Ante la oferta fraudulenta.

Autodefensa ante la oferta fraudulenta.

Toda oferta por definición propone la adquisición de algo que deje un margen de beneficio para quien lo ofrece. Cuando una oferta no se ajusta a este criterio es porque se trata de un regalo, una galantería, una invitación o un acto solidario. Por oferta  de un producto se entiende lo que ofrece el mercado a su radio de consumo, o sea a su demanda potencial.  Para que haya la transacción comercial entre el uno y el otro deben funcionar los parámetros mínimos de confiabilidad mutua. El que ofrece algo estará ofreciendo ese algo que dice ofrecer y el que lo adquiere dará la cantidad económica pactada. Expuesta así la cuestión el panorama mercantil sería el más claro y honesto de los que caben si no fuera porque el desajuste entre lo que se dice ofrecer y lo que se ofrece realmente es alto. Claro que en este decir, hay muchos elementos que son implícitos, que se les supone. Es a la hora de la verdad en que pones a prueba el producto adquirido que te das cuenta que te han tomado el pelo.

Podemos observar fácilmente cómo quienes ofrecen productos comerciales de consumo (desde hamburguesas a ordenadores, desde ropa a vehículos, desde pastillas a edificios) terminan pareciéndose en sus perfiles y en el trato con el consumo. También es observable como, desde el lado del consumo, los consumidores, no pocos, están/estamos, cansados de pagar por cosas que no cumplen la función prometida o no se ajustan a lo esperado. Evidentemente es muy distinta la adquisición de un objeto de consumo  o uso inmediato tales como un plato de comida o una ropa que ponerse a otros cuyos errores ocultos pueden no surgir hasta algún tiempo después. Para la primera situación el consumidor tiene el arma de no pagar aquello que se le sirve y que no está a la altura de lo pedido (eso da lugar a la típica disputa entre el cliente de un restaurante ante una comida  servida que no se ajusta a la propuesta de la carta), para  la segunda situación, errores mecánicos en la fabricación de un vehículo a motor o fallos ocultos en un edificio, aparecen cuando ya es demasiado tarde. Las posibilidades legales del consumidor para reclamar por sus derechos no son tantas como se supone. Por su lado el comerciante solo se ve a si mismo como el más inocente del proceso siendo un simple intermediario entre fabricante y comprador. Me he llegado a encontrar con comerciantes que me pedían que pagara un seguro si el articulo (de informática) que les compraba salía defectuoso para que me lo substituyeran por otro igual, pero funcional, sin ningún desembolso por ninguna parte. A fuerza de hablar con comerciantes he aprendido que son más listos que nadie. Un comerciante piensa que por el hecho de tener un artículo estacionado en su estantería llenándose de polvo o en el escaparate decolorándose va aumentando su precio. Cuanto más tarde lo venda  con más derechos adquiridos se considera para recrementarlo. El caso es que el precio final puede doblar r varias veces al precio que pagó por él. Tanta inteligencia me abruma. Muchos comerciantes se creen que acceden a la categoría de anticuarios y sus objetos son preciosas antigüedades por el hecho de estar estacionados en su establecimiento y ellos actuando como simples custodios parasitarios de aquellos.

El comerciante que hacia la ruta de la seda o que recorría enormes distancias para ir a comprar cosas que ofrecer en la otra punta de la región ha sido engullido por las viejas literaturas. Ya no existe o existe raramente. He tratado con varios comerciantes en mi vida, como cliente en la mayoría de las ocasiones, como amigo las menos. Los he conocido de todos tipos. Los hay que trabajan y que ofrecen un servicio inmejorable a la comunidad. Te consiguen el libro que les pides y además  te llaman por teléfono para avisarte que ya puedes ir a recogerlo. Otros, son una calamidad. Hay comerciantes que ni tienen cambio para devolverte si les compras algo ni saben lo que tienen en sus estanterías.  Un país cuanto más pobre es más comerciantes tiene. Es un contrasentido porque el comercio debería crecer proporcionalmente a los índices de producción. No es así. El comercio crece y crece. Todo el mundo se apunta a su busness y cada eslabón en la circulación del mismo producto es un incremento más. Por cuantas más manos pase un producto entre el fabricante y el consumidor final más beneficios, en principio, genera, solo que el precio que se paga al final es tan desorbitado que no se corresponde con la dinámica y coste de su producción. Nadie trabaja para facilitar las cosas del mercado sino para complejizarlo más de tal manera que los consumidores queden vinculados a una rueda que permanentemente le genere necesidades nunca del todo saciadas. El sistema económico entero está concebido como una gran telaraña en la que enredar a todos los ilusos tras todo tipo de pagos. Tan pronto se tiene algo de poder adquisitivo quien tiene ese dinero necesita, poco o mucho, ostentarlo.  Alguien debería intervenir más en la gestión de calidad del pequeño y gran mercado y en la contención de precios pero para hacerlo debería haber una política honesta para la que muchos estados del mundo no están de acuerdo y la sociedad tampoco exige tanto. La gente quiere ser rica a toda costa, quiere ser recordada por su condición económica, no por su contribución al género humano o por valores tales como la honestidad o la dignidad. Quienes no somos ni seremos ricos, ni falta que nos hace, somos alienígenas en comparación a esa clase de ambiciosos. Mi padre expresaba su tirria por sus conocidos que al encontrárselos se ponían las manos en el bolsillo y hacían sonar sus monedas (por aquel entonces tener muchas monedas debía ser sinónimo de riqueza, ahora lo sería de estar ante otro mentecato más). Era una observación muy sabia.

Frente al comerciante que te facilita algo que no cumple con su enunciado, sea lo que sea, desde el objeto más caro al más barato, desde el más simple al más complicado, la única autodefensa que cabe es la de denunciarlo públicamente para que otro incauto no caiga en sus trampas. Esto vale para restaurants, carnicerías, kioscos (recuerdo ligeramente un gag: alguien compra un periódico en un kiosco en el que en la carátula hay un gran titular: hoy no hay ninguna noticia. El resto de páginas en  la cantidad habitual de cada día vienen en blanco, sin imprimir. Ya no sé muy bien si lo vi por la televisión o si me lo inventé pero para el caso es lo mismo).  El lector de periódico podria reclamar al kiosquero por haberle facilitado el periódico en blanco. Este diría que eso no le reducía el  precio en relación al periódico habitual impreso de letras. El dueño del local dirá que el problema no es de los espaguetis a la bolognesa que te ha servido sino de tu estómago problemático en digerirlos. Solo, cuando se le demuestra que la hamburguesa es de un tamaño minúsculo y una estafa aceptará la critica. Lo que no significa que vaya a cambiar con su costumbre fraudulenta si la mayoría de sus clientes se la comen sin rechistar. La mayor o menor oferta fraudulenta en una situación de mercado depende directamente de la capacidad para admitir engaños de la población consumidora. (Recuerdo otro gag, un residente novicio de un establecimiento se sorprende de la baja calidad de la sopa que le proporcionan. Eso pasa en una residencia de ancianos o algo parecido. Su compañera de mesa, le replica: hoy estamos de suerte, al conseguir pescar dos o tres minúsculos fragmentos de carne sumergidos). Hay gente que lo acepta todo. Tiene tan interiorizado que  los excrementos son algo que circula por el tubo digestivo que facilita las cosas confundiendo la ingesta con la evacuación tragándolo todo. Sin duda alguna una buena parte de cosas que comemos son excrementos convenientemente ensalsados y sazonados. Tener dinero no siempre es una garantía para acceder a buenos servicios o a las mejores cosas. Puedes tenerlo y no poder pagar calidad por no encontrar a nadie que la ofrezca. A menudo he comprobado que lo más barato sale doblemente caro por las consecuencias adversas que ocasionan.

Las oficinas  institucionales de consumidores, las asociaciones de ídem  y las revistas de análisis de productos intentaron paliar los grandes errores del mercado y la baja calidad de los productos ofertados, sin embargo la demanda de todo es tan alta, que hay toda clase de ofertadores y toda clase de públicos dispuestos a pagar lo que sea.

No todos los industriales, por supuesto, son fraudulentos ni todos los comerciantes caen en las prepotencias de no querer cambiar productos que no funcionan.  Presumo que son la excepción: los héroes a los que monumentar. La desagradable y repetida experiencia es encontrarse con productos-fraude y por extensión comerciantes fraudulentos. Se puede elegir no repetir el mismo error en el mismo establecimiento que ha proporcionado un servicio o un objeto en no condiciones, lo que no se puede hacer es cambiar de planeta para encontrarse uno funcionando con las reglas de juego limpias. Cuanto mas  necesites los suministros ajenos, y los servicios de empresas no éticas peores experiencias con el otro tendrás. La cuestión es tan grave que se puede apostar a priori que de cada 3 artículos o acciones que uno contrate con dos va a tener problemas. Es difícil dar condecoraciones a algún establecimiento aunque por suerte todavía hay muchos objetos en el mercado (encontrarlos forma parte de la investigación de cada cual) cuya ratio calidad precio es razonable y que pueden hacernos la vida más agradable.  Castigar a los comerciantes deshonestos dejando de ser sus clientes y preferenciando a los que están a la altura aceptable de su función es lo más eficaz y elegante  que podemos hacer. Avisar a nuestros amigos y conocidos de que no vayan a tal o cual establecimiento porque te han timado, es un gesto de autodefensa y de amistad.

