PENSARES y PESARES

La protesta en su grado mínimo

La protesta en su grado mínimo.S.Maraselva

Las recogidas de firmas para exigir la dimisión de tal o cual cargo público por despótico e insultante es una práctica habitual de las acciones cívicas. La de firmas peticionarias on line para enviarlas a estados tiránicos para que no ejecuten a detenidas por asuntos tan poco delictivos como tener más de una relación sexual han salvado la vida de algunas mujeres declaradas adúlteras. Las firmas  para apoyar ILP para llevar al parlamento mociones con las que proponer una ley o modificar alguna otra son praxis vinculantes de la ciudadanía tras una línea de mejoras. Siendo poco, poner el nombre y los apellidos, además del número de identificación y la firma, es documentar una posición personal política. Es, desde luego, la protesta en su grado mínimo, pero es una protesta organizada que va a ser vehiculizada –supuestamente- hasta las instancias gubernativas con un acta demostrativa del volumen alcanzado. Es probable que al sujeto cuyo  perfil y rol sea motivo de desprecio por algunas decenas de miles de ciudadanos no le importe en lo más mínimo. Hay pastillas para dormir para todos los casos y también las hay para individuos anti cívicos del aparato del estado  que han conseguido centrarse como objetos de rechazo social. Por lo general, las  peticiones de dimisión multitudinariamente firmadas lo son por elementos soberbios del sistema que no solo no han rectificado en sus haceres prepotentes sino que se han ratificado en ellos. Su lugar en la estructura de dominio está muy clara y saben que han hecho de perros rabiosos como corresponde a sus cargos para proteger los intereses de poder y tienen el visto bueno y el espaldarazo de éste. De hecho, los encargados de la fuerza bruta expresa nla cara más vil y  cínica del poder, son el poder en su formato más bruto e irracional. Pues bien, ellos solitos se hacen acreedores del desprecio  general y de ser echados del sistema por su actuación lesiva en tanto se demuestran enemigos públicos de la sociedad. Si el clamor popular no es suficientemente fuerte continuarán en sus cargos aunque se entreguen decenas o incluso cientos de miles de firmas. Si la exigencia de la dimisión es consistente, el sistema tiene mecanismos de depuración suficientemente astutos como para prescindir de unos de sus hombres para poner otro en su lugar.

A vista de pájaro las protestas firmadas lo más que van a conseguir es la sustitución de un indeseable inequívoco para poner otro en el sitio no más deseable pero, sin duda, son maneras de vehicular el malestar y de precisar objetivos, aunque se trate de objetivos muy secundarios  porque los sistemas no se organizan en torno a individuos por destacados e importantes que sean sino que son los individuos, en sus distintas categorías e importancias, los que se organizan en torno a sistemas. Objetivamente valorados, los movimientos reinvindicativos centrados en la dimisión de individuos de poder peligrosos a los que se les quiere quitar de en medio (desde jefes de las guardias de corps y comandos de asalto contra la libertad de expresión a los premieres que van de tiranos) no demuestran ser anti-sistema en el sentido de querer construir un nuevo modelo de vida colectiva para el país.

La propuesta de capitalizar la protesta en forma de firmas tiene como consecuencia calmar conciencias de los firmantes. Para mucha gente el mero hecho de firmar le supone un grave problema por su falta de experiencia con el compromiso mínimo. Para muchos, no ha desaparecido el miedo de dar su nombre a un documento del que no se tiene la entera seguridad de lo que se va a hacer con él.  Es obvio que la firma de petitions, mucho más si el firmante lo suele hacer por repetido, proporciona una lista de desadeptos gubernamentales. No hay ninguna duda que es una manera de informar al enemigo (el estado del sistema capitalista sigue siendo el enemigo del individuo cívico mientras no se demuestre lo contrario) de quiénes somos y dónde estamos ubicados.  Bueno, llegado el momento no habrá alojamiento carcelario suficiente para que nos metan a todos los desadeptos. Y, por lo que sabemos, luchar contra el sistema no se puede hacer desde la clandestinidad permanente. Por mucho que el movimiento se diluya en el anonimato y sin líderes, los nombres y caras de los contribuyentes a la causa de un mundo mejor irán apareciendo[1]. Tanto los entornos como los empleados de lo que llaman seguridad del estado están al corriente de quien es quien en el zafarrancho de combate. No es nada grave siempre que no pierdas de vista que en los archivos del estado puedes llegar a ser más  conocido que el pupas, en detalles incluso que tú has olvidado haber dado alguna vez. Como fondo documental archivístico para cuando alguien haga tu biografía no está nada mal. Tal vez no somos tan importantes por poner firmar innumerables veces en documentos reivindicativos de distintas clases y esos pliegos ni siquiera llegan a destino y de serlo pasan a ser inmediatamente destruidos sin ser ni siquiera digitalizados los nombres. Es mejor presuponer que el estado se dedica a una particular numerología basada en la fiscalización de la ciudadanía para contar quienes están de su lado y quienes en la oposición.

