Apelamos continuamente a la Ética como el concepto clave que nos ha de sacar del atolladero histórico. Es la palabra mágica que hace caer en la cuenta de que lo fundamental en la vida es ser ético. Es decir, vivir de acuerdo a la conciencia responsable de las consecuencias de nuestros actos y respetando el valor sacro de la libertad. Es el concepto maestro que nadie pone en duda, o al menos no lo hace de una manera evidente. Ni siquiera los grupos de malhechores la objetan. Hablan de su propio código ético, del honor del clan o del espíritu de la familia. Se diría que el concepto de la ética da mucho de sí porque hace de su palabra-eje el amparo de conductas distintas. Hacer la discusión sobre ella no resulta tan fácil como a primera vista parece. Basta preguntar qué es para chocar con una primera lluvia de ideas. La podemos definir genéricamente como el código genérico que cada persona individualiza para vivir en consonancia con las leyes de la naturaleza respetando a los demás en la medida en que eso sea posible. Una definición, como se ve, absolutamente torpe y deficitario pero que supera la anterior del respeto al valor de libertad, palabra equívoca en cuyo nombre se han cometido infinitas atrocidades La ética es una moral del comportamiento y del pensamiento basada en la libertad y en la justicia. Eso suena mejor. Prosigamos. La ética o la nueva ética quiere desmarcarse de la moral o de la vieja moral con cánones coercitivos que supeditaban una mayoría a los intereses de una minoría. Del pasado hemos aprendido lo que nos sobraba y nos lesionaba. Sabemos lo que no queremos. Eso es más fácil que saber cómo conseguir lo qué queremos. En la descripción utópica del mundo ideal que podría gozar la humanidad podríamos señalar el atributo de ético como su principal propiedad. Ahí donde hay una persona ética que inspira respeto no hay problemas. Los problemas existen por justificar conductas fuera de éticas. La persona que era señalada como íntegra seria el equivalente al sujeto ético no dispuesto a renunciar a su ser por los imperativos del afuera. Eso es tanto como negar la célebre frase de que todo el mundo tiene un precio. La ética va emparentada con la dignidad, con la consecuencia entre ideas y actos, con el respeto a lo ajeno y con la verdad. Todo ello validable en el plano de la teoría pero difícilmente consensuable en el momento de elegir un número de comportamientos prácticos. Los cuales van a relucir antes o después. La discusión sobre ética queda condenada a una tarima demagógica si junto al panel de su gran titular no se señalan las maneras concretas de su funcionamiento. Al tratar de describirlas se corre el peligro en caer en normativas vinculantes que dejen poco margen de maniobra al individuo. No hay norma que no tenga una carga de perversión potencial. Lo más que se puede pedir son criterios adaptativos a cada momento y lugar, dejando su poder de gestión relegado a cada persona. Eso es tanto como colocar el lugar de responsabilidad en el sujeto-individuo (más que en el difuso sujeto-sociedad) confiando en que su soberanía, inteligencia y capacidad le llevarán en cada momento a elegir las opciones más adecuadas y justa; y quitarle el poder a la sociedad como un conjunto abstracto que de hecho nunca expresa ni puede expresar su opinión de un modo unitario, aunque sí dominante a través de sus grupos privilegiados en el ejercicio de tal poder.
Así que tenemos: primero: una necesidad incuestionable de ética. Dos, una imposibilidad de convertirla en código coactivo y tres, la presunción –añado ahora- de que la humanidad necesita madurez para entender el valor de ella y su función como regente de la totalidad de las conductas.