 

¡Cuidado! Hay Ensaladas de Pan

 

La Salata Mama´s del Goody´s, (3,9 euros en Tesalónica. En Ethn Kisaminis), un establecimiento de barra al estilo Mcdonalds, que pagas por adelantado la consumición, viene en un bol portentoso. Una vez en la mesa te das cuenta que el  primer efecto óptico se desvanece. Bajo el tomate y la feta esparcida hay una docena de trozos de pan que ocupan la mitad del volumen de la comida. La sagacidad del diseñador de este plato puede llevarle a los más ambiciosos laureles. Tanto prodigio de la capciosidad me abruma. Mientras hacíamos desaparecer el contenido del bol en nuestras bocas hambrientas sopesé la posibilidad de pedir la hoja de reclamaciones y seguir el procedimiento de la murga. No ya para denunciar nada sino para poner en evidencia la estafa declarada. A fuerza de coleccionar estafas sospecho que en vez de hacerme más  sabio para librarme de ellas me acomodo más como un tonto prototípico de la civilización de ahora  para aceptarlas. ¿Si todo el mundo lo hace porqué yo no? Llegará el día en que a la hora de pedir un determinado plato lo servirán con un papelito y una barra de códigos para interpretar cerebralmente su sabor. Eso puede tardar un poco. Antes, los establecimientos, que pagan muchos impuestos  -ya lo sabemos, pobrecitos- nos someterán a un continuo recortamiento de las bases proteínicas y calóricas de los productos pedidos. Lo de comprar sabores codificados evitará problemas intestinales aunque posiblemente no se llegará a fin de año para contarlo.  La idea ya fue explotada por aquel gag de un grupo de gente que tenia memorizados todos sus chistes y de pronto bastaba con que un integrante propusiera el número de uno de ellos para que inmediatamente todos se pusieran a reír. ¿Para qué contar por repetido lo que ya se sabe? Basta mencionarlo para recordarlo y gozar de sus efectos. Las comensalías del futuro deben prepararse en esta orientación: ni pastillitas astronáuticas ni nada sólido que ingerir, bastará un driver para reinterpretar sabores antiguos para que el cuerpo se dé por satisfecho.

La falta de función

Propuesta Servicial y falta de función.

Si la mayor parte de relaciones ineterhumanas conflictivas viene dada por las distintitas interpretaciones sobre las lindes fronterizas entre espacios posesivos y por extensión a todas sus cosas reconcebidas como territorio, no es tan pequeño el capítulo de los conflictos derivados de una interpretacion distinta entre los usos y aplicaciones de las cosas.

 La modernidad se viene distinguiendo por un incremento del llamado sector terciario, el de los servicios, frente a los sectores secundario y primario: el de la industria (que produce bienes mas o menos perdurables) y el sector agro-ganadero-pesqueroque proporciona los alimentos. Si bien estrictamente para vivir solo se necesitan alimentos sanos y un cobijo en condiciones, la vida moderna ha infravalorado ambas instancias frente a todos los productos con los que llenar la casa, que en lugar de morada es tomada como continente o contenedor de cosas o las formas sofisticadas de alimentacion con las que nutrirse, además de envenenarnos o intoxiucarnos  no pocas veces.  Es el sector servicios al que compete llenar las biografias con innmerables actividades que en principio estan llamadas a dotar de confort, ilusion y preciosimos a sus consumidores.

Los conceptos parecen encajar perfectamente como en un rompecabezas mientras el consumidor no es víctima de aquello que consume.  Su experiencia inevitablemente pasa por la frustracion y no puede por menos que sentirse defraudado (en el sentido literal, estafado) cuando aquello que compra no le dura más de 3 dias porque viene con errores de fabricación o en aquel cyber en el que se sienta para consultar su correo o abrir las páginas, no consigue conexión por entorpecimiento o lentitud en la navegación y tras perder 15 o 20 minutos de sucesivos intentos decide abandonarlo.

El mundo es tan mentiroso que tras cada cartel que anuncia algo siempre cabe preguntarse el alcance de su verdad o es mejor decirlo al revés: cabe contar inevitablemente con la hipótesis de su mentira.  En el Oeste de Africa el visitante blanco no para de sorprenderse ante innumerables sitios qu se anuncian como buvettes o restaurants no tienen los unos bebidas y los otros no tienen comida. Tal vez en algun tiempo lo tuvieron y tras una época de tentativa del negocio optaron por no tener nada en la despensa por falta de clientela, tal vez el cartel es tan solo un reclamo para hacer amistades con potenciales comensales que llegan, se sientan y se van por no haber la menor posibilidad de elección entre ni tan siquiera un par de platos distintos pero sí pueden elegir entre un par de temas de conversación. Para quien necesita algo concreto, es decir un sujeto que es consciente de su papel de consunmidor y de su necesidad de obtener y cionbsumir algo muy específico, cuando lo encuentra tiene el valor del maná, siendo que eso le permitirá resolver un problema, saciar una necesidad alimentaria o satisfacer un capricho. En algunos sitios he adoptado el criterio antes de entrar y sentarme en el lugar (en Restaurants y cibers por ejemplo) sondear sus posibilidades, consultar la carta en el msotrador o preguntar por la velocidad de los bits en la conexión con internet. A pesar de hacer todo esto sigo cometiendo errores eligiendo lugares en lo que jamás debería haber puesto un pie. La apariencias siemrpe engañan y ni siqueira locales montados por extranjeros con una visión empresarial más adelantada como en el caso de Francia, son siempre garantía. Generalmente les pude la codicia y un establecimiento con dos docenas de ordenadores puestos por lo alto es pura filfa cuando su capacidad de conexión no da ni siquiera para la mitad.

El problema interepetativo entre cpomerciante y cliente sobreviene en cuanto a uno pide por el pago de un tiempo de servicio y el otro se lo cuestiona pagar porque tras sus 15/25 minutos de tentativas en un ordenador perdiendo el tiempo decide irse.  La conexión a internet, es decir los bloqueos de ella es uno de los indicadores de este final de la primera década del tercer milenio del nivel de adelanto en un país. Hay países en los que es mejor ni siquiera intentar comunicar por internet dada la exasperante lentitud de transmisión de datos. Las primeras veces de user de itnernet en cybers como extranjero (recuerdo Mexico DF) se me iba la mayor parte del tiempo pagado en tratar una conexión que no conseguía. Admití pagar el tiempo consumido que en realidad no consumí nada. Tal vez solo fueron un apr de veces, suficientes para evidenciarme como un tonto. Ahora pago por lo que realmente consumo. Es así que cuando no conozco un sitio, no tengo referencias de él, nadie me lo ha recomendado y es la primera vez que lo exploro no me arriesgo a pedir un menú completo o a contratar varias horas de servicio. Empiezo con un plato en funcion del cual decido o no el siguiente. También  contraro una hora, en funcion de la cual decido si continuar o no.

La responsabilidad empresarial de un negocio pasa por garantizar el valor y la funcion de aquellos prodyuctos y servicios por los cuales pide un precio. El precio segan presuponiendo lo otro. Tan pronto lo otro es tan solo un aparato envuelto en celofán que no funciona (en el momento de escribir esto ya son cuatro los enchufes multicontactos, distintos modelos endistintos países, que he comprado en Africa restropeándose todos al rato) el contrato implicito de la compra-venta queda transgredido por tanto solo cabe gestionar la devolucion del objeto y la recuperacion del dinero, apuntando el local a la lista de la memoria para no volver a acudir como cliente. Pero esto es más fácil de decir que de hacer. el hecho de que un objeto no funcione en un local no quiere decir que los demás tengan que ser malos. Por otro lado acudimos a locales con precios competitivos de productos fabricados en China o la India arriesgándonos a que  sean productos fraudulentos.

Si uno quiere rodearse en su pequeño universo de focos detensión no tiene más que comprar articulso de mercado poco fiables que le van a dejar de funcionar o a estropearse con la primera mosca que pase por el lado. La estabilidad de la psicologia personal le debe mucho a la estabilidad ambiental y material de las cosas con que se rodea.  El conocimiento de la vida pasa por colocarse por encima de las adversidades concretas, si bien esto es cierta hay un montón de ellas que son/serían evitables haciendo elecciones de calidad o establecimientos que la garantice.

Cuando un usuario en plena madurez y tras décadas de ser consumidor de un montón de objetos llega a la conclusion que una proporcion considerable de ellos (eso incluye productos caros como vehiculos, ordenadores, casas incluso) vienen con taras de fabricación y diseñó le toca reconocer que no tiene escapatoria. Durante una temporada biográfica puede ir al supermecado que le han hecho mal la cuenta de lo que ha comprado o ha adquirido uno que no viene encondiciones. No siempre el establecimiento está al lado de casa como para hacer eso con suma facilidad.

Me he permitido pasar por la experiencia de reclamar en varias ocasiones por productos envasados cuyo contenido no se correspondía con lo anunciado o cuya función simplemente no se cumplía. Ahora –dependiendo claro de si el precio pagado tampoco es tan alto- me lo tomo como un juego y cada vez que adquiero una cosa que deja de funcionar al siguiente día apunto el hecho en mi kafquiana lista de los goles que me meten´.

Ocasionalmente, por propia iniciativa, de la parte comercial asumen la iniciativa de reducir un precio cuando la funcion no está a la altura, como en el caso de aquellos alojamientos que al pagar por todo: habitacion mas servicios, te enfrentas, una vez instalado,  a la desagradable noticia de falta de luz o falta de agua.

Para quien poseía o donaba el conocimiento de la vida a grado de maestria como un tal Maharaschi[1], tener problemas con la cotidianeidad por este tipo de asuntos debe significar estar atrapado en el bajo astral. Sin duda lo ideal es tener una secretaria o algún tipo de servidumbre que se ocupe de las gestiones para conseguir objetos y servicios de primera calidad y asi evitarse el trato con esta parte de la realidad. El problema es que todo lo que no sea de primera calidad es ya cuestionable en su funcion y la mayor parte del mundo, incluyidas las ciudades más ricas no la ostentan necesariamente bastandoles generar sus performances o simulacros.

Los analisis de los productos ofrecidos en los hipermercados en los distintos sectores: alimentación, textil, ferreteria, materiales de picnic-camping y así un largo etcétera proporciona conclusiones que dejan mucho que desear. En el solo apartado de los alimentos muchos productos autorizados por los ministerios de sanidad son potencialmente dañinos para la salud.

