PENSARES y PESARES

Comentarios situacionistas (notas)

Comentarios situacionistas. notas

 

Casi todas las luchas sociales (sean de tipo economicista y sindicalista o sean contra el modelo neoliberalismo) se ajustan a un esquema parecido: lo que en un principio es una serie de reivindicaciones legítimas termina a corto plazo por ser reemplazada por las reivindicaciones derivadas de los enfrentamientos con la policía. Para la teoría política de los acontecimientos es secundario quien es el primer agresor si un manifestante o un policía, lo destacable es que tanto uno como otro se enzarzan en una pelea de gladiadores apartándose del sentido original de la lucha. Los enemigos clave no son los pringados de los polis dotados para hacer daño y preparados para eso sino los emperadores de las finanzas y los capitales que suelen asistir a las noticias de lo anterior sin el menor cargo de conciencia.

 

Una convocatoria de manifestación popular de espectro ancho si no controla todas las variables (itinerario, pancartas, formación, eslóganes gritados, ritmo, principio y fin) se arriesga a que escape de sus términos de convocatoria. Bastan 3 intrusos con otras ideas de lo que es la lucha social para malbaratar toda una marcha cívica. Ciertamente hay individuos que en medio de la multitud se recrecen y pierden el oremus de su responsabilidad personal, se suben como orangutanes encima de carrocerías de coches y algunos hasta flipan queriéndolos usar de barricadas como si hicieran de extras de la revolución francesa. Un servicio del orden unido a la convocatoria requiere de un tipo de organización previa, por tanto de estructuración del movimiento, por tanto de decisiones ejecutivas de algún nivel asambleario que no siempre tiene porque ser suscrito por la asamblea siguiente. Un movimiento democratico-directo que se jalee de ello se enfrenta a la curiosidad paradoja de dictar el guion de un acto multitudinario de protesta. El salto de la asamblea democrática a la manifestación o convocatoria de protesta en lugar de ser un salto cualitativo en positivo tiene otra posible lectura: de sufrir una involución al decidir llevar al grito del slogan lo que no se es capaz de desarrollar en el sosiego reflexivo de cada acto asambleario. Si bien las manifestaciones han sido y son importantes en la lucha social, no son lo más importante. Lo más importante está en la construcción de la palabra organizada en la que se puedan expresar las multitudes disgustadas con el sistema.

 

Es inevitable que tras los tanteos (los primeros días, tampoco tantos: 2 o 3) de un movimiento nacido de las redes de contactos digitales se tienda a su organización. Y es inevitable que esta pase por la repetición de las caras y de las voces en los micros. Lo que en un principio empieza siendo la palabra abierta para toda la asistencia termina siendo una organización no siempre inteligente ni democrática de los turnos de la palabra. Es así que unas veces por caos o inaccesibilidad hasta el podio del micro y otras por cierre del tiempo el espacio asambleario inicialmente soberano y emblemático de un ejercicio de democracia directa se convierte en un escenario más parecido al público que acata mítines. No es extraño pues que los encargados de tirar para adelante los mensajes y repartirse los turnos de palabras sean también los auto candidatos para presentar una carta  de objetivos  constituida en  una nueva orla de directivos (en principio los más aptos para la oratoria y/o para la arenga). En este sentido repiten históricamente lo que ha ocurrido ya numerosas veces en el pasado. Los ejercicios de democracia participativa y directa desencadenan tres clases  de experiencias diametralmente distintas: la de quienes llegan a la conclusión que hay que dirigir todo el movimiento de una manera directiva y liderista; la de quienes tratan de extender un sistema alternativa de democracia real donde las propuestas sean fundamentalmente discutidas en lugar de ser urgidas para ser votadas y tres, la de quienes llegan a la conclusión que es la peor manera de hablar por la presencia multitudinaria de tantas sensibilidades distintas y acaban desentendiéndose del proceso por vivirlo como ineficaz.

