PENSARES y PESARES

Poder del Agua

Escrito por sussanamaraselva 16-12-2007 en General. Comentarios (0)

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/img/llavero.bmp 

El Poder concedido por  los permisos para el Hacer.

En la sociedad todo gira en torno a la cuestión de poder. Pero la sociedad no empieza con la congregación humana. También existe la asociación animal, el grupalismo y los comportamientos gregarios, las jerarquías y la especialización de funciones. También aquí se observan las estructuras de dominio. El salto de la sociología a la zoología y la entomología puede ser más atrevido y extenderlo al comportamiento de las especies vegetales. Algunas son fronterizas entre sus limitaciones vegetativas y su capacidad de deglución animal. Es sabido que unas especies dependen de otras y que el encadenamiento de actos de nutrición pasa irrevocablemente por los actos de destrucción. Lo que para unos es el final de sus existencias para otros es energía potencial para la continuación de las suyas. El poder en términos de supervivencia es la facultad que un ser vivo tiene para alcanzar sus propósitos de dominio sobre un espacio y, por añadidura, sobre otros seres. A fuerza de emplear el verbo de una manera sesgada se sobreentiende que se trata de poder humano, o el poder de unos sobre otros, o de poder político. Estas denominaciones tan solo alcanzan una reducida realidad de la vastedad del concepto y de la polisemia del verbo al que se acude inicialmente en la primera adquisición lingüístico y que es el que permite discriminar entre autonomía de hacer y dependencia de lo que hacen otros. Puedo/no-puedo es la clasificación binaria para el reconocimiento del rol que se tiene o de lo que se es. La inmediatamente siguiente es la de Querer/no-querer. Esta implica directamente a la voluntad subjetiva, aquella a un razonamiento objetivo de estas condiciones subjetivas. El poder y el querer están en permanente colisión, semánticamente no para de surgir la necesidad de su reubicación: “¿no puedes o no quieres?”- Se oye decir continuamente un hablante a otro. Ciertamente una de las premisas del poder para hacer  o no hacer determinadas cosas es darse el permiso para hacerlas, es decir tener suficiente voluntad para ello. Habrá que medir el contexto de cada acción y sus limitantes naturales para evaluar qué parte del poder está vencido a priori porque un sujeto se desentiende de su capacidad potencial y qué otra parte está determinada por limitantes materiales obvios. Poéticamente  podemos decir que tenemos alas para volar y seguir nuestros imaginarios pero no hay ningún poeta que haya olvidado que la anatomía física del humano no guarda parecido con el de un ave y que no le van a nacer alas en las axilas a la medida de su capricho. Hay un poder que puede ser evocado pero nunca concretado. De ahí que se acuda a la simbología y a la abstracción para conseguir con el razonamiento y la imaginación lo que no es posible hacer con la realidad. De otra parte la falta de alas del ser humano lo ha empujado a una tecnología para volar que no tienen las especies voladoras. Mientras estas siguen volando como milenios atrás, aquel mejora sus récords de velocidad y sus técnicas para vencer la gravedad.

Hay un poder en lo humano que pasa simplemente por dejarse de prohibir la vida.  Cuando Alan Watts dice que el poder del agua consiste en dejarse llevar por su propio peso está describiendo un fenómeno natural en el que no interviene para nada la voluntad o la planificación, Esta en la propia naturaleza de ese elemento tender a meterse por todos los orificios o resquicios siguiendo la ley de la gravedad. Esa misma agua metida en un depósito que la encierra y no la deja salir nunca ni hidratará a bebientes ni nutrirá el suelo que la espera. Esa imagen puede servir para describir un símil en el comportamiento humano cuyos excesos de autocontención y reserva convierten su potencial en algo inerte por no decir muerto, en algo a la espera por no decir algo enterrado, en algo lleno de todo pero falto de lo fundamental: darse al exterior.

Cada ser humano es un templo de potenciales energéticos. Desde su sede de quietud puede alcanzar el universo si se da permiso para el despliegue de su energía y la realización de lo que es. Dejarse ir es superar represiones que lo anularon. Dejarse extender es salir de sus limitaciones egoicas para alcanzar un sentimiento de fusión. Dejarse vivir es la clave. La opción de darte los permisos para ser quien realmente contienes en tu ser, y dejar de lado los roles a los que estás obligado (el rol del  asalariado, del contribuyente, del votante,...pero también el rol del familiar, del cabeza de familia, del padre, del hijo,…) es seguir un proceso de autentificación cuyos resultados pueden ser profundamente rupturistas con formas de vida pasadas. Evidentemente no todos los roles pasados tienen porque ser eliminados pero sí la dialéctica de subordinación entre la dimensión de la persona-Ser y la función de rol por la que profesionalmente es contratada o socialmente es entrenada.

