesivo, ya que no salgo de la diatriba de quien tiene la culpa de todo mi estado ¿Los demás o yo? ¿Porqué no soy capaz de pensar en otras cosas? ¿de qué depende el restablecimiento de mi ser? Para vivir tan angustiada no merece la pena vivir y para vivir tan cerrada, ¿que puedo sacar en claro  de las enseñanzas de la vida? Néstor me había advertido que la supresión de la o de mi nombre afrancesado sintetizaba simbólicamente mi agujero tapado, y que mientras no lo reabriera para el otro (en éste caso para él como candidato de primera)todo mi ser  sufría el impacto de este cierre traducido en un encierro coronado por mi desorden psíquico. Ni siquiera mi apertura intelectual había tenido éxito y los libros de los que me rodeé (una buena parte de los mismos, pura basura impresa) o me proporcionaron la talla con la que enfrentar las situaciones de análisis de la vida.  sí, estaba bastante contenga conmigo por tener unas cuantos tesis aprendidas y tener un circuito de meditación el que participaba. Pero si me preguntaban  ¿hasta qué punto yo estimaba a esa gente o era estimada por ella, sólo podía responder con poco más que un cero a ambas cuestiones. Lo que no se tiene en la tierra no se consigue en ningún cielo y lo que no estaba en mí no lo conseguiría acudiendo a reuniones espirituales con otros por muy de  místicos  que se las dieran. A falta de algo, alguien que iba de gurú, me pasó un mantra personalizado y secreto !eso sí¡que no podía comunicar a nadie, y a falta de lingotazos más líquidos me daba temporadas de balbuceos semivocalizados con mi mantra, para que unas palabras esotéricas cuya traducción ni siquiera sabía, hicieran por mí, lo que yo era incapaz de hacer como sujeto inteligente. Tal vez en sánscrito no paraba de decir mil veces tras otra mil y así al infinito numérico “soy tonta, soy tonta, soy tonta” y a fuerza de repetirlo, aumenté mi caudal de atontada. Ahora, otra vez sola, pero con  la razón de mi parte, !eso sí¡ hablaré todo lo mal que pueda de Néstor, para que no engañe a otra chica ingenua como yo y la empiche como una hembra sin mayor interés por  sus sentimientos. A él y a todos los hombres habría que quemarlos en una hoguera de Inquisición. ¿Pero luego, que haría una pobre infeliz como yo sin un hombre  de turno al que culpar de mis desgracias?

 

  Me equivoqué con Néstor. No podía ajustarlo a ninguna clase de canon y llena de rabia contra él, contra todo, contra todos y contra el mundo entero, me estaba dando cuenta de perder alguien cuando lo había tenido tan cerca, casi en la palma de mi mano, o eso me había hecho creer¿o no? Oh ya no lo sé.! Él me dijo que el principal enemigo para que alguien se enamorara en profundidad de mí era yo misma. ¿tan mala era? ¿Tan fea y revulsiva? ¿tan rematadamente tonta? Yo podía ir insultando a los demás y despreciándoles pero sabía que lo que más despreciaba en la vida era a mí misma. ¿Que había hecho en todos mis años? ¿Aprenderme cuatro páginas de un manual de astrología, las cuales ni siquiera adaptaban y copiaba tal cual para hacer  las conjunciones, los trígonos y las cartas de  alguna gente?  ¿Interpretar las figuras simbólicas de las cartas para adivinaciones? !Pero madre mía¡ ¿quién era yo para ser un referente o un canal para nadie? Pero las 4 cosas que sabía, !eso sí, las sabía a tondoy por eso lo primero que hice tras el encuentro con Néstor fue preguntarle la hora y el año de nacimiento  y ponerme manos a la obra para hacer su carta de planetas y solaparla con la mía y así ver nuestras coincidencias  astrales. No necesité esnifar nada para ponerme a trabajar en ello. Pero cuando le leí el borrador el muy estúpido no le dio la mayor importancia, aunque yo quise hacerlo bien y le prometí que se lo plastificaría antes de entregársela. Por supuesto no lo hice ni me quedé con ganas de hacerlo tan pronto advertí que yo era una más en su colección de anécdotas, y como tampoco había pasado tanto tiempo, ni siquiera constituiría una anécdota que recordar. Posiblemente el pensaría que debería sentirme agradecida por haberse dignado en recordarme, en recuperarme y en llevarme a la cama. Posiblemente habría tomado lo poco de nuestra sexualidad conjunta como una operación quirúrgica sin anestesia. Posiblemente  yo no valía para él más que ese polvo puntual por el que me sentiría tan embrutecida. Posiblemente,... Pero no lo careé para saberlo. Me limité a postular que era y sería indigno de mí, aunque para no perderlo por entero le propuse la amistad en la primera de una serie de llamadas, para acabar pensando en la última, que mejor estaría muerto y desde luego, mejor hubiera sido no haberle conocido jamás. Mi arrebato colérico me hizo sospechar  un paroxismo en ciernes dentro de mi caja craneal. Estuve a punto de estar y ser capaz de cualquier cosa. Esa exageración compulsiva ya me había llevado a  punto de ser encerrada en psiquiátricos en otras ocasiones. Y en esa coyuntura emocional era incapaz de refrenarme y deshisterizarme un mínimo para aparentar una normalidad que no he tenido nunca.

