Otro episodio de Rebajas

 

Al igual que una teleserie de infinitos capítulos o una novela por entregas, cada año los medios aportan las reconocidas escenas de las multitudes agolpadas en los grandes almacenes a la espera de adquirir su producto rebajado.Aquello, que tan solo unos días atrás podía tener incrementos con porcentajes prohibitivos, en los eneros de cada año,por obra y gracia de los cálculos de empresa, pueden ponerse al acceso del gran público. Esos abaratamientos prodigiosos resultan tan exagerados en algunos precios que crean una sensación milagrosa.

De inmediato año tras año por las fechas en cuestión se impone hacer  una consideración grave, y es la evidencia de  los tan elevados  márgenes de beneficio con los que trabaja el sector comercial, que a partir de un cambio de política de artículos (cambio de moda o inauguración de un nuevo ejercicio de ventas)puede permitirse reducciones brutales del PVP.Si eso es así,¿como llamar a las transacciones previas donde el comercial puede vender sus productos comprados a un 200 por 100 o a un 300 por 100 de beneficio? Tales abultamientos de precios tratarán de ser justificados por los riesgos de empresa que corre toda iniciativa de traer nuevos artículos o las compras al mayor que suponen para el introductor.al fin y al cabo lo único que limita un precio es el propio público, que es el que acaba aceptándolo o rechazándolo.

Las anécdota de las compras compulsivas se ajustan a una gran viñeta de un cómic anónimo donde la gente, (ese gran público anónimo y enigmático a veces que es el que mueve verdaderamente el mundo de las cosas) se cita a empellones en horario de tiendas para comprar sus artículos y rellenar así armarios ya de por sí supersaturados y luego se desparrama en horarios de fin de jornada en los puestos de basura para deshacerse de todo lo viejo o inservible.

Con todo es preciso reconocer que las primeras,segundas y terceras rebajas de cada año,posibilitan a los de poder adquisitivo más rebajado acceder al fuste,corte y confección de los que lo tienen un poco más elevado y pueden pagar los primeros precios de trinca, nada más puestos en los aparadores. Nuestro modelo social que corre a distintas velocidades también queda demostrado en el momento en que cada segmento social tiene acceso a la cata y vestido de los productos  con que  va entreteniendo a sus ciudadanos. Al final de película resulta que hay parte de pastel para todos.

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