La discusión sobre ética no solo debe contemplar los procesos desiguales de la conciencia social e individual, por tanto la coexistencia entre madurez e inmadurez ante el tema en la misma época y lugar sino otro asunto crucial, que se deriva de éste- el hecho de que la inmadurez incluye potentes sectores de inadaptación total. La ética se ve paralizada por no contar con las condiciones ideales para ella. Ni todo el mundo sabe lo que es ni todo el mundo se la plantea. Lo que es peor: hay una notoria presencia de congéneres que no apelan ni en principio jamás apelarán a ella para nada. Viven y vivirán de espaldas a su concepto. ¿Qué se puede hacer con ese contingente de personas que hacen del daño social su vocación y de la obstrucción a todo proceso de solución su trabajo? Respuesta: hay que luchar para rescatar, individuo a individuo, de su ostracismo, sin olvidar que en el mismo proceso de lucha se van a multiplicar por millones nuevos individuos que se incorporarán con más o menos decisión a vidas oscurantistas. El cálculo de tal perspectiva es desalentador. Es tanto como teorizar la democracia como hicieron Platón o Cicerón en tiempos en que la mitad de la gente tenia el estatuto jurídico de esclavos y no el de ciudadanos de pleno derecho. Hoy la discusión sobre ética no está todavía en el ámbito de calle. Antiguamente todavía se hablaba del significado de la dignidad, hoy ni se menciona ni se sabe lo que es eso. Actualmente la discusión de ética está en manos de los vocacionales de la cuestión creyendo –o creyéndonos-que al especializarnos en el tema somos más éticos que el resto de los mortales que no lo hacen. Eso caricaturiza una clase de dicentes tan hipócritas como cualesquiera otros que hablaban de bondad y seguían pegados a sus plusvalías. No es más ético quien de ética más veces habla sino quien se rige por conductas que de facto lo son. Nos toca dudar de quienes al hacer de ello una de sus hablas especializadas no la usan para auto corregirse en conductas irrespetuosas a la naturaleza o a los congéneres sino para crear una fachada o un simulacro.
Otro componente que no puede olvidar la discusión sobre ética es que las dificultades en su aplicación están en el mismo sector de refractarios e inadaptados a ella. ¿Qué hacer con quienes se oponen a la vida comunitaria, quienes se acostumbran a vivir de la esclavitud ajena, del atraco a los intereses privados, de la contaminación de los recursos de todos? ¿qué hacer con los psicópatas que no tienen ningun sentimiento autocrítico ante el daño que generan en los demás? ¿qué hacer con los sociópatas que se complacen en la destrucción de vidas humanas en masa? ¿qué hacer con los genocidas, con los ejecutores sádicos, con los exmilitares que extendieron daño y sufrimiento? Cuando muchos años después de masacres se juzga a militares –que obedeciendo órdenes fusilaron después de torturar a cientos de personas- el propia sistema judicial les atenúa su responsabilidad reduciendo sus condenas a unos pocos años de cárcel.
La ética necesita del episteme y de la metodología como señala Popper para que sea regente pero no se limita a ello ni empieza por ello. Necesitamos la referencia ética para seguir creyendo en el potencial humanista de la humanidad a pesar de tantos desmentenidos por sus crueldades a lo largo de la historia. No podemos admitir la peor de las perspectivas que la Humanidad nunca crecerá y que el ser humano nunca dejará de ser: el espejo distorsionado de todos sus sueños. Necesitamos superar toda mentalidad escéptica y catastrofista a pesar que desde niños conocemos la tesis de Hobbes Homo hominem lupus y alguien nos dijo la peor de las sentencias de todas: la del ser humano como el animal que jamás cambiará dada que su maldad le es intrínseca. Como intelectuales no nos importa tanto si eso es razonable o no, sino si emocionalmente es soportable. Desde luego no lo es. Hacemos como que triunfará la cordialidad, la equidistancia cooperadora y respetuosa, la fraternidad y la inteligencia colectivas. El ser racional y sentimental superará la ferocidad de su bestia volcánica.¡De acuerdo! pero, entretanto ¿qué hacemos con todo aquel que no lo vea sí, que habla de “guerra preventiva”, de corazas ante el mal, de torturas y asesinatos? No se puede estar discutiendo el tema por una parte y hacer caso omiso a los datos arrojados por la realidad social un día tras otro, un año tras otro, un siglo tras otro por lo que hace a crecimiento del individualismo rivalista y la pérdida desconfianza en la condición humana.
Plantear la discusión así es nombrar la bicha. Hay una actitud que consiste en no levantar la alfombra del suelo para no tener ninguna idea del polvo y ácaros que esconde debajo. Preferiría mantenerme en la edad de la inocencia creyendo que la ética es solo una cuestión de decisión de los delegados en una reunión que apuesten por su conveniencia, o un estadio de obligada llegada para todo hijo de la tierra. No es así.
