PENSARES y PESARES

Eficiencia inclusiva vs.Reunionismo

 

Del reunionismo a la eficiencia inclusiva. Propuesta de funcionamiento de las reuniones de trabajo. Eficacia participativa  e inteligencia colegiada. (Propuesta de carácter autoorganizativo).  Una reunión de personas hablantes que se encuentra para hablar, comunicarse, entender y llegar a conclusiones funcionales desde una perspectiva de emprenduría social es un raro milagro en tiempos de odios, peleas, trampas, engaños, reyertas, bloqueos receptivos y violencias. El milagro empieza desde mucho antes, desde el momento en que concurre el sosiego y la disposición a la comprensión mutua. Ahí donde haya gente hablando tranquilamente,  sin tensiones y concediéndose la atención máxima, tratando de entenderse está haciendo algo heroico: está salvando de alguna manera la causa humanista. Mientras haya dos humanos hablando para comprenderse la especie entera está de suerte ya que todavía no ha llegado a su extinción como especie comunicativa, racional y sensible. La suerte del futuro depende directamente en gran parte de los procesos de acuerdos que se hagan en esas reuniones y de las sinergias que haya entre todas ella, especialmente de las reuniones de multitud de grupos de trabajo implicados o comprometidos en cambios de coyunturas y en objetivos honorables. Las acciones que concurran entre ellas, entre unas reuniones y las siguientes,  no son comparativamente más importantes si en ellas no llega a acuerdos operativos y a –lo que es más importante- la inclusión de los distintos argumentos, sugerencias, análisis, datos y reflexiones que se vayan dando.  El carácter de cada reunión o encuentro verbal es sumamente importante, más incluso que el tema del que se ocupe.

Una reunión de hablantes es antes que nada el encuentro de un conjunto de sujetos (S) con un tema (T). Esa unión de S con T demuestra la variabilidad de S y la recurrencia de T. Hay temas universales de los que se puede estar hablando simultáneamente en tiempo real en otros cientos o miles de lugares teniendo en cada uno de ellos distintos grupos de hablantes o asistentes. Algunos de estos temas son persistentes y troncales a lo largo de generaciones y a lo largo de geografías de tal manera que los T se eternizan mientras que las rachas de protagonistas o actores o hablantes que se ocupan de ellos se provisionalizan, ya que unos son abandonistas temáticos por agotamiento o aburrimiento; otros, abandonistas organizativos por excesos de reunionismo estéril y un tercer grupo, sin descartar otras clasificandos, abandonan sin dejar rastro. Esos desaparecidos “en combate” han dejado contribuciones importantes a los temas tratados y multitud de acciones de presión para intentar resolverlos. Cada cual a su manera ha contribuido al currículum de cada una de esas soluciones.

Las reuniones sirven para hacer puestas en común de diversidades interpretativas y sumar a unos expedientes tipo las informaciones parciales que se aporten. Las reuniones, en principio, democráticas, convocadas o auto convocadas se articulan en torno a cada ahora y aquí del tema o temas en torno a las que se reúnen para establecer itinerarios o líneas de trabajo para irlos resolviendo. Un psico-análisis aplicado a las reuniones (o una mirada analítica extra sociológica que tuviera en cuenta no solo los motivos sociales, políticos u organizativos de asistencia a ellas sino también los personales) no dejaría a nadie de su membrecía al margen de las motivaciones psíquicas para participar de ellas. Además de la contribución objetiva que cada miembro de un grupo de trabajo  haga a la causa por la que se pone a hablar con otros, también hay razones de orden personal (por consiguiente, egoísta) para hacerlo, entre ellas la satisfacción egoica de creerse estar participando en la redirección de la historia o en la construcción de un mundo mejor.

Por lo general la longitud de una biografía no es tan larga como para medir la contribución real de una persona a su tiempo y el saldo que deja para el devenir sin embargo el sentimiento subjetivo de esa participación es un poderoso motor contributivo. Y al revés: el sentimiento de estar participando siempre de T sin que se llegue a resolver nunca deja una sensación de malestar psíquico y sentimental a añadir al malestar de la conciencia y de la cultura crítica. El síndrome del reunionismo es ampliamente conocido y objetado desde todos los tiempos de distintas clases de partidismos, militantismos y asociacionismos. Si se sigue reproduciendo es porque hay algo de las reuniones que atrapa a sus miembros (aún en dinámicas de vaivenes y de visibilizaciones interruptas o relaciones-Guadiana), a fin de cuentas las reuniones conspirativas son también inspirativas.

Como que a las reuniones de trabajo se van para rentabilizar al máximo el tiempo de asistencia a sumar a los tiempos de desplazamiento el balance concreto de cada una tiene que ser algo más (mucho más) que una leve sensación de que se ha avanzado. Para ello es indispensable implementar fórmulas de eficiencia asegurando el máximo de democracia real.

Criterios:

1. La democracia real de una reunión no se limita a que todoas loas participantes tengan la opción de hablar sobre el T en curso, sino que quede expuesto el arco de los distintos puntos de vista y que se instrumenten maneras de ser recogidos. (los utillajes para grabaciones y la figura del relator que tome notas o levante un acta son importantes).

