De la amenaza violenta a la amenaza legal
Reflexión sobre el recurso a la pedrada jurídica.
Antiguamente te exponías ante el grandullón en el patio del cole a que te dijera “o haces lo que te digo o te pego una hostia”. El problema del que te amenazaba no es que fuera más grande o mayor que tú sino que acudiera a tal amenaza para imponerte su criterio. Era un tarado sin duda pero la ley de la supervivencia y la de la jungla (que ya se extendía a los patios de los colegios) recomendaba que le hicieras caso para salvar el pellejo, Posiblemente esa anécdota daba más saber sobre la vida real de todos los años de escolarización con todas las clases de geografías y mates juntas. Afuera del colegio el escolar sabía que la verdad principal de la vida pasa por las correlaciones de fuerzas, la fuerza que tengan unos y la debilidad que tienen otros.
El mundo ha cambiado mucho y ha ido dotándose de códigos con los que regular las relaciones humanas para vivir con el máximo de concordia. Los grandullones de antes no son tan memos para decirte o haces esto o te arreo, pero acuden a otras formas sutiles con las que preparar sus venganzas: si no haces lo que yo quiero te denuncio. Siempre hay una página de un código civil, militar, penal para empurar a quien sea por lo que sea. Pero resulta que los códigos son armas arrojadizas lo mismo que las piedras o las balas y que se manipulan a conveniencia de usuarios malévolos. A todo ese procedimiento se presta la estructura administrativa de una justicia que no aplica ni puede aplicar porque aun sabiendo que los denunciantes hacen falsas denuncias se prestan al juego no neutralizándolo, ya que a fin de cuentas todo contribuye al negocio (la misma aparatología burocrática para intervenir,-que no solucionar- en estas cuestiones). Siempre es mejor acudir a un intermediario para –por la vía de la palabra- resolver las diferencias que no acudir directamente a la agresión física. Pero –pregunta- ¿Cuál es la diferencia entre una amenaza de tipo físico a la amenaza con la denuncia? Respuesta: cambiar los términos del enfrentamiento para tratar de someter al débil o al infractor. Sí, repito que es mejor ese protocolo que no el del duelo de florete en el parque al amanecer (levantarse tan temprano para morir, o para salvar el honor, uf¡ que tedio!) pero ¿no es sospechoso que la sociedad de querellantes no pare de crecer, por los pingues beneficios que eso supone, y la sociedad siga tan terca en producir conflictos? Sn duda con la gente que participa incorrectamente en los espacios de relación algo hay que hacer. Los filtros antispam de los servidores ya han demostrado que envían por sistema a correo no deseado cualquier nuevo objeto. Antes de sufrir un percance desconfía de todos los mensajes nuevos. Los foros selectos intentan hacer lo mismo tomándose un par de días antes de dar un texto por publicable. Eso es un trabajo enorme ya que hay o habría que tener personas especializadas en la revisión de cada uno de lso textos (algo parecido a lo que hacia Consulta Previa del ministerio franquista de Educación ante propuestas de nuevos libros para cuyas respuestas se podían demorar eternidades). Bueno, de acuerdo hay gente que hace comentarios a destajo insolente, desagradable, cacofónico, inculto, injurioso, desinformados, negativos, lesivos… Todo eso, en si mismo, no es mas que una fenomenología de nuevo tipo que hace de indicadora de cómo esta el patio y con que proporciones se mueve la cultura y la no-cultura de un país. El problema no es tanto del lado de esas entradas inadmisibles como de la misma web que no tiene la tecnología desarrollada para evitar eso. Próximamente el soft detectará entradas gráficas abusivas con repeticiones de la misma palabra como ya puede hacerlo con detectar un mismo autor con distintos nicks o heterónimos a partir de cotejar los distintos passeword (por lo general, craso error, el usuario múltiple utiliza la misma clave de acceso).
Nos encontramos con que hay siempre hay un porcentaje de la participación que esta fuera de tesis o que no participa tanto de la discusión como de su discurso o que ataca en lo personal en lugar de debatir en lo objetivo. En los foros solo pasa lo que también pasa en cualquier otro espacio polémico de palabra. La única diferencia es que el anonimato de ahí ha permitido una liberalidad de las formas que la inhibición de aquí sigue conteniendo.