Un dios dispuso de Casandra el don de decir la verdad pero al mismo tiempo la limitación de que pudiera ser creída por alguien. Algo parecido nos pasa con los grandes y nobles predicados. El público serio ya no puede creerlos. “...Aquí estaba aquel nadie- dice Crhista Wolf haciéndose eco de la profetiza- que hubiera tenido que creerme; que no podía hacerlo porque nocreíaennada. Un nadie que no era capaz de creer” Seguiremos planteando hasta donde nos sea posible la lucha por la dignidad humana, por tanto, por su comportamiento ético dominante como la única alternativa que pudiera hacer posible el alumbramiento de un nuevo mundo. Pero esa ética universal para por su debate en estado permanente, no por la creación de un código jurídico mundial (eso es otro asunto) que lo suplante. Un tema es las leyes reguladores y otro la recreación ética de las personas ante su destino compartido. La dificultad conceptual de encorsetar la ética en unos mandamientos cerrados es lo que la hace de tan difícil recreación y mantenimiento. A diferencia de la ley basada en algún tipo de coacción sino es cumplida, la ética cuenta con un factor lleno de imponderables, la capacidad subjetiva de automoderación. La especie está recargada de procesos defectuosos que empiezan en el cuadro genético, sigue en el desarrollo intrauterino y se terminan de complicar con incidencias deseducativas. Eso da por resultado el terrible dato de un empeoramiento de los valores: cuanto más crecimiento poblacional hay, menos posibilidades de concordia existen relegando la vida pacífica y digna al relato literario. Tal pesimista perspectiva no impide continuar voceando a los cuatro vientos los principios del amor, la cooperación, la justica y el respeto a la vida; eso sí,sin olvidar que el algoritmo de la conciencia potencial está restado por la desconcienciación en masa como la principal garantia de continuidad de las sociedades que la historia humana viene dando.
El predominio del boato y la razón suspensa.
La realidad está poblada de apariencias. El predominio de los semblantes supera con creces los datos de las certezas. Sabemos que nadie es lo que parece ser y que toda aparición tiene que pasar por segundas miradas para verificar de qué se trata. Sin embargo, todo el mundo insiste y persiste en su look. Los establecimientos para el maquillaje de las caras, el vestido de las anatomías y la reformulación de los cuerpos son multitud. Las calles son desfiladeros de posturitas y modas. Todos vamos investidos de determinados colores y formas. Conscientes o no, todos damos señales de lo que somos con los que llevamos puesto. Es inevitable. Nadie se libra de venir envasado o expuesto en una forma. No hay contenido que se pueda expresar sin ella. Esto alcanza a todos los segmentos sociales y mentales. Las ideas más progresistas no han trascendido la necesidad de la forma, lo que más han podido hacer es sustituir maneras caducas de vestir por otras más dotadas de ingenio. Preferimos los colores vivos y variados a los grises y caquis, las cabelleras sueltas y libres a las cabezas rapadas, las miradas de ojos cálidos y limpios a los ojos caídos con miradas desviadas. La forma es muy importante, tanto que depende de ella si vamos a permitirnos pasar a la comunicación directa o la vamos a descartar según como la que percibamos. Todo el mundo lo sabe, por eso todo el mundo participa del juego de las percepciones, invierte su tiempo y su dinero para dar una buena impresión y se inviste de telas y maneras que expresen su pensamiento. Hay quien se pasa ratos largos ante espejos cambiándose y recambiándose de atuendo hasta encontrar el que cree apropiado para una ocasión. El vestido añade un plus en el volumen y en la magnificencia de determinados señoríos. Desde los sombreros alzados de los popes ortodoxos a los báculos, los cetros, las coronas, las hombreras y gorras de plato de los militares, todo viene a aparentar lo que nadie es.
En los viajes por el mundo la abigarrada fauna cromática da cuenta de las psicologías de los colores y, por extensión, de las psicologías de sus usuarios. Bastantes hombres georgianos utilizan abundantemente el negro en pantalones y camisas sin que ello exprese el duelo; los chinos de antes del desarrollo económico, la uniformización del cuello en trajes estándar; en una época de talante crítico, los cabellos largos y las barbas.
En algunos momentos la forma ha pasado por elecciones de escasez estética: pantalones terminados en patas de elefante o zapatos sobre plataformas alzadas. Hay quien no para de cambiar de forma no por elección propia sino por seguir los dictados del mercado. Se interpreta eso como una alienación en masa o la anestesia de los sentidos de la gente para que al estar embotada pierda su capacidad de discernimiento. Pero tanto si se sigue como si no se sigue una moda, casi todo el mundo entra dentro de parámetros de una u otra forma. La mayoría de gente elige y compra objetos prefabricados en lugar de hacérselos. A partir de esa inserción comercial se deja vestir, es decir investir y llevar, por lo que adquiere. Quizás se debería volver a los tiempos en que en cada casa se hacia parte de la ropa para recuperar una libertad de creación electiva ya definitivamente perdida.
