Para un manual de supervivencia.S.Maraselva
La vida pasa por la gestión de lo propio y por el acuse de recibo de lo ajeno. Vivir es el verbo que presume la autonomía personal y sobrevivir el de la adaptación a los recursos.
Nacíamos para vivir y no para limitarnos a sobrevivir. Esa era una especie de promesa. Pero vivir implicaba una especie de proyecto mientras que sobrevivirse limitaba a dar respuesta a cada necesidad del presente. En realidad venimos al mundo sin garantía de futuro. Todo futuro no es más que una hipótesis. Hemos nacido para ser y no para quedar atrapados en actuar como amuebladores de nuestros espacios. Existimos para dotar de contenido nuestra biografía no para meterla simplemente entre dos fechas y bajo unos apellidos en una lápida barata o cara. Emergemos para trascender, no para hacer los comparsas de los roles predecididos para nosotros. El ser viviente no queda reducido a una colección de actos mecánicos sino que presume ir de único. Yo quiero creer que vale la pena estar vivo para seguirme reuniendo con las experiencias y aprendiendo más de lo que sé. Trascender los límites es una de las palabras clave. Ir más allá de lo posible para hacer de los sueños nuevas realidades posibles es el credo de los utópicos de todas las generaciones. Ese ir más allá de las determinaciones que por origen de clase y por ubicación geográfica es un deseo noble y valiente forma parte del intencionalismo poético o del desiderátum revolucionario pero no hay ningún después sin un ahora en firme. Cada mañana es la suma de muchos pasados anteriores. Viviré mañana si logro vivir hoy. No es una frase dramática, es una fórmula aritmética simple.
La supervivencia pasa a ser una condición ineludible para las vivencias de contenido posteriores. Para vivir hay que sobrevivir primero así pues de entrada no se trata de verbos antagónicos ni de actividades contrarios. Pueden llegar a serlo cuando las medidas de supervivencia se quedan en ellas mismas y la vida queda relegada permanentemente a un plano siempre inalcanzable.
La gran diferencia es que la supervivencia pasa por un conjunto de recursos muy concretos y remite a técnicas y materialidades mientras que la vida tiene más que ver con objetivos existenciales y con un sentido filosófico de ella.
Pudimos observar como la filosofía pudo desarrollarse en la historia a partir de unas posibilidades subjetivas en las que la supervivencia estaba garantizada. El sujeto humano piensa o se pone a pensar o puede tener tiempo para hacerlo después de tener garantizado lo básico de sus formas existenciales. Esto puede ser tan determinante que se puede afirmar que la vida es tanto más filosófica cuanto más se pueda despegar de sus preocupaciones cotidianas. No hay que tomarlo como una categoría inamovible. La reflexión puede darse tanto en casa del pobre como en casa del rico y no necesariamente este es más inteligente que aquel en términos globales. Cada comparación que se haga puede romper el casco del esquema que se tenga a priori. A.Panzini creía que la gente rica no gozaría de sus posesiones sin la envidia de los demás. Siempre que se habla de posesiones se infiere que la palabra se está refiriendo a lo más estrictamente material: silos, reservas, propiedades, mobiliario, vehículos, servidumbre o una vida de corte. La posesión más preciada es el saber y la envidia o no de esta solo puede incitar al envidioso a trabajar intelectual y vitalmente para tener el suyo; en cuanto al envidiado tal condición le puede proporcionar un recurso extra para conocer mucho más la realidad psicológica humana.
La supervivencia es tanto más necesaria garantizarla cuantas ms variables se introducen en la existencia. Mucha gente ha viajado con lo puesto o ha abandonado sus posiciones referenciales de partida y ha tenido que encontrar segurizantes sobre la marcha. El criterio mejor recomendado a cualquiera es que se cargue de información ahí donde vaya y la extienda a la mayor vastedad posible de cosas. Eso le proporcionará recursos en un momento dado. Si bien una tarjeta de crédito que responda con fondos es lo que puede pagar cualquier necesidad urgente, esta no encabeza ni pone fin a un manual de supervivencia. Hay muchos más lugares del mundo en que este objeto no sirve para nada que en los que sí permite sacar liquidez de la caja de los tesoros.
Para vivir una vida recursivista sin tener miedo a los sitios que se vaya se necesita una buena dosis de imaginación fantástica sin renunciar a la inteligencia aplicada a cada situación que venga dada. Se puede tomar por compañera la fantasía pero no como guía de la razón sostiene Samuel Johnson. Fantasear acerca de lugares donde ir, insólitos y poco seguros, es a menudo el primer parámetro que convertirá a una persona curiosa en un futuro viajero o explorador. Contar con un critérium personal para saberse valer en los lugares, sean los que sean, será la mejor guía que cualquiera de los publicadas acerca de cómo vivir, dónde comer o qué hacer en los territorios visitados. Del mismo modo que Mark Twain nos previene de ir con cuidado con los libros de salud ya que una fe de errata nos puede costar la vida debemos prevenirnos de toda clase de guías que pautan de que maneras viajar y a donde. Lo que en un momento dado puede ser cierto la información categórica se queda dogmatizando estigmatizando una zona e inhibiendo al visitante de ir a ella. Hay que ir con cuidado con las guías porque la info concreta puede influirnos negativamente en el viaje al impedirle su espontaneidad y descubrimiento.
La supervivencia sea el lugar en el que se esté no se puede olvidar con la prioridad de necesidades que se establezcan. Cesar Cantú ya nos lo advirtió: “cuantas menos necesidades tengáis, más libres seréis”. A las adversidades de cada camino y cada situación nueva hay que añadir las autogeneradas por uno mismo, por su desidia y sus fallas interpretativas de lo que se va encontrando. S.Johnson advirtió también que en la mayoría de los hombres las dificultades son consecuencia de la pereza. Es así que el mejor manual no crea al superviviente si esto no organiza convenientemente sus recursos y aprende a analizar cada experiencia que le toque protagonizar.
episodio 19 Siguiendo con la espontaneidad.
