PENSARES y PESARES

Contra la indefensión

Contra la indefensión. notas   S.Maraselva

 

No demos oportunidad nunca más a que sagas de matarifes tiren a matarnos. Las leyendas de tantos sacrificios del pasado de gentes en lucha que sufrieron lo que sufrieron, pasó en gran parte por su exceso de ingenuidad y de confianza en sus verdugos. Tenemos suficientes advertencias para que no se nos asesine de nuevo. No necesitamos hacer crecer las listas de los mártires, tenemos las lecciones aprendidas. Seamos más inteligentes que nuestros represores y no nos pongamos a tiro de sus miras, ¡rehagamos este mundo prescindiendo de ellos!

 

 

Los polis son tipos nerviosos sumamente inestables. (uno de los orígenes de este nerviosismo es que se saben culpables por dedicarse a lo que se dedican). No se entiende como en las pruebas de preselección para sus roles no traten de filtrarlos garantizando al menos solo aquellos que tengan una percepción más normal. El hecho es que ven fantasmas por todas partes debido a las fuertes tensiones originadas por su oficio represivo. Su paranoia in crescendo les lleva a disparar contra inocentes, si todos lo somos, aún más aquellos que se acercan a mirar los actos de protesta. Sus agresiones ilegales, desproporcionadas, incorrectas, no-tácticas y totalmente ilógicas no son investigadas en su inmensa mayoría; de serlo tendrían que depurar los cuerpos de tal manera que se quedarían vacíos.

 

Dado el peligro de acudir a las manifestaciones por muy pacifista que uno sea y por muy correcto y tranquilo que sea su comportamiento participando en ellas es altamente recomendable ir con escafandra y casco puestos (puede servir vestuario de hockey) o bien con escudos, rodilleras y pértigas. No está de más llevar un bate de beisbol o unas mazas en la mochila dorsal cargadas de arena de las que usan los malabaristas. Todo ese atrezo evidentemente no será para ningun ataque pero sí para la autodefensa legítima. La historia de los pueblos en lucha está jalonada de víctimas inocentes. El problema no es que los policías disparen e hieran y asesinen sino que tiran a boleo sin apuntar. Para que quede claro que esto no es apología de la violencia (el monopolio de la violencia lo sigue ejerciendo el estado y sus sicarios) quede claro que el instrumental autodefensivo es esto: autodefensivo, para que una pelota perdida de un disparador de la policía que dio cero en prácticas de tiro no te arranque un ojo.

 

Principio metodológico: Los espacios de reunión tienen sentido como invitaciones a la reflexión colectiva. Si las reuniones son partes del proceso hablado de un arco temático (que está necesitando y va a necesitar más tiempo que las ansias subjetivas en allanarlo) ni se puede pretender que cada una corra tras la victoria de unas propuestas frente a la derrota de otras ni su objetivo es votar cada cosa a cada diferencia expuesta antes de su argumentación. Las reuniones verbales deberán ser espacios de concordia intelectual en los que ir tratando con sosiego y con el tempo que necesita cada cosa si se aspira a que prevalezca la inteligencia colectiva en lugar de la fuerza de una de sus partes.

 

El concepto de “revolución constituyente”, o mejor dicho la unión de la palabra revolución a la palabra constitucionalista, no expresa un  parámetro revolucionario, más bien tiende a confundir sobre el significado de lo que es la una y lo que es la otra. Una revolución no se hace con el cambio de unos códigos escritos  por otros sino con el cambio radical de unas maneras de vivir por otras, concretamente de las maneras de crear producción y usar mercancías y de compartir y convivir tanto en los espacios públicos recursivos como en los particulares y discretos. En el boom del consignerismo, la palabra “revolución” vuelve a surgir con fuerza y a subirse por las paredes  (leemos en ellas lo de  “revolución obrera”, aunque en el lenguaje actual la frase que hiciera furor en otras décadas, la de “revolución socialista” esté en salmuera) pero no hay nueva literatura que la explique, en todo caso quienes estamos tratando de explicar el significado de ella estamos partiendo de presupuestos distintos. Lo revolucionario es la constante autovigilancia de las conductas y praxis de vida y elaboración de las ideas para no reproducir los esquemas sociales que te vienen coaccionando y limitando a lo largo de toda tu biografía. Apedrear un edificio parlamentario tiene poco de revolucionario. Como que estamos intoxicados por imágenes y lenguaje periodístico que confunden expresamente radicalidad con gestos violentos se termina por olvidar lo esencial: que revolución es acudir a las raíces de las problemáticas del sistema social y elaborar propuestas inteligentes para su solución. Un nuevo constitucionalismo puede ofrecer una perspectiva en la que centrar debates y proponer artículos de autorregulación económica, política y cívica pero si se queda en ello sin llevar a la práctica diaria nuevas formas de creatividades y producciones cooperativas, dará por resultado un documento más del que quede copia en las bibliotecas del futuro sin cambiar realmente la esencia del humano societario.

 

Seguimos en pie de lucha pero no para guerras con las hachas desenterradas y las caras tiznadas de negro y pintadas de rojo, tampoco para propuestas amorosas ni para chupadas vaginales cuyos peajes psíquicos no siempre se pueden pagar con las calderillas del día a día; seguimos combatiendo por verdades que no nos creerán, por un mundo paradisiaco que no habitaremos, por una memoria  histórica de la que se nos descartará, por una ilusión revolucionaria que sirve para justificarnos en momentos de impasse para sumar discursos megateóricos en ese viaje meteórico que supone a fin de cuentas seguir habitando el planeta del que no pasamos de ser co-usuarios transitorios.

 

 

Un error a asumir asi que nos pese en los movimientos de ciudadanía por un cambio del paradigma social es el desajuste que hay entre los postulados de democracia real con los que nos llenamos las bocas y las praxis deficitarias en ejercerla. Lo que convertirá el objetivo de la democracia real en algo posible no será un hipotético mañana en el que fuera autorizada por los poderes de un estado sino la praxis educada y respetuosa de cada dia en la gestión de nuestras palabras. Son demasiados los encuentros de hablantes  conscientes y cultos asi considerados que acaben en los rosarios de la aurora, en el solapamiento o la privación de palabras que no interesan y todo esto dentro de un concierto de prisas y de estrés para ocupar más tiempo escénico y priorizar unas propuestas en detrimento de otras. En  definitiva, para que haya democracia real algun dia (por ahora es una mera hipótesis ya que no conocemos ningun país del mundo en que esté implementada) es necesaria la concurrencia de demócratas reales que asi demuestren serlo. Cada vez que alguien impide que se exprese otro compañeroa de la sala de reuniones está traicionando un proyecto democrático. ¿de qué pueden servir los grandes objetivos apuntados si son desmentidos en la práctica organizativa de cada día?

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