Polisínton.Nuevos hábitos.
Polisínton.Nuevos hábitos.(episodio 8) S.Maraselva
Sigo aquí, dejándome fluir. No te vayas te voy a contar algo que tal vez te haga pasar un rato interesante conmigo. No prometo que te lo pases de coña pero al menos puedo compartir mi experiencia contigo en la medida que sepa explicarla porque confieso que soy la primera que me veo superada por mis elecciones y mis personajes y en la medida en que sepas entenderla.
Como ya ha averiguado alguien que me sigue soy un personaje en construcción, luego entonces no puedo contártelo todo de mí. Tampoco hay tiempo para eso. No seamos ilusos: nadie tiene todo su tiempo para nadie. Yo tengo un poco más porque soy dueña de todas mis horas diarias. Io las malgasto haciendo lo que no me gusta, trabajando por la única razón de ganar dinero o diluía en interminables conversaciones que buscan la rentabilidad de las actividades. ¿Por qué se empeña la gente en hipoteca sus presentes para ir de culo por unos futuros que jamás alcanzan? Me he prometido no dedicar un solo minuto del resto de mi existencia a hacer aquello que vaya en contra de mis principios y en contra de la lógica elemental. Trato de llevar eso a cabo sin hacerme enemigos, lo que no puedo evitar es ver cómo crece el número de gente que no me comprende. Solo quiero ser yo, he dicho, pero esa es una frase subversiva que debe estar tipificada como delito grave en los códigos penales mas retorcidos.
El indicador de los cambios son los nuevos hábitos. Si alguien quiere cambiar pregúntale que nuevos hábitos ha incorporado. La gente quiere un mundo mejor pero no hace reciclaje de sus basuras. Olvídala. Si tu mejor amiga o lo hace toda la velada dedicada a hablar de la calidad que se tendría que conseguir no tiene el menor valor didáctico, tan solo será puro entretenimiento ruidosoverbal. No basta con que un día acometas un excepcional acto de heroicidad, tienes que incorporar a tu naturaleza tu nueva forma de ser. Por eso los grandes espectáculos sociales puntuales como las manifestaciones, las protestas, las huelgas, los macro conciertos solo son olimpiadas de la imagen que sirven de muy poco si luego cada asisten en su vida particular cuando nadie los mira siguen con los antiguos hábitos de niñatos malcriados. Los del heavy metal creen que el mundo está cambiando porque se ponen sus melenas para actuar, porque su público de su puño cerrado se extienden el índice y el meñique siguiendo el compás y porque Arnold Swatzeneguer en calidad de político usara una de sus canciones para su campaña electoral.
-¿Y cuáles son tus nuevos hábitos Polisínton? –me preguntó el otro día un chico de Los Ángeles que ha venido a hacer su doctorado a la Autónoma y que quiere investigar las tribus urbanas-
-Bueno, eso es una respuesta extensa –le dije intuyendo que estaba dispuesto a escuchar-
-Tengo tiempo –me contestó con una mirada y una sonrisa cuya combinación fueron un directo a mis partes-
-El otro día me di de baja de línea telefónica. Desde hacía un tiempo ya había quitado la función del contestador automático. Al escucharlo me sentía en la obligación de responder a los mensajes. No quiero tener ninguna obligación. Ahora veo que puedo vivir sin teléfono de línea fija y por tanto sin adsl. Cuando necesito consultar internet voy a la biblioteca, es más económica. También uso menos mi apartamento y más los recursos públicos: la biblioteca y el polideportivo. Voy aprendiendo formas recursivas ya que he dejado de pagar la mensualidad del alojamiento, antes o después me quedaré sin casa. Si no tengo ingresos he de regular los gastos. –le dije convencida de que eso lo asustaría si era un pijo y buscaría otra compi9nche con la que hablar o eso lo ponía a prueba para que siguiera indagando en mí-
-Tu planteamiento es radical, me pregunto si es sostenible. ¿qué otros nuevos hábitos has incorporado? –siguió indagando-
-No uso el coche y uso la bicicleta, lo he puesto en venta. Es un Peugeot 306 con 130mil kms, por si te interesa. También puedo donarlo. Estoy a punto de hacer conmigo misma el voto de pobreza.