La espontaneidad es lo que denomina la conducta abierta, sin cortapisas, glamorosa, dispuesta a vivir y a ser vivida por los demás, a vivirlo si no todo, de lo que vaya surgiendo lo más estupendo. Polisínton encaraba la espontaneidad o así siguió creyéndolo todo el tiempo que estuvo por Oceanía saltando de isla en isla y conviviendo con gente de todas clases, residiendo en todas partes. Durmió por semanas seguidas en la playa, le bastaban su hamaca y sus canturreos. No le faltaba nunca compañía aunque prefería viajar sola salvo cortos periodos de compañía. Sus experiencias anteriores con parejas de semanas o de meses le habían enseñado que un compañero termina por erigirse en amo del tiempo libre de una. Una excesiva cantidad de días convivenciales con la misma persona terminaban por suplantar el consenso en una especie de rutina a conveniencia del más exigente de los dos. Ella no era de ese talante. Dejaba hacer siempre y cuando el otro no le impidiera su estilo de vida. A fuerza de conocer a gente comprendió que su estilo de vida era difícil de comprender y de seguir incluso por gente que conocía en ambientes marginales. Donde más cómoda se sentía era con las personas que no le preguntaban de donde venía ni a donde iba ni que pretendía. Había comprendido que el solo hecho de la pregunta (de algunas preguntas de esta naturaleza) veían de la mano de gente que se creía superior que suponía de sí misma que ya las tenia respondidas y que al preguntárselas no estaban exentas de reproche por no tener ni querer tener ellas las respuestas.
-Tan pronto digo que no tengo casa ni la busco, que no tengo hijos ni los quiero, que no tengo pareja ni la pretendo, que no creo en religiones ni quiero ninguna, la gente no sabe donde clasificarme y duda que sea real; si además añado que llevo varios años de viaje sin rumbo y sin más pretensión que la de conocer me tildan de aventura e inestable –le dijo a PaiPai, una chica en Nouméa en Nueva Caledonia nada más llegar a la isla y conocerla-
-Yo he vivido toda la vida en esta isla y creo que puede ser fantástico hacer lo que haces moviéndote por el mundo y no tener la obligación de pertenecer a nadie, a ninguna cultura y a ningún origen. –dijo PaiPai cuya figura era tan exquisita que si hablaba un par de frases más Polisínton caería seducida a sus pies-
-También creo eso, el origen es una falacia. Reclamar la propia cultura, el lugar donde naciste, tu linaje, tu familia, tu idioma, son otras tantas formas de perder de vista que no somos más que hijas de la tierra, que pertenecemos a la materia y que no hay mas cultura que la experiencia. La deuda con el origen nos convierte en memos. Cuando he vuelto al mío, si a una ciudad se le puede llamar origen de una, me he encontrado con la sorpresa de no tener más acogida que en cualquier otra de las que he ido visitando o viviendo. Mi familia en este momento eres tú y te acabo de conocer.
-Creo que para formar parte de todo el mundo no debes formar parte de una persona en particular, aunque por otra parte el tiempo pasa y la gente también y quedan los menos que te hacen compañía y te siguen en tus vicisitudes –Pai Pai era lúcida, era otra persona sabia del camino que aleccionaría a Polisínton-
-Voy por la vida observando e identificándome con lo que encuentro. Eludo lo que no me gusta. Denuncio en la medida que puedo y soy escuchada las injusticias con las que me topo. Creo que eso me resume bastante bien. Este criterio es muy estable en mi vida pero no evito que sigan creyendo que soy una loca porque vive al margen de los objetivos predominantes de la mayoría de la gente: casa y patrimonio, familia y descendientes.
-Si esto te complace, adelante, es tu vida. Yo no he sentido verdaderamente la necesidad de salir de mi isla. Cuando la gente de mi curso organizó un viaje a Paris no me apunté. Mi pequeño mundo parece proporcionármelo todo. Tengo lo que necesito para vivir y lo que está fuera no creo que cubra de mejor manera mis necesidades. La geografía del planeta no deja de ser un punto minúsculo en el espacio cósmico, nunca me será dado poderlo conocer todo. Eso me ha reconciliado con mis límites.
-¿Cómo es posible que me sienta tan cerca de ti siendo las dos tan distintas?
-Yo también siento esta proximidad. Los extremos se juntan.
Polisínton y Pai Pai se enrollaron Esta se contagió de la espontaneidad de aquella y aquella de la infinita tranquilidad de esta. No había ninguna prisa para nada, no existían los horarios, no corría para comer ni para nada. PaiPai vivía con sus padres ancianos y Polisínton vivió con ellos, tratada como una más de la familia. La aceptaron como una hija a su llegada y medio año después la despidieron con sus bendiciones sin haberle reprochado nada, sin darle la menor indicación de lo que debía hacer o como comportarse. Durante el tiempo que estuvo aprendió a pescar. No había ningún problema en conseguirse el sustento diario con el menor esfuerzo. La vida era fácil, cualquier teoría sobre lo complicada que era estaba en manos de falseadores. Co Pai Pai fueron a pasar unos días a recorrer el archipiélago de la isla Lealtad acompañadas por un amigo con su propio velero. Se lo pasaron en grande. Las dos se divirtieron como nunca no ocultando su sexualidad ante el patrón del barco, el cual no disimuló como observador al contemplar sus cuerpos enrollados.
Polisínton empezó a pensar que el paraíso era un lugar remoto, lo más aislado posible, con gente bonita alrededor sin la que tener fricciones ni malos rollos viviendo el amor cada día, el placer de los detalles, el saber a través de las conversaciones mayéuticas, reposadas, sabias.
El tiempo que estuvo con PaiPai el habla fue lo más importante. Hablaron y hablaron y dedicaban los interludios a pescar, comer, hacerse el amor, caminar, conocer gente y reposar.
-Parece que hubiéramos estado calladas toda la vida con todo lo que hablamos –dijo PaiPai-
-Somos nuestro propio espectáculo, canteras de una interminable literatura. Creo que podría pasarme la vida contigo escuchándote y hablando –le dijo Polisínton-
-Somos lo que queremos creer, gracias por todo este tiempo de fantasía que me has regalado –le dijo PaiPai ante la proximidad de su separación-
Polisínton se fue a las islas Fiji, recorrió las isla Lau, fue a Nuku’alofa, a Samoa…Cuanto mas conocía toda esa región del globo más averiguaba la gran mentira planetaria de hacer creer en el modo dominante de vida del capitalismo anti ecológico y ambicioso. El pecado capital del ser humano era la vanidad y en los lugares más remotos encontraba que mucha gente había aprendido vivir sin esa actitud. Su modo de viajar era preguntar a lobos solitarios con sus barcos que andaban por la zona, era la variante de hacer autostop en latitudes marinas. A menudo encontraba navegantes que aceptaban con sumo gusto para no viajar solos, con muchos lo mismo que con conductores de automóviles llegó a hacer grandes conversaciones y jugosas intimidades. Pasó una maravillosa temporada en el mar de Tasmania, mucho tiempo en Nueva Zelanda hasta que vía Australia remontó hacia el norte para conocer las islas Salomón y Papúa Nueva Guinea que siempre le había intrigado por los documentales que conocía de los programas naturalistas pasados por televisión. Por el Pacífico todavía encontró señales de la segunda guerra mundial y hasta intuyó el estertor de los espíritus de los muertos y el estruendo de los cañonazos. Su pecho era la caja de resonancia de todas las intuiciones que le generaba cada paraje, cada encuentro humano.