El interés estratégico en la recogida de firmas de adhesiones a actos de protesta o pidiendo la cabeza (no la decapitación que ensucia tapices y cadalsos) de figuras ruines del poder, es escaso. Mantiene entretenida a una parte de la  ciudadanía en esa perspectiva presuponiendo que va a servir de algo, calma las conciencias de quienes necesitaban apoyar un movimiento y no sabían cómo (vale pon la firma aquí y ya has cumplido) y sirven (ese es el factor más interesante) como referente estadístico. La cantidad que sea de firmantes en una petition demuestra y representa a esa cantidad y ni un nombre más. Por importante que sea la cifra, la mayoría social quedará fuera de ella. No poca gente desconsidera que la firma en un papel pueda cambiar las cosas (incluso en el supuesto, que ya es mucho suponer, de conseguir su propósito: una dimisión efectiva o la revocación de una ley determinada). Es un proceso anecdótico y a veces callejones sin salida que no llevan a gran cosa. Si no se suman más voces y analistas públicos reconocidos en esa línea es difícil que el objetivo sea conseguible, pero aún siéndolo, no sustituye ni puede hacer perder de perspectiva lo más crucial: proponer y construir otro modelo alternativo de vida social. Eso significa que para acabar con un sistema demostrativo elocuente en sus daños irreparables contra la humanidad habrá que construir otro sistema. Un sistema social, es un sistema de relaciones de trabajo y de producción, de mecanismos representativos para elaborar y dictar leyes, (no hay justicia sin dictum), de nuevos correlacionarios de humanismo y amistad humanas. Por cada exigencia que un individuo pueda hacerle al sistema que no le gusta también le tiene que corresponder con una autoexigencia de sí mismo para ser mejor persona.

La protesta en su grado mínimo, el de la firma aun siendo mínimo sirve para remover la conciencia de quien firma y para replantearse qué otra cosa más efectiva hay qué hacer y que puede hacer. En las campañas de recogida de firmas a veces los activistas olvidan algo tan elemental como que cada firmante no puede firmar más de una vez en la misma campaña en un mismo contexto[2]. La recogida de firmas aunque solo sirva mas como valor estadístico que como valor de presión para conseguir lo que pide, para que sea autentificable el mismo firmante no puede firmar dos o más veces por la misma campaña aunque sea en puestos diferentes de una geografía. El voluntariado de la indignación que no ha aprendido eso, en lugar de contribuir a una causa por la transparencia lo hace invalidando la propia credibilidad de la campaña. En una campaña de iniciativa popular sin los medios arreglados que proporcionaría una intranet cabe el riesgo de la duplicación de firmas no ya por negligencia o mala intención sino por simple olvido del firmante de haberlo hecho en otro puesto de recogida de firmas. No se puede olvidar que a partir de una cierta cantidad de duplicidades equivocadas, algunos cientos se puede invalidar la legitimidad del resto de pliegos de decenas de miles.

Las fórmulas de peticiones firmadas on line pueden neutralizar mejor esos errores. Pero la cosa no acaba ahí, mucha gente que se acerca a firmar a puestos de protesta callejeros una vez dejada su firma y leer un par de carteles ya no se da nada más. Se diría que no hay conexión entre el sentido de aquella firma por la falta de debate in situ que podría darse. Peticionarios y recogedores de firmas (a veces más que los firmantes mismos) quieren creerse que con eso ya cumplen, que se confirma un sujeto histórico protestatario capaz de renovar el mundo. Para desgracia de ilusos eso no va a ser así. Los papeles por muy firmados que estén no paran las balas ni dejan en stand by las porras y las armas.

