Los juegos de comunicación se hacen participes de las acciones representacionales. Nos comunicamos con pretensiones determinadas y cuando menos, con la intención de ocupar un espacio de atención momentáneo en la mente de otro. Los actos de habla son, además de sus intenciones transmisoras de información, intenciones seductoras. Hay personalidades que hacen de la seducción su propiedad dominante. Es el comodín auxiliar que sirve para todo. En principio una persona seductiva y con un atractivo físico prototípico tiene o tendrá más posibilidades de escalar puestos sociales que otro individuo que carezca de ello. Claro que un sistema de funcionamiento necesita toda clase de registros de cooperación y por encima de estéticas los que se termina por priorizar son eficacias. Antiguamente para el mudo del cine solo se proponía bellezas destacadas. La historia cinematográfica posterior incluiría toda clase de formas corporales. Lo mismo se puede decir del mundo artístico en general. Tipos inicialmente o agraciados por su físico fuero reconocidos por otras dotes creativas siendo social y colectivamente admitida la persuasión como algo diferente a la belleza. La diferencia de matiz entre un perfil atractivo y uno guapo ya ha sido descrita. Hay personas no necesariamente bellas cuyos discursos y también movimientos corporales superan sobradamente a los que lo son.
En el discurso del vendedor de marketing además de incluir los datos técnicos y las virtudes del producto que ofrece y por el cual gana una comisión o un salario sabe que por encima de la cosa en sí está su imagen. Si ésta tiene impacto colocará el producto, si no, tiene probabilidades de ser rechazado. En el mundo de las ventas, el mundo empresarial con sus relaciones competenciales sabe que se tiene que ser un producto fuera de serie o indispensable para que se venda por si mismo. El gasolinero no necesita tener una buena imagen para ir a repostar a supuesto de trabajo en el poste que a diario se van a detener una cierta cantidad de vehículos, pero aquel que ofrece algo sumamente prescindible necesita antes que nada venderse a si mismo. A pesar de esa garantía de clientelismo dado la excesiva competencia hay establecimientos en los que sus empleados que pauta
Valga ese recurso a las políticas psicológicas de ventas para compararlo al hecho social de darse a conocer. Todas las personas tienen algo que ofrecer: su cuerpo, su compañía, su acento, su ingenio, su habilidad, su elegancia, su presencia, su charme. Lo más extraordinario del mundo actual es una prodigiosa performance societaria en la que se puede estar hablando o compartiendo espacios sonoros sin decir nada. Una buena parte del discurso es profuso a espaldas de aquellos de quienes se habla. Eso no pasa solo en relación a los personajes públicos sino a todos. Quienes pertenecen a la galería de las referencias y la foto-reproducción tal vez aprendan antes que no se puede hacer caso de todo lo que se dice de ellos. Pero esa misma conclusión es la única a la que se puede llegar desde el momento en que se es objeto de mirada ajena a la escala que sea con inferencias un tanto injustas cuando no lesivas por ideologicistas.
Una realidad sensorial está invadida por formas sustitutorias del placer sexual, reducido al placer visual de las formas con las que marcar un estatus y un estilo o la pertenencia a un club privilegiado de una determinada imagen. Hay innumerables situaciones en las que la gente no habla del qué sino del cómo, no del quién sino de su utilidad. Si al andar por una calle concurrida, generalmente las comerciales en áreas peatonales, ponemos la escucha al azar de lo que la gente habla, nos sorprenderá ver la cantidad de charlas abducidas por temas de compra de trapos o de imágenes. Robert Altman constituye una situación con un argumento simple de un sinfín de personajes que se plagian recíprocamente en el vivir para aparentar . Las observaciones de las tramas relacionales bajo el análisis comunicacional no dan resultados excelentes. Todavía hay individuos que dan motivos sobrados de ser excluidos a partir de un primer contacto verbal en el rellano de la escalera o en el ascensor y otras que no pasan de la segunda cita cuando sus pronto-reacciones furiosas hacen temer estar en el campo de tiro de un/a tarado/a. alguien me contó que ante una pronto pregunta de a qué colegio de mojas había ido para saber su pedigrí o estatus social tomó medidas de distancia con la persona que la interrogó con esa pregunta tan original. Evidentemente todas las preguntas tienen, o mejor dicho, tendrían una oportunidad de ser planteadas, siempre que las coordenadas en las que plantearla fueran las adecuadas. El arte de la persuasión no pasa tanto por la indagación de quien es quien como por pautar las formas de contacto. Por lo general en superviviente en sociedad saca partido de aquello que sabe y esconde lo que no domina. Eso pasa por lo mas elemental: hay gente que censura sus propias fotos en las que ha salido mal o también borra los textos confidenciales que muestran como es, tato los que recibió escritos por otros como los que escribió.
La persuasión es la forma de contacto gestual y comunicativo-verbal en el que el argumento y la forma de expresarlo es elegida en el lugar de la imposición bruta. Persuadir es más dejar que el otro se convenza por si mismo de un saber objetivo que una conversación destila o promueve que no insistir desde posiciones proselitistas de una tesis dada. Posiblemente las figuras de podio, estrado, barril, atril o púlpito desde el que dirigirse a u colectivo silencioso y supuestamente atento y a la escucha ya no tienen el valor de otros tiempos. Quien habla mucho suele cansar bastante aunque en algunas épocas pasadas figuras emblemáticas como Trotski en el XX ruso o Girolamo Savonarola en el Renacimiento, podían cumplir la doble función de influenciadores de la opinión pública y de espectáculo del momento.
