PENSARES y PESARES

Alojamiento Puntual: recurso básico

Escrito por sussanamaraselva 21-02-2012 en General. Comentarios (0)

Una propuesta de lógistica.

FreeHome.

Accueil: logística para el recurso básico del alojamiento. JesRICART

Para que el mapa de los movimientos sociales se vaya posicionando en torno a una gran movimiento de confluencia (tras un proyecto politico de cambio de modelo social por decidir) serán necesarios muchos encuentros de coordinación y muchas reuniones dinamizadoras inter-regionales, estatales e inter-estatales. Si a los viajes de desplazamiento, ya de por sí costosos, a cuenta de compromisarios, delegados, coordinadores o personas dedicadas al contacto  hay que añadir el coste del alojamiento en hoteles (aunque sean baratos) el precio final será siempre elevado. Para minimizar costes y para compartirlos una opción que se ha practicado repetidamente a lo largo de la historia de los y las luchadores/as es acoger(nos) en la propia casa aquellos que viniendo de lejos vienen a compartir ideas y temas por una causa común.

La propuesta es que cada grupo anfitrión de la ciudad donde se celebre un encuentro interregional se ocupe de alojar a las personas de afuera por el tiempo en que dure el evento. No se trata de una mera cuestión de logística material es, además, una forma de extender el contacto comunicvativo a espacios mas privados y hacer gala de una solidaridad práctica.

Es un contrasentido celebrar reuniones conspirativas aunque sea entre desconocidos trayendo y actualizando y poniendo en comun las informaciones de distintas partes bajo el epigrafe general de cambiar este mundo y sus contravalores y seguir perpetuando uno de ellos: mandando a los foráneos a que sean esquilmados en las formas de consumo clásicos. Al viajero visitante por asuntos de interes colectivo,  lo que menos se le puede ofrecer es la acogida de un espacio en el que dormir y asearse y poder guisar, mucho mas en una época en que hay numerosos espacios ocupados o rehabilitados tomados del reino del abandono de las infraestructuras  echadas a perder por sus dueños legales.

Existen ya asociaciones que vienen practicando a nivel internacional el intercambio de domicilios. Evidentemente uno de los riesgos de dejar la propia casa o apartamento a alguien a quien no se ha tratado antes es un riesgo que levanta muchas suspicacias. Sí, es cierto, pero luchar por lavar un mundo sucio y por recrear unas relaciones de calidad pasa inevitablemente por el riesgo. El criterio de intercambio es muy elemental: tú dejas tu casa con la total seguridad que su usuario a quien no conoces la tratará con tanto esmero que no notarás su paso por ella salvo por dejártela mejor de lo que estaba y al revés un desconocido para ti te dejará la suya con ese mismo tratro. De todos modos antes de atreverse con eso hay una fórmula intermedia alojar a alguien en casa y compartirla con esta o estas personas durante su estancia en tu ciudad y hacer otro tanto compartiendola la o las suyas cuando vayas a sus otras ciudades. Elemental ¿no? ¿Si es tan elemental porque cuesta tanto preparar ese recurso tan básico?

Una de las  formas de operativizar esta acogida  puede ser de la siguiente manera:

Crear una base de datos de contacto con las personas que se ofrecen como acogedoras de otras para eventos puntuales que recoja sus condiciones de alojamiento, numero de plazas,  ubicación y fechas de disponibilidad. Y fin. Ese es todo el material necesario y por supuesto la voluntad solidaria y el deseo de comunicarse con fuentes de informacion directa de otras latitudes y experineicas. Esas listas de ofertantes por ciudad podrian intercambiarse o integrar una guia de recursos propios sin tener que acudir a la hostelería comercial. Todos ganaríamos por la via de evitarnos gastos extras y a menudo injustificadamente caros y además, participaríamos de dinámicas comunicativas y relaciones personales gratificantes. A todoas nos gusta que cuando llegamos a una ciudad que no conocemos y donde vamos a pasar unos dias  además de recorrerlas por itinerarios culturales como unos turistas cualesquiera se nos mime un poco por lo que hace a las informaciones subcódice que no salen en las guias y se nos acoja mas personalmente. No se entiende que esto todavia sea dejando al estricto ámbito de las amistades o de las relaciones de parentescos familiares cuando al mismo tiempo estamos proclamando la lucha por una humanidad que viva y se viva a sí misma como una gran familia.

Los grupos de trabajo y de lucha por causas sociales humanistas, por objetivos de solidaridad y por la redignificación de la vida pueden plantearse este dispositivo de acogida básico que tambien es una manera de concretar la solidaridad mutua.

La cuestión del saludo

Escrito por sussanamaraselva 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

La cuestión del saludo.SussanaMARASELVA Llavorsí2oct2011

Saludar es una acción frecuente y un primer acto a partir del cual se pueden hacer conjeturas de los demás desconocidos, tanto en lo que se refiere a quien saluda como a quien es saludado respondiendo o no a este saludo. El que llega a un lugar es el que tiene la misión de saludar a los que ya están. Eso no va siempre así, el imperio del anonimato ha convertido los espacios multitudinarios en deambulatorios de zombies que se ignoran mutuamente salvo quienes tienen una relación directa, consentida y reconocida. Tampoco es cuestión de saludar a todo quisqui. Imaginemos ese gag: una vía de paseantes en gran cantidad que no pararan de saludarse los unos a los otros al cruzarse, no quedaría tiempo para otra cosa, ni para observar los detalles de la calle, ni para pensar ni para relajarse, el paseo se convertiría en un salutorio y los desplazamientos serian interminables nunca llegando a destino por saludarse con todos los demás viandantes. La obviedad de que no se puede estar saludando a todo el mundo por el mismo hecho limitativo de esa otredad de miles de personas deja de serlo a partir de un número manejable o en zonas de menor densidad poblacional. La gente suele saludarse más y parase a hablar en los vecindarios pequeños donde todo el mundo se conoce, aunque también es cierto que hay relaciones de años o de toda la vida que se nutren básicamente del saludo como deferencia pero que el resto de la relación no pasa de eso. Del saludo se han hecho teorías y su práctica da lugar a toda clase de conjeturas. Siempre he sospechado de quien no conociéndote de nada ni teniendo ninguna referencia de ti escenifica aspavientos y una maxicordialidad. ¿Cómo puede estar sintiendo todo lo que dice? Los hechos inmediatamente posteriores demuestran que es una mera pose, un guión perfectamente aprendido porque su necesidad de liderazgo de ser centro pasa por eso.

