Separada y con Hijos

 

Me dijeron que, hace no tantos años, vivir en un país como el nuestro, sin estar casada y con  un bombo por vientre,  determinado por un espermatozoo ignorante de las reglas del juego, era poco menos que reunir el perfil para ser lapidada. A falta de piedras y de mayorías criminales, la sociedad cambiaba tormentos de hogueras y muertes sanguinarias, por otros flagelos  sutiles como el  del dedo acusador. Afortunadamente para mí, vivimos yo y mis hijos en otro tiempo sociológico en el que las cifras de mujeres separadas ha ido en aumento consiguiendo, incluso, una cierta simpatía y comprensión por la mayoría de la sociedad.  Esto está bien y me complace. Pero me pregunto, tal como se habrán preguntado alguna vez todas las mujeres que han pasado por ésta situación, ¿qué puedo hacer yo a la media edad y con el cuerpo ya no tan llamativo? ¿qué puedo hacer  después de haber parido a tres criaturas y quedarme yo a su cargo? ¿qué puedo hacer cuando no  pertenezco a una clase adinerada y ni siquiera puedo contar con mi familia legítima? Demasiados preguntas que me dejan inerme, exhausta y dolida, por saberme obligada a una vida para la que yo no había nacido. Así es, obligada a una situación que yo no creé, me toca pringar con una descendencia para la que su padre biológico hace poco menos que molestar.

Él, Fugilmiro, sí que se la ha montado bien. Está con los niños para los momentos buenos, para jugar, para reír, para ir de vacaciones o al cine. A mi me ha tocado aguantarlos el resto del tiempo para todo lo malo y todo lo demás. Sí, sin duda hay momentos muy felices y entrañables con ellos que jamás cambiaría por nada ni hay oro que pueda pagarlos. Pero metida en la lucha diaria por la subsistencia eso me ha ido cambiando el carácter. Me ha convertido en una celosa y  una desconfiada, hasta el punto que si me enfrento con la mirada espía de algún varón desconocido experimento asco o si me silba al pasar, ya ni si quiero me entero que su piropo balbuceado va por mí. Definitivamente me hice vieja antes de hora. Eso me ha cambiado la cara, me ha producido ojeras y ni siquiera me apetece cuidarme como antes. Ya no salgo porque no tengo tiempo para salir. Ya no me paso horas ante el espejo maquillándome porque he dejado de mirar mi propia cara.

No existen las fiestas para mí. No tengo lugar para el futuro. No tengo nada. Sí, sí,  tengo los hijos, alguna paga misérrima para sacarlos adelante, la energía de madre y el consuelo, tal vez, de no ser la única. Si otras han pasado por este trance y lo han superado, yo también lo conseguiré, me digo a mi misma para convencerme en  los momentos más bajos.  Las mujeres somos fuertes, por eso nos hacemos cargo de la descendencia. Sin mujeres no habría humanidad. Eso he oído.!menuda gracia¡ ¿de qué me sirve a mi que la humanidad  siga otros miles de años en el planeta? Eso no me va a resolver mi situación actual, mi ahora patético. Vivo la vida de una desgraciada, aunque yo internamente sepa que las cosas se han torcido de tal manera en gran parte por mi culpa. Todo se había organizado para que el hombre con el que me habría ido con él a las quimbambas enfrentara los problemas como un hombre. Desafortunadamente todo lo que tenía de macho en la cama le faltaba con creces en las cosas cotidianas. ¿Qué voy a decir? ¿que era un vago, un alcohólico, un maleante y además me abofeteaba? Un día vi claro que no podíamos seguir juntos y le canté las cuarenta. Los dos teníamos algo de progresistas, no nos habíamos casado. Yo siempre había confiado en su palabra para ayudarme con los niños. Pero no fue así, un día me di cuenta, poco después de los 35, que mi vida había sido un fracaso y ya no había nada que hacer para restaurarla. Me quedé sin trabajo, sin cuerpo, sin plata, sin beneficios, sin deseos de vivir.... Todo se había combinado para meterme en ese agujero del que apenas asomo la cabeza desde entonces