Hay un elemento oculto de la persuasión que va en contra del sujeto persuadido que se deja convencer por argumentos fraccionales sin que se le ocurra interrogar sobre el raciocinio ausente. Es conocida la psicológica de la personalidad del líder que mueve a actitudes pasivo-sumisas aceptando más el formato, el carisma o la voz que no el texto oral razonado en sí mismo. Todo aquel que ha pasado por la experiencia de seguir un líder como única fuente de emisión de enunciados reconocidos se ha quedado indirectamente privado de otros. Ha tenido motivos de arrepentirse por sus sesgos y reconocer el desequilibrio en sus bases formativas al ser solo una atención o escucha unilateral.
El individuo físicamente mejor dotado no tiene porque ser el más persuasivo. De hecho, no suele serlo. La persuasión pasa por atributos que conectan con la inteligencia y el virtuosismo de las formas. La excesiva dedicación a la propia imagen con el propósito de agradar o la excesa dedicación intervencionista para convencer puede ocasionar efectos contrarios. Es soporífero e insoportable quien solo acepta su única voz como espacio comunicativo o su único tema.
La industria ideológica del hedonismo con los fabricantes de la moda y de los perfumes y el publicismo comparten la batalla común por crear figuras seductivas. Los gimnasios y los aparatos estilizadores o modeladores anatómicas se alían en el proyecto, las fajas reductoras, los realzadores de senos, la cirugía estética son también aliados. Si lo contáramos encontraríamos millones de empleados que trabajan para el gran objetivo de crear figuras esbeltas y seductivas. Antes este campo solo tenia peluqueras y barberos ahora se ha complejizado tanto que hay quien no se atreve a salir a la calle hasta que todos sus espejos y las amistades de mayor confianza ha dado el visto bueno. Dejar que el cabello salga gris o canoso a una determinada edad es una transgresión insoportable. Quien se atreva se enfrentará al dictum de varias voces aconsejándole el tinte adecuado para simular la edad. Las fotos de retrato de estudio realzan de tal manera los rostros que no tienen nada que ver con los modelos reales. Toda esa inversión en las armas de seducción no lleva en paralelo un aumento educativo o formativo en los niveles de persuasión. Es al revés cuanto más seductiva una persona puede ser en la imagen física menos persuasiva puede ser en su discurso ideológico. Existe la suerte excepcional de encontrar personas con esa doble propiedad: la del encanto seductivo en lo físico y la del encanto persuasivo en lo intelectual.
una pelicula basada en el guion de Anna Rapp.
Llamada comercial. Llamada de Alico.
Recibo una llamada de Alico. Como suele pasarme, pido que se me repita el nombre de la empresa que me llama antes de contestar a si yo responde al nombre que se pide. Vale es Alico. Ni flowers. Acepto la llamada, es decir, el discursito. Una voz algodonada y entrenada para el rollo en el que se ha especializado me propone un fabuloso plan de seguro. Como el contexto en el que recibo esta charlita es inmediatamente después de comer en un fabuloso buffet libre en un restaurant y la conversación con mi acompañante ha declinado, aprovecho la interrupción para un rato de gimnasia oral o para ponerme al día de por donde andan las técnicas de tele marketing. Detrás tengo un recorrido de distintas acciones autodefensivas ante las llamadas para venderme un producto u otro, considerándolas en bloque una variante del acoso telefónico, desde dejar el teléfono conectado sobre la mesa y seguir ocupándome de mi trabajo sin oír nada a decir espere un momento e irlo cogiendo cada 2 o 3 minutos para decir, espere un momento. Sí, sí, ya sé que está mal, pero esos pequeños placeres proporcionados por tal venganza incruenta también forman parte del hedonismo inconfeso dentro de la oficina. En mi defensa debo decir que esas acciones punitivas solo las he empleado para compañías que han repetido terceras y cuartas o mas llamadas para ofrecer el mismo producto de la semana anterior olvidando haber apuntado en alguna parte que no me interesaba.