La civilización es equivalente a códigos.  Código es equivalente a Represión publicada y paralelamente  interiorizada. Tiene esa doble realidad: la externa y la personal. Evidentemente sin códigos compartidos por la colectividad, consensuados o no, pero aceptados o imperativos, no hubiera habido posibilidad de organización y desarrollo social. Por otra parte los códigos son transmitidos pro la herencia intelectual y formativa. El neonato llega a la sociedad y esta da por supuesto una predictibilidad de su comportamiento, es decir de su adaptación al medio de la especie. Su evolución personal pasa por el consentimiento colectivo. El gran club lo admite como miembro de pleno derecho si se ajusta a las normativas que regulan las interacciones. Como todo no está regulado ni todo es previsible hasta el ultimo detalle las zonas de desavenencia entre individuo y el resto no dejan de estar presentes. Eso significa más exactamente que todas y cada uno de los individuos mantienen una cierta prevención ante todos los demás como colectividad a la que valoran y de la que se abstienen en algunas cuestiones. La interiorización de los deseos públicos en el alma del individuo particular llevan a que parte de este se supedite al gran superyó o al dios público social. Una parte de esa subordinación forma parte de la lógica supervivencial y adaptativa a los factores jerárquicos del tiempo en el que está inserto; otra parte, sin embargo, atenta fundamentalmente a la propia autoestima al no permitirse desarrollos como individuo soberano. El poder personal es el que pone el Hacer como resultado de un plan voluntario y personal. Esa tesis sirve tanto para ético como para no éticos puesto que instrumenta una metodología para la acción desde la fuerza del yo, la fuerza de la voluntad.  Toca diferenciar lo que se hace por imposición subjetiva de lo que se hace como expansión de lo personal tras deseos autorrealizativos. Una descontención a ultranza es el nido de la irrespetuosidad y finalmente de la violencia contra el prójimo (to destroy es uno de los verbos juvenilescos de moda  que ponen los pelos de punta a los conservacionistas de la energia y de la naturaleza), una descontención legítima ante todos los tabúes limitantes y represores internos que prohíben la autonomía personal es indispensable para la evolución mental y humana de cada cual. El símil del poder al agua dejada ir de Watts es un canto a la libertad personal, a un tipo de libertad: la del poder hacer, la de irrigar las zonas secas del entorno, a esas  que les falta la vida para crecer, la frescura de las ideas y de  las innovaciones fructíferas.

Toda disertación sobre el poder  como algo externo y objetivo limitado a las estructuras del afuera social desconectada del poder como  algo interno inherente en una dosis u otra a todos y cada uno de los individuos vivos nos lleva a un espejismo reduccionista y fragmentario. Donde realmente se aprende de la verdad intrínseca de las relaciones de poder es en el trato con los humanos y con las cosas desde las primeras experiencias y a pequeña escala. Los análisis de las correlaciones de fuerzas a escala sociopolítica son tan solo una parte de la digresión general. En el campo directo del feedback del tú a tú también hay luchas sutiles por el poder. La construcción de la soberanía personal pasa por instrumentar el poder para ejercer la libertad individual y no condicionarla a los imperativos ajenos, procedan de donde procedan: sean del policía que te hace callar con sus golpes o del compañero de partido, asociación o convivencia que lo hace con su dictum por ser el que pasa por ser el más entregado o el que sabe más.

El Duelo

Escrito por sussanamaraselva 15-12-2007 en General. Comentarios (0)

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/img/jesmis.bmp

 Raska Srb 12 jul 2007

La vida es un continuo avatar que pasa por las pérdidas de las que hace memorándum y colección. Claro que también es un itinerario de adquisiciones. Mientras vivimos asistimos a un grandioso espectáculo ante lo que nos viene, nos es dado, conseguimos, obtenemos o conquistamos y también ante lo que nos es arrebatado, perdemos, olvidamos o de lo que somos desposeídos. Las pérdidas de lo pequeño: un juguete, una mascota, nos preparan para las pérdidas de lo mayor: una amistad, un amor, alguien que sucumbe a su desaparición física. Psicológicamente el valor de pérdida tiene una representación no necesariamente proporcionada al tamaño real de lo que se ha perdido sino al espacio simbólico que ese lugar ocupaba. Las pérdidas mayores: la de un padre, un hermano, un hijo incluso de la pareja van siendo tanto más soportables cuanto mas experiencia acumulamos. El duelo de pérdida no empieza el día que se nos muere alguien próximo. Ha empezado mucho antes al perder  relaciones y antes que éstas objetos, y de los que tenemos la certeza de que no vamos a poder recuperar nunca. Cabe comparar deliberadamente las cosas, en el orden de lo material, con las personas, en el orden de lo afectivo: las unas y las otras convocan a relaciones objetales.

De todos los duelos el más  llamativo es el de la pérdida de alguien por su defunción. Pero no es nunca el mismo. Un duelo nunca es igual a otro. La pérdida del padre se siente de manera distinta a la de la madre, el de un hermano a otro.

La gente se sigue la pista en los entierros. Pasan años y no se ven para nada pero se dan cita para sus entierros. No hay contrasentido más incongruente que éste, ¿Qué significa ir a rendir un ultimo adiós cuando han podido pasar decenas de años o más de media vida sin contacto alguno para ninguna otra cosa? ¿Por qué tanto interés en mostrar un adiós cuando no se han compartido suficientes holas?

