Conversaciones con el policía.
Conversaciones en plural y policía en singular. Las unas son fragmentos que configuran la escena del súbdito que debe obedecer y del ejecutor del poder que debe recordar o marcar las normas. Siempre he tenido la sensación de que un policía es la misma persona con distintas caras o uniformes o idiomas o colores de la piel. No pasa de decir los mismos predicados por los cuales ha sido contratado y no pasa de desarrollar su inteligencia particular más allá de lo que le exija su puesto que para ejercerlo no ha de ser muy elevada. Lo que es más el policía cuanto más tonto y musculoso mas conviene a un estado. Al igual que cualquier aduanero el policía pregunta cosas cuyas respuestas no puede evaluar porque no tiene capacidad para ello. Simplemente es un servidor del estado y el primer sometido a una estructura jerárquica de poder. Cobra por obedecer, es decir ha vendido su criterio personal a cambio de un salario. No en vano los servidores del estado son los que mejores condiciones tienen del funcionariado en cuanto a salarios y jubilación. Esto es especialmente notorio en países africanos en los que sus miserias y bajos índices de desarrollo no les prohíben tener bien amordazados a sus cuerpos policiales. Sentada esa premisa toda conversación con un policía esta condenada al fracaso. En una ocasión con uno de ellos lo comparé a una piedra. Estaba seguro que el valor de una piedra era superior al suyo. Jamás intercambiaría una sola piedra de mi colección por la vida de uno de esos tipos. ¿pero como? La vida humana es sagrada ¿serias capaz de no salvar la de uno a cambio de dar una de tus malditas piedras cogidas de lechos de ríos, de bosques y de playas? Pues sí. ¿Si solo son piedras? En efecto y los policías sólo son policías. Todo lo contrario a lo que se espera de un ser humano: un pensante como mínimo por cuenta propia. No, quien obedece órdenes que ni siquiera se cuestiona ni puede demostrar que sirvan para algo, ha perdido para mí el criterio de persona. Al menos una piedra es una piedra, pero una persona que ha vendido su personalidad a cambio de un salario no es nada. Esto que dices es muy duro. Puede ir en contra de los derechos humanos. Los derechos humanos –respondo- son para los humanos que los cumplen, por lo general una enorme cantidad de policías corruptas de todo el mundo en lugar de garantizarlos matan a quienes luchan por ellos.
Pero no todos son mediocres tal como los pinto. No, no todos. He tratado con algunos de ellos conocidos en el ámbito de las relaciones personales, no tanto porque los buscara como porque sus contactos me vinieron dados por personas intermediarias de las que éramos amigos ambas partes. En el dialogo personal y privado puedo asegurar que algunos piensan, pero eso en lugar de ser un elogio introduce una variable en la polémica mas difícil de calibrar. ¿Cómo es posible que un pensante real acepte meterse en un cuerpo policial de un estado sabiendo las historias perversas que se cuecen en sus laberintos? La criminología puede ser apasionante y un estado a fin de cuentas es una gran familia en la que cabe multitud de funcionarios. La falta de ética de unos no tiene porque ser la norma de todos.
Un policía no es más que un ejecutor de la ley y la ley la decide la sociedad. Teóricamente es así en la práctica no. Un policía es un tipo con una cuota de poder y una psicología ad hoc para ejercerla. Lo que menos tolera un policía es que sea descubierto in fraganti en sus estupideces. Alguien me contó como en un control aduanero en un aeropuerto un policía que miraba al revés el pasaporte que le dio le dijo que no estaba en regla. Ese repuso que en efecto no lo estaba porque lo estaba mirando al revés. El policía contraatacó diciendo que el solo entendía ingles, a lo cual el pasajero repuso que también lo hablaba, idioma en el que no estuvo a la altura el otro. Doblemente humillado le devolvió el documento diciéndole con el dedo que a la próxima vez que pasara por allí se las tendría con él. Ese es el perfil del verdadero policía. Un estúpido y punto.