Europa le quedaba más lejos que nunca. Advirtió, por primera vez, que no tenía país ni continente necesariamente a los que volver. Ya no solo tenía la teoría a favor del sentimiento de ciudadanía de residir en un mundo sino que era eso exactamente lo que hacía. De momento tenia la gran suerte de ir conociendo gente estupenda que le abría las puertas de sus casas y de sus corazones. El mundo todavía era salvable si esa gente se seguía encontrando a diario.
Ella seguiría con su espontaneidad, que ahora llamaba oceánica, saltando de flor en flor, de isla en isla, de anatomía en anatomía aunque ya le parecía bien que había que planificar las cosas para conseguir resultados sobre todo si debían coordinarse trabajos o encuentros colectivos. La espontaneidad era otra forma de ordenar los eventos, lo que no sucedía un día porque no se esperaba o no se había planificado que sucedería en otro.
El sujeto espontáneo es imprevisible puede hacer cosas que no responden a ninguna lógica desde la mirada neutra y desimplicada pero que obedecen al éxtasis de la suya para no dejar escapar un oportunidad, la que sea, que no se repetirá. Polisínton no paraba de aprender de la suya, su espontaneidad es lo que la ponía en contacto con todos los oscuros del mundo y la colocaba en línea sintónica con los demás.
La esperaba su ruta por Indonesia para seguir haciendo lo que venía haciendo: visitar, conocer, hablar. Lo que iba leyendo lo iba dando según terminaba sus libros y lo que escribía también. Siempre que se desprendía de algo lo hacía para siempre, no dejaba nada suyo en custodia, tanto para no condicionar a quien se lo daba teniéndoselo que guardar como para no condicionarse a si misma contando con ir a recogerlo en otra ocasión o reunirlo. La vida era también un trasiego con las cosas dejándose transitar por ellas lo mismo que las experiencias sin tratar de retener nada en su formato físico, bastaba retener sus contenidos, el conocimiento.
El correu de gestió des d’ una perspectiva literària. S.Maraselva
La vida sociourbana ,o més exactament la vida de relació social, que passa pel contacte amb organismes i institucions, compartiment de l’ espai públic i del recurs a serveis obliga a que una part de les activitats personals estigui dedicada al vast tema de les gestions. Una gestió es tota acció destinada a modificar una condició o posició en relació a un tema generalment material, administratiu o legal. S’ acostumava fer personant-se en els llocs o tenint que organitzar cites presencials. Modernament es pot fer on line o a distancia. Tot el que es podia arranjar per telèfon i ara per Internet és millor que fer-ho directament. El correu de gestió neix com un subgènere per fer trameses de detalls: des de la reclamació d’ embargaments per sancions, demandes de condicions urbanístiques a l’ ajuntament a perseguir al llogater que no ha assumit la reparació dels danys causats. Una carta de gestió es tota aquella que prioritza una demanda i pretén un objectiu matèric evident. Sota aquesta intencionalitat l’ ús dels adjectius i de les formes verbals ha de ser força acurat. A diferencia de l’estil narratiu en el que es pot basar un anecdotari basat e fets reals,l ‘estil de la gestió epistolaria li toca ser més considerat. Es tracta de no enfadar a qui el llegeixi per no col·locar-lo emocionalment en una posició negligent vers la teva demanda. La literatura, qualsevol text escrit però també acte verbal, posiciona a favor o en contra els altres des de les primeres paraules emeses. Sabem que hi ha altres elements subtils de posicionament a favor o en contra per detalls en el look, la sensibilitat dels camps energètics personals entrecreuats o per minúscules gesticulacions no verbals. Quan 3 o mes persones es reuneixen al voltant d`un punt i d’ un tema per parlar i qui parla dedica tota la seva mirada a un dels tertulians però no a l’ altre, aquest altre es pot donar per marginat de l’ atenció d’ aquell. Es a dir, abans de que s’ expressi amb paraules aquest desig d’ exclusió ja s’ ha donat en un fet. Això passa freqüentment en el mon de les relacions presencials i aparents en el camp de la cosa lúdica i relacional. Pel que fa a l’ esfera de la burocràcia i de les gestions, l’ encarregat de mostrador d’ una qüestió ha d’ atendre li agradi o no a qui li vingui i al revés, el que va a gestionar un interès ha de bregar amb el funcionari que es trobi tant si li agrada com no. Últimament les coses ha canviat molt pel que fa a l’ atenció al client i tant en cites presencials com per telèfon la deferència ha crescut. Els professionals d`’ attendre son pautats en aquest sentit. A vegades massa i tot quant t’ ensabonen a la descarada. El que l’ interessa a qui fa un reclamació o dedica un temps de la seva vida privada a questionar coses en relació a impostos, pagaments, declaracions i paperassa es poder resoldre l’ abans possible allò del que s’ ocupa.
Una manera de fer-ho es per correu escrit. Ara els ajuntaments i organismes públics de la maquinària estatal instrumenten webs per fer aribar queixes. A vegades estan tant estructurades que nomes et deixen un requadre per presetar la teva queixa que no superi els 1500 caracters. Es pot emrar aquest espai per redreçar a un article pejat a un altra banda d’ internet la qüestió que ha portat a escriure. No hi ha res més feixuc que posar-se a escriure per queixar-te de coses tan ordinàries com que la porta del emtro no s’ ha obert quan has arrivat a la teva parada, que el señal d’ una plaça de minus porta abatuda moltes setmanes sense que ningun vigui a reparar-la, que la guardia urbana o multi d’ ofici vehicles que usen espais no autoritzats, o que et posin el contaier prome´s des de fa anys. En un altre àmbit de questions de gestions, també està el de reclamar al company que et va mangar els llibres de la teva prestatgeria un dia que esva quedar a casa teva o a la noia que coeixies que li vas fer un preu d’ amiga per pagar el lloguer i te la va tornat amb moltes coxes espatllades.
