La soledad de la propuesta

La soledad de la propuesta. S.Maraselva

El/la proponente adopta el rol de la iniciativa. Proponer es destacar y es atreverse a un grado mayor de compromiso con la palabra. Muy rudimentariamente los actos verbales ya contienen propuestas al vehicular significados e interpretaciones. Pero `por propuesta se entiende  la formulación expresa que pide una respuesta, sea la del consenso para apoyarla o la del disenso para arrinconarla o posponerla. La propuesta tiene una fuente emisora y suele tener un talante resuelto para exponerla. Se combina con quien tiene iniciativa y resolución. En la mayoría de contextos suelen ser unas mismas personas o cargos los que se ocupan de hacer propuestas. Cuando son detentadas por unas mismas personas suelen ocupar los puestos de jefes o de líderes. Hay propuestas que ya se infieren como órdenes y otras que quedan en el aire para ver lo que pasa. Si no tienen impacto se las deja que perezcan por sí mismas. En los tratos con las administraciones se considera que el silencio administrativo es equivalente a entender que se  acepta  aquello que se ha solicitado y no se ha respondido. Esto no siempre es así pero de alguna manera se sigue creyendo que quien calla es que está de acuerdo con lo que se propone. Hay algo mucho peor que el silencio administrativo y es el silencio social ante iniciativas de interés público y que no son apoyadas o seguidas por apenas nadie.

Las vanguardias de todas las raleas está entrenadas desde hace décadas en que muchas de sus proposiciones van cayendo en oídos sordos o no activan las bocas mudas para que dejen de serlo. Muchas personas dedicaron, y algunas todavía dedican (dedicamos), sus tiempos personales a organizar espacios radiofónicos de debate o plataformas de difusión, desde radios-libres o blogs marginales o envíos por mail con la vana pretensión que no se puede pasar por el mundo sin insistir en dejarlo mejor de lo que está.

 El modo de vida militante que denuncia las injusticias del sistema se confunde con un modus vivendi que complace mas al optante de esta existencialidad que a aquellos a quienes van dirigidos sus mensajes. Si se descuida sus análisis son tomadas como arengas y sus propuestas para organizar un mundo distinto como un proselitismo de baja categoría. Eso lleva a hablar con sumos cuidado y a manejar la gramática cotidiana con cautela para no generar más indisposición de la que ya hay a toda iniciativa por los cambios de vida.

La  moneda del cambio ha pasado de unas manos a otras y quienes están en la oposición prometen cambios mejores para el país cuando llegue su turo de gobierno. Esas promesas forman parte de la fanfarria del espectáculo y aunque todos sabemos que no son ciertas, para muchos tienen un cierto poder de enganche o atractivo para el seguimiento de los galeristas que se reparten las cámaras de los noticieros. Lo que dicen unos y otros son o deberían ser propuestas. En su lugar la prevalencia de los mono discursos hace girar posiciones de contrarios en la misma sala de juegos.

En la cotidianeidad las transacciones verbales que establecen tratos entre unos y otros también giran en torno a propuestas expuestas. Para que haya una propuesta tiene que haber cuando menos un proponente y para que aquella llegue a alguna parte siendo aplicada debe haber un cierta fuerza de seguimiento para que se ponga manos a la obra. Pero el discurso verbal no termina siendo tan explicito por lo que se refiere a concretar propuestas a modo de conclusiones desprendidas de análisis y criticas. E lugar de eso el discurso elaborativo se mantiene en el sosiego del razonamiento sin buscar trascendencia alguna, a veces sin ni siquiera buscar impacto.

En las formas de hablar (y en las de escribir) ya no predomina una intencionalidad que busque ni el asentimiento ni el acuerdo con un eslogan final o con una propuesta de unidad de acción para algo. Antes como redactor de hojas de agitación el texto era para convencer para un toma de acción. A fuerza de escribirlas y divulgarlas y ver sus resultados el redactor se resiente del poco éxito de la convocatoria que ha ayudado a preparar. Como que el texto circulante como mínimo sirve para testificar una coyuntura tampoco es tan importante su grado de seguimiento así como la demostración de que algunos vanguardizaron la idea óptima que no se llevó a cabo por falta de fuerza de apoyo.