El duelo es un indicador de sentimentalidad y de civilidad. La conciencia de pérdida y la convicción de que nunca más se recuperará el contacto con alguien en vida porque ha fallecido es uno de los primeros sentimientos en torno a los que los colectivos humanos organizaron sus ritos y honores. Conceptualmente el duelo iba unido a la defunción. El rito exigía una ostentación externa de tributo al muerto de acuerdo al cual se debía estar un tiempo en años antes de los deudos  pudieran rehacer sus vidas de goce. Vox populi nunca perdona que la vida se rehaga cuando el cuerpo del cadáver todavía está caliente, según la hiriente  frase de las malas lenguas. No todos los duelos de pérdida son iguales ni la interpretación trágica del que lo es por muerte se vive tan luctuosamente en todas partes. La civilización urbanita y la masificación de las relaciones han generado nuevas categorías prescindentes. Amigos y conocidos desaparecen de escena o confrontaciones que llevan a separaciones irreconciliables generan panoramas psíquicos de pérdidas. El duelo de pérdida es siempre una enseñanza magistral de la naturaleza en una misma e histórica lección, nada es eterno, todo perece y los supervivientes tan solo son testigos anticuados de lo que les va a pasar en un plazo más o menos largo. Hay duelos de pérdida que se anticipan a los duelos de muerte o incluso los sustituyen. Cuando se ha pasado por el sentimiento del dolor de perder a alguien y experimentar una separación física o convivencial e incluso informativa, la noticia posterior de su fallecimiento llega cuando ya se ha consolidado una distancia anterior. En ese sentido y por terrible que sea esta comparación, el duelo por la muerte puede no ser tan grave como el duelo de separación anterior, en particular si se ha articulado en torno a una experiencia de traición.

A falta de reapariciones postmortem y de zombies eficaces los vivos son los representates de los muertos. Como con tantas interpretaciones en la historia de las palabras  el intérprete cae en sesgos tanto más indemostrables cuanto menos posible sea la verificación. Es un tema complejo hablar del tercero ausente sin poder/querer convocarlo a ese lugar de interpretación, toda la historiografía es eso: manejo de referencias que hablan de tiempos idos con protagonistas muertos. Una buena parte de la poesía también es eso: construcciones sentimentales acerca de un otro que no está sea porque se ha colocado de parte del rechazo o porque ni siquiera está enterado de ser objeto de dedicación apasionada. Una buena parte de las conversaciones son sobre los que no están, no porque hayan fenecido sino porque estén lejos, distantes o estén por otras latitudes de no coincidencia. A pesar de todos los equívocos que se generan el tercero ausente es la posición más referida en los temas hablados. De tarde en tarde lo es con respecto a los no-vivos. Existe un pacto implícito de dejar los muertos tranquilos en sus tumbas o en sus urnas o en sus partículas esparcidas. Es una especie de nuevo tabú. Parece que hablar del muerto obliga a hacerlo desde el elogio o a no hacerlo si tiene que ser desde la critica. Optar por criticar cosas que hizo el muerto será entendido como una falta de respeto habida cuenta que no tiene posibilidad de defenderse. Tal conmiseración viene a contribuir al estado general de los susurros y de las mentiras prevalentes.

Pasar por duelos bien construidos deja las manos libres o la boca en acción para decir el comunicar el pensamiento que se tiene y que no se ha dejado de tener. Es así que trascender la memoria del muerto pasa por superarlo como la figura que alcanzó a ser en la vida de uno.

Si la vida es un proceso de construcciones y deconstrucciones, de creación de relaciones y de pérdida de ellas, el duelo deja una experiencia ineludible que puede permitir un saber o no según la disposición al reconocimiento de las verdades.

 

Psicodrama Público

Escrito por sussanamaraselva 08-12-2007 en General. Comentarios (2)

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/img/noseque.jpg

 

El espacio teatral convoca a una expectación unilateral. La del público anónimo ante unos actores nominales. La escena es el centro ; la platea, la oscuridad. El teatro es una recreación del conflicto, un traslado a una escenografía objetiva y manejable de las variables subjetivas, presentes en la realidad, no siempre manejables. Eso reconforta  la figura del espectador que aguarda confortablemente en su butaca segurizante el desenlace de la acción controlada. Sabe que no le va a pasar nada, que los personajes

 son de ficción, que la trama es una reproducción, que el discurso es meramente diferido y artistificado. Por la fuerza de la palabra escénica tomará distancia de la palabra real, por su objetivización se resubejtivará como espectador  que mantiene el control de la situación. La vía artística proporciona suavemente  las condiciones de control para mantener alejado el conflicto de la vía existencial.

 Lo que en un principio propone el arte como provocación de la conciencia termina por concretarse en un apaciguamiento de esta.  De tarde en tarde teatros de vanguardia han procurado hacer participe el público en su escenario, borrando las fronteras entre escena y expectación mezclándolo todo en acción viva. ·Esas tentativas no han producido un nuevo arte escénico dominante en el que cada

 espectador sea propuesto desde el momento en que entre en la sala como actor.