Part del correu de gestió està condemnat a constatar una demanda però a no resoldre res. A vegades se’ n fa cap cas, d’ altres la manera d’ expresar-se es ve afagir com pretext a la desidia de la que es queixa per recrementar.la. Hi ha gent que suporta molt malament la crítica. Si no li dius res et deixes prendre el pel i si li dius et tractarà de mal educat. Aquestes acttitus son antiquissimes, es perden en la memoria del termps. Sempre hi hagut gent que anar de caradura i no ha consentit mai que ningú li digui. Estic pensant en gent amb la que he conviscut i he deixat coses, també he larredat habitacios o la casa. Comaprativament, les gestions que fas en organismos de l’ adminsitració pública tenen mes futur que les que fas davant d’ u conegut o d’ algu amb qui havia un tracte personalitzat. Aquells estasn obligats per llei a fer uregistre d’ entrada i a contestar-lo, aquests poden prescindir totalment. Propiamente el correu de gestió davant de les oficines de l’ adminsitració pública o de qualsevol que tingui un recurs que tu no tens son diàlegs amb el poder. Per fer la cosa més plaent poden ser literaturitzats. També ho poden ser aquells altres que volen arranjar assumptes pendents amb algu a qui li vas diposar la confiança i no va a estar a l’alçada del seu compromís.
De totes les maneres en que es pot començar i acabar una lletra dirigida a algu per gfestionar un assumpte comaprtir pendent, si hi ha una diferència de fons d’ interessos (generalmet quotes d’ accessibilitat o auantitats econòmiques) aiat es maifestarà. En un correu de gestió, no es la gent amb qui has tingut mes cordialitat amb qui més t’ avens. Qui li poses de palès que és un irresponsable o un malfactor, per molt correcte que siguis en les treves paraules, no t’ ho perdonarà.
Una vegada li vaig deixar una nota per sota la porta a un professor de la uiversitat amb el que havia quedat citat per una questió de la seva materia ino es va presentar. La seguent cita va ser en un bar al costat de casa seva perque li feia mandra anar fins el seu lloc de feina. La carta que li vaig escriure després a proposit d’ una proposta de tesi doctoral no la va contestar. Sempre m’ ha sobtat la poca delicadesa de gent de l’ academia i de la cultura en aceptar la interacció i per tat la correspondencia.
L’ ideal seria viure sense necessitat de fer gestions, perdre el temps en cues o en textes de balanços de pérdues, d’ assumptes pendents o plegats de llistes o tecnicismes, però els corregolagrames on toca viure inserts fan inevitable que èr un tema o un altre s’ hagi de fer gestions. Des d’ un posicionamet literari he tractar de reciclar aquesta necessitat en una inversió de temps des de la perspectiva creativa en la mida en que el tema ho permite. Sovint l’ ironia com estri creatiu és l’ única defensa que queda enfront el cinisme del silenci i dels incompliments.
A vegades el correu de gestió d’ un usuari enfront d’ empreses de serveis el que fa es recollir els anhels i les ganes de protesta de moltes persones que no dediquen temps a fer-les perque estan conveçuts que no servirà de gaire cosa. El redactor de cartes de gestió tampoc té una estadística infal.lible que li demostri que escriure-les consegueixen les reparacions esperades,- a vegades ho conseguirà i altres no- el que sí fa és incrementar les oportunitats a favor de conseguir una reparació. Miguel Gil, un corresponsal de guerra, diu que les víctimes tenen al menys un dret, el de que la resta del món sàpiga al menys el queels hi passa, perque en el fons esperen que algú faci quelcom al respecte. Aquesta idea es pot traspolar al que parlem. A l’ enviar una carta a algú apel.lant al que li quedi de coeixement i consciecia perque actuï en el que li pertoca un espera que el que li quedi de raoament vinguí en auxili de la situació. Al p ublicar el fet com noticia o anècdota si ho val com a curiositat o expresió literaria, el que espera és el consol de la comprensió d’ altres que la informació hi trova resonancia en les seves propies experiències.
Es molt difícil que una víctima agraviada per l’ abus de confiança d’ algú o per la negligencia d’ una institució sigui reparada. Si ho és, ho será tard, per tant la justicia no será total, però al meny es pot deixar el rastre d’ un testimoni perque un altre incaut no sigui enxampat amb la mateixa cosa. Si ´més no aquest rastre pot deixar una literatura casuística per passar-se una bona estona llegint.
Noticias desde el Nirvana. Sussana Maraselva Reina
Alguien me deslizó un ticket en la palma de la mano con suficiente dulzura en su mirada como para ir allí donde me llevara el boleto. Fue así como me metí en el nirvana desde mucho antes de saber el significado de lo que era. Nunca tuve la oportunidad de agradecérselo. No tuve manera de decir nada a quien me lo regaló. Nunca podré hacerlo. No sé quien fue. Era una mano anónima, una mano cualquiera, la mano de alguien que, antes de desaparecer, quiso evitarle a un desconocido las penurias clásicas por las que pasa todo el mundo.