Volvamos a la chica de Alico.Tras presentarse y decir un excesivo numero de veces mi nombre de pila introducido entre comas durante su apología de una póliza personal, intervengo -es decir trato de intervenir- para preguntar detalles. No es nada fácil intervenir ante un hablante que tiene el rollo aprendido y la instrucción de su jefe que lo suelte todo pase lo que pase, olvidado que el oyente deja de escuchar tan pronto expresa el deseo de decir algo y no se le deja. Cuando al fin me responde a la fabulosa cantidad de dinero que se me daría en caso de invalidez permanente (ya no recuerdo si un cuarto de millón de euros o un millón, debe ser lo primero) le pregunto que qué haría con ese dinero en unas condiciones físicas en las que no pudiera disfrutar de la vida. Traslado la conversación a otro campo. Ella me dice que el dinero para estas situaciones no es para disfrutarlo sino para los herederos. Replico que no estoy de acuerdo con la herencia, La chica me suelta los números a los que puedo llamar (902… por supuesto) por si cambio de opinión y los dice de carretilla aunque sabe que ni me interesan ni los apunto. No, no cambiaré de opinión, le digo. En algún momento de la conversación me dice que la póliza no es para uno sino para que la disfruten otros. Le digo que por ésta vía no hará meritos dentro de su empresa, me dice que sí, que le va muy bien. Después de un par de etcéteras más, aburrido pero no exhausto, doy por zanjado el rato de dedicación y me despido. Luego pienso que esas llamadas de abnegados empleados del teléfono buscado pardillos por las geografías del mercado para colocarles goles también son hijos de dios o al menos de la tierra y que merecen una escucha. Teniendo en cuenta su horario y que deben ir a destajo o a comisión ganando más cuantos más contratos o clientes consigan lo mejor que se puede hacer es decirles no lo antes posible si lo que ofrecen es para un no. Con eso consigues que ni ellos pierdan el tiempo contigo ni tú con ellos. Cabe la opción B a la que he decidido dedicarme a partir de ahora, la de reciclar la intrusión como un paréntesis para darle un giro a la propuesta y contraproponer otra cosa. El hecho de hacer una conversación distinta a la programada por la oficina desde la que han encontrado tu número en su base de datos o al azar en las páginas telefónicas es de hecho ya una contrapropuesta. Si la conversación planea sobre la jocosidad y el interés el beneficio puede ser mutuo pasando un rato de tertulia y de diversión acústica, algo inesperado para ambas partes. Quien llama sabrá inmediatamente que no va a realizar su venta o colar su oferta, la que sea, pero según su propia flexibilidad y ganas de tomarse un respiro en su programa de llamadas o de intrusiones según se mire.
Recomendaciones para quien recibe la llamada: no preguntar preguntas inútiles cuyas respuestas, sea las que sean, no van a alterar el criterio que se tiene con respecto al campo ofertado: sea suministros de gas, de compañías telefónicas, de seguros, de reparaciones del hogar, de planes de vacaciones. Pasar directamente a los comentarios insólitos. Propuestas de frases: ¿se da Vd. cuenta que ésta llamada telefónica y este contactos de voces entre la suya y la mía no se va a reproducir nunca más? ¡Vivamos este encuentro crucial como único! ¡Disfrutemos todo lo que podamos! Este encadenado tal vez sea demasiado fuerte. El cliente puede ser cualquiera y también puede ser alguien que conoce al departamento de quienes llaman, por tanto a la telemarquetista. Esta, por lo general chica-guay, no puede optar por formas cortantes que haría en su vida privada o desde su teléfono doméstico. Tiene que aguantar el tipo hasta cierto punto, el suficiente para un rato de conversación gratis puesto que la compañía para la que trabaja paga la llamada. Otra frase: estoy dispuesto a escuchar lo que sea siempre y cuando no pase por los negocios o por el desembolso de dinero ¿seguimos? Esta frase necesita ser dicho con mucha simpatía porque de lo contrario puede obtener una de retirada por parte del llamante. Probemos con una más revuelta: me pilla en un momento extraordinario de mi vida y en el minuto óptimo de mis coordenadas temporales en el día de hoy, mis aspectos astrológicos me favorecen y la bola de mi bruja me ha profetizado que hoy recibiría una llamada importante para darme un notición fantástico. Sin duda alguna Vd. es la persona mensajera de lo que estoy esperando. Diga lo que diga, lo aceptaré con sumo gusto. Eso puede sumir en unos instantes de profunda meditación a quien ha llamado, no sabiendo si se ha encontrado con un contestador automático o con una persona real. Si ha escuchado atentamente pensará que ha dado con el cliente más tonto del día o el más largo. Se puede contraofertar algo. Si te llama una compañía proponiéndote tarifas no pedidas de lo que sea tú puedes proponer tus propias tarifas de tus servicios. Quedáis empatados. Ni la persona que te llama para ofrecerte el oro y el moro se ha tomado la molestia de sondear por donde andan tus intereses tocando a puerta fría para ver si acierta ni tú has hecho otro tanto. Es como cuando alguien en la vía pública o delante de la basílica del Pilar te viene con cara de miserable pidiéndote limosna y tú te anticipas y también le replicas porque no te la da él a ti, o cuando recibes un correo electrónico no deseado de la misma empresa o entidad repetidas veces sin que te hagan caso a tu demanda de que dejen de hacerlo y aprovechas su envío para responder con una circular informativo tuya. Pues lo mismo.
Si te coge de mala uva puedes ir directamente al grano: Olvídese de mí, no me interesa, borre mi nombre, no me moleste, déjeme en paz, no vuelva a llamar, etc. Pero tu teléfono seguirá en la red pública y empresas que lo marcarán para ofrecerte lo que no te interesa también. Es mejor practicar las conversaciones improvisadas. Quién sabe, tal vez así nazcan historias de amor aun pendientes de llevar a las obras maestras de la literatura y de la gran pantalla.
Contradicciones interhumanas y conflicto intrapsíquico.