Cada vez que un cliente compra algo que le defrauda no por su capricho subjetivo sino porque el articulo no está a la altura de su función tiene motivos para enfadarse no solo con su comerciante al que puede dejar de acudir o retirarle el saludo (el cual, victima a su turno por ser cadena de trnasmision de un objeto mal fabricado salvará  su propio bochorno como sea) sino delcarse anticapitalista por deducir la responsabilidad de fondo del sistema en la responsabilidad de lafalta de calidad de muchas cosas.

Cada vez que uno se encuentra con una propuesta servicial con una evidente falta de funcion lo menos que puede hacer es no pagarla, por mucho que haya tomado asiento en el ordenador del cyber o haya estado un rato con el clic con cara de boniato sin conseguir nada. Solo así se puede presionar a los que ofrecen servicios a que los garanticen.



[1] el nombre público de una industria de sectarización. con un personaje impostor por baluarte.su corriente se introdujo tempranamente en Barcelona,de buscadores de reyes e iluminados que les aplanaran el camino hacía los cielos.Sus devotos o seguidores siguen haciendo actos o concelebrciones en torno a videos del personaje,que aunque ya no es tomado como niño-divino,no pasa de ser un auditado que no dice cosas fundamentalmente básicas pero que entretienen a públicos ávidos de postulados de evidencias.

Regateo y Precio Fijo

 

Regatear forma parte de las conductas humanas en  algunas culturas y es una manera de ostentar razonamientos a favor y en contra de un precio para llegar a un acuerdo a satisfacción de ambas partes y para que un objeto pase de la propiedad de un vendedor a la de un comprador. El comercio es un sector social mayoritario, gracias al cual, se dice, millones de personas encuentran su forma de vida y de beneficio. Originariamente era un servicio o una contribución al desarrollo humano: lo que no estaba en un sitio era traído desde lejanos lugares   con todos los riesgos que eso suponía para el comerciante o el transportista que contrataba. Son legendarias las caravanas de las grandes rutas. Las poderosas clases sociales se han distinguido históricamente por gozar de objetos y materiales a los que no tenían acceso la mayoría de la población por su rareza, su dificultad en conseguirlos o su elevado precio para ese momento.

Lo que pone inicialmente el precio de un objeto en venta es su existencia en forma de oferta y la existencia de una demanda posicionada como tal. No todos los objetos son pensados para el mercado y algunos han sido pensados antes por el comprador o el coleccionista que lso quería moviendo una seria de prácticas encadenadas para conseguirlos. Cuanto más rareza de una cosa más discutible  será su precio, incluso podria alcanzar una cifra nunca antes igualada a juzgar por  algunos exagerados  guiones cinematográficos en que alguien pueda decir pagaré lo que se. Por muy rica que sea una persona nunca tiene una cantidad ilimitada de dinero. Es más preciso decir que puede llegar a tener una suma tal económica que ni siquiera triplicando su longevidad biográfica podria darle tiempo a gastarla.

La sociedad de los negocios tiende a establecer precios fijos. Un precio fijo no es más que un dato referencial estable. Si es un precio no competitivo ya habrá oportunidad de cambiarlo por otro  que lo sea. Depende de la relación que se tenga con el mercado se accede a unos precios u otros. Cada rol influye en ello. El mayorista compra el precio por unidad inferior al minorista. Es distinta la subasta de un tipo de artículos a otro, en un mercado o en otro de otra ciudad. También son distintos los precios de las hortalizas en el mercado semanal ambulante a primera hora de la mañana que a la última cuando los mercaderes ya están recogiendo y los productos sobrantes van a echarse a perder para el día siguiente.

Aunque haya un cartel señalando el precio de una cosa, el cliente siempre puede optar por cuestionarlo y pedir que se descuente algo o proponer uno alternativo.  En las técnicas de psicología del marketing y de la persuasión también hay las de rebajar los precios para colocar el ultimo articulo de una serie de ellos que ya no se va a renovar o completar el mínimo numero de ventas del día.  Hay un tipo de frases que un viajero se las encuentra en países a miles de kms de distancia los unos de los otros. Es así que tanto en Estambul como en Agadir o en Niamey  uno se enfrenta con curiosidades como que tratan al comprador de amigo o como es la primera venta del dia (eso lo puedes oír aunque sean las 8 de la tarde) va a poder beneficiarse de un descuento especial. A los europeos les encanta dejarse engañar con esa clase de fabulaciones.

Por lo general el comerciante que tiene clara su dinámica de ventas y el valor de sus mercancías termina por optar por el precio fijo: lo tomas o lo dejas. Si lo pagas es tuyo si no sigue siendo mío. El precio fijo es el resultado de una práctica comercial suficientemente experimentada que demuestra que por debajo de ese precio no vale la pena el esfuerzo de traer la mercancía hasta el punto de venta u ocuparse de ella hasta que alguien se la lleve. En cambio el precio a convenir siempre cuenta en doblar, triplicar, cuadruplicar o decuplicar el precio real de venta de una cosa. Aunque el regateo forma parte de los actos verbales y no deja de tener su interés antropológico no deja de poner en evidencia la gran capacidad de engaño de un vendedor que empieza proponiendo un precio que puede ser 10 veces más caro del real con que se vende aquel objeto. Lo hace con la intencionalidad clara de conseguir el mayor beneficio. Esto es totalmente legal pero nada ético. La diferencia entre un comerciante que ha seguido el proceso de un objeto desde su elaboración o punto de compra hasta su punto de venta y que al precio que pagó le incrementa otro para compensar su tiempo y riesgos dedicados con el comerciante que compra y vende sin moverse del sitio, trasegando información (prototipo del bróker financiero) es que uno mantiene su conducta dentro de un trabajo de servicio mientras que el otro lo hace dentro de una especulación que termina por revertir negativamente contra el mismo mercado y todos sus usuarios incluyéndose él mismo. Cabe decir que habría (mejor expresarlo en tiempo condicional) o hubo (si lo expresamos en pasado) un comercio ético y otro que ha dejado de serlo alimentado por el móvil de los beneficios sin tener el menor escrúpulo en incrementarlos tanto más cuanto más tonto sea el comprador dispuesto a asumir el precio que se le da. Cuando regateo, práctica habitual en África y me enfrento a esos decires tan tópicos, atajo la cuestión: yo no soy tu amigo soy tu cliente si efectivamente paso a serlo y te voy a pagar el precio razonable. La mejor actitud para apoyar esa posición verbal es mostrando un interés secundario por el objeto `planteado. Como táctica ordinaria no está de mas preguntar por el precio de varios objetos por los que no estás realmente interesado y entre ellos o como ultima pregunta por el que sí lo estas. Eso te dará una idea de los que maneja. Por supuesto, antes de elegir a un comerciante como tu vendedor, vale la pena hacer un sondeo por la zona de mercado y conocer los precios de lo mismo manejados en otras tiendas, si puede ser fuera de la zona artesanal pensada para extranjeros tanto mejor. Sea cual sea el país del mundo al que se vaya lo mejor para comprar objetos nativos es donde van los nativos a abastecerse de ellos. ¿Cómo averiguar donde están? preguntándoselo. De donde conviene huir especialmente es de los lugares donde llegan buses y descargan turistas en masa.  Evidentemente no todos los objetos son adquiribles por el poder adquisitivo de los lugareños o los más preciados hay que buscarlos en los sitios más selectos –y caros-. A pesar de eso hay que optar por la discusión sin dudar de hacerlo cuando los precios son altos y sobre todo injustos. Esto también reza para un menú o un determinado plato en la carta de un restaurant. A menudo a la hora de encargarlo se está presuponiendo lo que su titulo dice. Muchas veces somos defraudados por la realidad del mismo que no llega a la altura de la noción que se tiene del mismo.

Lo interesante de regatear es que permite conocer la idiosincrasia real. La psicología del vendedor es mas fácil de descubrir que la del comprador por aquel. La psicología del vender es estable internacionalmente, vendedores hay tantos como culturas distintas y psicologías personales.

Los precios son relativos porque pasan por el valor de las cosas. Para algo muy valorado cualquier precio puede ser bajo, `para algo que no lo es en absoluto cualquier precio puede resultar caro. En el mundo publicitario al que el comercial le ha hecho tanto de nodriza las técnicas para inducción a la venta son comparativamente más importantes que la misma venta. Una buena parte de los productos que cambian de manos dependen de los significados que se han inoculado en la sensibilidad pública gracias a las técnicas de persuasión. Posiblemente un publicitario es el que hace de expresión teórica de los anhelos, vicisitudes y experiencias del comerciante.[1]. Eso no quita que un comerciante tras su mostrador o en su tienda, por humilde que sea, no termine por aprender mucha psicología humana a partir de los miles de clientes con los que puede ir tratando a lo largo de su vida profesional.

El regateo no deja de tener sus riesgos. Proponer un precio completamente inaceptable puede ser tomado incluso  como una ofensa por un comerciante honesto, si lo es; proponer uno que hace diana sea porque se conoce el curriculum de la mercancía, o porque ya se ha comprado la misma clase de objeto en otras partes y para el que el comerciante sabe que con ese precio ya tiene su  venta asegurada, se puede asegurar la compra, especialmente cuando esa compra no es una cuestión tan necesaria. Me he encontrado comerciantes que no han aceptado venderme lo que les solicité por el precio inicialmente propuesto al contraproponerles otro, para ellos insultante y en otras ocasiones que me han rebajado un objeta a la decima parte de lo que me lo querían vender al principio sin hacer yo demasiados esfuerzos en regatearlo. En fin, se trata de un juego. Conviene no olvidar nunca en esas negociaciones de mercado que no hay nada que sea tan importante, absolutamente nada, como para no poder prescindir de ello o substituirlo por una opción alternativa.