Hay una larga trayectoria de actores, especialmente cómicos, también magos con cartas e hipnotizadores, que hacen salir a escena a personas del públicos con el ritual de “que salga-que salga” y los aplausos o vítores como dádiva. Un solo actor con tablas puede crear un escenario improvisado en la calle y representar un guion de múltiples roles haciéndoselos representar  a espectadores seleccionados del circulo de expectación que promueva.  Al margen de esos ejercicios y osadías lo que espera

mayoritariamente el espectador que pasa por taquilla y que tiene un asiento numerado es que se le entretenga y se le enseñe un  par de cosas, no que se le haga cambiar de pensamiento, hábitos o le mueva  tan emocionalmente un guion que le obligue a replantearse su existencia,. Nadie te dice: fui a ver tal obra de teatro y me cambió la vida. Aunque esa misma frase la he oído decir por lo que hace a una lectura crucial de un libro especial. El teatro fundamentalmente es un espacio ajeno. A la sala de

teatro se le llama equívocamente teatro cuando en realidad el teatro es lo que sucede en la acción representada. Claro que en el fondo,  el espectador también representas su rol de pasivo y sabe, si lo piensa un rato, que su pasividad y mudez justifica todas las piruetas que hagan actrices y actores. Pero no siempre el espectador está a salvo en su quietud. Algunos  maestros que dominan la escena

 construyen su monólogo en una especie de  diálogo autogenerado en el que hacer intervenir con sus preguntas, o sus focos, a asistentes a la sala.

 No es lo habitual ni la práctica que se haya generalizado aunque dentro del teatro alternativo se han probado multitud de estrategias  para hacer participar al público sacándole de su silencio y de su mudez.

Una cierta inquietud embarga a la posición de público cuando cabe la posibilidad de ser preguntado. Un ámbito de cientos o miles de personas resulta intimidatorio. No tanto porque la gente se vaya a rebotar con lo que se vaya a decir como pro el mismo hecho numérico del individuo que se siente solo ante la masa que lo mira. El pánico escénico es incapacitante  para cualquiera que tiene que dirigirse a un público numeroso, pero a la vez hacerlo es una forma de vencer miedos e inhibitorios internos. Algo que la educación, desde la primaria no ha resuelto todavía, es armar a los educandos con su capacidad de dirigirse a todos los demás en la convicción de conseguir su atención y en la convicción además de saber que puede realizar una explicación comprensiva. Quien tiene habilidad expresiva para explicar algo ante otro, una sola persona, también la puede adquirir para explicarse ante muchos otros, miles o millones de personas. Basta intentarlo y admitir que la trasportación de una proyección expresiva singularizada a una pluralizada  es algo tan sencillo como hacerlo.  José Luis Galiardo teoriza el monólogo como la expresión libidinosa de una masturbación. Pero el monólogo no significa la anulación del diálogo sino un estilo verbal que a falta de un interlocutor presencial se le invita indirectamente haciéndose eco de sus objeciones o preguntas. Un artículo o un libro escritos por una sola persona son también monólogos y sin embargo no significa que solo este escribiendo o hablando el que los firma en tanto se constituya en caja de ecos de lo que circula en el campo del pensamiento y de las noticias. La parte de una conferencia previa al coloquio es también un monólogo. Quien detenta un discurso no se limita a hacer afirmaciones categóricas, también incluye preguntas en sus formas verbales que trata de responder además de la presunción de un interrogatorio latente al que se somete voluntariamente. Hablar, se hable solo o se comparta una conversación, es responder a preguntas.

Dicho esto no cabe  pensar  de ninguna representación escénica que sea un campo cerrado a pesar de que los guiones teatrales suelen ser breves y sus desarrollos consumen un par de horas o no tanto tiempo. Tampoco los diálogos de la vida privada quedan cerrados nunca del todo ni las exposiciones temáticas sobre un punto u otro. Siempre queda abierta la posibilidad de un plus de indagaciones, de una continuidad en el texto y en la escena. De ahí también que haya readaptaciones de textos clásicos.

Hay una particular forma de teatro en el campo de la psicoterapia que es el psicodrama de acuerdo con el diseño de Jacobo Moreno, ampliamente referido y practicado. El psicodrama crea un espacio interno permisivo para los vuelos del inconsciente. Este es el título ideal para compartirlo en un trabajo de psicología analítica de los fantasmas tanto de los sujetos psicodramáticos, con un desenlace evaluado y un objetivo comunicativo. El psicodrama parte de unas consignas de arranque pero no puede hipotecar su final a unos objetivos consensuados. Ha habido  un teatro de la improvisación que lo ha fronterizado. Sigue habiéndolo: a partir de un guión básico los personajes lo adaptan función a función e incorporando las noticias del día.

Por lo general el psicodrama es privado con las variables de confidencialidad controladas y desarrollado en un espacio de intimidad colectiva.  Una propuesta de trasladarlo a la escena pública, a la sala de teatro con taquilla en la puerta, ante un público críptico y analítico, es lo más radical que en estos momentos se puede plantear en la profesión artística. De una parte el espectador pierde su estatuto segurizante de habitante de butaca en tanto que sabe que no se va a enfrentar a un guion de ficción sino a un guión imprevisible, mejor dicho a un guión en el que pueden decirse todas las verdades.

La verdad es la primera victima y la más propiciatoria de los conflictos humanos. Solo en espacios muy selectos de indagación psicológica y psicoanalítica se puede hacer la reina. La verdad va en contra de la etiqueta y de las falsas formalidades, va en contra pues de los códigos que protegen a cada individuo frente al otro no solo porque pueda agredirlo físicamente sino también para que no pueda agredirlo verbalmente. Es inevitable que la verdad curse con actos que se interpretan como agresivos. El salto de la tensión emocional a la explosión dramática es fácil y rápido.

