PENSARES y PESARES

Los ojos de dios

Escrito por sussanamaraselva 25-10-2007 en General. Comentarios (0)

 

 

La  instalación de videocámaras en espacios públicos no se hizo sin una cierta oposición. Hasta aquel momento las cámaras de circuito cerrado se habían usado para vigilar las esquinas de los cuarteles, las portaladas de las grandes empresas o los interiores de establecimientos muy custodiados. La cámara de vigilancia en bancos o empresas fue justificada  e inmediatamente incorporada por razones de seguridad. La custodia de las cajas fuertes  y la disuasión de los asaltantes eran sobradamente razonables.  Recuerdo las primeras de ellas. ¡enormes! Su extensión e instrumentación  desde entonces  en  miles de puntos ha sido rápida. Toda esa trama de ojos de  visión automatizados o con control a remoto da cuenta del estado del tráfico o de las montañas, también de lugares en establecimientos públicos fuera del ´ángulo de visión directa de sus empleados. A parte de los edificios y casas que miran por esos teleobjetivos antes de preguntar quien está al interfono la cantidad de cámaras ubicadas estratégicamente y sin ser detectadas es tal que hoy día un viandante urbano entra en el campo de acción de ellas sin siquiera advertirlo.   La sofisticación tecnológica ha ido permitiendo colocarlas de varios tamaños en todas partes, desde las más clásicas que se sabe que lo son a las más diminutas que pasan desapercibidas entre rincones de estanterías en el comercio. Entre las unas y las otras las medio esferas negras que están fijadas en los techos con un teleobjetivo dentro que no se sabe en que dirección apunta son las más misteriosas. El cliente podía inicialmente sentirse espiado en sus gestos. Recuerdo perfectamente mi malestar cuando el restaurant vegetariano que frecuentaba las instaló en su comedor de arriba donde solo estábamos los comensales. En una primera etapa las cámaras parecía que nos trataban a todos como sospechosos. En la actualidad hemos aprendido a coexistir con ellas sin prácticamente advertirlas. Gracias a ellas cosas que suceden y de las que antes había noticias breves que no se les hacia caso o silencio total ahora dan cuenta de brutalidades inadmisibles. El video documento es un prueba irrechazable. Supera incluso la grabación de audio y la foto de plano fijo. Es curioso que muchos ataques de violencia gratuita de fachas contra inmigrantes o indigentes ante las  que la sociedad ha reaccionado sin fu ni fa, activen un proceso encadenado de reacciones de repulsa cuando son apoyadas con imágenes elocuentes de una conducta violenta e injusta.

Dado el crecimiento de la tasa de violencia pública en sociedad –también de la privada a juzgar por la mortandad anual por caos domésticos y enfrentamientos sentimentales-  la implementación de cámaras y su grabación continua no harán más que ir en aumento. La instrumentación de control es un hecho que lamentablemente no podemos tratar de circunstancial. La actualidad y la curva de violencia de los últimos tiempos hacen pensar que todo tiende a ser protegido por cámaras. Nos aseguraron que dios estaba en todas partes y lo veía todo. Es cierto. Sus ojos no paran de aumentar. Son disuasorios para hacer adquisiciones sin pago en grandes almacenes pero también para cometer actos violentos en transportes públicos o lugares especialmente peligrosos por falta de público. Es conocido que el perfil del violento se lo auto reprime en una situación colectiva en que tema poder ser intercedido o contraatacado por otros aunque no siempre el público está a la altura de su segura fuerza colectiva.  A través de los ojos de dios el personal subalterno al cargo de los monitores que tratan las imágenes o repasan las grabaciones se puede aprender mucho de comportamiento colectivo y desde luego tener información suficiente para interceptar, detener, neutralizar, procesar y condenar a un indeseable que va pegando tiros con su Colt contra todo lo que no le gusta. Paradójicamente el sistema de visión que en principio fue interpretado como un sistema de vigilancia y de control mas centrado en la seguridad de los grandes caudales se está convirtiendo en un sistema de información formidable con aplicaciones prácticas a la protección ciudadana. No me extrañaría que a la larga las cámaras alcanzaran zonas más privadas por imposición tal vez pero también ¿por qué no? por testificación contra falacias y falsas denuncias.  Ya empiezan a serlo en cuanto vestíbulos y jardines de edificios comunitarios pero tal vez lleguen a los salones y a las alcobas de domicilios particulares. El big brother  seguirá extendiendo sus tentáculos de visión de la intimidad ajena. Resulta molesto tener que reconocer que esa mirada electrónica tenga un potencial disuasorio para la protección de la vida y la integridad de los individuos sintiéndose seguros al andar libremente y no arriesgarse a sufrir asaltos o agresiones por tropezarse con gente que no aprende a vivir con sus semejantes. Ciertamente las cámaras siempre tienen ángulos muertos y las filmaciones que proporcionan tienen pixelaciones deficientes. Tampoco se puede contar con ellas como poder disuasorio para que la gente tenga un comportamiento respetuoso. Finalmente el tipo de carácter violento es un tarado que terminará por hacer daño en una zona u otra, eligiendo a una persona diana para descargar con toda su furia sus fracasos existenciales.

