Conflicto intrapsíquico

Contradicciones interhumanas y conflicto intrapsíquico.

La contradicción  es inherente a la vida. De hecho es la suma de contrarios, algo anterior a su decibilidad o a una prosa existente que pudiera expresar esa dialéctica de opuestos.  La existencialidad discurre por discursos contradictorios si bien el indicativo de estabilidad pasa por la permanencia del criterio. Los sofistas ya vendieron  la teoría de que era posible defender una tesis y su contraria con argumentos lógicos en ambas situaciones. El sujeto y el argumento no son dos entidades biunívocas. El sujeto se vale de diferentes argumentos a lo largo de su vida y a su vez en un mismo argumento pueden coincidir dos o más sujetos completamente distantes y antagonistas entre sí. Para la primera situación una biografía personal pasa por distintas etapas y las ilusiones de una defendidas con pasión entusiasta dan lugar a desilusiones en la otra posterior defendidas con cautela y ecuanimidad.  Para la segunda situación una misma  posición argumentada lo puede ser por intenciones y razones completamente distintas. Todo ser humano está condenado a un conflicto biográfico. Termina por ser algo distinto a lo que creyó para su destino. No solo distinto, puede llegar a ser su opuesto. La autoconciencia de las contradicciones en principio ayudará a saber coexistir con ellas pero no proporcionará la garantía para eliminarlas. La ecuación terapéutica que creyó en la solución a las problemáticas a partir de reconocer las causas que las producían no ha sido infalible. El reconocimiento causal es una condición indispensable pero no suficiente para las curas. Las otras condiciones complementarias varían para cada situación personal. Una demanda tanto histórica como personal que se le presenta o exige al otro causante de afrentas es que las reconozca para poder terminar con un foco de conflicto. Eso indica que no basta una sola parte, la subjetiva y directamente interesada, e una cura; también hace falta que concurra la otra parte ajena que ha sido responsable de un bloqueo.

Se puede observar un paralelismo entre los conflictos de relación con los conflictos de sujeto. Los unos vienen dados en los decorados con los demás y los otros los que tiene el sujeto consigo mismo. Sin duda están conectados. El sujeto no es una mole integrada absolutamente compacta y sin fisuras, tampoco sus relaciones con los demás son diáfanas, solidas y seguras. En las revisiones de su mismidad explora sus registros a través de su laberinto interior y en las revisiones de su inserción en el mundo se sabe un individuo limitado por las fronteras con las que se encuentra. Estas son de dos clases, las barreras ajeas que lo presionan para colocarlo en su rol y en las autolimitaciones que uno mismo se impone sea por inseguridad personal, por temor a lo desconocido o por una deformación del respeto que le lleva a callar para no herir o molestar nunca.

La cultura hipervalorada  hace pasar a los individuos por el rasero de los límites, los filtra. Los controlados en la criba no son ciudadanos de pleno derecho. Esa cultura –entendámonos- no es algo ajeno al discurso que reproduce –aunque a veces piensa que la crea cada individuo desde su podio de lecciones o su arte. La cultura no es sólo  lo que está solo en la calle o en las reseñas que dan por los medios acerca de conciertos, conferencias, funciones de teatro o ediciones; cultura es también la forma de sentarse en la mesa, el tipo de decoración colgado en paredes o encerrada en la vitrina, lo que contiene el revistero, el diseño del mobiliario, las formas de tratos verbales entre los distintos miembros del grupo convivencial y/o familiar. Cultura es una posición existencial en el mundo de cuyas referencias multiversionadas se tiene noticia desde antes de las habilidades instrumentales. Cultura son las formas de decir y de callar, las de pensar y las de concebir.  Hay culturas más restrictivas que otras y más propiciatorias del doble conflicto tratado aquí, el relacional y el intrapsíquico. El primero forma parte de los avatares sociales. Vivir en grupo significa formar parte de `problemáticas generadas por otros. Las ciudades y grandes aglomeraciones urbanas son hervideros de problemas indirectos ocasionados por la sonoridad, la irritabilidad, la contaminación, las prisas, el agobio, las presiones, la competencia o los pagos. Hay individuos para todo y los hay que se prestan a ser las victimas ideales al meterse en plazos que no pueden cumplir, en objetivos o retos que se les escapan de la mano, e planes que les desbordan, en asuntos que se convierten en ruedas de molino a los que atan sus cuellos hasta hundirse para no emerger nunca más. Sin duda la externalidad es un gran escenario de invitaciones que pueden ser seguidas o no y que llevan (toda una parábola de la tentación) a la perdición (no del alma sino del propio sujeto al preferir estereotiparse que ser su propio yo. En sus interacciones sociales una cierta cantidad de problemas vienen directamente clavados desde el dominio ajeno. Para cada problema al que se enfrente tendrá que preguntarse por dos cosas: la parte de responsabilidad exclusivamente de alguien ajeno (el comerciante que lo ha engañado, el cliente que no le paga, el terremoto que le ha hundido la casa, el vehículo comprado que no le funciona desde el primer día, el espectáculo que ha ido a ver que le defrauda, la relación sexual que mantiene insuficientemente satisfactoria,…) y por la responsabilidad en haber permitido dejarse enredar o meterse en una espiral problematizante. Las contradicciones interhumanas son lógicas y hasta necesarias para la evolución de la especie si de los posicionamientos contrarios se sacan síntesis de solución a conveniencia de las partes en lugar de imposiciones de dominio. Cuando de ellas se deriva antagonismos fósiles la falta de reconciliación y la inamovilidad ocupan el centro de los escenarios. Es el momento en que cada cual se queda con sus verdades personales (es decir con las mentiras que le convenga creer) cerrado sus escotillas para la comunicación. Establecido un conflicto con alguien (por lo general sobre temas objetivos pero con impactos emocionales) y escapar de su solución negándose al habla o a la tentativa de aclaración es abonar el terreno para la enfermedad a no  ser de que concurran dos limitantes de peso inabordables: que éste alguien con quien se ha tenido el encontronazo se niegue totalmente a la comunicación (el hecho de que haya fallecido seria una variable de esa posición) y no a que tengan recursos extroversivos para derivar el tema a otras situaciones. El fin del interlocutor (ese otro con el que aclarar las cosas) no tiene porque significar el fin de uno mismo pero el fin de un interlocutor con el que no se puede coelaborar una situación (la inmensa mayoría de contradicciones con el otro terminan en el callejón sin salida del silencio o del bloqueo comunicativo mutuo) si obliga a buscar otro lado de interlocución o al menos una vía de catarsis: escribir es una de ellas.  Muchas personas viven en la aflicción renovada por no poder desenterrar a sus muertos y hablar con ellos lo que no pudieron/consiguieron hacer en vida. Las deudas pendientes con las personas que no se va a ver nunca más, también los perdones pendientes que nunca te han dado, es algo que no se puedo resolver en vivo y en directo, hay que hacerlo indirectamente por la vía del psicodrama, de la letrapéutica o de otras formas de extroversión del análisis y de la descarga emocional.