Un psicodrama público para espectadores preparados, o al menos pre avisados, que admitan no ser espectadores clásicos para esa clase de función puede conocer la hora en la que comienza pero no en la que acaba, el tema de partida pero no el tema final, el numero de componentes al comienzo pero no los que queden al final. Con ese panorama de variaciones encontrar el perfil de los espectadores no es tan sencillo. Tampoco el de los actores. De hecho los actores y actrices profesionales no son/serían los apropiados para esta clase de representación, dado su dominio de la interpretación. Por eso un psicodrama público legítimo tiene que partir de componentes, entre ellos desconocidos hasta ese momento, dispuestos a la representación de roles, ante un publico igualmente desconocido, con una dirección de pautas por el director o directores de escena ejerciendo una función conductora y –en caso de necesidad- contenedora. El gabinete Libermann (1984)  y el método Gronholm han introducido formas cercanas al psicodrama, siempre bajo control de los diálogos. Un guion preestablecido es siempre una forma de control de lo que se va a decir, lo mismo que los cantantes de canciones-protesta tenían que pasar por la censura sus letras antes de una audición bajo el franquismo o los protocolos de contactos humanos presuponen los decires antes de ser pronunciados. A diferencia de todo eso el psicodrama no solo saca los sapos infernales de cada uno en el espacio verbal sino que también se puede volver en contra de la acción psicodramatizante, de los otros participantes y del mismo director. La zona entre verdad y representación queda mezclada y cada cual pone a prueba lo que en realidad es bajo las toneladas de automentiras en las que ha organizado su vida.

Un espacio de vuelos del inconsciente –este es un buen titulo para la libertad expresiva del mismo- como si de una flotación permanente en el aire en un ala delta se tratara para mirar todos los detalles que quedan debajo puede hacer participar al público, tanto subiendo a escena o entrando en el circulo escénico como opinando puntualmente. Eso ultimo no es tan operativo, el teatro-fórum a diferencia del cine o video fórum, crea una fisura demasiado fuerte entre sala y acción representada por el hecho presencial de los actores como parte del debate. La otra razón es que el público queda relegado a la función crítica de esa acción sin haber participado en su recreación o puesta a punto.

En el psicodrama público la propuesta es una invitación a la higiene mental y a la verdad absoluta sin más restricción que el respeto a la integridad física del otro y sin más consigna que el ataque a la mascarada coparticipativa, a las propias máscaras y a las ajenas.

Imagino la escena: un espacio vacio bajo el palio de un alada delta y un slogan: el vuelo del inconsciente. Dejando hablar a los sentimientos el viaje al uno mismo llega a los fondos insospechados.

No será hasta la puesta en escena de un experimento teatro vitalista de esta clase que podrá evaluarse su impacto como espectáculo innovador, su valor como psicoterapia de grupo mayoritario, y su futuro dentro de las artes escénicas. Su enorme interés bien vale la pena de correr riesgos y luego hacer balances. En el teatro de la improvisación hay experiencias de actores/actrices –recuerdo una en  la sala Petita del Lliure que su tema (uno sobre transformacionismo sexual) se hizo lento, aburrido y ordinario escapándosele de las manos, pero suscitando alguna reacción intervencionista del público que fue cortada. Y es que  la actuación a veces deja de sentirse segura con la intervención no controlada y el público está demasiado acostumbrado a no salir de la condición pasiva de tal. El psicodrama público seguramente lo recalificaría de un modo total.

 

Sexo y Tension.

Escrito por sussanamaraselva 07-12-2007 en General. Comentarios (0)

El dolor como experiencia excitatoria. 

El contenido de Histoire de O de Pauline Réage, pseudónimo de Dominicque Aury, fue conocido antes por su traslado a la pantalla española, en la época en que apuntaba al destape, que por la lectura de sus páginas. Ya llevaba tiempo publicada en Francia, un cuarto de siglo atrás,  con el consiguiente escándalo de su literatura que entraría en el etiquetaje de perversora por los sabuesos de la moral o de la psicopatología por los impulsivos de las clasificaciones. Sea como fuere, la autora proponía una relación de servidumbre sexual entre O, la protagonista, que en término actuales denominaríamos de maltratada, y su amante y los hombres a los que éste  la somete. Lo que más llamó la atención del texto, lejos de ser una literatura exquisita de la descripción,  fue  la descripción del sometimiento al dominio varonil bajo el slogan del quererse. Aceptar la afrenta y el dolor físico administrado por el látigo  constituía una prueba de amor. El relato se inicia con un sometimiento de O a varios hombres por la orden de su amante, al cual obedece. No hay ningún protocolo previo. No concurre ninguna explicación excepcional sobre un supuesto proceso de entrenamiento de ella para aceptar este rol servil y, bajo no pocas observaciones, tratado de patológico, enfermizo e inaceptable. Es un relato que tuvo la osadía en su momento de elevar a categoría de arte, o al menos de excitación, el dolor físico. Un dolor controlado, sí, pero no menos persistente. No se trata de un solo episodio para la experimentación sino del sometimiento diario a los latigazos y al grillete. En la edición de Tusquets (Barcelona 2005), el prologuista Jean  Paulhan (1954) habla y conjetura sobre “la dicha de la esclavitud” y liga sin equivocidades un episodio de rebelión del s.XIX en Barbados de un par de centenares de antiguos esclavos que se alzaran contra el señor que los había librado para que volviera a tomarlos en las condiciones de antes. ¿La esclavitud es una elección?

