De la amenaza violenta a la amenaza legal

 

Reflexión sobre el recurso a la pedrada jurídica.

Antiguamente te exponías ante el grandullón en el patio del cole  a que te dijera “o haces lo que te digo o te pego una hostia”. El problema del que te amenazaba no es que fuera más grande o mayor que tú sino que acudiera a tal amenaza para imponerte su criterio. Era un tarado sin duda pero la ley de la supervivencia y la de la jungla (que ya se extendía a los patios de los colegios) recomendaba que le hicieras caso para salvar el pellejo, Posiblemente esa anécdota daba más saber sobre la vida real de todos los años de escolarización con todas las clases de geografías y mates juntas. Afuera del colegio el  escolar sabía que la verdad principal de la vida pasa por las correlaciones de fuerzas, la fuerza que tengan unos y la debilidad que tienen otros.

El mundo ha cambiado mucho y ha ido dotándose de códigos con  los que regular las relaciones humanas para vivir con el máximo de concordia. Los grandullones de antes no son tan memos para decirte o haces esto o te arreo, pero acuden a otras formas sutiles con las que preparar sus venganzas: si no haces lo que yo quiero te denuncio. Siempre hay una página de un código civil, militar, penal para empurar a quien sea por lo que sea. Pero resulta que los códigos son armas arrojadizas lo mismo que las piedras o las balas y que se manipulan a conveniencia de usuarios malévolos. A todo ese procedimiento se presta la estructura administrativa de una justicia que no aplica ni puede aplicar porque aun sabiendo que los denunciantes hacen falsas denuncias se prestan al juego no neutralizándolo, ya que a fin de cuentas todo contribuye al negocio (la misma aparatología burocrática para intervenir,-que no solucionar- en estas cuestiones). Siempre es mejor acudir a un intermediario para –por la vía de la palabra- resolver las diferencias que no acudir directamente a la agresión física. Pero –pregunta- ¿Cuál es la diferencia entre una amenaza de tipo físico a la amenaza con la denuncia? Respuesta: cambiar los términos del enfrentamiento para tratar de someter al débil o al infractor. Sí, repito que es mejor ese protocolo que no el del duelo de florete en el parque al amanecer (levantarse tan temprano para morir, o para salvar el honor, uf¡ que tedio!) pero ¿no es sospechoso que la sociedad de querellantes no pare de crecer, por los pingues beneficios que eso supone, y la sociedad siga tan terca en producir conflictos? Sn duda con la gente que participa incorrectamente en los espacios de relación algo hay que hacer. Los filtros antispam de los servidores ya han demostrado que envían por sistema a correo no deseado cualquier nuevo objeto. Antes de sufrir un percance desconfía de todos los mensajes nuevos. Los foros selectos intentan hacer lo mismo tomándose un par de días antes de dar un texto por publicable. Eso es un trabajo enorme ya que hay o habría que tener personas especializadas en la revisión de cada uno de lso textos (algo parecido a lo que hacia Consulta Previa del ministerio franquista de Educación ante propuestas de nuevos libros para cuyas respuestas se podían demorar eternidades). Bueno, de acuerdo hay gente que hace comentarios a destajo insolente, desagradable, cacofónico, inculto, injurioso, desinformados, negativos, lesivos… Todo eso, en si mismo, no es mas que una fenomenología de nuevo tipo que hace de indicadora de cómo esta el patio y con que proporciones se mueve la cultura y la no-cultura de un país. El problema no es tanto del lado de esas entradas inadmisibles como de la misma web que no tiene la tecnología desarrollada para evitar eso. Próximamente el soft detectará entradas gráficas abusivas con repeticiones de la misma palabra como ya puede hacerlo con detectar un mismo autor con distintos nicks o heterónimos a partir de cotejar los distintos passeword (por lo general, craso error, el usuario múltiple utiliza la misma clave de acceso).

Nos encontramos con que hay siempre hay un porcentaje de la  participación  que esta fuera de tesis o que no participa tanto de la discusión como de su discurso o que ataca en lo personal en lugar de debatir en lo objetivo. En los foros solo pasa lo que también pasa en cualquier otro espacio polémico de palabra. La única diferencia es que el anonimato de ahí ha permitido una liberalidad de las formas que la inhibición de aquí sigue conteniendo.

Amenazar con las leyes por el decir de una persona es muy similar a la amenaza física. La justicia o supuesta justicia ya ha sido definida como un recurso vengativo. Pero desde el lado de la persona injuriada, falseada o atacada injustificadamente ¿qué puede hacer? Hoy dia estar en ese rol tiene sus ventajas económicas. Norma Duval consigue o ha de conseguir algunos miles de euros como indemnización porque un periodista (creo que fue Mariñas) afirmó que era bisexual. Losantos (primer premio a la indeseabilidad del mundo periodístico) ha sido obligado judicialmente a indemnizar con 60mil euros a ERC por afirmar que era terrorista. No sé del uno, pero sí se del otro que lleva muchos años mereciendo no solo este sino docenas de escarmientos de este tipo. Quien tiene la palabra pública puede hacer mucho daño con ella. Lo justo es que pague por el daño cometido. Comparadas las dos noticias de tales escarmientos legales es muy distinto el de la primera afirmación al de la segunda. No sé si la Duval ha hecho performance de insinuaciones bisex o estas solo se han albergado la cabeza del periodista que le ha declarado la condición de tal. No creo que el periodismo se tenga que meter en esas particularidades de la vida íntima de nadie (si alguien lo hace es porque no tiene serrines de mejor calidad entre su frontal y su atlas) pero puesto a hacerlo es un comentario que pone mas en evidencia al periodista que no a la actriz. Si todos los actores y actrices del mundo, también toda la gente pública por alguna razón, se dedicara a examinar lo que se dice de ella y contraatacar denunciando la menor afirmación incorrecta, podrían cambiar de profesión porque ganarían mas dineros  con las indemnizaciones generadas que no con sus vidas públicas en sus distintos oficios. La opción es dejar que el periodismo – o un tipo de periodismo- viva de eso, de levantar falsos testimonios o de explotar extraordinariamente los levantados por otros. Tampoco hay para tanto si alguien afirma de alguien que es tal o cual cosa. La verdad resplandece por sí misma y prevalece ante cualquier denominación que se pueda hacer falseándola. Pero no todo el mundo está dispuesto a aguantar cantinelas de usuarios abusivos de la palabra que no respetan la privacía ajena o sencillamente propalan mentiras. La mentira es un delito grave, claro que depende de la envergadura de cada mentira concreta. Una curiosidad añadida es que la sociedad de las mentiras se permita por la via de los agentes que representan unos códigos y la fuerza para imponerlos sancionar a alguien por mentir. Como siempre, repito, depende de las implicaciones y envergadura de cada cosa. Lo mejor es hablar desde la hipótesis disertativa y no desde la afirmación rotunda. Ir a clases nocturnas para resolver esos puntos de sus gramáticas tanto a un periodista como al otro seria el consejo más amable, aunque en mi opinión el segundo lo menos que merece es que se le retire el derecho a la locución público en cualquier medio periodístico. El ejemplo sirve para ilustrar que sí existe gente concreta a la que hay que negarle la palabra después de hacer un uso intoxícate de ella un año tras otro. Pero quitarle la palabra a alguien crea problemas éticos a toda la sociedad y además problemas de sondeo. De una parte no están claros lso criterios para definir exactamente eso: a quien hay que quitársela. De tenerlos, además, generaría una sociedad con dos grupos, los que pueden hablar en voz alta y los que no (ahora la división es entre hablantes que hablan por los codos sin decir mucho, hablantes que saben lo que dicen y no hablantes inhibidos porque no quieren serlo). Esa división, la de los que tienen derecho a la palabra y los que no, lo mismo que lo que tienen derecho al voto con los 18 cumplidos y los que no porque no se les considera con suficiente potestad intelectiva para ejercer ese derecho, sería sin duda mucho peor que la división de clases que ya de por sí resulta bastante injusta.

Así que detrás de la amenaza legal para corregir a los que hacen uso incorrecto de su espacio público se puede generar toda una configurar de sociedad sub-participativa por temor al decir. Claro que mientras hay gente que barrida del espacio público es un respiro de la sociedad, otra, que de aplicarle tal medida, es como amputar la voz de la sociedad. A quien excluir y a quien no, esta es la cuestión. Tomemos el caso Losantos de la Cope. Mi enemistad con él y su ideología procede desde el primer día que escuché una de sus peroratas radiofónicas. En mi opinión un discurso como el suyo es anticonvivencial y carga los cañones de los linchamientos, Para decir lo que dice es mejor que calle pero con ese deseo estoy obligado a añadir otra consideración: tiene su público, es el ídolo audiométrico de una escucha que pueden ser miles o  cientos de miles o millones de personas, no lo sé. ¿Muy bien si toda esta gente se complace con ésta escucha por qué privársela? En mi opinión que siga con su consumo y si puede ser confiturado mejor. La noticia de que un reciente video mas visto en youTube es el del dedo de su hermanito mordido por un bebé con 66millones de visitas (la mia entre ellas), un porcentaje importante si hay  (¿cuantos internautas hay? La ultima vez que consulté ese dato era de 100millones) pone al desnudo la inconmensurabilidad de la cifra. Algo muy, muy visitado, es un indicativo de que en lugar de ser algo extraordinario es el ensalzamiento a lo ordinario.

No hay mayor exclusión de una persona que dejar de escucharla. El problema no es legal: el  de censurar a tal o cual voz sino de una parte de la sociedad que se complace en escucharla. Lo mismo se puede decir de todos los demás productos de consumo, tanto para el sistema digestivo como para la ingesta intelectual. Hay muchos productos en circulación en el mercado, nefastos y denunciados, que sin embargo se siguen consumiendo. Cada cual tiene que cualificar su vida haciéndola lo mas excelente posible para ponerse a salvo tanto de los comestibles lesivos para la salud como de los discursos lesivos para la mente. Quien no opte por eso que se rehogue en las salsas que quiera. Eso, la excelencia personal,  no se logra con normativas de un administrador sino con la evolución intelectual de cada cual. Esa evolución es la que lleva a la auto moderación de un lado en el propio decir y a la exclusión del decir ajeno cuando es considerado irrespetuoso y destructivo. Con no leerlo basta. La ventaja de los nicks asociados a los insultos es que basta con saber del palo que van para no leerlos más. Si se siguen leyendo (ahí están las estadísticas de registro de vistas) representan la existencia de un tipo de haceres o formas de actuar y de vivir. Prohibiéndolas no arreglamos nada. Las alcantarillas están llenas de suciedad pero no por taparlas dejan de estar ahí. En resumen la amenaza legal puede ser de tan mal gusto como la amenaza del prepotente. ¡Cuantas injusticias se han cometido históricamente en nombre de la ley!  Además, no existe una sola categoría de ilegal como tampoco existe una sola de legal. Dentro de la más impune legalidad estamos sobrados de conductas éticas y a la transgresión y al pensamiento evolutivo se le criminaliza metiéndolo en el mismo saco de la ilegalidad que a los atracadores y distribuidores de droga.

El tema se las trae y cabe augurar que el crecimiento del boom internáutico lo excitará como debate crucial. No está garantizada para nada resolución consensuada del tipo: libertad total para la palabra. Tan pronto se decidan gestores y vigilantes de su uso, se la coaccionará de un modo u otro. Eso nos llevará a los escritores al lugar de donde, en realidad,  nunca salimos, el de la autocensura. Escribir para complacer no para pensar en voz alta.

¿Por qué será que ese tipo de amenazas, las unas y las otras, no hacen más que empujar a un nuevo tipo de clandestinidad? Hoy día dar el número de cuenta bancario a quien sea ya es tan arriesgado como dar el nombre legal. Si de lo que se trata es de dar informaciones y opiniones, no hace falta pasar por el cv ni con datos reales en los registros. Cada vez que das tu nombre a alguna clase de agente  o medio por un requisito burocrático, tarde o temprano tu nombre puede ser usado contra ti mismo. ¿Desconfianza? Sí, total y absoluta, general y extendida salvo a excepciones muy contada en los círculos de relaciones personales y directas.

 

 



[1] http://www.periodistadigital.com/foros/viewtopic.php?t=25569&start=0&postdays=0&postorder=asc&highlight=

La sociedad como enemigo

 

En un tiempo de delirios mesiánicos conocí y hasta participé -con mis dudas sí pero participé- de una visión de partido  que venía a decir  todo el movimiento social era la expresión de un gran bloque histórico intrínsecamente aliable. Era una teoría más bien simple que quería procurarle aliados a un movimiento obrero insuficiente para el gran cambio social que debería protagonizar.  Fue presentada la tesis bajo la rubrica de un anti capitalismo seguro que iba a alumbrar una nueva sociedad humana. Un vocabulario ad hoc para preparar la ensalada  fue puntualmente proporcionado: los obreros estaban llamados a cumplir con su rol histórico y los pueblos a librarse de la tiranía de los estados. Todo eso sonaba muy bien salvo que fallaba por lo más elemental: nunca hubo un movimiento social unitario permanentizado más allá de las coyunturas para acabar con un régimen político. Los grandes movimientos de masas que se caracterizan por un cierto interclasismo son muy puntuales o coyunturalistas y están contra una forma de régimen política más que contra una estructura de sociedad. Esa evidencia incontestable viene manteniendo los giros de la historia entorno a cambios más aparentes que rotundos por mucho que los tiranos caigan –pero se sucedan- al no crear alternativas de transformaciones de fondo. El desiderátum revolucionario siempre fue entendido de formas volubles. Se convertía en proyectos de minorías apoyados por mayorías que esperaban otra cosa. Algunas de las grandes revoluciones del siglo XX no pasaron de ser golpes de efectos minoritarios. La famosa revolución rusa no fue mas que un fraude en el que en una breve situación de doble poder (de algunos meses) fue aprovechada para tomar la duma y acabar con Kerenski en lugar de desarrollar un proceso lógico y crítico que lo desbancara por la fuerza plural y no por la toma armada de los palacios.

En un momento histórico dado en que una minoría e incluso una mayoría básica pero no máxima precipita un cambio histórico puede encontrarse que las fuerzas retrógradas sigan pugnando en el nuevo modelo por volver al ayer. Los casos históricos de contra-revoluciones se han repetido suficientemente. Por si fuera poco el XXI consolida mas las formas de derechas apoyadas por mayorías sociales (Bush en los USA, Nikolas Sarcosi, un Le Pen enmascarado, en Francia) que no quieren oír hablar de otro mundo mejor sino de seguirse perpetuando como clases preferentes en éste.  La gran contradicción que hace girar el motor de la historia no es ya la de las clases oprimidas en contra de las clases opresoras sino la de cada individuo en contra de su entorno que lo asfixia como persona. Es la lucha del yo contra el otro el que pasa a primer término y lo que puede desarrollar procesos evolutivos. Y es la no lucha del individuo contra el medio reaccionario lo que permite la perpetuación victoriosa del inmovilismo y de la miseria.

El problema de cambiar el parámetro de la clase objetivamente interesada en revolucionar las cosas (una falacia desde hace varias décadas) al parámetro del individuo-potencia, es que este se queda sin grupo al que acudir como aliado incondicional para sus desarrollos. Su lucha contra el otro significa su actitud crítica contra la sociedad en su conjunto, por tanto contra las demás personas, sea cual sea su condición económica, social e ideológica en tanto sean eslabones represivos para el desarrollo de las libertades. La terrible presunción de tal parámetro es que el individuo se enfrenta a la sociedad desde los espacios más inmediatos: la familia, los amigos,  el cónyuge y no solo desde los grupos de inserción obligados: escuela, servicio militar obligatorio o trabajo.

El individuo crítico es la condición necesaria e indispensable aunque no única para ser persona y crecer. Lo más probable es que los individuos que opten por la ignorancia y la negación de verdades lo obstaculicen  de una manera u otra.

Las sociedades expresan sus distintas subrealidades en formas diversas de asociacionismos y de programas. Para el esquema Mao bastaba distinguir en una sociedad de campesinos quienes estaban dispuestos a llevar una revolución hasta el final y quienes tenían suficiente con unas reformas básicas. Para las complejas sociedades actuales en que los explotados se han convertido en cómplices de sus explotadores no quedan ya tan claro quien es  quien. Siempre hay un criterio fundamental para saber si quien tienes a tu lado es amigo o enemigo por lo que a ideas y evolución se refiere aunque no es hasta participar de coyunturas que obligan a una radicalización en las que cada cual revela su verdadero rol. Puede suceder que  conocidos y familiares con los que se puede tratar socialmente con una cierta beatitud pasen a ser los que estén al otro lado denunciándote o disparándote en una situación de guerra civil, tal como varias historias de varios países han demostrado.

 No es hasta que toca precisar objetivos si la cosa pasa por la alianza o por la polémica veleidosa. Con el esquema marxista había enormes dificultades para  tratar de comprender conductas traidores y las opciones de tantos esquiroles, confidentes y vendidos al mejor postor con los  que los movimientos reivindicativos han tenido que bregar.  Cada movimiento de lucha ha sufrido enormemente con aquellas personas que a pesar de ser objetivamente defendidas por esos movimientos preferían delatarlos o ponerse del lado contrario. Lo que toca valorar de cada individuo como posible aliado para un proyecto social no es su condición económica de miserable o de excluso sino su capacidad creativa para brindar su colaboración en aquel. En un tiempo en que nadie cree en nadie y en el que las alternativas votadas son las reaccionarias los proyectos de grupos que hablan de otro mundo humano con otros valores son sencillamente tomados como delirios. Los movimientos populares, que puntualmente un punto de vista triunfalista definía como aliados objetivos de la clase obrera y de sus supuestos intereses revolucionarios, han dado lugar a una amalgama de reivindicaciones de todo tipo, unas veces complementarias pero otras opuestas entre sí. Hubo una precipitación en entender que había el mismo significado de lucha entre un movimiento de barrio para mejorar las condiciones de habitabilidad pidiendo el soterramiento de una autopista o una vía de tren con el del asalariado pidiendo mas salario por su trabajo, con el feminista pidiendo mas derechos para las mujeres. No, las concomitancias estuvieron mas en lecturas intérpretes apresuradas que en un espíritu compartido a favor de la transformación de las cosas. Lo que parecían diferencias expresivas de un combate han sido con el tiempo diferencias antagónicas entre combates distintos. Eso explica que en un momento dado estructuras asociativas como las de las AAVV se puedan convertir en agentes de un sistema social contra el que en un principio empezaron, aunque tenue y n otan reflexivamente, a organizarse. Se da el caso que los grupos mas instalados en el hacer diario y en un plan de acción aunque este pase por conseguir mas farolas o farmacias para un barrio no comprendan otras acciones mas instaladas en el discurso revolucionario como el de las plataformas emisoras de contra noticias y por la impulsión del debate social. Ante cierres como la ELO (asamblea de Radio de Orcasitas) tras 23 años de emisión dentro de la radiodifusión libre de Madrid solo cabe teorizar a ese otro difuso y general, procedente de los propios compañeros de edificio y de luchas, como el enemigo que más obstaculiza.

Lo mas grave cuando te echan no es tanto el hecho de la expulsión como el agente de la misma. Hoy en día el movimiento social está tan cuarteado que surgen los verdaderos roles de los que eran nuestros compañeros de viaje o, supuestamente, de lucha. El asociacionismo de barrio con el que compartíamos manifestaciones en las calles, lo mismo que los sindicatos de trabajadores más fuertes, se han convertido en los mejores aliados de ministerios y estructura de estado para acabar con las voces libres. No hay nada mas intolerable para los amos de las mordazas que haya gente que emita con voz propia y distinta. Claro que sabiendo esto cada proyecto tiene que garantizar su sustento y lo básico que requiera en cuanto a infraestructura no contando con donaciones inseguras o recursos efímeros. Las plataformas para las voces criticas y progresistas son –o deberían ser intocables- pero la verdad es que del boom de las emisoras libres de hace unas décadas los últimos testimonios que fueron prevaleciendo no han creado nunca un gran polo referencial, sea por sus limitaciones de potencia difusiva o por su propia falta de programa. La lucha contra la sociedad significa también la lucha contra quien hasta hace unos días era tu aliado y deja de serlo porque deja de aceptar tu proyecto o cree que escribiendo o recitando no haces sino el vago y que lo único que cuenta es el aumento del poder adquisitivo o una  ciudad más limpia. La lucha por el resplandor de los deseos revolucionarios de todos modos no necesita tantos apoyos.  Una carpa en la plaza publica, la conexión eléctrica prestada por un vecino y una antena móvil  pueden seguir permitiendo trabajar. El peor enemigo es convertir en derrota  definitiva la represión puntual.

 

La denuncia pública de los malos

 

De acuerdo es una palabra culpabilizadora y no es la más precisa pero todo el mundo entiende lo que es una persona mala. El malo es el que estropea la realidad. Es el tipo desconsiderado que disfruta creando problemas a los demás. Es el que ataca unilateralmente, el que odia sin justificación alguna, el que destruye, el que saborea, el que envidia a los demás. Hay muchas clases de maldad y de malos. Debería convocarse un congreso de demonología para definirlos en sus distintos perfiles. Aunque dudo que la maldad sea por influencia de demonios: los humanos tienen suficiente degradación encima como para superarlos. Dejando correr la imaginación, este hipotético congreso es posible que produjera varios volúmenes equivalentes a los listines telefónicos de las ciudades más populosas del planeta. La masificación de la maldad  no impide su identificación.