Evidentemente no siempre es así. Los aparatos de estado en su complejidad de control en sociedades cada vez más complicadas han montado academias de policía y ha tratado de dignificar la profesión reduciendo las cuotas de burrología y corrupción. Lo primero que aprender un policía es no entrar en discusión con un súbdito. Cumple órdenes y ya está. Cuando he sido interceptado por alguno y la persona compañera en mi vehículo ha tratado de darle explicaciones yo he atajado el tema diciéndole: es un policía dando a entender que no se puede esperar ninguna comprensión del mismo. Odio a la policía ¿se nota? Llevo años conviviendo con ese sentimiento. Mi sueño ideal pasaba por un mundo sin policías con gente madura capaz de autor regularse a si misma. Sé que es una quimera. Ahí donde no hay la autorresponsabilidad individual debe haber algo o alguien que lo garantice. Tras cada enunciado normativo termina por haber alguien que haga de policía, lleve o no un uniforme, cobre o no por eso. No siempre. Depende de la madurez de cada persona y una nueva tradición auto organizativa de cada lugar. En principio el poder de argumentación que acompaña una disposición es o debería ser suficiente para su aplicación regular. Acudir a la instancia punitiva puede convertir un incumplidor de algo en un saboteador consolidado de lo mismo. Antes de hacerlo convendrá recurrir a formas intermediarias de mediación y educación. Cuando se agotan todos los medios persuasivos y alguien sigue insistiendo en una conducta antisocial aparece la figura represora, su marco teórico ha sido dado, las condiciones objetivas empujan a ello. Mientras la sociedad no resuelva sus problemas y limitaciones por la vía de la comprensión y la ilusión colectivas y tenga que acudir a la figura represora la humanidad está perdida. Una parte de ella sale defectuosa en el proceso reproductivo. Esa tesis es peligrosa pues lleva(ría) a pensar en la escisión social entre una parte elitista de la sociedad que merece pertenecer a ella y otra parte imperfecta que debe ser excluida. En todo caso la ley es una elaboración que concreta una moral o una ética de comportamiento. No hay modelo social que haya podido funcionar sin ella. Su establecimiento delega en la palabra ordenada y escrita el peso de la sociedad contra sus infractores. Si este peso es a través de agentes profesionalizados o no es algo secundario. Cuando no los ha habido un conjunto social ha tomado la ley por su mano y ha aplicado el código. Los linchamientos no han sido más que formas sumariales de ajusticiamiento. Frente al transgresor que supera el límite de lo tolerable para entrar en el campo criminal al mal que hizo contra lso demás cabe contraponerle un mal que lo corrija. En una imaginaria discusión entre un ácrata y un aristócrata ambos terminarían por ponerse de acuerdo en la necesidad de una reeducación de la conducta incapaz de vivir socialmente. Aristóteles ya comparó el mal que se hace por voluntad al que se hace por fuerza calificando de mucho peor el primero.
Las conversaciones con el policía suelen rondar en torno al tema central de la libertad personal versus la libertad ajena o pública. El policía discute un determinado comportamiento (desde el exceso de velocidad a tirar pieles de plátano o colillas en la vía peatonal) en aras al ataque que supone a la libertad de los demás que pasa por su seguridad. El infractor no puede apelar a que tiene prisas o a que no hay una papelera cerca. El policía aplica la sanción decidida en otra parte y por otra persona. Lacordaire definió la libertad como el derecho a no perjudicar a los demás. Definida asi hay que tomarla como una obligación o en todo caso como una precaución y sumo cuidado de no ejercerla en contra de la que ejercen los demás. La libertad no se limita a un derecho reconocido, es fundamentalmente una actitud constructiva y respetuosa con la vida. Como la libertad supone la responsabilidad, según Shaw, es por eso que la mayoría de lso hombres la temen tanto.
En una ocasión que vi a una pareja joven preparándose un sándwich en la acera junto a un árbol y que daban la nota de ser viajeros sin recursos estuve tentado por un momento de ofrecerles mi ayuda. Un instante antes de hacerlo tiraron un envase al asfalto. En lugar de dársela el gesto me disuadió totalmente para no ofrecérsela.
Todas las conversaciones que he mantenido con uniformados de distintas policías pasan fundamentalmente por el tema central de cómo deben autor regularse las conductas y hasta donde deben extender sus prerrogativas. Inevitablemente toda critica en profundidad lleva antes o despues a aguantar la amenaza de ser detenido por insubordinación o no acatamiento a la autoridad o no sé que formula verbal emplean para imponer su poder. Lo que menso aguanta un policía es ser ninguneado, no ya por no hacerle caso cuando no se lo merece sino por demostrarle lo estúpido que llega a ser.
La sociedad ideal en la que no haya policías ni uniformados ni desuniformados deberá esperar algunos siglos por no decir milenios. El policía no es más que la prolongación legal del puño descargado, por tanto de una fuerza que uno no tiene o no quiere o no puede emplear en un momento dado. Todo mi anticapitalismo y mi posición anti policía por décadas que hayan pasado desde haber tenido el primer contacto serio a los 17 años y ser detenido por estar durmiendo en una playa apaciblemente no me quita que les haga jugar el rol de peones que les corresponde en la gran partida de ajedrez que es la vida. En mis observaciones de campo tengo muchas notas referidas a comportamientos policiales delirantes. Tantas que he llegado a la conclusión que un personaje uniformado es un sujeto que lo primero que aprende y por lo que es instruido es a no pensar. Cuando en alguna ocasión la conversación se sale de madre uno de ellos que se persono al ser llamado en una reunión de una comunidad de vecinos amenazada por una vecina loca propuso la restauración de la pena de muerte para estos casos. No comment.
La sociedad en su, todavía, etapa infantil de desarrollo necesita gastar billones de euros por su incapacidad en autor regularse. Necesita gente con pito y armada para poner firmes a todos los sospechosos, tanto los criminales de facto como los supuestos como todas aquellas conductas disidentes que se desean criminalizar por la vía rápida por temor a que trastoquen un viejo orden social por otro mejor. Todo lo que puedo hacer por un policía de pelotón cuando me toca hablar con él es tomarlo por lo que es: alguien que no ha tenido más luces para ser algo mejor en la vida y se ha puesto a controlar a los demás a cambio de un salario fijo y ninguna idea propia.
Paco Rabanne dijo que ante la libertad lo primero a hacer es aceptarla, lo segundo planificarla y lo tercero disfrutarla. Hacer las tres cosas es perfectamente posible sin dañar los intereses de nadie, algo que jamás puede entender la psicología policial.