La contradicción es inherente a la vida. De hecho es la suma de contrarios, algo anterior a su decibilidad o a una prosa existente que pudiera expresar esa dialéctica de opuestos. La existencialidad discurre por discursos contradictorios si bien el indicativo de estabilidad pasa por la permanencia del criterio. Los sofistas ya vendieron la teoría de que era posible defender una tesis y su contraria con argumentos lógicos en ambas situaciones. El sujeto y el argumento no son dos entidades biunívocas. El sujeto se vale de diferentes argumentos a lo largo de su vida y a su vez en un mismo argumento pueden coincidir dos o más sujetos completamente distantes y antagonistas entre sí. Para la primera situación una biografía personal pasa por distintas etapas y las ilusiones de una defendidas con pasión entusiasta dan lugar a desilusiones en la otra posterior defendidas con cautela y ecuanimidad. Para la segunda situación una misma posición argumentada lo puede ser por intenciones y razones completamente distintas. Todo ser humano está condenado a un conflicto biográfico. Termina por ser algo distinto a lo que creyó para su destino. No solo distinto, puede llegar a ser su opuesto. La autoconciencia de las contradicciones en principio ayudará a saber coexistir con ellas pero no proporcionará la garantía para eliminarlas. La ecuación terapéutica que creyó en la solución a las problemáticas a partir de reconocer las causas que las producían no ha sido infalible. El reconocimiento causal es una condición indispensable pero no suficiente para las curas. Las otras condiciones complementarias varían para cada situación personal. Una demanda tanto histórica como personal que se le presenta o exige al otro causante de afrentas es que las reconozca para poder terminar con un foco de conflicto. Eso indica que no basta una sola parte, la subjetiva y directamente interesada, e una cura; también hace falta que concurra la otra parte ajena que ha sido responsable de un bloqueo.
Se puede observar un paralelismo entre los conflictos de relación con los conflictos de sujeto. Los unos vienen dados en los decorados con los demás y los otros los que tiene el sujeto consigo mismo. Sin duda están conectados. El sujeto no es una mole integrada absolutamente compacta y sin fisuras, tampoco sus relaciones con los demás son diáfanas, solidas y seguras. En las revisiones de su mismidad explora sus registros a través de su laberinto interior y en las revisiones de su inserción en el mundo se sabe un individuo limitado por las fronteras con las que se encuentra. Estas son de dos clases, las barreras ajeas que lo presionan para colocarlo en su rol y en las autolimitaciones que uno mismo se impone sea por inseguridad personal, por temor a lo desconocido o por una deformación del respeto que le lleva a callar para no herir o molestar nunca.
La cultura hipervalorada hace pasar a los individuos por el rasero de los límites, los filtra. Los controlados en la criba no son ciudadanos de pleno derecho. Esa cultura –entendámonos- no es algo ajeno al discurso que reproduce –aunque a veces piensa que la crea cada individuo desde su podio de lecciones o su arte. La cultura no es sólo lo que está solo en la calle o en las reseñas que dan por los medios acerca de conciertos, conferencias, funciones de teatro o ediciones; cultura es también la forma de sentarse en la mesa, el tipo de decoración colgado en paredes o encerrada en la vitrina, lo que contiene el revistero, el diseño del mobiliario, las formas de tratos verbales entre los distintos miembros del grupo convivencial y/o familiar. Cultura es una posición existencial en el mundo de cuyas referencias multiversionadas se tiene noticia desde antes de las habilidades instrumentales. Cultura son las formas de decir y de callar, las de pensar y las de concebir. Hay culturas más restrictivas que otras y más propiciatorias del doble conflicto tratado aquí, el relacional y el intrapsíquico. El primero forma parte de los avatares sociales. Vivir en grupo significa formar parte de `problemáticas generadas por otros. Las ciudades y grandes aglomeraciones urbanas son hervideros de problemas indirectos ocasionados por la sonoridad, la irritabilidad, la contaminación, las prisas, el agobio, las presiones, la competencia o los pagos. Hay individuos para todo y los hay que se prestan a ser las victimas ideales al meterse en plazos que no pueden cumplir, en objetivos o retos que se les escapan de la mano, e planes que les desbordan, en asuntos que se convierten en ruedas de molino a los que atan sus cuellos hasta hundirse para no emerger nunca más. Sin duda la externalidad es un gran escenario de invitaciones que pueden ser seguidas o no y que llevan (toda una parábola de la tentación) a la perdición (no del alma sino del propio sujeto al preferir estereotiparse que ser su propio yo. En sus interacciones sociales una cierta cantidad de problemas vienen directamente clavados desde el dominio ajeno. Para cada problema al que se enfrente tendrá que preguntarse por dos cosas: la parte de responsabilidad exclusivamente de alguien ajeno (el comerciante que lo ha engañado, el cliente que no le paga, el terremoto que le ha hundido la casa, el vehículo comprado que no le funciona desde el primer día, el espectáculo que ha ido a ver que le defrauda, la relación sexual que mantiene insuficientemente satisfactoria,…) y por la responsabilidad en haber permitido dejarse enredar o meterse en una espiral problematizante. Las contradicciones interhumanas son lógicas y hasta necesarias para la evolución de la especie si de los posicionamientos contrarios se sacan síntesis de solución a conveniencia de las partes en lugar de imposiciones de dominio. Cuando de ellas se deriva antagonismos fósiles la falta de reconciliación y la inamovilidad ocupan el centro de los escenarios. Es el momento en que cada cual se queda con sus verdades personales (es decir con las mentiras que le convenga creer) cerrado sus escotillas para la comunicación. Establecido un conflicto con alguien (por lo general sobre temas objetivos pero con impactos emocionales) y escapar de su solución negándose al habla o a la tentativa de aclaración es abonar el terreno para la enfermedad a no ser de que concurran dos limitantes de peso inabordables: que éste alguien con quien se ha tenido el encontronazo se niegue totalmente a la comunicación (el hecho de que haya fallecido seria una variable de esa posición) y no a que tengan recursos extroversivos para derivar el tema a otras situaciones. El fin del interlocutor (ese otro con el que aclarar las cosas) no tiene porque significar el fin de uno mismo pero el fin de un interlocutor con el que no se puede coelaborar una situación (la inmensa mayoría de contradicciones con el otro terminan en el callejón sin salida del silencio o del bloqueo comunicativo mutuo) si obliga a buscar otro lado de interlocución o al menos una vía de catarsis: escribir es una de ellas. Muchas personas viven en la aflicción renovada por no poder desenterrar a sus muertos y hablar con ellos lo que no pudieron/consiguieron hacer en vida. Las deudas pendientes con las personas que no se va a ver nunca más, también los perdones pendientes que nunca te han dado, es algo que no se puedo resolver en vivo y en directo, hay que hacerlo indirectamente por la vía del psicodrama, de la letrapéutica o de otras formas de extroversión del análisis y de la descarga emocional.