 



[1] Auguste Medina, autor de Notas al margen.Reflexiones de un publicitario. forma parte de la literatura que tengo coleccionada sobre marketing publicitario y social., que a pesar de integrar un submundo profesional con el que no me identifico por que coloca la persuasión al servicio del mejor postor, considero que no deja de ser uno de los espacios de mas alto poder imaginario.

El hombre y las sandalias

Si el hombre no hubiera pasado de ir descalzo a protegerse los pies, saltado de las sandalias a los zapatos y de éstos a las botas; es probable que no hubiera llegado tan lejos, que, como, conquistador, ha llegado; luego le salieron cuatro ruedas a los lados  y con eso pudo ir más rápido. Posteriormente le saldrían unas toberas de fuego por detrás y pudo ir más lejos, pero de eso no vamos a hablar ahora.

 En esa rectilínea tecnología del contacto con el suelo aprendió que en determinados climas y panoramas lo más rudimentario puede ser lo más práctico, siendo, que, unos pies encarcelados dentro de unos receptáculos que les impiden transpirar no es la mejor solución y en cambio sí una constante inconveniencia.

Desde la podología se puede estudiar no solo la patología de los pies sino la representación de otras patologías humanas.  Cabe observar que la superficie de contacto humano con el suelo es una diminuta parte en comparación a la superficie de toda su piel. Salvo los gusanos  y otros animales que se arrastran o serpentean que necesitan una mayor parte de ellos para seguir toando la madre natura, la evolución animal ha separado el cuerpo de cada especie reduciendo el menor contacto con la superficie terráquea.  No creo que se pueda decir que más necesidad de contacto corpóreo con la tierra tenga que ver con una menor evolución pero no estaría de más echar una ojeada a las especies bajo este parámetro. Los peces, que son anteriores a lso vertebrados, tienen por superficie de contacto con el medio natural el cien por ciento de sí mismos. Crear una ley de la evolución a partir de la porción de contacto físico con el medio  sería muy complicado. Otras especies animales consideradas inferiores a la humana, como algunas aves, mantienen todavía menos contacto de su superficie corporal con su punto de sustento. Hasta donde se sabe  

Pasar de los pies desnudos a las sandalias fue un gran salto en el progreso humano, los pies estaban más protegidos y formaban parte del plan general de imágenes. Gradualmente los pies fueron ocultándose al mismo tiempo que sus patologías fueron aumentando. Eso podría tener categoría de ley: otras partes del cuerpo -y en general de la vida- se han ido patologizando más cuanto menos puestos en evidencia hayan sido. Parece que ocultar va en contra de lo que se oculta.

Volvamos a las sandalias, África entera camina sobre ellas. Es el objeto más barato de todas las prendas de vestir; una simple suela de goma con otra que hace de cinta o sujetador pasando una tira por el dedo pulgar y el dedo contiguo permite andar para lo que hay que hacer. La clase alta ha abandonado  eso y encarcela sus pies. ¡no por favor, necesitamos respirar! Los zapatos de cuero, redondeados, de la mejor piel, bien apretados que distinguen el porte e inciden en la forma de andar.

Los tacones estilizaron las piernas y aproximaron las figuras al cosmos. Como fase intermedia los pies pasaron por las zapatillas de kung fu que los chinos internacionalizaron y David Carradine también. Debo decir que tengo experiencia de zapatillero de ellas. Fue uno de los primeros productos chinos que se conoció al otro lado de su orbe, la malvada sociedad de consumo capitalista. Bien tratadas, estas zapatillas, duran mucho a pesar de la opinión generalizada que muchos productos chinos no están bien construidos. También duran mucho aunque se las trate mal. Desde que empiezan a deteriorarse hasta que finalmente hay que tirarlas pueden pasar meses de uso diario. El problema es que en verano el pie no transpira y se convierten en un foco de humedades y de otras formas de vida parasitarias. Cuando al final uno se libra de ellas lo mejor es poner los pies a salvo con unas sandalias ordinarias. Estas siempre permiten el contacto de los pies con el aire, el principal de los elementos primordiales si lo comparamos con los otros tres: fuego, tierra y agua. Con cada uno de estos podemos sobrevivir un cierto tiempo, sin el aire ni siquiera 5 minutos. Los pies opinan lo mismo ¡al fin la libertad! Las uñas platican entre sí porque se ven y las junturas de los dedos pueden empezar a experimentar una recuperación después de tantos años de andar mojadas e irritadas.

Las sandalias serían el primer calzado evolucionado pero como la industria peletera no estuvo de acuerdo y necesitaba engrandecer su negocio justifico de mil maneras tapar el pie: elegancia, diseño, e incluso habló de confort. Mientras los pies son jóvenes aguantan los atropellos y escuchan las majaderías publicitarias pero cuando son mayores se rebelan, huelen peor a modo de protesta y a falta de que el tipo que tienen mas arriba no diga nada por su boca.

A fuerza de andar los pies se hacen sabios. Su viajero puede ser, los pies seguro que lo son. Lo que más les gusta es cuando están descalzos y nada mola tanto como un paseo por la playa notando el contacto de la arena y el masaje fabuloso de sus granos metiéndose entre los dedos. También les gusta andar por la hierba en especial durante el rocío. Se saben que son los más marginados del cuerpo, tienen mala prensa, siempre andan tirados por el suelo. Si además se atreven a andar desnudos, su planta se ensucia y tienen que pasar pro el baño antes de irse a la cama. Si comparten la cama con otros pies no dudan en tocarse, otra cosa distinta es llevarlos a la boca, a la del usuario casi imposible porque ha perdido elasticidad convirtiéndose en un viejo encarcarado y la de la otra persona es posible que haga algunos ascos. Hay zonas del cuerpo prohibidas no solo a la mirada sino también al contacto. Los entresijos entre lso dedos de los pies son tan poco tocados como el ano. Hay algo de un repelús inconfeso en hacerlo. A un pie lo que más le gusta es meterse en la boca del/de la amante del cuerpo entero al que pertenece. Si un amante muerde, masajea con la boca, chupa dedo a dedo los dedos de los pies de su partenaire es que realmente es un amante apasionado.

Los pies deben mucho a su salud a las sandalias. Contra lo que se diría el hecho de estar al descubierto en lugar de ensuciarse les permite vivir lo más naturalmente posible. Claro que, con unas sandalias de gomas  o espuma y cuero no se puede hacer escalada ni chutar balones pero se pueden hacer muchos quilómetros a pie y es lo que más acerca a la realidad del suelo.

Durante un verano, despues de una demora excesiva en deshacerme de unas zapatillas chinas y tener que pasar por el esfuerzo diario durante algunas semanas de ponerme unas botas de senderista, a falta de otro calzado, terminé por comprarme unas sandalias, suelo de goma y cinchas superiores de cuero. Eso fue en Kayar, en una de esas tienditas que gestionan varios muchachos, que uno te dice un precio, otro te lo dobla y un tercero acepta tu oferta, que tenia las zapatillas colgadas con clavitos que recuperaban cuidadosamente para reaprovecharlos con el siguiente par a colgar. Tras dos días de usarlas se despegaron las suelas de espuma de la de cuero que tuve que fijar unos cuantos días con celo. Finalmente uno de mis mecánicos, apiadado, se las llevó para volver con ellas encoladas y aseguradas. Desde entonces no se ha despegado de nuevo y sigo mi curso de felicidad con los pies en tierra.

Karajan dijo que el arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta. El arte de andar consiste en dejar que los pies estén lo mas libres posible sin arriesgarse a accidentes pero tampoco protegiéndolos tanto que no se les deje intercambiar información con el medio.

Entenderse por señas

 

Bel Air, zona portuaria de Dakar. El pestazo a pescado desacredita el titulo del barrio  pero el nombre es el nombre. La calle de arriba lleva a un recinto militar del ejército francés y la de abajo a un hotel. Como en tantos otros sitios de la misma ciudad y de otras capitales africanas, el  concepto de mercado va más allá de los sitios previstos para instalarse y cualquier lugar puede ser útil para vender lo que sea. Es el caso del rincón junto al carrefour que reconduce calles, entre ellas,  una al puerto y otra a una de chiringuitos. A un lado,  un informe aglomerado de gente vende un poco de todo. Distingo  al pasar en coche, entre lonas y tensores, cajas militares  de metal de verde oscuro, de las usadas por los americanos para munición de guerra. Me constaba ya que esos materiales suelen estar bien hechos y para un rato después decido ir a inspeccionarlas por si están en buen estado y comprar, si procede, alguna. Me doto de poco dinero con lo cual mi s recursos para el regateo tienen que ser bien empleados. Tras averiguar quien es el dueño de las cajas, el hombre no habla francés ni muestra demasiado interés en la venta. Con la ayuda de la otra vendedora, que traduce un poco,  el vendedor cambia varias veces el precio sin aclararme del todo el que está diciendo porque a cada momento se va a la sombra a sentarse riendo para si mismo una sonrisa nerviosa. Aparece otro hombre que hace de intermediario, luego un tercero, más joven, que dice que la mitad de las cajas son suyas. Le pago una con los 2000 cefas que tengo en el bolsillo pero le afirmo estar interesado por parte de las otras y que vuelvo enseguida. Entretanto este último está parando un taxi y sube varias cajas,  por las que yo estaba interesado, en el guarda equipajes y desaparece. No entiendo nada. Tal vez me ha confundido con un inspector del ejército zapatista. Un rato despues paso con mi furgo, la estaciono y compro primero otra caja de tamaño mayor por otros 5000 y una segunda parecida  pero en peor estado por 4000. La primera de las dos se lo pago con un billete de 10mil al tipo que sonreía para si mismo. Saco de su bolsillo un fajo de billetes de cinco mil: no le deben ir tan mal las cosas y por eso se resistía tanto a rebajarme el precio. La segunda caja se la pago a un cuarto hombre que acepta mi propuesta de reducirlo en 1000. La explanada debe ser una cooperativa en prácticas o algo así.

Para zanjar el trato de compra de cada una de las cajas pago el dinero y doy la mano. Ellos se  han quedado  con mis cefas y yo, finalmente, con las tres cajas ¿para qué las  querrá ese blanco? –se preguntarán. Son cajas ideales para guardar objetos de valor dentro del vehículo cuando vas en viaje. Pueden servir como cofres y superan las cajas metálicas que venden en otros mercados, más grandes pero de chapa menos dura. En todo caso es una reutilización para fines pacíficos lo que sirvió como cajas de material para matar.

El comerciante autosaboteado

 

Uno de estos comerciantes ociosos que no paran de asaltar los pocos extranjeros blancos que llegamos a la zona (les Alamendines, cerca de Dakar en la costa) cuando al fin nos detenemos en su puesto donde nos muestra unas cadenitas de plata con el colgante de la silueta de África de plata mala, al decírselo, se enfada soberanamente diciendo que se le quiere sabotear. El chico tiene una forma exigente en su habla tal vez por no haber hecho ninguna venta en ese dia o durante esa semana o en el mes en curso. Quiere convertir al último turista que le llega en la oportunidad de sus ingresos. Ninguna de esas consideraciones es un eximente por su insolencia y trato. El caso es que pide un precio desorbitado por una cadenita y una chapita doblada. No reconoce que hay distintos tipos de plata según sus canteras o minas y modo de tratarla. Al final abandona su persecución y se va a unos metros perdiendo la oportunidad de negociar otro objeto, una pulsera de acero y plata. No es el único caso de comerciante, efectivamente, auto saboteado que conocemos.

La psicología del comerciante especializado en sacarle el dinero a los turistas es otro apasionante campo de observación. Suelen ser tipos que no trabajan directamente en la producción de lo que ofrecen, que lo tienen a veces por años o durante media vida permitiendo que se llenen de polvo. A no ser de que sean artesanos ellos saben en el fondo que no hacen nada por el mundo salvo trasladar objetos de un punto A comprados o conseguidos a un precio bajo, hasta otro punto B donde poderlos vender al máximo precio posible, doblándolos, triplicándolos o multiplicándolos por 30 veces mas de lo que les costó. El tiempo corre a favor suyo: lo que al principio era un objeto entre tantos al cabo de una o dos décadas se puede convertir en una pieza de antigüedad y casi única por la desaparición de las otras de su especie. Él, en su puesto de espera, generalmente junto a otros del gremio y en tienduchas organizadas como telasdearaña, aprende la psicología del visitante, los ademanes del extranjero, sus tácticas elusivas. Es así que cuando vocea algo para llamarlo o le hace aspavientos para que aparque su coche en determinado lugar, aquel, ducho en viajes y extranjero en todos los países a los que va, tiene suficiente saber como para hacer caso omiso. El comerciante ocioso no tiene otra cosa que hacer que dedicarse a asediarlo, a fin de cuentas aquél va hasta su zona y este lo está esperando. El comerciante que confunde entre preguntar por algo y el interés en poseerlo por quien lo pregunta no es precisamente el mejor observador psicológico y termina por reducir a 1/6 o 1/10 parte el precio original que pedía.

Cuando le dices: si me das un precio alto por una cosa y tu mismo lo vas reduciendo sin que te lo discuta me estas dando razones para no confiar en absoluto en ti para comprarte otra cosa por la que si esté realmente interesado es como predicar en el desierto.

No pocos comerciantes con economías precarias en países africanos y asiáticos, pero también europeos y americanos, son una modalidad camuflada del ocio. No se puede afirmar esto para todos ya que los hay –pocos, desde luego-  que son serviciales y presentan precios razonables por el coste generado por los objetos y servicios que proporcionan, pero desde que se tiene noticias de historias comerciales el mercader es un tipo que tiende a querer ganar el máximo con el mínimo esfuerzo. Finalmente un coleccionista compulsivo le comprará aquello que le ha estado guardando, casi en exclusiva para él, por muchos años. Eso colmará las aspiraciones de este veterano de su puesto que habrá aguantado toda clase de indiferencias y rechazos. Eso no impide que el comerciante desarrolle su conocimiento de gentes, aprenda lo básico de los saludos y de las artimañas de la venta en todos los idiomas e incluso una filosofía de la vida. Un tanto precaria –cabe decir- por tener siempre el cuello amarrado a su caja de objetos en venta. Sutilmente a fuerza de ir vendiendo cosas se irá vendiendo a él mismo por porciones sin que finalmente le quede demasiado de ética aunque pueda tener mucho de conocimiento técnico de lo que vende.

Para el comerciante, lo más insufrible es el viajero que toma su tienda como una galería de arte o de curiosidades y se pasea por ella lo mismo que hará por una exposición de cuadros o de esculturas sin otra intención que la cultural o la de obtener algo de placer visual sin tener ninguna necesidad de poseer cada cosa que ve o le gusta.

En última instancia el coleccionista de antigüedades y el comprador de objetos por todos los países donde va es alguien que necesita atestiguar y demostrar su estancia en ellos y es el anillo al dedo a aquel comerciante que le espera con sus, a menudo, artimañas y trampas. Éste sabe que antes o despues un extranjero caerá en sus redes y el extranjero sabe que no puede evitar gastar e incluso pagar mas por el hecho de serlo. Eso lleva a rocambolescas situaciones en las que este que viene cargado de culpas y de cadenas ideológicas termina por pagar mas en un país con una renta per cápita diez veces inferior al suyo que en el suyo propio. El imbécil lo acepta tal vez porque no quiere reconocer que su poder adquisitivo no está para estos trotes.

Volviendo al comerciante airado por ofrecer una gargantilla de baja calidad y decírselo hay una tensión latente entre el que vende y el que no quiere comprar, entre el que vive no de su venta sino del engaño con ella y el que sabiéndolo termina por jugar al juego del regateo que no deja de ser una curiosidad dentro de la comunicación humana. El mundo no debería estar puesto asi pero es lo que hay. Todos los extranjeros que curioseamos en un país, antes o despues terminamos visitando zonas pensadas en nosotros donde no hay ningún lugareño que vaya a comprarse nada porque sabe la barbaridad de sus precios, es decir su no expresión a los precios reales del mercado verdadero. Para lo único que sirven estos mercaditos artesanales es para darse una vuelta y ver el tipo de objetos y precios que predominan para luego irlos a tratar a otros sitios donde se pueden reducir perfectamente a diez veces menos.

Hay que ponerse en la piel del comerciante y en particular del de la economía subsistencial precaria para saber lo que significa eso. Me he puesto muy pocas veces con objetos en la vía pública para vender. La relación con el cliente es absolutamente instrumental. Es distinta la perspectiva del cliente que ni siquiera va de este rol o no quiere serlo y el comerciante lo confunde por tal. Se podria escribir algo parecido a lo de Roser Marquet[1], Es un toque de atención a la función instrumentalista de los profesionales que prefiguran la actitud  de los pacientes al servicio de su rol y no al revés. Es importante la recuperación y potenciación del término cliente en lugar o como complemento preciso al tradicional de paciente. Detrás de la modificación de la palabra hay un esfuerzo modificador de todo una concepción en el trato. Análogamente es muy distinto estar a un lado o a otro del mostrador. Hemos heredado un tipo de sociedad en la que cada cual vela por sus intereses y su perpetuación y comprender el punto de vista del otro no es solo un acto de comprensión comunicativa, puede ser el final del propio rol auto saboteándolo con lapsus inconscientes de los que no están ajenas la ira, la falta de educación o la falta de tacto.

 

 



[1] Tractant de seure a l´altra cadira. La perspectiva del client.

Análisis de Consignas Políticas

 

La consigna  es  el epílogo de  un discurso político. La última frase que condensa y retiene el espíritu de todas las demás que la han argumentando. Es la frase conclusa. La conclusión que propone  a sus lectores para una acción. Se presenta con todos los elementos dados para no requerir preguntas y está construida para bastarse a sí misma. Es, aparentemente, el texto consensuado y la quintaesencia doctrinaria de una línea de pensamiento. Es, el grito apócrifo de una época, una generación, una aspiración histórica.

Su uso se remonta a través de los tiempos. La mano anónima del pueblo ha venido usando las paredes de los espacios públicos para  reclamar los deseos justos de todos o, supuestamente, de la inmensa mayoría. En ese libre ejercicio de la opinión algunos perdieron la vida y otros fueron condenados a severas sentencias. Nunca jamás un texto público  ha sido comparativamente tan castigado. ¿Cómo, unas simples palabras pueden ser tan temidas por un poder defendido por todos los ejércitos? El poder teme a la palabra, porqué la palabra es la reflexión. Teme a que sea pensado por los demás, porque ser pensado equivale a ser cuestionado. Teme frontalmente  la reflexión  pública, porque está enfrentado a la transparencia y a no poder manipular a su antojo, desde el secretismo, a la sociedad en su conjunto. El poder, es toda instancia socialmente superior que se erige por encima de los demás a costa de éstos. Poder no es equivalente a Estado, aunque los estados sean su expresión más sincera. La construcción del poder también está en los individuos, en los líderes, en los organizadores, en los administradores de los recursos ajenos, en los que planifican la agenda de los demás; aunque sus expresiones más burdas sean las de cualesquiera sujetos que fundan  su  autoestima en el ejercicio de sus dictados y la constatación de obediencias ajenas. Las consignas políticas giran invariablemente en torno a las cuestiones de poder: para reclamarlo o para discutirlo, para imponer el propio negando el otro o para pedirlo con todos los consensos. Ni siquiera el ideario ácrata esta exento de esto. Al cuestionar todo poder esta reclamando otra forma adelantada para su delegación. La autogestión sería o será, supuestamente, el poder de todos sobre todos.

El análisis de las consignas políticas entra de lleno en el área temática de análisis del lenguaje subversivo por lo que hace a aquellas desde la posición del oponente y otras de régimen, doctrinarias, establecidas para consolidar la unidad en torno a la patria y al poder unicéntrico. Desde el punto de vista partidista hay una gran diferencia que desde el punto de vista sociológico se acorta. Para un análisis del valor de la consigna política habría que analizar una a una y cientos de ellas para descubrir la recurrencia de una lógica, o una ilógica, en su planteamiento. Hay enunciados absolutamente narcisistas como  Viva la Clase Obrera. Una frase que contiene dos partes en contradicción. La lucha de la clase obrera pretende o pretendía  una liberación como clase explotada frente a la expoliación de otra clase que un visionismo social había colocado como capitalista. Vitorear la clase obrera es vitorearla equívocamente en su condición de explotada presuponiendo que eso le daría la arrogancia de ser la clase histórica vencedora para engendra un mundo social adelantado. Arriba el Poder Obrero es otro canto a una entelequia conceptual. ¿Qué hace pensar que ese poder sea mejor que el que pretende derrocar? especialmente cuando su forma instrumental es la una minoría partidista que puede burocratizar todo un proceso manipulando el movimiento de masas.

Otros enunciados son voluntaristas tales como Luchar hasta el final.  Ese final tiene una buena carga equívoca que convierte la frase en un slogan demagógico ¿El final  qué significa morir o instaurar un programa? Si fuera lo primero es un error semántico ya que la muerte de alguien, un combatiente no significa la muerte de todo un proceso, y en cuanto a lo segundo, un programa no se acaba de instaurar del todo por las innovaciones que va incorporando. Su traducción mas aproximativa seria, la de luchar siempre.

Vencer o morir es una consigna maximalista de quien realmente ha llegado a las últimas y toda posibilidad de vida aunque sea con la respiración latente no tiene el menor sentido porque no es una vida real con la falta de la mínima libertad. Es la leyenda de la  última esperanza. La de Solidaridad, es más que un criterio ético que una consigna y a falta de concreción no significa realmente nada. Puede incluso ser puesta en duda. En el mundo obrero quien suele pedir solidaridad para su causa (su huelga o su cierre de empresa) es quien no la ha dado en anteriores convocatorias pidiéndola para otros.

El pueblo armado nunca será derrotado tiene el correlato menos radical de El pueblo unido jamás será vencido. Siempre que se utilizan grandes constructos que se refieren a multitudes (clases, pueblo, sociedad, masas,…) uno no sabe realmente a que atenerse. Cada una de estas instancias es –o sería- lo que su intérprete o definidor quiere o necesita que sean. Introduce en el primer caso una falacia. El pueblo armado, incluso en el supuesto de su totalidad, no significa que esté organizado o que sepa emplear sus armas. En innumerables conflictos violentos y sangrientos se ha demostrado que la voluntad popular no es la que salva vidas precisamente sino que las ofrece para morir a manos de tiradores profesionales. En cuanto al canto de la unidad no deja de ser un contrasentido por un lado pedirla y por otro lado proclamar la libertad de discusión. Esta significa mantener aquello en unos factores y no mantenerla en otros.

Afortunadamente las consignas políticas fueron dando lugar a eslóganes más imaginativos: La imaginación al Poder, Prohibido prohibir, Parad el mundo que me apeo,… pero no menos discutibles. La gente más imaginativa si llega al poder, en el supuesto de que haya llegado alguna vez, parece que la pierde. En cuanto a las prohibiciones esperar a que todo el mundo llegue a conclusiones de respeto y empatía con los demás es matemáticamente imposible en el plazo de una vida. Finalmente el mundo, el bloque terráqueo, el dia que pare será para sucumbir. Fuera de ´´el no hay sitio al que ir. Estamos obligados a soportarnos mutuamente dentro de sus confines. Metafóricamente el eslogan tiene un valor altísimo al ser el individuo díscolo el que excluye al mundo y no permitir que sea al revés, ser marginado por él.

Atravesamos un periodo de falta imaginativa para la renovación de eslóganes. Por su lado sigue siendo poca la gente que toma la iniciativa de escribir en sus pizarras eslóganes que resuman su filosofía de trabajo o su visión política. Las consignas resultantes de fuentes de enunciados institucionales o de asociacionismos no siempre calan en la sensibilidad pública y los que tratan de decir un mensaje de fondo no siempre se entienden.

No es nada extraño que la nueva tanda de enunciados rupturistas y abogadores para hacer nuevos mundos surjan de otras fuentes no precisamente políticas, tales como las literarias. José Saramago, el famoso escritor portugués, aboga por una insurrección moral  en sus contactos con Chiapas.  Eso no se puede traducir de ninguna manera pero suena bien. Creo intuir su significado: el de la rebelión ética íntima de cada uno de nosotros con la posibilidad de tomar la autoría del trazo en cada soporte de texto posible.

 

El fin del Amo

El fin del Amo. Permanencia del Poder y Extinción del Estado.

 

Hay dos nociones diametralmente opuestas sobre el significado del estado en tanto que aparato de gestión de la estructura social. El de la concentración fundamental de poder en pocas manos  que representa los intereses privilegiados de la parte dominante de la sociedad y el del intermediario de protección de los ciudadanos frente a los abusos que puedan surgir entre ellos y en particular frente a las mafias organizadas. No hay duda que la construcción histórica de los estados ha pasado por el  deseo  y la praxis de ser el poder dominante en la sociedad, el de los grandes señores de tierras y amos de siervos. Los estados siguen los linajes de sus precedentes. Con ideologías distintas e incluso contrarias caen en el rol del dominio y en la representación de la clase que los sustenta más directamente. El estado nunca es tan independiente de la sociedad como para  enfrentarse a toda ella. Es el aparato que manda e impone su poder, si es preciso, por la fuerza. El estado es una macro organización que tiene por cabeza visible un gobierno. Ni siquiera éste, circunstancial o temporario en los modelos sociales parlamentarios, puede controlar al estado en su conjunto a conveniencia de sus caprichos. Se debe a su dinámica y sus entresijos además de los marcos legales según los cuales el aparato y los políticos deben regularse. Una sociedad sin estado en una estructura social clasista y por tanto con intereses internos antagónicos es inimaginable. Eso políticamente es evidente. Tampoco es creíble una sociedad sin poder. El poder se ejerce desde la fuerza que permite a su ejecutante la facultad de ser obedecido. Tal axioma tiene distintas performances. Ni el poder siempre es despótico ni la fuerza tiene porque ser física. Además la obediencia no tiene porque ser reconocida como tal en el obediente. El artífice del poder es el que hace creer al siervo que ostenta la condición de ciudadano libre. Pero el poder es un objeto temático de amplia reconsideración que no puede quedar limitada a su manifestación más constatada que es en el ordenamiento social y en su vigilancia policial. El poder es algo que dimana el ser humano, individuo a individuo, a partir de sus dotaciones para la existencia y para las relaciones con otros seres vivos. Desde el momento en que un individuo se vale de su fuerza o de su astucia para cobrarse la vida de otro, aunque sea ese otro de otra especie, para nutrirse o abrigarse, está ejerciendo un poder sobre el medio. Desde el momento en que organiza sus recursos para soportar inclemencias o catástrofes está haciendo prevalecer su voluntad de poder por encima de los condicionantes externos. Desde el momento en que se relaciona con el otro con fines de manipulación o explotación es que está haciendo valer su rol de dominio sobre los demás. Desde el punto de vista del sumiso el poder es la facultad que un esclavo otorga a un amo a cambio de una subsistencia garantizada o sin sobresaltos. La gente de poder sabe que existe gente que no desea complicarse la vida y prefiere ponerse del lado de los seguidistas. Para alguien con dotes de mando le puede ser relativamente fácil encontrar a quienes, careciendo de ellas, se pongan bajo su batuta. En los juegos infantiles se detectan precozmente las habilidades,  o su falta, en ese sentido. El poder  político como macro estructura no está tan lejos del poder como emanación psíquica del individuo. Cada persona tiene una cuota de poder que proyecta socialmente a una cierta escala. El poder concentrado en un solo individuo seria calculable matemáticamente a partir de la delegación de sus poderes de otros muchos que le hacen costado. Del mismo modo que los órganos de poder de un país, las cámaras legislativa y los aparatos judiciales y ejecutivos, existen como especialistas en sus campos por la aquiescencia de la sociedad en su conjunto; en un momento determinado un líder de un espacio se hace con el control del grupo por una considerable parte de este que renuncia a su propia cuota de poder.

El poder  es algo que se manifiesta en todas las situaciones humanas. Desde las más privadas como los roles en los juegos de intimidad, a las  organizadas en forma de familias, corporaciones, asociaciones, congregaciones, empresas, partidos y finalmente en toda una sociedad jerarquizada. Reconocer el y los poderes existentes es tanto como reconocer los roles públicos. Nadie es igual a nadie ni ante las leyes de la naturaleza ni a los ojos de un observador todopoderoso. Cada persona tiene un valor personal y específicamente distinto a cualquier otra. Esta es una aseveración tan cierta por lo que hace a la auto estimación que se pueda hacer cada uno como a la heteroestimación que reciba. Su valor tiene un canje que pasa por su identificación y transparencia. Todo acto de franqueza es una entrega de datos personales que pueden ser aprovechados en contra de la primera cuota de poder personal. Johan W. Goethe recomendó dejar las llaves del corazón guardadas en el bolsillo al entrar en sociedad, y que no hacerlo resultaba bastante estúpido. El poder se manifiesta en una gama tal de sutilidades que el de uno crece de una manera directamente proporcional a la pérdida de las cuotas de otros. Esta pérdida está, a su vez, directamente determinada por la ignorancia. Cuanta más engañada esta una sociedad más delega  implícita e involuntariamente el poder en unos pocos. Santiago Rusiñol dijo que engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil.

La cuestión crucial del poder no es la de circunscribirlo solamente a la batalla política y en términos de ocupación y gestión del estado sino que pasa por retomar el tema desde su psicología. La permanencia del poder institucional es tanto más seguro cuanto menos psicológicamente esta planteada la necesidad del fin del amo. Para que no prevalezca el amo el esclavo debe auto impugnarse como tal. La extinción del estado como algo superfluo para una sociedad es muy deseable como ideal pero absolutamente impracticable. Una porción elevada de los asalariados de una sociedad, sea cual sea su modelo, está empleada como personal de la estructura de estado: desde oficinistas que trasiegan impresos a policías uniformadas que sancionan imprudencias de tráfico.

Una sociedad completamente auto moderada sin la presencia de figuras de control es, desde luego, concebible. Requiere cambiar unas tradiciones inerciales por una nueva cultura de coexistencia cooperante y autorregulación colectiva. No sería tan difícil de concebir, bastaría que las pautas educacionales caminaran en ese sentido. La permanencia del poder en sus formas institucionales, en sus jerarquías de mandos, y en su ideología del dominio está tanto mas consolidada cuanto el espíritu de grupo separado (patria, nación, institución, movimiento, etnia, lengua, bandera,…) prevalezca. Einstein, científico que recogió el espíritu de la ciencia por encima de las fronteras dijo que  “el nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”. Una nueva conciencia planetaria y universalista tendrá antes por bandera la ciencia, o lo que aproximadamente puede ser lo mismo: el saber y las verdades que no la explotación privilegiado de unos conocimientos en detrimento de otros pueblos que carecen de ellos.

Un país altamente burocratizado con un estado del control complejo, que para su mantenimiento necesita contratar millones de personas, está condenando al infra desarrollo a otras partes de esta misma sociedad. La pregunta es si un país puede evolucionar sin miles de tipos diferentes de impresos y bancos de registro de los movimientos de sus residentes y sus mercancías.

La cantidad favorece la complejidad. A colectivos humanos mayores, más compleja se hace su organización. Un hipotético mundo sin fronteras y sin estados territoriales devolvería la etnicidad y el origen al primer plano de consideración sin necesidad de abrazar constructos de unidad producto de una historia anterior en la que no se ha participado. El estado moderno, tal como lo venimos conociendo y sufriendo, podría empezar a desmontarse a partir de una reconsideración del territorio como marco de trabajo y de vida. Cuanto mas autosuficiente sea un territorio en sus necesidades primordiales menos necesita de una superestructura exterior al mismo. El concepto mismo de desarrollismo varía según la escala de la perspectiva con que se mire. La del punto de vista de un estado centralista pasa por evaluar las necesidades globales de un territorio mayor eligiendo  trazados de líneas eléctricas,  pistas asfálticas o ubicación de centros penitenciarios en función de sus aritméticas generadas por todo el país, el punto de vista de una zona  o localidad es el de la vida equilibrada por encima de todo en esa zona. El mundo es algo que empieza no tan lejos. No hay que cruzar la frontera más próxima para estar en él, basta salir de la realidad inmediata para vivirlo, aunque ciertamente el mundo empieza a unos centímetros de la piel de uno.

Rousseau aseguró que la humanidad debe gran parte de sus desastres al primer humano que cercó un terreno y afirmó: esto es mío. Pero la explicación del nacimiento de la propiedad privada no resulta tan sencilla. Hay factores de subsistencia que hicieron nacer los clanes y sus territorios de dominio. El ser humano no hizo más que extender lo que ya viene sucediendo en el reino animal. El dominio territorial es una expresión de la privatización. La cerca o su perimetración es una escena totalmente anecdótica. La propiedad privada no deja de existir por el hecho de que los mojones hayan desaparecido las cercas se hayan caído. La documentación sobre sus lindes siempre conferirá una categoría de poder a quien lo tiene.  El estado es la gran empresa que si bien se presenta como representante de la sociedad es la que mayor cantidad de propiedades, instalaciones y recursos tiene. No es tanto la empresa pública como un consorcio que pasa por tal.

Para el grado de elaboración teórica de la que se dispone, la previsión de una sociedad con un tipo de autogestión distinta es posible y eso permitir un recálcalo de la extinción del estado en su sentido clásico tan pronto los ejércitos y las policías armadas dejen de ser necesarias y el sistema de impuestos deje de ser la imposición de un robo legal. Otro asunto es el poder. Es inconcebible una humanidad sin el ejercicio del poder. El mejor futuro que este puede tener es el de su reparto equitativo y para eso solo es posible con el fin del amo, en cualquiera de sus manifestaciones representacionales o escénicas: la del sacerdote sobre los creyentes, la del maestro sobre los alumnos, la del padre sobre los hijos, la del juez sobre los reos, la del militar de graduación sobre los soldados, la del varón sobre la mujer, la de un amante sobre otro.

 

La vida excluida

El subsidio traumatico y la sopa boba. Koubri 21 abril 2008 

El cuento de la vida excluida.

En una sociedad fácil de identificar, rica y desarrollada, con coches modernos en sus calles, árboles en sus aceras, locales comerciales en todos los bajos de los edificios, con espacios de paseo, un polígono industrial limpio, los pájaros tranquilos, los niños escolarizados  y la descontaminación en marcha, con ayuntamientos de izquierdas y humanistas, órganos de gestión sensibles y competentes; vivía también alguna gente sin dinero, sin recursos, sin propiedad, sin trabajo, sin auxilios. He aquí su desgracia: no tenían trabajo ni por tanto  tenían salario con la que pagar sus necesidades y poder así  ser semejantes a los demás. Se les había pasado la edad o las ganas de trabajar. Lo cierto es que sus tentativas para recolocarse en empleos habían fallado. ¿Cuántos noes necesita integrar una persona en su escucha para sentirse definitivamente excluso de la sociedad? ¿Unos cientos? ¿Unos miles? Las malas lenguas decían que quienes no trabajaban era porque no querían trabajar. Pero lo cierto es que el fenómeno del paro, es decir de la exclusión laboral, era algo propio del mismo sistema. En todas partes había paro, desgracia, problemas. Eso afectaba a gentes de todas las edades: desde los mas jóvenes que les costaba acceder a su primera experiencia laboral, a los más viejos que tras bastantes años en una empresa o algunas, su historial laboral no merecía el menor reconocimiento. La sociedad moderna del más consolidado de los capitalismos se caracterizaba por despreciar sus propios recursos humanos no aprovechando la experiencia profesional de cientos de miles de trabajadores y profesionales que eran marginados del circuito económico-productivo.

 La estructura y la ideología del Bienestar, en la que estaban implicados tanto los gobiernos locales como autonómicos como del estado central, no podían dejar a la aventura de la subsistencia a esos ciudadanos muertos de hambre, escrutadores cariacontecidos de desperdicios. Fue asi como los estados dignificaron su existencia con unas pequeñas pagas. Cualquier ciudadano que había caído en desgracia por no poder generar dinero por si mismo podía acogerse a una especie de paga de mantenimiento para vivir su impasse con el mínimo de solvencia. Se le  echaba una mano mientras se reincorporara al mundo del empleo como todos los demás. En principio, esas ayudas eran tan mínimas que solo eran concebidas como algo provisional. Cuando muchas de estas personas superaban los diez años de subsidio el estado empezó a reconocer que se enfrentaba a un fenómeno no provisional que, además, contribuía a consolidar y a convertirlo en irreversible. En términos relativos la cantidad pagada era misérrima y en términos absolutos tampoco era tanta como para trastornar la economía del beneficio de todo el país. El dinero que el estado daba o regalaba a los subsidiados volvía a la sociedad en forma de capital circulante por los consumos de estos. De tal manera que deducidos los impuestos de cada transacción cualquier cantidad dada en la práctica podía ser reducida a sus dos terceras partes.  Lo alarmante es que el paro no se extinguía. La gente subsidiada seguía viviendo como podía, sin salir de su atolladero en no pocos casos. Los  y las asistentes sociales se ocupaban de proponer las pagas a esas personas y vehicular su tramitación. También se ocupaban de controlarlas para que se movilizaran y se esforzaran en salir de su arroyo. Las entrevistas eran una especie de por qués sin respuesta y extenuantes. La asistenta social vivía su propia tragedia al no poder ayudar directamente a quienes, al parecer, no sabían ayudarse a si mismos o se encontraban al fondo del abismo.

Lo curioso es que esas pagas eran del estilo o cantidades semejantes con el que otros jubilados o viudas o pensionados tenían por todo medio de vida, y conseguían vivir sin que el sistema se preocupara mucho en aumentarlas.  El caso es que muchos subsidiados desde una o dos décadas antes de que les llegara la hora de la jubilación ya tomaron esa paga como una paga ultima dejando de luchar por aumentarla, admitiendo ser bocas alimentadas por el estado.

La paga por pequeña que fuera servía para pagar la comida, las facturas de gas-electricidad-agua-internet, ropa y desplazamientos cortos. ¿Para qué más? Algunas de las entrevistas por las que el infortunado tenía que pasar eran la de técnicos en empleo e innumerables empleadores. Los unos lo tenían claro. Si tu rol no funciona, cámbialo. Si no te aceptan por tus conocimientos deja de ir por la vida como especialista y déjate contratar como mano de obra barata o mozo de almacén. Así se de sencillo. Los auténticos luchadores están dispuestos a fregar suelos o a hacer de basureros con tal de salir de su atolladero.  Los otros, los empleadores, se despedían de ti con un ya te diremos algo si te seleccionamos. 