Desde el nirvana empecé a vivir la existencia como algo fácil. Para mí, el concepto de problema era una ecuación matemática. A falta de factores sumativos que lo desencadenaran no había problema. Esa entrega misteriosa y repentina, la del ticket dado, no recuerdo muy bien en qué contexto fue. Se me mezclan las imágenes. Me parece que fue un pasajero, un anciano, sí, un anciano que antes de que descendiera en mi parada de metro me dio lo ticket como si fuera algo mío y se me hubiera caído de un bolsillo. Lo tomé sin más en una reacción-refleja. Luego al mirarlo en la andana advertí que no era nada mío, pero como soy un coleccionista de billetes de todo tipo (la libertad personal incluye el derecho al coleccionismo de rarezas) me quedé con el cartoncito. Cuando tuviera tiempo lo examinaría con más atención. En efecto unos días después, al revisar mi billetero por otro asunto me lo encontré. Decía esto: billete para el nirvana. Canjéese en la taquilla de los agentes autorizados. ¡Vaya! Curiosa ocurrencia. Y ¿dónde estaban tales taquillas? Como frase seductiva no estaba mal, la impresión correcta. Era como los antiguos billetes de metro, de cartón duro y con la numeración grabada. El material era de color marrón rojizo y la frase estaba hecha con tinta negra., apenas 7 cms cuadrados. Sonreí para mí y me olvidé el asunto. El caso es que desde el primer momento que me dieron el billete empecé a notar nuevas sensaciones en mi vida. Aquel día me crucé con más miradas. Eso se repetiría los siguientes días, algo especialmente notorio cuando andaba por las grandes arterias de paseantes, ríos de desconocidos. No sé, es como si todo fuera más fácil. En mi itinerario habitual en el que por años me había encontrado con docenas de figuras, puros bultos morfológicos de anatomía humana, automatizados en sus que-haceres y ajenos y desinteresados a todo lo que sucedía a su alrededor, ahora me miraban a los ojos, mostraban su interés, preguntaban. ¿Estoy en el mismo planeta? Me pregunté. Una frase de unos desconocidos hablando entre ellos que llegó a mi campo acústico me llamó la atención. El nirvana está aquí –decía el uno al otro-, el nirvana está dentro de cada uno de nosotros, le dijo el otro al primero. En un cartel publicitario que anunciaba las vacaciones en algún lugar del Caribe tenía esa leyenda: Ven al nirvana, y no desearás volver a casa. Yo, profesor de matemáticas y matémata convencido advertí que desde el momento en que recibí aquel billete con la palabra Nirvana, ésta no paraba de asaltarme una y otra vez. Claro está que había leído sobre la cuestión. El nirvana era algo así como el cielo de los budistas pero en lugar de ser pretendido en una ubicación o en una realidad postmortem era tomado como la etapa de la beatitud o de la sabiduría tras resolver las contradicciones existenciales. Habitar el nirvana era tanto como alcanzar la budeidad. Alcanzarlo era alcanzar la felicidad suprema. Toda esa literatura siempre me había sonado muy bonita, pero solo eso, bonita para compartir una conversación no para tomársela en serio. El mundo y sus agujeros no permitían esa flotación en un bienestar puro, cada día hacia que te cayeras en uno u otro de sus agujeros. El mundo era totalmente imperfecta y la sociedad humana una inmensa y compleja telaraña de trampas. Andaba sumido con ese recordatorio, cuando una quiosquera al devolverme el cambio del magazine que compré, me guiño el ojo y me dijo ¿qué tal? ¿Preparando tu viaje al Nirvana? A esa misma mujer por años le compraba el periódico y la frase mas larga que le oí fue, tenga buen día. Por lo general no decía nada. Yo había desarrollado una teoría sobre los quiosqueros: el sector profesional que menos vocabulario necesitaba para ejercer su profesión. Todo lo que necesitaba saber su clientela estaba en el producto que le compraban: el precio o la fecha de edición. El expositor estaba bien organizado y siempre con el mismo orden de colocación de revistas y periódicos para encontrar el que se buscara.
Para cuando quise preguntarle a la quiosquera porque me había preguntado esto, ya estaba atendiendo a otra persona y luego a otra. De camino al aula me encontré un grafiti de algún universitario con la vida: el nirvana eres tú, no lo busques dentro de mí, decía el texto. Nunca había tenido paranoia ni había sospechado de organizaciones superiores o poderes extraterrenos organizando las coincidencias en la vida. Las coincidencias eran puros resultados probabilísticos perfectamente calculables. Todo pasaba por la matematización. Esa premisa que no me cansé de anunciar una década tras otra a mis orlas de estudiantes estaba enfrentándose a un cuestionamiento. Sí todo era probabilística ¿por qué clase de probabilidad en ese momento de mi vida me veía asaltado por tantos mensajes sobre el Nirvana en comparación al resto de mi biografía anterior que no había dejado de ser una referencia más dentro de mis fuentes literarias o de mis conversaciones o de mis intereses culturales?
Después de encontrarme con una docena de señales o expresiones relacionadas con el nirvana en una semana decidí consultar sobre el tema. Despues de unas horas de estar documentándome me encontré con un texto extraordinario que me dejó lívido: este texto fue escrito para ti desde mucho antes que supieras que un dia te pondría s a indagar el significado del nirvana. Sabíamos que antes o después una persona como tú abandonaría su inercia cotidiana para saltar a un registro de interpretaciones distintas. Pues bien, para llegar al nirvana: único paraíso terrenal y no terrenal solo tienes que creer en su posibilidad. Es pura magia. Si crees que existe existirá, si por el contrario niegas su posibilidad de existencia no existirá nunca, es decir, no existirá nunca para ti. Seguí leyendo. Para mi suerte la biblioteca no cerraba nunca. Me quedé toda la noche hasta el dia siguiente en que me tomé el tiempo justo para un café y para llegar a la clase de las 8. La biblioteca tenía servicios de duchas para lectores noctámbulos. Me di cuenta que el mundo podía ser mejor de cómo lo creía. Bastaba ir a sus sitios mejores y eludir sus trampas.
Reconsideré los factores de disolución del espíritu y del malestar mental. El problema era un artefacto que se creaba la gente como un subproducto mental para justificar sus tragedias materiales. Yo no entendía los gritos al cielo por las faltas de las cosas, por los límites, por las carencias, por las imperfecciones. Tanto si tenían las cosas como si no las tenían las gentes se las pasaban despotricando por todo. Alguien me susurró antes de entrar en clase: No puedes hacer nada por ella. Necesitan todavía sufrir mucho para dejar de hacerlo. Era un colega que hablaba a otro sobre no sé qué. Esto no es que explicara gran cosa pero al menos era un pequeño consuelo. Los problemas de los demás no eran mis problemas. Yo sabía que el síndrome de paranoia se deslizaba en un sujeto afectado por un curso de acontecimientos externos a él que los ligaba como mensajes que le eran dirigidos. Me afectó considerar la perspectiva de que me estaba volviendo loco o que estaba pasando por un episodio psicótico de alucinaciones. Di mi clase habitual, aquel día me pareció que mis estudiantes por lo general resistentes al álgebra y a los conceptos abstractos de las mates, estaban más atentos. Al final de clase una estudiante vino a hablarme sobre su proyecto de final de curso. Cuando se despidió me dijo: venir a tus clases es como venir al Nirvana. ¡Vaya, todo un piropo! Yo sabía que no estaba en ningún cielo desde el que estar al margen de los traumas mundanos de la fealdad del cada día, tampoco que podía dar la espalda a los problemas de los demás u olvidarme de las tragedias, pero me di cuenta que empezaba a encajarlo todo de manera diferente. La mayoría de gente ahora empezó a parecerme hermosa, dejaba de ser gente paisajística para ser personas individuadas.