Resulta curioso que en los encuentros interreligiosos cada cual no abandone por un momento sus hábitos, en el doble sentido de la palabra, como actitudes y como prendas; y por mucho que unos y otros insistan en la tesis -de mentira flagrante- del “todos somos iguales” amenizada por el argumento de que estamos atrapados por el mundo de la ilusión y de las formas, nadie renuncia a las suyas. Alguno podrá hasta auto ridiculizarlas, eso sí, tratándose de que va de fallero mayor si lleva un turbante en la cabeza o de que se dedica al peor oficio del mundo como es el de agente comercial (es decir un técnico del engaño) si va trajeado al estilo más típico, pero luego insistirá en sus trece, en su doctrina concreta, en su templo, en su oratorio, en su gurú. Mientras no sea analizada la cuestión en todos sus aspectos todo cabe en el circo folclórico y cada sujeto investido de su prosa ad hoc es aceptable en el guateque de las formas. Tan pronto se examina cada detalle se da con auténticos ogros de sus fanatismos, incapaces de variar lo más mínimo mientras se dedica a sobrevivir o vapulear aunque sea con cuerpos infestos de formas amaneradas y teorías llenas de parches.
En los encuentros de aproximación comunicativa entre representantes de distintas partes del mundo
Se asiste a un verdadero espectáculo de formas. Uno de los intereses de los eventos internacionales es la oportunidad que da asistir a ese escaparate pluriformal. Si bien el derecho a la forma se confunde con el derecho a la diferencia, cada línea de pensamiento particular y diferenciada no significa que no se esconda de una incapacidad adaptativa para la fusión de la conciencia. La misma lógica que expresa el derecho a la personalización también es la que auxilia la prerrogativa de un rol de dominio. Leonard Boff sostiene que la misma lógica que explota a las personas, a las clases desposeídas y a los países, es la que explota también irracionalmente a la naturaleza y al planeta. De lo que se trata es de modificar estructuras mentales para garantizar nuevos comportamientos útiles para la ínter comprensión y la fraternidad. El apego a las formas dificulta ese proceso. Una forma de boato es tanto más fanatizada cuanto menos seguro está su adepto de una vida en libertad dejando fluir toda su riqueza potencial de saberes y placeres. Las religiones temen por su futuro ante una incredulidad latente irreducible y un nuevo ateísmo espiritual. Así como los tiranos no advierten la verdad de la realidad hasta que los movimientos de protesta nacidos de las injusticias y miserias amenazan directamente a sus poderes absolutos también las cúpulas eclesiales temen por su auto perpetuación ante la protesta desde el silencio con los templos vacíos. Navarro Arisa recuerda que la ceguera y la codicia de todos los tiranos, sean del orden ideológico que sean, reproducen unas mismas actitudes represivas para contener un avance histórico ineludible.
Cada religioso de oficio y beneficio promete la luz y la salvación. Históricamente la idea de hallar la luz y la paz representaron una pretensión genial. Ego sum lux mundi. Si alguien dijera esta frase en la actualidad seria tratado de charlatán o de esquizofrénico. En otro tiempo ese texto fue atribuido a Jeshua y por la que se le atribuyen tantos seguidores en su época dando lugar al cristianismo. Ha habido líderes de todo tipo prometiendo luces de todos los colores. El mundo sin embargo sigue bloqueado en sus tinieblas. Mientras el seguimiento signifique la anihilación de la voluntad crítica y se funda con formas borreguistas buscando el amparo, ninguna clase de boata tapará el hecho de un analfabetismo conceptual de fondo. Jonathan Kozol pone evidencia con crudeza y claridad de juicio la extensión y perpetuación de la población analfabeta en una sociedad industrializada. USA en tanto que paradigma de como el avance en un país no impide su gestación ni acaban con el consentimiento en su seno de enormes desigualdades culturales que no reciben atención pública porque el silencio es una de las características de la sociedad analfabeta. La peligrosa conexión entre formas devocionales que ponen en suspenso la razón crítica y la tiranía de unos sobre otros den un motivo de repaso para no convertir ninguna predisposición espiritual para el crecimiento de la alienación mental pública.
Tener motivos para escribir poesía es estar de suerte. Vivir sin escribirla sería -o es- por consecuencia lógica una disuerte. Sin embargo la inmensa mayoría de gente vive sin tener necesidad de escribirla; mucha, cuando lo ha hecho, se avergüenza de ella y decide esconderla o destruirla tras un cierto tiempo. He oído opiniones acerca de que lo poético es propio de las edades de sondeo, las de las primeras tentativas. Escribirla es tomarlo como una cursilería y hay quien se ruboriza de la que haya podido componer. Lo poético es –suele ser- romántico y puede formar parte de las técnicas aconsejadas para seducir. Hay quien dice directamente sin rubor que no la entiende o que ha pasado por malos tragos al tratar de entenderla.