En distintos momentos de la historia se ha tratado de denunciar a los malos a rabiar. En la época internáutica existe ya la posibilidad de denunciar a alguien con su nombre y apellidos demostrando la autoría de sus fechorías. Es –o eso quiere ser- una forma de presión para destituir cargos públicos (como el personal español de la embajada en Malabo denunciado por la plataforma Españoles de Tercera) que se dedica a actuar mafiosamente o poner en evidencia las irresponsabilidades de empresas y comercias con los productos que manejan o advertir de fraudes en toda regla como los impostores de la Loto nacional londinense que pretenden que te ha tocado un premio millonario y a cambio te piden un anticipo para los gastos de envío de aquel (increíble pero cierto y a pesar de todo hay gente que pica).

El fracaso de las Administraciones de “justicia” de los países con el derecho más desarrollado, no digamos de los otros que ni siquiera saben lo que es eso, esta empujando a que haya gente que se tome, como se suele decir, equívocamente, la justicia por su mano. La justicia es un concepto y un fenómeno que esta por encima de los cargos y de los justicieros. Era tan trasnochada la figura del zorro infringiendo el castigo a quien se lo merecía como la del juez que llega tarde a la vista judicial (por cierto ¿cómo los jueces, que se supone que son los que deben administrar la ley son los primeros incumplidores de la formalidad mínima siendo los más grandes impuntuales de todas las profesiones?) para –sin entender nada- arbitrar a favor de uno o en contra de otro solo en base de pruebas documentales amañadas, sin levantar la vista de los papeles y sin mirar a la cara ni escuchar a los citados. Puestas así las cosas, denunciar a alguien por su negligencia o su prepotencia y que ocupa un cargo público, por tanto un cargo pagado por la sociedad con los impuestos obligados, por la vía judicial se puede hacer interminable. En el mejor de los casos, el hecho de que despues de años de litigio haya una sentencia favorable a la parte justa del proceso, el condenado ni tan siquiera será reconocido en su falta de un modo amplio y popular. Podrá trasladar sus malas artes a otro campo u oficio, a otra ciudad o a otro país incluso despues de cumplir una condena carcelaria. Y es que hay malos con carreras biográficas impresionantes. El derecho a la denuncia pública se viene ejerciendo desde hace siglos. En cierta manera el grafiti público en contra de personalidades concretas o autoridades del momento en el antiguo imperio romano ya era una forma de denuncia. Pero hay algo más: el teatro a través del tiempo ha sido una formidable forma de denuncia pública de personajes impresentables que las sociedades han tenido que soportar y sufrir. Hablemos de la denuncia concreta, argumentada, sopesada, detallada. La que cita el cargo y la irresponsabilidad de quien lo detenta, su nombre, sus datos personales, su ubicación y la conducta por la cual es denunciado. Esto evidentemente no quita el trámite palaciego por lo mismo, pero mientras eso se puede encallar en los interminables pasillos de archivos, la denuncia directa, publica, al menos empieza a correr poco o mucho, de boca a oído. Ninguno de los malos por mucho que sepa que forma parte de la casuística de la criminología le gusta ser pillado in fraganti en sus actos malévolos. Mucho  menos que su nombre sea conocido en relación a ellos. Personalmente he olvido y olvido a la velocidad del rayo los nombres de las personas que alguna vez me han hecho algún daño. Mi memoria no tiene lugar para ellos. Tengo suficiente con la anécdota. _aunque ahora que lo estoy diciendo si me viene a la mente algún nombre de jueza que aun recuerdo y que su cara evocada me revuelve las tripas. Sé que están por mis carpetas. En cualquier momento puedo acudir a ellas y hacer una lista de malos con pelos y señales. Estoy seguro que la ley kármica les dará o les habrá dado su merecido pero no estaría de mas que alguien le diera un empujoncito a esa ley  y se protegiera de ellos. No pediré una pedrada precisa ni un linchamiento público, solo que sean reconocibles como lo que son: chusma indeseable. Lo malo de los malos es que deben tener algo de bueno, tienen sus familias, sus espacios donde se portan bien, acarician a sus hijos al verlos, siguen la Eurocopa, comen y defecan como todos los demás mortales. El problema es que generan problemas y no los remedian y lso afectados tienen que cargar con las consecuencias sin que nadie los depure. Depuración significa limpiar a un organismo de corruptos e incompetentes. No hay estado que no tenga los suyos. Así como hay organizaciones de consumidores poderosas, con plataformas editoriales y gabinetes jurídicos importantes, que defienden los derechos del consumidor frente a productos fraudulentos que se distribuyen a través de la cadena comercial, debería existir en todos los países asociaciones de damnificados por la negligencia de las administraciones públicas, de ese modo la sociedad estaría advertida de quienes son sus enemigos concretos e inmediatos.

Subscribo ese razonamiento totalmente. La cuestión se complica en el paso siguiente: al denunciar a alguien en concreto. Cuando he tratado de hacerlo con policías que me han maltratado lo más que he conseguido han sido sus números de placa (que por cierto no deja de ser una curiosidad que muchos los esconden o disimulan) nunca sus nombres. El agredido ni siquiera tiene el derecho de conocer el nombre de su agresor, así van las cosas. Lo más que he podido hacer con ello es explicar el relato de la agresión recibida y colgarlo en una página web que recogía denuncias contra el ayuntamiento de Barcelona. Nunca obtuve una respuesta de la excelentísima institución. De persistir en mí investigación habría conseguido el nombre y podía haber llevado la denuncia a la más alta instancia que cupiera, pero mi tiempo personal hubiera sufrido una doble agresión metiéndome en ese berenjenal. En España y otros países hay la figura del defensor del pueblo que nada en denuncias que en gran parte no consigue solventar.  A pesar de todo, cuantas mas denuncias reciba un tipo que delinque en el abuso de autoridad mas probabilidades hay que alguien lo cite a un despacho y le cante la cartilla. Cuantas más veces circule su nombre por la red como bicho del que protegerse más gente le hará el vacío. Claro que esto es una hipótesis. Para denunciar a alguien en público y poner esa información al servicio de los recursos socializados de internet hay que hacerlo lo más convincente y demostrativamente posible. Además hay que acompañar la denuncia con el nombre del denunciante y ese es un dato que no siempre es posible dar pues la denuncia seria la sentencia firmada pro el mismo denunciante al buscarse problemas extras. En la jurisprudencia moderna se contempla la posibilidad de testigos ocultos para declarar en contra de criminales o mafias y no sufrir las consecuencias por sus declaraciones. Pues bien, podemos contemplar el derecho a mantener el anonimato de aquellos que denuncian a burócratas, torturadores e indeseables de las políticas e instituciones de sus países, bajo cuyos regímenes tienen la infelicidad de vivir.

Estimo que los portales públicos de denuncias crecerán en los próximos años. El mundo es denunciable por todos los ángulos posibles. Las instituciones de un buen número de países están cargadas de tipos a depurar y apartarlos de la función pública. A fuerza de denunciarlos terminaran por desaparecer. Propongo a todas las personas que sean dañadas por los organismos gubernamentales y sus poderes judiciales no dejen de publicar sus reclamaciones y apelaciones en portales que se vayan creando en este sentido. Una segunda realidad, en la sociedad de la comunicación socializada, se va creando y va a poner en evidencia la estulticia, incompetencia e injusticia de multitud de cargos.  No se me escapa que eso puede generar un exceso de denuncias en las que puedan caber las reactivo-emocionales por encima de las demostrativas. El o la denunciante tiene que detallar al máximo el motivo de su denuncia y la o las anécdotas relacionadas con su denunciado/a. En definitiva es una forma de trasladar al debate público los trapos sucios de las administraciones y de la esfera de los negocios. Si el fenómeno de la denuncia internáutica se extiende  es posible que un contra fenómeno de los aludidos trate de lavar su imagen desmintiendo las acusaciones. La farándula seguirá.

La primera vez que se me ocurrió denunciar a alguien en público (raramente voy a la policía o a juzgados a hacerlo despues de haber confirmado varias veces los inútiles que son los unos y los otros) publicando el numero de su matricula de coche fue a un conductor que delante de mi se detuvo junto a otro coche para robarle el retrovisor. Lo increpé y se justificó diciendo que a él también se lo habían robado. No sé si alguien leyó aquella noticia y reconoció la matricula del denunciado pero solo que una persona lo hubiera hecho y le hubiera preguntado al respecto habría sido suficiente para que al tontolava no se le ocurriera repetir nunca mas tamaño anticivismo. Evidentemente se corren los riesgos de que haya gente que se dedique a la intoxicación informativa denunciando indebidamente o haciendo correr falsedades. Ya se irán asumiendo los riesgos. Una modalidad de denuncia contra alguien es publicarlo en internet paralelamente a su tramitación en un juzgado. De ese modo la autoría queda, o debería quedar, legalmente protegida.

Posiblemente el futuro se vera complicado por denuncias pero también ataques internáuticos. Tocará a los internautas que naveguen por ellas discriminar entre las verdades y las falsedades editadas. “Solo valen las palabras, el resto es charlatanería” dijo Eugene Ionesco en un mensaje un tanto críptico. Hay formas que hablan con palabras y formas de hablar que usándolas no pasan de la verborrea.

En resumen recurrir al instrumento publico-social  de denuncia por internet se hace inevitable pero es difícil prever desde ahora el ultílogo para cada caso. Los malos necesitan su promoción y evidencia de tales para que su poder malévolo quede reducido al máximo. Sin olvidar que ese recurso si pierde la ética denunciativa basada en la verdad se puede convertir en una caza de brujas contra todo aquel que no este de acuerdo con uno, como ya sucedió con los atropellos de los datzibao que protegidos por la supuesta revolución cultural daban el poder a criajos que no tenían dos dedos de frente en contra de todo lo que les olía a revisionismo.

Participación ciudadana

 

Participación ciudadana en el mundo individualista

De la participación ciudadana se ha hecho eslogan y hasta se ha querido construir másteres universitarios para dotarla de sapientia. La democracia es la palabra que la representa. Todo ciudadano por el hecho de serlo tiene tanto el derecho como la obligación de poder participar en las decisiones que afectan a la vida colectiva e indirectamente a la suya privada. Este criterio suena muy bien. La logística pide la energia de todos para un mundo de todos. Impecable. Lo que sucede es que ese mundo es fundamentalmente individualista. Cada individuo se mueve y procura por si mismo y a lo máximo extiende su manto de preocupación al de su familia, su clan o su tribu. El resto, eso tan grande llamado mundo, forma parte de una nebulosa difícil de asumir. Cuando se teorizaba que el movimiento social era la práctica que podía transformar las condiciones objetivas se ignoraba que ese mismo movimiento o vectores considerables de él tan solo querían sacar la mejor tajada de la realidad en lugar de transformarla. Cuando las formas participativas pasan a convertirse en subproductos institucionales unas veces para justificar los cauces democráticos y otras para aparentar una cierta consecuencia con los parámetros constitucionales puede suceder que una buena cantidad de gestos sean laberinticos para el agotamiento de la energía y la instauración de una conclusión a favor de una élite. Tradicionalmente las tareas de gobierno han caído en manos de unos pocos rodeados de una casta consejera. Ha llegado a suceder que el príncipe o el rey o el mandamás de un país haya vivido en la completa ignorancia de la realidad real de éste a partir de las informaciones sesgadas de sus cortes. El jefe de mando sigue teniendo el chip de gobernar, por su parte los ciudadanos de base que ni pinchan ni cortan en el reparto del pastel terminan por creer que todos los problemas se resumen en una mala gestión. La participación ciudadana directa no sería tan difícil de llevar a cabo si las instancias participativas, las reuniones y asambleas tuvieran una función ejecutiva y no meramente consultiva.

En una sociedad democrática que se precia de serlo debería estar articulada de forma permanente la Asamblea Local o popular en la que los ciudadanos-individuos y los representantes de los distintos  estamentos, grupos, asociaciones, edades y credos tuvieran un espacio de reunión y un enlace con el órgano ejecutivo  compuesto por candidatos elegidos en las urnas. Ya sabemos que no es suficiente crear una institución con un pomposo nombre y esperar que eso lo haga funcionar. Por otra parte hay que contar con la degradación del mismo espacio instituido cuando pierde cuota de representatividad o de calidad en la escasa profundidad de los debates favoreciendo una orla satélite parasita del órgano ejecutivo. En definitiva las instancias de poder son las que son y acaban pro concentrar un máximo de facultades porque por su lado la sociedad civil se desentiende o caer en la desidia apolítica.

Muchos que nos hemos pasado media vida pregonando el valor de la democracia directa y de la participación social en los quehaceres publicas de la comunidad hemos terminado por dejar de insistir en esas propuestas tras repetidas frustraciones por el desinterés  de la gente en sus propios intereses. Constatada la desidia como uno de los males universales el crecimiento de la conciencia es más hipotético que nunca. La costumbre de participar en innumerables actos y reuniones de los que no se desprenden conclusiones operativas termina por hastiar. No es extraño que mucha gente prefiera productos de entretenimiento a estar discutiendo conceptos o tácticas difíciles de llevar a término. Las cuestiones  públicas o los temas de interés social generan arribismos de todo tipo y finalmente una clase o casta que se profesionaliza en ellas. Es un trabajo arduo para el que los filósofos, los psicólogos o los sociólogos se auto descartan dejándolo en manos de legalistas y estrategas de la organización. La política es el arte de hacer posibles los deseos históricos justamente legitimizados por la evidencia de la necesidad de su realización. Eso pasa por innumerables proyectos y neo proyectos, discusiones y votaciones y una continua pelea erosionante. En la lucha política palaciega las discusiones caen en los contrasentidos y las leyes se ganan difícilmente sin quedar del todo consolidadas mientras la rémora de un tradicionalismo retrograda no se las acaba de creer ni se convence en aplicarlas.

Participar en ese campo dialéctico general puede ser interesante para especialistas en la oratorio o gimnastas vocales o personajes ávidos de cámaras, escucha o escena, pero tras 20 años discutiendo las mismas cosas desde un escaño por democrático que sea es posible que el orador mas honesto y entusiasta se canse de si mismo y sobre todo de hacer el panoli. La historia no da la razón a la larga a quienes la tiene. Eso sonaba muy bonito en el panfletarismo, pero no es verdad. La historia simplemente calla. Cada protagonista historia dice lo que dice y por lo general se escribe la historia con voces e interpretaciones distintas.

De todos modos la lucha dialéctica en los espacios institucionales asi como la convocatoria de protesta para exigir a instituciones y poderes que hagan lo que no hacen o cumplan lo que prometieron o que se ajusten a lo mas avanzado de la ley tiene su interés solo que por si misma cae en un vía muerta. Además de ella y por encima de ella importa la participación directa para articular proyectos. La iniciativa popular para la acción es lo que puede construir cooperativas, rentabilizar espacios estériles, reutilizar inmuebles abandonados o crear formas lúdico-alternativas. Lo que no haga el poder político, especialmente lo que no haga el poder local, lo puede hacer parte del vecindario con su plan de intervención creando jardines públicos, centros culturales, casas de alojamiento para transeúntes y necesitados, campings de uso y autogestión pública, replantando árboles y un montón de cosas mas. Basta creérselo para hacerlo y organizar las cosas siguiendo un esquema desde la base para arriba con una filosofía de la descentralización y no al revés esperando que el arriba se digne a cubrir las necesidades de abajo.

Articulando formas ciudadanos de participación también se estará construyendo una escuela de vida en la que se demuestre prácticamente que es posible quitarle dividendos a un mundo tan individualista y que sí es posible organizar formas colectivas de socialización de recursos pero también de goces.

 

Constancia de los hechos

 

Un hecho es la certeza de un acto. Algo sucedido y comprobado. Sus actores lo afirman, participaron en su hacer y en su escenario. También lo atestiguan sus observadores que estaban ahí y lo vieron o percibieron. También lo corroboran quienes lo estudian en la distancia del tiempo o del espacio, pero con suficientes pruebas y materiales como para analizarlo y verificarlo. Un hecho es una verdad constada y contada. Lo menos que se puede hacer con su condición de verdad es publicarla y darla a conocer. En este criterio básico puede descansar toda la historiografía rigurosa y también la transmisión oral de las tradiciones.

Hay que decir que un hecho siempre viene acompañado de su interpretación y que, por consiguiente, es contado a conveniencia de quien lo cuenta. Habría que instrumentar una metodología observacional con distintos observadores externos no implicados por intereses ni emociones para llegar a dictaminar la verdad de un evento. Aún así, en tal extremo de control extremo de las variables, probablemente cada observador se diferencia de los demás tanto en la aportación de detalles por otros escapados como por la exageración o disminución del énfasis en algunos aspectos. El modo de saber realmente lo sucedido es estableciendo una media entre todos los datos recogidos, lo cual da por resultado una aproximación nunca una exactitud absoluta. No hay otro remedio que tener en cuenta lo que dijo Herodoto pero no se puede poner siempre la mano en el fuego por las informaciones dadas sino hay contrastación posible.  Eso pone las informaciones que tenemos del pasado en la hipótesis permanente de que el pasado fue lo que se nos ha contado de él pero que bien pudo suceder de otra manera. El que puso la palabra escrita fue un recogedor privilegiado, no siempre un testigo directo y no siempre un informador fiel y condicionado por los intereses que le pudieran presionar. Si hoy en dia la  gente que deja constancia escrita de las cosas no siempre es fiel a la verdad de ellas, ¿con qué motivo del pasado se pueda garantizar que hubiera más honestidad  que en el presente?

A pesar de esas prevenciones el hecho continúa siendo algo objetivo que se puede retratar, describir con exactitud, desmenuzar, analizar, comprender y establecer. Es tanto más posible cuanto más contrastado esté. Es decir cuantas más fuentes de información independientes las unas de las otras puedan informarlo.

Cuanto antes se conozca la verdad de un hecho antes la sociedad puede tomar medidas con respecto a él. Cuanto más se oculte mayor tiempo prevalecerá el reino de la ignorancia. Este criterio aún siendo universal no es consensuable unánimemente. A todo el mundo no le interesa ser puesto al descubierto de lo qué es, de lo qué hizo para eludir responsabilidades o para no ser descubiertos bajo sus mascaradas. Los denodados esfuerzos chilenos y argentinos en ajustar cuentas a torturadores y ladrones de niños huérfanos de sus asesinados en la época de sus juntas militares encuentran verdaderos problemas en ligar hechos históricos absolutamente comprobados con sus sanguinarios actores. El gran problema de la justicia internacional y el de la justicia ordinaria de cada país sigue siendo el de ligar actos a sus responsabilidades. No, el hecho no es tan fácil de dictaminar en sus coordenadas exactas y aún menos de vincular su responsable en la participación.  El hecho más grotesco, espectacular y agigantado puede quedar minimizado con una reinterpretación demagógica adecuada unos años o décadas después. Eso explica que de cada cosa haya dos o más registros en paralelo distintos.

Sabemos que existen un montón de hechos espeluznantes y deplorables de lso que no queremos formar parte. La vida cotidiana está repleta de actos de negligencia, de imperfección, de sabotaje, de corrupción, de prepotencias, de difamaciones, de engaños y que sin embargo no se constatan en parte alguna en el sentido de que queden documentadas. Son hablados y denunciados de boca a oído y lamentados en la privacía de cada cual pero ante los que se desestima hacer un esfuerzo extra para denunciarlos o combatirlos. La mayoría de tragedias que producen sufrimiento quedan ocultas en un no decir para evitar un incremento de esta misma tragedia. Es así que la nómina de los malos se hace más y más invulnerable porque cuenta con el silencio de la gente y la impunidad de perpetuarse. Hay demasiada gente con muy pocos escrúpulos para engrosar sus filas. Es gente de poca ralea que  tiene la menor ética ni le importa lo más mínimo que los demás sepan que son mezquinos, extorsionadores, ladrones o asesinos y no les importa en absoluto que esa sea su etiqueta real con tal de que no se sepa. La sociedad lo único que puede hacer con los malos es neutralizarlos, liquidarlos como tales, impedir que se renueven en el ejercicio de su maldad, aislarlos del conjunto colectivo  para que no hagan más daño. La historia penal parece que no ha avanzado demasiado en todos los siglos en que se viene ejerciendo este tipo de criterio. A pesar de eso ante el hecho reprobable con protagonista conocido  que va en contra del bienestar común, de la paz colectiva y de la integridad humana cabe denunciarlo e insistir en el seguimiento de esta denuncia. Hay dos formas de hacerlo: la de tipo privado, relatando, criticando o novelando el hecho en determinadas plataformas de difusión pública (desde las octavillas a pie de fábrica que denunciaban los abusos de explotadores a las modernas plataformas digitales de los sites y de los blogs); la de tipo institucional, llevando a registro ese mismo tipo de noticia denunciativa a los organismos implicados. Cada vez que tengo un encontronazo con un policía corrupto o con un empleado negligente vinculado a un ayuntamiento o a un organismo público tengo motivos sobrados  para relatar el hecho, documentarlo, pasarlo por registro y quedarme con una copia tamponada con la fecha de entrega. La práctica de estos unas cuantas veces me ha convencido que tampoco sirve de gran cosa aunque es posible que el intraescrito se repiense la siguiente vez su conducta motivo de la denuncia. Cuando un comportamiento es motivo de denuncia por repetido docenas o cientos de veces es posible que aunque sea por razones de imagen el organismo que hasta ahora no la ha cribado empiece a hacerlo o expulsar a alguien del servicio para el cual no está facultado ni ética ni profesionalmente. De tarde en tarde muchos empleados públicos son depurados por nuevas leyes emitidas para la cualificación del organismo.

Uno de los males de África es la corrupción de sus policías y funcionarios. El policía adulto corrupto que viste un uniforme aunque vaya con sandalias y utilice una mobylette para sus persecuciones de niño probablemente no paró de pedir cadeaus a los turistas blancos y ahora se resarce de ellos y en general de su miseria existencial. Sea lo que fuere es un tipo a poner en evidencia.

