La felicidad filosófica
La felicidad es un camelo ideologicista, una hipótesis para la cual habría que reunir tanas condiciones que la convierte en un objetivo prácticamente inalcanzable en el ahora y aquí de cada presente.la felicidad forma parte del paquete de las ventas comerciales. Noes es que sea directamente su palabra la que se entrega como parámetro sino todas aquellas que son sus atributos: la satisfacción, el bien estar, el sentido de realización, la consecuencia, vivir en la verdad, el placer, el sosiego o la paz espiritual. No se hacen congresos sobre felicidad así como tampoco tienen demasiado éxito los programas sociales que tienen por palabra eje vertebrante la de amor y solo amor. La felicidad se plantea bajo dos grandes vectores: el relativo al bien estar físico y la comodidad material y el relativo a la exención de conflictos psicológicos, de identificación o espirituales. Por lo que hace a lo primero es difícil concebir la felicidad desde la indigencia de recursos, la pobreza de los medios, el sometimiento a las catástrofes y los límites materiales. Por lo que hace a lo primero es igualmente difícilmente hablar de ella desde la locura psíquica, la ausencia de recursos intelectuales, la imposibilidad comunicativa o la posesión de las verdades. Sea por un lado o sea por otro es difícil conseguir, aislar para un estudio de laboratorio, preguntar y conseguir respuestas fiables de un sujeto completamente feliz. El investigador más metódico fracasará inevitablemente en sus intentos de búsqueda de muestra. Conseguirá, eso sí, una pequeña multitud de seres que se creen y proclaman ser completamente felices, situación ésta que le enfrentará a verificar o desmentir tales declaraciones. Para un diseño de investigación de este tipo, lo mismo que otros en el campo de los parámetros abstractos, el sujeto feliz debe ser estudiado desde su divisibilidad entre lo que cree ser y lo que es, entre lo que piensa y lo que hay, entre lo que tienta y lo que consigue, entre lo que dice y lo que hace. Además no está de más contrastar lo que piensa de sí mismo con la imagen que dimana a partir de la que su entorno opina.
Para medir la felicidad concreta habría, antes que nada, definirla con una definición marco consensuable. El problema ya empieza con este propósito, tan pío como ignorante de las limitaciones de toda definición, especialmente ésta, tan controvertida por su eventualidad de aplicación. La felicidad oscila con muchas variables de subjetividad. Es algo que depende de la saciación material pero también de la ausencia de disonancia psíquica. El buen talante y la alegría ayudan a ella, el optimismo también. Se diría que solo se puede ser feliz reuniendo un ramillete de constantes positivistas en las que no pueden ser dejadas de lado el amor dado y el recibido, la empatía y la aceptación. Por el contrario, la pesadumbre, el malestar, las contradicciones, la discusión continua, el enfrentamiento o la inestabilidad se oponen a ella. Vemos más de cerca si ésto es así.
La ausencia de contradicciones en el talante reflexivo de un individuo no significa que viva sin ellas o que viva en un mundo perfeccionado, tan solo significa la codificación psíquica de una forma mental de actitudes para eludirlas. No tener contradicciones lejos de ser un indicador de sabiduría o de progreso formativo lo es de desconocimiento y de inconsciencia. Vivir en sociedad, pero también vivir con uno mismo en profundidad significa entrar en el campo de las contradicciones. No hay ser humano que no pase por ellas ni sujeto pensante que acceda a la conciencia filosófica sin tenerlas que enfrentar e integrar como partes de su todo personal. Desde el momento en que se vive en contradicción -porque el pensamiento no ignora que es así, diciendo si o no a la misma cosa o persona en función de variables sutiles y coyunturales o extracoyunturales- se incurre en una cierta disonancia mental que se proyecta en la forma de vivir. El ser humano se distingue por ser el animal que más apartado vive de las leyes naturales. Pensar dedica una gran parte de energia a repensar su desarmonía natural. Hay dos métodos para reflexionar sobre el tema de la felicidad: uno, desde la posición de volver a los parámetros naturales de vida tan impedidos por los sistemas modernos de vida basados en el consumismo a ultranza y la falsificación de la realidad; otro, desde una técnica instrumentada para el dominio de los actos personales y ambientales. Para un manual de felicidad práctica (no es un supuesto, existen títulos en el mercado librero en esa orientación) una persona podría/puede ser hipotéticamente feliz cuanto más variables existenciales reduzca convirtiendo su biografía en un reto y una practica de coherencia íntima y de en-ajenación[1], en el sentido físico, no psíquico, del mundo exterior. Es así que la fuga mundi de los monjes, el retiro de los eremitas y la distancia filosófica de los sabios, aun tratándose de tres registros de conducta completamente distintos comparten el común denominador de la distancia y, en cierta manera, de la gelidez ante el mundo y la especie en la que tuvieron sus orígenes.