En los protocolos sociales hay que distinguir entre las personas que son espontáneamente sinceras (característica que inspirará confianza) y las que son calculadamente aparatosas (lo que inspirará lo contrario). Las actitudes muy protocolarias pueden estar escondiendo intenciones de fondo.

Hay saludos que pasan por la presentación y otros que son simplemente espontáneos porque ha habido un cruce de miradas o de pasos. Según el look y la llamada energía desprendida del otro hay disposición o no a un saludo entusiasta, a un saludo protocolario o a un no-saludo. Todo cabe. Hay quien se deja saludar y lo más que devuelve es una mirada de extrañeza con la que está indicando que no entiende a que ha venido la deferencia anterior.

En una abigarrado muestrario de perfiles nos encontramos con gente que llega a las reuniones y no dice ni mu, no para no interrumpir sino por inhibición o porque no se identifica con nadie para saludarlo y  en otro extremo, hay quien se convierte en centro de atención aunque llegue tarde saludando a uno y a otro y acompañando alguna frase rutinaria para cada caso. El saludo puede llegar a ser tan automático y ritual izado que también se maneja como arma no secreta de escapada. Recientemente un entrevistador de Intermedio[1] trató de abordar repetidas  veces a un pope de un partido político conocido por sus evasivas, sus corruptos y su retrógrada ideología; pues bien, cada vez que el entrevistador trataba de hacerle una pregunta el otro saludaba a uno y a otro de sus correligionarios consiguiendo no contestar nada a pesar de demostrar su poca capacidad de compromiso con la palabra aún exhibiendo un fantástico don de gentes o don de dar la mano. Eso de dar la mano viene de antiguo. Es una manera plástica y visual de cerrar un trato, también una manera de mostrar la mano abierta y tendida, desocupada de otros asuntos, en especial el de empuñar un arma. Dime cómo das la mano o como das los besos de saludo y te diré lo que se puede esperar de ti. Detesto quien acerca las mejillas y no se atreve al contacto físico o separa al máximo la boca propia de la boca ajena, no sea que por un error de cálculo topográfico haya un ligero contacto labial. Confieso que esa gente tan puesta (me refiero a mujeres repintajeadas y/o blindadas) que te dan la oreja o ni siquiera eso, dejándola a un par de cms de distancia, en un saludo no me apetece repetir la misma comedia la siguiente vez. Ellas no se dan por enteradas pero yo ya las he colocado en las antípodas de mi sensibilidad. Aún peor quienes ponen la mejilla para recibir el beso pero no lo devuelven. Según las temporadas y según si  va de alza  o baja el progresismo, hay mas necesidad o menos de hacer saludos de acercamiento físico, sea con besos, con manos apretadas o con abrazos. Hay de todos modos unas tradiciones que soportan todas las temporadas y unas fórmulas verbales obligadas. Las grandes aglomeraciones humanas acaban con ellas y el resultado numéricamente demostrado es que se termina por no saludar a la mayoría de gente con la que uno se cruza o coincide, no porque no se conozca sino porque aún reconociéndola no hay nada que decir. Eso lleva a toda una heterogénea realidad de sutilidades. Hay taquilleros, cajeras de supermercado, porteros con los que intercambias un saludo y hasta una sonrisa y otros con quienes no lo haces. Hay personas con las que coincides en el mismo espacio (el aula, la sala de proyección, el bar, el restaurant …) y con las que te saludas por sistema y otras con quien no lo haces. Hay variaciones: hay temporadas con que te saludas con alguien y dejas de hacerlo tras comprobar que no hay mas nexo que ese protocolo sin ningun motivo de conversación. Lo cierto es que se puede pertenecer a la memoria visual y retrospectiva de los demás sin pertenecer a sus presentes y a l revés: se puede reunir multitud de gente que se la reconoce sin realmente conocerla y sin necesidad no ya de hablar con ella sino tampoco de saludarla o ser saludado.

El saludo es una forma de contacto habitual y ordinario. Hay gente más dispuesta a saludar que otra así como hay culturas más dadas a ello. Las hay también que dedican un tiempo al saludo considerado como excesivo para otras. Si el objetivo es la comunicación y traspaso de informaciones nuevas perder el tiempo en preámbulos está fuera de lugar. Cada cual tiene sus maneras de tratar los asuntos y hay quien antes de exponer el motivo que le lleva a un lugar está hablando de temas tangenciales y resbaladizos que no vienen a  cuenta. Una vez acompañé en coche a una amiga a comprar en un almacén  mayorista artículos para su tienda de indumentaria punki- Nos tomamos tiempo suficiente para ir y para volver pero ella gastó más de la mitad del tiempo en comentarios que no tenían nada que  ver con el asunto que nos trajo ahí. Tuve que marchar antes de que terminara su visita comercial. Está claro que esos comentarios formaban parte de su estrategia comercial para conseguir mejores precios o caer simpática, no lo sé exactamente, pero el precio de sacrificar el propio tiempo fue para mí demasiado alto. Eso excedía el tema estricto del saludo pero sirve para ilustrar que hay protocolos a los que unas personalidades están más dadas que otras.