 

La acracia, el no-poder, no es sinónimo de caos e ineficacia sino la manera fluida de que corran todas las propuestas útiles y/o a considerar para la causa de la conciencia y la liberación social. En las asambleas democrático directas de las acampadas se ha ido configurando un perfil en el que se ha manifestado el control de los medios (la acústica es ya  un medio de reproducción y de sonoridad de la voz, y cuando alguien que está al cargo del micro no concede la palabra a un asambleario que no la ha tomado nunca porque se ha pasado de tiempo a pesar de que otros han usado el micro 10 o más veces en el mismo espacio, es que la apropiación y el control del discurso se está dando discriminado otras posibles intervenciones distintas. No se trata, desde luego no me atrevo pensarlo, a una intención deliberada pero el resultado de facto es el mismo: un nueve germen de burocracia ha empezado ya. Futuro del movimiento 15-M: el 10% de los asistentes en las concentraciones de las plazas del sol o de los soles, mantendrán su vocación militante por barrios, tal vez organicen una coordinadora y se conviertan en un nombre organizado (una sigla mas, esperemos que no se apropien de la palabra indignación para componerlas), luego se darán cuenta que en los barrios hay asociaciones de vecinos que ya surgieron o empezaron con movidas equivalentes y tal vez unan esfuerzos o sigan como grupo separado.

 

 

Una manifestación coordinada a escala mundial por un mundo mejor incurre en la siguiente paradoja: unos miles o cientos de miles de personas se reúnen para pedir un cambio de paradigma en la coexistencia social, pues bien ¿por qué no ponernos manos a la obra creando ese nuevo paradigma desde la base de la sociedad? ¿Cómo? Creando cooperativas autogestionarias, levantando almacenes de trueques de objetos intercambiables, creando redes comerciales extra monetarias usando pagarés personalizados, creando bancos del tiempo, sacando nuestro dinero de la banca tradicional que dedica la mayor parte de su capital a especular y a invertir en negocios no éticos, dejando de privatizar los sentimientos, negándonos a morder los anzuelos del sistema para ser propietarios. Os imagináis la fuerza reciclada de cien mil manifestantes para crear un nuevo modelo de sociedad, (¿tal vez una ciudad piloto para demostrar que hay otro modo alternativo de vida?)

 

Las manifestaciones tienen su interés testimonial, a veces presionan lo suficiente como para que dimitan cargos inaceptables o se consigan leyes necesarias. Las manifestaciones también meten una ingente cantidad de energía en callejones sin salida si no van acompañadas de iniciativas de creación social alternativas. Además de manifestar el malestar y la reacción contestataria contra un mundo de injusticias habrá que crear espacios de residencia, de trabajo y de producción que vayan tras la línea de un futuro distinto, menos hipotecado y más feliz.

 

Partes significativas de la sociedad están reaccionando críticamente  en multitud de sitios contra el discurso estulticiano como plato fuerte de cada dia, eso no hay que entenderlo como que detrás de cada protestatario haya un  contra discurso unitario formado. Un mismo movimiento nodriza crea el espacio propiciatorio para distintas inclinaciones y tendencias que según van pasando los días de lucha se van perfilando como diferentes y a veces opuestas a las otras tendencias, eso convierte el movimiento popular en heterogéneo cuando se trata de proponer alternativas a pesar de haber empezado como unitario en tanto que movimiento reactivo a una situación inaceptable. El resultado es que dentro de las movidas sociales hay planteamientos de futuro con una visión radical del asunto que pretenden una nueva sociedad y otras movidas que se prestan al soborno rápido tan pronto consigan un puesto de trabajo o que no se curse el desahucio de una propiedad por pagar. Lo revolucionario está en otro registro del que a menudo ni se habla: cuestionar la propiedad misma (¿te has preguntado si realmente es necesario ser propietario para vivir con dignidad?), cuestionar asi mismo la seguridad de un puesto de trabajo (¿Para qué? La libertad incluye la de cambiar de empleo y de ubicación geográfica y no tener toda la biografía ligada al mismo empleo) y, entre otras muchas cuestiones, cuestionar la nacionalidad versus el abrazo de un internacionalismo social sabiendo vivir cada presente y cada lugar por encima de cálculos de futuro privado asegurado y de anclajes geográficos.