El gran escenario humano, en sus distintos modelos sociales y de agrupamientos colectivos, proyecta a escala general lo que se da en la escala particular de los bloqueos comunicativos o de las contradicciones no resueltas o incluso d las líneas de pensamiento no toleradas. Cuanto más rígido sea un cerebro (que no deja de ser un órgano que puede ser más o menos elástico en la admisibilidad de imágenes y constructos variados) más probabilidades tendrá el individuo portador en auto dañarse al no estar preparado para la multicromaticidad existencial. Cuanto menos ideas tenga más creerá que los demás no pueden tener un plus de ellas y distintas a las suyas. Para entender las cosas del mudo es más apropiado hablar del otro que resignifica a cualquier individuo que hablar de sociedad que lo enmascara. Las dos palabras denominan lo externo al yo, pero mientras la segunda diluye esa externalidad en algo que parece quedar oculto en las artimañas del poder, la primera se refiere a todo individuo en todo momento y lugar tanto si se tiene tratos como si no.
El diseño de un mundo basado en la felicidad ha pasado por conjeturar una sociedad de cooperación en la que el individuo sea lo primero y no lo colectivo, es decir una abstracción. Las campañas a favor de la sensibilización y la concienciación debían preparar a cada persona como biógrafa de sí misma, consciente de sus acciones y pensares para evitar la revivencia de los pesares. Con la alta dedicación a la información a la divulgación de verdades históricas, y a una metodología de pensamiento analítico útil no se vislumbra que una nueva generación de talante libertario dé al traste con generaciones anteriores abocadas a la frustración de sus destinos. En la Hispania que conocemos la generación nacida en la década de los 20 del siglo pasado que vio su juventud cortada por la masacre de los alzados nacionalistas no fue más frustrada como la nacida en los 50 que abrazó los idearios de la imaginación al poder, como lo ha sido la nacida en los 70. Alguien que retome este artículo es posible que diga lo mismo de la que está naciendo a principios del siglo XXI.
Alice A.Bailey dijo aquello tan bonito de siembra un pensamiento y cosecha una acción/siembra una acción y cosecha un hábito/siembra u hábito y cosecha un carácter/siembre un carácter y cosecha un destino. Esto suena muy bien para la posición militante que hace de su cruzada para convencer lo principal. El discurso crítico actual ya no trata de convencer, bastante hace con ser expuesto y a la vez exponerse a la exclusión.
El conflicto intrapsíquico es una marca que después de ser recibida en el registro metamatérico pasa a injuriar una parte del cerebro de aquí quedan implicados los órganos correspondientes. Eso explica que patologías físicas y accidentes sean la consecuencia directa de desajustes emocionales e incomprensiones comunicativas entre personas sentimentalmente muy vinculadas. La situación ideal sería/es la de tratar cada conflicto intimo en el espacio grupal con los protagonistas implicados en su gestación, como eso no es posible lo más parecido es la terapia de grupo en la que hay otros sustitutorios que encarnan los personajes de los protagonistas reales, desaparecidos o ausentes. Esta opción de psicoterapia de grupo puede ser una alternativa que al menos supera la visión oncológica que sigue sin explicar el origen de los tumores, forma física necrosada que expresa en el cuerpo escénico un dolor no resuelto.
Las personas más aguerridas de toda una generación quisieron ensayar formas distintas a las determinadas por uno de los pilares fundamentales de la vida social: el de la familia. Y fueron a constituir comunas con intenciones socialistas. El fracaso convivencial de innumerables ensayos hizo teorizar la falta de condiciones objetivas para tales empresas. (siempre que el sujeto fracasado se excusa en la inviabilidad objetiva de su deseo). Sin embargo para quienes vivieron de cerca juegos de grupos y convivencias del compartir, ha sido difícil ignorar las enseñanzas de aquellos períodos y su marca dejada en la conciencia aprendida. Al cabo de los años, las perspectivas comunales se han devuelto a los únicos rediles donde parece ser han podido triunfar a lo largo de los siglos: el de los monacatos. Ha sido necesario el imperio de una ley espiritual y de una jerarquía que la interpretara para que la vida colectiva se hiciera posible. A su margen otros asuntos desde la seglaridad han quedado en retentivas y simulacros. Lo que es más las experiencias pseudocomunales han sido ocultadas por los propios protagonistas o referidos como algún tipo de fiebres juveniles.