Sí, la poesía es críptica, tiene claves personales de apertura y entendimiento. Es además personalizada. Es un mensaje de persona a persona que gracias al espionaje literario internacional la pueden disfrutar quienes se acercan a las emociones no artificiales de las verdades ajenas y por concomitancia a las propias. Cada poeta vive en su laberinto más que en su torre de marfil en el que en lugar de poner flechas y señales para encontrar las salidas modifica continuamente los objetos y los pasillos que no llevan a ninguna parte. Un poema no es nunca un mapa para llegar a un sitio. No hay parte alguna a la que ir salvo al territorio de Hades de las no complacencias generalmente concedidas por el tema de pasión mientras los discursos de ésta no encuentran refugio en alguna versión del Nirvana. El poema concreto puede ser la revuelta, el entusiasmo, el amor, o el inventario de fábulas o dramas a partes iguales.
Los poemas se escriben cuando una poderosa seducción saca del amasijo basto de un ser perplejo el poeta que contiene y que tal vez ni siquiera sospechara. El poema termina por hacer al poeta más que éste a aquel, porque un poema, es decir poetizar, es una transacción de energía que se hace para alguien o algo. Cuando uno u otro de estos parámetros o ambos desaparecen, el poeta se queda sin motivos para hablar. Asegura que todo ha sido dicho. Lo único que puede hacer es remitir y remitirse a anteriores composiciones. Si hubo un primer poema ante la invitación de alguien por quien implicarse totalmente, también bien o mal puede suceder que haya un último poema con el que desimplicarse totalmente o al menos dejar de seguir el protocolo de hacerlo. Es difícil desimplicarse de alguien a quien se ha amado intensamente. La modalidad del desamor que sucede a la pasión y la pérdida de conectividad íntima no significa eliminar aquella figura de su presencialidad simbólica, mucho menos del lugar que ocupa y seguirá ocupando por siempre en el inconsciente personal. Si el primer poema o las primeras letras dejan las marcas de una decisión, una voluntad y un desiderátum de construir algo bonito y especial, el último poema presentará una fractura, una imposibilidad de seguir, un deseo de trucar el deseo del goce por el deseo de no continuar sufriendo.
Me he preguntado muchas veces que es lo que les/nos hace sufrir a los amantes. He confirmado hasta la saciedad que es la falta de correspondencia o el sentimiento de recibir esta falta. Es una crisis de correspondencia. Si hay comprensión no hay dolor o este se minimiza considerablemente. La comprensión da la medida de un reconocimiento. Es su denominación más exacto. Permite un cierre sentimental equilibrado.
Una historia de amor es una historia poética sea o no escrita. En la nuestra ha habido muchos poemas por mi parte hacia ella y no tantos los de ella hacia mí, pero los suficientes para declarar mi lugar excepcional en su vida. Llevaré eso con orgullo siempre.
Este no es el primer libro de poemas personalizados para alguien. Hubo otro. Poemas a Elvira, de una calidad infinitamente menor, en un tiempo con un concepto amoroso menos desarrollado. Si cada historia de amor es distinta cada uno de sus itinerarios poético-expresivos también lo es. El poema documenta momentos sentimentales. No tiene nada que ver con un artículo elaborado que se rige por información y confía ciegamente en la lógica.
Tras el último poema, la vida sigue y la relación puede continuar. Pasa a ocupar otra etapa: más madura tal vez, con menos oscilaciones sentimentales. Un último poema no da el carpetazo a todos los demás. Cada uno de ellos tuvo su intención, su glorificación puntual, su descarga emocional y pasa a ser algo extempóreo abandonando el momento sentimental que lo produjo para pasar a pertenecer al dominio del amor etéreo, porque amar a alguien por algo en un momento dado es sacralizar ese algo para siempre aunque se desvanezca su acreedor.
Tras el último poema, la poesía sigue aunque los pretextos personales para poetizarla decrezcan. Es imposible dedicar las mismas palabras a distintas personas. Cada alma tiene una onda vibracional diferente y cada deseo pasional recorre la piel ajena a un ritmo distinto.