La teoría sexual de los sentidos y de las prácticas de dominio relativiza el sadomasoquismo como algo presencial en una dosis u otra en las relaciones eróticas. Pero es cualitativamente distinto el goce creado -con la práctica del daño hasta sus últimas consecuencias- que el goce insinuado en una negociación discreta entre el que lo proporciona y quien lo recibe. El deseo de usarlo en la escenografía sexual no es tan exiguo como cabría esperar. La edición del libro comentado destaca en la contraportada  que la brutal belleza de sus páginas conectaría con lo que millones de lectores”, tanto hombres como mujeres sentían sin osar formularlo.

La pregunta obligada es si en la intimidad de su lectura, indistintamente de la forma estilística usada, el lector o la lectora se contagia de la excitación que desprende el texto. No preguntaré a quienes hagan su lectura. Es suficiente con que cada cual se reconozca la respuesta en su intimidad sensorial. Me basta la hipótesis de que un texto como éste,  en el que la descripción de las cópulas es mínima y donde predomina el azote con toda su carga simbólica y los detallismos del vestir, consigue mover penes o vulvas bajo las telas sin otra intervención manipulativa que sus entradas descriptivas. Si esto es así ¿no es suficiente con este dato para determinar que un tipo de violencia física, aunque sea desde el plano de su evocación, genera excitación y placer? Terrible pregunta cuya respuesta comprometerá a cualquiera. La cultura manda y ordena que todo pase por lo pacífico y por el diálogo desestimando cualquier clase de violencia por comunicativa o ejemplar  que quiera ser. Por otro lado el organismo humano está hecho de procesos tensionales, con cargas y descargas, con momentos opuestos, los de   excitaciones y clímaxs y los de  distensiones, con intensidades y relajaciones. Los actos de amor no son ejecutados siempre de la misma manera. Hay encuentros muy dulces y otros que son, deliberadamente, rápidos, incluso bruscos. Hay situaciones en las que las yemas de los dedos ocupan el lugar que en otras lo hacen las uñas de los mismos dedos.

Lo sorprendente del libro desde su momento de aparición fue y sigue siendo sus escenas directamente sexuales con esa clase de sexualidad. Lo que más sorprende es que coloca un mundo de relaciones humanas de protagonistas oscuros  sin detenerse a explicar nada de lo que hace cada uno en su vida salvo sus episodios de sexo. Esa ausencia de perfiles sociológicos colocan el texto en cualquier momento imaginable  en el que la  convicción de que el deseo erótico y su particular aspecto del deseo de una sexualidad violenta y servil es atemporal.

La referencia a la relación sadomasoquista de definición tópica  es a menudo usada para ilustrar las bajezas de la condición humana. En cambio las amoroso-románticas en las que apenas si hay el cruce de un par de besos y la capacidad de entrega de uno de los enamorados al otro hasta morir como si eso fuera  la máxima prueba de amor, es ensalzada, cuando en realidad la aceptación de morir por el otro no pierde conexión con el masoquismo y el de aceptar la muerte de quien te quiere como enseña de la entrega tampoco la pierde con el sadismo.

Evidentemente O paga las secuelas de su servidumbre. Sus demostraciones de amor, a tanto el sufrimiento, la colocan en una dinámica de placer  embrutecido que lo pone en función  por el procedimiento del mismo que aplican los amos también para ellos. El amo le aplica dosis controladas de dolor, la encierra, la ningunea; ella acepta admitiendo que maximiza su amor maximizando también la cuota de daño recibido. El libro es descriptivo y no se plantea ni deja entrar ninguna consideración de tipo moralista. La sexología argumenta que todo lo que produce placer sin ponerse de acuerdo en donde están los límites. Afirmaciones genéricas de esta clase tienen motivos para arrepentirse antes o despues. Todo es una palabra demasiado grande para usarla con tanta ligereza. La novela fue escrita como material de placer para su autora, la cual se dio a conocer  muy posteriormente. Escribirla fue un acto de justicia con el deseo del inconsciente colectivo. Las relaciones sexuales incluyen un cierto tipo de violencia y son un barómetro de la relación de los partners a lo largo del día o del momento que atraviesan. Eso tampoco significa que todas las mujeres deseen pasar por la experiencia de O ni que todos los hombres admitan el papel de su amo, el cual tampoco consumaba necesariamente el acto sexual y obtenía el placer derivado por el ejercicio de su dominio.

La novela se deja leer pero tiene más valor como producto de imagen que como creación escrita. No es un libro para regalar a una pareja que decide unirse a vivir para no levantar equívocos pero si para comentarlo en un club de lectura compartida y como referente en una terapéutica sobre  relaciones íntimas con  agresividad mutuamente pactada y voluntaria.

 

 

Venganza Emocional

Escrito por sussanamaraselva 26-11-2007 en General. Comentarios (0)

 

http://sussanamaraselva.blogdiario.com/img/aiguamolls.jpg 

 

La relación cuestionada  y la venganza emocional.