Toda la expectativa generad con el 15M y la simpatía desplegada se diluyó con el 15-J. El movimiento ha perdido el oremus al responsabiliza a la clase política mas que al sistema de los desastres actuales.

 

El reflujo de cada movimiento es previsible desde su punto de partida. Ninguna cresta eufórica se permanentiza tanto como para olvidar esa ley histórica de las ansias, las protestas y las luchas. La realidad ofrecida por  la vuelta de la calma (algunos opinarán que se trata de la normalidad) permite repensar todo el proceso, a vista de pájaro, con mas sosiego.

 

La lucha sigue siendo contra los reyes y magnates del sistema no contra sus peones, cuyos atuendos por cierto pagamos a precio de oro.

 

El insulto y el grito primal remiten a estadios subdesarrollados de la conciencia. Cada vez que te pare un prepotente uniformado creyéndose el justiciero inmaculado facilítale la información que pide pero sin  exagerar tu adhesión a una figura que representa el control del estado, nada de saludos, nada de sonrisas. A modo de despedida puedes informarle como información extra y gratis el desprecio social que merece, no porque no deba existir algún  tipo de control cívico sino por los abusos de autoridad en los que incurren, si ese es el caso (demasiado frecuente por desgracia).

 

El slogan de la disolución de los cuerpos represivos es tan vigente ahora aquí como en cualquier otra parte bajo una dictadura. El eco de sus gritos todavía resuena en las calles de nuestras ciudades más de un tercio de siglo después. Lo malo es que en una sociedad tan herida como ésta casi  nadie concibe a medio plazo  la coexistencia colectiva sin algún tipo de policía que contenga la criminalidad, la de verdad.

 

Es más fácil proponer el cambio del mundo que implementar propuestas específicas para irlo cambiando. Tal como se dice siempre: sin un sujeto histórico suficientemente fuerte, numeroso y mentalizado para ello, el deseo del cambio tiende a ser más quimérico que posible. Las luchas sociales que arrancan de una radicalidad se diluyen en enfrentamientos estériles con los peones del poder perdiendo preciosas oportunidades históricas para crear su propio modelo de poder popular.

 

El descrédito de la clase política empieza a ser un tema demodé. Se olvida que la clase política así como la parte de ella dedicada a funciones gubernamentales representan directamente una parte considerable de la población (el grueso electoral que la vota y la soporta). En un análisis a fondo de las responsabilidades de la crisis del sistema  no hay nadie inscrito en la realidad que no tenga su parte de culpa (incluidos los menores de edad con su dedicación al hiperconsumismo tolerado por sus padres). Por cada reivindicación a presentar a un estado hay al menos una reinvención de la realidad personal que cada uno se tiene que plantear para cambiar en su vida.

 

Un mundo sin leyes (en su expresión escrita) sería un mundo totalmente ético en la que sus habitantes no tuvieran ninguna duda acerca del comportamiento propio y ajeno sin opción a la transgresión de ninguno de los valores coexistenciales. Para esto se necesita un biotipo de humano que la naturaleza todavía no ha creado y que está por ver si lo creará. La depuración de las culturas y de sus consentimientos de las distintas clases de  violencias requiere una clase de sensibilidad no tan extendida. Mientras haya leyes (códigos de regulación del comportamiento) es porque seguirá habiendo riesgos de criminalidad y por tanto de un tipo de humano contrario al históricamente deseado como sujeto evolucionado.