El tema de la video vigilancia emplaza a dos interpretaciones diferentes aunque  la predominancia de su defensa como recurso tecno de información difícilmente va a ser contrarrestada. Resulta que no siempre los ojos de dios que nos observan son para controlar la transgresión legítima en determinados campos de consumo, sino también para controlar la agresividad inaceptable de personal muy violento.

Sangre de Bestias.

Escrito por sussanamaraselva 24-10-2007 en General. Comentarios (0)

 

“Cap torero sense cornada”. Ningún torero sin ser corneado. Texto mural que no deja lugar a dudas[1]. Si uno quiere ser torero que pague al menos con una cornada por su aventura. Dado el fracaso de la razón ilustrada para convencerle de que no lo sea y de la fantástica canción de Albert Plá ridiculizando ese mal entendido oficio del valor, el  torero que se precie al menos que se descojone (en el sentido literal de la palabra de quedarse sin huevos no en el figurado de partirse de risa) si quiere demostrar al público su coraje a costa de cobrarse la vida de un animal preparado para el espectáculo de la sangre. No dudamos que los entendidos de tauromaquia tienen en su haber argumentos de todas clases que van desde la mitología a las razones económicas para sostener cortijos infrautilizados agrícolamente. Por otra parte, el traje de luces, el tendido, la dedicación del toro a la figura ilustrísima de turno, la embestida de jinetes y caballos contra el animal  y el supuesto  atractivo del rojo que brota de costados y espalda del animal atrapa miradas de un tipo de personalidades cuando menos curiosas para el estudio, para repasarlas con lupa y proponerlas para test de psicodiagnóstico. Me enseñaron de niño que no es nada humano gozar a costar del sufrimiento ajeno, aunque se tratara de vidas ajenas diminutas e incluso irritantes. Recuerdo haber capturado algunas moscas que le arranqué las alas, una araña que encerré en una caja de plástico transparente y disparé en una sola ocasión contra un  ruiseñor. Pagué ya por ello y nunca más repetí tales fechorías. Todavía experimento vergüenza al recordarlo. La muerte gratuita no tiene el menor sentido. Estamos rodeados de ella. La ingesta de la carne te convierte en cómplice de una industria que sistemáticamente organiza la muerte de animales para consumo masivo. A otra escala intentar sobrevivir haciendo campismo pasa por cargarte una cierta cantidad de moscas y mosquitos empeñados en no dejarte en paz. Es difícil encontrar un ser humano que de un modo u otro no participe en una cuota de responsabilidad de la destrucción de otras vidas. Otro asunto muy diferente es participar en calidad de público por la avidez del espectáculo que proporciona. Lo triste es que no podemos dudar que haya gente que realmente disfruta viendo como se acosa y se tortura a animales. El hecho de que mucha gente siga pagando sus entradas para esto y llene plazas o siga espectáculos  descalifica el país que compartimos con ella, Es simplemente vergonzoso para todos. Lo que para esta gente es cultura para otra gente es una humillación. Los reportajes videográficos de infelices que están junto a la barrera y son atrapados por embestidas del toro al que no  le calcularon su fuerza forma parte del lote de autodefensa animal. Deben llevarse una buena lección a casa,-si sobreviven-  en particular los turistas extranjeros que asoman las narizotas en puntos de riesgo sin saber muy bien a lo que se exponen. El espectáculo es desigual. El animal es forzado a ir a esa particular forma de matadero, el torero y el público están ahí por voluntad propia, los empresarios de esa farándula vienen viviendo de ese cuento desde hace mucho sin que nadie les pare los pies, incluso contra normativas de determinadas ciudades como la de Barcelona que a pesar de todo siguen con deplorables corridas,