La soledad de la propuesta

La soledad de la propuesta. S.Maraselva

El/la proponente adopta el rol de la iniciativa. Proponer es destacar y es atreverse a un grado mayor de compromiso con la palabra. Muy rudimentariamente los actos verbales ya contienen propuestas al vehicular significados e interpretaciones. Pero `por propuesta se entiende  la formulación expresa que pide una respuesta, sea la del consenso para apoyarla o la del disenso para arrinconarla o posponerla. La propuesta tiene una fuente emisora y suele tener un talante resuelto para exponerla. Se combina con quien tiene iniciativa y resolución. En la mayoría de contextos suelen ser unas mismas personas o cargos los que se ocupan de hacer propuestas. Cuando son detentadas por unas mismas personas suelen ocupar los puestos de jefes o de líderes. Hay propuestas que ya se infieren como órdenes y otras que quedan en el aire para ver lo que pasa. Si no tienen impacto se las deja que perezcan por sí mismas. En los tratos con las administraciones se considera que el silencio administrativo es equivalente a entender que se  acepta  aquello que se ha solicitado y no se ha respondido. Esto no siempre es así pero de alguna manera se sigue creyendo que quien calla es que está de acuerdo con lo que se propone. Hay algo mucho peor que el silencio administrativo y es el silencio social ante iniciativas de interés público y que no son apoyadas o seguidas por apenas nadie.

Las vanguardias de todas las raleas está entrenadas desde hace décadas en que muchas de sus proposiciones van cayendo en oídos sordos o no activan las bocas mudas para que dejen de serlo. Muchas personas dedicaron, y algunas todavía dedican (dedicamos), sus tiempos personales a organizar espacios radiofónicos de debate o plataformas de difusión, desde radios-libres o blogs marginales o envíos por mail con la vana pretensión que no se puede pasar por el mundo sin insistir en dejarlo mejor de lo que está.

 El modo de vida militante que denuncia las injusticias del sistema se confunde con un modus vivendi que complace mas al optante de esta existencialidad que a aquellos a quienes van dirigidos sus mensajes. Si se descuida sus análisis son tomadas como arengas y sus propuestas para organizar un mundo distinto como un proselitismo de baja categoría. Eso lleva a hablar con sumos cuidado y a manejar la gramática cotidiana con cautela para no generar más indisposición de la que ya hay a toda iniciativa por los cambios de vida.

La  moneda del cambio ha pasado de unas manos a otras y quienes están en la oposición prometen cambios mejores para el país cuando llegue su turo de gobierno. Esas promesas forman parte de la fanfarria del espectáculo y aunque todos sabemos que no son ciertas, para muchos tienen un cierto poder de enganche o atractivo para el seguimiento de los galeristas que se reparten las cámaras de los noticieros. Lo que dicen unos y otros son o deberían ser propuestas. En su lugar la prevalencia de los mono discursos hace girar posiciones de contrarios en la misma sala de juegos.

En la cotidianeidad las transacciones verbales que establecen tratos entre unos y otros también giran en torno a propuestas expuestas. Para que haya una propuesta tiene que haber cuando menos un proponente y para que aquella llegue a alguna parte siendo aplicada debe haber un cierta fuerza de seguimiento para que se ponga manos a la obra. Pero el discurso verbal no termina siendo tan explicito por lo que se refiere a concretar propuestas a modo de conclusiones desprendidas de análisis y criticas. E lugar de eso el discurso elaborativo se mantiene en el sosiego del razonamiento sin buscar trascendencia alguna, a veces sin ni siquiera buscar impacto.

En las formas de hablar (y en las de escribir) ya no predomina una intencionalidad que busque ni el asentimiento ni el acuerdo con un eslogan final o con una propuesta de unidad de acción para algo. Antes como redactor de hojas de agitación el texto era para convencer para un toma de acción. A fuerza de escribirlas y divulgarlas y ver sus resultados el redactor se resiente del poco éxito de la convocatoria que ha ayudado a preparar. Como que el texto circulante como mínimo sirve para testificar una coyuntura tampoco es tan importante su grado de seguimiento así como la demostración de que algunos vanguardizaron la idea óptima que no se llevó a cabo por falta de fuerza de apoyo.