He escrito mucho correo en mi vida (algo que cada vez hago menos) y re cuerdo que desde el principio de dedicarme a eso siempre tenía una cierta dificultad en elegir la fórmula. Decirle a alguien que apenas tratabas “estimado”, era exagerado: decir querido estaba reservado para los más selectos; terminar diciendo que contara contigo para lo que quisiera, era otra exageración. La cosa la he resuelto con un hola. Casi estoy por decir que la mayoría de encabezamientos con un "querida" o "mi querida" o "mi muy querida", obedecen a contextos emocionales muy concretos. No me parece tan mal empezar y terminar una carta sin ningún protocolo, sin ningun hola y sin ningun saludo de despedida. Porque los saludos personales pueden terminar por ser tan estandarizados e increíbles como los “atentamente” que finiquitan correos comerciales o de la administración. Lo más correcto sin dejar de ser cortés es empezar con un escueto “hola” y terminar con fórmulas de dejar la conexión abierta. Suelo emplear algunas como: hasta otra vez. Hasta la tuya,… Lo mejor que se puede hacer en una carta es no pedir nada porque eso te hace suponer que el otro hará una gestión por ti y además de generarle un posible compromiso tú tomarás como una desatención que no lo haga. Las formas protocolarias por escrito de comienzo y cierre de una carta indican muy crípticamente el estado de la relación. Si alguien termina su carta saludándote a ti y también a tu pareja, te está diciendo que te puedes estar olvidando de tener una relación independiente con esa persona que no olvida que tienes otro compromiso.

Volvamos al saludo verbal. Quien más se hace notar haciéndolo: tanto a la llegada como a la salida de los locales abiertos o en las coincidencias con vecinos o conocidos, más estará indicando a los demás que tiene una memoria personal y una capacidad de deferencia. Dada la predominancia de la indiferencia en este mundo la persona deferente termina cayendo bien a todo el mundo.

He tenido periodos de todo tipo y he podido ensayar el máximo de deferencia para luego irlo reduciendo y adaptándola a cada caso. Así como hay quien se merece la máxima atención y quien ni siquiera se merece la mínima, también pasa con el saludo: no apetece saludar a todo el mundo. Hay tantos perfiles out o autistas que no queda otro remedio que actuar en consecuencia. También hay quien sabiéndose en una posición superior no necesitada de nada ni de nadie a lo más que llega es a dejarse saludar pero no a tomar la iniciativa para saludar a nadie. José maría de Pereda, en uno de sus estupendos y divertidos retratos en Tipos trashumantes describe el de un tipo que para saludar a alguien (en El barón de la Rescoldera) ni se paraba ni daba la mano entera limitando a dar un solo dedo. Todo el mundo ha conocido las manos de besugo o la frialdad en otras. La una corresponde a  personalidades escurridizas y la otra a no apasionados.

Cuando llegas a un local público y hay diversa gente a la que llegas a su espalda y solo te da la cara quien atiende, te arriesgas a que tu saludo no sea respondido por nadie y como mucho por la persona que atiende. Es un contexto en el que se suele optar por saludar personalizadamente a quien te atiende cuando llega tu turno. Una de las razones por las cuales no se saluda tanto o se ha dejado de saludar es porque la gente no responde a los saludos. Es un error táctico ya que a todo el mundo le gusta que le contesten pero a su vez demasiada gente no contesta. Si quieres que te contesten al saludar tienes que dar la nota: no decir solamente hola o buenos días en voz baja sino hacer un poco el payaso: hola, buenos días, que magnifica mañana, ¿a que es estupendo vivir? Si dices algo parecido te pueden tomar por un tipo extraño pero reclamarás la atención y es posible que consigas algun saludo y hasta quien, sintonizando contigo, entre en conversación sobre los temas que acabas de proponer: el estado del clima y la vida estupenda.

Si cuando llegas a un espacio hay gente que está hablando, y aun conociéndote, aunque saludes y se den cuenta de tu presencia, es posible que no te contesten hasta que terminen de conversar. Sabíamos que el ser humano era torpe y no está preparado (especialmente la personalidad masculina) en hacer dos o más tareas al mismo tiempo. Suspender  una conversación durante 1/5 parte de segundo para contestar con un simple hola, no es una capacidad de la que esté dotada todo el mundo.

La praxis del saludo tiene muchos matices. Un saludo es una deferencia que liga a los que se saludan a un ritual a partir del cual deciden su simpatía o antipatía.  Todo apunta a que el saludo va a la baja, tanto en su producción oral como en su acústica. Se pasa inmediatamente al mensaje del propósito verbal. Al mismo tiempo a todo el mundo le encantan carantoñas en forma de actos verbales que sean o no sentidas, creen un simulacro o un panorama, de dedicación elogiosa e interesada en  sus avatares.

