El qué por el cuanto.

Criterio de Intercambio. El qué por el cuánto.

 

 

La infinita variedad de precios tras la infinita multitud de escaparates y vías de compra  atestiguan que detrás de cada objeto hay un proceso de costo distinto. En una situación en la que se ejerce el intercambio la única variable a tener en cuenta no es la del tiempo dedicado, puesto que hay otros muchos factores. En conjunto  son los medios presentes que facilitan la resolución de  una función. Si la unidad de trabajo no queda limitada al tiempo dedicado, ¿quien y que establece el baremo de correspondencias y de equivalencias entre unos trabajos y otros? Si en el mercado de valores está presente una infinita gama de valores en función de la particularidad de cada campo y producto, en cualquier otro modelo pensable, por igualitarista y justo que se pretenda, tendrá que contar con los discriminadores lógicos y obviamente determinados tanto por la naturaleza de las cosas como por los factores sociales.

 

El tema es relativamente sencillo de solventar para todos los supuestos prácticos en los que un tiempo de trabajo para una operación socialmente equivalente a otra, quedan conectadas. Los ejemplos de LETS son válidos. Una t de trabajo doméstico por una t de cuidado de canguro. Pero ¿que pasa cuando la operación no queda  caracterizada por un tiempo concreto, y en su lugar lo que prevalece es una función realizada o una gestión determinada, o un fondo de conocimientos vertido, donde lo mas significativamente medible no es el tiempo in situ dedicado, sino lo previo e invisible y mediato que hace posible el concurso? ¿que pasa además, cuando las funciones intercambiadas suponen distintos costos personales para  quienes las ejecutan? Obviamente un pretendido tablón raso al que referir toda operación intercambiada por igual impediría un desarrollo dinámico de todo proyecto cooperativo y referirlo a precios oficiales estaría  creando situaciones artificiales.

Si los precios son valores no estáticos en las situaciones de mercado real, los operativos (que son valoraciones de costo)en la situaciones de mercado alternativo también se darán. Pero desparecido el parámetro D (dinero) ¿que otro  puede ser funcionalmente contable como referencia estable? El  t (tiempo) puede ser tratado como un referente m´móvil de tal manera que el mismo tiempo real,medible en horas no sea igualmente representado en cada contribución de trabajo.algunas horas fácticas podrían condensar mayor número de horas contables u otras menor número, en función de baremos que se vayan pactando.

Si el discurso queda limitado a una igualdad matemática entre una hora igual a otra, fácilmente quien considere que detrás de su tiempo concreto visible hay otro tiempo oculto de inversión, se considerará discriminado al ser evaluado solo por lo manifestativo justo igual que quien dedica  una operación para la cual solo necesita su presencialidad en un momento y lugar  pactados o con pocos preparativos.

 

El criterio de intercambio, en cada valor de trueque, en lo que valora cada persona contribuyente es el nudo gordiano de una alternativa social de mercado y en una praxis de intercambios directos. Ni siquiera las conclusiones funcionalistas que puedan establecerse al principio para ir poniendo en marcha las microredes y paralelamente los redes de redes, van a poder ser estables en el tiempo.

 

En todo caso dentro de cada red,junto a la parte común elaborada y consensuada por todos o aprobada por su mayoría, pueden cambiar elementos del intercambio dejados a la flotación y al azar,siendo cada parte en juego la que vaya pactando el valor de cada cosa.De hecho la introducción de cada nuevo operativo emplazaría a una revisión de presupuestos y a una reactualización de baremos.

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