La sangre entre bestias puede mezclarse, toda es roja, la una tendrá el  ¡ai! y el clamor de un público cuando su héroe es cogido por los puntiagudos cuernos del animal, la otra raramente el indulto y la vida. El uno es un ser humano con nombre y recordatorio, el otro una bestia que se parecerá demasiado a las otras como para recordarla. El uno irá al cielo de los creyentes, el otro será descuartizado y zampado. De cada parte del toro se hará leyenda para conseguir potencia sexual. La bestia morirá casi todas las veces y el héroe será reclamado desde las tribunas aunque quede un poco maltrecho y siga persistiendo como mataroros hasta que un torno lo mate a él. Todas mis consideraciones para el animal forzado a servir de plato fuerte a los sádicos que gozan con su dolor, ninguna consideración para toreros, cuadrillas, aguijoneadores, público en general que para gozar necesita ver sangre, peor que los propios vampiros que al menos la necesitaban para renovar su vida corpórea inmortal.

Sabemos que los espectáculos tauromáquicos y cuales quiera otros basados en el sufrimiento de animales, sean los que sean, cabras o gallos, o patos, terminaran por ser prohibidos y pasaran a los archivos municipales y estatales. Mientras que eso no llegue no hay que ser tan comprensivos con sus practicantes en aras a que su tradición pasa por ahí. Que la cambien. El elogio del sufrimiento no tiene nada de cultural. Lo menos que se puede hacer con sus seguidores y profesionales es mostrarles un desprecio inequívoco y desde luego no subscribirlo en ninguna de sus formas. La silueta negra del toro en los coches españoles en una cierta abundancia todavía recuerda que la gente se presta a la tontería de  significar a España con una de sus formas mas brutales, ignorando que ya esta en otro tiempo y sus toros es todo lo contrario a algo de lo que pueda sentirse orgulloso.

Por ultimo en los ruedos, si hay alguien que tiene valor es el toro no el torero, cuya técnica lo predetermina para ser matador (asesino es la palabra precisa) con el paripé de un rato de olés y movidas, en lugar de matado (no precisamente asesinado).El torero se enfrenta a una muerte casi segura. Su energía y su pelea lo ponen a la altura de la situación, ¡que remedio! En cada corrida se citan un animal defendiéndose y una bestia atacando, no es difícil adivinar quien es quien.

 



[1] Visto en una pared de un edificio en ruinas cerca de la biblioteca comarcal de Amposta

Discusión sobre Ética.

Escrito por sussanamaraselva 30-09-2007 en General. Comentarios (0)

