El temor al fracaso.
Del Plan A al Plan Equis.
Para hacer cualquier cosa o lograr un objetivo hay que insistir. La insistencia significa la repetición de acciones. Eso incluye sobre todo nuevas tentativas con respecto a las mal hechas. La vida es una historia de tentativas, algunas funcionan y otras no. Nadie puede decirte si eres un fracasado o si tienes el perfil de ganador del año, sólo tú puedes meterte dentro de una categoría u otra, en si mismas absurdas como toda dicotomía divisoria. Hablo de una insistencia con el uno mismo. Cada cual es el único capitán de su biografía. Es el único residente a bordo, el único que puede conducir, adelantar, parar, sosegarse, enfrentarse, eludir, callar o hablar. Lo peor de uan biografía no es su coleccionario de errores sino sobre todo su lista de omisiones por falta de decisión en tomas de acciones. A menudo la prevención en hacer algo es cubierta con una argumentación muy razonable pero muy inoperante. Se suele dejar para un después sin fecha pre acordada el hacer lo que ya debería estar hecho. Bien es cierto que cada cual necesita su tiempo y su momento propicio para hacer una determinada acción, sentirse con fuerza suficiente, con la formación o preparación necesaria para acometerla. No por mucho correr se llega antes a todo. La cuestión es que cada individuo se enfrenta a su repertorio de acciones pendientes a acometer. Algunas están toda la vida ahí esperando. No son pocas las cosas enlistadas que no terminan de ser enfrentadas. Muchas incluso son desconocidas, quedan fuera de lista. Cuanto antes sepa uno diagnosticarse sus problemas y cosas a resolver antes resolverá todo eso. No plantearse nada sobre nada es la forma más efectiva para no hacer nada. Claro que hay un canto a la libertad que va por la ausencia de planning total y por dejar que las cosas fluyan espontáneamente pero, la verdad, eso no funciona demasiado. Como no planifiques lo que quieras hacer las setas no vendrán solas a casa metidas en un cesto misterioso que ande solo.
El fracaso está conectado con otro parámetro crucial el de la expectancia. No tener expectativas para nada es la mejor manera, o el mejor criterio, para mantenerse a salvo de las consecuencias emocionales al adversos al no conseguir la correspondiente y esperada correspondencia. ¿no quieres tener problemas de amor? Pues, muy bien, ¡no te enamores! Si seguimos consultando a los profetas del barrio nos encontraremos de todo: habrá quien nos venderá su manual de la felicidad y quien no dará las claves para la vida perfecta. Antiguamente había especialistas en pócimas y sortilegios, actualmente los hay como venderos de cielos y nirvanas. Cualqueir cosa con tal que genere un puesto de trabajo cuando no toda una línea de nueva producción que genere suculentos beneficios. Siguiendo de este filón de consejeros terminaríamos por no comer para no tener malas digestiones, no bucear en la sentimentalidad de nadie para no cargar con el elenco de enfermos del corazón metafórico, no ir de viaje por temor al atraco, no copular con nadie por temor a morir de sida. Sí, hay algo de razonable en la prevención del otro no adoptando ni expectancia a priori. Mira, oye y calla, no te impliques dicen los mensajes más destilados de todas las culturas. No deja de ser una curiosidad científica observar que en pueblos tan diferentes se llegue a la misma conclusión. El problema es que vivir sin expectancia se hace difícil. La expectativa se tiene con todo, con los objetos, con las ciudades, con la naturaleza y sus fenómenos, con tu propio cuerpo y por supuesto con la gente en general. Estás obligado a contar con las infos que te dicen y con los otros en sus ubicaciones, claro que a la hora de tomar un referente siempre hay que añadir la fiabilidad o no de su referencia. Mucha gente que integra el paisaje humano no tiene más referencia que la de ese relleno cromático. La expectativa de quien sea y de lo que sea hay que corregirla en sus sesgos no esperando más de lo que realmente hay. Esa medición de exactitud de se logra con mucha paciencia, experiencia y cautela y en todo caso cada cual aprende a reconocer los límites de las circunstancias, es decir cada uno de los demás como limitante. Otro asunto es fijar la atención en el propio yo y en el comportamiento. El sujeto al mando de sí mismo (es ese mando que lo convierte en sujeto) puede planificar su vida de acuerdo a su estrategia existencial, a sus factores sentimentales y a sus valores filosóficos. Puede hacer lo que quiera con subida y lo que le apetezca incluido dejar de hacer lo que le conviene. El gran asunto de las superaciones y de conseguir objetivos del tipo que sean: desde llevar una vida sana libre de adicciones a conseguir objetivos concretos pasa por elaborar planes. Un plan no es nada complicado de concebir, redactar o presentar. Basta saber lo que se quiere hacer y calendarizarlo con una metodología concreta. Entiendo que un plan personal es la suma de criterios, alcances y dedicaciones. Los criterios son la metodología, los alcances son los objetivos que no retos y las dedicaciones es la temporalización. Si quieres hacer algo ponte a hacerlo. Nadie puede quejarse realmente de conseguir sus planteamientos cuando al preguntársele declara que no se ha tomado el menor tiempo para hacerlo. Si yo no sé nada correctamente y apenas si floto a braza es porque nunca me he dedicado debidamente a ello, lo mismo puedo decir con respecto a no hablar el inglés o el wolof.
Cualquier cosa que se quiera hacer: terminar una carrera universitaria, llevar para adelante un diseño industrial, dejar una adicción nefasta para la salud, cumplir con una lista de creaciones, en fin, lo que sea, pasa, puede pasar por un plan . Todo plan es en su primera versión un plan A, un primer plan que tiene por ventaja la enseñanza de sus errores de concepción al tratar de llevarse a cabo. El problema a menudo es más que por la falta de un plan a ejecutar es por el miedo a ejecutar el que sea. La perspectiva de fracasar inhibe toda inversión de energía y voluntad personales. Al no hacerlo el sujeto sufre algo más que haciéndolo fracasara. Siempre tocará medir exactamente cual es el asunto y cuales son los riesgos. Hay planes que no se pueden intentar si no es sobre seguro ya que solo admiten una sola tentativa pero otros, la mayoría, admiten tantas tentativas como capacidad de ave fénix tenga el que lo intenta. El problema de no intentar construir soluciones o desanimarse a la primera tentativa por encontrar tropiezos es que se puede malgastar toda una vida por lo que hace a divertirse con recursos que no explora por miedo a no saberlos dominar. La inhibición es un gran problema ya que reduce la actividad de sujeto. A fuerza de ir sobre seguro va a muy pocas partes.
Para cualquier proyecto u objetivo el plan A tal vez solo sea el primero de una larga enumeración de fracasos hasta llegar a ese plan X, el definitivo que consolide una realización y asegure, lo que desde la observación del etiquetador, llamará un existo. Vivir todo el proceso, en mi opinión, ya ha formado parte del éxito personal, por cuantiosos que hayan sido los errores e impasses, ya que han llenado al tentador de experiencia y saber, lo han convertido en un sujeto experimental y por tanto en el dueño de sus actos.