Por esas fechas me sentí tan recargado de energía y tan rejuvenecido que escribí un libro sobre la vida como un problema numérico. Definí las problemáticas existenciales como una necesidad autodestructiva del ser humano para mantenerse en una permanente dilación, desidia y sin sentido con los que mover a `piedad en las miradas ajenas. La tesis de mi libro fue declarar que el problema no existe solo existe el sujeto problemático. Esto estaba acompañado de una larga demostración con pura lógica. Mi libro causó sensación. Fui invitado a dar conferencias sobre el mismo en otras universidades. Cabe decir que mientras lo escribí (de hecho unas pocas semanas) y en sus presentaciones el volumen de palabras que recibía acerca del Nirvana no paró de crecer. En una de las conferencias un crítico con ganas de poner en evidencia la supuesta falla por el lado del voluntarismo de mi tesis me dijo que si el problema no existía, es decir si los problemas no existían cómo es que éramos víctimas de achaques, déficits, indigestiones, gastritis, dificultades de entendimiento, atracos y otros asuntos en una larga lista de deplorables. Evidentemente, porque los convocamos o los predeterminamos pseudovoluntariamente, con nuestro nivel de auto vigilancia bajo permitiendo nuestro desequilibrio interno y una proyección de desquicio con el mundo externo. No los problemas no existían o al menos no lo eran en el sentido de padecerlos tan dramáticamente como lo hacían. La gente sufría por no tener qué comer, por no tener seguridad en le trabajo, por no poder pagar los plazos de las hipotecas, por no tener alguien que les quisiera, por no tener un vehículo mejor, por no vivir en otro lugar más digno de la ciudad, por no poder viajar o por no tener poder. Sufría por todo. Sufría incluso por no sufrir. Ante tanto drama quedaba mal decirlo pero yo no sufría por nada. Eso que mantuve en callado durante toda la vida empecé a proclamarlo en voz alta. El problema no existe, el problema eres tú decía a quien quisiera oírme.
Mis frases influyeron algo en todo caso no dejaron indiferentes a quienes las oyeron. Cada vez que me encontraba con alguien que empezaba su frase o introducía en su prosa algo así como: tenemos un problema yo saltaba como un resorte y le decía, en todo caso habla en singular el problema lo tienes tú, yo no lo tengo, y si lo tienes es muy probable que tu problema solo dependa de ti. La eterna cuestión de los problemas objetivos empezó a desaparecer. La gente pasó la disertación al campo individual, mucho más manejable para la interpretación, que seguir manteniendose en las lecturas del campo externo de los grandes factores.
Un tiempo despues de ese billete dado por la mano anónima yo seguía haciendo mi vida, intercambiaba más sonrisas y comentarios divertidos a lo largo del día con mayor número de gente: vecinos, colegas, amigos o estudiantes. Organicé con mis estudiantes una obra de teatro (los del departamento de arte se alarmaron que un prof de maths saliera de sus pizarras numéricas y subiera a la tarima escénica). Su título: Viaje al Nirvana. La obra era de estructura sencilla: una secesión de monólogos de distintos actores y actrices contando como llegaron al nirvana y como se vivía en él. Yo también hice de actor. En mi guión decía más o menos esto: desde que vivo en el Nirvana los problemas no existen, las tragedias no me alcanzan, el mundo de pronto se ha hecho habitable, encuentro lo mejor que encierra la gente y doy lo mejor de mí. La fundación para cristalizar sueños se puso en contacto conmigo. Me aclaró que ellos no financiaban proyectos realistas sino sueños auténticos o auténticos sueños. Habían leído mi libro y me propusieron financiar algo en relación al Viaje al Nirvana. Les `propuse un vehículo publico de itinerario fijo, gratuito dando uan vuelta por el campus con el nombre en su cabecera de Nirvana. Simplemente daría una vuelta de una hora con un guía conferenciante explicando el significado del Nirvana mientras cruzara los bellos parajes de jardines y sosiegos.
Cuando tengo un rato libre subo a ese tranvía y me dejo cautivar por las bellas palabras del orador y sus significados. Sonrío y me enternezco por la situación. Cuando el tranvía pasa creo que los pájaros pían de una manera particular.
Polisínton.El primer grado de veteranía. episodio 10
Los primeros días de decidir ser alguien nuevo Polisínton se sintió pletórica como nunca, en las primeras semanas sus desarrollos imaginativos la desbordaron, tras los primeros meses empezó a sentirse que su elección la alejaba más de lo que creía de sus ambientes de relación. Dejar de trabajar ya le supuso cortar con todo un campo de contactos, pero la gente de su cuadrilla también empezó a tratarla de manera diferente. Patxi después de una larga temporada de perseguirla casi a diario se cansó. La única diferencia que hay entre un examante que no acepta su nueva condición y un acosador telefónico es que aquel le conoces el nombre y lo perdonas y este suele ser un tipo que no te dice quien es y es un enfermo reconocido. Los comparten la misma clase de patología: no aprender a vivir independientemente del objeto de su acoso. Con Jürgen, la historia duró el tiempo justo que le había traído su investigación a Catalunya. Tras el cual, ni un día más, regresó a California. Los dos se divirtieron muchos con las performances de ella. Una colección de cartas subsiguientes aseguraría el lujo reconocido de sus experiencias compartidas. Ella podría ir a visitarlo en cuanto quisiera pero él conseguiría una plaza en una universidad y pasaría los 30 años siguientes dando clases sobre antropología urbana y los nuevos sistemas de relación humana que no superan los atributos clave del tribalismo tradicional.
Según iba pasando los meses también iba pasando la representación de personajes en su vida, desde los más fáciles como Chaplin, Marylin, Jenny (la mujer de Tarzán) Grouxo, Keaton a otros de su ocurrencia; se vistió de estatua de la libertad, de torre de Pisa, de Sagrada Familia, de Minerva. La verdad es que se volcó con pasión a su nueva vida y cada día trabajaba con un norte claro. Al filo de su primer año de dedicación a la calle, era identificable de lejos y recibía un cierto reconocimiento. No hacía de estatua humana cualquiera que iba a la zona de la ciudad donde se paseaba turistas y tiraban monedas, ella iba en metro, autobús, en bici y en taxi con sus atuendos. Era la usuaria más notoria del servicio público de bicing y ahí por donde pasara llamaba la atención o era para menos, había días que solo para vestirse necesitaba emplear casi dos horas. Coleccionar personajes, sentirse como ellos –se convenció- había sido lo que mejor le había ido en la vida. Advirtió que ser un personaje puede surgir de cualquier cosa, también de un objeto inerme, de un insecto o de una planta. Se estaba convirtiendo en una callejera dispuesta a observar cualquier propuesta con que burlar la realidad. Desde primeras horas de la mañana hasta la última de la noche en que volvía a su apartamento o lo que quedaba de él ya que se había ido desprendiendo de la mayor parte de muebles quedándole tan solo una cama y la cocina se la pasaba callejeando, hablando y compartiendo sentimientos e información con desconocidos, también la comida y los recursos. En su apartamento ya o le quedaban ni sillas ni mesa y alojaba a todo quisqui que le pedía pasar una noche porque iba de paso aunque luego se quedara 4 o 10 o 20. La calle la puso en contacto con el mundo entero. A la ciudad llegaban cada día extranjeros procedentes de todas partes. Su don de gentes y su hospitalidad la llevaron a cuantificar su vocabulario en varios idiomas.