Apelamos continuamente a la Ética como el concepto clave que nos ha de sacar del atolladero histórico.  Es la palabra mágica que hace caer en la cuenta de que lo fundamental en la vida es ser ético. Es decir, vivir de acuerdo a la conciencia responsable de las consecuencias de nuestros actos y respetando el valor sacro de la libertad. Es el concepto maestro que nadie pone en duda, o al menos no lo hace de una manera evidente. Ni siquiera los grupos de malhechores la objetan. Hablan de su propio código ético, del honor del clan o del espíritu de la familia. Se diría que el concepto de la ética da mucho de sí porque hace de su palabra-eje el amparo de conductas distintas. Hacer la discusión sobre ella no resulta tan fácil como a primera vista parece. Basta preguntar qué es para chocar con una primera lluvia de ideas. La podemos definir genéricamente como el código genérico que cada persona individualiza para vivir en consonancia con las leyes de la naturaleza respetando a los demás en la medida en que eso sea posible. Una definición, como se ve, absolutamente torpe y deficitario pero que supera la anterior del respeto al valor de libertad, palabra equívoca en cuyo nombre se han cometido infinitas atrocidades La ética es una moral del comportamiento y del pensamiento basada en la libertad y en la justicia. Eso suena mejor. Prosigamos. La ética o la nueva ética quiere desmarcarse de la moral o de la vieja moral con cánones coercitivos que supeditaban una mayoría a los intereses de una minoría. Del pasado hemos aprendido lo que nos sobraba y nos lesionaba. Sabemos lo que no queremos. Eso es más fácil que saber cómo conseguir lo qué queremos. En la descripción utópica del mundo ideal que podría gozar la humanidad podríamos señalar el atributo de ético como su principal propiedad. Ahí donde hay una persona ética que inspira respeto no hay problemas. Los problemas existen por justificar conductas fuera de éticas. La persona que era señalada como íntegra seria el equivalente al sujeto ético no dispuesto a renunciar a su ser por los imperativos del afuera. Eso es tanto como negar la célebre frase de que todo el mundo tiene un precio. La ética va emparentada con la dignidad, con la consecuencia entre ideas y actos, con el respeto a lo ajeno y con la verdad. Todo ello validable en el plano de la teoría pero difícilmente consensuable en el momento de elegir un número de comportamientos prácticos. Los cuales van a relucir antes o después. La discusión sobre ética queda condenada a una tarima demagógica si junto al panel de su gran titular no se señalan las maneras concretas de su funcionamiento. Al tratar de describirlas se corre el peligro en caer en normativas vinculantes que dejen poco margen de maniobra al individuo. No hay norma que no tenga una carga de perversión potencial. Lo más que se puede pedir son criterios adaptativos a cada momento y lugar, dejando su poder de gestión relegado a cada persona. Eso es tanto como colocar el lugar de responsabilidad en el sujeto-individuo (más que en el difuso sujeto-sociedad)  confiando en que su soberanía, inteligencia y capacidad le llevarán en cada momento a elegir las opciones más adecuadas y justa; y quitarle el poder a la sociedad como un conjunto abstracto que de hecho  nunca expresa ni puede expresar su opinión de un modo unitario, aunque sí dominante a través de sus grupos privilegiados en el ejercicio de tal poder.

Así que tenemos: primero: una necesidad incuestionable de ética. Dos, una imposibilidad de convertirla en código coactivo  y tres, la presunción –añado ahora- de que la humanidad necesita madurez para entender el valor de ella y su función como regente de la totalidad de las conductas.

La discusión sobre ética no solo debe contemplar los procesos desiguales de la conciencia social e individual, por tanto la coexistencia entre madurez e inmadurez ante el tema en la misma época y lugar sino otro asunto crucial, que se deriva de éste- el hecho de que la inmadurez incluye potentes sectores de inadaptación total. La ética se ve paralizada por no contar con las condiciones ideales para ella. Ni todo el mundo sabe lo que es ni todo el mundo se la plantea. Lo que es peor: hay una notoria presencia de congéneres que no apelan ni en principio jamás apelarán a ella para nada. Viven y vivirán de espaldas a su concepto. ¿Qué se puede hacer con ese contingente de personas que hacen del daño social su vocación y de la obstrucción a todo proceso de solución su trabajo? Respuesta: hay que luchar para rescatar, individuo a individuo, de su ostracismo, sin olvidar que en el mismo proceso de lucha se van a multiplicar por millones nuevos individuos que se incorporarán con más o menos decisión a vidas oscurantistas. El cálculo de tal perspectiva es desalentador. Es tanto como teorizar la democracia como hicieron Platón o Cicerón en tiempos en que la mitad de la gente tenia el estatuto jurídico de esclavos y no el de ciudadanos de pleno derecho. Hoy la discusión sobre ética no está todavía en el ámbito de calle. Antiguamente todavía se hablaba del significado de la dignidad, hoy ni se menciona ni se sabe lo que es eso. Actualmente la discusión de ética está en manos de los vocacionales de la cuestión creyendo –o creyéndonos-que al especializarnos en el tema somos más éticos que el resto de los mortales que no lo hacen. Eso caricaturiza una clase de dicentes tan hipócritas como cualesquiera otros que hablaban de bondad y seguían pegados a sus plusvalías. No es más ético quien de ética más veces habla sino quien se rige por conductas que de facto lo son. Nos toca dudar de quienes al hacer de ello una de sus hablas especializadas no la usan para auto corregirse en conductas irrespetuosas a la naturaleza o  a los congéneres sino para crear una fachada o un simulacro.