Amenazar con las leyes por el decir de una persona es muy similar a la amenaza física. La justicia o supuesta justicia ya ha sido definida como un recurso vengativo. Pero desde el lado de la persona injuriada, falseada o atacada injustificadamente ¿qué puede hacer? Hoy dia estar en ese rol tiene sus ventajas económicas. Norma Duval consigue o ha de conseguir algunos miles de euros como indemnización porque un periodista (creo que fue Mariñas) afirmó que era bisexual. Losantos (primer premio a la indeseabilidad del mundo periodístico) ha sido obligado judicialmente a indemnizar con 60mil euros a ERC por afirmar que era terrorista. No sé del uno, pero sí se del otro que lleva muchos años mereciendo no solo este sino docenas de escarmientos de este tipo. Quien tiene la palabra pública puede hacer mucho daño con ella. Lo justo es que pague por el daño cometido. Comparadas las dos noticias de tales escarmientos legales es muy distinto el de la primera afirmación al de la segunda. No sé si la Duval ha hecho performance de insinuaciones bisex o estas solo se han albergado la cabeza del periodista que le ha declarado la condición de tal. No creo que el periodismo se tenga que meter en esas particularidades de la vida íntima de nadie (si alguien lo hace es porque no tiene serrines de mejor calidad entre su frontal y su atlas) pero puesto a hacerlo es un comentario que pone mas en evidencia al periodista que no a la actriz. Si todos los actores y actrices del mundo, también toda la gente pública por alguna razón, se dedicara a examinar lo que se dice de ella y contraatacar denunciando la menor afirmación incorrecta, podrían cambiar de profesión porque ganarían mas dineros con las indemnizaciones generadas que no con sus vidas públicas en sus distintos oficios. La opción es dejar que el periodismo – o un tipo de periodismo- viva de eso, de levantar falsos testimonios o de explotar extraordinariamente los levantados por otros. Tampoco hay para tanto si alguien afirma de alguien que es tal o cual cosa. La verdad resplandece por sí misma y prevalece ante cualquier denominación que se pueda hacer falseándola. Pero no todo el mundo está dispuesto a aguantar cantinelas de usuarios abusivos de la palabra que no respetan la privacía ajena o sencillamente propalan mentiras. La mentira es un delito grave, claro que depende de la envergadura de cada mentira concreta. Una curiosidad añadida es que la sociedad de las mentiras se permita por la via de los agentes que representan unos códigos y la fuerza para imponerlos sancionar a alguien por mentir. Como siempre, repito, depende de las implicaciones y envergadura de cada cosa. Lo mejor es hablar desde la hipótesis disertativa y no desde la afirmación rotunda. Ir a clases nocturnas para resolver esos puntos de sus gramáticas tanto a un periodista como al otro seria el consejo más amable, aunque en mi opinión el segundo lo menos que merece es que se le retire el derecho a la locución público en cualquier medio periodístico. El ejemplo sirve para ilustrar que sí existe gente concreta a la que hay que negarle la palabra después de hacer un uso intoxícate de ella un año tras otro. Pero quitarle la palabra a alguien crea problemas éticos a toda la sociedad y además problemas de sondeo. De una parte no están claros lso criterios para definir exactamente eso: a quien hay que quitársela. De tenerlos, además, generaría una sociedad con dos grupos, los que pueden hablar en voz alta y los que no (ahora la división es entre hablantes que hablan por los codos sin decir mucho, hablantes que saben lo que dicen y no hablantes inhibidos porque no quieren serlo). Esa división, la de los que tienen derecho a la palabra y los que no, lo mismo que lo que tienen derecho al voto con los 18 cumplidos y los que no porque no se les considera con suficiente potestad intelectiva para ejercer ese derecho, sería sin duda mucho peor que la división de clases que ya de por sí resulta bastante injusta.