Para el existencialista nato que se llena de experiencias fundamentales en la vida y que anda sobrado de todas estas otras de tropiezo con la adversidad y con lo más indigno de la sociedad, lo que menos necesita es perder el tiempo en diligencias burocráticas y en conversaciones estériles con enanos mentales. Es posible que tras ser victima de la negligencia o la extorsión prefiera priorizar su tiempo personal que seguir dándole vueltas al asunto, claro que eso va a depender siempre de la gravedad del asunto. Aunque no recurra a la denuncia pública si la mantiene en términos de sus recursos editoriales privados cuando menos contribuirá a la difusión de un hecho y a la propagación de una verdad. A diferencia del texto documentado en un registro oficial el texto privado puede alcanzar mayor difusión pero a menor gente con poder para poner remedio a una situación. Hay un tipo de literatura y periodismo como el de Fallaci[1] o Debray[2] o de análisis como el de Fisas[3] cuya elaboración es indisociable de la crítica personalizada a entidades o sujetos responsables de la atrocidad humana. Eso no significa que los denunciados hagan insights de conciencia tras verse puestos al descubierto sino más bien lo contrario: trataran de confundir las informaciones sobre ellos negando sus responsabilidades y verdades.

Lo cierto es que la inteligencia humana y sus recursos de investigación aun no son tan sofisticados como para comprobar categóricamente las evidencias. Un hecho es algo en el momento de su realización y algo distinto en el momento de su relato. En su intervalo hay mil maneras distintas para tergiversarlo.

 

 



[1] Fallacci,Orianna.Periodista de renombre  con implicación social en los reportajes que ha hecho. Le leí diversos libros que disfruté.Protomujer del personaje comprometido con guerrerias literarias y militantes enmarcadas desde su belleza física y atractivo intelectual.

[2] Debray,Regis.autor leído desde la época  en que una de mis miradas estava cautivada por los movimientos liberatorios latinoamericanos. Referente europeo  e una militancia de tma de posición solidaria en la linea guevarista de extender la guerrilla fuera de Cuba.

[3] Fixes.Viçenc.analista del armamentismo.Autor de numerosos libros.

 

Morada y Nomadismo

 

No se puede estar, de hecho no se está, en permanente nomadismo. Ni siquiera los nómadas se mueven cada día. Sus asentamientos pueden durar días o semanas en zonas de pasturas o en lugares que proporcionan alimentos. El nomadismo incluye la morada pero no la del asentamiento permanente. La singularidad del nómada es que no está dispuesto a malvender su libertad ni siquiera por el confort o seguridad de una casa. Luego vemos que eso es más simbólico que real. Los pueblos nómadas lo son circunscritas a unas regiones geográficas. El nómada internacional no existe o no existe en el concepto de movimiento permanente. Sus acuartelamientos no solo son puntuales sino que pueden ser estacionales o de varios años con lo que su viaje por la geografía es el de un ubicacionista que prueba suerte o dedica años de su vida en unos cuantos países.

La morada, que en términos de consumo moderno se llama piso o apartamento, es uno de los primeros objetivos biográficos y es lo que más ligado va con la emancipación familiar. En principio, la casa es algo que se tiene desde que se nace, es el lugar de ubicación y el entorno espacial desde el que se conoce el primer mundo.  Donde se vive, es una de las primeras preguntas a las que se aprende a responder. Incluso la gente que vive en la calle (Calcuta, homless,…) toma buena nota de su lugar de ubicación en el planisferio de una ciudad. Depende de esa memoria si volverá a reunirse con los suyos, los de su clan o su familia. Ciertamente no todo el mundo tiene una casa pero esa es una aspiración fundamental. Cuando se llega por primera vez a una ciudad lo más inmediato a resolver es el lugar de la ubicación, de la pernocta, el punto donde dejar las cosas y donde reunirse con los otros que se comparte este viaje. Nadie o casi nadie toman un vuelo sin saber en que lugar se alojará en la ciudad de destino.  No tener atada esta perspectiva suele comportar desajustes. En  más de una ocasión he llegado a ciudades en las que no me esperaba nadie ni tenia una reserva de hotel en las que me he encontrado con el cartel de no hay habitaciones libres en muchos de ellos. La aventura biográfica pasa por alto ese detalle. No siempre se puede planificar todo o tener a alguien que lo haga por ti mientras te ocupas de otras esencias existenciales. Ese nomadismo interurbano, de todos modos, se escapa bastante de la idea de los trashumantes y los nómadas que iban siguiendo la ruta de los pastos o de la recolección de frutos. Por inmensa que fuera la distancia cada dia se dormía bajo un mismo techo, es decir, un mismo cielo. La jaima, el tipi o la tienda son las mismas aunque estén plantadas en sitios distintos. Durante los años en los que hice libre-campismo me valí de pequeñas tiendas biplazas, a menudo de una sola capa de nylon para reducir su peso y volumen, que aguantaron rayos y tormentas. Todo lo que me separaba del infortunio y del total desamparo era una superficie de un mm de espesor. Mi habitáculo era el mismo, el espacio externo siempre distinto. A pesar de eso nunca me sentí completamente un nómada. El nomadismo sería/es una forma de vida que no espera instalarse en ninguna parte, que no tiene una casa sólida que espere en un lugar seguro. En cambio muchos viajes hippies siempre aguardaban el coronario de un descanso más o menos largo en un lugar alternativo de llegada por tiempo que hubiera transcurrido desde el punto de partida. Se diría que es propio del ser humano la combinación del movimiento y la quietud, del viaje y la ubicación, de la exploración y la fijación de resultados, del acto y el stop, del hacer y el parar. Es un proceso binario de acción-pausa de una manera continuada. La misma constitución física marca esta pauta en los seres animales. Cada dia de actividad comporta un tiempo de reparación que se expresa en el reposo y en el dormir. Nadie puede vivir sin dormir, lo cual es tanto como decir que nadie puede hacer sin dejar de hacer. La morada resignifica en términos de infraestructura y de organización del espacio el lugar del reposo.

Un sujeto tiene tantas más casas cuanto más movimiento viajero y desplazamientos incorpore a su biografía. En un momento dado de la mía tuve la necesidad de hacer la lista, -ésta entre otras varias- de las casas en las que había estado viviendo. Recuerdo que fueron decenas. Para poderlo saber exactamente debería acudir a esa lista o recomponerla. Llega un momento en que lo menos importante es la cantidad exacta de eventos dentro de un campo como ese, basta saber que el criterio de vida te ha llevado a su proliferación. Vivir o estar en muchas partes no siempre es aceptado por quien vive el sedentarismo al máximo y prácticamente muere en la casa en la que nació o en la que se instaló a partir de su primer y único matrimonio. ¿Para qué buscar segundas o terceras casas si la primera proporciona toda lo necesario? La morada es algo que se redefine según el concepto de relación con el espacio que se tenga. Quien viaja mucho la tiene bajo un prisma distinto a quien la necesita para cada noche de su vida.  La casa no se limita a ser un lugar de reposo, es sobre todo el lugar de la privacía, el terreno particular cuyo posesionario puede comportarse como su soberano. Es el espacio en el que se puede concretar los sueños de todo tipo: desde hacer un jardín ideal a tener un lugar de meditación.  Hay una enorme cantidad de cosas concretas que solo se pueden hacer en la ubicación continuada. El viajero nómada puede llevar no importa adonde, de una parte a otra, lo esencial para su viaje, pero no puede arrastrar todo lo que ha podido concretar en las ubicaciones en las que se haya instalado durante temporadas. Se llevará sus recuerdos pero no las cosas mismas.

El antiguo concepto de morada como sede del hogar se ha desvirtuado a favor de un hábitat circunscrito a mínimos desde el que sopesar las sombras de otra realidad. El mito de la caverna[1] se sigue reactualizando con cada hipoteca de parejas de jóvenes que se endeudan de por vida para tener un espacio cómodo desde el que concretar su privacía y su tranquilidad. Cuando un apartamento donde vivir, donde tener una despensa, donde comer, donde dormir, donde hacer el amor, donde poder mirar el paso de la gente por la calle y el paso de los años por uno mismo, donde invitar a los amigos, donde hacer de anfitrión; se convierte en un objetivo biográfico de tal envergadura que una parte importante dedicada al trabajo asalariado es para comprarla conviene concluir que la morada ha suplantado la libertad del nómada o el alma de éste se ha dejado comprar por un espejismo del confort.  Lo que pasa es que ni el residente sedentario tiene todos los recursos para recuperar su libertad, ni el nómada puede alcanzar la libertad-toda por mucho que viaje. El uno y el otro tienen un trato diferente con los límites. El uno tiene cosas esenciales diarias que pasan por los suministros resueltas mientras que el otro las tiene que enfrentar día a día con la consiguiente dedicación de tiempo para eso.

Sean cuales sean los recursos personales lo que es seguro es que cada dia se duerme en alguna parte. Contar con un referente estable es psicológicamente segurizante. Otro asunto es si ese referente es tanto o menos continuo. Escribo esto tras prácticamente 8 meses, de tener como morada mi furgo-vivienda cuya ubicación va variando: unas veces es el bosque, otras frente a la playa, a menudo dentro de territorios amigos, en los patios de anfitriones que aceptan tenerme por una noche  o unos días. Poder vivir en cualquier parte forma parte del imaginario de la libertad, verse sujeto a hacerlo siempre en el mismo sitio forma parte de la realidad restringida. Aunque en la libertad de movimiento en acción se recuerda la casa dejada y desde esta se planifican nuevas salidas.

 



[1] Platón.referente ineludible en filosofía.Nombre-motivo de  trabajos repetidos en  los cursos realizados. Desgraciadamente reducido a un par de los conceptos más famosos a los que se asocia su nombre: el del mito de la caverna y el del amor platónico como idealista o no consumado.

 

Por nuestros hijos

 

Durante el oscurantismo social una de las frases que se oía, para justificar sacrificios militantes y riesgos personales, en la perspectiva de cambiar las situaciones concretas del país, mencionaba a los hijos como razón suprema. Por nuestros hijos decían/decíamos, apoyándonos en ellos, los tuviéramos o todavía no hubieran nacido, para dignificar nuestra lucha y no aceptar limosnas salariales, todo eso dentro de una liturgia estandarizada de tan repetida y no exenta de demagogia por su alarmismo. Paralelamente, ya se sabía que los hijos no venían del azar, ni los traía cigüeña alguna  ni existías porque dios nos los enviara, sino que eran resultado de una fusión fisiológica muy conocida y estudiada. Se tenían hijos, como se hacía desde millones de años atrás, porque los contactos sexuales no siempre responsables, cuidadosos o planificados los engendraban. ¿Cuántos millones de hijos en el planeta han sido/siguen siendo la consecuencia de la desplanificación? ¿Cuántos de ellos vienen sin ser real ni totalmente deseados? Curiosamente esos hijos no siempre buscados ni recibidos en las mejores condiciones materiales pasaban a formar parte del discurso de apelaciones para exigir un mundo nuevo y mejor. “Por el pan de mis hijos…” decían como coletilla los obreros con más coraje. A otros eso ya nos sonaba a prosa gordinflona, una especie de inflación de los substantivos que poco tenia que ver con una estrategia-plan para acabar con el capitalismo y todos sus males.

En el análisis del lenguaje subversivo encontramos no poca producción semántica preñada de influencias de la ideología del sistema, que se decía, o bien es cierto al mismo tiempo se combatía. Estaba repleta (sigue estándolo en países y regiones que los pueblos necesitan acudir a él para liberarse de los yugos que los oprimen) de afeites y zancadillas para los mismos visionarios de revoluciones y utopías.

Para un revolucionario, tener un hijo al que le pusiera por nombre Manuel[1] y se le asignara un rol de guerrillero desde antes de nacer era un absoluto contrasentido. Si la tesis crucial del anticapitalismo reconoce las dificultades para el desarrollo integral de las personas dentro del sistema, tener hijos para convertirlos en sus esclavos es un mal negocio además de una decisión salvaje, tanto más erróneas cuanto más conscientes son las personas que los engendran. ¿Entonces qué? ¿No hay que tener hijos? Desde luego, el mundo lleva  un siglo que no está para tenerlos. En los siglos anteriores las alarmas del exceso poblacional tampoco eran tantas para cuestionárselos. De hecho, tenerlos en cantidades importantes formaba parte de una estrategia de producción y no precisamente de amor. Los esclavos y los obreros debían tener hijos para que las clases productoras se auto reprodujeran convenientemente a sí mismas. ¿es que se ha olvidado que el nombre de proletariado de la clase obrera industrial vino así denominado por las proles, los hijos, creados por cada familia?

Los hombres que no querían tener hijos o las mujeres que no los tenían o se demoraban en tenerlos pasaban a ser objetos de habladurías. A los unos se les podía acusar de flojera, a las otras de estériles, a ambos de egoístas por no sacrificarse por sus vástagos y así por el futuro de la especie. ¿Pero qué futuro era ese? El futuro es siempre esa hipótesis, no exenta también de demagogia, al que se menciona reiteradamente dándolo por descontado cuando todos sabemos que sus predicciones no son precisamente halagüeñas. El alegato de las luchas de antes o de las consideraciones actuales de los paters y madres de familia actuando por sus hijos tiene bastante carga de farsa. El hijo es la coartada perfecta para no arriesgarse, para no ser libre, para no hacer, para no viajar, para no comprometerse. Es el parámetro ideal para montarse una vida intradomiciliaria, de puertas para dentro. Es el punto-gravitas sino de todos, de una buena parte de los anhelos biográficos. Una pareja nunca llega a ser totalmente una familia sin su primer descendiente y desde el mismo momento de su perspectiva todo el cuadro de conceptos y relaciones varía.

Aquellos hijos nuestros por los que décadas atrás luchábamos por una sociedad mejor, son ahora los adultos sobre los que descansa parte de esta sociedad. Estuvieron al corriente de nuestros objetivos y dedicaciones organizativas para combatir un poder regente que nunca vencimos del todo. En lugar de seguir nuestros pasos –ya de conspiradores tardíos- arribaron a una sociedad con otros recursos y con  posiciones personales desde la abundancia. Nosotros no cambiamos aquel mundo pero en la vieja Europa sí conseguimos que se reconsiderara el peligro atómico-bélico o que se cobraran  mejores salarios y los obreros industriales empezaron a perder distancia con una gran masa de clase media con posibilidades adquisitivas substanciosas.

Quienes antes eran nuestros hijos para los que habíamos concebido un futuro en una sociedad sino perfecta mejor que la actual, son ahora parte de esta sociedad con otros identificativos que nosotros no tuvimos y que, en nuestra atipicidad, nunca tendremos. Es difícil adaptarse a un mundo para el que pensaste que no había ninguna oportunidad de continuidad histórica. Nuestros hijos en cambio heredaron otra idea a pesar de nuestras influencias: la de no creer en la utopía, la de adaptarse a las reglas de juego social que pasaban por la rivalidad fiera, la obtención de capital y la adquisición de propiedad privada. El sistema nos venció convirtiéndonos en una generación de derrotados no porque fuera más coherente que nosotros, sino porque siempre se ha nutrido de la codicia humana y de esa ideología latente de resistencia al paraíso social, que por otra parte nunca nadie ha teorizado con la suficiente argumentación para convencer masivamente a la gente. En resumen, el capitalismo somos nosotros. Es difícil no rastrear en una sola persona conductas de vida explícitamente prosistema. Mientras en un tiempo nuestras ensoñaciones compartidas con nuestros hijos hablaban de un mañana seguro y justo, en nuestra geografía próxima el toro de Manolo Prieto[2] nos estuvo mirando sin hacernos demasiado caso sabiendo ya que un dia, instalados ya en ese mañana, algunos escribiríamos artículos como éste.



[1] “quisiera,lquisiera  tener un hijo revolucionario…”

[2] creador en 1956 del  Toro de Osborne que en 1972 seria elegido por the new York times Magazine como la icona representativa de la nueva España

Los peligros de la carretera

 

Salir de fin de semana o varios días, en particular cuando hay puentes o acueductos es arriesgarse a tener contacto con una cierta cantidad de indeseables y criminales potenciales enmascarados de conductores temerarios  con los que hay que contar. Afortunadamente una mayoría de personas al volante que corren por las carreteras nacionales e interurbanas llevan el chip puesto de la precaución pero hay una  parte que el discurso de la seguridad viaria no va con ellos y cuentan con el plus del cuidado y la previsión de otros conductores dada su falta de control de la máquina que ponen en circulación.  Conducir pues con precaución significa dos cosas: ajustarse a normativas y lógicas durante la velocidad y prever los posibles errores de los demás para que no alcancen en forma de impacto nefasto tu vida.

En las autovías de dos carriles, hay que contar que los conductores que llegan al acceso a ellas y que por código de circulación deben de ceder el paso cuentan con que cambiarás de carril para no hacerles detener su vehículo. Si no puedes cambiar de carril porque estás siendo adelantado en aquel momento puede ocurrir que el que llega irrumpa en el tuyo obligándote a reducir. Cualquier protesta al respecto no tendrá buena acogida. El intruso se sentirá molesto si le hades luces o le tocas el claxon.

Otro asunto es cuando vas por una nacional circulando a 90 o 95 (el límite para España es de 100 aunque hay indicadores de 90 junto a las fronteras) y viene un camionero que no está dispuesto a reducir su velocidad lo habitual es que te haga  señales para que aceleres. Me ha pasado de ser adelantado por camioneros inquietos que luego se han detenido en áreas de servicio o áreas de hoteles a los pocos quilómetros.

En general tener en cuenta las normas de circulación y las señales en la carretera es ponerse en contra de la inercia dominante de las prácticas conductoras. Detrás de conducir con exceso de prisas y de nerviosismo hay un problema cultural con el concepto del tiempo. El “más vale que llegues tarde que nunca” o el”te esperamos” que mucha gente llevaba como leyendas recordatorio en el salpicadero de sus autos contribuiría en algo a la cultura de la conducción pero todavía está mucho por hacer cuando hay una potente cultura del consumo de vehículos que sigue valorando la velocidad como lo primero. Detrás del velocista probablemente hay la psicología de alguien que no sabe vivir su momento concreto. Conducir puede ser un placer en las condiciones apropiadas y un desastre bajo los efectos del estrés.



 

¡Desbloquead las Rampas!

 

Llegamos a la hora en que el barrio durmiente no está para remilgos. Con una de esas motos para minusválidos que usa mi compañera con poliomielitis tratamos de llegar a casa. Todas las rampas de bordillo están bloqueadas por coches estacionados. No hay  otro modo de vencer los obstáculos que apeándose del cacharro y bajarlo a mano siguiendo por el asfalto con todos sus peligros. Llamamos a la policía informando del hecho. La guardia urbana debe estar al corriente porque en sus observaciones acumuladas durante décadas por sus patrullas nocturnas debe haber tomado nota de este detalle. Puesto que nadie se ocupa en reeducar a los conductores en este desliz, perdón desconsideración, estos repiten y repiten su mal-hacer. Ya sabemos que no hay espacio de parking para todos pero en lo que llevamos de año se han matriculado más de un millón de nuevos vehículos. Por su parte, el poli al teléfono dice que no es hora de ir a despertar a los conductores. No se entera de lo que le estamos diciendo. De oficio, porque para eso se les paga y se les uniforma, deberían  intervenir en esas pequeñas conductas anticiudadanas y corregirlas. Resulta que sistemáticamente durante  una decena de años venimos comprobando este hecho, lo mismo que la ocupación no autorizada de una plaza reservada para gente con dificultades motrices. (¿Lugares? Avda. Europa y Avda. Roma de Cerdanyola, pero pasa en otros muchos sitios). Nunca hemos visto que un policía haya puesto multas para eso. En cambio sí que los hemos visto poniéndolas por ocupar medianiles o bordillos pintados de amarillo, que aún tratándose de transgresiones al código nunca impiden la libre circulación de nadie, a diferencia de ocupar rampas que genera problemas y desasosiego en quienes el paso libre es como la vida. Cuando en una ocasión tropezamos con unos poniendo una multa a alguien le llamamos la atención por una plaza de minus ocupada indebidamente. El hombre se molestó por avisarle de cómo debía hacer su trabajo.¿trabajo?

No estaría de mas que la guardia urbana revisara su estilo de comportamiento en este capitulo y persiga de manera regular -sin que tengamos que perseguirla a ella a media noche-  las actitudes que prohíben la libertad de movimiento a los que más facilidades necesitan.

 

Peajes

 

El peage es el lugar en el que pagas el acceso a una ruta que es de pago. Los hemos conocido en Europa sobre todo en las autopistas cuya red se fue construyendo como vías rápidas alternativas a las carreteras nacionales. Si alguien quiere conducir mas rápido y más seguro puede hacerlo tomando una autopsita y pagando la tarifa establecida por tramos. Se ha hablado y sigue hablando mucho sobre la prolongación de estos peajes en tiempo.  Teóricamente debería dejarse de pagar tan pronto el coste de su infraestructura pasara a ser amortizado y su mantenimiento  pasara depender exclusivamente de los impuestos que la sociedad paga a su estado para la comodidad y usufructo de sus espacios. Algunos países europeos tienen vías rápidas como las autovías que no son de pago y también las autopistas. Otros siguen esquilmando a los bolsillos de los conductores que los elijan. En todo caso siempre son peajes en rutas alternativas.