Otro componente que no puede olvidar la discusión sobre ética es que las dificultades en su aplicación están en el mismo sector de refractarios e inadaptados a ella. ¿Qué hacer con quienes se oponen a la vida comunitaria, quienes se acostumbran a vivir de la esclavitud ajena, del atraco a los intereses privados, de la contaminación de los recursos de todos? ¿qué hacer con los psicópatas que no tienen ningun sentimiento autocrítico ante el daño que generan en los demás? ¿qué hacer con los sociópatas que se complacen en la destrucción de vidas humanas en masa? ¿qué hacer con los genocidas, con los ejecutores sádicos, con los exmilitares que extendieron daño y sufrimiento? Cuando muchos años después de masacres se juzga a militares –que obedeciendo órdenes fusilaron después de torturar a cientos de personas- el propia sistema judicial les atenúa su responsabilidad reduciendo sus condenas a unos pocos años de cárcel.

 La ética necesita del episteme y de la metodología como señala Popper para que sea regente pero no se limita a ello ni empieza por ello. Necesitamos la referencia ética para seguir creyendo en el potencial humanista de la humanidad a pesar de tantos desmentenidos por sus crueldades a  lo largo de la historia. No podemos admitir la peor de las perspectivas que la Humanidad nunca crecerá y que el ser humano nunca dejará de ser: el espejo distorsionado de todos sus sueños. Necesitamos superar toda mentalidad escéptica y catastrofista a pesar que desde niños conocemos la tesis de Hobbes Homo hominem lupus y alguien nos dijo la peor de las sentencias de todas: la del  ser humano como el animal que  jamás cambiará dada que  su maldad le es intrínseca. Como intelectuales no nos importa tanto si eso es razonable o no, sino si emocionalmente es soportable. Desde luego no lo es. Hacemos como que triunfará la cordialidad, la equidistancia cooperadora y respetuosa, la fraternidad y la inteligencia colectivas. El ser racional y sentimental superará la ferocidad de su bestia volcánica.¡De acuerdo! pero, entretanto  ¿qué hacemos con todo aquel que no lo vea sí, que habla de “guerra preventiva”, de corazas ante el mal, de torturas y asesinatos? No se puede estar discutiendo el tema por una parte y hacer caso omiso a los datos arrojados por la realidad social un día tras otro, un año tras otro, un siglo tras otro por lo que hace a crecimiento del individualismo rivalista y la pérdida desconfianza en la condición humana.

Plantear la discusión así es nombrar la bicha. Hay una actitud que consiste en no levantar la alfombra del suelo para no tener ninguna idea del polvo y ácaros que esconde debajo. Preferiría mantenerme en la edad de la inocencia creyendo que la ética es solo una cuestión de decisión de los delegados en una reunión que apuesten por su conveniencia, o un estadio de obligada llegada para todo hijo de la tierra. No es así.

Un dios dispuso de Casandra el don de decir la verdad pero al mismo tiempo la limitación de que pudiera ser creída por alguien. Algo parecido nos pasa con los grandes y nobles predicados. El público  serio ya no puede creerlos. “...Aquí estaba aquel nadie- dice Crhista Wolf haciéndose eco de la profetiza- que hubiera tenido que creerme; que no podía hacerlo porque nocreíaennada. Un nadie que no era capaz de creer”[1] Seguiremos planteando hasta  donde nos sea posible la lucha por la dignidad humana, por tanto, por su comportamiento ético dominante como la única alternativa  que pudiera hacer posible el alumbramiento de un nuevo mundo. Pero esa ética universal para por su debate en estado permanente, no por  la creación de un código jurídico mundial (eso es otro asunto) que lo suplante. Un tema es las leyes reguladores y otro la recreación ética de las personas ante su destino compartido. La dificultad conceptual de encorsetar la ética en unos mandamientos cerrados es lo que la hace de tan difícil recreación y mantenimiento. A diferencia de la ley basada en algún tipo de coacción sino es cumplida, la ética cuenta con un factor lleno de imponderables, la capacidad subjetiva de automoderación. La especie está recargada de procesos defectuosos que empiezan en el cuadro genético, sigue en el desarrollo intrauterino y se terminan de complicar con incidencias deseducativas. Eso da por resultado el terrible dato de un empeoramiento de los valores: cuanto más crecimiento poblacional hay, menos posibilidades de concordia existen relegando la vida pacífica y digna al relato literario. Tal pesimista perspectiva no impide continuar voceando a los cuatro vientos los principios del amor, la cooperación, la justica y el respeto a la vida; eso sí,sin olvidar que el algoritmo de la conciencia potencial está restado por la desconcienciación en masa como la principal garantia de continuidad de las sociedades que la historia humana viene dando.