La civilización y sus represiones culturales junto al psiquismo y sus mecanismos de defensa convierten a los individuos en títeres de sus propios programas de estupideces obedeciendo desde formas reactivo-emocionales a situaciones que no pueden controlar. La cultura y un entramado de leyes y códigos de regulación impiden conductas intencionalmente agresivas y hacen punible todos aquellos actos explícitamente lesivos, Lo que no alcanzan a hacer es a prevenir la gestación de animadversidades y a detectar las intenciones de daño. Es así que las emociones peores, la ira, la rabia, el odio, la venganza no son en si mismas punibles aunque estén en la base de los actos que sí puedan serlo. Lo civilizado se distingue por la indiferencia. La venganza emocional mínima es la de ignorar a la persona de la que uno se quiere vengar.

Las adopciones de conductas exclusivas no son elaboradas ni racionales, más bien reactivo-límbicas y autodefensivas. Se pone distancia por medio a toda hipótesis de conflicto o de dolor, eso incluye a retirarse de fuentes o sujetos de mayor inteligencia o a depositarios de verdades con las que no sed puede competir. La figura melancólica es una atracción de temporada pero no un segurizante para una relación establemente instalada en lo cotidiano. Cuando una relación personal es cuestionada suele haber un sentimiento de fracaso de la confianza o lo que es lo mismo pero al revés una constatación de algún tipo de traición o no-correspondencia. Probabilísticamente muchas relaciones personales están condenadas a mantenerse  dentro de un estricto campo de protocolos y tratos funcionales. Su paso a las profundidades submarinas de la sentimentalidad es hipotético o nunca se da por impedimentos varios que van desde el temor a la implicación emocional a la convicción a priori de encontrar agujeros en las profundidades.

Hay un tipo de cuestionamiento de relación personal en el binomio sentimental apoyado en la infidelidad. La cultura no establece diferencias entre infidelidad y  traición. Una traición es un acto lesivo en contra de un aliado pactando con su enemigo. Resulta curiosa la pervivencia de esta palabra, propia de guerras y batallas cruentas en el campo de las rivalidades entre poderes, traslada al campo de la psicología personal.  Sentirse traicionado barra traicionada por el partner  que ha dedicado o dedica parte de su intimidad a otra persona es el resultado directo de las grabaciones culturales que por siglos el poder eclesial y político han instalado en la mentalidad pública. Las relaciones humanas son cuestionables en todos sus campos y gradientes. Las relaciones inmaculadas e intocables no existen lo mismo que no existen las vírgenes supuestamente aparecidas en fenomenología paranormal. Lo que sí se prodiga son las mixturas contradictorias y las relaciones complejas que oscilan entre complementariedad y conflicto. Una veta explicativa de las tensiones pasa por las lagunas comunicativas y los malentendidos. Un binomio es un proceso negociado que si bien parte de unas premisas centrales no contempla todos los posibles que encierra un vínculo de larga duración. Antes bien el proceso va avanzando sobre la base de muchos supuestos, el de la fidelidad para siempre es uno de ellos. Cuando uno de los dos transgrede el supuesto puede ser acusado de traición por la otra parte. A partir de aquí puede actuar reactiva y vengativamente con distintas formulas: desde repetir un acto de infidelidad equivalente a iniciar un proceso de erosión que lleve a la disolución amorosa. Si la relación no es cuestionada en su estructura con un debate franco y una confrontación directa sin equívocos puede derrapar a comportamientos peores con una incrementación continua de la tensión y un sabotaje tácito al respeto.

Lo grave de una relación cuestionada no es que lo sea, todas tienen algo de cuestionable, sino que se oculte este hecho esperando a que el partner que no da la talla está en el taller de rectificaciones para  una puesta a punto, es decir para un acoplamiento óptimo con su otro compañero relacional. Si la relación finalmente se rompe con visos de definitiva, sea porque la otra parte no aguanta una convivencia rígida o por que la una es demasiado exigente sin admitir la menor tolerancia; sea porque aparecen terceras personas más interesantes con las que vivir, cabe la posibilidad de una pira, encendida por años, para mantener el sentimiento vivo de dolor y de traición con aquel/la que con quien se ha dejado de tener contacto.

Un cierre no comprendido ni comprensivo de una relación importante puede dar paso a una situación peor: la de la venganza emocional que no va a dejar vivir a quien desea vengarse ni a quien es la diana de sus presiones. Esto cursa con una disfunción mental. Hay procesos de desamor que  encierran cuadros sintomáticos de depresión, desorientación, trastorno de personalidad y obsesión, Su prolongación en el tiempo biográfico va en contra del sujeto que lo padece robándole directamente un tiempo precioso de su vida que queda entrampada en unas coordenadas que son y seguirán siendo el pasado. Cualquiera que sea el tratamiento (Harper en el 1959 ya describió 36 sistemas de psicoterapia y Hering, en 1980, sostuvo que en el panorama estadounidense habían al menos 250 psicoterapias distintas cuyo continuidad era debida al entusiasmo de sus fundadores y al beneplácito de sus clientelas) el que analiza una situación disoluta o a punto de serlo entre dos que se han querido y siguen vinculados sentimentalmente tendrá que establecer la conexión entre valores  (ideología, ideas, filosofía existencial, criterios) y pactos fácticos evidentes. A menudo los valores que se supone del otro son quimeras y los pactos son implícitos y equívocos. En esos dos extremos radica la mayor parte de malentendidos que hacen de grasa para la conflictividad posterior. En una situación de desapego sentimental con el partner el mundo no se acaba, antes bien, una nueva cantera regenerativa aparece si se le da la oportunidad. Herder con otros artistas y metafísicos: Schiller, Shelling, Goethe, Novalis, Woodswortz, Coleridge se hicieron apologistas del "nuevo inconsciente" como sede del poder creativo. Sin duda las situaciones disolución relacional y dolor tienen un potencial inesperado: el de hacer una reinserción más creativa en la existencia y delegar la energia personal para otras instancias expresivas  no dejándose capturar por entero por el tándem amoroso.