En África, fiel a su costumbre de copiar nombres y actos sin comprender su significado ni preocuparse por ejecutar sus funciones viene utilizando las barreras de los peajes y la exigencia de sus pagos para las rutas nacionales, es decir para las únicas rutas posibles para transitar por un país. Es algo que se vienen copiando unos países a otros. Mali lo está incorporando este año. En enero de 2008 solo había un punto de peaje para cruzar el Níger  a unos pocos quilómetros de Gao pudiendo o cruzar todo el país sin tal requisito. Medio año después,  cruzarlo significa pagar  a cada cierto quilometraje. No hay la opción de no hacerlo porque no hay otra vía. La comedia de este asunto es que la UE es socio financiador de la nueva carretera.  Desconozco  hasta que punto ha influido en esa idea para quitársela de la cabeza o para defenderla –espero que no-. A diferencia de los otros peajes de los países vecinos, al ser mas moderna está mejor preparada. Los carteles anunciando los precios fijos para cada tipo de vehículo están muy claros y la posibilidad de timo de los agentes de las barreras  con los tickets es nula. El fraude es directamente del estado y responde a un concepto mal entendido del desarrollo. Lo que en un principio es planteado como una fuente de financiación para los gastos de la propia ruta y para generar un contingente de puestos de trabajo en quienes son agentes de peage que ostentosamente  exhibirán su carnet que lo atestigua, es un ataque directo a la libertad de circulación y al movimiento de bienes, personas y vehículos.

La historia del peage viene de antiguo. Desde siglos antes de que el Capitalismo demostrara hasta que exagerados extremos llega la codicia humana otros modelos primitivos de sociedad ya imponían cánones  e imposiciones de tributos a la circulación de personas y objetos. Gracias a esa actitud siempre ha habido clases parasitarias que han vivido del trabajo ajeno.

En Burkina el sistema de peajes es un poco mas complicado y algunas barreras se pueden sortear mostrando tickets de tramos caducados pero finalmente todo conductor termina pagando. Ahí todavía puede ser peor cuando hay lugares que hacen pagar por entrar en la ciudad, tales como Koudougou o Fada.

Para el viajero europeo que ha pagado ya con sus impuestos el asfalto de Níger o Burkina con las ayudas de la UE volver a pagar como viajeros en vehículo cada vez que pasan por los peajes es una experiencia de doble gravamen. Toda discusión a respecto no será reconocida por el lugareño, donde el dilema pagar o no pagar no entra en sus esquemas. Hay que pagar y punto porque alguien con suficiente poder puede exigírtelo. En todo caso, lo tomas o lo dejas. En algunos países como Níger la tarifa es puesta según la cara que pongas o lo que estime el pagador que te toque. Puesto que no tienen una hoja tarifaria exhibida te arriesgas a que el ticket sea un pretexto para pagar más de lo que realmente corresponde hacer por tu vehículo.

No tengo ninguna duda que esas barreras para pagar  se irán extendiendo a otros países que todavía no lo han hecho o su pervertibilidad de los conceptos no ha llegado tan lejos. Si el colonialismo europeo fracasó en su intervención africana, sigue fracasando ahora con sus ayudas a la cooperación sin intervenir en pautar conductas como esta por terror a no ingerir en los asuntos ajenos. No es eso. Viajar es un asunto de todos. Alguien tiene que explicarles a los africanos que los peajes para rutas únicas es un ataque en toda regla a los viajeros, tanto autóctonos como extranjeros. Además es un insulto a sus propios antecesores que trabajaron e hicieron esas rutas sin ocurrírseles llegar a este extremo de insolencia y abuso. El peage representa la fantasía de ganar dinero por la vía rápida sin corresponder  ningún servicio de ningún tipo, salvo el de levantar y bajar una barrera que solo interesa a los especuladores de mentalidad y alma.  Arturo Graf dio un valor de ambivalencia a la fantasía para el hombre diciendo que es su mejor amiga y la peor enemiga. Flaco favor hace a tantos apólogos de las barreras y a los países que barran a su país, por tanto a su crecimiento real.

 

La libertad de movimiento

 

Un cartel de cuneta  repetido de la Unión Europea en su ayuda para una de las carreteras principales de Níger habla de facilitar la libre circulación de bienes y personas. El eslogan es bonito sólo que es una absoluta mentira porque los cables de control de paso están constantemente presente , no tanto como en otros países del oeste pero lo suficiente como para recordar al viajero que basta un tipo con una barrera montando guardia para que impida el libre paso . Algunos de los obstáculos en el asfalto para forzar la reducción de velocidad están tan mal hechos que pueden provocar accidentes.

No es suficiente la inversión en asfalto para facilitar el movimiento de mercancías y viajeros. Es imprescindible la rementalización para que eso sea posible. Hay autoridades que no entienden que sea cual sea la procedencia de una persona es hija del mundo y como tal puede ir a cualquier parte sin que nadie sea quien para dificultárselo. Para el punto de vista del viajero, a las dificultades sobre el terreno, los límites naturales, los accidentes geográficos, las catástrofes, las temperaturas, el clima, las calamidades hay que añadirle algo que supera todo eso: el obstáculo humano. Hay dos clases fundamentales de obstaculizadores: los generados por los estados más o menos reglamentados (soldados, aduaneros, policías que controlan pasaportes) que a veces se complican con segundas policías o milicias dentro de un mismo país con duplicidad de poderes y los producidos por la codicia humana, los asaltadores de diligencias, los bandidos de siempre, los oportunistas que exigen su diezmo por el derecho de paso.

La libertad de movimiento es una de las primeras libertades con las que completar todas las demás: libertad de palabra, de expresión o de asociación. La libertad política no tiene el menor sentido sin la libertad de desplazamiento. El mundo de dobles y triples morales funciona defendiendo un tipo de libertades sin garantizar las otras con los cual hace cojas a todas. De todas las dificultades que uno se encuentra cuando viaja estar parado para conversaciones tontas con aduaneros y gendarmes durante un buen rato tal vez no sea de las peores, pero sí forma parte de la antropología zonal que se traduce en muchas horas cuya suma se lleva un mordisco importante de un periodo de viaje. Responder a preguntas generalmente tontas y detenerse para satisfacer controles mediocres no es lo que mas apasiona a un viajero, mucho menso a un lugareño que lo tiene que soportar toda su vida mientras las autoridades de su país no pasen a estar al cargo de gente con mas autoridad moral y con menos uniformes bélicos. El viajero puede encontrarse olvidado con la barrera bajada mientras el lugarteniente del puesto y sus subordinados hacen sus plegarias a Allah. Lo primero es lo primero y dios es lo primero. ¿Pero a ese dios no le parecerá que eso de demorar el paso el viajero cariacontecido no es una tremenda injusticia? Eso no pasa de ser una simple anécdota y en el peor de los casos el observador lo puede literaturizar todo riéndose a sus anchas de sus controladores, no en su cara precisamente porque la demora podria ser mayor por no decir que se podria convertir en una detención,   El tamaño de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que lo encolerizan dijo Thomas Morley. Uno es tanto mas grande cuanto menos se deja llevar por los reveses de las pequeñas cosas que salen mal. Lo que pasa es que muchas pequeñas cosas sumadas, repetidas, miméticas las unas de las otras, terminan por ser una gran cosa. La libertad de movimiento permanentemente condicionada cada pocos quilómetros para un tipo de verificaciones que se han hecho no mucho rato antes terminan por ser una pistola en el pecho que te impide avanzar. Lo que olvida el  gestor del  presupuesto europeo dedicado al asfalto es que la ayuda material es el del todo insuficiente si no hay una ayuda para que las actitudes y los valores caducos cambien. ¿Por que la UE no exige además de la contraprestación de una responsabilidad en el mantenimiento de las cosas que paga una nueva actitud humana ante ellas? Europa tiene miedo de meterse en la idiosincrasia lugareña aunque esta sea totalmente contraria a lso valores de la libertad y vaya en contra de la propia economía de un país. Una carretera o una vía rápida y segura de desplazamiento siempre es una buena cosa para el desarrollo de este país, pero si sus continuas barreras enlentecen el movimiento es el movimiento de toda la nación lo que se está perjudicando. Lo justo es ayudar a cambio de la autoayuda y esta pasa, o debería pasar, por exigencias de modificaciones actitudinales concretas. Desafortunadamente sabemos que la justicia y la política no son términos complementarios. Prematuramente Abraham Lincon ya no creía que la más estricta justicia fuera siempre la mejor política.

Toca acudir más a Esopo, el nombre tópico y clásico para hacer referencia a las fábulas como género aleccionador que a los grandes programas políticos para entender las cosas. Los acuerdos entre estados y los proteccionismos de uno o inversiones en las infraestructuras de otros llevan acompañados razones de estrategia internacional. Se pagan carreteras y se acepta el contrasentido de los constantes obstáculos para viajar por ellas. La UE debería pensar en utilizar sus ayudas y recibir la demostración de nuevas formas funcionales de la relación humana, de otro modo la actualidad sigue tan reprimida como siempre para impedir que la gente circule libremente por el mundo. Lo que garantiza la evolución de un país no es tanto una mayor red viaria como una mayor comprensión humana e inteligencia en sus relaciones.

El temor al fracaso.

 

Del Plan A al Plan Equis.

Para hacer cualquier cosa o lograr un objetivo hay que insistir. La insistencia significa la repetición de acciones. Eso incluye sobre todo nuevas tentativas con respecto a las mal hechas. La vida es una historia de tentativas, algunas funcionan y otras no. Nadie puede decirte si eres un fracasado o si tienes el perfil de ganador del año, sólo tú puedes meterte dentro de una categoría u otra, en si mismas absurdas como toda dicotomía divisoria. Hablo de una insistencia con el uno mismo. Cada cual es el único capitán de su biografía. Es el único residente a bordo, el único que puede conducir, adelantar, parar, sosegarse, enfrentarse, eludir, callar o hablar.  Lo peor de uan biografía no es su coleccionario de errores sino sobre todo su lista de omisiones por falta de decisión en tomas de acciones. A menudo la prevención en hacer algo es cubierta con una argumentación muy razonable pero muy inoperante. Se suele dejar para un después sin fecha pre acordada el hacer lo que ya debería estar hecho. Bien es cierto que cada cual necesita su tiempo y su momento propicio para hacer una determinada acción, sentirse con fuerza suficiente, con la formación o preparación necesaria para acometerla. No por mucho correr se llega antes a todo. La cuestión es que cada individuo se enfrenta a su repertorio de acciones pendientes a acometer. Algunas están toda la vida ahí esperando. No son pocas las cosas enlistadas que no terminan de ser enfrentadas. Muchas incluso son desconocidas, quedan fuera de lista. Cuanto antes sepa uno diagnosticarse sus problemas y cosas a resolver antes resolverá todo eso. No plantearse nada sobre nada es la forma más efectiva para no hacer nada. Claro que hay un canto a la libertad que va por la ausencia de planning total y por dejar que las cosas fluyan espontáneamente pero, la verdad, eso no funciona demasiado. Como no planifiques lo que quieras hacer las setas no vendrán solas a casa metidas en un cesto misterioso que ande solo.

El fracaso está conectado con otro parámetro crucial el de la expectancia. No tener expectativas para nada es la mejor manera, o el mejor criterio, para mantenerse a salvo de las consecuencias emocionales al adversos al no conseguir la correspondiente y esperada correspondencia. ¿no quieres tener problemas de amor? Pues, muy bien, ¡no te enamores! Si seguimos consultando a los profetas del barrio nos encontraremos de todo: habrá quien nos venderá su manual de la felicidad y quien no dará las claves para la vida perfecta. Antiguamente había especialistas en pócimas y sortilegios, actualmente los hay como venderos de cielos y nirvanas. Cualqueir cosa con tal que genere un puesto de trabajo cuando no toda una línea de nueva producción que genere suculentos beneficios. Siguiendo de este filón de consejeros terminaríamos por no comer para no tener malas digestiones, no bucear en la sentimentalidad de nadie para no cargar con el elenco de enfermos del corazón metafórico, no ir de viaje por temor al atraco, no copular con nadie por temor a morir de sida. Sí, hay algo de razonable en la prevención del otro no adoptando ni expectancia a priori. Mira, oye y calla, no te impliques dicen los mensajes más destilados de todas las culturas. No deja de ser una curiosidad científica observar que en pueblos tan diferentes se llegue a la misma conclusión. El problema es que vivir sin expectancia se hace difícil. La expectativa se tiene con todo, con los objetos, con las ciudades, con la naturaleza y sus fenómenos, con tu propio cuerpo y por supuesto con la gente en general. Estás obligado a contar con las infos que te dicen y con los otros en sus ubicaciones, claro que a la hora de tomar un referente siempre hay que añadir la fiabilidad  o no de su referencia. Mucha gente que integra el paisaje humano no tiene más referencia que la de ese relleno cromático. La expectativa de quien sea y de lo que sea hay que corregirla en sus sesgos no esperando más de lo que realmente hay. Esa medición de exactitud de se logra con mucha paciencia, experiencia y cautela y en todo caso cada cual aprende a reconocer los límites de las circunstancias, es decir cada uno de los demás como limitante. Otro asunto es fijar la atención en el propio yo y en el comportamiento. El sujeto al mando de sí mismo (es ese mando que lo convierte en sujeto) puede planificar su vida de acuerdo a su estrategia existencial, a sus factores sentimentales y a sus valores filosóficos. Puede hacer lo que quiera con subida y lo que le apetezca incluido dejar de hacer lo que le conviene. El gran asunto de las superaciones y de conseguir objetivos del tipo que sean: desde llevar una vida sana libre de adicciones  a conseguir objetivos concretos pasa por elaborar planes. Un plan no es nada complicado de concebir, redactar o presentar. Basta saber lo que se quiere hacer y calendarizarlo con una metodología concreta. Entiendo que un plan personal es la suma de criterios, alcances y dedicaciones. Los criterios son la metodología, los alcances son los objetivos que no retos y las dedicaciones es la temporalización. Si quieres hacer algo ponte a hacerlo. Nadie puede quejarse realmente de conseguir sus planteamientos cuando al preguntársele declara que no se ha tomado el menor tiempo para hacerlo. Si yo no sé nada correctamente y apenas si floto a braza es porque nunca me he dedicado debidamente a ello, lo mismo puedo decir con respecto a no hablar  el inglés o el wolof.

Cualquier cosa que se quiera hacer: terminar una carrera universitaria, llevar para adelante un diseño industrial, dejar una adicción nefasta para la salud, cumplir con una lista de creaciones, en fin, lo que sea, pasa, puede pasar por un plan . Todo plan es en su primera versión un plan A, un primer plan que tiene por ventaja la enseñanza de sus errores de concepción al tratar de llevarse a cabo. El problema a menudo es más que por la falta de un plan a ejecutar es por el miedo a ejecutar el que sea. La perspectiva de fracasar inhibe toda inversión de energía y voluntad personales. Al no hacerlo el sujeto sufre algo más que haciéndolo fracasara. Siempre tocará medir exactamente cual es el asunto y cuales son los riesgos. Hay planes que no se pueden intentar si no es sobre seguro ya que solo admiten una sola tentativa pero otros, la mayoría, admiten tantas tentativas como capacidad de ave fénix tenga el que lo intenta. El problema de no intentar construir soluciones o desanimarse a la primera tentativa por encontrar tropiezos es que se puede malgastar toda una vida por lo que hace a divertirse con recursos que no explora por miedo a no saberlos dominar. La inhibición es un gran problema ya que reduce la actividad de sujeto. A fuerza de ir sobre seguro va a muy pocas partes.

Para cualquier proyecto u objetivo el plan A tal vez solo sea el primero de una larga enumeración de fracasos hasta llegar a ese plan X, el definitivo que consolide una realización y asegure, lo que desde la observación del  etiquetador, llamará un existo. Vivir todo el proceso, en mi opinión, ya ha formado parte del éxito personal, por cuantiosos que hayan sido los errores e impasses, ya que han llenado al tentador de experiencia y saber, lo han convertido en un sujeto experimental y por tanto en el dueño de sus actos.

 

 

Colisiones personales y disintonía.

 

Las colisiones no tienen porque manifestarse en toda su exhuberancia o con todo su arsenal de fuegos artificiales. A veces basta una sola frase o incluso menos, una sola palabra o una sola sílaba, para que queden constatadas. Son los detalles que ocultan conflictos de estructura muy posicionados entre bastidores. Enytendiendo por conflictos de estructura aquellos que vienen determinados por conceptos contrarios de entender la vida y la organización personal de ella.

 Las colisiones interpersonales obedecen a disintonias establecidas y éstas a vivencias de no-onda, no vibracion unísona de las fibras de los sujetos en relación. La disintonía aparece y desaparece intermitentemente en situaciones cotidianas de convivencia o en relaciones afectivas. Su brote en forma de crisis es su versión episódica. Lo habitual es sobrellevarla con una cordialidad y aplomo suficientemente restauradores. Cada  figura en juego en una relación personal ubica a las demás en los roles que representan. Una vez conocidos se pueden recorrer millas juntos. Lo grave es la espera de que el otro haga lo que nunca está dispuesto a hacer o para lo que no desea hacer méritos o dedicar facultades.   La disintonía es un estado de colisión  o refracción permanentizado sin que se exprese de una manera antagonista o hiriente. Las escenas disintónicas -con o sin producción de altisonancias- pueden terminar por ser habituales e integrarlas como algo a relativizar. Externamente se interpretarán como algo normal. Todas las parejas viven en un estado de disintonías parciales relativas por tener cada miembro ritmos, velocidades y capacidades distintas. En definitiva la individuación lleva a chocar con el otro cercano por múltiples diferencias sutiles en la aplicación de las ideas, deseos y programa común. La solución doméstica que cabe es el respeto con las velocidades mutuas de existencia y en particular con las diferencias. Si ese doble criterio resulta funcional la relación convivencial se prolonga ya que esta prevención facilita el respeto a los espacios personales de cada cual.

La saturación del discurso

La saturación del discurso[1] 

Aunque el elogio de la palabra ha tenido, tiene y tendrá defensores enérgicos, por constituir una de las causas más nobles a favor de la comprensión humana; cualquiera que practique el lenguaje hablado más allá de las formas instrumentales para denominar objetos, paisajes o funciones  se ha encontrado en los límites inherentes a las mismas palabras y con el choque intercultural y psicológico entre  personas.

Para hablar bajo el prisma de la comunicabilidad son necesarias las unidades sígnicas con transporte de significado en tanto que medio o instrumento, los hablantes con deseo intencional de comprensión y  la expansión suficiente de un tema que dé de sí lo necesario para ser captado en lo esencial. Sin estos tres factores y su complementariedad  el proyecto comunicativo se viene abajo. Si hay lenguaje pero los hablantes están usurpados por fanatismos que no escuchan no hay  resultados en el entendimiento. Si hay intención comunicativa concurriendo con suficiencia la premisa subjetiva pero no hay coincidencia lingüística o se dan valores distintos a las voces sonoras o gráficas; el resultado comunicante será un galimatías. Si no hay obstáculo en ninguno de esos dos campos pero el lugar de exploración del discurso va más allá de las posibilidades intelectivas y del propio conocimiento científico puede  pasarse a un magma de letras donde cada interlocutor cree estar entendiendo lo que el otro dice sin estar seguro de lo que él mismo aporta.

Junto a todo esto no se puede olvidar que las sociedades modernas son responsables de un nuevo tipo de síntoma en sus residentes: el de la saturación. La gente está saturada ante objetos de todo tipo, ofertorios, ideas, propuestas, programas televisivos y una cascada de pretendidas innovaciones de las que está excesivamente cargada. La saturación es tanta que en los casos extremos hay personas que ya no quieren saber nada más de nada. Llegar a estar conclusión es terrible pero las personalidades resentidas se defienden adoptándola  como criterio de supervivencia. Se ha dado un significativo salto cualitativo de aquella antigua advertencia del “no quiero saber ya nada más de ti” cuando una persona acaba harta de otra, al “no quiero saber nada más de tal o cual asunto, de tal o cual programa, grupo, gente, empresa o historia”. La cosa no ha hecho más que empezar. La vieja imagen del eremita aislado como sinónimo de felicidad completa volverá a tener su apogeo. Las maneras de desconexión de lo que nos llega del otro son múltiples. También en situaciones particulares cuando este otro es el partner o algún conviviente.  El “sí-cariño” como automatismo verbal  de los maridos mas bien silenciosos frente a sus esposas verborrágicas es algo más que una simple  cordialidad estática,  pone una nota de humor al fracaso de la comunicabilidad. De alguna manera nos hemos de defender los unos de los otros y todos de todos en todas aquellas cosas que no nos interesan en lo más mínimo sin por eso perder la oportunidad de la relación y la potencialidad de sus cosas buenas.  No nos interesa recibir cualquier clase de textos en nuestro correo electrónico ni participar en cualquier clase de conversaciones en la cafetería o en las reuniones de sobremesa. Tampoco nos interesa todo lo que pueda decirnos nuestro cónyuge o nuestro amigo. Esa selección de la palabra nos lleva a pulir un complejo mecanismo de filtraje de las entradas verbales. El síndrome de saturación del discurso tiene una larga trayectoria de previas. Cambiar de canal en los minutos publicitarios, o de las noticias que dan sobre fútbol, o de la música que está sonando o del imbécil que está hablando haciéndonos perder un precioso tiempo eran ya indicadores de discriminación cualitativa y de saturación, por consiguiente, de aquello que no gustaba. He comprobado que se puede vivir inmerso en un mundo telemático durante docenas de años y no saber absolutamente nada de nada de algunos campos de información en los que no se quiere entrar. Soy un absoluto ignorante sobre football y tauromaquia y prefiero seguir en mi condición de no saber nada. Un dispositivo mental hace que no escuche según que cosas y no me quede ni siquiera con los datos más destacados como nombres de jugadores o ligas. La cosa no acaba ahí. He comprobado que se puede vivir en el mundo de espaldas a todo lo que no interesa de él. La realidad no es más que una espiral de círculos de realidades. Estar en unos no obliga estar en todos.