[1] Chista Wolf. Casandra. El país. Madrid 2005 p.140

El predominio del Boato

Escrito por sussanamaraselva 29-09-2007 en General. Comentarios (0)

El predominio del boato y la razón suspensa.

La realidad está poblada de apariencias. El predominio de los semblantes supera con creces los datos de las certezas. Sabemos que nadie es lo que parece ser y que toda aparición tiene que pasar por segundas miradas para verificar de qué se trata. Sin embargo, todo el mundo insiste y persiste en su look. Los establecimientos para el maquillaje de las caras, el vestido de las anatomías y la reformulación de los cuerpos son multitud. Las calles son desfiladeros de posturitas y modas. Todos vamos investidos de determinados colores y  formas. Conscientes o no, todos damos señales de lo que somos con los que llevamos puesto. Es inevitable. Nadie se libra de venir envasado o expuesto en una forma. No hay contenido que se pueda expresar sin ella. Esto alcanza a todos los segmentos sociales y mentales. Las ideas más progresistas no han trascendido la necesidad de la forma, lo que más han podido hacer es sustituir maneras caducas de vestir por otras más dotadas de ingenio. Preferimos los colores vivos y variados a los grises y caquis, las cabelleras sueltas y libres a las cabezas rapadas, las miradas de ojos cálidos y limpios a los ojos caídos con miradas desviadas. La forma es muy importante, tanto que depende de ella si vamos a permitirnos pasar a la comunicación directa o la vamos a descartar según como la que percibamos.  Todo el mundo lo sabe, por eso todo el mundo participa del juego de las percepciones, invierte su tiempo y su dinero para dar una buena impresión y se inviste de telas y maneras que expresen su pensamiento. Hay quien se pasa ratos largos ante espejos cambiándose y recambiándose de atuendo hasta encontrar el que cree apropiado para una ocasión. El vestido añade un plus en el volumen y en la magnificencia de determinados señoríos. Desde los sombreros alzados de los popes ortodoxos a los báculos, los cetros, las coronas, las hombreras y gorras de plato de los militares, todo  viene a aparentar lo que nadie es.

En los viajes por el mundo la abigarrada fauna cromática da cuenta de las psicologías de los colores y, por extensión, de las psicologías de sus usuarios. Bastantes hombres georgianos utilizan abundantemente el negro en pantalones y camisas sin que ello exprese el duelo; los chinos de antes del desarrollo económico, la uniformización del cuello en trajes estándar; en una época de talante crítico, los cabellos largos y las barbas. 

En algunos momentos la forma ha pasado por elecciones de escasez estética: pantalones terminados en patas de elefante o zapatos sobre plataformas alzadas. Hay quien no para de cambiar de forma no por elección propia sino por seguir los dictados del mercado. Se interpreta eso como una alienación en masa o la anestesia de los sentidos de la gente para que al estar embotada pierda su capacidad de discernimiento. Pero tanto si se sigue como si no se sigue una moda, casi todo el mundo entra dentro de parámetros de una u otra forma. La mayoría de gente elige y compra objetos prefabricados en lugar de hacérselos. A partir de esa inserción comercial se deja vestir, es decir investir y llevar, por lo que adquiere. Quizás se debería volver a los tiempos en que en cada casa se hacia parte de la ropa para recuperar una libertad de creación electiva ya definitivamente perdida.

Resulta curioso que en  los encuentros interreligiosos cada cual no abandone por un momento sus hábitos, en el doble sentido de la palabra, como actitudes y como prendas; y por mucho que unos y otros  insistan en la tesis -de mentira flagrante- del “todos somos iguales  amenizada por el argumento de que estamos atrapados por el mundo de la ilusión y de  las formas, nadie renuncia a las suyas. Alguno podrá  hasta auto ridiculizarlas, eso sí, tratándose de que va de fallero mayor si lleva un turbante en la cabeza o de que se dedica al peor oficio del mundo como es el de agente comercial (es decir un técnico del engaño) si va trajeado al estilo más típico, pero luego insistirá en sus trece, en su doctrina concreta, en su templo, en su oratorio, en su gurú. Mientras no sea analizada la cuestión  en todos sus aspectos todo cabe en el circo folclórico y cada sujeto investido de su prosa ad hoc  es aceptable en el guateque de las formas. Tan pronto se examina cada detalle se da con auténticos ogros de sus fanatismos, incapaces de variar lo más mínimo  mientras se dedica a sobrevivir o vapulear  aunque sea con cuerpos infestos de formas amaneradas y teorías llenas de parches.