Escriure un final d´un plec de poemes té quelcom d´orfe. És dir adéu a una pila de temes que s´han endut moments especials de vida,és quedar-se sense els motius per tonar-hi a escriure, quedar-sesense raons per re-escriure´ls, és quedar-se sense la persona que t´ha donat motiu per fer-ho. Si, a més, el recull poètic es poesia amorosa esciure-li una cloenda es perquè se sàpiga que rere el darrer poema ja no n´hi haurà cap altre. Fer-li un epíleg com opció assenyada és posar fil a l´agulla per un sorgit. No hi ha forma de reparar una trama. S´hauria de començar de nou, tornar a teixir la cosa desfeta. No hi ha final poètic poèticament acceptable. El final és quedar-se amb l´adéu en el lloc de l´hola, amb el silenci en el lloc de la paraula, amb el record en el lloc del tacte, amb la imatge en el lloc del cos, amb l´ahir en el lloc de l´ara. El final no deixa l´amagatall possible d´un parèntesi, d´un tal vegada hi haurà un després.Té el sabor de la llunyor, potser de la feina acabada, de la historia feta, de totes les paraules ja dites. Podem afirmar-ho tan taxativament? Les paraules tenen un final? Doncs sí. El tenen. Un dia diuen la última. No es volen continuar repetint amb el queja eren, no es volen reinventar de nou, no tenen d´on treure energia per continuar fent fil.ligranes, no tenen la força de la seva llüentor quan eren primerenques.
Del final no s´ha de dramatitzar tant. Tot acaba un dia o un altre. Les trobades per l´amor també. La seva robustesa egoista i golafre el fa delirar creient que els petons són cosa de sempre i l´amorositat un atriubut permanent. No és així. Qui més ho pot saber és l´amant plural, que ha estimat més d´una vegada i a més d´una persona a l´hora, que se li han petat a les mans i davant els nassos els desitjos de fer impossibles. Des de la teoria ha pogut especular-ho tot però sap que els seus sentiments no són controlables per cap analítica que els faci obeir. Un dia se n´adona que tot allò que havia fet, havia desitjat, havia proposat s´esfuma com vapor d´aigua. Aquesta perspectiva mai queda del tot descartada; és per això que quan comencen les histories d´amor es fan amb un tipus de verbs que defugen les afirmacions categòriques i especialment les de futur. Els amants es diuen que els hi agradaria estar junts per molt de temps o tenir-se sempre a la vora. El llenguatge cap cop és tan més agosarat quan mes és viu en una experiencia intensa. Aquest llenguatge es va carregant de futuribles sabent que tot pot trencar-se en qualsevol moment, i que tot projecte de futur està contradit per limitaciones que estan al present o que estan des de el bon començament de la relació. Per això quan hom diu “t´estimaré sempre”, s´ha d´escoltar la frase contextualment. Aquesta forma futura de conjugar l´estimar és una èmfassi poderosa per remarcar l´amor en el que l´amant està entestat. El futur no depén de la voluntat. Més aviat la voluntat es rendeix sovint a altres variables incidents que el fan canviar de direcció.
Sense pactar un futur per sempre ni caure en el parany de les promeses contínues, el cert és que quand més convivencia i entrega amorosa hi tens posada amb algú més pressuposes un futur de fusió i benentesa. A l´hora no pots assegurar res categòricament, encara menys quan el fantasma de la trencadissa i de la separació ha fet acte de presencia en diferents moments i versions. Un dia té n´adonnes que estimar es converteix amb un contrasentit. Estàs plè d´impotencia. Et sents ridícul repetint les paraules d´autor que amorosament t´havien sortit abans i et rendeixes a l´evidencia. Durant un temps hi ha una coexistencia de gaudis i frustracions, d´èxits i fracassos que preanuncien una escena última. Quan t´hi apropes et dius que no és possible, queno pot ser cert. Res explica poder passar de l´intensitat del volguer estar amb una persona a no volguer-hi estar o prendre distancies. Res ho explica; encara menys quan després de tanta convivencia, experiències compartides i plaer junts, aparentment, no queda res. Però aquest no és el retrat de la vida? La vida sensera s´emplena d´un magatzem de coses de les que li perdem la vista i la pista. No sols això, són tqnt les coses com les persones a les que ja no hi tornem. No és tan greu si tens la idea de formar part d´un gran esperit universal o tens la presunció de pertanença a una mateix factòtum existencial. Hegel va insistir en la idea d´Esperit. Els diferents estadis del coneixement permetrian arribar fins l´Esperit Absolut o l´esperit infinit autoconscient. La seva tesi central prou coneguda del que tot el que és racional és real i el que és real és racional proporciona la coartada filosòfica per convertir un esdeveniment real per tràgic que sigui en racionalitzable. Ens toca racionalitzar les nostres miseries quan l´amor del que feiem primer aliat pel viure ens falla. Ell va definir l´esperit com la suma en el subjecte de l´objecte i la seva conciencia. És la fusió de l´ésser i el pensar, la consciència i la realitat. La fenomenologia de l´esperit concebeix una trajectoria dialèctica en la que es planteja una conciencia arquetípica que va des d´una recursivitat ingenua i simple al saber absolut. Al final del procés la consciencia individual es reconcil.lia amb la del saber absolut o Esperit universal convertint-se en un Nosaltres.És en aquest moment en que la frontera que separa la llibertat amb la necessitat es difumina. És el moment en que la distinció kantiana entre l´objecte del coneixement i el subjecte cognoscent desapareix. La filosofia idealista afirmava l´existencia de la dimensió absoluta. No parteix de la realitat de l´experiència sinó d´una dimensió maximitzada inferida intel.lectualment
La dialectica hegeliana, la superació dels oposats, va acabar amb el dualisme kantià entre fenomen o nòumeno i raó o enteniment.
Si formem part d´un nosaltres, si més no potencial, el poeta es queda sense cap justificació per cap mena de resentiment. Ha tingut la sort de compartir la seva biografía amb experiencies esquisides que li ha otorgat la vida a través de gent concreta, de muses increíbles, de persones excepcionals. La cloenda amorosa autentifica encara més l´estructura de l´amor: quelcom necessariament transitori no perque tingui motius pel seu acabament sinó perqué deixa de tenir els motius ideals per la seva continuïtat.
La historia poetica fins aquí recollida va començar amb la força d´un home esplenderós i acaba amb la d´un home ferit, però la ferida tot i sent inevitable no ha estat mortal. El dolor dona la grandaria de la pérdua, la impossibilitat de la seva restitució. No hi ha amor que substitueixi l´anterior, no hi ha persona que ocupi la buidor de la que ha deixat una altra.Cada forma es diferent, cada nova intimitat serà una representació d´un amor sublim mai del tot conquerit, encara que sempre apropat.
No hi ha final poètic per una historia poètica,només hi ha un últim poema,que no li seguéix cap altre. El darrer és el d´una escena d´adeu,potser anunciada amb diferents versificacions des de molts altres que l´han precedit. La suspensió poètica no té perquè obligar a lasuspensió de tota relació. Només els genis són capaços de resituar la continuïtat presencial de la historia per altres latitus adaptades. Generalmenta a les fractures amoroses li segueix el distanciament, la perdua de contacte, la desinformació i finalament la llunyor absoluta. El temps dirá si la genialitat ens acompanyará o la consolidació de l´abisme ens haurà engolit.
Hay un email circulatorio dando la alarma y denunciando a un tipo: Tommy Hilfiger que es un diseñador famoso (yo no había oído hablar del hasta el momento de su recibo) por sus comentarios racistas y menospreciativos contra los coreanos, los negros y etnias desfavorecidas por la mirada tradicional de los prepotentes blancos. El tal personaje, evidentemente odioso, para descartar toda oportunidad comunicativa con él, fue invitado a un determinado programa de televisión de audiencia donde el presentador, Oprah Winfrey, le pide que corrobore si las declaraciones racistas que se le atribuyen efectivamente las ha hecho. Él contesta con un simple sí. Tras lo cual el presentador le pide que abandone el plató. Hasta aquí la noticia. Lo siguiente es la petición consabida de no comprar los productos diseñados por el tal espécimen que llevan su nombre.
Línea de análisis de este tema: las propuestas de sabotear determinados productos generados por acciones o ideologías nefastas es una iniciativa cibernáutica que va en aumento. La lista es creciente y uno se termina por preguntar si la producción capitalista y la ética pueden ir de la mano. Pero bueno, supongamos que los malos son una minoría y que la mayoría de cosas que están en circulación: tshirts o yogurt envasado siguen los requisitos deontológicos. Bastaría por el poder del consumo que la sociedad de masas nos confiere elegir a los buenos y castigar a los malos limitándonos a ignorarlos y no comprarlos. El tipo denunciado por el email puede pasar a formar parte de una especie de lista negra –perdón por lo de negra- de indeseables. En menos de una temporada sucumbirían. Es así que dejaríamos de ver las estaciones de la Shel, los artículos de Nike y tantas marcas que no tienen en cuenta la dignidad humana. Pero hay algo que falla en ese asunto del boicot a unos, ¿por qué no a todos en un mundo en que mucho de todo lo envasado es por definición sospechoso? Se suele asistir a un severo contratiempo con la cosa elegida, que puede ser lo mejor por precio o calidad y la falta de ética en sus directivos y proceso de manufacturación. Otro asunto es la alarma social que despierta una declaración racista de un tipejo del que hasta este momento uno que tiene lo suyo de ignorante no había oído ni hablar. A la vez que tal alarma se dispara se puede observar multitud de gestos de indiferencia que también rayan con el racismo con las etnias locales que tienen el dedo que les marca, como los gitanos o los árabes.