Los especialistas en inserción podían plantear esto desde despachos más o menos tranquilos y pagas más o menos aceptables. No se supo jamás de ninguno de ellos que se levantara de su mesa y dijera: toma, ocupa mi puesto, yo me largo a viajar o a hacer el vagabundo o a vivir como tu: con una paga de minimos. Por su parte los encargados de contratar sabían que un adulto frustrado no es la mejor opción para dar la responsabilidad de un puesto  a alguien como asalariado especialmente si se le contrataba en un puesto por debajo de su capacidad intelectual. Mucho menos a partir de los 40, edad en la que uno deja de existir para las exigencias empresariales.  Dentro de los asistentes los había más heavys haciendo de auténticos perros guardianes del tesoro público para no dilapidarlo en sus asistidos y otros, afortunadamente la mayoría,  incomparablemente más sensibles y solidarios que se ponían en la piel del desgraciado que durante años asistía a sus citas de despacho con la amargura a cuestas y ante el que sabia que poco podía hacer ante un ser desmoronado. 

Algo que no perdonaba nunca la sensibilidad al propio sujeto era la de caer en la indignidad. Cuando uno era citado  una y otra vez para tener que explicar que todavía no había salido de su agujero resultaba altamente ofensivo. Ir hasta el despacho asistencial, cruzarte con vecinos que te reconocieran, repetir las caras de las secretarias en las distintas mesas, trabajando un año tras otro, siempre haciendo lo mismo, programando citas, dándote la tarjetita recordatorio, todo eso formaba parte de la presión, un martirio sutil por el que no apetecía pasar.

El subsidio tiene algo de traumático cuando el subsidiado sabe que lo recibe a cambio de ninguna contraprestación. La concepción centralista del sistema capitalista prefiere eso que reciclar a escala local esa fuerza de trabajo sobrante para las mismas necesidades que genera el mercado inmediato. Para la larga cadena burocrático-administrativa que participa en ese proceso los profesionales de inserción también se sienten frustrados al saber que esa no es la solución alternativa a una economía estatal desorganizada. El subsidiado paga con su sentimiento de deuda y culpa creciente aquello que recibe y que sabe que no podrá devolver, posiblemente jamás. El recurso a la  sopa boba de otras épocas quizás no generaba ese sentimiento. Se preparaban con restos que tal vez iban a ser desaprovechados. Los indigentes formaban fila con sus harapos que les camuflaban en una masa informe de grises y negros entre greñas y hediondas pestosidades. El indigente, sin embargo, siempre fue proscrito, siempre se le quiso cargar con el muerto de su desgracia. Lo mismo que la prostitución, siempre quiso ser liquidado. Tanto lo uno como lo otro nunca han dejado de ser fenómenos reales en todos los tipos de sociedades. Lo fue antes de la revolución industrial y lo es despues de esta. Claro que el subsidiado es un indigente vestido y rescatado de la mala apariencia. Puede pasar por alguien socialmente integrado a la perfección pero sabe que no lo es. Necesita  tener mucho amor propio para no vender su conciencia por un salario o seguir subsistiendo sin que nadie lo acepte para un trabajo propio de su condición. A fuerza de persistir como marginado termina por encontrar los argumentos filosóficos para continuar siéndolo debiendo jugar un rol en la instancia burocrática de ser un tipo sin suerte y viviendo su verdad, en la medida  que pueda hacerlo, en su privacidad y en la gente que conozca su verdad. Un subsidio puede estar muy por debajo de lo que una paga salarial ofrece, pero a veces no está tan lejos de esta: puede rondar casi la mitad, lo cual no está nada mal. ¿Para qué trabajar por el doble si con la mitad se puede disponer de la totalidad del tiempo libre? Algo que no puede entender el profesional de la asistencia social es que los exclusos sociales pueden terminar por desarrollar sus propis códigos éticos de subsistencia aceptando estas pagas de maintenance sin que eso les genere la menor culpa: todo lo contrario, al usufructuar asi del dinero público unas cantidades de otros asuntos menos dignos, cantidades que además son devueltas en forma de consumos pagados a la misma sociedad. Para el punto de vita del estado moderno dejar de subsidiar a los no asalariados puede ocasionar potencialmente un problema mayor: incremento del crimen.  Un subsidio es una manera directa  para desmotivar la delincuencia. Si dejaran de reconducirse subsidios a fondo perdido a los que los necesitan no significa que en términos globales la estructura de estado tuviera mas dinero, probablemente tendría que gastar mas para paliar los desastres que aquella suspensión ocasionaría. De otra parte si los trabajadores fueran o son preguntados al respecto, a nadie le gusta que parte de sus impuestos sirvan para alimentar a lo que puede, lícitamente, considerar como parásitos sociales.

Claro, que desde el punto de vista de estos, no participar de trabajos industriales como obrero o trabajos en la cultura como profesional, no significa exactamente dejar todas las ocupaciones. El sujeto subsidiado puede dedicarse a hacer muchas cosas con su tiempo libre y reconsiderar su situación cuando es crónica como una forma alternativa de vida, no precisamente desde la riqueza material pero sí desde la disponibilidad de tiempo para vivirlo. En resumen el subsidiado descubre que puede vivir toda la vida con un subsidio sin poder hacer determinadas cosas por falta de medios pero pudiendo hacer otras que eran impensables por falta de tiempo.

Jostein Gaarder[1] hace pensar en la opción de alguien que renuncia voluntariamente a su trabajo y el dinero estable que proporciona. Sostiene que es la curiosidad  lo que mueve la vida. Opina que el dinero no puede comprar nada importante pero puede destruir y corromperlo todo. Declaró pagar el 27% de sus ingresos al fisco, pero que  debería pagar mucho más. Afirmación repetida en más de una entrevista para sorpresa de colegas. Hace pensar que para quienes han podido mantener un puesto de trabajo estable  y renunciar voluntariamente a él que hay otros modos de vida y, en su caso, otras fuentes de ingreso alternativas. También hace pensar en la posición privilegiada de quienes tienen un puesto asegurado de por vida en instituciones y que a cambio de tal seguridad bien pueden dedicar parte de sus impuestos a quienes no la tienen. Otros no pueden vivir de su literatura o su arte o su filosofía autógena a priori, pero pueden dejarla como contraprestación acumulada para el futuro que pueda/quiera disponer de ella.

La administración dedicada al sistema de subsidios debería articular recursos paralelos para terapeutizar o analizar los estragos de la culpa y el sentimiento de débito en los subsidiados. Si el objetivo solo es que estos reanuden su actividad laboral en el sistema pueden encontrarse con nuevas tandas de asalariados totalmente huecos por sus estragos psíquicos.

Este es el cuento de la vida excluido. Siempre hubo exclusos. Ojalá en la sociedad de l futuro nadie pueda decir que esa tesis siga reactualizándose. Por ahora y en las próximas decenas de años seguirá siendo así. Tal vez durante bastantes siglos y el resto del milenio también. Entre tanto rescatar a alguien de su exclusión para devolver a la vida económica activa no significa que el fenómeno como tal de la marginación no siga dándose. Aunque  una nueva interpretación de la exclusión rescate el factor de la voluntad de los mismos exclusos, o parte de ellos,  en no dejar de serlo no significa que esa elección no coincida con una fuerza de expulsión real de su potencial como recursos humanos del sistema social. En última instancia el marginado termina por ser un marginal auto asumido y pasa de ser de un expulsado a una nueva élite supervivencial dentro de la desesperación. En el cuento personal de cada uno sobre las dificultades que encuentra para la readaptación hay una parte de verdad y, por supuestos, una parte de mentira que va reversionando según la capacidad dispuesta para el engaño de quien quiera escucharlo en toda la lista de entrevistadores y profesionales de ese proceso que quieran indagarlo. Paradójicamente el vago, el no-trabajador, en sus distintas versiones modernas, puede ser cada vez menos desocupado, mas interesado por las bibliotecas, por internet, por la lectura o por ser autodidacta, fuentes de recursos intelectuales todas estas que le hagan dudar del retorno social a la condición de explotado para el que es preparado. A diferencia de un asalariado el subsidiado no genera plusvalía y en cambio puede generar reflexiones. Puede probar a la fuerza el gusto de la libertad: la de disponer de si mismo y tras probar sus placeres encaramelarse con ellos. Abbé Piérre, fundador de los Traperos de Emaus, “la vida es un tiempo donado a la libertad por, si queremos, aprender a querer”. Lo cierto es que este aprender a querer también incluye querer otro tipo de vida que no pase por las miserias del asalariado tópico por su sumisión y esclavitud moderna.

Ante este fenómeno de subsidiados reconciliados con su nueva condición dentro de sus limites subsistenciales que la aceptan a cambio de vivir su tiempo libre el estado puede optar por controlarlo y devolver a esos protagonistas a las galeras sea como sea o aceptar que forman parte de la inadaptación social que tiene esa expresión y que se va fosilizar como sector apostando por su potencialidad creativa tal vez. Dicho de otra manera: al sistema le conviene más un marginado subsidiado a perpetuidad con la garantía supervivencial dada que ese mismo sujeto cronificado dentro de una cárcel o de un hospital.  Es el karma del sistema social por ser lo que es: un lugar de oportunidades recortadas y de clasismo irreductible, y que le toca a cada estado coyuntural gestionar de la mejor manera posible. Al fin y al cabo con unos mínimos económicos se da cancha para la subsistencia a un no despreciable número de personas y familias. Mantener en funcionamiento a toda una estructura paralela para el control del fenómeno anterior, comparativamente, genera mayor gasto sin que ayude a la producción de bienes principales para la economía del país.



[1] (Oslo 1952-)El mundo de Sofía. Manual pensado para estudiantes adolescentes.El Enigma y el Espejo.Vita brevis. ¿Hay alguien ahí?En 1991 daba clases de Filosofía en un instituto de secundaria de Bergen,(Norvege). Abandonó la enseñanza.

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