-Espero que no hagas el de castidad también –me sonrió-
-No te preocupes, todo lo que tengo es mi cuerpo y mi mente, les saco el máximo de partido, lo que no hago es malvender mi libertad para que la expriman otros para hacerse ricos económicos. E cuanto a otros hábitos, lo más notorio, lo que más notan en mi vecinos y conocidos es que visto de maneras extrañas. Me visto de todo lo que me apetezca con el máximo de aparatosidad para dar la nota. Ya que el texto no llega a los demás quiero que llegue la imagen.
-Sí ya he observado que vistes de una manera singular, ¿puedo preguntarte por qué? –me dijo a propósito de ir vestida de egipcia como Cleopatra-
-Cleopatra fue una de las primeras mujeres de estado. Protestó ante el barbarismo de los romanos por destruir la riqueza de la cultura bibliotecaria. Muchos miles de años atrás ya se supo que una mujer de estado era mejor que un hombre de estado. Es mi modo particular de hacerle un homenaje y para que la gente se ponga a pensar en cosas que se la sudan.
-¿Te consideras proselitista? –dijo mi investigador-
-En absoluto, no quiero fichar a nadie para ningún grupo. Ya tengo la experiencia de haber pertenecido a partidos políticos y asociaciones reivindicativas y todas se dedican al entretenimiento para autoperpetuarse como grupos con sus propios intereses sin cambiar realmente por aquello que dicen luchar. Partidos en los que tuve amigos y que ahora están en el gobierno de localidades no hace más que lo que hicieron sus predecesores en sus cargos. No quieren cambiar los valores por temor a perder seguidores. El único estado posible de autenticidad del ser humano es el de su individuación, tan pronto deja de ser un individuo autónomo para ser un tipo asociado y federado se debe al pacto, al compromiso, al otro y se niega a sí mismo.
-Me temo que has llegado más lejos de lo que yo puedo alcanzar como resultado en mi tesis doctoral, pero lo que dices me suena a muy interesante –acotó mi escuchante-
-No pasa nada –le tranquilicé- Cada cual llega hasta dónde quiere llegar. No hace mucho estaba hablando con alguien de la cuadrilla y a los cinco minutos se acercó otra persona, trato de seguirnos sin entender nada, al minuto se levantó u dijo: debéis llevar horas hablando no quiero interferir y me voy. Me temo que el ser humano tiene vocabulario, idiomas, frases, lenguaje pero su poder para la significación es escaso.
-Y bien ¿sigues hablándome de tus nuevos hábitos? –insistió-
-No voy a trabajar, me levanto cada mañana para vivir. He cambiado el estilo culinario. Uso más crudos, no desayuno salvo una infusión con miel y no ceno salvo un yogur o una infusión también. He dejado la tele al lado del container de basura con una nota de que funciona correctamente. Voy en bici para mis desplazamientos (eso ya lo he dicho) y salgo a la calle con mis vestuarios de personajes. De momento es lo que hay. Por ahora tengo dinero para comprar mis vestidos. De hecho he empezado a hacer trueques de mis muebles por telas y ropa. Los muebles son un lastre. Pienso que en la peor de las situaciones siempre podré usar una butaca, una mesa, una ducha y una cama. No necesito más.
-¿Te consideras surrealista?
-No, aunque tengo más de ficción que de realidad. Estoy en la fase de exhalación fantástica, de lo que estoy segura es que no pertenezco a esta realidad. Ni yo quiero esta realidad ni la realidad me quiere.
Mi investigador era antropólogo y su estudio de los grupos humanos también le había llevado a la conclusión de que los grupos son grandes mentiras sociales para hacer creer a los individuos ingenuos que no están solos. La energía sintónica entre ambos enseguida se notaba desde el principio de la conversación. Se llamaba Jürgen, su abuelo había sido alemán y le pusieron este nombre en su honor, vivía en la ciudad universitaria. Fuimos hablando mientras nos fuimos seduciendo. Poco a poco pasó de ser entrevistador a galán y la cobaya que era dejó paso a la gata a la que nunca renunciaba ser. Expresó le gustaría ver mi vestuario y lo invité a mi apartamento, también a mi cama. Había nacido una nueva relación dentro de esta etapa de mi vida. No pactamos nada con respecto a nada.