La concomitancia que hay entre las propuestas de acción social, conclusivas en formas consigneras, y las propuestas de todo tipo (organizativas y proyectivas) que pueden ser oídas pero no ayudadas con firmeza, lleva a un progresivo autoaislamiento ante la falta de respuesta de supuestos aliados que no lo son. Metodológicamente la manera de desarrollar progreso es con la activación de iniciativas útiles y la subscripción amplia que generen.  Las iniciativas existen pero las adhesiones se hacen esperar. Eso lo ralentiza todo y la hipótesis del progreso queda en la especulación. Progresar se convierte en un verbo quimérico, tanto más cuanto que la noción de su significado no está tan clara ni es, desde luego, unánime.  Para los hacedores de mundos o mas correctamente para quienes se apuntaron por rehacer el propio en pos de un ideal, ver un año tras otro la repetición de unos mismos círculos cerrados o la repetición de unos mismos temas una década y otra, o los limites in crescendo de una generación y otra, había llevado al desencanto y luego a una entente coexistencial con quienes ya no les preocupa ningún futuro porque ese futuro es más quimérico que nunca. No me refiero a la escasez de probabilidades para una utopía social sino incluso a un futuro medianamente racionalista en la que la gente deje de empeñarse en matarse la una a la otra o en conquistar sus territorios aunque luego no sepa para qué se enmierda en todo ello.

La propuesta, la sola propuesta de un proyecto en lo concreto, para mejorar condiciones e incentivar la creatividad, es la unidad elemental que concatenada con otras miles generarían una energía tan descomunal que arrasaría con todo lo negativo. Si eso es así de sencillo no acabo de entender que las propuestas choquen ante la percepción blindada y en lugar de generar  perspectivas entusiastas generan resistencias contrarias por temor a los cambios.

En cierto momento de una biografía militante o combativa cada sujeto ha de decidir si lo importante es compartir bacanales de diletancias con los demás o, aparte de eso, -que nunca viene mal reír en grupo desde la ironía bufonesca y el humor con la propia estampa y sombra- decidir lo que va a hacer con su vida en cuanto a que trabajo concreto va a desarrollar para que quede como usufructo comunitario, o simplemente para que quede.

La diferencia entre el superviviente que vive por y para su percepción además de por y para su aparato digestivo y el existencialista es que éste no renuncia al orgullo de dejar su marca de individuo en el periodo histórico por el que haya circulado. No hay que ser grandes héroes ni emular a Swatzeneger  para hacer de soldado contra el imperio del mal, basta hacer algo propio, algo único, algo que no hará nadie más: puede ser un jardín de hierbas aromáticas, viajes o reportajes, reivindicar un espacio de usufructo publico en el distrito, terminar de corregir los poemas privados y darles luz, dejar otros libros, pintar de grafitis las tapias sucias y grises de la ciudad, o lo que sea, mientras a la vez se opta por dejar de formar parte activa de los problemas para serlo de las soluciones.

Vicente Verdú al halar del capitalismo en crisis dice que todos son los afectados y que los culpables se confunden con las víctimas. Al hablar de las iniciativas proponentes para cambiar situaciones se confunden quienes las platean con quienes las eluden aunque les hagan un cierto acuse de recibo parcial. A fuerza de proponer y advertir la resistencia a actuar de quien acepta la propuesta pero no acepta su dedicación para ella, el proponente se extingue, la misma propuesta se queda en el redil de la soledad.

En las escenas más simples y elementales el perfil del tímido es el que tiene más temor a lanzar una propuesta por temor a que no le sea aceptada o ni siquiera oída. Eso puede hacer que su voz en vez de imponerse se haga aun más meliflua y marginal desistiendo de ser oída. Ante las escenas a gran escala muchos análisis pasan de largo o no son atendidos y raramente se terminan los textos de información y divulgación con propuestas especificas pidiendo la solidaridad o la construcción de soluciones comunitarias. La moda de recogida de firmas como formas para documentar un propuesta testimonial tienen éxito porque tampoco exigen tanta colaboración.

Las propuestas sin embargo continuarán. Estoy seguro que siempre habrá alguien que no aceptará callar como los demás y se lanzará al ruedo para enfrentar los conflictos por solitario que se encuentre. Seguirá en sus trece de continuar insistiendo en lo que cree aunque el mundo siga mayoritariamente ciego y acorazado ante propuestas de reforma. Aparentemente toda su actividad será inútil pero para la destilación histórica esas picas quedaran como lo más relevante. Francesco Bonami[1] tiene una interesante manera de rehabilitar lo supuestamente inútil.  Dice que el arte es una actividad inútil pero como símbolo es más fuerte que la guerra. Como él, más interesado por la política del artista que por el artista político, las propuestas desde la reflexión teórica toca validarlas o encajarlas por sí mismas y no por la autoría que está detrás. Todavía los textos y las cosas son considerados según sus catapultas y padrinos y no por el valor en sí mismas. Esto lleva a que lo perecedero sea lo más seguido y lo substantivo lo mas renuente. Desde la soledad o desde su acogida la propuesta continuará teniendo su razón de ser y en el peor de los casos en que no sea seguida por nadie su proponente siempre puede llevarla a término en la escala que su energía individual le permita.



[1] jefe de coservacion del museo de arte contemporáneo deChicago

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