Una mira sinóptica retrospectiva pone al descubierto que el sumatorio de fracasos ha sido relacionado con el concepto de propiedad. El nexo entre el individuo y su propiedad no ha sido resuelto por los proyectos colectivistas, a diferencia de los marcos familiares en los que los territorios de cada uno están perfectamente definidos desde antes de pasar a constituir parte integrante del grupo. Aquellos han seguido suspendidos en cuerdas oscilantes con más carga de ilusionismo e inconsciencia que de método y garantías, mientras que la familia, es sabio tiene una larga tradición como empresa y con resultados. La inmensa mayoría de gente nace en el seno de una de éstas mientras que una insignificante minoría ha nacido en el seno de espacios comunales en los que el neonato reciba desde el principio los mimos y atenciones de una pluralidad de adultos. De esa manera la idea podrá tener continuidad en el futuro, mientras que durante décadas la gente puesta a vivir en común se ha enfrentado a conflictos para los que no se ha preparado resolver.
Supuestamente las dificultades juveniles para comunizar unos intereses y un espacio común que funcione de acuerdo a la economía y recursos compartidos y a la afectividad y sexualidad transparentes podrían ser resueltas a partir de una o dos décadas después, con más edad, mayor experiencias y una mayor aportación de medios. en lugar de eso, los ex hippies, los ex marxistas, los ex-revolucionarios de todos tipos han pasado a mimetizarse en los modos estándares y dominantes de consumo de bienestar y de valores ideológicos co-nexos.
Cuando dos adultos convivientes tienes dificultades, en el mejor de los casos, se separan civilizadamente, hacen un reparto contable racional de sus bienes comunes y no utilizan a los hijos para ponerlos en contra del otro cónyuge. Lo que no hacen es vincular el análisis de su fracaso matrimonial o familiar concreto al fracaso de la cultura acaparadora y de toda una ideología basada en la desconfianza recíproca y en el segregacionismo sentimental. Lo que no hacen, tampoco, es reconocer que pertenecen a una estadística de fatalidad creciente que indica como un tipo de convivencias están condenadas a su defunción desde el momento de ser decididas. Lo que aún menos hacen, es reconocer, que los hijos engendrados, el patrimonio adquirido, la división de roles establecida, es lo que guarda más concordancia con un sistema humano y social que después de siglos ha demostrado su inviabilidad para la felicidad humana. Lo que no hacen, en definitiva, es reelaborar su experiencia como dos seres humanos que se han querido, para continuarla como amigos y como seres sensibles y racionales. O sea que, en el mejor de los casos de una separación de común acuerdo, son unos fracasados totales y extremos que tampoco han levantado la tapa de los truenos de sus inconscientes para aprender de lo sucedido y seguir desde otra perspectiva emocional y convivencial. Con el borrón y cuenta nueva en la mejor de las situaciones se concederán mutuamente la oportunidad para volver a fracasar de nuevo con una segunda o una tercera experiencia convivencial con nuevas parejas que quieran seguir tal suerte.
Y si ese es el pronóstico, porqué no rescatar viejas utopías o proyectos de la común a de intimidades, en la que las parejas no acudan como tales sino como individuos con asuntos pendientes a resolver por lo que hace a su afecto general y a su convivencia grupal. Experiencias en las que los juegos de roles de padre, madre, primogénito, hermanos, tíos y otros parientes se diluya a favor de un panorama de elegibilidad, en el que cada cual ocupe el lugar que siente y desea no por ubicación genealógica sino por inserción emocional y sociológica. La posición agraviante de parejas de novios y de familias es la de descartar el posible éxito de una comuna compartida, sin embargo aquellas aportan más experiencia cuantitativas de fracasos que éstas, por razones obvias. Unas tienen una larga tradición y prácticamente todo individuo adulto pasa por querer crear su propia familia, estas tienen menor tradición y solo los más atrevidos han pasado por tentativas organizadas para hacerles plausibles.