 

 



[1] De la Sexta-3 dirigido por el Gran Wayoming

Discusión sobre felicidad

Escrito por sussanamaraselva 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

La discusión sobre la felicidad. Sussana MARASELVA ViLaGeltrú11set2011

La discusión sobre felicidad es una constante a lo largo de la vida. Es un tema, en todo caso, que nos afecta a todos los pensantes y humanos vivientes (piensen o no) como objeto de consumo si no cotidiano regular. La felicitas es un desiderátum o forma parte del elenco de ítemes que una persona se propone o al menos le entran en sus registros a lo largo de su existencia. Puestos a vivir en un planeta no elegido y en el seno de una clase social no escogido, con un cuerpo no pedido y con el color de piel no consultado, lo óptimo es vivir de la mejor de las maneras posibles. Eso no tiene nada que ver con creadores que vayan de omnipotentes ni con alfareros dados a inventar la vida humana, tiene que ver con un proceso natural de gestación encadenada de vida en sus distintas expresiones. El viviente humano para cuando piensa lo que es la felicidad lo hace en comparación a la tragedia que vive. Como otros tantos parámetros se entienden a partir de sus contrarios. Tal vez es muy difícil entender lo que es la conciencia asi como la felicidad pero sin duda son muy detectables la ignorancia y la desgracia. La ignorancia cuya peor versión es la alfabetizada insiste en postulados de la antigüedad para una modernidad que prescinde de ellos, entre otros: la necesidad de una doctrina epistémica para tener autoridad para pensar. Todo pensante que tiene que pasar lo que piensa por el dogma ya ha dejado de serlo antes de darse cuenta. Y ¿qué es el dogma? Lo que postula un predicado sustentado por la fe, no por la razón. El problema del creyente es que para cada tema tiene que acudir a su dios como concepto magistral que le autoriza a hablar, sin su dios no es nadie. La discusión sobre conciencia y felicidad tiene la arrogancia de hacerlo no solo al margen de las religiones sino contra ellas ya que éstas han querido capturar estos temas en función de sus garantías de bienestar eterno. ¡Por Satanás! Los amigos/aliados que pueden comprender por donde anda el discurso son los que en su momento pasaran por el anatema dogmático, del cual no faltan anatemistas reversionados que les molesta el pensamiento libre de quienes no vamos a ritos ni llenamos cepillos con nuestros donativos. Puesto a idolatrar a alguien hacedlo al triple seis y al ángel caído, el único dispuesto a discutirle sus prepotencias a un supuesto dios amo de todos los mundos. La conciencia incluye el reconocimiento de la parte faltante de lo que no se tiene y subsecuentemente de quienes no la tienen. El problema de no tener conciencia no es mucho mayor del que no tiene conocimiento y no quiere estudiar para resolver esto. Montaigne fue un amante  de su biblioteca disfrutando con ella y un profundo observador de su interior y del exterior. De eso se trata, de dedicar la vida a una observación activa pase lo que pase, sean cuales sean los resultados por duro que lo sean. Si en una primera expresión tu interlocutor te reclama que dejes de evaluar puedes desentenderte de la página que siga, todo lo que va a decir va a ser un desencadenado de errores a partir de esa premisa. Pensar es evaluar, razonar es establecer relaciones entre cuestiones, lo cual incluye juzgar. Discurrir es dar valor  o no valor a los elementos que van surgiendo. Sin evaluación, en resumen, no es posible diagnosticar nada. Los distintos enfoques pedagógicos establecen la evaluación como necesario. Cuestionar la evaluación lleva a cuestionar la conciencia, solo alguien que ya tiene la teoría acabada, por falsa que pueda ser, puede decir semejante cosa. Evaluar significa atribuir de significación cada cosa que se evalúa. La misma habla espontánea está repleta de evaluaciones, solo quien considera que existe una instancia superior a su inteligencia y tiene alma de servidumbre se niega a evaluar presuponiendo que ese es un atributo de alguien más inteligente que él/ella. ¿Por qué este miedo a que la conciencia sea tratada como parte de los recursos humanos, y lo sea por tanto desde el punto de vista del ser humano, (deficitario y humilde si no da para más) y puesta en un más allá que no tiene nada que ver con su tesitura existencial? ¿Por qué poner la felicidad en un parámetro a conseguir postmortem cuando ya no se tiene cuerpo y cuando tampoco es ya tan necesario como un recurso existencial? Respuesta: para tener a la mente y sensibilidad humanas encerradas en un laberinto sin salida salvo confesión y solicitud de perdón de los/sus  pecados. El problema psicológico del creyente es que su temor a no creer le lleva a participar en cruzadas (unas veces con espadas sangrientas y otras desde púlpitos con la palabra rabiosa) contra los no-creyentes, no sea que el saldo final que haga su dios encuentre desventaja de los primeros ante los segundos y condene a aquellos por el no concurso de éstos lamiéndole el trasero.  

El discurso conceptual no está reñido con la ironía y con lavar en su agua bendita al creyente que por crédulo que sea no tiene que ir de infraculto al pedir a los demás que “nos dejemos de cosas” y que son sino cosas aún en su forma de artefactos teóricos de todo lo que hablamos. (Dime como empiezas tu primera fase y deduciré si me interesa o no leer las siguientes). El problema de quien demuestra ser infraculto es que ni se le lee ni se le contesta en subsiguientes posts o entradas. Simplemente se pasan por alto y ni siquiera son atendidas en su primera frase. Como que al dogmático no le importa convencer sino vencer no es  la argumentación lo que le interesa, por eso cuando la lee no es capaz de seguirla en sus sutilezas, sino que se remite a  su dogma puntual.