El gran escenario humano, en sus distintos modelos sociales y de agrupamientos colectivos, proyecta a escala general lo que se da en la escala particular de los bloqueos comunicativos o de las contradicciones no resueltas o incluso d las líneas de pensamiento no toleradas. Cuanto más rígido sea un cerebro (que no deja de ser un órgano que puede ser más o menos elástico en la admisibilidad de imágenes y constructos variados) más probabilidades tendrá el individuo portador en auto dañarse al no estar preparado para la multicromaticidad existencial. Cuanto menos ideas tenga más creerá que los demás no pueden tener un plus de ellas y distintas a las suyas. Para entender las cosas del mudo es más apropiado hablar del otro que resignifica a cualquier individuo que hablar de sociedad que lo enmascara. Las dos palabras denominan lo externo al yo, pero mientras la segunda diluye esa externalidad en algo que parece quedar oculto en las artimañas del poder, la primera se refiere a todo individuo en todo momento y lugar tanto si se tiene tratos como si no.

El diseño de un mundo basado en la felicidad ha pasado por conjeturar una sociedad de cooperación en la que el individuo sea lo primero y no lo colectivo, es decir una abstracción. Las campañas a favor de la sensibilización y la concienciación debían preparar a cada persona como biógrafa de sí misma, consciente de sus acciones y pensares para evitar  la revivencia de los pesares. Con la alta dedicación a la información a la divulgación de verdades históricas, y a una metodología de pensamiento analítico útil no se vislumbra que una nueva generación de talante libertario dé al traste con generaciones anteriores abocadas a la frustración de sus destinos. En la Hispania que conocemos la generación nacida en la década de los 20 del siglo pasado que vio su juventud cortada por la masacre de los alzados nacionalistas no fue más frustrada como la nacida en los 50 que abrazó los idearios de la imaginación al poder, como lo ha sido la nacida en los 70. Alguien que retome este artículo es posible que diga lo mismo de la que está naciendo a principios del siglo XXI.

Alice A.Bailey dijo aquello tan bonito de siembra un pensamiento y cosecha una acción/siembra una acción y cosecha un hábito/siembra u hábito y cosecha un carácter/siembre un carácter y cosecha un destino. Esto suena muy bien para la posición militante que hace de su cruzada para convencer lo principal. El discurso crítico actual ya no trata de convencer, bastante hace con ser expuesto y a la vez exponerse a la exclusión.

El conflicto intrapsíquico es una marca que después de ser recibida en el registro metamatérico pasa a injuriar una parte del cerebro de aquí quedan implicados los órganos correspondientes. Eso explica que patologías físicas y accidentes sean la consecuencia directa de desajustes emocionales e incomprensiones comunicativas entre personas sentimentalmente muy vinculadas. La situación ideal sería/es la de tratar cada conflicto intimo en el espacio grupal con los protagonistas implicados en su gestación, como eso no es posible lo más parecido es la terapia de grupo en la que hay otros sustitutorios que encarnan los personajes de los protagonistas reales, desaparecidos o ausentes. Esta opción de psicoterapia de grupo puede ser una alternativa que al menos supera la visión oncológica que sigue sin explicar el origen de los tumores, forma física necrosada que expresa en el cuerpo escénico un dolor no resuelto.

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