Lo que ha hecho el desgraciado antes citado es reconocer en público lo que la inmensa mayoría de racistas solo dicen en privado y callan como unos hipócritas. Una tercera cuestión es que si el programa que lo invitó quería ponerlo en evidencia ante los telespectadores sin duda acertó pero ¿acaso era una forma ética de hacerlo?. La pregunta y confirmación de su racismo podía haber sido arreglada en privado y evitar tanto a los telespectadores la escena (a fin de cuentas de un nuevo reality show en el que quien tiene el poder de mando de la televisión es el gestor o productor de un programa) como al invitado haciéndole perder tiempo. No hay detrás de esa invitación un modo muy sutil de cualificar el programa ante los espectadores de buena conciencia, (“ese sí que lo hizo bien, mira echó a fulano de tal”) y elevar la cuota de audiencia.
Puestos a comparar cabe preferir a un racista público que no calle lo que piensa, sin duda porque su caché se lo permite, que a uno que vaya de mata negros con un cucurucho en la cabeza. Puestos a comparar prefiero un presentador que desarrolle hasta el final una entrevista aunque sea con un tarado ideológico a que expulse de su espacio a un tipo por su sentimentalidad facha. Curiosamente las leyes podían facilitar la demanda del expulsado al presentador por haber atacado a su honor, mientras que no podrán cuestionarle su declaración, a fin de cuentas, emocional o pasional publica. Que de eso se tratan las declaraciones racistas de pasiones irracionales. ¿Por qué alguien no averigua la dinámica de ese programa y la consideración que hizo el presentador con el productor antes de tomar tal actitud?. ¿No tuvo que ver las intenciones de mayor espectacularidad del medio?
Estoy contra todo racismo, incluidos los locales. Me siento cómodo con todas las personas sean de la etnia que sean, vistan como vistan,(a excepción de los uniformados) hablen como hablen. Únicamente pongo distancia con las no-aseadas. Y eso no tiene nada que ver con el idioma, el color de la piel o el nivel de estudios. Un último detalle, la gente que viste de marca, a la que va dirigido el email, ¿no tiene algo ya en si misma de discriminadora tácita cuando opina que quienes no vestimos de marca, pues eso, no vestimos de tal?. Personalmente no estoy al corriente de las marcas en el vestir y elijo las prendas por si mismas no por lo que dicen en sus etiquetas. Lo que es más descarto aquellas que son un pretexto para enganchar la etiqueta y no al revés. Sin duda hay tejidos y diseños de marca superiores a los que no lo son o a sus plagios, pero vestir para decorar el cuerpo o crear apariencias ya cuestiona la ética del usuario que suele subordinarla a su estética.
El mayor revés que puede sufrir el racismo en todas partes del mundo es dejándolo de lado, no dándole bombo y platillo. Invitar a un racista al programa para confirmar que lo es y luego echarlo hace un flaco favor al movimiento antirracista y más bien pone en evidencia el extremo infantilismo de un presentador que en lugar de cumplir con su trabajo dice al público la pauta moral a seguir.
Desdichadamente ese mundo de modernos y pijos no se divide entre racistas y no racistas, sino entre un abigarrado mapa que reparte sutilmente la discriminación en la que todos, si somos honestos en confesarlo, caemos.
En definitiva la propuesta de boicotear esta marca por lo que ha dicho su diseñador es impracticable o no tiene más valor que la propuesta genérica de boicotear todos los productos que no tienen protocolos de garantía ética, es decir la aplastante mayoría de los que nos valemos para nuestro confort. Solución. No prestarse a hacer circular emails antes de repensarlos. De hacerlo uno se pregunta a qué estamos jugando si a la denuncia de las conductas deplorables o a tomarlas como motivo para creernos que somos castos y puros.