-¿Qué tal tu experiencia con tu nueva vida? –le preguntó su mejor amiga con la que no se había visto todo este tiempo con la que se citó en la misma cafetería que la anterior vez-
-He aprendido más que nuca de los demás y de mi misma. Me paso los días jugando.
-¿No te cansa tanto vestido?
-No, es muy divertido. Tan pronto me visto de algo, de alguien, siento instantáneamente como el sujeto que representa el vestido. Dejo de ser yo, eso en el supuesto de que yo sea alguien.
-Te has hecho sabia o al menos filósofa.
-Eso es un piropo, gracias, solo me he estoy haciendo a mí misma, solo me he hecho deseo, puro deseo.
-¿Qué se hizo de Patxi? ¿otros hombres? ¿Mujeres?
-Hubo un californiano, fue divertido. Regresó a terminar su carrera y a convertir lo nueustro en un episodio del pasado. Patxi ¡por fin! dejo de insistirme en que fuera suya. Ha habido encuentros de una sola noche, no me acuerdo de sus nombres. ¿Mujeres? He tenido un par de encuentros con chicas, una sola vez en cada ocasión. Mi historia de amor con una fémina íntegra tendrá que esperar.
-Es cuestión de que te pongas en onda en los lugares donde la gente busca gente,
-No creo que me guste esos lugares. Intuyo que son mercados de carne humana.
-Llegarás lejos. Serás la única del grupo que nos conocimos que llegarás a alguna parte. Las demás nos hemos quedado estancadas en la comodidad y os ha vencido el miedo de no conseguir hipótesis por las que luchar.
-No sé hasta dónde llegaré. No tengo una meta de llegada ni quiero comprometerme con un objetivo. Los objetivos son formas personas de auto servidumbre. Con la excusa de conseguir llegar a alguna parte dejas de gozar el sitio en el que estás.
-pero tienes un grado de veteranía. Te veo muy tú, muy segura de ti. No vas a volver atrás.
-No. Pero eso es malo, se te cierran las puertas. Los demás pasan de celebrar tu extravagancia a ponerse a la defensiva de lo que eres.
-¿y..qué eres?
-Ya lo sabes, una fiesta que trata de reír con los demás en lugar de burlarse de ellos,
-¿Y lo consigues?
-No siempre. He empezado a recibir reveses, gente que se enfada simplemente por mi atuendo, que me insulta o que no acepta mi criterio de provocación.
-Es lo lógico ¿no? La gente todo lo que quiere es el confort, que le pasen los años en la parsimonia. Se hace conformista a cambio de no tener que pensar por nada ni meterse en conflictos. Tú encarnas el conflicto en tanto que les recuerdas historias que les mueves sus emociones.
-La verdad es que sigo sin tener ningún plan. Sigo saliendo a la calle para lo mismo de siempre: pasear, ir de compras, desplazarme o visitar lugares, solo que ahora como que tengo más tiempo lo hago más a menudo. Antes cuando vestía a mi manera ordinaria nadie me hacia puto caso, salvo para mirar mi escote y mi culo. Ahora no paro de recibir vistazos y voces que me llegan. Supongo que andaba falta de que me hicieran caso. Si alguien quiere que le hagan caso no tiene más que vestir de una forma estrafalaria. Todavía eso hace girar miradas y hay quien se acerca a ti para platicar. Desde que visto mis personajes no hay ninguna día que me sienta sola. En mi apartamento siempre hay alguien y nuca me faltan conversaciones interesantes ¿qué más puedo pedir?
-Y económicamente, ¿qué tal?
-Me va bien. Me dan dinero por vestirme de lo que me gusta. Soy una narcisista bien pagada. Solo que no lo acepto siempre. No quiero dinero por vivir. Mi ilusión es vivir sin tocar un solo céntimo.
-Siempre consigues sorprenderme.
Las dos amigas quedaron para verse otra vez, pero para la siguiente es posible que Polisínton ya no tuviera forma de ser localizada ni ganas de ser localizable.
Polisínton.Nuevos hábitos.(episodio 8) S.Maraselva
Sigo aquí, dejándome fluir. No te vayas te voy a contar algo que tal vez te haga pasar un rato interesante conmigo. No prometo que te lo pases de coña pero al menos puedo compartir mi experiencia contigo en la medida que sepa explicarla porque confieso que soy la primera que me veo superada por mis elecciones y mis personajes y en la medida en que sepas entenderla.
Como ya ha averiguado alguien que me sigue soy un personaje en construcción, luego entonces no puedo contártelo todo de mí. Tampoco hay tiempo para eso. No seamos ilusos: nadie tiene todo su tiempo para nadie. Yo tengo un poco más porque soy dueña de todas mis horas diarias. Io las malgasto haciendo lo que no me gusta, trabajando por la única razón de ganar dinero o diluía en interminables conversaciones que buscan la rentabilidad de las actividades. ¿Por qué se empeña la gente en hipoteca sus presentes para ir de culo por unos futuros que jamás alcanzan? Me he prometido no dedicar un solo minuto del resto de mi existencia a hacer aquello que vaya en contra de mis principios y en contra de la lógica elemental. Trato de llevar eso a cabo sin hacerme enemigos, lo que no puedo evitar es ver cómo crece el número de gente que no me comprende. Solo quiero ser yo, he dicho, pero esa es una frase subversiva que debe estar tipificada como delito grave en los códigos penales mas retorcidos.