. Siempre hay alguna guadaña que quiere cortármela. Hay demasiados bellacos que vigilan. Gente  espía al servicio de la moral. Yo no pertenezco a la farándula de la gente de etiqueta. Me dejé preñar, todavía joven por un hombre del que ni siquiera estaba completamente convencida. Enamorada, sí, locamente enamorada haciendo de estúpida novicia en un mundo hecho por hombres confabulados para castigar a las mujeres. Bueno ya sé que exagero. No soy una paranoica que ve conjuras y conspiraciones a cada esquina. El caso es que tras unos cuantos años, en parte por mis exigencias,  en parte por su aventuras, me abandonó. Aunque yo lo echara siempre me he sentido como una abandonada. A la vez me puse más fea o mis atractivos ya no lo traían a casa. Ni a él ni a nadie, Tal vez me dejó por otra más joven con más marcha y con el vientre plano por ser todavía infecunda. Sea lo que fuere, me quedé para vestir santos, es decir para criar sola a mis hijos y sacarlos adelante. Soy una mártir como otras tantas mujeres. ¿Cuándo habrá mujeres en el poder para  hacer leyes en contra de los hombres? ¡Pero qué digo! Hay de todo, tanto en hombres como en mujeres. He conocido fulanas que desde su primera edad de tener razón han ido a la caza de hombres como seguros de vida, cuanto más guapos y ricos mejor. No les ha interesado para nada ni su cultura ni su honestidad. He conocido otras que se han pasado la vida hablando de derechos igualitaristas pero a la hora de repartir bienes se han quedado con la mayor parte. ¡Esas son mayoría! De alguna manera las mujeres se las arreglan para crear sentido de culpo en los exmaridos que para descargar su conciencia aflojan la pasta. Hay un tercer grupo que han practicado una cierta idea liberal del amor, no sólo por los goces del sexo  y de la pasión sino porque  se han iniciado en el mundo de los sentimientos con la herencia del conocimiento de una larga tradición de desengaños que han tenido las mujeres durante toda la historia. Yo pertenezco al tercer grupo. Sabía en lo queme metía. Los hombres te dejan el semen dentro pero tú eres quien apoquinas con los resultados. Incluso en el mejor de los casos que un hombre no te abandona, es la compañera la que tiene que ocuparse de todo: de la casa, de la crianza de los críos y, por si fuera poco, de la imagen de cara afuera. Una mujer es la protagonista en todos los asuntos que se mete, el hombre es sólo un espectador por no decir un transeúnte.  Yo sabía todo eso antes del primer embarazo, pero admití seguir adelante con el, aunque Fugilmiro expuso su desacuerdo. Lo convencí para el segundo y vino de penalti el tercero, (debo decir aquí, que de otro hombre, pero que se lo coloqué a él como si fuera hijo suyo). Con tres criajos éramos familia numerosa y Fugi empezó a cambiar de conducta: me deseaba menos, apenas me hablaba y no toleraba la menor crítica.  Por media docenas de veces llegó a cruzarme la cara. Le perdoné las primeras cinco y no le aguanté la sexta. Desde entonces, todos los años que fueron siguiendo sólo nos veníamos para la entrega o recepción de los críos. Algunas veces ella se hacía acompañar por la amiga del momento y yo hacía otro tanto. En las apariencias nos comportamos como unos  civilizados.

Todo el mundo que conoce mi historia, no pasan dos frases antes de enumerar  sus críticas a mi ex. Bueno, no todo el mundo, algún psicólogo que he visitado me ha permitido hablar hasta el final sin emitir ninguna crítica  a él y, ahora que lo relato, tampoco a mí, No deseo hacer un análisis de todo esto. Solo soy una mujer envejecida que ha perdido su vida y ni siquiera tiene una explicación para eso.

Sé que soy una inocente pero algo en el fondo de mi me hace sentir culpable. ¿Porqué acepté tener hijos si eso me ha atado de por mi vida, me ha dejado sin futuro, me ha convertido en una doméstica de ellos? Ese resultado me hizo odiar al género humano en general y al masculino en particular. Lo primero sería mi emblema para el resto de mis días y en cuanto a lo segundo de  tarde en tarde me permitía alguna excepción. Sí, es verdad que la mayor parte de mi tiempo la pasaba ocupada en ganarme la vida trayendo algo de dinero a casa y criando a mis pupilos, pero el cuerpo hablaba por mí y a veces sin darme cuenta, sólo por cruzarme las piernas y  notarme el sexo ya me ponía a cien y orgasmaba con pasmosa facilidad. Otras veces alguna figura masculina cruzada en mi  camino me hacía recordar que mi vida podría ser mas feliz al lado de un ejemplar como aquél haciendo el amor a todas horas como una bárbara. Pero yo ya no iba a dar ningún otro paso buscando  quien me metiera su pene o su lengua  en el chocho u otorgando mis favores a cualquier otro hombre. Los hombres eran la chusma de la humanidad y ninguno era fiable. Ese era mi decreto y no restaba dispuesta a  cambiar de opinión. O no lo estuve hasta que un día, un hombre que vino a caer por coincidencia a mi campo de infortunios, me desnudó con su mirada y yo me sentí más desnuda que nunca, a pesar de no quitarme los jeans ni enseñarle el ombligo. Tal como él lo hizo, no me había mirado nunca nadie así en el pasado y por una vez en mi vida sentí que alguien me miraba a los ojos y al alma y no solo a las tetas y los glúteos. Debo decir que yo soy más bien fea, tengo un cuerpo escultural bajo una cara cortada a hachazos. Toda la película de mis vicisitudes ha dejado profundas huellas en mi cara. Me sentí tan seducida por el chico que admití su invitación de dar un paseo (ni siquiera propuso ir a una cafetería),en el curso del cual le propuse de que viniera a conocer mi casa. Una vez allí se desató mi furia salvaje de otros tiempos, tan pronto le puse punto final al relato de mi vida de desgraciada y sin recursos, y me desnudé para él. El dejó que me quedara en cueros. Luego  tapé mi rostro con mis pantis y le entregué mi cuerpo. El me troceó como un filete y sacó de mi atrotinada anatomía media docena de orgasmos. Por su parte repartió sus volcadas seminales por todos mis agujeros. Acababa de volver a la vida. En aquel preciso momento supe que yo todavía estaba hecha para atraer a los hombres, que era una masa de orificios para aliviar su sufrimiento ajeno, y a la postre el propio, y que podría tener una relación exclusivamente mecánica, pero no menos satisfactoria, jugando mi papel de lagarta. También supe que podría enamorarme de la belleza pero no de los sentimientos, puesto que no creía en ninguna de las cosas que me dijeran.

Alguien me diagnosticó de perfecta neurótica y lo acepté.¿qué necesidad tenía de ser equilibrada dentro de un mundo desequilibrado? Yo ajusté mi locura a la locura general y me hice  tanto más atrevida, siempre con mis pantalones muy ajustados y mi suéter dejando adivinar que iba sin sujetador. No sé por qué. Lo hacía porqué podía pasarme meses sin acostarme con nadie, aunque cuando lo hacía disfrutaba como dios. Con otras infortunadas, mujeres separadas y con su cargamento de vástagos a la altura de sus rodillas, me decían lo mal que quedaban si se les acercaba algún amante en perspectiva, especialmente casado: y añadían, lo frustraste que resultaba quedarse solas después de hacerlo y que ellos las abandonaran a la mitad de la noche. Yo, por el contrario, afirmaba mi total libertad de estar con quien quisiera y cuando quisiera. Y no es porque lo proclamara-lo juro-pero en mi interior me sentía beatífica y en paz tras ser rociada de esperma y dejada porque un hombre pretextaba algún cuento para irse. Todos los hombres que no se quedan durmiendo contigo es porque les espera-o controla- otra mujer en otra cama. Me seguí ocupando de mis hijos hasta que fueron mayores y se fueron marchando de casa y yo seguí sacando goces a mi cuerpo con innumerables amantes que pasaron por mi vida, entiéndase, por mi cama y por mi culo, aunque no por mi corazón; el nombre de la mayoría de los cuales he olvidado. Si alguno aparecía con romances y hechuras de poetas haciéndose el pretendiente y proponiendo futuros o diseños familiares, eso me hacía reaccionar con lo peor de mí, tratándolos como inmaduros, utilizándolos para mi gusto particular y echándolos, antes de que decidieran marcharse. Finalmente la crueldad fue algo que también me atrapó, acabando por no sentir lo más mínimo por haber desencantado la pasión de algún loco enamorado de mí. Y eso es todo, lo cual no es poco, siendo una mujer que he vivido una vida determinada por mi ignorancia, la cual fue la motora de mi sabiduría posterior puesta en años y en carnes. Sabiduría afirmo, aunque ya no me sirvan en un tiempo en que mi culo no voltea  las cabezas de antes  y mi  cuerpo está para un próximo féretro.

Soy  un panegírico de torpezas y  cicatrices. Ya he pasado la cifra de los cincuenta  y sigo practicando el sexo en la medida en que  las circunstancias me lo permiten. No tanto. Los hombres son bastante guarros. No suelen lavarse adecuadamente, a partir de cierta edad no contienen sus pedos y sudan en exceso. Además se creen con el derecho de no tener modales porque saben que soy fea. Instintivamente piensan que fealdad es igual a suciedad.  No tengo ninguna vergüenza en decir que la mayoría huelen mal. Aún así, tengo un par o tres de amigos con los cuales practico sexo de vez en cuando.Ya no es como antes. No necesito hacerlo cada día como cuando era una fiera, ni siquiera una vez por semana. suelo quedar un par o tres de veces por mes. Los muy burros creen por separado que cada uno es el único. A ver, voy a contarlos, Josema, uno, está casado y es ingeniero; Roberto, otro, lo conocí en una parada de autobús y la misma tarde estuvimos haciendo el amor en un hotelucho;  luego está Eduardo trabaja en un escuela de Adultos y se cree bastante inteligente, aunque tiene barba y los dientes negros. Lo complazco es mas tonto que alguno de sus alumnos que h e pasado también por la piedra. Me falta uno: Silvestre, al igual que los otros también esta casado y tiene criaturas. Nos lo pasamos bien. Me invita a cenar y me lleva después con su coche al bosque donde hacemos el amor de pie junto a un  árbol. El elige siempre el árbol. Al parecer eso le da un morbo extra. Los cuatro, sí son cuatro, ahora bien contados, se han ido sumando a una lista que yo no me propuse.  Alguno me deja algo de pasta encima de la mesita de noche sin yo pedirlo. Pero al no rechazarlo eso me ha convertido en una puta verdadera. No sé si verdadera o simbólica, pero puta a fin de cuentas. Puesto que ninguno por su cuenta puede estar siempre que lo necesito y eso lo comprendo. Quiero aclarar que no soy exigente. Entiendo que cada uno tiene sus obligaciones domésticas, sus esposas oficiales y sus hijos haciendo carreras universitarias a todo trapo corriendo tras un pedigree que convencerá a su entorno inmediato. Yo solo soy un capricho con un cromo que no lo querría para mi peor enemigo.¿quién se haría cargo de una mujer como yo, fea, ajada, con un catálogo de problemas y con una reseña biográfica de espanto? Me paso insistiendo en ser un adefesio, pero es la verdad. Supongo que los años de coca, porros, y aventuras miles, le están pasando la factura a mi cuerpo ahora. Preveo una vejez llena de achaques y dolores. Consulté a alguien de esos que tiran el tarot en la vía pública y ponen cara de expertos. Me pronosticó la negrura absoluta para mi interior: me estoy pudriendo por dentro. 

No me hago ninguna ilusión y mi único gozo es un polvo de vez en cuando. Siempre creo que el último orgasmo, orgasmo que consigo con el amante de turno, por genial que haya sido puede ser definitivamente el último de mi existencia, No espero nada más. Por eso nunca llamo ni insisto. En eso soy una puñetera mujer  andaluza clásica. Si alguien quiere algo de mi: sexo o compañía que pringue, que me busque, que me seduzca. Ya sé que no estoy en condiciones de exigir. Las marcas del tiempo se han cebado con mi cara  que para nada es dulce. De hecho soy una figura que atrae las miradas cuando se me ve de espalda y que espanta cuando se me ve de cara. En una ocasión recuerdo que un hombre me ofendió especialmente: Me dijo: haré el amor contigo y te pagaré si te pones un pañuelo en la cara. ¿sabéis lo que pasó? Pues que después de la rabia inicial lo acepté. La cifra que me proporcionó era notoria: unos 400 dólares y yo soy una pobre indigente que siempre ando necesitando dinero.

En cuanto a mis hijos ¿qué puedo decir? Después de tantos años de haberme ocupado de ellos cabría esperar por su parte alguna clase de compensación. Nada de eso. A veces pasan muchos meses sin que nos veamos y sin que medie una sola llamada. De tarde en tarde quedamos. Nos encontramos en una cafetería para tomar un café y ponernos  al día. Con la pequeña nos vemos más que con  los dos mayores. Los varones hacen de hombres y los hombres  siguen con el papel de la raza dominante. Con la niña (todavía  le llamo niña, aunque  pronto cumplirá los 30)hablamos un poco de todo, pero casi siempre de sus problemas matrimoniales y de sus hijos. Sí, ella me hizo abuela. Y los pequeñines son un encanto, pero tan pronto  quisieron endiñármelos como si fuera una canguro barato, no vacilé en negarme. Los hijos son un museo de egolatrías. Cuando son pequeños son un encanto, cuando son mayores te dan una patada. Y si no lo hacen es porqué te necesitan por razones materiales.  Si bien fui una madre modelo  y abnegada que me quitaba el pan de la boca para dárselo a mis pequeños; ahora soy una abuela absolutamente atípica. Quiero a mis nietos, claro que sí que los quiero. Son sangre de mi sangre. Pero no estoy dispuesta a servirles .Que los lleven ala guardería y que paguen el servicio, que es lo que finalmente han hecho. ¿No se ganan bien la vida? Pues que  utilicen el dinero que tienen para sus hijos. Oh, ¡qué cosas digo¡ Si me hubieran dicho que yo un día hablaría de ésta forma, no me lo habría creído. ¿En qué me he convertido?  Contesto sin vacilación: en una vieja chocha dispuesta a vivir la vida queme queda en una época en que ya no tengo reclamos para hacerlo. Aún con todo, la vida me va proporcionando encuentros fortuítos con personas fantásticas. Debo decir que se han enamorado varios hombres de mi, y que invariablemente soy yo quien no los creo y los echo como kleenex usados de mi vida. El mundo me ha hecho demasiado daño como para creer en nada ni en nadie. Aunque si hago cuentas, ¿cuánta gente puedo contar  me haya hecho daño verdaderamente? En realidad fue tan sólo Fugilmiro. Todo lo demás no han pasado de ser contratiempos o reveses o incomprensiones  o las represiones propias de un sistema social. Pero basta con verla la cara al mismo diablo a un ser humano para saber que todos están hechos de la misma pasta. Estoy tan dolida, que  puesta no creer, tampoco creo que el resto de mi vida me conceda lo que no me ha concedido antes.  Vivo de una paupérrima paga o pensión del estado, que tiene prevista para gente indigente como yo. La cual por cierto me la paga si en contrapartida asisto a estúpidos cursos con los que se supone me rehabilitaré. ¿cómo lo llaman? ¿a ver? Reinserción social. Eso es! Reinserción social.  Cuando les oigo con esas palabras sociológicas no se donde meter mi cara de pura vergüenza. ¿De verdad se creen que todos somos reinsertables como si se nos pudiera injertar a un árbol, después de ser ramas caídas y secas? ¿De qué les sirve tantos años de universidad y de becas investigación, también a costa del estado por cierto, para no aprender que hay biografías tan destruidas que no es posible reinsertar?   Puesto que los técnicos en reinserción se creen este rollo, y de hecho son poco más que subalternos cumpliendo órdenes al respecto, lo mejor es seguirles la corriente y hacerles creer que eres una luchadora, al pie del cañon y que cada día llamas durante 4 horas a 20 empresas para que te den trabajo. Ellos, los técnicos digo, triunfan o se creen en el camino del éxito si consigues un contrato de seis meses para hacer de cajera  en un supermercado y tú sabes que con contratos de mieras no vas a salir nunca del pozo donde estás. Tu cumples con sus horarios, haces tu módulo de catalán, el módulo de informática, el de técnicas de empleo; y si después de 600 horas de curso no consigues un empleo digno, te lo hacen repetir.  Todo eso a cambio de una paga misérrima. Creo que algunos colegas han preferido dejar de ganar esta paga y conseguir un trabajo de mercenario que seguir aguantando las impertinencias de la Administración,  La cifra es tan mínima que resulta injuriosa , pero el dinero es el dinero venga de dónde venga. La completo con algún otro dinero haciendo de fregona y  limpiadora de hogar  en domicilios particulares. También tengo un anciano tetrapléjico que me ocupo en lavarlo, cambiarle de ropa o de posturas en la cama. Es un tipo con una apoplejía fulminante, Deben rondar los 90 años. Lo único que se le mueve son los ojos. Este es una especie de mudo permanente que parece no entender nada. Es mi almohada particular. Cuando me toca ir a ocuparme de el, a veces le hablo de mis tragedias No paro de hablar. Él por supuesto no dice ni pío pero me sigue con sus ojos menudos, con esos ojos de viejo que ya tienen una aureola notoria entorno al iris y parecen a punto de reventar.  Yo estoy sola con él. Relevo a uno de sus familiares, perdón herederos y no lo dejo hasta que no vuelve otro. Sin duda lo quieren mimado y bien atendido porque no lo han llevado a una residencia para terminarlo de rematar. Cierto día, hace ya más de un año hice una tontería. No sé si confesarlo. Parece una atrocidad aunque yo creo que es un acto humanitario.¡Bueno! voy a contarlo. Al fin y al cabo esto es un relato anónimo. Resulta que mientras estaba aseando a este señor noté que sus párpados se movían a una frecuencia mayor de la habitual y que, dentro de sus límites, trataban de captar algo de mi figura: uno de los botones de mi blusa estaba abierta y uno de mis senos se desbordaba generosamente. Pensé inmediatamente que el señor tenía más reacciones de las que su familia estaba dispuesta a admitirle. Aquel día, observé también  que el color de su piel se coloreaba más de lo acostumbrado y noté, aun que muy imperceptiblemente que el pingajo que tenia por pene parecía tomar bríos. No di crédito a lo que estaba  viendo. Cuando terminé de lavarlo decidí continuar mi tarea, desabrochándome aún más la blusa y sacando mis dos pechos fuera.  Sus ojos dejaron de parpadear para mantenerse clavados en ellos. Noté como sus pupilas me aguijoneaban los pezones. Aunque no puedo explicarlo, me sentí amada. Yo veía toda la escena desde dos ángulos, desde el mío ante el nonagenario y los dos en el espejo de su dormitorio. Si solo me miraba los senos de mi misma todavía me sentía guapa, si recorría la mirada hasta mi cara me sentía destrozada.  Me mantuve en la más estricta materialidad de mi cuerpo y recuerdo que me humedecí y me excité. Sí, me masturbé ante aquel infeliz. Y me corrí soberanamente. Creo que al hombre le satisfizo. Debo decir que desde aquel día, las dos veces que voy por semana a cuidarlo, cuando llego el frenesí de su parpadeo es todo un diálogo que yo traduzco al detalle, y cuando me voy la placidez de sus ojos es mayor recompensa que los dos billetes de mil que me dan por  más de 2 horas. Confieso que en el verano llegué a trabajar completamente desnuda a su lado y puesto que tengo que moverlo es inevitable que mi cuerpo roce con el suyo. Debo de ser despiadada porque tal vez un incremento de excitación le produzca un nuevo infarto cerebral. Pero no lo pensé y  a el parecía no importarle morir de un ataque de excitación, todo lo contrario. Esta anécdota da pie a  imaginar una relación de amor entre una asistenta y un anciano imposibilitado. Podría escribir una novela al respecto si tuviera arte para esto. Los que me contratan han tratado de substituirme varias veces pero nunca lo han conseguido. Ellos todavía consultan algunas cosas al anciano que les contesta si o no según si mueve una vez los párpados o dos. Siempre que le han propuesto cambiarme por otra persona, el ha movido los párpados por repetido, o eso es lo que me dijo uno de los herederos en la lista de espera del patrimonio que deje. 

Además de este señor, tengo otras casas de otro  par de señores mayores alas  que voy dos veces a la semana a cada una. Y otro más que voy cuando me llama. Éste es más joven. Los dos mayores son jubilados y ese tercero es pensionista. Es un hombre guapo y creo que  en realidad no me necesita porqué ya tiene a sus hijas que le van a hacer la limpieza doméstica. A mi me llama porque dice que le gusta tener a alguien en casa y así se siente acompañado. Alguna vez me ha pedido queme ponga faldas para ir a trabajar. Y yo, yo, que no sé decir que no, le he complacido. Es un inofensivo y un encanto  de  señor, por lo demás, un viejo verde.  Jamás se  ha propasado conmigo, pero veo como babea mirando mi culo mientras saco el  polvo o  friego o paso la aspiradora. Yo hago el teatro que necesita él y cobro por eso. No  me siento una degenerada sino, antes bien, una asistenta social. En mis fantasías he pensado que soy una especie de idilio para mi pequeña colección de desgraciados a la vez que de depravados.

 Si me hubiera puesto a trabajar de puta, seguramente las cosas me habrían ido mejor en la vía pública. Me habría deshecho de mis críos nada más nacer en un tiempo que hay tanta demanda de hijos para adopción. Habría sacado más pasta, y quien sabe, quizás habría encontrado a un hombre rico. Pero he seguido una vida paso a paso que parecía tenerla predeterminada. A los catorce años ya  tuve un chico que me hizo mujer. Me desvirgó y luego  pasó de mí completamente. Por si fuera poco quedé embarazada. Afortunadamente tuve el mínimo sentido común para abortar. Eso ya dejó una marca en mi vida. Quienes sabían lo de mi aborto me trataron de facilona y de mujer sin cascos. Tuve varios chicos que me pasaron por la piedra, y con otro también quedé embarazada. Lo perdí. Por supuesto. Poco antes de los 18 conocí a un hombre que era fantástico. Mi Fugilmiro. Le conté mis tragedias y me aceptó totalmente. Me sentí respetada y querida por él. Me entregué totalmente  como  si fuera el único ser  aceptable en la tierra. Convinimos en casarnos pero finalmente no lo hicimos por qué el ya había estado casado y no guardaba una buena memoria de ello. Bueno ¿qué importaba? lo fundamental fue querernos. Vivimos como pareja y empezamos a tener hijos. Antes de que llegáramos a los 5 años de convivencia juntos, un día me dijo que ya no me quería y que nuestra convivencia no funcionaba. Fue el cataclismo. El mundo se deshizo bajo mis pies. Añadió que puesto que el deseo de tener hijos había sido mío lo más lógico es que yo me quedara con ellos. Estuve de acuerdo con eso. Desde luego yo había nacido para ser madre, y esa ocupación con la de ama de casa  fue la que me ha entretenido  la mayor parte de mi vida. Nunca he estudiado ni me he profesionalizado en algo  significativo. Nunca he hecho trabajos muy importantes. Solo unos cuantos  de pocamonta y sin estar asegurada. Pues bien, aunque mi ex no me hubiera dicho lo de quedarme yo con los pequeños, no le hubiera permitido jamás que se los llevara. Fue fácil ponernos de acuerdo en eso. El  también me dijo que me quedara con la vivienda  que ya compraría otra, que en realidad yo había sido la única que había apoquinado pasta en su compra. No puedo quejarme. Fue honesto y claro, cuando le pregunté si tenia a otra, me aseguró que ese no era el motivo. Tan solo quería  experimentar otras cosas en la vida, hacer viajes, cambiar de país, evidentemente, yo  sobraba dentro de ese proyecto. Si me hubiera atravesado con una espada  no me habría  hecho tanto daño como con esas palabras. Con los niños y  sin una fuente de ingresos traté de salir adelante. Sí tenia un piso de propiedad y el padre de vez en cuando me giraba una cierta cantidad, porcierto, desde distintas partes del mundo. Pero ni él tenia la obligación legal de hacerlo ni yo la esperaba. Mi orgullo me impidió siempre pedirle nada más. Fueron pasando los años y el se fue distanciando. Cuando los niños eran pequeños venia a verlos, hasta que ellos ya fueron mayores y podían irlo a visitar por su cuenta. A partir de ese momento se completó el ciclo de uno de mis sentimientos: el de haber sido una coneja para dejar los vástagos de un hombre del que llevaban su primer apellido, Sus hijos saben donde vive y se han visto alguna vez. Dicen que es un hombre muy inteligente y culto pero sentimentalmente frío y distante. Vive con otra mujer y al parecer ha tenido otros hijos. Entre nosotros dos no ha habido ningún contacto desde hace más de quince años. Ahora sé, que él saltó de un barco incendiado justo en él último momento;  yo,  en cambio, me hundí con él.  Sí, soy una heroína para algunas mujeres al haber conseguido mi doble propósito: sobrevivir sin la ayuda de nadie y sacar adelante a mis indefensas criaturas. Pero ahora me pregunto: ¿y por qué lo he hecho?.Ni me siento correspondida por mis hijos ni  he sacado goces a esta vida  de mentiras  en una ocasión unas feministas me invitaron a que relatara mi caso en unas jornadas locales. Era una especie de pira crematoria de maridos indeseables, maltratadores y padres abandonistas de criaturas. Yo con té mi caso, y claro, lo metieron en el saco, manipulándolo a gusto de las conferenciantes. El público se estremeció con mi relato y me aplaudieron. Pero yo tuve que decir algo que no les gusto: el poco amor que había tenido nunca en mi vida fue el de aquel hombre que me dejó plantada a los cinco años de convivencia, No he conocido otro amor que lo igualara. La alternativa de folla sin sentimientos había sido muy celebrada pero en la práctica difícil de practicar. Las feministas me parecen unas infelices por partida doble: lo son como mujeres que siempre estuvieron subordinadas a los hombres y luego, con su supuesta liberación, lo son por estar siempre subordinadas a unos principios de venganza, que enmascaran de principios de igualdad, finalmente  poco realistas.

 Sí, sí he tenido amantes de temporada, ya lo he dicho,  y he disfrutado como una marrana con ellos, pero confieso que siempre me he quedado con un mal sabor de boca tras su partida. Todo el encanto de una noche loca se desvanecía a la mañana siguiente tras su partida que yo vivía como un abandono total. Ahora estoy en las últimas de mi carrera. Soy una mujer invisible. Cuando soy siquiera vista por detrás o y silbada o deseada, lo es muy de tarde en tarde. Alguna amiga me ha dicho que eso de los piropos ya no se lleva y que los hombres esperan iniciativas de nosotras. Están apañados, yo no daré mi brazo a torcer por ninguno. Ya he dicho que mi cara no es candidata a la belleza. Lo que sé de mi padre y de mi madre es que no eran muy guapos. Las dos únicas fotos que tengo son mas bien feos. El, abandonó a mi madre nada más nacer yo, y ella me abandonó a mi a los pocos años. Seguramente por eso siempre me resistí a dejar mis hijos a una inclusa, para no hacerles la jugada que me habían hecho a mi. En tanto soy solo una silueta mi cara mueve a espanto. Si algun hombre todavía puede llevarme a sus fantasías mirando las eses de mis caderas, seguro que le quito todo interés  si me mira al detalle. Por detrás todavía puedo despertar algun interés-Pero ninguno por delante que las arrugas de mi cara y mi fealdad han ido en crecimiento. Cada fracaso conceptual y emocional ha surcado un poco más mi rostro. He nacido en un mundo de formas y  soy excluida por el. Si bien algunas de mías han atraído,  por otras me han rechazado. Me gustaría un mundo de espíritus en que todos estuvieran libres de las formas.

Todo el coraje que me acompañara venticinco años atrás como madre soltera y separada ha ido menguando. Ahora me sé en la tercera parte de mi existencia, más sola que una rata, en un piso que se ha ido haciendo viejo y pequeño, con lo justo para vivir con esa paga paupérrima de estado que no te permite realizarte pero que sí  llenar la  nevera. Para obtenerla tengo que aguantar a algun niñato alguacil del sistema que pretende infundirme ánimos para salir adelante y tomarme la existencia con alegría. Me obliga a que lea anuncios del periódico y a que llame a ofertas de empleo en las que sé a priori que me van a decir que no. Yo simulo que estoy interesada en cambiar mi vida y él simula en que la sociedad podrá ofrecerme un puesto digno de trabajo.¿si nunca he tenido ninguna especialidad de nada, cómo voy a tenerla ahora? Mi caso no es nada original. Ya lo sé, y no tengo derecho ni a usar el gasto en papel para contarlo. Muchísima más gente lo tiene peor que yo. Muchas mujeres abandonadas fueron antes maltratadas y tengo amigas de penas en que incluso se han visto  atacadas por sus hijos. La agresión es una constante de nuestra especie, muy superior a la de las otras especies animales. Yo también soy agresiva. !Le pegaría fuego a todo¡.pero nunca me he atrevido a hacerlo. Nunca me he atrevido a nada, salvo a procrear. Alguna vez he pensado que debería hacer un acto de protesta delante del ayuntamiento o en el paseo principal. Elegir un sitio y no moverme de allí  hasta que las cosas cambiaran..Escribiría un cartel muy claro donde  pondría: “No pienso seguir viviendo en un mundo tan cruel”.Posiblemente alguien me convencería para que depusiera mi actitud. Lo imperdonable sería que me dejaría convencer. Sí, este mundo es cruel y no pongo en duda que habrá gente que lo  vivirá desde el máximo de  bienestar, completamente ajena a las calamidades de  los demás. Envidio su situación. ¡Ya me gustaría a mi vivir de espaldas a todo! no sufrir por nada, reír todo el rato, tener todo lo necesario y ser feliz. ¿Pero es posible ser feliz en medio de tanto engaño  e injusticias? No tengo respuesta para eso. Lo dejo para los expertos en política y teorías sociales (¡menuda chusma!). Yo me limito a relatar los hechos y los hechos son que soy hija de una sociedad que no me quiere. No soy rentable, no soy atractiva, no soy joven, no soy simpática, no soy nada.  He oído en alguno de los programas documentales de la tele que hay culturas donde las madres están muy protegidas por el solo hecho de serlo. Ellas, nosotras, somos las que traemos gente al mundo. Son fuerza joven, nueva energía. Todo el mundo debería agradecernoslo. Mis tres críos están bien situados. Se ganan bien la vida. Seguramente deben producir suficiente plusvalía como para que haya una mejor asistencia social de la que actualmente existe. Los que hacen el cálculo de la solidaridad efectiva debieron suspender en aritmética. Recuerdo que en otros tiempos la maternidad estaba venerada por algunos regímenes totalitarios, pero no es a ellos a los  que preferiría. Eran otro tufo y detrás de los salmos a la procreación se escondían los deseos de hacer patrias de borregos. !que triste es vivir y no saber por qué lo haces¡ La vida va pasando mientras te entretienes haciendo tonterías. He traído mis hijos y los he criado, no me arrepiento de haberlo hecho, pero soy una persona con las manos vacías. No me queda nada  que ofrecer. Estoy ya a las puertas de la menopausia. Pronto dejaré de ser mujer. Las irregularidades de mi periodo me recuerdan que pronto no seré fértil y pasaré a ingresar las filas de la vejez. ¡Oh qué horror! Estoy para que me tiren. Querría morirme. Así daría la oportunidad a los demás para reflexionar que detrás de una vida solo queda polvo, pero esto no es nada original, creo que ya está escrito en la biblia.