La búsqueda de la felicidad en el concurso del otro auxiliar para cubrir las necesidades personales contiene un sesgo en si misma. También lo es que la felicidad pasa por colmar todas las necesidades ya que la vida no para de generar nuevos capítulos que las renueva. Buscarla supone el reconocimiento previo de no tenerla. Preguntado el sujeto dicharachero, extrovertido, feliz, encantado de sí mismo y de lo que hace, que le parece todo genial y que está convencido de vivir en el mejor de los mundos posibles y llevado convenientemente a parte de las escenas para su rol para desvestirlo y enfrentarlo al espejo real de su alma difícilmente se mantendrá en afirmaciones estables por mucho tiempo. Se es feliz en la medida en que los límites de la sociedad te lo permiten, también los del cuerpo. La felicidad es relativa y a diario el ser viviente que emplea su inteligencia amplía sus conocimientos que le indican el mar de antagonismos en el que se mueve. ¿Cómo ser completamente feliz cuando a unos metros, en la casa de al lado están viviendo una tragedia? ¿Cómo serlo con guerras en curso y futuras conflagraciones preparadas en los despachos de gobierno o de cuarteles? ¿Cómo proclamarla ante tanta infelicidad colectiva, miserias de distintos tipos, ataques generalizados? ¿Cómo garantizarla en un mundo en el que los parámetros hegemónicos no son los de la dignidad ni la ética? Parece que el prototipo auto definicional de sujeto feliz es mas bien alguien que ignora las verdades del mundo y de sí mismo y consigue estar bien con todo y con todos y en todas partes porque a fuerza de ignorar las funciones ultimas de las cosas y de las gentes le parece todo aceptable y correcto.
La felicidad desde luego no pasa por alcanzar un determinado reto o nivel social o poder adquisitiva, tampoco poder político. La historia de los conflictos humanos demuestra que las persecuciones de resultados, incluso consiguiéndolos, no es lo que proporciona la felicidad. En lo privado, íntimo y desconocido por los demás se puede tener mas solvencia intelectual y humanista que en el más famoso de los paraninfos, en casa se puede tener la misma solvencia que en palacio. Confucio recomendaba, con un consejo que se prestaba a varias lecturas, comer en casa como si se comiera en la del rey. Nadie es menos que el premier de un país y sean cuales sean sus recursos no tiene porque perder su compostura ni su autoestima. La felicidad como objetivo de permanentización en si misma es una quimera. Lo más que nos es dado es encontrárnosla como consecuencia. La reunión progresiva de criterios, incorporándolos uno a uno, destilándolos a partir de la propia experiencia, el sostenimiento de conductas y en suma, una teoría de vida o de existencialidad, procura una felicidad en tanto permite separar la biografía del yo de la de los otros, y el sentido existencial personal de la existencia misma. ¿Pero qué felicidad es esta sino una felicidad filosófica? Se puede diferenciar una de otra como posicionamientos completamente diferentes ante ella. La felicidad en un sentido más coloquial es la convertida en objetivo de consumo desde la compra de las condiciones materiales para ella. Es así que la familia feliz es la que lo tendría todo y no pasaría privaciones. (ya hemos visto que la sociedad de la abundancia ha alienado en exceso a muchachadas que viven sus precarias vidas sin destino consciente). La felicidad filosófica es la que determina la maximización de felicidad en la vida personal a partir de una visión del mundo y del sujeto en general en la instancia cercana de uno mismo. De Jack Kerouack, más allá del disfrute de su texto principal, su imagen la asocié a un estilo filosófico de existencia, instalada en la transfugacidad permanente y en la absorción de una sensorialidad contracultural. Es difícil seleccionar a retratos de gente que haya existido que ilustren esa felicidad filosófica. No sé de ningún filósofo que haya vivido exento de contradicciones, déficits, pugnas e incompletudes. El filosofo lo es porque teoriza los límites junto a los extralimites de la realidad mundana que le ha tocado en suerte/disuerte vivir. Esa reflexión es lo que le posiciona a distancia de las cosas concretas y de las coyunturas. Lo macrocoyunturaliza, y por esa vía lo trascedentaliza. Pensar en vivir por repetido dando la oportunidad en cada bis a vivir de mejor manera los estímulos iniciales. Agripina no entendió de la filosofía a pesar de que contribuyó a la rehabilitación de Séneca devolviéndolo de su expulsión a Córcega a Roma y para que recuperara su rango social encargándole la educación de Nerón, que la filosofía no trata de poseer las cosas sino su comprensión, a diferencia de la política, de la cual fue instigadora y víctima, –añado- que trata posee las cosas pero no la comprensión.
La felicidad filosófica la permite mas dotarse o prepararse para la reflexión y el re-pensar las verdades como asuntos discutibles que no los mejores manjares encima de la mesa. Corrigiendo esta frase diría que no hay mayor manjar que una verdad que si bien no llena inmediatamente el estomago llena la vida.
[1] Enajenación es una palabra de la que se apoderado el léxico psiquiátrico para referir los estados de alienación mental en la que el sujeto afectado pierde el control sobre si mismo. Hay otra acepción en cuyo sentido es el empleado aquí, el de dejar el mundo del otro como algo ajeno en el que no querer entrar voluntariamente para que su potencial de distorsion no desbarate la tranquildiad y cuota de felicidad peresonales.