Si bien recoger firmas tiene su interés anecdótico y estadístico no es lo más interesante de una lucha. De hecho, en los tiempos digitales hay varias asociaciones que se han especializado en este tipo de protestas de dedicación mínima (cada dia una persona podría estar firmando por una causa u otra si su correo electrónico está lo suficientemente repartido por el mundo). La lucha antisistema, es decir a favor de otro sistema, pasa por definir ese otro y para ponerse manos a la obra en hacerlo. Tiene poco sentido participar de la protesta light y de acudir a manifestaciones primales de ruidosidad estridente si en lo personal cada uno no va cambiando con acciones radicales (retirando, por ejemplo,  sus fondos de la banca no ética y odiosa; no aceptando trabajos anti ecológicos o participando de comercios fraudulentos). Nos consta el terrorismo de estado y la soberbia del poder[3] en todas partes del mundo, razón de más para que desde la sociedad civil las iniciativas apunten mas a la coexistencia de modelos para apostar por el alternativo que a la quimera de la previa destrucción del actual para edificar el siguiente. Ese en todo caso es uno de los ejes de los debates de las próximas décadas ahí donde rujan movimientos de protesta contra las formas y los hechos del mundo. Las luchas localistas e incluso a escala de país han perdido su razón objetiva de ser si no se vinculan a una estrategia global para cambiar el mundo. Las voces a favor de ese cambio y en esa dirección estratégica no paran de oírse aunque siguen siendo pocas en un mundo tan anestesiado y amordazado. Vivimos tiempos en los que las luchas de barricadas de otros siglos han perdido la razón de ser y las recogidas de firmas no pasan de ser episodios para capitalizar documentalmente un deseo, pero los verdaderos objetivos no se instauraran hasta construir desde la base nuevas formas de vida, excluyendo y auto marginándose de las antiguas, dañinas y obsoletas formas sociales.



[1] En el momento de escribir esto acaban de detener a 3 hackers de Anonymus en España que la policía ha presentado como dirigentes o encargados de servidores. El detalle de la presentación de la detencion (además del piuntoresco detalle de  un policía sonriente en prensa con la máscara-icono incautada a uno de ellos) es lo poco que entiende el estadode la nueva lucha de los ciudadanos contra el sistema. Por cada persona que intercepten y detengan otras muchas, a titulo individual, y no mandadas por organización alguna vienen a ocuapr sus lugares. La nueva ciencia de la contrapolítica pasa por cada ciudadano consciente enfrentado al mundo sin esperar a que el vecino lo haga. 

[2] Algo que olvidaron algunos campamentistas de la pl.del Ayuntamiento en Tarragona que tuvimos que reconvenirles por lo que hacía a la recogida de firmas por la dimisión de Felip Puig, elemento al que cada vez que toca nombrarlo uno no puede evitar recordar su rostro y su cinismo, referentes desagradables.

[3] Israel es  n escenario  analizable de la crueldad hasta donde puede llegar el discurso del poder que no reconoce los derechos de otros al territorio. De ese laboratorio vivo se aprende el primitivismo mental que esta detrás de la diplomacia y las politiucas de interior y de exterior de estructuras de estado  y sistema no dispeustos a compartir lo que tienen. Golda Meir, « Los palestinos no han existido nunca » (1969) David Ben Gurión, « Debemos expulsar a los árabes y ocupar su lugar » (1937). Ariel Sharon, “Cada cual debe espabilar, correr y apoderarse de todas las colinas que pueda para ampliar las colonias, porque todo lo que tomemos ahora será nuestro… Lo que no tomemos se lo quedarán ellos » (1998). Gilad Atzmon, músico, propone la clave de solución mas elemental de todas: el derecho al espacio y a la vida « Los israelíes pueden acabar con el conflicto en un abrir y cerrar de ojos : mañana por la mañana, al levantarse, Netanyahu les devuelve a los palestinos las tierras que les pertenecen ».

 

 

 

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: