En la Autopista
Mario se despreocupó del paisaje y empezó a besarle la oreja y a recorrerle el cuello para incursionar en su pecho a través de la blusa y palpar otras zonas como el bajo vientre notando su tersura plana.En su primera exploración ya trató de desabrocharle todo lo que pudo,pero las condiciones no daban para mucho.
-bueno,calma calma cariño-dijo la duquesa,mientras tomaba la desviación para una aire du repós.Déjame probar tu boca,- y lo besó con profundidad. Tanto ella como él tenían ganas de disfrutar pero la duquesa manifestaba su clase a cada detalle-Si no tienes mucha prisa, podemos detenernos en un motel de autoroute y hacemos el amor-propuso desinhibidamente.
-Estoy de acuerdo.Aunque por la hora que es deberíamos pensar en comer.¿te parece? Yo invito. -dijo el autoestopista haciendo un cálculo inmediato si podía permitirse pagar su comida y la de ella en un restaurant.resolviendo automáticamente que sí podía hacerlo.A Mario nunca le había fallado el criterio de vivir el momento, el después y el mañana están tan lejos que tal vez no existan nunca, y la verdad es q. hasta ahora no le había fallado su manera de pensar así.
-Muy bien primorcito, sigamos hasta la próxima área de servicio,allí encontraremos de todo: mesa y cama,-dijo la conductora volviendo a ponerse en el flujo automovilístico.- debo decir que éste beso ha sido de película y te confieso que desde el momento en que subiste al coche, lo estuve presintiendo y deseando.
-¿tanto te gusto?-preguntó ingenuamente Mario
-Me chiflas,se me han abierto todos los poros y puedes imaginar que lo otro también.-dijo la duquesa-
-¿No serás una de esas malvadas del sexo que se comen a la víctima después de hacer el amor con ella, verdad? preguntó Mario disimulando su inquietud pero desarmado ante la iniciativa de la mujer.
-No temas.solo recibirás de mí mimos y dulzuras.
Aquella tarde de habitación anónima, se convirtió en noche y no fue hasta la hora de comer del dia siguiente, que no volvieron a rescatar los lugares públicos. N ninguna parte de los dos quedó sin ser tocada, mirada y besada. Los dos desconocidos eran ahora dos entrañables amantes.
-Es estupendo tener todo el tiempo del mundo. ¿A ti te esperan? -quiso indagar la mujer-
-No, no me espera nadie en ninguna parte. Voy haciéndome con direcciones de gente que conozco por el camino,con la presunción de visitarles alguna vez,pero no hay nada acordado.
-Llevas mucho tiempo viajando?
-tan solo algunos meses,pero me gustaría pasarme años así.
-Ya sabes lo que se dice de todo viajero sin rumbo.¿que es alguien que quiere escapar de sí mismo?
-Tienes razón amor mío.pero tampoco sé de que escapo exactamente de mí, o que cosas quiero experimentar en el mundo.Posiblemente una de las cosas era ese encuentro.ser levantado de la carretera por una mujer despampanante como tú y que se liara conmigo.
-Y ahora que ha sucedido ¿como te sientes?
-Estoy en el cielo como puedes ver,pero con el miedo a descender otra vez a la tierra,a estrellarme y partirme en mil pedazos.
-¿porqué dices ésto encanto? -preguntó con ternura la duquesa-
-Yo ayer estaba en la calle y tú me recogiste con tu “carroza de oro”.Tú mañana volverás a tu mundo y yo volveré a quedarme en otra carretera.
-¿de que literatura trágica te nutres? tanto tú como yo somos hijos de la vida.Los dos somos hermanos que nos ha cruzado el destino.Quisiera unir el mio al tuyo y abrir tus escotillas para que te dejaras enamorar.
-No vas muy rápida.solo soy un autoestopista sujeto a su percepción y a lo cambiante de todo lo que pueda ir viendo. ¿no temes a mi volatilidad?
-En absoluto queridito.Siempre he ambicionado a alguien con decisión para ir con lo puesto a recorrer el mundo.creo que hay que tener mucho valor.Es como si desde la precariedad se tocara la luna.
Los siguientes días continuaron viajando juntos.Y apenas si ella le permitía que pagara las pequeñas consumiciones en pequeños bares donde se detenían.Estuvieron en el casino de Montecarlo donde ella jugó y perdió una importante suma de dinero, que podía indicar su posición social.Estuvieron en multitud de habitaciones de hotel,donde invariablemente hacían el amor,sin cansarse ni dar muestras de fatiga. En Atenas, caminando a su lado, Mario descubrió la sensibilidad de ella y la suya propia, por el arte y los clásicos. Todo había empezado allí más de 2500 años atrás.
-en cierta forma todos estábamos contenidos aquí,entre estas piedras y los discurso que escucharon,dijo la duquesa durante la visita al Partenón.-sin que Mario entendiera muy bien a que se refería.De lo que estaba seguro era del enorme y creciente atractivo de ella. en algún momento de aquél viaje,ella había dejado de ser un episodio fantástico para convertirse en alguien tan interesante, por quien empezaba a desear una perpetuación de aquellos días y momentos. el terror a la pérdida y a la seguridad que le daba empezó a corroerle y al mismo tiempo a tener que reconocer que uno de sus principios básicos de viaje: el de no ataduras y apegos a lugares y personas, estaba a punto de ser incumplido.