En los encuentros de aproximación comunicativa entre representantes de distintas partes del mundo

Se asiste a un verdadero espectáculo de formas. Uno de los intereses de los eventos internacionales es la oportunidad que da asistir a ese escaparate pluriformal. Si bien el derecho a la forma se confunde con el derecho a la diferencia, cada línea de pensamiento  particular y diferenciada no significa que no se esconda de una incapacidad adaptativa para la fusión de la conciencia. La misma lógica que expresa el derecho a la personalización también es la que auxilia la prerrogativa de un rol de dominio. Leonard Boff[1] sostiene que la misma lógica que explota a las personas, a las clases desposeídas y a los países, es la que  explota también irracionalmente  a la naturaleza y al planeta. De lo que se trata es de modificar estructuras mentales para garantizar nuevos comportamientos  útiles para la ínter comprensión y la fraternidad. El apego a las formas dificulta ese proceso. Una forma de boato es tanto más fanatizada cuanto menos seguro está su adepto de una vida en libertad dejando fluir toda su riqueza potencial de saberes y placeres. Las religiones temen por su futuro ante una incredulidad latente irreducible y un nuevo ateísmo espiritual. Así como los tiranos no advierten   la verdad de la realidad hasta que los movimientos de protesta nacidos de las injusticias y miserias amenazan directamente a sus poderes absolutos[2] también las cúpulas eclesiales temen por su auto perpetuación ante la protesta desde el silencio con los templos vacíos. Navarro Arisa recuerda que la  ceguera y la codicia de todos los tiranos, sean del orden ideológico que sean, reproducen unas mismas actitudes represivas para contener un avance histórico ineludible.

Cada religioso de oficio y beneficio promete  la luz y la salvación. Históricamente la idea de hallar la luz y la paz representaron una pretensión genial. Ego sum lux mundi. Si alguien dijera esta frase en la actualidad seria tratado de charlatán o de esquizofrénico. En otro tiempo ese texto fue atribuido a Jeshua y por la que se le atribuyen tantos seguidores en su época dando lugar al cristianismo. Ha habido líderes de todo tipo prometiendo luces de todos los colores. El mundo sin embargo sigue bloqueado en sus tinieblas. Mientras el seguimiento signifique la anihilación de la voluntad crítica y  se funda con formas borreguistas buscando el amparo, ninguna clase de boata tapará el hecho de un analfabetismo conceptual de fondo. Jonathan Kozol[3]  pone evidencia con crudeza y claridad de juicio la extensión y perpetuación de la población analfabeta en una sociedad industrializada. USA en tanto que  paradigma de como el avance en un país no impide su gestación  ni acaban con el consentimiento en su seno de enormes desigualdades culturales que no reciben atención pública porque el silencio es una de las características de la sociedad analfabeta. La peligrosa conexión entre formas devocionales que ponen en suspenso la razón crítica y la tiranía de unos sobre otros den un motivo de repaso para no convertir ninguna predisposición espiritual para el crecimiento de la alienación mental pública.


[1] nacido en Concòrdia, Brazil  en 1938,  y doctorado en teología y filosofía por la universidad de Múnich

[2] JJNavarro Arisa, Avui, 24 abril 2006, en L´error de tots els tirans p.24

[3] Analfabetos USA .El roure Ed.  Barcelona 1990.

Tras el último poema.

Escrito por sussanamaraselva 27-09-2007 en General. Comentarios (0)

 

Tener motivos para escribir poesía es estar de suerte. Vivir sin escribirla sería -o es- por consecuencia lógica una disuerte. Sin embargo la inmensa mayoría de gente vive sin tener necesidad de escribirla; mucha, cuando lo ha hecho, se avergüenza de ella y decide esconderla o destruirla tras un cierto tiempo. He oído opiniones acerca de que lo poético es propio de las edades de sondeo, las de las primeras tentativas. Escribirla es tomarlo como una cursilería y hay quien se ruboriza de la que haya podido componer. Lo poético es –suele ser- romántico y puede formar parte de las técnicas aconsejadas para seducir. Hay quien dice directamente sin rubor que no la entiende o que ha pasado por malos tragos al tratar de entenderla.