La relación cuestionada es tanto más complicada cuanta más carga sentimental ha traído consigo. La inmensa mayoría de relaciones son pasajeras y del orden de la coincidencia espacial, supervivencial o comercial. Dentro de las más continuadas y regulares se establecen  pautas de no injerencia. Es así que los vecinos pueden tratarse toda la vida sin tener nunca una hora seguida de verdadera comunicación personal o los colegas de trabajo pueden hacer lo mismo.  Las que son más importantes son aquellas que se desmarcan de esos roles protocolarios y  aceptan entrar de la mano en el prodigioso y rico mundo de los sentimientos profundos. Es aquí donde se ve realmente la valía de las personas, lo que encierran de verdad sus palabras y sus hechos, también es el camino para llegar a los grandes desengaños. Cuando un/a enamorado/a desengañado/a se da cuenta que su pareja no era la que creía ni se ajusta a las perspectivas pensadas y hay una cierta cantidad de posiciones distintas  consolidadas que nunca se acercarán la hipótesis de la separación es  bastante razonable. Cuando esta se da, o empieza a darse, porque hay conductas bajo el epígrafe de la infidelidad o deseos plurales de otras intimidades, no es una traición lo que se están dando sino una emergencia del estado real de una falta de complementariedad. El partner que se siente traicionado apelando a que el dueto estable para siempre es posible y negando el patrón de pluralidad que rige la naturaleza no entenderá que no hay pacto definitivo ni código privado absoluto. Cuando otras ententes dejan de funcionar las necesidades buscan otras satisfacciones en otras latitudes, ¿Si todo en la naturaleza es diverso porque las relaciones humanas no han de serlo? El alegato contra la infidelidad se complace en citar las parejas para toda la vida que establecen los pingüinos y otras aves. ¿Porque ir tan lejos en el reino animal? Si observamos a los primates, las chimpancés cuando necesitan semen lo toman de todos los machos de la manada hasta dejarlos extenuados.

En la fase de pos disolución de una relación sentimental (con o sin convivencia) la intervención psico-clínica no puede evitar pasar por la exploración profunda, en particular la de los conceptos tácitos y pactos implícitos, aunque  Robert P.Knight (1952)  reconocía prematuramente  dos tipos de psicoterapia: la de apoyo y la exploratoria que en la realidad  técnica del trato no pueden separarse. Pretender apoyar a alguien en su drama particular sin indagar las causas que se lo producen es un apoyo semántico poco robusto, el de las palmaditas en la espalda.

Cuando el sentimiento de pérdida tras una fractura relacional es tan intenso que la mente queda anegada por ese hecho siendo incapaz de ocuparse de otros asuntos vitales la intervención analítica se hace indispensable. De otro modo la energia castrada puede saltar al campo obsesivo de la venganza.

 Malan.(1979) habla del triángulo del conflicto sosteniendo que en toda situación  o relación alterada se produce un impulso o sentimiento oculto, no fácilmente perceptible por el propio sujeto, cuyo concurso produce ansiedad y determina el dispositivo de las medidas defensivas. Este triángulo está formado por A(ansiedad), D(defensas) e I (impulsos). Esta situación de conflicto no resuelto tiene a implementarse en otras situaciones relacionales  de la vida con el triángulo de las relaciones. Integrado  por los siguientes parámetros: O (relaciones actuales),T(rc. actual con el terapeuta) y P (relaciones.con el pasado infantil), de acuerdo con las denominaciones del autor. Una persona en conflicto lo es ante todo consigo misma, con su consciente y con su inconsciente. Su inserción en un constelograma conflictual puede ser el disparador que precipite la discusión con el propio ego y en el peor de los casos, la disolución del propio yo.

El universo de lo emocional es insondable. Tras la pérdida de los parámetros segurizantes (el aliado reconvertido en ex) el vacio experimentado puede ser ocupado por figuras fantasmáticas que preparen el terreno para la patología mental. Sin embargo las emociones no son algo que surge fuera de la psique o explotan en la cara ante actitudes incomprensibles del otro que nos deja o al que dejamos sino que son procesos bioquímicos internos, cuya justa comprensión permitirá reciclar la caída coyuntural de la energia personal para aprender de la situación. Sheldon J. Korchin (1976) sostiene que los psicólogos han estado muy implicados en psicoterapia desde los años 50 y ha pasado a ser su actividad profesional mas común desde los 70. Para él la psicoterapia es la aplicación intencional por un clínico de técnicas psicológicas de cura o tratamiento con el objetivo de producir variaciones de personalidad y de conducta. El concepto de aprendizaje emocional, más que racional o intelectual, es central en psicoterapia. Superando las contabilidades de Michaelis y Hering afirmaba irónicamente que de hecho hay tantas psicoterapias como psicoterapeutas. Lo crucial no es tanto el método de cada una como el hecho de que sea cual sea el planteamiento clínico no se olvide de que las emociones es un capital personal reeducable.