La discusión sobre felicidad se puede hacer en todas partes y con todos los hablantes, basta ser un interlocutor válido para ella. (la definición de interlocutor válido no es tan clara pero en todo caso seguro que no lo es quien no discute los conceptos expresados sino la manera de expresarlos)  No es que la gente feliz esté más dotada para hacerla que la infeliz pero en todo caso la dependencia mental de una doctrina es lo que desfaculta a quien la tiene para continuarla con esa persona. Como que de la infelicidad podemos hablar todos/as  por experiencia directa, más que de la consciencia, la honestidad obliga a  reconocerlo. En cuanto a la consciencia, su falta es suficientemente grave como para no reconocer que no se tiene. No es suficiente con hablar ni con reproducir credos o ilusiones.  Por su parte quien es feliz o suficientemente feliz no significa que tenga un método para entregarlo  a modo de manual para que pueda ser seguido por otros. Hay personas dotadas para la felicidad o bastante felicidad, liberadas de miedos y complejos, de credulidades y de idolatrías, y otras que ni lo están ni tienen virtudes para estarla. De las desgracias mundiales hay componentes de los que se hacen adictos quienes están dispuestos a sufrir a perpetuidad. Hay una conexión evidente ente felicidad e inconsciencia asi como al revés: entre conciencia y felicidad. La consciencia que incluye el reconocimiento de déficits, desajustes, faltas y problemas a escala local y mundial se diría que va en contra de la felicidad plena, atribución de estúpidos, lelos e ignorantes; pero lo cierto es que la consciencia incluye saber sacarle partido a la situaciones a pesar de todos los reveses que concurran, lo cual permite remontar las peores situaciones y las mas banales incluida la de quienes no se han enterado de lo que estás hablando pero están empeñados en decirte que no sabes quién eres ni sabes lo que sabes ni tienes porque analizar ni juzgar los estados de vida y las situaciones.

 

La impotencia selectiva

Escrito por sussanamaraselva 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

La impotencia selectiva.SussanaMARASELVA Torremocha16abril2011

Hay un tipo de formas físicas que gustan y atraen hasta tal punto que la seducción salta a la erotización y esta a la praxis sexual y al placer subsiguiente. Hay otro tipo de formas que pueden llegar a dejar tan indiferente  que ni en el cuadro de intimidez en la  desnudez y contacto llegan a provocar la excitación. Muchos hombres se preocupan  por no reaccionar a partir de una cierta edad ante desnudos femeninos que antes los habían excitado poderosamente. El gradiente de flacidez-dureza del pene es un indicador fisiológico inequívoco del estado de su deseo real y medible por el físico ajeno. El cuerpo humano integra el abigarrado campo de las formas.

Si ante el universo de las formas, no todas merecen la misma atención ni excitan de la misma manera, las hay que ni siquiera son advertidas, la forma humana no es una excepción en ese tratamiento discriminatorio. Como que además el ejercicio de la indiferencia de la pose  como constante panorámica forma parte de las tendencias culturales y de las inercias superficialistas de los seres humanos, cada forma pasa mezclándose con las otras ostentando un desinterés manifiesto como moneda. Todavía en pleno XXI consolidado, mirar directamente la figura ajena en el espacio público  es considerado como un atrevimiento por no decir una provocación. Se tiene miedo a que la mirada observacional sea interpretada como una mirada del deseo y dé lugar a equívocos. La administración de esa indiferencia manifiesta permite vivir en la inmersión de ciudades multitudinarias sin tener que retener todos sus detalles. La cultura de masas se reduce a la praxis de vivir en compañía los espacios sin conocer ni querer conocer a sus coincidentes. De hacerlo, cada persona averiguaría cual es su ratio del deseo en relación a todos los estímulos visuales que se le presentan. Cuanta mas erotización se tiene más deseos  se tiene también de alcanzar o acceder a la intimidad con formas humanas con las que te vas cruzando. Cuanta más saciación del placer o equilibrio sexual se mantiene, menos deseos hay para escrutar curvas, caras y andares de los demás. La misma forma en tanto que parámetro estimulante no excita de igual manera a todas las observaciones. Da lugar a distintas reacciones.  Un perímetro anatómico incluye un conjunto de subformas. Una misma figura que tiene unos atractivos en unas partes no los tiene en otras.  Por lo general la gente trata de sacar el mejor partido de sus lados buenos.

La forma externa que inspira el deseo tiene una alta probabilidad de que no lo frene si los accesos a la intimidad son desbloqueados. Pero no todas las formas corporales con las que se intima (desnudez integral o suficiente y permiso tácito o explicito de juegos sexuales) apasionan de la misma manera. Tal vez al principio de la vida sexual la aventura de cada experimentación con formas distintas sea suficientemente excitante para protagonizar la máxima entrega. Después, con los gustos más definidos y la auto concienciación de qué formas son las excitantes y qué otras no, se van apuntando los pasos de la seducción a un tipo de personas y descartándolos para otras. Lo mejor es tener las ideas claras y no andarse con niñadas de no saber quién o lo que te gusta expresando la vacilación continua. Un amante espera de otro amante cuando menos decisión y no su dilución en un mar de dudas.

El deseo por el otro aumenta o decrece en función de las señales de deseo de ese otro por uno. Es una interacción. El deseo exclusivamente unilateral que se mantiene inalterable por mucha que sea la indiferencia o el descuido y la desatención de su objeto de conquista  es un cuadro personal montado sobre necesidades más que sobre ofertas.

No todo el mundo encaja con todo el mundo, lo mismo que las piezas. Unas se ensamblan con otras si están previstas para esto. No todas las formas corporales son apetecibles. Hay féminas que suponen que su sola mirada o su streptease son motivaciones suficientes para levantar la libido de uno hombre. No siempre es así. Hay mujeres cuya sensualidad no es suficiente para poner en acción a un hombre por muy deseante que sea de sexo. Es una evidencia empírica que no todos los hombres heterosexuales reaccionan de la misma manera ante los estímulos del otro y en concreto ante los estímulos femeninos. Cuando no hay condiciones masculinas para la penetración por falta de erección el significante de impotente es lesivo. Estrictamente hablando, todo el mundo (sea cual sea su género) es un impotente selectivo cuando el parámetro físico a su alcance no es suficientemente estimulativo o no lo es en absoluto. Puede haber un deseo en espera que sin embargo no se traduzca en acción sexual por una falta de química con el otro. Todo cortejo anterior literario o visual no alcanza el encuentro con la verdad total hasta que no se da una cita con los cuerpos, es entonces cuando la materia, el bios, las feromonas, confirman o desconfirman toda la seducción anterior.