Así que detrás de la amenaza legal para corregir a los que hacen uso incorrecto de su espacio público se puede generar toda una configurar de sociedad sub-participativa por temor al decir. Claro que mientras hay gente que barrida del espacio público es un respiro de la sociedad, otra, que de aplicarle tal medida, es como amputar la voz de la sociedad. A quien excluir y a quien no, esta es la cuestión. Tomemos el caso Losantos de la Cope. Mi enemistad con él y su ideología procede desde el primer día que escuché una de sus peroratas radiofónicas. En mi opinión un discurso como el suyo es anticonvivencial y carga los cañones de los linchamientos, Para decir lo que dice es mejor que calle pero con ese deseo estoy obligado a añadir otra consideración: tiene su público, es el ídolo audiométrico de una escucha que pueden ser miles o cientos de miles o millones de personas, no lo sé. ¿Muy bien si toda esta gente se complace con ésta escucha por qué privársela? En mi opinión que siga con su consumo y si puede ser confiturado mejor. La noticia de que un reciente video mas visto en youTube es el del dedo de su hermanito mordido por un bebé con 66millones de visitas (la mia entre ellas), un porcentaje importante si hay (¿cuantos internautas hay? La ultima vez que consulté ese dato era de 100millones) pone al desnudo la inconmensurabilidad de la cifra. Algo muy, muy visitado, es un indicativo de que en lugar de ser algo extraordinario es el ensalzamiento a lo ordinario.
No hay mayor exclusión de una persona que dejar de escucharla. El problema no es legal: el de censurar a tal o cual voz sino de una parte de la sociedad que se complace en escucharla. Lo mismo se puede decir de todos los demás productos de consumo, tanto para el sistema digestivo como para la ingesta intelectual. Hay muchos productos en circulación en el mercado, nefastos y denunciados, que sin embargo se siguen consumiendo. Cada cual tiene que cualificar su vida haciéndola lo mas excelente posible para ponerse a salvo tanto de los comestibles lesivos para la salud como de los discursos lesivos para la mente. Quien no opte por eso que se rehogue en las salsas que quiera. Eso, la excelencia personal, no se logra con normativas de un administrador sino con la evolución intelectual de cada cual. Esa evolución es la que lleva a la auto moderación de un lado en el propio decir y a la exclusión del decir ajeno cuando es considerado irrespetuoso y destructivo. Con no leerlo basta. La ventaja de los nicks asociados a los insultos es que basta con saber del palo que van para no leerlos más. Si se siguen leyendo (ahí están las estadísticas de registro de vistas) representan la existencia de un tipo de haceres o formas de actuar y de vivir. Prohibiéndolas no arreglamos nada. Las alcantarillas están llenas de suciedad pero no por taparlas dejan de estar ahí. En resumen la amenaza legal puede ser de tan mal gusto como la amenaza del prepotente. ¡Cuantas injusticias se han cometido históricamente en nombre de la ley! Además, no existe una sola categoría de ilegal como tampoco existe una sola de legal. Dentro de la más impune legalidad estamos sobrados de conductas éticas y a la transgresión y al pensamiento evolutivo se le criminaliza metiéndolo en el mismo saco de la ilegalidad que a los atracadores y distribuidores de droga.
El tema se las trae y cabe augurar que el crecimiento del boom internáutico lo excitará como debate crucial. No está garantizada para nada resolución consensuada del tipo: libertad total para la palabra. Tan pronto se decidan gestores y vigilantes de su uso, se la coaccionará de un modo u otro. Eso nos llevará a los escritores al lugar de donde, en realidad, nunca salimos, el de la autocensura. Escribir para complacer no para pensar en voz alta.
¿Por qué será que ese tipo de amenazas, las unas y las otras, no hacen más que empujar a un nuevo tipo de clandestinidad? Hoy día dar el número de cuenta bancario a quien sea ya es tan arriesgado como dar el nombre legal. Si de lo que se trata es de dar informaciones y opiniones, no hace falta pasar por el cv ni con datos reales en los registros. Cada vez que das tu nombre a alguna clase de agente o medio por un requisito burocrático, tarde o temprano tu nombre puede ser usado contra ti mismo. ¿Desconfianza? Sí, total y absoluta, general y extendida salvo a excepciones muy contada en los círculos de relaciones personales y directas.
[1] http://www.periodistadigital.com/foros/viewtopic.php?t=25569&start=0&postdays=0&postorder=asc&highlight=