-Estoy muy bien a tu lado.¿y sabes porqué? porque veo el mundo a través de tus ojos, que no están tocados por la rabia y el resentimiento, sino por la felicidad y la ternura.-le dijo mientras recorrían una sala del museo de arte.
-Eres un poeta nato.supe desde el principio que el cielo te puso en mi camino para juntar el de los dos en uno.Afirmó en su tono ideal de misterio. la duquesa se deshizo del auto y viajaron juntos hasta Israel, para luego seguir por el Líbano y Jordania,sorteando milagrosamente los controles aduaneros en lo que hacia a los visados israelíes. Fueron a Siria y siguieron por oriente medio. El cambio de cultura,hábitos y geografía unió mas a los dos viajeros. su aventura estaba siendo tan increíble como fantástica. Ella se ocupaba de él en todo,aunque él le restringía sus atenciones y sobre todo sus compras.
-ahora que estás tú me doy cuenta que tengo presente tus medios y posibilidades.cuando no estabas, también salía del paso con otros recursos.
-Líbrate de éstos pensamientos.el dinero es para gastarlo y el destino ha querido que sea yo quien lo tenga y lo gastemos juntos.Es solo una cuestión de probabilidades entre tenerlo y no tenerlo. Eso no me hace a mí mejor, ni a ti peor.-y lo dejaba convencido hasta una siguiente ocasión en que Mario ,quizás por la resonancia de estar siendo un mantenido, volvía a plantearle dudas de ese tipo-
-Seguramente tu modo de pensar no es compartido por tu familia o por la gente de tu clase.-le decía-
-Ya salió lo de “gente de mi clase”. Te diré lo que es mi clase: un grupo humano superficial, lleno de hipocresías y engaños.es gente que nace y muere en una probeta sin saber nada de lo que es el mundo y lo que siente un ser humano. Le contestaba la duquesa con un cierto enojo y con un plano de resentimiento que el autoestopista- todavía imbuido por la idea simple del blanco o negro- no alcanzaba a entender.
Pasado un tiempo de idilio y diversión, los caminos se bifurcaron. Mario quiso ir primero a California y luego a Katmandú , quizás para dar con la horma de sus zapatos aquietados o con sus sueños. Y la duquesa añoraba recepciones y efemérides de alta sociedad y el concurrido mundo de las apariencias,que tanto decía repudiar.
Se despidieron como buenos amigos en otra estación de servicio,en otra autoestopista.el para seguir su ruta peregrina y de vagabundo moderno, ella para avistar otra aventura o para mirar al mundo desde sus posibilidades de bella y adinerada.
-Ya sabes si necesitas algo, llámame desde donde sea.No importa en que parte del mundo estés. ah, prométeme que me enviarás una postal -le dijo al despedirlo, y se lo prometió. Unos meses después Mario sentado en el porche de una comuna californiana cumplió su promesa enviandole una postal y una bonita foto del lugar donde estaba instalado.Asia iba a esperar un poco más.
Mario envió su dirección, pero nunca obtuvo respuesta.Después de un tiempo en una revista “del corazón” encontró un reportaje de su boda con un aristócrata conocido. Vaya-musitó para él- cada ave regresa a su corral.Pero nadie era juez de nadie y no sería él quien daría lecciones de ética a la duquesa.
El estaba contento de haberla conocido y de haber pasado unas semanas juntos.Aunque nunca más volvieran coincidir esa experiencia sería única y sabrosa, y estaba seguro que ella estaría de acuerdo. Por lo tanto la disculpó que sus nuevos códigos (quizás cárceles) la impidieran escribirle.Su pequeña historia de amor había tenido un principio bonito y un final sin decir adiós.
Mario siguió recorriendo el mundo por los deseos que imperaban en su corazón. Al final de las vueltas y de cientos de autoestopistas y carreteras repetidas, llegó a una conclusión, que de hecho ya tuvo siempre como una premisa: no hay otro Edén salvo el que uno crea en su interior.Después de todas las sensaciones vividas, llenas de cromatismo y de placer quedaba la reconexión con lo pendiente: la vuelta al universo de lo cognitivo, de la vida estacionada, de la creación sólida y de los resultados. Las experiencias múltiples de anécdotas y situaciones quedaban atrás como un fondo de verdades para avalar conclusiones de vida. La gente que lo integró eras distinta a la gente que integraría su actualidad de profesional mas o menos acomodado e integrado en las reglas de juego de la sociedad impositiva. A fin de cuentas él también pertenecía a una clase a la que volvió,sustraída de los problemas graves de la humanidad y suficientemente lejos de los conflictos armados y teñidos de miseria. Su vida de aventura y su potente imaginación actuaron como ingredientes para ser un creador literario y un guionista.El resto de geografía que no visitara acabó viviendolas con la recreación imaginaria que hizo de ellas.Y el mundo se transformaba en el gabinete de escritura.