¿Hay algo que pueda cortar mi fin? Me temo que no. Tengo todas las razones para suicidarme pero no voy a hacerlo: no tengo valor para eso. Seguiré unida a mi tubo digestivo y haciendo la existencia rutinaria de prevalecer, aunque no tenga  ni la más remota idea de para qué. De hacerlo, ni siquiera mis hijos lo entenderían. He de seguir viviendo para demostrar  fortaleza de carácter, coherencia, estabilidad, convencimiento. Sí, he de hacerlo. ¿Y al hacerlo acaso no estoy engañando soberanamente a mi alrededor? ¿No estoy mintiendo con la peor de las mentiras a los demás haciéndoles creer que estoy bien con mi vida y que sé superar mis frustraciones? No tengo nada superado. He hecho algunos cursos de crecimiento personal que han estado tan de moda, para encontrar que sólo son coartadas o pretextos para hacer relaciones humanos. Son poco más que agencias matrimoniales disfrazadas. Yo no puedo quejarme,: las veces que he ido he ligado de lo lindo, Al parecer, bajo la influencia de los conceptos de la libertad y de la diferencia me han aceptado, al menos durante el fin de semana en que duraban, tal como  yo soy,

Estoy marcada por mi falta y por creerme tan segura en traer gente al mundo, Y estoy doblemente marcada como si hubiera sido una vaca a  hierro candente, por hacer de mujer y madre a la vez sin haber separado lo uno de lo uno.

Jamás perdonaré al hombre que me abandonó. Jamás perdonaré haberme visto obligada a llevar la vida que he llevado. Pero  ¿a quien culpar?¿a quien acusar? sino a mi misma.  No lo perdonaré y al no perdonarlo jamás me libraré de mi misma, de mis rencores, de mi pasado, de mi tragedia. He de reconocer que una parte de mi vida la he hecho como yo he querido. Finalmente yo soy  tanto la  culpa como la víctima. Me pregunto que habría sido de mi si no hubiera tenido hijos, si no me hubiera creído la historia de un amor y una pareja para siempre, si me hubiera dedicado a viajar, a hablar, a  divertirme. Envidio a  la gente despreocupada que se lanza a la existencia sin esperar ningún futuro.  Yo perdí mi pasado esperando un futuro que no existe. Ahora poseo tiempo libre para reflexionar y por eso me doy cuenta de verdades que antes se me escapaban. Los del ayuntamiento y del departamento de bienestar social me han hecho preguntas sobre por qué estoy así. Aparentemente tienen deseos de rescatarme de mi  pobreza. No pongo en duda sus buenas intenciones, pero detrás de las impertinencias de sus preguntas a través de fiscales bienintencionados  yo veo  unos políticos insensibles que no saben interpretar la sociedad y mucho menos a sus peores desheredados. Yo ya he dado todo lo que podía dar y ahora que  me toca recibir. Me  acusan de  no ser una persona productiva. Lo más productivo que podría hacer es quitarme de en medio, Si tuvieras valor lo haría. Pero no, con eso ganarían los de siempre y nadie mojaría sus mejillas por mi. Seguiré viviendo para  ofrecer el espectáculo de mi decrepitud mientras  el gobierno sigue sin saber afrontar las situaciones de miseria que genera esta clase de sociedad. Soy una de las miserables de Víctor Hugo que no esconde sus vergüenzas, que anda sucia y desarrapada y que aún le queda algo de valor para mirar directamente a los ojos cuando la gente pasa.

Hace una década parecía que el mundo iba a cambiar. Toda Europa celebraba el fin de una era. Los antagonismos con Rusia empezaban a terminar. Recuerdo que yo, que no sigo las noticias días a día por cierto, aseguré que ningún cambio fundamental se iba a producir, que todo iría a peor, que mientras la humanidad esté llena de fratricidas  no nos queda otra elección que hacer de muertos vivientes, o de muertos con la hora de la defunción pospuesta por el capricho de las circunstancias. Ahora quedan viejos los tiempos de la esperanza, traspapelados en una memoría que no desea resurgir. Quedan ridículas las fotos de la reconciliación  como la que dio la vuelta al mundo, la de un policía del este berlinés  sobre el muro, aceptando una rosa dada por una mujer manifestante desde el lado oeste, que el perfil de la cual quiso que pareciera una niña confiando en el cambio de la gente. Esta foto cayó de mi pared, y al poco tiempo, también cayeron las fotos de mis hijos.

 

 

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Añadir un Comentario:



Inserta aquí el código de verificación que ves en la imagen.

Acerca de sussanamaraselva

Este es el sistema de noticias de la web de Acerca de sussanamaraselva.

Ojeadas y hojeadas por las vicisitudes en los reinos de los consumos y de las ideas.

Categorías


Etica
Pasion
Poetica

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogdiario.com Un servicio de HispaVista Contador gratis contadorplus.com