Teoria versus Doctrina.
La diferencia entre una teoría y una doctrina se evidencia en una relación distinta con el hacer Desde la teoría muchos haceres se hacen superfluos, desde la doctrina muchos quedan justificados para corroborar la importancia en extensión de unos dogmas. Desde el hacer mismo la disertación de lo que se hace, que el registro ocupacional de la teoría, puede ser mal vista o mal interpretada. El más puro activismo es refractario a toda sospecha de intelectualidad ya que ésta puede cuestionarlo sin miramientos. La diferencia de la teoría con respecto a la doctrina es muy clara aunque a primera vista puede pasar desapercibida ya que ambas utilizan los mismos recursos expresivos, o se valen de un mismo tipo de formatos; ambas pasan por la literatura, por la palabra, por el soporte escrito, por la historiografía y por la disertación. Esas concomitancias de campo y género no tienen porque hacer perder de vista la diferencia de método crucial entre la una y la otra.
La teoría se fundamenta en la razón y en la argumentística, la doctrina fundamenta lo esencial de ella en artículos de fe y en misterios no explicados. La diferencia entre el teórico y el doctrinario es que el primero acude a datos y argumentos mientras que el segundo lo hace a creencias y premisas de fe. Puesto que en una sociedad de la palabra todo vale, se puede enmarañar hasta tal punto una conversación que el doctrinario puede estar pasando durante un bueno rato por alguien que no es: un argumentador, mientras que el teórico puede pasar por una radicalidad conferida por el mismo debate pero que en realidad no tiene. Un teólogo astuto puede hacer incurrir en contradicciones a un materialista apasionado. Pero para un científico sereno que procese racionalmente un tema, el que sea, de discusión, le quedará más que evidente las lagunas de las creencias religiosas y/o dogmáticas por mucho peso histórico que hayan tenido.
La elaboración teórica es algo posible a partir del des adoctrinamiento previo. Solo se alcanza la habilidad intelectual para elaborar teoría si se renuncia a presunciones no demostradas y a afirmaciones de fe obligadas por la tradición.
Vivimos en un mundo en que la humanidad doliente y desamparada pide o sigue pidiendo distintos clases de padres: desde el estado-monarca al dios celestial a la iglesia madre (¿no se la llama acaso la madre iglesia?). La vida que los súbditos aceptan recibir en la tierra es la que esperan alcanzar en la gloria postmortem. Una buena doctrina es para infelices sin demasiadas luces argumentísticas que necesitan conclusiones, no procesos desiderativos. Tu dime en quien tengo que creer y yo creo. ¿No es esta la frase de un sumiso? Mal lo tiene el líder que no da la consigna, que no concreta el final de su discurso con un sí o con un no. Ante la exposición compleja que enlista argumentos a favor o en contra de algo y no se posiciona ante una tesis el auditorio se siente desorientado. ¡No nos ha dado ninguna pauta! ¡Habrase visto! La gente ha buscado históricamente un dedo índice que le marque un camino. La filosofía que ha hablado de pluralidad de caminos y ha dejado su elección al desiderátum de cada sujeto es el pensamiento que menos fortuna ha hecho. Las resoluciones doctrinarias son las que inflaman al personal. La gente no tiene demasiado tiempo para entrar en consideraciones, tenia que embarcarse para pescar o enfrentar las cosechas o irse a la guerra, las bibliotecas siempre se demoraron y aun sigue demoradas. La gente no tiene tiempo para leer, pero hay algo peor, tampoco lo tiene para pensar, prefiere elegir a un marabú o a un emir o a un líder sindical para que lo haga por ella. Comete una doble equivocación tanto en el criterio como en la elección. Con ese criterio, de delegación de responsabilidades, olvida que es cada sujeto el responsable de si mismo y la sede de sus creencias. En cuanto a elegir a un representante no solo le da la voz sino también el poder de cambiarla sobre la marcha. En el fondo de un doctrinario hay un vago mental que no esta dispuesto a repensar las cuestiones de fondo porque le producen jaqueca y prefiere acudir a falacias metodológicas como la de los misterios no revelados o la de la omnipotencia para zanjar criticas fundamentales con respecto a dogmas no solo increíbles sino además insultantes para la inteligencia.
Hay otra diferencia crucial con la doctrina, la teoría no tiene un solo pensamiento valedor unicéntrico, sino que se desarrolla con la colaboración de varias líneas de pensamiento en contraste crítico mutuo. La teoría no necesita un valedor nominal fundamental sino el concurso de aportaciones plural y desinteresado hacia la sabiduría. Por su parte la doctrina se basa en un corpus teórico único y acabado para siempre con ligeras modificaciones a través de los siglos. ¿Hay algo mas absurdo que un adulto reclamando para el feudo de sus escrituras (la biblia, el corán o los upanishads) todo lo que necesita el ser humano para vivir en la tierra? Por su lado la teoría para ser tal debe estar en una revolución permanente de sí misma, en una renovación incesante, en un continuo desbancamiento de la posición inútil a favor de una posición útil. La idea de revolución permanente aquí tiene un significado distinto al que le diera Trotsky[1] con su famosa tesis pero que guarda una concomitancia por lo que hace a desbancarla idea de ibjetivo conseguido. Ni un movimiento social victorioso termina/ba con una toma de poder puesto que la renovación de las ideas y las transformación de la cultura exigían una mayor capacidad revolucionaria a partir de entonces, no hay una teoría definitiva para siempre a no ser de que se convierta en doctrina. Es así que la teoría siempre pide un mas mientras que la doctrina le basta con un cierre de filas y fieles de devoción en torno a la mismo para lo que no se admiten variación alguna por mucho que se cambie de siglos y de acontecimientos. La diferencia entre un sujeto doctrinario y uno teórico es la que hay entre uno fanático y uno racional. Ambos pueden utilizar el mismo backgraound léxico con el que nutrir sus distintos conceptos pero uno los apoyara con el análisis y el otro con la palabra insuflada o la palabra de dios. A fuerza de ser repetida esta noción última sus doctrinarios no tienen el menor sentimiento del ridículo de sus ritos, parafernalias, despropósitos, mentiras y ataques a la racionalidad. A los otros les toca tener sentido de la vergüenza propia –por el escaso desarrollo científico a pesar de los progresos de la técnica- y vergüenza ajena por tener que continuar coexistiendo con mitomaníacos de distintas clases que copan distintos espacios de poder e influencia.
[1] Trotsky.Leon Davidovitch, figura emblemática de la Revolución Rusa y posteriormente de la persecución estalinista.Admiré su capacidad autoorganizativa en el exilio mexicano y su pasión por las fuentes documentales y primarias de los contextos en que fue protagonista.Admiración reforzada por su capacidad en la oratoria y en la persuasión de públicos masivos.Admiración que no quedó contrarrestada por la certeza de su función represiva en el desarrollo del Ejército ruso. Posteriormente, la reinterpetación de sus circunstancias históricas, lo dejaron para mi opinión como un victimario temporal, cuyas correctas críticas antiestalinistas no lo libraban de sus propios errores conceptuales, a pesar del valor de su tesis de revolución permanente.Los trastornos asociados a su condición de reprimido o a su calidad de diana por la rivalidad históirica de su principal enemigo no lo desensibilizaron tanto como para no ser un fervoroso amante de la vida.Roberto Benigni rescataría y revalidaría posteriormente una de sus frases: la vida es maravillosa,algo que pudo decir incluso en las circunstancias mas adversas.