La concomitancia que hay entre las propuestas de acción social, conclusivas en formas consigneras, y las propuestas de todo tipo (organizativas y proyectivas) que pueden ser oídas pero no ayudadas con firmeza, lleva a un progresivo autoaislamiento ante la falta de respuesta de supuestos aliados que no lo son. Metodológicamente la manera de desarrollar progreso es con la activación de iniciativas útiles y la subscripción amplia que generen.  Las iniciativas existen pero las adhesiones se hacen esperar. Eso lo ralentiza todo y la hipótesis del progreso queda en la especulación. Progresar se convierte en un verbo quimérico, tanto más cuanto que la noción de su significado no está tan clara ni es, desde luego, unánime.  Para los hacedores de mundos o mas correctamente para quienes se apuntaron por rehacer el propio en pos de un ideal, ver un año tras otro la repetición de unos mismos círculos cerrados o la repetición de unos mismos temas una década y otra, o los limites in crescendo de una generación y otra, había llevado al desencanto y luego a una entente coexistencial con quienes ya no les preocupa ningún futuro porque ese futuro es más quimérico que nunca. No me refiero a la escasez de probabilidades para una utopía social sino incluso a un futuro medianamente racionalista en la que la gente deje de empeñarse en matarse la una a la otra o en conquistar sus territorios aunque luego no sepa para qué se enmierda en todo ello.

La propuesta, la sola propuesta de un proyecto en lo concreto, para mejorar condiciones e incentivar la creatividad, es la unidad elemental que concatenada con otras miles generarían una energía tan descomunal que arrasaría con todo lo negativo. Si eso es así de sencillo no acabo de entender que las propuestas choquen ante la percepción blindada y en lugar de generar  perspectivas entusiastas generan resistencias contrarias por temor a los cambios.

En cierto momento de una biografía militante o combativa cada sujeto ha de decidir si lo importante es compartir bacanales de diletancias con los demás o, aparte de eso, -que nunca viene mal reír en grupo desde la ironía bufonesca y el humor con la propia estampa y sombra- decidir lo que va a hacer con su vida en cuanto a que trabajo concreto va a desarrollar para que quede como usufructo comunitario, o simplemente para que quede.

La diferencia entre el superviviente que vive por y para su percepción además de por y para su aparato digestivo y el existencialista es que éste no renuncia al orgullo de dejar su marca de individuo en el periodo histórico por el que haya circulado. No hay que ser grandes héroes ni emular a Swatzeneger  para hacer de soldado contra el imperio del mal, basta hacer algo propio, algo único, algo que no hará nadie más: puede ser un jardín de hierbas aromáticas, viajes o reportajes, reivindicar un espacio de usufructo publico en el distrito, terminar de corregir los poemas privados y darles luz, dejar otros libros, pintar de grafitis las tapias sucias y grises de la ciudad, o lo que sea, mientras a la vez se opta por dejar de formar parte activa de los problemas para serlo de las soluciones.

Vicente Verdú al halar del capitalismo en crisis dice que todos son los afectados y que los culpables se confunden con las víctimas. Al hablar de las iniciativas proponentes para cambiar situaciones se confunden quienes las platean con quienes las eluden aunque les hagan un cierto acuse de recibo parcial. A fuerza de proponer y advertir la resistencia a actuar de quien acepta la propuesta pero no acepta su dedicación para ella, el proponente se extingue, la misma propuesta se queda en el redil de la soledad.

En las escenas más simples y elementales el perfil del tímido es el que tiene más temor a lanzar una propuesta por temor a que no le sea aceptada o ni siquiera oída. Eso puede hacer que su voz en vez de imponerse se haga aun más meliflua y marginal desistiendo de ser oída. Ante las escenas a gran escala muchos análisis pasan de largo o no son atendidos y raramente se terminan los textos de información y divulgación con propuestas especificas pidiendo la solidaridad o la construcción de soluciones comunitarias. La moda de recogida de firmas como formas para documentar un propuesta testimonial tienen éxito porque tampoco exigen tanta colaboración.

Las propuestas sin embargo continuarán. Estoy seguro que siempre habrá alguien que no aceptará callar como los demás y se lanzará al ruedo para enfrentar los conflictos por solitario que se encuentre. Seguirá en sus trece de continuar insistiendo en lo que cree aunque el mundo siga mayoritariamente ciego y acorazado ante propuestas de reforma. Aparentemente toda su actividad será inútil pero para la destilación histórica esas picas quedaran como lo más relevante. Francesco Bonami[1] tiene una interesante manera de rehabilitar lo supuestamente inútil.  Dice que el arte es una actividad inútil pero como símbolo es más fuerte que la guerra. Como él, más interesado por la política del artista que por el artista político, las propuestas desde la reflexión teórica toca validarlas o encajarlas por sí mismas y no por la autoría que está detrás. Todavía los textos y las cosas son considerados según sus catapultas y padrinos y no por el valor en sí mismas. Esto lleva a que lo perecedero sea lo más seguido y lo substantivo lo mas renuente. Desde la soledad o desde su acogida la propuesta continuará teniendo su razón de ser y en el peor de los casos en que no sea seguida por nadie su proponente siempre puede llevarla a término en la escala que su energía individual le permita.



[1] jefe de coservacion del museo de arte contemporáneo deChicago

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