Sí, la poesía es críptica, tiene claves personales de apertura y entendimiento. Es además personalizada. Es un mensaje de persona a persona que gracias al espionaje literario internacional la  pueden disfrutar quienes se acercan a las emociones no artificiales de las verdades ajenas y por concomitancia a las propias. Cada poeta vive en su laberinto más que en su torre de marfil en el que en lugar de poner flechas y señales para encontrar las salidas modifica continuamente los objetos y los pasillos que no llevan a ninguna parte. Un poema no es nunca un mapa para llegar a un sitio. No hay parte alguna a la que ir salvo al territorio de  Hades de las no complacencias generalmente concedidas por el tema de pasión mientras los discursos de ésta no encuentran refugio en alguna versión del Nirvana. El poema concreto puede ser la revuelta, el entusiasmo, el amor, o el inventario de fábulas o dramas a partes iguales.

Los poemas se escriben cuando una poderosa seducción saca del amasijo basto de un ser perplejo el poeta que contiene y que tal vez ni siquiera sospechara. El poema termina por hacer al poeta más que éste a aquel, porque  un poema, es decir poetizar, es una transacción de energía que se hace para alguien o algo. Cuando uno u otro de estos parámetros o ambos desaparecen, el poeta se queda sin motivos para hablar. Asegura que todo ha sido dicho. Lo único que puede hacer es remitir y remitirse a anteriores composiciones. Si hubo un primer poema ante la invitación de alguien por quien implicarse totalmente, también bien o mal puede suceder que haya un último poema con el que desimplicarse totalmente o al menos  dejar de seguir el protocolo de hacerlo. Es difícil desimplicarse de alguien a quien se ha amado intensamente. La modalidad del desamor que sucede a la pasión y la pérdida de conectividad íntima no significa eliminar aquella figura de su presencialidad simbólica, mucho menos del lugar que ocupa y seguirá ocupando por siempre en el  inconsciente personal. Si el primer poema o  las primeras letras dejan las marcas de una decisión, una voluntad y un desiderátum de construir algo bonito y especial, el último poema presentará una fractura, una imposibilidad de seguir, un deseo de trucar el deseo del goce por el deseo de no continuar sufriendo.

Me he preguntado muchas veces que es lo que les/nos hace sufrir a los amantes. He confirmado hasta la saciedad que es la falta de correspondencia o el sentimiento de recibir esta falta. Es una crisis de correspondencia. Si hay comprensión no hay dolor o este se minimiza considerablemente. La comprensión da la medida de un reconocimiento. Es su denominación más exacto. Permite un cierre sentimental equilibrado.

Una historia de amor es una historia poética sea o no escrita. En la nuestra ha habido muchos poemas por mi parte hacia ella y no tantos los de ella hacia mí, pero los suficientes para declarar mi lugar excepcional en su vida. Llevaré eso con orgullo siempre.

Este no es el primer libro de poemas personalizados para alguien. Hubo otro. Poemas a Elvira[1], de una calidad infinitamente menor, en un tiempo[2] con un concepto amoroso menos desarrollado. Si cada historia de amor es distinta cada uno de sus itinerarios poético-expresivos también lo es. El poema documenta momentos sentimentales. No tiene nada que ver con un artículo elaborado que se rige por información y confía ciegamente en la lógica.

Tras el último poema, la vida sigue y la relación puede continuar. Pasa a ocupar otra etapa: más madura tal vez, con menos oscilaciones sentimentales. Un último poema no da el carpetazo a todos los demás. Cada uno de ellos tuvo su intención, su glorificación puntual, su descarga emocional y pasa a ser algo extempóreo abandonando el momento sentimental que lo produjo para pasar a pertenecer al dominio del amor etéreo, porque amar a alguien por algo en un momento dado es sacralizar ese algo para siempre aunque se desvanezca su acreedor.

Tras el último poema, la poesía sigue aunque los pretextos personales para poetizarla decrezcan. Es imposible dedicar las mismas palabras a distintas personas. Cada alma tiene una onda vibracional diferente y cada deseo pasional recorre la piel ajena a un ritmo distinto.



[1] Dedicados a Elvira Hernando Acero

[2] En la década de los 80.