Ni siquiera en los sectores sociales que se radicalizan y luchan, o creen luchar, por un mundo mejor, tienen en cuenta conectar con el tema de la reelaboración de propiedades sentimentales y espaciales. La idea de comuna no es recordada y su palabra es silenciada aunque no sea ab ciertamente proscrita. Lo más próximo a lo comunal es la urgencia de compartir espacios reducidos, mediocres y baratos por razones económicas, nunca por razones experimentales o para cambiar lo esencial de las relaciones humanas. ahora, lo mismo que en generaciones anteriores, los reivindicativos sociales van a sus manis, a sus grandes conciertos consigneros, o a sus reuniones maratonianas para discutir detalles sobre actos de solidaridad o preparación de pancartas, mientras en sus vidas privadas siguen viviendo a costa de los conceptos burgueses del más puro estilo clásico. ¿qué es lo que les impide-qué, lo que nos impide- rescatar el concepto de comuna convivencial de intimidades? ¡Qué pregunta¡ Evidentemente lo impide todo. Todo está en contra de cambiar la verdad privada. Todo, en contra de hacer la revolución personal. Resulta más cómodo unirse a grandes y complejos proyectos de revolución internacional que hacerla pasar por el cambio de hábitos y la radicalidad de planteamientos en lo personal. Una comuna de intimidades no es solo el espacio de una casa comunal en la que funcionar con una economía común y con un amor socializado, también es el primer frente de elaboraciones y consideraciones sobre la clase de vida alternativa que nos gustaría llevar a favor de un mundo más digno que este. Ninguna revolución, ni cambio de leyes, ni cambio de aparatos de estado resolverá el tema de la mentalidad y de los hábitos personales. Ambos campos han de ser trabajados en el mundo particular. y personal. Reorganizar las continuidades personales y sentimentales en espacios grupales, conquistando la paternidad colectiva o la filiación común y superando los sufrimientos y patologías celosas por la posesión del cuerpo y de los sentimientos ajenos, es la propuesta más radical de todos los planteamientos sociales. La diferencia con los programas políticos es que coloca el frente de lucha en la inmediatez de cada persona que desee comprometerse por el cambio y la desnuda de toda excusa de no dar un paso porqué´ los demás no lo dan. Finalmente la comuna de intimidades coloca en la base concreta los cambios substantivos para el futuro en lugar de encargárselos a las instituciones del poder que suelen ser más partidarias del conservadurismo de las formas. Una comuna es una revolución a pequeña escala y vertebrar la convivencia en torno a la intimidad integral es admitir el desiderátum o el reto de la construcción de una nueva persona. evidentemente la proposición no será tenida en cuenta por desaforada y acontextual, colocando lo personal tras las condiciones colectivas. Pero ¿por qué no recolocar la pregunta al revés? Es decir ¿qué clase de condiciones colectivas se podrán gestar sin unas condiciones privadas atrevidas, íntegras, sinceras, compartidas y comunales previamente creadas?
M’ he topat sovint els darrers anys a la rotonda de Montgat (Barnàpolis) a la sortida o entrada vers l’ autopista un escamot dels mossos d’ esquadra. A còpia de tenir contactes amb ells per stops indesitjables i injustificables m’ han convençut que no han afegit mèrits a les tasques de les policies de les èpoques de l’ obscurantisme en les que els grisos i els verds (la policia nacional i la Guardia civil van ser les dianes més indiscutibles de l’ odi popular). Canvien els règims politics però les funcions policíaques, que retitulen com d’ encarregades de l’ ordre públic, continuen sent essencialment les mateixes, sigui quin sigui a l’ amo que obeeixin. M’ agradaría poder dir justamet el contrari, que hi trobo una evolució en la policia autonòmica vers la d’ abas la de l’ estat central. Ho sento, no la trobo. La repressió i les molèsties son les mateixes encara que els atonyiments siguin cotextualitzats amb la llengua materna. El costum de posar controls a les sortides de les autopistes donen un aspecte desagradable a la civilització. Aparentment és per perseguir dolents i per protegir la seguretat ciutadana dels cacos o dels malfactors, però això no ho sabem. Em pregunto si un dispositiu de control que ens pertorba del nostre camí sense saber perque, ja que no ho expliquen, compensa les molèsties ciutadanes. Existeixen tants més dispositius de control quan més deficitari és un cos policial en la recerca criminològica.
Els paios quan fa fret es posen uns passamuntanyes. El passamuntanyes és una prenda emprada tradicionalment pels dolents: els terroristes, els lladres, els que s’ amaguen, els que tenen por de ser reconeguts. Es clar que la policia basca el va començar a fer servir per por a les represàlies en les seves intervencions contra l’esquerra abertzale. El detall no és poca cosa doncs els que van d’ agents de l’ ordre copien el vestuari dels seus oposats. Aquesta al·lusió empobrida, ho sé, la deixo aquí però el fet de trobar-te a mitja nit una ziga-zaga de vehicles policíacs amb les torxes de llum posades, tapats fins els ulls dona fressa. Els homes de Harrelson o la quadrilla d’ Eliott Ness donaven més confiança. El detall més feridor és la prepotència en que es posen els nanos miren les cares dels conductors i fer-los passar un a un. La gent que té fama de pertànyer al ramat col·lectiu de la obediència, va passant a comptagotes de l’ un a un, segons si fa cara de bona persona o no. El tio que fa el control facial deu ser llicenciat en fisiognomia i sap amb una mirada qui es culpable i qui no, o potser té memoritzada la foto del lladre més famós del país i es el que venen buscat els últims anys de govern autonòmic i per això monta tot aquesta parafernàlia. Continuo creient que fa practiques de control i estudi pràctic del comportament de la població. No tinc ni idea de quanta gent es queixa per aquest tractament. Sí sé que a molts conductors ja els hi sembla bé aquesta actuació perque se senten mes segurs amb una policia tan eficaç ¿he dit eficaç? Ho retiro. Tan present,volia dir ¡ara sí! La seva presència sí que es nota. Convido a que els conductors que siguin obligats a ralentitzar el vehicle i passar per aquests controls preguntin perquè collons els aturen. Sí, cadascun, es una forma de protesta civilitzada encara que això creï mes enrenou al punt de sortida i faci cues. D’ altra banda quan un paio amb la cara tapada vingui a preguntar alguna cosa, se li pot dir que res del que busqui se l pot servir i res del que faci té perque compartir-ho amb ell. Si no en té prou se li pot dir que un home es dirigeix a un altre home amb la cara al descobert, no fer-ho qüestiona la primera definició d’ home. La frase val la pena, i la paraula home està ben escollida, doncs tradicionalment les policies s‘ han farcit de gent amb poc seny però amb molta apologia de masclisme. La frase també serveix per una mossa d’ esquadra, que per cert continua acceptant la denominació sexista del nom del cos que ve des de temps passats e que les dones no es dedicaven a anar guarnides de soldats deixant aquestes begenades pels homes. Bé, es pot fer l’ equivalència amb dient-li que una persona es dirigeix a un altre amb la cara descoberta. Aquesta segona frase inclou un indici de valor que no té l’ anterior, la de suposar que l’ individu que et ve a molestar té la categoria de persona. Com sabem semànticament, si bé les categories d’ home/dona venen directament definides però una condició biològica, el mateix que ganso o gallina o cuc o serp, la de persona és una categoria hipotètica que amb una primera ullada no es pot saber si es correspon amb l’ individu que tens al davant.