El indicador de los cambios son los nuevos hábitos. Si alguien quiere cambiar pregúntale que nuevos hábitos ha incorporado. La gente quiere un mundo mejor pero no hace reciclaje de sus basuras. Olvídala. Si tu mejor amiga o lo hace toda la velada dedicada a hablar de la calidad que se tendría que conseguir no tiene el menor valor didáctico, tan solo será puro entretenimiento ruidosoverbal. No basta con que un día acometas un excepcional acto de heroicidad, tienes que incorporar a tu naturaleza tu nueva forma de ser. Por eso los grandes espectáculos sociales puntuales como las manifestaciones, las protestas, las huelgas, los macro conciertos solo son olimpiadas de la imagen que sirven de muy poco si luego cada asisten en su vida particular cuando nadie los mira siguen con los antiguos hábitos de niñatos malcriados. Los del heavy metal creen que el mundo está cambiando porque se ponen sus melenas para actuar, porque su público de su puño cerrado se extienden el índice y el meñique siguiendo el compás y porque Arnold Swatzeneguer en calidad de político usara una de sus canciones para su campaña electoral.
-¿Y cuáles son tus nuevos hábitos Polisínton? –me preguntó el otro día un chico de Los Ángeles que ha venido a hacer su doctorado a la Autónoma y que quiere investigar las tribus urbanas-
-Bueno, eso es una respuesta extensa –le dije intuyendo que estaba dispuesto a escuchar-
-Tengo tiempo –me contestó con una mirada y una sonrisa cuya combinación fueron un directo a mis partes-
-El otro día me di de baja de línea telefónica. Desde hacía un tiempo ya había quitado la función del contestador automático. Al escucharlo me sentía en la obligación de responder a los mensajes. No quiero tener ninguna obligación. Ahora veo que puedo vivir sin teléfono de línea fija y por tanto sin adsl. Cuando necesito consultar internet voy a la biblioteca, es más económica. También uso menos mi apartamento y más los recursos públicos: la biblioteca y el polideportivo. Voy aprendiendo formas recursivas ya que he dejado de pagar la mensualidad del alojamiento, antes o después me quedaré sin casa. Si no tengo ingresos he de regular los gastos. –le dije convencida de que eso lo asustaría si era un pijo y buscaría otra compi9nche con la que hablar o eso lo ponía a prueba para que siguiera indagando en mí-
-Tu planteamiento es radical, me pregunto si es sostenible. ¿qué otros nuevos hábitos has incorporado? –siguió indagando-
-No uso el coche y uso la bicicleta, lo he puesto en venta. Es un Peugeot 306 con 130mil kms, por si te interesa. También puedo donarlo. Estoy a punto de hacer conmigo misma el voto de pobreza.
-Espero que no hagas el de castidad también –me sonrió-
-No te preocupes, todo lo que tengo es mi cuerpo y mi mente, les saco el máximo de partido, lo que no hago es malvender mi libertad para que la expriman otros para hacerse ricos económicos. E cuanto a otros hábitos, lo más notorio, lo que más notan en mi vecinos y conocidos es que visto de maneras extrañas. Me visto de todo lo que me apetezca con el máximo de aparatosidad para dar la nota. Ya que el texto no llega a los demás quiero que llegue la imagen.
-Sí ya he observado que vistes de una manera singular, ¿puedo preguntarte por qué? –me dijo a propósito de ir vestida de egipcia como Cleopatra-
-Cleopatra fue una de las primeras mujeres de estado. Protestó ante el barbarismo de los romanos por destruir la riqueza de la cultura bibliotecaria. Muchos miles de años atrás ya se supo que una mujer de estado era mejor que un hombre de estado. Es mi modo particular de hacerle un homenaje y para que la gente se ponga a pensar en cosas que se la sudan.
-¿Te consideras proselitista? –dijo mi investigador-
-En absoluto, no quiero fichar a nadie para ningún grupo. Ya tengo la experiencia de haber pertenecido a partidos políticos y asociaciones reivindicativas y todas se dedican al entretenimiento para autoperpetuarse como grupos con sus propios intereses sin cambiar realmente por aquello que dicen luchar. Partidos en los que tuve amigos y que ahora están en el gobierno de localidades no hace más que lo que hicieron sus predecesores en sus cargos. No quieren cambiar los valores por temor a perder seguidores. El único estado posible de autenticidad del ser humano es el de su individuación, tan pronto deja de ser un individuo autónomo para ser un tipo asociado y federado se debe al pacto, al compromiso, al otro y se niega a sí mismo.
-Me temo que has llegado más lejos de lo que yo puedo alcanzar como resultado en mi tesis doctoral, pero lo que dices me suena a muy interesante –acotó mi escuchante-
-No pasa nada –le tranquilicé- Cada cual llega hasta dónde quiere llegar. No hace mucho estaba hablando con alguien de la cuadrilla y a los cinco minutos se acercó otra persona, trato de seguirnos sin entender nada, al minuto se levantó u dijo: debéis llevar horas hablando no quiero interferir y me voy. Me temo que el ser humano tiene vocabulario, idiomas, frases, lenguaje pero su poder para la significación es escaso.
-Y bien ¿sigues hablándome de tus nuevos hábitos? –insistió-
-No voy a trabajar, me levanto cada mañana para vivir. He cambiado el estilo culinario. Uso más crudos, no desayuno salvo una infusión con miel y no ceno salvo un yogur o una infusión también. He dejado la tele al lado del container de basura con una nota de que funciona correctamente. Voy en bici para mis desplazamientos (eso ya lo he dicho) y salgo a la calle con mis vestuarios de personajes. De momento es lo que hay. Por ahora tengo dinero para comprar mis vestidos. De hecho he empezado a hacer trueques de mis muebles por telas y ropa. Los muebles son un lastre. Pienso que en la peor de las situaciones siempre podré usar una butaca, una mesa, una ducha y una cama. No necesito más.
-¿Te consideras surrealista?
-No, aunque tengo más de ficción que de realidad. Estoy en la fase de exhalación fantástica, de lo que estoy segura es que no pertenezco a esta realidad. Ni yo quiero esta realidad ni la realidad me quiere.
Mi investigador era antropólogo y su estudio de los grupos humanos también le había llevado a la conclusión de que los grupos son grandes mentiras sociales para hacer creer a los individuos ingenuos que no están solos. La energía sintónica entre ambos enseguida se notaba desde el principio de la conversación. Se llamaba Jürgen, su abuelo había sido alemán y le pusieron este nombre en su honor, vivía en la ciudad universitaria. Fuimos hablando mientras nos fuimos seduciendo. Poco a poco pasó de ser entrevistador a galán y la cobaya que era dejó paso a la gata a la que nunca renunciaba ser. Expresó le gustaría ver mi vestuario y lo invité a mi apartamento, también a mi cama. Había nacido una nueva relación dentro de esta etapa de mi vida. No pactamos nada con respecto a nada.