 

Los pactos interpartidos estarían bien si no los vaciaran de sus contenidos  y de sus promesas. La socialdemocracia (la de los Partidos socialistas mal llamados la izquierda) y los partidos de derechas (mal llamados de Centro) terminan por hacer en lo fundamental lo mismo: gestionar los intereses del gran capital, de la plutocracia. Sus diferencias en algunas leyes son literatura menor. Mientras los estados no sirvan para recoger propuestas de democracia real de la sociedad real en su heterogeneidad los estados no serán instrumentos para cambiar la historia, lo seguirán siendo para repetirla en sus errores clásicos. Por encima de los partidos instituidos el grueso de la sociedad civil ha de despertar y ocuparse directamente de los asuntos públicos del país. Mientras la sociedad desde la base no cree sus estructuras de poder asistir al espectáculo de la política no tendrá más valor que asistir al de la futbolística.

 

La violencia aún siendo necesaria en no pocas encrucijadas históricas, ha sido una mala escuela al desencadenar episodios descontrolados con potenciales de violencias reactivas peores. Se puede distinguir la violencia justa de la violencia injusta (palestina vs israelí por referir un tópico que viene durando décadas) pero la dialéctica de los golpes y de las armas impide el diálogo racional y el restablecimiento de un proceso tranquilo para tomar acuerdos y poder coexistir con las diferencias.

Imposibilitar el acceso al parlamento o a un ayuntamiento de diputados y regidores  que han sido elegidos en un régimen de tranquilidad electoral  indica equivocar el frente de lucha además de hacer una elección errónea del verdadero enemigo. El hecho de que un porcentaje elevado de no votantes no se sientan/no nos sintamos representados por los unos y por los otros  no significa que dejen de representar en la proporción asignada a sus representados que sí han votado y han querido entrar en ese juego y en esas reglas de juego. Impedir la función pública de esos elegidos (aunque fueran  solamente votadas   por la mitad del electorado) es un atentado a la  no suficiente democracia contenida en la pseudodemocracia vigente. Implica además un ataque a las instituciones de debate y gestión política  que no por funcionar mal significa que sean peores a los antiguos órganos directivos de un estado dictatorial. El movimiento 15-M que despertó simpatías por la indignación de sus movimientistas las perdió el 15 de junio siguiente por impedir la libre circulación de ciudadanos camino de sus escaños. Si bien la indignación por el no-trabajo y la pérdida de recursos está justificada responsabilizar de esta situación a los parlamentarios es un indicativo de ignorancia económica y política por no entender como viene funcionando el sistema capitalista. No es que los políticos profesionales no tengan su parte de responsabilidad en la crisis pero también la tienen todos y cada uno de los manifestantes que se la achacan a ellos.

 

 

El concepto de verdad en el siglo XIX era más nítido de lo que es ahora. ¿Qué es la verdad social? ¿Cuál la verdad del neoliberalismo? ¿Cual la de las inquietudes movimientistas de la muchachada ni-ní aun dilucidando como convertirse en pro-pro? La verdad no es una sola cosa, es un dossier de verdades que se contradicen mutuamente, por eso tan difíciles de capturarla como una cosa única. Pero de acuerdo con el esquema shoppenhaueriano la verdad inequívoca termina por imponerse a pesar de haber pasado por fases de ridiculización y de rechazo. Por lo que hace a la verdad en su sentido social no hay una teoría ni media teoría que explique como será el postcapitalismo. Tenemos una cuantas ideas: Supresión de las bolsas especulativas, nacionalización de la banca, creación de  cooperativas autogestionarias , cooperativas de viviendas sociales, neorruralizacion (despoblación urbana), procesos asamblearios de democracia real, autorregulación demográfica, supresión de la energía nuclear, eliminación de los ejércitos, personalización de pagarés para facilitar el intercambio como alternativa al dinero,…pero nadie tiene  una bola mágica para hacer todas las predicciones ni hay una estrategia que pueda concentrar un apoyo intelectual sobrado para implementarla. Eso nos enfrenta a un campo de hipótesis de las cuales una verdad definitiva, asi establecida, tendrá que esperar; lo mas que tenemos son verdades fragmentarias y relativas como la razón histórica a favor de una lucha por el cambio social y la legitimidad de la protesta de los desheredados generacionales de turno que no han aprendido que la sociedad está repleta de variables indeseables.

 

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