PENSARES y PESARES

Gillo Pontecorvo. Operacion Ogro

El atentado que resumió una época.

Operación Ogro dirigida por Gillo Pontecorvo describe el atentado contra el Almirante Carrero Blanco ascendido a la presidencia del gobierno de España y sucesor de Franco en la primera mitad de la década de los 70. La historia argumental coloca al espectador en la mente y cuerpos del comando de etarras que lo ejecutó. Inicialmente la dirección de ETA propuso por mayoría su secuestro antes de su ascenso e intercambiarlo por 150 presos de la organización. Las idea en sí misma da la sensación que resultaba descabellada (la del intercambio de presos) pero daba un valor indicativo de que la organización planteaba su lucha en términos de guerra representando Euskalerria como una tierra invadida por los españoles. Los flashback dan cuenta de esta nación cuyo sola mención era prohibida, donde los maestros del régimen reprimían física e ideológicamente a los niños por declararse vascos, donde esos mismos críos eran balaceados por pintar en las paredes consignas de independencia. La película va combinando distintos planos temporales, siendo el de la organización del atentado la parte principal. Esta se divide en dos fases: una primera de seguimiento del hombre a secuestrar  cuyo catolicismo practicante a diario le llevaba a hacer un mismo itinerario para ir y volver de una misma iglesia con un solo escolta y una segunda, con la decisión ya tomada por la dirección de eliminarlo, de excavación de un túnel en la calle Claudio Coello (un pintor del barroco español) por donde pasaba su coche presidencial y otro detrás con un mayor número de escoltas.

La escena clave de la película es cuando el coche es volado por los aires con tal fuerza que pasa al otro lado de la fachada cayendo en el patio interior del edificio.  Antes de que eso se dé, el grupo de 4 que excava el túnel desde un semisótano, con una filtración de gas, un conserje molesto y en unas condiciones angustiantes de trabajo, con mascarillas para el mal olor, acompaña su dedicación a sus reflexiones sobre cómo es posible que nadie los haya interceptado aún con la cantidad de ruido que produce y por ese tema de las emanaciones, teniendo en cuenta que está muy cerca de la embajada americana. Llegan a mencionar la posibilidad de que la policía esté al corriente de sus actividades y que a pesar de todo les dejen continúen previendo luchas por el poder tras el fallecimiento del dictador. Cuando todo está preparado la compañera de uno de ellos, a la postre el más polémico con el plan decidido del secuestro defendiendo desde el principio la tesis de la ejecución, trae los explosivos desde Bilbao.

El último preparativo consiste en extender un cable por la calle Coello unido al detonador de la carga explosivo a una distancia prudente del lugar donde se ha de producir la explosión. Extienden el cable por la pared con algunas anécdotas de vecinos que curiosean. Cuando todo está a punto uno de los activistas avisa de la llegada de los dos autos. Desde la posición donde han llevado el cable y la accionan el detonador con una batería y el coche hace su último viaje completamente destruido y con sus ocupantes muertos.

Tras la acción los activistas toman la salida de Madrid. Unos años después durante la transición postfranquista,  el debate dentro de ETA ha continuado y ha escindido posiciones entre quienes quieren continuar con la lucha armada y quienes consideran que el nuevo modelo político permite la participación en la lucha político por medios no violentos. Uno de los del comando que participó en el atentado contra Carrero ha optado por seguir con la parabellum en la cintura. En un ataque a dos números a la guardia Civil disparándoles por la espalada uno de ellos alcanzado pero no muerto dispara a su vez e hiere de muerte a su atacante. Tiene tiempo para recibir la visita y la despedida en el hospital antes de fallecer.

En aquellos años preagónicos del franquismo el atentado a ese cargo de presidente y el éxito rotundo con un explosivo desproporcionado en potencia para lo que iba a servir fue recibido con beneplácito por las fuerzas de izquierda y por la sensibilidad pública. Como recordó Victoria Prego al anunciar esta película hasta aquel momento no se consideraba a ETA todavía como una banda terrorista o al menos no –añado- con el grado de intensidad propagandística que se hizo en los años posteriores.

En el proceso de preparativos que llevó unos cuantos meses, la realidad en Madrid fue soportada con estoicismo, como si de un país completamente distinto se tratara. Durante ese tiempo hubo una huelga de la construcción y un cierto contacto casual  con un huelguista destacado de un piquete de información que es golpeado por la policía y al que ayuda a salir de ese lugar.

El comando habla del mañana y de la incerteza de toda revolución por lo que hace al cambio de mentalidad de la sociedad. Eso, tan solo, son tomados como apuntes de escepticismo que no se convierten en un verdadero debate.

La película también aborda la extensión del conflicto de posiciones de cómo luchar si con la palabra o la acción violenta a la relación personal que hay entre ese activista, el más radical, el más indisciplinado también, el que continuará por la opción armada y que es abatido, con su esposa. La lucha es lo primero y todo lo demás, incluyendo la vida personal, la compañera, el placer de la intimidad y la criatura que ha engendrado, aun bebé, son total e inequívocamente secundarios.

Las muestras de cariño son pocas y casi exclusivamente por iniciativa de ella. La noche antes en que el comando se queda en una de las casas, la de otra etarra logística, duermen los 4 hombres en el salón, vestidos y mal, las dos mujeres comparten la cama negándose pensar si quiera que la acción pueda salir mal.

Tras el éxito de la acción y ya de escapada el comando que sale agrupado en un mismo coche escucha por un receptor que interfiere la onda de radio de la policía. Para cuando dan órdenes de establecer controles a la salida de la ciudad ya están fuera.

La película tiene el valor casi de documento histórico. El último viaje en forma de vuelo del Almirante Carrero pasó a integrar la imaginería popular ya que no hubo una filmación directa de lo ocurrido. Aquella bomba fue una lección considerable para el régimen y un aviso para todas las dictaduras del mundo demostrando la vulnerabilidad de sus tiranos. Posiblemente tras esa acción ningún otro elemento público de un estado represor volvería a tener una vida tan rutinaria como la de aquel hombre que no fallaba ningún día a su misa y que siempre hacia el mismo itinerario de mañana con su auto. Era el objetivo ideal para el comando más torpe. El que actuó en Madrid -según la película- no paró de cometer imprudencias que ponían en peligro la continuidad de su misión.

Además del etarra muerto por su radicalidad en continuar en la acción armada, que queda  evidenciado en su fundamentalismo e inflexibilidad, aparece el abatimiento de otro que ha sido cercado por la policía y disparado por la espalda cuando huye imprudentemente de uno de sus pisos francos.  Sea cual fuere la intencionalidad del director algunos detalles de la organización la presentan más como un grupo de voluntariosos cometiendo continuamente torpezas que no en la temible organización por la que sería conocida los años posteriores.

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