Los elementos de selección del otro, de cada otro, son variables. Hay aspectos que son sumamente excitantes y otros que son desestimulantes. Es excitante hablar de cópulas anales y de juegos sexuales intensos entre desconocidos con distancias quilométricas enormes, es excitante dar por supuesto que hay un acuerdo para hacer el amor sin tener que pasar por protocolos diletantes y prolegómenos interminables, es excitante saber que el otro desea hacer lo mismo que tú, es excitante tener un guión previsto para el acoplamiento y todas estas excitaciones sumadas pueden ser desmontadas nada más conectar con una verdad física no suficientemente erótica. Esto quiere decir que toda la interiorización de las hipótesis no ha tenido entidad suficiente para configurar un real. El real que se ha ido formando por toda el peso del imaginario puede ser desmontado ante el peso mucho mayor de la verdad material. Eso no significa que no haya concurrido el placer y el deseo durante todo este periodo previo pero es de naturaleza distinta al quantum proporcionado por la realidad.

Ello lleva a pensar que la realidad es de hecho siempre, al menos, una doble realidad: la que se palpa en directo y la que se interpreta indirectamente. La interpretación la modifica y la prepara pero también colisiona con ella en cuanto queda desacreditada por falsa. Mientras ha durado esa interpretación en forma de fantasíada o de hipótesis se ha gozado a priori de algo que no se va  a gozar en la realidad contante. La perspectiva de un placer es en sí misma placentera siendo a veces la perspectiva la única verdad de placer que se va a conseguir cuando el encuentro (o encontronazo con el estimulo en directo) resulte totalmente decepcionante.  Eso pasa en las citas a ciegas en las que se haya depositado más ilusión de la que se corresponda con los hechos. Para que una situación complazca al sujeto o sujetos que intervengan en ella tiene que darse una simbiosis de todas las partes. Basta que una no encaje para que se desmonte todo el montaje mental que se haya organizado.

Uno de los problemas de los contactos on line y en general de todas  las relaciones distales (desde los tiempos en que las familias organizaban las parejas y matrimonios de futuros desde el momento en que había descendientes en edades que ni podían decidir ni se les consultaba) es que las perspectivas puedan ser mucho más expectantes que las realidades dadas.  La experiencia de tener citas para las que no se puede estar a la altura de una relación continuada tras una primera y única prueba de intimidad representa un choque entre atribuciones a priori y la realidad tratada. Esas atribuciones a priori no garantizaron nunca para nada la continuidad del contacto solo la descripción de un objeto de deseo y la potencialidad del sujeto deseante si tal objeto se correspondía con lo esperado. El proceso correlacional es un continuum en el acercamiento a unos contactos y alejamiento de otros. Es matemática  y materialmente imposible por el momento en que todo el mundo guste o pueda gustar a todo el mundo. Por otra parte, el perfil no favorecido o desestimado por otro no significa que lo vaya a ser sistemáticamente siempre por todos los demás. Todo es una búsqueda de complementarios.

En el espacio de aproximación intelectual entre dos sujetos distantes y físicamente desconocidos se ofrecen las oportunidades mutuas para una comprensión de sentimientos y la creación comunicativa de una empatía que luego la realidad se puede ocupar en desmontar por haber llevado más lejos el deseo que la posibilidad real de concretarlo en alguien cuya anatomía o figura desmotivante lo descoloca. Eso es altamente subjetivo.la figura no estimulativa para uno lo puede ser para otro. Esa variabilidad es lo que permite la combinación de muchas complementariedades.  

Para el encuentro con el otro es necesaria la química en el momento de las decisiones para luego averiguar si sigue habiendo o no encuentro intelectual en el supuesto de que lo hubiera antes. Cabe compartir esa idea tan terrible cuando es expuesta de que “Lo q más miedo meda es no ser entendido”[1]  tanto más expresable cuanto más sabe uno que siempre se enfrenta  a variables imprevisibles y a reveses posibles que aun previéndolos no son evitables. En el encuentro sintónico o disintónico con el otro lo estimulativo puede ser frenado en el último momento cuando la cita es puesta en duda o bajo el prisma del temor y cuando se admite que las dudas de uno sean contagiosas. Todo sumado da por resultado un acercamiento o un distanciamiento. De hecho, todo -y por tanto a todo el mundo- se le tiene bajo un grado de distalidad u otro que puede aumentar y consolidarse más que disminuir para eliminarlo. Solo las excepciones se saltan esa regla. Son pocos los intercontactos humanos que tengan la categoría de seleccionados permanentes.

La potencia selectiva también se manifiesta en la iconografía electa. Hay periodos en que unas figuras llaman poderosamente la atención para luego ser pasadas a un discreto segundo plano[2]. Lo que sucede en los ecos mediáticos no es más que una proyección a escala de lo que sucede a escala particular. Las mujeres que se saben atractivas y que forman parte de un arco selectivo por la demanda sensorial, sensual y de la mirada de multitudes son los iconos excitantes perfectos que más pueden sufrir por no poder corresponder a tantos ni a muchos que las pretendan y al mismo tiempo les toca superar todo posible síndrome de divismo por su éxito. Penélope Cruz sex symbol desde sus 17 años por sus pechos suculentos y  gastronómicos afirmaba ya con 30 que hay que luchar para que no te metan en un saco, te usen durante tres años y luego te tiren. También aprendió que no hay que pedir perdón porque tuviera  cartel y éxito[3].