2. El tiempo repartido entre quienes tengan ideas o argumentos o infos a dar puede ser a la carta (hay intervenciones que necesitan más minutos que otras) o según cada situación usando el criterio habitual de un tiempo preasignado (60 segundos da para bastante como demuestra un conocido programa televisado de tertulias).O pueden ser 3 o 5 minutos. Puedo referir como anécdota que asistí a la experiencia de un encuentro en Catalunya (en el CCCB) del tercer Sector (tejido asociativo y cultural) en el que en un panel grande expuesto a .la sala y a cada comunicador se contaba  en orden decreciente creo recordar del minuto 4 al 0. El volumen de informantes/ponentes que desfilo en una sesión de tarde dio lugar para docenas de entidades explicando su estado actual y el curso de sus proyectos.

A falta de cash para comprar un reloj digital mural de tamaño considerable para una sala de un aforo de cientos de butacas de platea, una simple clepsidra de arena sobre la mesa podría cumplir esa función. Está demostrado que no sirve en lo más mínimo la retórica (y eso sí que es un indicador de retórica) de pedir que las intervenciones se limiten a un tiempo predecidido en minutos para luego ni moderadores ni intervinientes reconvenir-se en este punto o ni siquiera recordárselo. Esas experiencias juegan en contra de quienes cumplen la medida auto moderándose y van a favor de quienes la transgreden lo cual no quiere decir que tengan mas a decir sino que se toman más tiempo para hacerlo.

3. El sentido primero y último de una reunión de grupo es sumar inteligencias, iniciativas y poderes específicos o personales de influencia de cada uno de los asistentes y no limitar la reunión a tratarla como orla de influencia o  círculo de simpatía. El proselitismo y la simpatía esperan ser sustituidos por la empatía y la co-creatividad. La genialidad que nos espera, si nos espera alguna, pasa por la simbiosis entre las inteligencias y originalidades particulares de cada contributor. Para que eso funcione es necesario que concurra un criterio de honestidad intelectual. Cada intelecto ha de saber lo que dice y lo que propone pero también lo que dicen y proponen los demás para rescatarlo incluso más allá de su presencia en reuniones posteriores. La inteligencia colectiva pasa por la renuncia al personalismo particular combinando distintas iniciativas que partan de fuentes o voces diferentes y que se puedan ensamblar en un todo coherente en forma de resolución consensuada o de pre-programa o programa. La inclusividad es mucho más que una palabra y se demuestra implementando una fórmula de este tipo.

4. El final de cada reunión debería tener como último punto: el balance de la misma, así como el principio de cada reunión debe empezar con un orden de puntos. En ese balance es interesante diferenciar entre líneas de discusión abiertas o tesis enunciadas y conclusiones de tipo práctico. A menudo las actas de reuniones silencian aquello que no se concluye generando una paradoja: dejan fuera de lo escrito (que queda para “la posteridad”) tal vez lo más rico por el solo hecho de no ser tomado como una conclusión ni haber intentado formar parte del material de las conclusiones.

5. La autoorganización se nota y demuestra desde la unidad de funcionamiento más básica a la más compleja. En una reunión de no importa que cuántum de membrecía pronto y rápido se advierte quien es quien en esa constelación orgánica aunque sea pequeña. Lo que se hace en detall permite inferir lo que se hará a escala mucho mayor (en espacios asamblearios multitudinarios o en marcos congresuales). La psicología de las relaciones demuestra como el posicionamiento físico en un espacio en relación a la sala como conteniente y en relación al mobiliario como contenido remite a toda una interiorización de la jerarquía de roles. Esa pauta interpretativa sirve tanto para hacer estimaciones de las cuotas de poder y de sus deseos en la mesa del comedor de una familia, como en los asientos tomados dentro de un aula académica, en un grupo de trabajo o en una reunión de algunas docenas de personas en un espacio discursivo.

6. El rol dinamizador y ponencial no puede caer repetidamente en la misma o mismas personas, tanto para darle/s oportunidad a su merecido descanso como porque otras muchas personas tienen recursos dinámicos y materiales ponenciales.

7. No hay reunión que se pueda considerar rentable sin conclusiones operativas y lógicamente sin las opciones de compromiso con ellas para llevarlas a término. La crisis de compromiso es un fenómeno recurrente a lo largo de distintas versiones de voluntariado y de militancias. Cada cual da de sí generalmente no lo que puede sino lo que quiere y eso remite a una prerrogativa de libertad personal inviolable. Hasta que no se diferencia entre una asistencia a la expectativa de una asistencia para adoptar compromisos las reuniones divagan entre hipótesis.

8. Las reuniones de trabajo deberían ser filmadas y transmitidas en tiempo real al ciberespacio de tal manera que los ausentes (que siempre son la mayoría en todas partes) no solo puedan seguirlas en tiempo real y participar en ellas en la medida en que la tecnología adaptada lo vaya permitiendo, sino también en tiempo diferido como documentación videográfica integrativas de los archivos de la memoria pública.

Podríamos decir que desde una perspectiva histórica que la mayor parte de cosas que han circulado por mentes y por lenguajes se han quedado diluidas por el camino. Por primera vez en la historia de la palabra todo lo que digamos puede dejar un registro, una huella imperecedera.

 

Es en la aproximación a los espacios de las reuniones verbales como se puede calibrar la verdad de los predicados por un mundo mejor tras los que vamos. Según lo que hagamos en nuestros encuentros de hoy seremos o no capaces de engendrar nuevas formas de relación social mañana. La democracia real no es un asunto de mera deferencia (que quedaría limitada al criterio de que habláramos  todos para que se oyeran todas las opiniones) sino un conjunto de principios instrumentales prácticos para que todas las sensibilidades humanistas queden representadas.

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