Ya las pautas de la naturaleza de cada uno marcan una dinámica de opuestos entre los momentos de estar con los demás y en los que se quiere estar solo. Prematuramente todos afirmamos la necesidad de no ser molestados en los actos más básicos de las funciones corporales entre las fases de reposo (y por lo tanto autoasilamiento) y las de actividad (y por lo tanto interacción y juego social). Begoña Huertas que debutó  en la novelística con Déjenme dormir en paz puede inducir a una parodia aún más extrema de la vida moderna bajo el síndrome de saturación. Su título sería más o menos así: déjenme vivir sin la presencia de vds.

Si contáramos el tiempo gastado en atender cosas que no nos interesan seguramente nos alarmaría, matemáticamente, saber que podríamos llenar la vida de contenidos mucho mejores. Basta con vaciarla de contenidos nefastos para tender a llenarla con contenidos interesantes. Todos los tiempos sumados a auditar shows televisivos para majaderos, noticias que nos mienten, conversaciones deplorables con colegas profesionales que no arrojan ningún balance de positivos, discusiones reiterativas, lecturas repetidas y atenciones al teléfono de agentes comerciales que nos proponen tal o cual maravilla doméstica; nos proporcionarían una cifra alarmante. Para quienes solo buscan entretenimiento ya les vale, para quienes buscan vivir la vida les toca hacer una criba pronto. Cuando ésta al final se establece con un conjunto de criterios: no leer propaganda comercial superflua, no contestar automáticamente al teléfono  o a la puerta cuando sus respectivos timbres suenan, no enchufar la radio o la tele por sistema, no admitir que el primer vampiro con el que coincidamos nos explique sus desgracias para que le ayudemos a remontar su interés por la vida, no leer cualquier cosa que nos dan, no escuchar cualquier conferencia a la que vayamos, no aceptar a ningún comecocos que el infortunio ponga en nuestro camino etc etc; puede suceder que nos extralimitemos con criterios de filtro tan estrictos que nos impidan la recepción de entradas influyenbtes tna interesantes como deseables.

El gran riesgo de la selección elitista, pues de esto se trata, es que puede privar a la persona de todos sus sensores racionales de independencia privada. Es entonces cuando el síndrome de saturaicón está tan intalado que es dañino puesto que el sujeto para acabar con la rabia mata al perro, o con la procesionaria quema el pino en lugar de tratarlo como fenomenos separados. Ha incorporado en su vidau n cortafuegos tan estricto que no solo impide la llegada de todos los virus de internet sino tambien el acceso a cualquiera de sus páginas para no correr ninunga clase de riesgo.

La saturación del discurso tiene una parte lógica y concordante con el proceso de invasión del mercado de los consumos con un montón de insultos a la inteligencia y a la sensibilidad; pero tiene otra parte autolesiva cuando por no caer en la trampa del engaño no se está por conceder la hipótesis de que siguen produciéndose cosas bonitas y dignas de contacto. Sería como si la cinematografía de ahora en la que ya no predomina, en la inmensa mayoría de productos, ninguna intencionalidad creativa -bastando para la producción de ella una ensalada de violencia, desnudos y sexo sin ton ni son ni el menor interés de un argumento coherente- nos llevara a impugnar todo el cine que ha existido y el que está por existir. Juan Cueto sostiene que la cinematografía ha pasado de la ciencia-ficción a la cursi-ficción y es el género más tontamente anticientífico. Cada espectador que se precie de tal debe sacar sus lecciones y no acudir a los espectáculos de los que se va a arrepentir a los pocos minutos de entrar. Lo mismo se puede decir de todo lo demás. Posiblemente el espectador con estilo está condenado a estar más tiempo en casa que en las salas de espectáculos o a dedicarse a actividades lúdicas más propias de la época pre-moderna, tales como pasear, hacer tertulias, cantar en grupo, hacer el amor o simplemente congratularse con el espectáculo magistral de la naturaleza.



Selección de textos originales

Selectividad y admisibilidad de textos originales[1].

 

La necesidad subjetiva de un discurso conceptual no evita el trato de mimo con la forma de hacerlo para que llegue adecuadamente a  un receptor objetivo. La necesidad de una orgía cromática plasmada en el lienzo puede obedecer a la abocación y chocar contra la falta de contacto en su visitante visual. Los mensajes de contenido de una representación teatral  no impiden objetar  carencias serias de vitalidad representativa de los actores. La valoración de la poesía por su carga de transparencia y sinceridad sentimental no quita su objeción crítica por la falta de calidad y bloqueo expresivo.

Estos dos registros de experiencia con un objeto de contacto sea el que sea: una información, una obra de arte, una cosa comprada en algún comercio, un vídeo o un poema inciden en todos los planos de la vida comunicativa y sensorial. A las cosas de los demás y a los demás en sí mismos se les tiene en cuenta o se les observa desde estos dos planos. La cultura es rematadamente binaria. O al menos, en la nuestra, somos las víctimas propiciatorias de su binariedad.  Antes de seleccionar o rechazar una cosa en concreto  el psiquismo ya ha tomado partido. Antes de que el consciente conciencie su deseo el inconsciente ya lo sabe. Es por eso que hay propuestas que tienen el no antes de ser escuchadas o leídas por su condición de procedencia y hay textos que son admitidos o no al trámite de una intelectualidad según el nombre de quien los firma.

Ninguna persona que desee sobrevivir puede vivir sin criterios de selección. Insistimos en  teorías con las que acompañamos la utopía para integrar, para sumar, para componer y para superar límites, restricciones y contradicciones; sin embargo el ejercicio de la realidad nos derrota en este punto al comprobar infinidad de veces que no todo es admisible. No todo es seleccionable como algo comestible, útil o rico. Eso tiene carácter de ley inter-espacial, inter-animal e inter-temporal.

En el campo de la artística en el que cabe todo -o de todo- mucho más, en todo caso, que en el de la intelectualidad; la gente se atreve con sus composiciones escénicas, musicales o literarias sin más filtro  que desbloquear su sinceridad encerrada. El acto artístico no necesita pedir permiso para entrar a escena, o no lo necesita para ser colocado en algún lugar. Lo que pone la escena, en todo caso, es la última palabra del receptor. Una representación teatral deja de serlo si no acude público a  ella y una propuesta musical o cinematográfica puede pasar sin pena ni gloria si no hay una tendencia de consumo de ella que la justifique. El arte de renombre es el popularizado y así como de lo que menos se habla en el vernissage en una galería es de sus cuadros (algo de ellos sí que se comenta, para disimular) y lo que más se valora es el éxito de la  convocatoria también la apreciación de un texto (que no su valor) viene marcada por el impacto que haya podido tener y el índice de su compra. Dejando de lado los avatares comerciales y los impactos públicos de la cosa artistificada es preciso señalar  que  cualquier cosa emitida se inspira en algo y en alguien. Estrictamente basta una sola escucha para crear una escena. Y aún más, basta una construcción sentimental como una elaboración privada para que exista la fuente creativa para dejarlo estampado en un papel. Efectivamente el público, la audiencia, el otro a la espera como un sapo o la admiración hipotética no son más que construcciones sociales de mercado que la última industria se ha encargado de vaciar de contenido. Para que haya arte no es imprescindible el feedback. Una mirada que ni siquiera tiene el crédito de que me mire puede ser la excusa para crearlo porque antes de ella el que crea ha necesitado mirarse a si mismo a través de su obra.  Ni siquiera otro receptor es indispensable para que se dé este hecho. El pintor fóbico del sistema o del entorno  que se encierra en su buhardilla para llenar una superficie blanca de colores incomprensibles o el  hombre solitario que habla de su soledad y pone en versos su vacío constituyen en sí mismos escenas de alto voltaje interpretacional. No hace falta que haya una mirada presencial ahí para recrearnos en sus imágenes. La escena existe indistintamente de la platea. La creación literaria no deja de serlo por desconectada que pueda quedar de su lectura posterior.  El fenómeno del impacto y la mercantilización artística es algo que no tiene nada que ver con el arte en sí mismo. ¿Keith Haring imaginaba triunfar cuando vivía marginalmente, entendiendo por triunfo ver su obra plástica conocida y  reunida  en galerías para ser visitada? ¿Los espectadores atentos que valoran su obra  con trazos esquematizantes de figuras humanas y de perros  también lo hacía cuando no estaba colgada y se la encontraba en la calle? ¿El arte es más arte desde el momento que salta de la calle -en la que vive por el azar de las monedas que recibe- a las paredes preparadas de una sala de exposiciones?

Reclamo el derecho al arte a cualquiera que lo necesite para expresar a través de él lo que no le es permitido hacerlo de otros modos. Eso da un listón de tolerancia altísimo y provoca una  pérdida, tal vez, de criterio selectivo. ¿Qué es y qué no es arte? ¿Cuál es la frontera entre su campo de pertenencia y todo que está fuera del mismo? ¿Qué es y que no es un poema? ¿Qué tiene y qué no tiene derecho a ser divulgado? El principio de admisibilidad de todo se encuentra confrontado al hecho empírico de producciones rematadamente insoportables. No todas las propuestas son aceptables, no todos los libros son legibles, no todos los espectáculos son visionables, no todos los poemas son literariamente admisibles. La interacción con cada no de los registros va dando pautas de lo qué es seleccionable de aquello otro que decididamente no lo es. Esa interacción nos devuelve a la opcionalidad: esto sí-aquello no.

El arte no está exento de la cultura que le influye a pesar de que reaccione levantiscamente en contra de ella. Aún más el arte es uno de los grandes consolidadores de cada cultura y para los manuales de indagaciones culturales, el catálogo de artes va de la mano de las tradiciones y pasa por ser prácticamente lo más distintivo de una cultura. ¿Significa eso que todo lo que pretende captar una atención sin ser una producción matérica de utilidad puede ser calificado de arte? La discusión está servida para leguleyos. Lo que es y no es arte atrapa la inocencia del incauto dispuesto  a entelarañarse en una lista de preferencias apoyadas en creencias. Estos actos de fe abundan en alguna clase de tertulias o foros. Un poco más allá de lo que gusta y no gusta o de lo que se cree y se deja de creer cabe apelar a alguna clase de parámetros objetivos. Para un tipo de escuelas pictóricas el arte plástico pasaba al lienzo las figuras de la realidad. Cualquier forma indistinguible no podía ser tomado por tal. Lo mismo ha pasado con la poesía. No todo texto en formato poético es un poema. Hay demasiadas prosas expresadas en vertical que pretenden la categoría de serlo y mueren en el intento. Una amplia laxitud por parte de quien las acepta le lleva a bajar la calidad en su propia autoestima como lector. No es extraño que las revistas o los soportes de divulgación de textos deban hacer una mínima selección de lo que plataforman para mantener unos mínimos de dignidad creativa. Aunque por otra parte el hecho de pertenecer a la sociedad de la abundancia y a la prodigiosa capacidad tecnológica de la reproductibilidad puede permitir de facto que todo lo que tenga una clave de creatividad pueda tener su lanzadera por deplorable que sea.  Si Bertelsmann preparaba una librería virtual que reuniría 1,5 millones de títulos en castellano[2] ¿porqué no pensar en títulos para todos los gustos? O si Google  pretende otro tanto con cifras desorbitantes de libros ¿por qué no permitir que cada quien pueda ser autor por voluntad y decisión propia? Sabemos que potencialmente a la larga todo el mundo podrá tener su web personal  en la que colgar sus fantasías, sus álbumes de fotos y por supuesto sus producciones artísticas o filo-artísticas. Nadie podrá detentar la instancia de admisibilidad o no de algo. Bastará su condición de originalidad para poder ser atractivo. Mientras tanto no todo cabe en todas partes. Ni nos cabe la tienda de comestibles del barrio en la alacena de casa ni toda la producción literaria en la propia biblioteca. Tampoco caben todas las propuestas de relatos  o diseños o  poemas en un mismo espacio de concurrencia. Inevitablemente aparece tarde o temprano alguien con o sin tijeras que corta la posibilidad de la llegada a un espacio. Y en su acto de aparición hay algo de terminator, de cruel. Todo ejercicio de exclusión ampara un rol de censura. Y el argumento de la cualidad esconde un elitismo de casta. A pesar de todo esto hay proposiciones artísticas que captan y otras que no logran remover ninguna de nuestras fibras. Lo ideal sería, es, poderlo admitir todo y  tener suficiente espacio (tanto en un soporte gráfico como en un almacenaje físico) como para admitir cualquier clase de propuesta con ínfulas artísticas. Hacer como  Abelardo Linares de la editorial y  librería Renacimiento (en Sevilla) que compró en el Bronx un millón de libros en 1995 que los había reunido Eliseo Torres. Se trataba de libros editados en castellano entre 1920 y 1980. Se trataba también  de una iniciativa considerable en una época en que las librerías ya no almacenan, ni siquiera, libros de 10 o 15 años atrás. No todo el mundo puede hacer eso, ni siquiera puede mantener un espacio pagado solo para mantener su biblioteca física con algunos miles o decenas de miles de volúmenes.  Admitirlo todo tiene algo de heroico. Poner a buen recaudo las producciones creativas documentaliza una época a través de sus confidencias personales más inventivas y genuinas.

Por  lo que hace a la literatura poética no es poca la gente que nos acercamos a ella como veta de expresión y cantera de declaraciones íntimas. A menudo la pulsión confidencial socava la forma estilística, el qué puede más que el cómo y así aburrir  o confundir soberanamente a quien lo lee sabiendo que no conecta con lo escrito a pesar de comprenderlo por la vía intelectual. Lo poético es una llamarada directa a los sentidos, un fogonazo que quema. No todos los textos poéticos  atrapan la lectura por no reunir una estructura de creatividad aunque repitan los temas universales que se hayan prodigado hasta la saciedad. Pero lo poético sale adelante a pesar de quien lo hace. Posiblemente el poeta no acaba de ser construido hasta que su poema va más allá de si mismo convirtiéndose en espacio, en aire, en sentimentalidad pública y se  inmiscuye en asuntos personales ajenos porque es tomado como cosa propia. De hecho llegamos a la poesía porque algo de alguien una vez nos atrapó con su verso que decía lo que podrían ser palabras nuestras o expresaba aquello para lo que no tuvimos palabras en ese momento. La poesía y su cuadro tensional o dramático vive el conflicto de decir aquello por lo que se atreve a ser dicha con la forma creativa de decirla. No todo poema en formato  es un poema de verdad, no todo autor de prosas verticales puede ser tratado de poeta pero ¿qué juez crítico puede decidir en este mundo de impostores y performances recargadas quien es quien?

Lo poético es antes que nada una indagación por el laberinto de las formas y contenidos y una apuesta por exorcizar la tragedia con la originalidad expresiva y ensalzar la belleza con su reinvención  fuera de todo modelo. Así como Javier Marías  reivindica la diversión en la literatura  demostrando que la palabra puede ser espectáculo al hacer la primera entrega de una de sus  novelas  en directo ante un público[3],  cabe reivindicar el atractivo poético por el carisma de la confidencialidad personal pero libre de la parálisis estética. En el fondo de cada propuesta artística subyace la dicotomía entre estética y ética, entre espectáculo y rigor de contenido, entre presentación y verdad. Del hilo de todo eso cabe seguir la reflexión.



[2] Primera libreria en Internet.Completaría su fondo en verano 1999.

 

[3] Se trató de tu rostro mañana leida como presentación ante unas 44 personas en el Círculo de Bellas Artes. 

 

Dificultades de la expresión Escrita

Las dificultades de la expresión escrita[1]. 

 

Los 50 mil libros editados anualmente  en  España, un país precisamente que no se distingue por tener una cultura de masas brillante es un dato que llena de alborozo y esperanza. Todo el mundo  termina por escribir su libro. Se diría que hay más escritores que lectores. He conocido gente que se ha puesto a escribir verdaderas obras magnas, o que eso pretendían, con escasas lecturas realizadas en su vida y justificando su quehacer redaccional por ser canales de voces (o de espíritus) inspiradores o por estar convencidos que la historia de la ciencia empezaba con su poder infuso. He conocido gente que ha acumulado inmensos fondos bibiliotecarios sin ser conscientes del valor acumulado de saberes metido en sus volúmenes. He conocido gente que cansada de  acarrear tantos fardos de libros de un punto u otro o simplemente de tenerlos que aguantar forrando sus paredes un buen día han decidido desprenderse de todos dándolos declarando sin rubor que ya no los van a leer. De otro lado  hay gente que escribe con ritmos  continuados y forran superficies con sus textos de páginas de periódicos o revistas repasándolo todo y organizando el mundo con una pasmosa facilidad.  Hay quien escribe por necesidad supervivencial íntima, para hacer prevalecer su yo y quien lo hace para complacer a quienes esperan de sus manos y de su dictum textos tranquilos que no zarandeen demasiado las mentes dormidas. Witold Gombrowicz en su Diario (1953-1969) hace un llamamiento en privado a deshacerse de aquella literatura para la complacencia recíproca de las medallas entre gente que se obsequian mutuamente y que no salen de su círculo estanco. Propone una nueva inspiración y dejarse llevar por todas las sensaciones. Dejarse llevar por todos los ínputs que entran en la caja de resonancia que es el sistema sensorial e interpretacionista de uno es emborronar todas las paredes del mundo con una inmensa prodigalidad de textos. El acto individual creativo es el criterio que va a superar toda clase de dificultades expresivas o limitantes del lenguaje. Entiendo que no hay modalidad artística que pueda decir tanto como la literatura ni siquiera la música pero varias de ellas: el cine, el teatro, la ópera, la canción se valen del lenguaje para expresar toda su potencia.  La contraposición de los otros lenguajes artísticos plástico: pintura o fotografía puede ser empujada también por dificultades personales de los propios artistas con el lenguaje o con sus herramientas para usarlo. Concedamos que lo que se expresa de una manera no quita hacerlo de otra y que las sensaciones generadas por un texto escénico son muy distantes de las producidas por este mismo texto leído. Así mismo es muy diferente un tema expresado por medio de la verbalidad oral y directa a hacerlo desde el reposo del escritorio por escrito e indirectamente. Si se acude al texto escrito por dificultades comunicacionales en el tú a tú verbal y eso no produce ninguna alarma en particular también podremos convenir que se acude, quien acude, al lenguaje escénico por manejar alguna clase de dificultad con el texto escrito. Dificultad que se da en dos sentidos: desde el lado del público constituido en expectador que opta por nutrirse fundamentalmente de la cultura visual y videográfica y desde el lado del creador que, sabiendo lo anterior, prefiere proponer obras de masas o de mayorías o lo más atractivas posibles que textos escritos que llegan a minorías y que, por añadidura, no siempre consiguen hacer impacto con sus mensajes.  Crear, en cualquiera de sus géneros, maneras y versiones es hacer una actividad que no crear no permite hacer. La creación es una forma de libertad. El arte, es el resultado de una ecuación simple que incluye negadores.existe arte porque no existe la comunicación integral en los campos ordinarios de la vida relacional. Existe arte porque es necesario el contrapunto que rompa la monotonía de la vulgaridad. En cuanto al arte escrito existe prosa imaginaria porque la realidad  resulta agotadora con el peso de sus prohibiciones. Existe poesía porque la prosa narrativa no puede decirlo todo y finalmente existe el texto intimista porque el sujeto oprimido necesita destilar sus verdades como sea y ante quien sea aunque pertenezca a otra época y otro registro. Hay algo que el poeta no logra  explicar nunca del todo: el porque/para qué de dejar sus textos acabados y entregados. Tras vecer todas sus dificultades, especialmente las inhibitorias, para hacerlos; se encuentra con un cierto volúmen de materiales que puede dar lugar a uno o más libros y que tal vez lleguen a una o más personas. ¿Para qué implicar toda una vida de letras o una etapa biográfica considerable de la vida para hacerlas? ¿Dónde estará la compensación cuando ni siquiera se cuenta con la nota evaluadora  de prensa, el homenaje, la antología o el panegírico postmortem? No hay respuesta a esto salvo por el hecho de que el poema, o el texto de factura personal es producido como un grito de libertad por callado que sea. Escribir es una manera de ganar la libertad sobre uno mismo, contra la estandarización a la que la herencia y la sociedad le ha asignado, contra la inercia pasmosa de la generación en la que estámetido por edad, contra la cultura de un país anodina en la que se está ubicado.  La libertad personal no puede ser regalada. Se ocnsigue ocn una lucha cuerpo a cuerpo de uno consigo mismo, del sujeto que compone y su guión de yo predeterminado que le niega ser en su plenitud. Es algo comparable al tipo de libertad a escala social. Aquellos marcos de libertad entregados por los intereses históricos del poder siempre quedan faltos de un grado máximno de libertad.

Imre Kerstész, nobel de literatura  húngaro del 2002  un superviviente que evitó la camara de gas por judio en Auschwitz, sostiene que la libertad se ha vivido  en  los paises del  Este de un modo traumático. No fue conquistada por el pueblo sino regalada por la historia[2].  La libertad personal no puede ser comprada ni decretada. No hay mayor esclavo que quien no quiere ser libre por mucho que las libertades civiles estén promulgadas y su condición de elector cíclico esté prevista. También, creativamente en el campo de las letras, no basta con escribir mecánicamente o con poderlo hacerlo porque el mercado gráfico está ya esperando un rpoducto, para experimentar el goce de la libertad en toda su extensión.  Hay nombres de autor que funcionan, desde el punto de vista de la especulación de los mercados, como marcas industriales. Tom Wolfe (67 a  en 1998) levantaba expectativas con el lanzamiento de su novela,  A man in full  aunque todavía no estaba terminada del todo. El primer libro de autor desde La hoguera de las vanidades (1987)[3] que tuvo previsto gastarse medio millón de dólares en su promoción[4]. Indistintamente del valor literario de un texto y del currículum de un nombre de autor obviamente nadie quedaria en el anonimato tras una inversión de esta categoría. Pero ella en términos de libertad creativa del autor podría ser discutible. Posiblemente el autor de renombre tiene que hacer concesiones al mercado que le marca las pautas de lo que debe decir y cómo debe hacerlo. ¿Dónde queda su libertad personal y su libertad creativa cuando la sociedad de consumo lo aguarda como si de una marca industrial se tratara? La historia de la literatura es una historia de tentativas de las que una visión sesgada toma por resultados acabados. Tras cada título y cada nombre de autor hay biografías contritas repletas de complejidades y frustraciones. No es suficiente para nadie con tener padrinazgos y linajes de apoyo considerables es indispensable el concurso de una motivación personal, única y no inoculable. Quizás es lo que se llamaba talento u otro punto de vista tratará de voluntad férrea. Lo que parece insalvable es tratar de hacer creaciones del tipo que sean sin tener un verdadero sentimiento para hacerlas. No se puede ser escritor si no se siente. Escribir es llenar páginas con dos cosas: grafías y sentido añadido con sus signos. Hay mucho que decir a través de vericuetos y tentativas que en principio no pueden o no saben abordar todo lo que insinúan o desean. La literatura es una invitación al laberinto de callejones que terminan en paredes rotundas y es al mismo tiempo un proceso abierto que no permite el retorno atrás. La literatura pregunta preguntas que acompañan a quien las hace y se las ha hecho mientras vives. Quien escribe y se dedica a eso con una cierta sistemática revive lo que ya Stendhal[5], en su alma insatisfecha, había experimentado. Stendhal  que fue  poco apreciado durante su vida, consciente de escribir solo para unas minorías només sometió su itinerario a su eterna pregunta de cómo ser héroe, santo, excepcional, genio y al mismo tiempo feliz. Autor de obras maestras El rojo y el negro (1831) y La cartuja de Palma (1939) Records d´egotisme se sintió predispuesto a la fractura con su mundo. Marcado por la influencia de su padre, devoto y monárquico, y  de su madre, liberal y volteriana, muerta prematuramente, y otros,  que le predispusieron contra los jesuitas y a favor de la revolución quedó un tanto excluído de los representantes del siglo XIX literario francés como Balzac i Flaubert.

La literatura no es el camino más práctico para el lucimiento de las dotes creativas. Es un camino híbrido entre lo personal y lo extrovertido, la intimidad y el espectáculo. Escribir para el triunfo de un estilo o de una manera parece antitético con la esencia creativa del escribir. Por otro lado escribir no implica siempre elaborar y encadenar palabras de texto no es igual a coherentizar ideas o situaciones.

En ese proceso de no vuelta atrás la escritura proporciona una dimensión de libertad no sospechada que la realidad cotidiana de los hechos no consigue garantizar y, por añadidura, deja un saldo de testimonios o de verdades, una constatación de lo vivido, un testamento de los hechos personales o de las indagaciones personales de los otros hechos en los que se ha participado, que para el caso es lo mismo.

 

 



[2] No se declara abirtrariamente contrario a la politica israeli y cree qu las criticas q recibe oculta un nuevo antisemitismo.  autor de sin destino, tardó 10 años en escribirla, paso desapercibida hasta su traduccion al alemana en 1997.

[3]  Que tendría una espectacular tirada de 1,2 millones de ejemplares en los USA por  su casa editorial  Farrar Strauss&Giroux

[4]. En España será publicada por ediciones B que  pagaría 75 millones de ptas por los derechos.

 

[5] nombre popularizado de Henry Beyle tomado de una pequeña ciudad italiana. Hijo de Grenoble.

El Coleccionista de Palabras

El Coleccionista de Palabras[1].

La creación literaria pasa por tres grandes clases de colecciones: la de los libros ajenos, la de los títulos de los libros propios y la de las palabras. Un escritor es un coleccionista de palabras. A veces las adquiere de golpe maestramente ordenadas dentro de un formato de texto o de  enciclopedia, otras las va tomando una a una de las sonoridades con las que se encuentra en sus viajes por el mundo de las páginas con las que goza su sensibilidad.  Tengo la costumbre de subrayar los libros que leo desde el principio de estrenarme como lector. Y las palabras que no conozco o que me gustan las apunto en una lista a parte (a veces en el mismo libro en la última hoja)  o a falta de esto las marco con un pequeño círculo en medio de ellas. La intención para todos es retomarlas, buscarles el significado, aprehenderlas, hacerlas mías usándolas. La acumulación de todo ello: libros ajenos y libros propios, conocimientos y más conocimientos, los de sensibilidades de otras causas y cruzadas y mi propia autoexploración metido en cientos o miles de páginas seguramente no conduce a ninguna parte salvo al gigantismo gráfico. Es una metáfora simbólica. Lo  esencial que contiene una biblioteca bien lo puede contener un solo libro y lo que tiene este puede quedar instantánemente valorado por una idea expresada en pocas frases. A pesar de todo es difícil vivir toda una vida con una docena de frases y tendemos a crearlas y re-crearlas hasta la saciedad, pensando así tal vez, que recreamos el espacio habitado y nos recrecemos en el papel que ocupamos en él. El deseo de la palabra-relato y escrita no es un deseo universal aunque la pulsión comunicativa sí lo sea. Mucha gente se retira de un libro al primer párrafo denso con el que tropieza. , me he encontrado con muchas personas que ocupan asientos de profesores y que tienen titulaciones universitarias y un supuesto nivel cultural que se cansan al primer minuto de lectura.  Hay un tipo de intelectualidad al servicio de la escalada social no de la comprensión psicosociológica de la cultura o de la historia. En el fondo de quien no admite la lectura y no acepta entrar en la retórica del discurso escrito está consagrando su energía a una manera particular de rentabilizar el esfuerzo intelectual. Hay mucha mas gente de la que se reconoce como trepadora de la pirámide socia y que toman las relaciones con los demás en función de su perspectiva potencial de beneficio o negocio.  John D. Rockefeller representante del darwinismo social hablaba  del crecimiento de un negocio no como una tendencia perversa de la economía sino como un desarrollo de la ley de la naturaleza en la supervivencia del mas apto. Para el teórico de las letras el más apto no es el que consigue más poder  físico o económico para dominar las circunstancias o su entorno sino el que emplea su poder personal para no ser dominado por los poderes ajenos. Para eso su mejor aliado es la filosofía práctica de vida y la mejor casuística es la que pasa por la literatura. No hay personalidades ni figuras por conocer que no hayan pasado antes como estereotipos y arquetipos por las páginas de la literatura universal. Una de las cosas que por siglos han dicho mucho de las personas es si tenían  o no biblioteca en su casa y la cantidad de libros que figuraban en ella, también el tipo de orden y si presentaba  una cierta actividad de uso. Experimento un fluído de simpatía inmediatamente cuando visito a alguien y nada en literaturas, tiene la costumbre de adquirir y tratar con textos y tiene libros por todas partes. La magia de esa imagen todavía me cautiva. Cuando tengo noticia de la cantidad de libros que ha reunido una persona[2] es como si se me proporcionara un detalle personal de ella con más información que otros elementos de curriculum vitae, como títulos y diplomas. De paso comentaré que las formas, ya clásicas y obsoletas, de los presentantes de programas de televisión o de conferencias en hacer la sinopsis de los entrevistados o conferenciantes me resulta agotadora por no decir agraviante e inútil. Tener doctorados o títulos universitarios ya no dice nada de la capacidad teórica de los doctores o licenciados sino solo su capacidad de permanencia y de insistencia tras unos documentos acreditativos de subordinación, obediencia, persistencia y rutina. Son más indicativas otras informaciones como viajes, lecturas, aportaciones escritas o investigaciones realizadas. El teórico es tanto más práctico cuantas más palabras haya coleccionado adaptables para resolver situaciones concretas y el curriculario no tiene mayor imagen que la de demostrar de lo que puede llegar a ser capaz una persona de hacer a lo largo de su vida para llenarse de demostraciones de lo que ha hecho para sentirse más seguro con su propia capacidad. Claro que en el fondo los hablantes coleccionamos palabras con la vana pretensión de entendernos todos con todos y de organizar los desperfectos del mundo a la vez que vamos respondiendo a sus incógnitas. Lo que sucede es que unas palabras llevan a otras y cuantas mas tenemos más necesidades experimentamos de precisarlas y usarlas además de inventar otras nuevas.

 



[2] Jesús Pardo ( Santander 1927-) Autorretratos sin retoques, Zapatos para el pie izquierdo. Reunión de los inventos que más han dado que hablar.Su biblioteca contiene 15 mi títulos.

 

La Novela o la Vida.

La Novela o la Vida[1]. 

Cuando se habla de novelas se piensa en estilos faustos o extraordinarios que, en el espacio de una conversación sosegada, puede llevar a comparar estilos y autores y a hacer escarceos por la historia de la literatura. Pero sin ir tan lejos una novela empieza por un relato con ganas de contar una historia compleja y con suficiente capacidad expresiva como para hacerla entender. Una novela es una historia descriptiva que cuenta una vida o mejor dicho que cuenta la vida con un protagonista al menos y la oportunidad de que concurran otros relacionados. Puede estar basada en hechos de la realidad o ésta ha proporcionado pretextos para construirla. Tanto si traslada sagas que hayan existido o situaciones actuales o remotas de lo sucedido como si acude al fondo imaginario en tanto que proveduría de una trama, la novela  tiende a retratar la vida. También lo podemos decir al revés: la vida es una novela en tanto se iguala a la idea de teatro al reconocerse a sí misma como una representación o una puesta en escena de unos guiones dados. Afirmamos que vivimos vidas como novelas en un doble sentido: cuando son extraordinarias por el lado de las experiencias y goces y cuando son excepcionales por el lado de las complicaciones o la tragedia. Ante la explicación de anécdotas originales o aventuras inusuales oímos decir. De todo esto podrías hacer una novela. De hecho vivir es ya novelar sin letras. La literatura está en la vida porque la vida es arte y mucho antes de que los lenguajes artísticos se fueran dando cuenta de ello ya había gente que vivía la elegancia del arte sin hacer ostentación de ello. En un debate extremo llegaría a afirmar que caminar, mirar, guisar  o hablar son maneras artísticas del hacer y del vivir sin ninguna intención museística o proyectiva y que forman parte de la cotidianeidad más ordinaria. La novela está pues inscrita, tan solo falta tomarse un momento, o permitírselo a alguien, para que la escriba.

Pero no todas las novelas son aceptables de contenido como tampoco lo son en la condición de publicables. Se exponen a distintos registros de revisión y a un gradiente de admisibilidad/rechazabilidad. El más severo es el de propio creador que no queda satisfecho con su obra y deshace y rehace su trabajo tantas veces como cree precisarlo hasta darlo por terminado. Otro es el de los expertos en el negocio, los que conocen su dinámica y saben como va la relación entre oferta de un producto y consumo del mercado, dialéctica ésta con la que marginan a un segundo plano la sensibilidad, los valores, la innovación y otros factores de sujeto. En tercer lugar están las personas relacionadas, comentada, expuestas, reveladas o denunciadas en el texto con las que no se puede contar una incondicionalidad sobre lo que se dice de ellas. El creador de textos entra, o puede entrar, en colisión con sus referidos, mencionados o analizados en sus páginas si lo comentado de ellos no complace a éstos. Entonces puede darse una rivalidad fiera en las páginas y hay autores que antes de publicar sus trabajos deben consultar gabinetes de abogados para comprobar si han incurrido en ilegalidades o en declaraciones que puedan ser calificables de perjurio o difamación. Una novela tiene la ventaja de que puede engrandecer o minimizar aspectos verdaderos de la realidad y la evolución de sus personajes tomados de perfiles existentes en la realidad. Puede cambiar los nombres, desdibujar las fisonomías, alterar las ubicaciones que son mencionadas pero a pesar de todo esto un personaje real de la vida real puede identificarse con un personaje retratada en una trama novelesca por mucho que se le haya disfrazado. La consabida advertencia clásica de que todo el texto expuesto es ficción y no es tomado de la realidad no es más que un artilugio para reducir conflictos con los demás. La imaginación es una fuente de creatividad interesante pero para nada está reñida con la toma de referencias anecdóticas de la realidad conocida, eso sí con la suficiente habilidad para que los lectores piensen siempre que son otros anónimos los que están retratados en las páginas que leen. ¡Cuántas veces los personajes que encontramos en los relatos forman parte de nuestra realidad cotidiana! ¡Cuántas veces los gestos ironizados pueden ser nuestros propios gestos y nos reímos con ganas! La verdad no es un problema para nadie cuando es establecida en sus parámetros generales que no involucran directamente la intimidad particular pero se convierte en una amenaza cuando las certezas personales que quieren ser mantenidas en secreto son exhibidas públicamente. Hay una tradición mercantilística del escándalo que han hecho subir ventas de títulos por este motivo indistintamente de la calidad redaccional o a pesar de tratarse de atentados literarios.

De los tres censores de una novela propuesta: la de autor como creador, la del editor como intérprete de mercado, la de los personajes vivos o herederos tomados de la realidad, es este último grupo el más complicado de tratar. En el fondo la demanda de un personaje si pudiera reivindicar sus derechos de imagen y tratamiento a su autor podría estar contaminada por el deseo del engaño. Si ese personaje es alguien tomado de la realidad, aunque sea con el oportuno disfraz de cambio de nombre, podrá ser discutido por la persona real que ha hecho de cantera de aquél. Eso puede mover a enfrentamientos intensos entre personas retratadas y autor que las retrata si los retratos no son al gusto de aquellas. Creo que pasa con cualquier clase de retrato, plástico o gráfico, conceptual o estilístico, informativo o imaginario. Pero en cualquier elección artística, el producto final no es la realidad de la que parte. Ni una pintura, ni una foto, ni un gag escénico, ni un poema ni un relato escrito son lo mismo que aquello de lo que hablan. Para obtener la identidad hay que acudir a la copia genética de lo que se está tratando. El traslado de los objetos de la realidad al soporte de un lienzo o de un papel, a manera de figuras o de descripciones, pierde –en ese traslado- elementos de la verosimilitud inicial y le añade otros que no se advierten en los contactos reales, apresurados o superficiales. Una novela es a su manera una reflexión que explica o quiere explicar una trama entera. A diferencia de lo que se sabe de la realidad que se conoce a fragmentos y episódicamente la novela hace la entrega de un todo de una sola vez. Esta además tiene un valor añadido a la realidad de la que refiere y es que puede introducir personajes extra o inexistentes a modo de niveles de discurso de los que ha sido amputada la realidad a la que traslada.  Evelyn Waugh [2] en su prefacio a su Elena habla del ardid que utiliza al emplear unos cuantos personajes ficticios para poder explicar las supuestas tramas de la realidad histórica de su personaje central en un género como es la novela histórica. El autor/a dispone de muchos recursos para poder interpretar la existencia y conducta de unos personajes, uno de ellos es el de crear personajes paralelos que cumplen la función de decir lo que nadie dijo en las escenas reales tratadas pero que sí era pensable. El arte en general se abre camino  luchando a brazo partido contra una parte de la sociedad que lo rechaza o le hace mal de ojo o trata de quemarlo o prohibirlo. La literatura, que es de acceso menor, por el esfuerzo de comprensión, tiempo y dedicación que requiere, no deja de ser controvertida cuando se mete en realidades a las que sus residentes habituales prefieren permanecer ocultas. Admitámoslo: hay gente que no quiere tener ningún trasiego con la verdad por mucho que hagan demagogia de ella a escalas generales, en aquellas situaciones y menciones que no les comprometen. Seguramente es un temor absurdo. Las personalidades paranoides tienen miedo incluso de ser descubiertas en elementos que no dijeron en situaciones postmortem o por gentes hipotéticas con las que nunca tratarán o no adivinarán jamás quienes son las que cursan la vida con aquellas.  Todo esto no es suficiente impedimento para continuar escribiendo. Y escribir es escribir  de esto y de aquello, de la realidad estándar y del real particular, de lo analizado o de lo inventado, de los unos y de los otros, de mí y de ti.

 Esa premisa perversamente explotada viene dando lugar a literaturas, si así se pueden llamar, difamadoras y a prosas periodísticas que son la vergüenza del periodismo y el ejercicio de la antiética por sistema. El morbo vende. La gente consume intimidades ajenas más que análisis de tramas psicológicas o transportación de experiencias de las que aprender. El futuro de la literatura depende de la genialidad o no de quienes escribamos obra terminada y del talento y sudor que metamos en ella con un combinado armónico de tenacidad, ética y exploración de lo verdadero. Por su lado el futuro editorialista va a cambiar. En lugar, espero, de hacer tirajes impresionantes y luego presionar al mercado con bombardeos propagandísticos para que los absorba, las ediciones tenderan a ser sobre pedido y  la vía de difusión digital desplazará la necesidad de tanto papel impreso. Jose Antonio Millán. Filólogo y editor electrónico, que Ha dirigido el proyecto del Centro Virtual Cervantes da un modelo comparativo para ir a buscar en las pantallas lo que no será necesario pasarlo siempre por el papel. Esperemos que en el futuro la agresividad de la pantalla digital vaya siendo técnicamente resuelta y que los consejos de repensar antes de imprimir algo la necesidad de hacerlo vayan siendo seguidos.

La novela incorpora elementos vivos, tan vivos que  dan lugar a neologismos y neoconceptos, algunos son de estreno y que no han tenido tiempo de ser recogidos por la RAE. No sé si  Miguel Asín Palacios[3] director de la Real Academia Española puede estar de acuerdo con la siguiente idea, pero opino que los diccionarios llegan tarde a la realidad, son sus apéndices que recogen tarde y a veces  mal el bagaje de palabras circulantes.

Lo interesante de una novela es la frescura por encima de si se ajusta a escuela, estilo, grupo o norma. Alberto Moravia  entre otros en  El conformista (1951) La atención (1965) son una bocanada de luminosidad. Hay cantidad de autores que merecen ser leídos porque tienen el arte de sacarte del cautiverio de una sola realidad.

A la literatura muchos llegamos por la vía autodidacta. Todavía no hay escuelas de arte que enseñen a escribir con un estilo y los talleres de escritura no hacen escuela así como sí las haya para enseñar a bailar o interpretar en escena. Machado de Assís (1839-1908), Hijo de obrero. Autodidacta,  fue un ejemplo como el autor que cree en sí mismo  puede proponerse cualquier empresa si no se niega a ella. A los 17 años de existencia de Brazil como estado independiente.  Ascendió a los más altos cargos del ministerio  de Agricultura. Escribió  El alienista[4]  cuento. Papéis avulsos (1882). De cada otro tenemos algo que aprender y la mayoría de los aprendizajes los recibimos de manera indirecta, distante y no intencionada. Lo que es más muchos de los aprendizajes lo son a pesar de sus maestros o sin que se enteren. En la novelística el deseo de contar historias es un modo de conseguir el placer que la realidad prohibe. En la novela se dice todo aquello que la realidad ha prohibido decir, convirtiéndola de esta manera en uno de los  instrumentos de verdad más excelentes. 

 

 

 

 

 

 

 

Publicar lo íntimo[5],[6]. CdeV 2006 abril 21

El pudor de preservar lo más íntimo de la mirada ajena ha decrecido en su cota de exigencia. La era del hedonismo viene tocando a las puertas privadas desde hace ya no pocas décadas y el exhibicionismo, sutil o descarado, es algo más que una pulsión minoritaria, convenientemente reprimida de acuerdo a los cánones culturales, para ser una tendencia inserta y mayoritaria perfectamente reconocida en multitud de ámbitos sociales. Se ha dado un gran salto desde los gestos epistolarios en los que uno corresponsal le contaba sus pequeños secretos a otro justificada tal comunicación por la distancia que los separaba y el afecto que los unía, a tener canales de video instalados en casa para publicar las imágenes en tiempo real en la red para disposición de cualquier desconocido que quiera verlas.  Los dos extremos de dar la noticia de la privacidad obedecen, sin embargo,  a un proceso continuo. En la confidencialidad de dos también hay una publicación de lo que uno es, siente o hace a otro en particular. En una pantalla la intimidad es contada a un número indeterminado de interesados en saberla. Lo que varía en un caso u otro es el lado de recibo, la cantidad de personas que reciben la noticia. Por lo general la privacía es compartida con una persona o con un máximo de unas pocas a las que se supone la sensibilidad de guardar el secreto, la capacidad de respeto y la  lealtad para ser depositario consecuente de aquello que se confía. Esas variables pierden todo control cuando el campo destinatario es indeterminado. Sin embargo hay otras razones para privatizar la información de lo personal a un poco gente o a una sola persona, la pareja, el amigo, el hermano el correligionario  o el camarada  y es la del presupuesto de la



[2] Evelyn WAUGH  Elena.  Diario El país. Madrid 2005

[3] (1943)

[4] Tusquets.fábula(1997).

[6] http://sussanamaraselva.blogdiario.com/1228177560/

Publicar lo íntimo

Publicar lo íntimo[1].

El pudor de preservar lo más íntimo de la mirada ajena ha decrecido en su cota de exigencia. La era del hedonismo viene tocando a las puertas privadas desde hace ya no pocas décadas y el exhibicionismo, sutil o descarado, es algo más que una pulsión minoritaria, convenientemente reprimida de acuerdo a los cánones culturales, para ser una tendencia inserta y mayoritaria perfectamente reconocida en multitud de ámbitos sociales. Se ha dado un gran salto desde los gestos epistolarios en los que uno corresponsal le contaba sus pequeños secretos a otro justificada tal comunicación por la distancia que los separaba y el afecto que los unía, a tener canales de video instalados en casa para publicar las imágenes en tiempo real en la red para disposición de cualquier desconocido que quiera verlas.  Los dos extremos de dar la noticia de la privacidad obedecen, sin embargo,  a un proceso continuo. En la confidencialidad de dos también hay una publicación de lo que uno es, siente o hace a otro en particular. En una pantalla la intimidad es contada a un número indeterminado de interesados en saberla. Lo que varía en un caso u otro es el lado de recibo, la cantidad de personas que reciben la noticia. Por lo general la privacía es compartida con una persona o con un máximo de unas pocas a las que se supone la sensibilidad de guardar el secreto, la capacidad de respeto y la  lealtad para ser depositario consecuente de aquello que se confía. Esas variables pierden todo control cuando el campo destinatario es indeterminado. Sin embargo hay otras razones para privatizar la información de lo personal a un poco gente o a una sola persona, la pareja, el amigo, el hermano el correligionario  o el camarada  y es la del presupuesto de la correspondencia y sobre todo de la no traición.  Las historias sentimentales y depositarias de información privada demuestran que el otro que recibe entregas confidenciales considerables es quien más armas tiene para destruirte si en un momento dado las relaciones se estropean. Eso hace repensar en que la privacía individuada tampoco es una garantía. Tanto en la publicación de la noticia sentimental en una escala numérica como en otra el que hace de confidente de lo suyo debe saber en todo momento que se arriesga a que el otro le malinterprete o utilice la información recibida en su contra. Sabido esto, cada cual en su justa medida se autoadvierte a lo que se arriesgo. Una vez se de el choque con cada revés, lo va a ser menos si los riesgos han sido asumidos previamente. Es distinto contar las historias privadas en forma   de novela erótica al estilo de la de Almudena Grandes. La cultura y el superyo dominante en los individuos demoran enormemente la higiene mental pendiente que les queda. Es cuestión de tiempo, tenacidad  y cuantiosas inversiones ideológicas  en conciencia para que la gente paulatinamente se vaya despegando de sus miedos y reconociendo sus pulsiones de deseo y sus prácticas privadas sin avergonzarse de ellas. Ya hay héroes y heroínas que cuentan cosas de su vida y exhiben sin vergüenza sus lados oscuros para iluminarlos con orgullo sin temor a ningún índice moralista amenazador ni a ninguna mirada ajena. Si es así no hay ninguna objeción para trasladar temas y confesiones hechas en privado a espacios colectivos o anónimos. Si la poesía que nace en la alcoba o en la privacidad sentimental termina en un libro que compra una mirada anónima y arrebata del silencio de la estanteria de una librería ¿por qué deberían tener un trato más críptico los diarios o las cartas personales?  De hecho no  tienen ese trato diferencial. Cualquiera que tiene o ha ganado, o le han hecho ganar un nombre público y reconocido termina por ser devorado en sus otros textos, tal vez menores, que hacen referencia a su intimidad en forma de cartas o confidencias testamentales.  Parece que la humanidad necesita tomar el biberón de las leches de todas las privacías con las que alimentar su propia imaginación.

Publicar lo íntimo forma parte de la dinámica de publicar. Un texto es un texto. Sabemos o nos hemos hecho la idea de cómo eran personajes históricos gracias a correos que intercambiaron y de otros en los que eran retratados por terceros. Sabemos de la elaboración de conceptos y de textos terminados a partir de su seguimiento en correspondencias particulares sostenidas. La correspondencia con Wilhelm Fliess (1858-1926) de Sigmund Freud (1856-1939) constituyó un verdadero psicoanálisis[2] para éste y arroja mucha información personal y conceptual de su obra. En mi formación  le debo mucho a atreverme a escribir cartas y a cultivar la epistolaria en un tiempo en que ya predominaban las postales, el telegrama o el teléfono. La cuestión no es acerca de la conveniencia de publicar lo íntimo sino quien toma la prerrogativa de hacerlo y de qué manera para que no se sientan dañadas personas implicadas (mencionadas o examinadas) en ella. Todavía es legitimo conceder el derecho a la privacía, es decir al secreto. Pero ese derecho entra en contradicción con el derecho universal al arte, a las formas, al saber, al descubrir y por lo tanto a transgreder, indagar, encontrar enfrentándose a los intereses contrarios que impiden el acercamiento de la luz a la oscuridad, el atrevimiento de levantar las faldas a las escenas y la cesión a las verdades concretas sean las que sean. Privacía restrictiva y cultura extralimitada no se llevan bien. Es la misma clase de conflicto que puede darse en situaciones extremas de hambruna en la que una parte de la población muere de hambre por falta de lo más básico mientras que otra guarda depósitos abastecidos de alimentos que son suyos de propiedad pero cuyo consumo es para un futuro.  El derecho jurídico de esa propiedad queda en suspensión frente a la emergencia de necesidades. Y lo que en otros contextos puede ser una garantía ante la emergencia se convierte en un delito ético y en una complicidad en el desastre de los otros.  Sin duda en el tema del reparto de los materiales para cubrir necesidades básicas resulta más fácil ponerse de acuerdo que en elecciones de tipo artístico y en particular literario. Aquí el material literario pone al descubierto personas o linajes reales. Si la historia de la literatura, lo mismo que la historiografía de los acontecimientos políticos, hubiera tenido que pedir permiso o esperar a que las personas citadas y documentadas estuvieran de acuerdo con lo que se dice de ellas, probablemente nunca habríamos podido gozar las obras maestras de la una y de los análisis clarividentes de la otra. Escribir tiene tanta premura como el comer. Son actos de emergencia que surgen voluptuosamente en contra de quienes no están dispuestos a conceder el dominio de la contención de  sus secretos o de sus porque no están dispuestos a compartir con el mundo lo que tienen o el desvelamiento de lo que hicieron. Todo eso no quita que cada cosa publicada, circulada en que implica nombres de personas vivas, cercanas o no, relacionadas o exrelacionadas, vivas o muertas, se haga con el sumo respeto a su dignidad para el caso de personas dignas y  con la posesión de la verdad libre de especulaciones.



[2] Vicente Palomera, NOTA BIOGRÁFICA de freud para el volumen I de las obras completas en RBA, 2006

La novela interactiva

La elaboración interactiva de la  novela[1].

Seguramente la imagen clásica del novelista o del sujeto literario metido en sus montañas de apuntes a caballo de su imaginario para construir una historia en solitario que tan solo una vez terminada va a dar a leer está desapareciendo. La tecnología moderna  permite dar  al día lo que se lleva escrito en él, dar al momento lo que sale de la cocción mental, y al hacerlo permitir una interacción elaborativa. Las posibilidades mediacionales para esto están dadas solo faltan lectores atentos y en los que se pueda confiar que quieran asumir ese rol.  De haberlos el autor puede tener la primicia de sus impresiones, de sus comentarios reconvirtiéndolos en criterios sugerentes para modificar el curso del texto. Antes el sometimiento a veredicto era con el trabajo terminado. Ahora no falta esperar a eso. Si un libro se escribe para la gente es razonable que la gente se entere de que va el libro en la medida en que se está haciendo. De proceder así el libro en proceso se convierte en un producto interactivo en quien ha tenido la idea inicial y en todas aquellas de otros que las van incorporando aunque sea por la vía de sus manos. El resultado es que el libro final puede tener una vasta coautoría anónima.

Eso ya viene apareciendo y siendo recogido en esas primeras páginas de interminables litas de nombres de agradecimientos que los autores anglosajones o concretamente los norteamericanos tienen la costumbre de hacer.  Al leerlas se diría  que todo el mundo ha estado dispuesto a ayudar, en las lecturas y en  las correcciones antes de pasar a hacer su lanzamiento editorial. Me gustaría pensar que todo autor en bruto por estas latitudes latinas podría contar con un número importante de colegas y amigos que dedicarían parte de su tiempo personal en leer su libraco. Posiblemente el primer encontronazo con la realidad cuando alguien ha escrito un libro original de unos cuentos de páginas es encontrar a alguien de la proximidad que desee leerlo. Se  puede pensar  en amigos y conocidos pero desde luego hay que pensar en gente que tenga una opinión crítica e independiente que no la empañe el vínculo emocional que se pueda tener con ella. No siempre es fácil conseguir a alguien que lea una primicia, mucho menos si se trata de un tema que se le escapa de sus dominios o de sus intereses concretos. Cuando al fin se consigue hay que asegurarse que realmente lo leen. Pronto se ve según si sus comentarios son superficiales o no. recuerdo que en una ocasión pedí a una amistad que se ocupara de la lectura de uno de mis libros y que por su condición profesional mediera su opinión ya que el contenido del que trataba tenia que ver directamente con él. Me dijo que no pretextando algo así como que no tenía tiempo. Me sorprendió especialmente cuando siempre se deshacía en elogios sobre mi capacidad intelectual. En alguna otra ocasión he enviado un original a  otra persona amiga  que me prometió su lectura y sus comentarios y que estaba profesionalmente vinculada con el tema y además citada bibliográficamente en su desarrollo. Nunca me hizo la valoración y supongo que nunca leyó el libro. En realidad estoy hablando del mismo original[2], del que conseguiría otros prólogos de otras tres personas igualmente amigas. No sé como se lo hacen los americanos para conseguir tantos lectores para sus obras inéditas y recoger opiniones con las que corregirlas y hacerlas más presentables.

En la actualidad en que nos hemos liberado del soporte papel como recurso indispensable para el texto escrito las posibilidades técnicas de entregar partes del texto en proceso de elaboración son formidables. Un autor puede, de hecho, escribir a la carta.  Ir haciendo su novela en función del impacto que ocasiona el guión de sus personajes. El mundo editorial en el campo digital va a permitir  esos experimentos coelaborativos entre autores y lectores. Lo que es mas se pueden hacer experimentos realmente novedosos como la construcción de una novela compartida. Me atrevo a sugerirlo o proponerlo formalmente sin demora. ¿Alguien se atreve?  Imaginémonos algunas docenas de personas compartiendo el mismo idioma, en distintos puntos geográficos, con enlaces virtuales entre ellos por correo electrónico y sin ninguna necesidad de una conexión formal que vayan co-elaborando un texto común. La idea no es tan nueva, había organizado algunos talleres de creación en los que uno de los ejercicios proponía un poema compartido. El papel iba pasando de mano en mano y cada cual escribía un verso o una estrofa entera. El resultado no era tan terrible. El caso es que había un resultado, una coherencia. La explicación es que a cada mano se intentaba enlazar la idea propia con las precedentes y al final siempre había alguien que ponía la clave de todo el texto. ¿Se podría hacer con una novela? ¿Porqué no, es cuestión de intentarlo? Si aparecen amantes de letras que quieran probarlo yo haré una propuesta más formal y una lista posible de temas o argumentos. Eso sería una manera de co-elaborar una novela.

Su elaboración interactiva por un autor y sus lectores tiene un cierto parecido. Lo que dicen los autores puede ser incorporado al texto de partida e irse ampliando con sugestiones específicas de estas, no solo por lo que hace a elementos formales y estilísticos sino también en lo que se refiere a la estructura de la elaboración y la invitación de nuevos personajes o creación de nuevas escenas. Por esta vía es posible que la literatura del futuro esté menos ligada al nombre del genio que la haga y más a la genialidad colectiva que estuviera detrás.



[1] prepublicado en http://www.librosenred.com/foro/posting.php  y LetrasyMusas 090

[2] El poder lesivo de la palabra.


 

Las maneras de la prosa escrita

Las maneras de la prosa escrita. ¿Cómo escribir con corrección y estilo?[1]

Escribir es una pasión, un reto del ingenio, una creación que se va haciendo con la cabeza y con las manos. Se unen palabras, se hacen frases, se consiguen párrafos y con unos cuantos signos gráficos  se consigue  hacer un pequeño milagro: el de expresar algo. Milagro tanto más extraordinario cuánto más antojadiza y difícil se hace la comunicación en el tiempo de las superficialidades. Se escribe cuando  se instala un mensaje, cuando se tiene un decir.

Escribir es un arte creativo, quizás una de las actividades artísticas que, según épocas, ha sido de las más reputadas. Todavía ahora el escribir es al intelectual lo que la didáctica es al pedagogo, la escena es al actor, la cumbre es al alpinista o el debate es al político honesto. Escribir tiene aún algo de magia y de incógnita que te lleva de la mirada letra a letra por el campo del saber, por la especulación teórica y por  la investigación de lo que acontece. Lo escrito puede contarte un cuento o sumergirte en la novela más intrincada, puede mover los sentidos o buscar el mismo sentido del ser y de la existencia.

La persona que escribe tiene algo de misterioso; tiene una capacidad, supuesta o demostrada, para meter en una hoja en blanco (ahora diríamos en una pantalla plana de ordenador) una historia, una idea, un decir con la suficiente claridad y habilidad para mantener la atención de otro que, haciéndole de lector, acepte conceder parte de su tiempo personal para leerlo. Como cualquier otro creador aporta algo que antes de hacerlo no estaba en los espacios de difusión o en las dinámicas de los objetos circulantes.  Al ser nuevo invita con sus formas sugerentes a que se le haga caso y  proporciona  una nueva cosa de la que hablar. Con suerte y promoción podrá aparecer en páginas de revistas y periódicos o en forma de libros anunciados tras los escaparates. Con suerte comunicará hechos y brindará emociones antes no descubiertas en otras partes. A lo mucho despejará dudas, proporcionará informaciones y estimulará nuevas ideas y a lo poco seguirá con un ritual que ya tiene unos cuantos milenios: el de contar las cosas humanas o que le pasan a lo humano en soportes que duran en el tiempo más de lo que su autor podrá vivir. Escribir es delicioso porque es dejar algo de uno mismo o del itinerario de sus improntas unas cuantas  formas en conserva a las que podrá acudir cuando haya olvidado lo que fue, lo que hizo, lo que prometió, lo que se propuso  o lo que sintió y a las que podrán acudir otros que ni siquiera lo conocieron en vida o desearon hacerlo. En el tiempo del homo videns lo escrito y lo literario no gozan del máximo impacto y hay otros campos, sobradamente populares, de mayor audiencia y seguimiento. Cabe reivindicar el concepto de que  todo lo que sale por una pantalla o de aquello que se cuelga en las paredes y se exhibe en las vitrinas o se lleva puesto al amparo de modas pertenece a un continente literario. Dentro de cada puesta en escena hay una literatura, hay una solicitud de la reflexión. Todo tiene su texto aunque lo veamos en forma de imágenes, escenas teatrales, pinturas plásticas o argumentos cinematográficos.  Todo tiene su decir aunque se mantenga en la latencia o esté aguardando a quien lo diga o lo ponga por escrito. No creo que los millones de libros acumulados y sus otras tantas autorías lo hayan dicho todo. No creo que nunca haya un momento en la historia del pensamiento humano en que una enciclopedia encierre todo lo que se tenga considerado como saber o  que haya sido descubierto. Las enciclopedias conocidas necesitan sacar libros-apéndice y nuevas reediciones para reactualizarse y quien termina de crear un libro experimenta la necesidad de crear uno siguiente para intentar completar lagunas anunciadas en el anterior o los precedentes.  Esa experiencia de la incompletud está vinculada la pulsión creativa. Reconocerse insuficiente te lleva a tratar de descubrir nuevas cosas y nuevas potencias dentro de ti.

Ese ímpetus en el expresar y en hacerlo de un modo consistente ha producido muchas maneras y formas de escritura: desde los relatos croniciales más esquemáticos a los textos más simbólicos, desde las descripciones más concretas a los discursos más abstractos, desde tratar con lo más simple a atreverse hacerlo con lo más complejo. Hay páginas para todos los gustos y del mismo modo en que hay secciones de periódicos que son pasadas sin ser vistas hay libros enteros que nunca serán considerados. Lo que es motivo de atracción, por tema y estilo, a un lector puede ser un revulsivo para otro. Hay espacios o recursos como un periódico o una revista que es una plataforma de propuestas varias, cada cual dirigida a sectores objetivos distintos aunque en conjunto se difunda dentro de un perfil de lectores. Si está claro que hay quien pasa más tiempo en su relación con el periódico resolviendo el crucigrama y esto no tiene porque afectarle a quien lo dedicada a la sección de bolsa, ni lo ni lo otro tiene porque disgustar a quien solo lee sus noticias políticas, ni todo ello enfada a quien solo lee las deportivas la misma gama de actitudes se puede aplicar ante las librerías y el volumen crecido de propuestas para leer. Alguna estadística publicada habla de que en España lee un 40%  de gente en edad lectora. Parece una cifra abultada a juzgar por las clientelas aún escasas de las bibliotecas y por la mayoría de pasajeros con la mirada perdida en el infinito en lugar de infinitizarse dentro de las páginas de un libro en sus tiempos perdidos repitiendo la misma operación diaria de sus desplazamientos. Pero sí es cierto la inmensa crecida de títulos de toda clase de temas y de exotismos. Con toda clase de maneras y estilos. Diríase que todo es aceptable desde el  momento en que ha sido aceptada la libertad de expresión por ley y no poca gente se considera autora atreviéndose a ilustrarnos con su filosofía o con sus pinitos ensayísticos cuando apenas tienen una formación básica como lectores. He llegado a oír de alguien que me envía sus originales poéticos que le gusta escribir pero que no le gusta leer sin ningún sonrojo en su cara y como si hiciera la gran declaración heroica del genio. Ante afirmaciones de este tipo mi perplejidad me deja encajonado en la inacción. Prefiero hacer como si no lo hubiera escuchado y seguir creyendo en que la gente es más educada y considerada que enzarzarme en una polémica clásica sobre la necesidad prioritaria de aprender para luego enseñar. Efectivamente escribir tiene algo de enseñanza. No se limita a hacer una declaración de un sentimiento o de unas impresiones sino que propone una indagación y arriesga unas conclusiones con las cuales se compromete la autoría. Dime lo que dices y te diré quien eres.

Bien, tenemos un enorme volumen de cosas por decir y un cuantioso ejército de personas, cada un en su puesto de francotirador , investigador o artista, que se pone a decirlas, que se atreve a exponerlas, que las va construyendo con o sin ayudas organizativas, con o sin presupuestos institucionales con o sin todas las condiciones necesarias. La libertad de crítica y de pensamiento es la gran explicación de este extraordinario fenómeno. Gracias a el podemos nutrirnos los unos a los otros sin tener necesidad de conocernos personalmente. Gracias a la comunidad de los bienes y saberes intelectuales podemos aprender gentes múltiples desde la distancia recíproca. Ese es otro gran efecto colateral del escribir, podemos entendernos en los simbolismos gráficos empleados. Así como la música es universal también lo es la escritura.

A pesar de esa consideración genérica, a toda literatura le es exigible unos mínimos: su legibilidad, su construcción sintáctica coherente, la concordancia de sus conjugaciones verbales, su propósito intencional, su aportación renovada. No basta con enlazar los signos gráficos para tener un texto aceptable. De hecho las posibilidades combinatorias de los signos gráficos dentro de un límite numérico dado son sino infinitas cuantiosas. Tomemos  por ejemplo un poema de cuatro estrofas de cuartetas. Eso da 16 líneas y supongamos que eso es alrededor de cien palabras. La posibilidad de ubicación de estas cien palabras en el  mismo soporte es de diez mil (100x100) de las cuales unas pocas, no más de una docena   seguramente, pueden aspirar a ser entendidas, y de ésta sólo una manera ha sido la elegida por el autor el cual se debe al imperio de la comunicación y a un cierto orden en su colocación por mucho que tenga licencia creativa y se tome la libertad constructiva propia de su estilo. Un texto en prosa se permite más oportunidades que el poético para explicarse a sí mismo. Siempre tiene la oportunidad de hacer aclaraciones en las frases subsiguientes de lo que ha informado con confusión en las anteriores. A pesar de eso no puede hacer un uso gratuito de los distintos instrumentos ortográficos. La puntuación, los entreguionados, los paréntesis y las mayúsculas deben ser gestionadas debidamente, también las estrofas, los puntos y a parte, las siglas, las menciones de nombres o referencias,...De otro modo el texto puede mover a confusión cuando no a espanto y retirada. Si un texto intelectualmente bien construido es o puede ser duro de seguir para quien no tiene aguante de seguimiento o cuando el tema resulta escabroso, se hace materialmente imposible cuando su construcción sintáctica lo hace ininteligible y el lector con poco tiempo lo deja a un lado. La prosa, o mejor el texto escrito de una narratividad, es un feeling con quien va a leerla. Es una historia de amor entre quien la escribe y quien la lee. Empieza con el título que es un llamado para ser mirado y sigue con tesón, frase a frase, para mantener cautivada la atención inicial. No es suficiente con que trate un tema de actualidad o de interés público. Ha de decir cosas antes no dichas, ha de conjugar las informaciones de una manera diferente, ha   de presentar un estilo, ha de enseñar algo. De lo contrario, el interés puede decrecer en el párrafo siguiente cuando no en la segunda frase. Sabemos que el desinterés conecta con otras muchas variables entre ellas el terror  extendido a lo intelectual pero hay que interpretarlo en su justa medida y diferenciar aquel interés de quien no se entera lo que lee, se trate de lo que se trate, por sus propias obstrucciones mentales de aquel otro que no está dispuesto a perder el tiempo haciendo los enlaces y completudes del texto que le es presentado y que no alcanza los mínimos de comunicabilidad. El lector es acomodaticio y espera que le expliquen las cosas como es debido sin tener que hacer el esfuerzo de completar mentalmente aquello que le ha sido incoherentemente presentado. Claro que hay otros estilos elaborativos que basan su gracia en esperar la gestalt del lector, completando lo que el autor deja dicho, deliberadamente, a medias.  Esta es la cuestión: construir un texto bajo el criterio de voluntad y planificación elaborativa y no dejarlo a la deriva sin haber resuelto lo que se deseaba plantear en el mismo. Maruja Torres  afirma  algo válido dentro de una de sus novelas nada relevantes  acerca de que la voluntad de escritor o el objetivo de constituirse en tal basta con seguir del hilo[2]. Tal vez no sea tan fácil pero ciertamente de un texto sigue otro y otro y otro y la prueba de realidad de cada uno de ellos (prepublicándolo, publicándolo o dándoselo leer a gente concreta para que nos de su opinión sincera y crítica)genera nuevas oportunidades, otros contactos, nuevos deseos de escribir, es decir de rescribir porque las historias de la literatura y del ensayo son una historia de reconstrucciones de temas inagotables y la propia biografía escritora es la creación de un gran deseo de ser, y de manifestarlo, demostrando la perseverancia de un pensar en formas escritas. El escritor es el sujeto que escribe y que hace de su hacer elaborativo algo central en su vida. Eso le lleva a un trasiego tanto con las formas que emplea de expresión como en el laberinto multiaspectado en el que se mete. Escribir significa estar corrigiendo a cada paso. En cada línea hay la necesidad de un repaso, cada palabra ha de ser revisada y sobre todo cada citación de alguien y de algo ha de ser contrastada. La persona que se hace autora antes que nada establece un compromiso consigo misma. Se debe a la honestidad intelectual, al compromiso con la verdad y a una danza con las palabras, en las que no puede olvidar los pasos para no pisar a nadie. Su lucha por la originalidad le llevará a la tentativa de nuevos estilos sin caer en una amalgama de formas sólo reconocibles por sus ojos y por nadie más. El texto en su proceso puede no pasar de ser un escrito en grado de tentativa que para conseguir su propósito necesite una o varias reelaboraciones. Nos sorprendería saber que textos magistrales de goce universal han sido trabajados durante años, leídos y releídos, revisados y reconstruidos.  En principio un texto  en estado de borrador no está terminado y es en todo caso el marco en el que seguir trabajando. Puede ser leído sí y debatido y puede empujar a hacer otros a su nivel pero no es un texto completo. El texto terminado es el que no necesita de ninguna exclusión ni de ninguna inclusión en todas y cada una de sus partes y palabras. Eso es: el texto perfecto. El texto que no lo es se somete al veredicto de la indiferencia en un extremo o el de la crítica aplastante en el otro. El texto imperfecto queda en la tentativa, en la práctica del ejercicio, en el eslabón necesario para rehacerlo o hacer otro incomparablemente mejor. M.Torras añade que hay la opción de pasarse el resto de una vida organizando los escritos de otro. Se diría que es algo despreciable. La corrección no es un trabajo mecánico sino que completa la genialidad. Mejor dicho es el corolario de la genialidad.  Trabajar los textos de otros es una forma de aprender, corregir lo ajeno es ser más capaz de detectar los errores propios. Ha habido y hay copistas de cuadros en los museos que a escala hacen bellas obras casi idénticas a los originales. Al hacerlo es una manera de aprender técnicas pictóricas de artistas que tal vez vivieron siglos atrás.

Hay muchas maneras para la prosa de texto. A parte de los géneros literarios clasificados la gente escribe como sabe y como puede y gracias a sus atrevimientos contamos con crónicas, fuentes primarias y narrativas extraordinarias. Algunas de esas maneras son estandarizadas. Hay condiciones de publicación que las exigen expresamente y ante una simple carta o email, el interlocutor esperará una mínima fuerza significativa. Como es sabido, basta poner o suprimir comas para que una frase simple pueda cambiar completamente de sentido. Aquello que se hace en las interacciones acústicas verbales en cuanto pausas de separación por el legado de la prosodia y las formas culturales de comunicación se es menos capaz de hacerlo en la producción escrito.

Lo escrito sigue siendo un gran indicador de cultura, pero también de inteligencia. Sigue sorprendiendo que una enorme cantidad de gente que ha tenido escolarización y ha cursado carreras universitarias con currículums más o menos brillantes se desmorone ante la perspectiva de hacer un texto escrito. Tal vez por eso, el género epistolario se ha extinguido prácticamente y se rehuya de lo escrito preferenciado las formas de entrega de texto a través de la imagen. La prueba de redacción o de comentario de texto era y sigue siendo lo más ejemplificativo del nivel intelectual y cultural de quien lo hace. La redacción era uno de los ejercicios el ingreso de bachillerato de hace una generación y media atrás y lo sigue siendo en las pruebas de acceso a la universidad.  Tener capacidad de síntesis, de relato y de expresión es fundamental para la supervivencia y sobre todo para tener un método de elaboración de ideas.

Hay manuales que enseñan a escribir y centros y talleres literarios que proponen técnicas. Todo se puede aprender y eso deja de lado el talento en tanto que  don para convertirlo en un procedimiento instrumental (¿también era así con Shakespeare en sus primeros textos escénicos o con Mozart cuando no había cumplido los 6 años de edad?).Pero hay algo del estilo y de la particularidad expresiva que sólo se puede descubrir. El autor se sabe que es tal después de una cierta cantidad de expresiones de su invención hechas. Cada cual tiene su cuota productiva. Hay quien puede intentar toda la vida escribir una pieza y no conseguirla y hay quien anda sobrado de ellas olvidándolas incluso haberlas hecho.

No hay una sola clase de respuesta a cómo escribir correctamente. Lo que hay es una propuesta para investigarlo. A fuerza de tratar de explicar algo, tanto una situación anecdótica como una ley de matemáticas, tanto una sinopsis cinematográfica como una recensión de un ensayo, se va consiguiendo dar con las palabras adecuadas y se va consiguiendo una habilidad sin remilgos para amputar las superfluas o cargantes. El texto final es siempre un texto destilado como la esencia o el néctar resultante de un complejo proceso en el que la mayor parte desaparece en el camino. Pensándolo bien esa idea de la destilación se puede aplicar a otros muchos asuntos de la existencia. Lo fundamental, la esencialidad, es aquello que prescinde de los decorados, de las diletancias, de las apariencias, de los enredos, de las bagatelas, de los abalorios, de las gramáticas innecesarias. Pero puesto que el accésit a las perlas de la pureza no es directo hay que pasar por las valvas de las ostras, los rellenos y las cuestiones secundarias, las tentativas y las presunciones, los relatos aliados y los textos de soporte. Todo esto también integra lo literario. Es el escritor el que se aviene a sus leyes y no la escritura a la voluntad rígida de aquel. Escribir es dejarse llevar por el mismo acontecimiento elaborativo no tratando de decirlo todo siempre y dando la oportunidad para que las cosas respiren en distintas partes tratando de responder al menos a una sola cosa cada vez.

 



[1] inserto la misma fecha en http://www.librosenred.com/foro/viewtopic.php?p=758#758

[2] Maruja Torres  Hombrres de Lluvia    Barcelona 2004 Planeta  p.127

Al reencuentro de un club

 

Al re-encuentro de un club. 

 

Es muy distinta la propuesta virgen de empezar algo nuevo, por primera vez, a la propuesta de reflotar algo viejo, que ya se ha probado con anterioridad. Cada empresa que quiere colocar su presencia en un lugar debe contar con el impacto de su imagen y sus ideas. Creo que el mismo criterio vale tanto para el mundo de lo industrial y comercial como para el mundo de las ideas y de la cultura; división, ésta, por cierto, nada justa para los industriales y, excesivamente, aduladora para los culturales.  Es más objetivo valorar la cultura de una situación por sus objetos, sean artefactos materiales o sean constructos teóricos.   Organizar una cita cultural para la palabra distendida y extensiva a la realidad y al imaginario, a los hechos y a sus intérpretes, a los libros y a sus autores, a los acontecimientos floreados y a las cloacas de la vulgaridad es una empresa digna del idealismo y de la pasión artística. La figura del artista antes de dar con honores y laureles pasa por el ostracismo y la profunda fisura que experimenta con el mundo que habita. Un artista lo es o tiende a proyectarse en lo que sea, con un pincel, en un cómic, un canto o un poema, lo cual confirmaba Antonio Flores. La obra concreta plasmada en el estilo y la técnica que sean no es otra cosa que la cresta final de un proceso.

El artista es la persona y su arte empieza en ella misma. Lo que da de sí es una consecuencia, un producto de admiración o goce. Para quien tiene la llamada de las letras o del canto, de la oratoria o la declamación, de la música o del lienzo, lo artístico es el sentir, la obra de arte es el resultado de una técnica y una práctica. Y el trabajo artístico es algo que va surgiendo y puliéndose día a día en una larga destilación de lo que se desea expresar. La sala de trabajo es un espacio en ebullición donde flotan mil ideas para concretar una, donde se manejan conversaciones muchas para traducir las propias ansias en algo interesante para la circulación. El artista fundamental esculpe  en soledad sus obras. Y de los muchos borradores o masas graníticas que le hacen de cantera van emergiendo los títulos y los aromas a los que se vinculará de por vida.

Compartir todo esto en un espacio de confidencia y complicidad con otras sensibilidades artísticas  que experimentan otro tanto en sus talleres, buhardillas, mesas de jardín, despachos o habitaciones es una empresa digna de la permeabilidad y la transparencia. Al mismo tiempo de las ganas de conocer lo ajeno y dar a conocer lo propio. Siempre me entusiasmaban las propuestas de encuentro para la conspiración de las letras. Después de algunas tentativas y  visitas  he aprendido que no toda propuesta de encuentro artístico maneja exclusivamente arte. La propuesta, en general,  extendida a otras personas es un negocio con las palabras y una toma de posición con ellas ante los demás. La propuesta, en concreto, del encuentro literario y artístico  por florida y variada que sea no quita quien sólo esté interesado en tener una audiencia asegurada a lo suyo sin constituirse en auditora de nadie.

El encuentro de distintas sensibilidades para reactivar un espacio de literatura y arte, o más exactamente de poesía, no está exento de peligros. No sólo porque cada persona es un mundo, sino porque los mundos desconocidos entre sí pueden ser peligrosos.

Me aterra volverme a encontrar con figuras de extremos narcisistas con patología incontenible incapaces de encontrar su lugar en la rueda colectiva de los intercambios. Me preocupa, sobremanera, tener que auditar a paranoicos y obsesivoides por creerse los divos de la tertulia o los mandamases del estilo. Me duele tener que seguir coincidiendo con personalidades interesadas en su individualismo y en su nombre por encima de cualquier otro asunto existencial. A la vez, no hay otro remedio que confiar en la capacidad de selección de cada uno en invitar a otro, y de autorregulación de un grupo en crecer en dignidad y calidad, para empujar un proyecto de esta naturaleza.

Un club de poesía viva no tiene porque limitarse a la forma verbal de su dicción. La poesía puede ser leída, cantada, y comentada.

En la rueda de exposición de lo que cada uno escribe o ha escrito, parece inevitable la tendencia a la comparación y a la clasificación. Ni lo uno ni lo otro son realmente necesarios. Por encima de pertenecer a una corriente o por destacar frente a otro, lo que importa de cada texto es su singularidad, su especificidad, su originalidad y su induplicabilidad. La historia del arte está llena de clonaciones. Estamos servidos.  La poesía de autor necesita oxígeno para ser tratada en su individualidad y su egotismo.

A un encuentro de grupo hay que ir con la disposición de aprender misterios de lo ajeno y datos o técnicas dominadas por otros. También hay  que ir con la disposición de enseñar y confirmar aquello en lo que se está trabajando.

Como dinámica regular se puede establecer un esquema de sesiones:

  1. La lectura de un texto de autor  tomado de los campos de la poesía, la lírica y la música, pero también en otros campos de la escena y la imagen. Este texto puede ser leído previamente o en el mismo encuentro si es breve.
  2. Ronda poética de intervenciones. Presentación de textos inéditos o nuevos de los participantes.
  3. Discusión de técnicas empleadas.
  4. Informaciones culturales conectadas al campo de intereses que vertebre los encuentros
  5. Decisiones y planificaciones de actos escénicos en los que dan a conocer el arte poético: desde conferencias a performances en locales  públicos o en la calle.

Para que un encuentro no desfallezca o para que no se caotice o se mantenga en stand by sin hacer realmente nada útil o nuevo, se hace necesaria  una dinámica a la que se incorporen las personas que se vayan adhiriendo. La mejor dinámica es la de un trabajo de autoconocimiento y exploración con las formas verbales y los contenidos. Todo ello basado en un gran respeto en la escucha de la sentimentalidad confesada  y gran consideración por la particularidad de cada texto.

El acto testimonial

El  acto testimonial ¿para qué? ¿para quíén?

La pregunta del para qué, me pone en guardia. Es la pregunta clásica del residente tópico del funcionalismo. No hace nada ni dedica ninguna energia para nada que no produzca un resultado funcional. Cualquier otro asunto que no sean resultados operativos es una pérdida de tiempo.  Es el hijo del más rabioso pragmatismo. Eso me asusta pero entra dentro del arco de la comprensión. Preguntar para qué sirve una cosa, para qué hacer una acción es más propio del cálculo que del romanticismo. El racionalismo necesita encontrar siempre l ratio entre eventos. Puestos a hacer algo que se evalúe en función de su proyección. Hacer las cosas sin razones es más propio de la improvisación, la espontaneidad o el  impulso. El acto testimonial es un poco la conclusión. Se llega a ello después de quedarse sin razones precisamente para continuar apoyando una actividad. La cuestión es que para muchos componentes existenciales no hay  lógicas con que apoyarlas y sin embargo las inercias los mantienen en activo.

Un acto testimonial es cualquier cosa que prevalezca más allá de su mano autora. No hay porque tener grandes motivos para  dejar informaciones, referencias, documentos, creaciones propias. En el fondo, todo ello no es más que un deseo de proseguir, una pulsión del inconsciente para continuar estando en la lista de los consumos más allá de la propia biografía, o para estarlo en otras latitudes geográficas durante ésta. Cada viviente podría iniciar sus declaraciones con un “yo testifico que…” A los testigos se les pide sinceridad y demostrar que no tienen intereses creados con el proceso en el que son citados. La vida entera es una suerte de proceso judicial contra todo y contra uno mismo. El análisis de circunstancias pide la verificación de las cosas, el testimonio que las certifique. Las creaciones personales (desde la pintura que se hace porque una vida holgada y sin cargas laborales ni excesivas ni externas lo permiten hasta la literatura escrita pasando por la danza o el canto) son formas de dejar el yo en registros de las experiencias personales ajenas. Aunque no hubiera un quién la pulsión creativa es probable que continuara. Posiblemente nuestros antepasados del neolítico dejaban sus señas proyectadas en sus paredes desconociendo totalmente que alguien 20mil años después se las elogiaría. El impulso creativo está  por encima del balance a priori de su utilidad. En el campo artístico, especialmente en el escénico-teatral, hay un terrorífico criterio sobre el móvil para hacer las cosas, el de qué funcionan. Para un director/actor de teatro que una cosa funcione significa que gusta, que el público lo consume, que asiste, que paga. En definitiva por funcionar se entiende que lo ofertado tiene un precio asumido socialmente. No creo que lo que tenga que vertebrar una escena, por tanto un discurso, sea su cuota de admisibilidad, pero claro eso se puede decir desde la barrera sin tener que vivir del tema. Para vender un producto –también un simple artículo de prensa- hay que ponerlo a nivel de demanda, tanto en sus formas expresivas como en su retórica conceptual. Cuanto más conceptualista (abstracta) sea una oferta, más resistencias encontrará en su asunción (público refractario).

Lo que mueve la autodefensa frente a la innovación o al acto testimonial no es tan solo una ideología dominante no interesada en las alternativas y que es medularmente conservadora, también la psicología intrínseca de cada persona que integra una cultura dada no dada a la adquisición de nuevos conocimientos o de otras modalidades. Cada vez, históricamente, que alguien ha introducido una novedad se ha encontrado con dos clases de respuestas sociales: quienes la han elogiado porque llevaban mucho tiempo instalados en el aburrimiento y deseaban novedades (suele ser la minoría) y quienes se escandalizan por nuevas formas expresivas (suele ser la mayoría). Todavía en pleno siglo veintiuno en las ciudades más cultas del mundo si alguien propone una escultura masculina con sus genitales evidentes -desbaratando la tónica dominante de las esculturas femeninas de las que se dotan parques y jardines- lo más probable es que se encontrara con criticas y hasta es posible que algún atentado para destruirla. No digamos si esa escultura es la de un Cristo crucificado sin el taparrabos de rigor. Hay algo que predomina en el perfil psicológico humano: su devoción por la mentira, por las medias tintas, por las pseudoverdades, por la no exposición de las certezas. Cuanto más entrapado está un sujeto en sus mentiras mas resistente será a las novedades que las deslegitimen informando de otras perspectivas de las que no se suela hablar.

Se puede redefinir la historia de la/s cultura/s como una multitud de procesos entrelazados en los que desde distintos posicionamientos creativos e inventivos  los seres humanos dejan el usufructo de sus dominios (intelectuales, plásticos, artísticos, productivos,…) a sus conciudadanos y a sus sucesores. Lo mejor que puede heredar un ser humano de otro, que por vejez ya le toca morir, no es tanto su patrimonio  material como su saber. Es lamentable que los hijos o nietos esperen de los padres o abuelos que fallezcan para poder disponer de sus capitales o casas y sin embargo no sepan citarlos en no más de una frase o a veces ni en una sola. También es cierto que hay individuos moribundos que no tienen otra cosa que dejar al mundo que sus acumulaciones materiales y sus cenizas corpóreas desprovistas de todo mensaje. De los muertos, es cierto, mejor no hablar, porque de hacerlo con sinceridad ninguno se salvaría de la crítica y esa es otra cosa que está mal vista por la civilización. Por no dejar, la mayoría de gente ni siquiera deja un epitafio. Parece que se conforma con su nombre entre dos fechas y lugares, el de nacimiento y el del fallecimiento. Se diría que tras vivir una vida en silencio no es cuestión de testificar una frase que resuma eso puesta en el panteón o en el nicho. Si los cementerios tuvieran epitafios serían más entretenidos. La gente debería redactar sus testamentos dedicando una cláusula al epitafio más sintético y expresivo. Las personalidades pudientes tal vez no dejaron grandes leyendas pero sí panteones ornamentados y formas escultóricos que los representaran, por ejemplo  una cuadriga con el brío de los caballos, el significado de la carrera y de la velocidad. Ahora la gente no está para bollos. Todo lo contable es lo vivido, un muerto ya no cuenta nada y no creemos que le sirva de mucho que sus sucesores le contemplen. Cuando asisto a debates sobre grandes autores en la historia del pensamiento o cuando yo mismo los cito tengo la sensación de participar de un fraude. Nadie conoce realmente tanto a nadie como para hacerse el intérprete autorizado de su legado. Si bien es cierto que en las academias hay especialistas de obras ajenas que probablemente al llegado a conocerlas más que sus propios autores en vida. La mayoría de quienes citamos autores, es decir en  sus actos testimoniales (sus textos no dejan de ser eso) lo hacemos fragmentaria e inadecuadamente. Para hacerlo de otro modo se requeriría una alta concentración de estudio e investigación para la que no siempre hay disposición de tiempo. La diferencia entre tener una cultura genérica y tener una robustez investigadora pasa por el grado de conocimiento, detallismo y dominio de una parcela dada del conocimiento, ya que todo, dada su universalidad, es bastante improbable.

La vida puede ser limitada a ser vivida como un proceso biológicamente marcado por el impulso existencial y socialmente determinada por los límites de la supervivencia dentro del mundo dominado por los demás o bien utilizada para dotarla de contenidos que la trasciendan. Es secundario si esa  dedicación cooperadora con conocimiento, investigación, arte o trabajos remite a una pulsión egoica o no. Sea cual sea la trascendencia de un legado dejado por alguien quien menos se aprovechará de eso o se enterará será el finado que lo legara.

En el dejar testimonios (desde documentos a obras de arte, desde resultados de investigación a literaturas magistrales, desde cromatografías a escenografías) hay algo de lo personal que lleva a eso que toma distancia de las razones especulativas ante un mercado.  Ser artista total significa no tener o no haber aprendido otra forma con la que vivir. Indistintamente del éxito o del reconocimiento es algo que se hace. El intelectual también hace de su investigación un tipo de arte con el que vivir. O lo hace o no existe. Su dilema no tiene complejidades. O escribo o muero, me dije una vez. O creo o me autodestruyo, ésta es la dicotomía. Lo secundario es si esa proyección de lo personal al rango de arte y/o de espectáculo va a prevalecer mucho, poco o nada de tiempo, después de su autor. No está explicado psicológicamente el narcisismo del artista (tanto escénico como pre-escénico o no-escénico) con sus estimaciones de futuro. El arte es un canto a la naturaleza y a los conceptos, a la vida y a sus goces y dramas que libra de la necesidad de credos y otras presunciones místicas. Quienes se dedican lo comparten en proporciones importantes con otras actividades que le proporcionen fuentes económicas más seguras. Los estados no siempre se ponen de acuerdo en apoyar las propuestas emergentes de los arte-testimonialistas. No falta quien objete regularmente la falta de presupuestos para incentivar tal o cual parcela artística[1]. Ese tipo de crítica no puede ignorar que a un estado no le conviene todo tipo de arte o de manifestación testimonialista. Y desde quien desea o quiere hacerla se tiene que poner manos a la obra sean cuales sean sus medios. Testimoniar el mundo actual en el que vivimos, lo mismo que lo hemos venimos –o se ha venido- haciendo durante el siglo anterior no es garantía de que el posterior, el siglo posterior aprenda de ello pero al menos las generaciones por nacer no tendrán la escusa de que no estaban advertidas de la clase de hábitats a los que llegan.



[1] Pedro Almodóvar recibió un óscar italiano(cinta de plata) por Carne trémula. Tuvo su cucharadita en contra del ministro de cultura español por no ayudar al cine.

 

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