Las consultas clínicas por impotencia sexual tienen que pasar por el test inicial que compruebe si es con todas las figuras físicas o solo con la que se mantiene una relación de pareja demuestran la falta de potencia. La falta de potencia se corresponde con la falta de estímulo así vivida por el impotente funcional. Es así que no hay nadie que no tenga su cuota de impotencia ante el otro si no le gusta lo suficiente. Es la consecuencia logica de una predisposición de la naturaleza que cursa sin un veredicto explícito. Hay algo mas el objeto sensual de deseo no tiene porque corresponder como deseante a quien le desea, lo que perpetua una asimetría en los registros de estimulación.



[1] Expuesta con valor por William Hurt.

[2] Claudia Cardinale,figura de musa, Nacida en Tunez. Protagonista en El gatopardo  y Roco y sus hermanos. 65años en junio del 2004. Entre 1960 y 1969 fue portada de 500 revistas de todo el mundo.

 

[3] El pais semanal 12 sept 2004 pp. 37-43

El arco psicosociológico finito

Escrito por sussanamaraselva 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

El arco psicosociológico finito.Sussana MARASELVA Barcelona Centre Civic Sarria 14enero2011

El peligro del análisis psicosociológico es que cada conducta, cada predicado, queda referido a su impacto en el mundo correlacionario y a su balance por otros que dan el visto bueno o no para un futuro relacionado. La dedicación temática y atencional a ese vasto campo del tema de las relaciones humanas va en contra de la dedicación de la energía a una investigación más seria. Pero ¿de qué habla la gente? ¿Cada uno de nosotros, sino de los otros, de cómo nos van las relaciones? Para María-France Hirigoyen[1], el boom de las formas de conexión internáutica y la posibilidad incluso de los flirts multitudinarios, solo enmascara el fenómeno de unos nuevos tipos de soledades. Se pueden tener contactos toda la vida y verlos referidos al mismo esquema de una no relacionabilidad en profundidad buscando satisfacer momentos y demandas superficiales. Lo que resulta mas difícil de abordar es si esa tangencialidad no existía ya antes, o ha existido desde siempre, y la era cibernáutica todo lo que hace es demostrar la expansión de su estadística brutal.

Los humanos llegan/mos una y otra vez en nuestros intentos comunicativos a comprobar las dificultades de llevarlos hasta el final. La comunicación se bloquea y en su lugar queda su parodia. Si esto queda establecido en repetidas circunstancias, no tiene la menor logica continuar intentándola ya que es una pérdida de tiempo. Muchas discusiones son mas metodólogas que temáticas, es decir más proclives a reconocer las dificultades de ellas mismas que en activarlas para llevarlas hasta el final. Si el mundo relacionario es una pantomima de si mismo comprobando las vías bloqueadas para una comunicación total ¿para qué seguir insistiendo en él? Pues bien, porque nos necesitamos los unos a los otros aunque sea para comprobar los desgarros derivados de esa necesidad. Hay algo del desamparo arrastrado biográficamente como un factor longitudinal que lleva a una intimita pulsión de pertenecer a algo y a alguien, no importando tanto el contenido y la ética de estas ratios de pertenencia como al hecho de formar parte del escenario. 

Con o sin criterio madurada y concienciado  la gente busca gente, le gusta el contacto físico y las cortas distancias. Las observaciones de proximidad dan curiosidades escénicas: grupos de humanos se concentran en una alta densidad (a las salidas-entradas de los cines, en los pubs,…) para hablar a gritos interfiriéndose sus mutas acústicas y creando poses falsarias en las que se simula dar máxima atención a aquel con quien se habla o a la bebida que se toma cuando el pretexto para estar en ese sitio es tratar de contactar con nueva gente a la que se le dedica sutiles observaciones.

Lo correlacionario ocupa una parte muy importante en cada sujeto por la atención y energía mentales que se le dedican además de por el tiempo personal volcado. Hay discursos que solo se llenan de él y en distintas latitudes culturales, muy separadas, se repiten las constantes de tener en cuenta al otro como objeto de conquista o de deseo, de alianza o de apoyo. La extrema exageración de esto lo presenta un lenguaje latinoamericano (las teleseries venezolanas se lucieron con ello) en el que el tema de conversación recurrente es el tercero ausente desde la  especulación de qué hacer con él/ella. La gente necesita gente, cierto, pero eso remite a una gama de necesidades distintas: desde las de ayuda en el trabajo a las de cobertura afectiva a las del placer sexual. El otro nunca es una sola cosa ni remite a un solo parámetro. Mencionarlo como único es una simplificación exagerada. El otro es un significante cantera de significantes varios. El otro en singular siempre encierra los otros en plural, todos los demás o una parte de ellos extendidos en un abigarrado campo de heterogeneidades.

En cuanto se está solo/a en un espacio, lo primero que se tiende a hacer es a buscar contactos, posibles interlocutores de los que conseguir información situacional y alguna cobertura comunicativa. Una vez se tiene un pequeño círculo de contactos o se pasa a la condición de membrecía de un correlacionario heredado la necesidad de la búsqueda de nuevos contactos se detiene. Es habitual que tras 1, 2 o 3 tentativas de contacto con alguien que ya tiene su correlacionario particular cubierto (incluso saturado) que no toma iniciativas de propuestas o invitaciones en sentido reversible la relación se detenga en este punto de no-relación. El suceso puede ser imperceptible.  El interés por alguien por continuar algún otro encuentro pasado no correspondido o demorado sine die se puede convertir en un stand by a perpetuidad. En una ocasión a una amiga le propusimos visitarla durante unas navidades (ya habíamos estado un par de veces en su casa) nos dijo que no estaba en un buen momento para recibirnos o para recibir visitas, lo cual entendimos y encajamos, pero ya  nunca más (bueno, los años siguientes hasta el momento de escribir esto) volvimos a reformular la propuesta ni ella tampoco la reactualizó. Resultado: distanciamiento creciente en la práctica aunque el cuadro sentimental sea el mismo. Sí, el mismo pero sin que evolucione o  vaya más. No seré yo quien dé lecciones de relaciones humanas, me autodefiendo de ellas como todo quisqui y disfruto las (pocas) que tengo a pesar de los conflictos y confusiones que las rodean. Nunca había sospechado de adolescente que el mundo relacionario fuera tan problemático y estuviera tan plagado de faltas, aunque no me faltaron experiencias en la adolescencia de las corazas caracteriales de los adultos, a las que llegarían a su debido turno los compañeros y amigos que iba haciendo durante aquella temporada biográfica. Yo mismo he terminado con mis blindajes. Tengo un número limitado de personas de relación directa lo cual no hay que entender que sean depositarias de todo ni pueda contar con ellas para todo. Numéricamente la lista de contactos en reserva de distintas áreas, coyunturas, momentos y temas supera y aseguro que siempre  superará a esa otro pequeño relatorio de la inmediatez actualista.

Se puede llegar a tener mucha gente en la agenda (todavía hay quien no pierde el tiempo en eventos de coincidencia y en pasar a la suya nuevos  contactos  con la promesa o la intención de hablar en fechas posteriores, cosa que no se llega a hacer casi nunca) y no por eso intensificar la profundidad comunicativa. La cantidad de contactos por sí misma  no asegura el salto cualitativo en lo comunicativo.

Una persona con habilidad relacional puede llegar a tener miles de contactos en su agenda y poder acceder a ellos cuanto más los mime e invierta tiempo en ellos. Para otros, hay contactos que nacen y mueren in situ en el mismo contexto que se les ha conocido por un par de detalles singulares en cuanto a las ideas y a los hechos. No es tan terrible. Es un hecho circunstancial. Psicológicamente nadie está capacitado para poder asumir las implicaciones relacionarias de todos y cada uno de los contactos que haga. La mayoría de contactos se establecen para asuntos puntuales y concretos. El resultado latente es el de un instrumentalismo recíproco y consensuado. Una vez uno desaparece de un contexto geo-circunstancial aquellas relaciones que tenia, incluso diarias, pasan al armario de los recuerdos en su mayor parte, con el tiempo ni siquiera se las encuentra aquí. No puede ser de otro modo, la vida biológica es más larga que la vida intelectual y que las etapas de interés para unos asuntos y para unas personas. Llega un momento de madurez en que se pueden tener multitud de contactos con los que ya no se pretende ninguna relación especial y mucho menos la de la amistad, de la que la vida se ha encargado de demostrar que es un tipo de vinculo muy selectivo y depurado que se da escasas veces a lo largo de la existencia.

Los medios de traslación y conexión actuales permiten hablar y tener contacto perceptivo con docenas de personas distintas por dia (dependiendo de la movilidad viajera de cada uno), eso son miles por año, lo que no significa que toda esa habla dé a lugar a un decir importante o pretenda dejar un saldo de amistad. Lo que nos acerca y nos aleja a las personas a menudo son detalles muy sutiles. Descubrir que el otro no te está escuchando mientras le hablas o está en las antípodas ideológicas en sus votos y admiraciones políticas es suficiente para no desear perder el tiempo con esa persona una siguiente vez que te la encuentras. Eso, evidentemente, redunda en un individualismo creciente, en esta sociedad tan individualista de la que tantas veces deploramos. Si el objetivo del contacto con el otro es venderle el producto del dia o llevárselo a la cama, las relaciones humanas ni siquiera se plantean como tales sino como una lista numerada de eventos sumados que nacen y mueren a corto plazo bajo la idea de un proceso finito dentro de un constelacionario necesariamente limitado.

La cuestión es que en ese constelacionario también está un conjunto de figuras humanas con las que nunca, en principio, se va a pasar de los contextos de roles que las trae (el vecino que sale a pasear con su perro cada dia a la misma hora y con el que coincides en el vestíbulo o la taquillera del cine al que vas). Se llega a tener a mucha gente visualmente reconocible sin la que no se llega a compartir nunca una conversación y que forma  la parte correlacionaria de la que no va a haber comunicación ni tentativa de hacerla. Desde el mismo momento en que se adopta el criterio de conocer y extender el contacto personal a los demás el deseante debe saber de los límites del arco relacionario finito con el que se va encontrar durante su vida por lo que hace al número concreto de personas con las que va a tener más intensidad comunicativa, independientemente del mayor o menor número de gente conocida como telón de fondo. El prototipo de personalidad que necesita liderar y estar en todas partes y caer bien a todo el mundo tiene su interés casuístico pero no es el modelo práctico al que seguir ni el garante de que lo más importante de la vida pase por las relaciones en detrimento de los proyectos de creatividad individuales que se decidan. No hay que olvidar tampoco que un constelacionario no significa que sea el mismo para todos quienes están en él, ya que cada uno de sus componentes tiene su propio constelacionario diferente al de los demás. Esto es tanto más cierto cuanto uno más va creciendo en edad e interaccionado en la sociedad.



[1]Autora de Las nuevas soledades.El reto de las relaciones personales en el mundo de hoy .Paidos. Barcelona 2008.