També se’ls hi pot dir e cada interrupció d’ aquesta manera: nanos no se sap les coses bones que feu pel desenvolupament del país però teniu un aspecte que dona por. Parlo en serio. Cada vegada que em topo amb un dispositiu d’ aquests, atenent als horaris nocturns en els que sovint em desplaço em dona el canguelo. Vivim e un país civilitzat i e principi aquests homes armats se‘ls ha instruït perque no disparin a la tuntún, però i quan ho fan?, i quan fereixen amb arma de foc per error? D’ altra bada ja entenc que el món, tampoc Catalunya, està preparat per viure sense policies. (Les morterades de dinerals que se’n duen amb el seu manteniment donaria per un repartimet de la riquesa que potser seria dissuasori per algunes lladres perque canviessin d’ ofici i fessin algun profit en els camps de la productivitat). Però ja que ens toca tenir-les i mantenir-les pagant-los-hi els sous no podrien tenir una mica mes de deferència en les formes de control. Una cosa és un dispositiu excepcional i una altra és la pràctica habitual del control la les sortides de les autopistes i a les rotondes. Des de la seva praxis dubto que se sentin feliços amb la seva feina (he dit feina? Demano excuses, amb el seu rol, vull dir). Personalment sento vergonya pel que fan i per mi mateix per passar per aquests controls que et fan sentir com un sospitós. Vull exorcitzar això canviant de perspectiva. Tothom qui imposa la barrera la lliure circulació de la gent és sospitosa de poc humanista i poc sàvia, perque llevat dels 4 txorissos tontos que es deixen enxampar així, els grans defraudadors de la societat no van a aquestes noves teleranyes per ser atrapats per aquesta variant d’ aranyes. Els mossos viuen temps de descrèdit. No es per menys. Personalment no em refio de cap policia. N’ he conegut que ha disparat i han empresonat sense justificació, que han matat i han deixat gent en cadira de rodes. El fet de que un policia em parli en català no significa que sigui més prudent, correcte o confiable que un que em parli amb andalú. A Àfrica, continent de policies corruptes hi ha més coses a dir en contra seva, però a Europa, no deixen de fer del seu ofici la preferència que més coneixen: molestar. Sí, ja se que hi ha una contradicció: per una banda la policia es necessària –encara- per contrarestar la delinqüència creixent, les amenaces i extorsions, i endreçar el tràfic; d’ altre en el seu excés de zel i de funcions es converteix en un bastió contra la tranquil·litat col·lectiva. Menys policia i més efectivitat funcional i cap perdó pel menor detall d’ abús i de molèstia supèrflua. En un país democràtic cada cop que un policia atura a un ciutadà, sigui vianant o conductor, ho ha de fer amb una raó objectiva que es la que ha d’ esgrimir després de dir bona nit o saludar. L’ aturo perque ha trepitjat la ratlla continuo. Vale. El sanciono perque ha fet un avançament indegut. Vale. Aquest es un control d’ alcoholèmia dins una campanya per combatre la conducció sota els efectes etílics. D’ acord. Però el faig ralentitzar per mirar-li la cara a veure si es el sospitós que busco. No. Ni parlar-ne. No em toqui els collons. Faci la recerca d’ una altra manera. I si em fa perdre el temps per això perque la intel·ligència policial no dona per mes per fer una cerca mes precisa sense anar a l’ escandall de l’ engrós, demani’ m disculpes per fer-me perdre el temps per suplir la seva deficiència. Sí, pertànyer a la policia es esta en l’ ull de la cotrovèrsia. Entec que els policies s’ avergoeyixin del seu ofici i no divulguin el que fan en els seus veïnats. Però si la seva biografia passa per exercir-lo al menys que siguin posicològicament discrets mantenit-se en el camp de l’ obsessió amb atrapar els criminals i o caure en el de la paranoia creient que tots ho som.