Escritor no Revelado

El Escritor no Revelado Apunte sobre la palabra invisible

Durante años y en todo caso durante los mejores años de su vida se dedicó a una escritura tortuosa y densa, paladina de sus horrores internos, totalmente impensada para la publicación. Nunca se proclamó abiertamente como escritor, aunque sí se permitía responder que lo era, cuando alguien le preguntaba,  al  verle sumando horas y más horas a  sus páginas, que pasaba del blanco al negro de escrituradas. Al hacerlo, ponía en marcha insospechados mecanismos de la mente que lo convertían en un ser recrecido como mago de palabras y como explorador de sensaciones no dichas. Eso resultaba tan poderoso que no le importaba que la tinta de su escritura fuera metafóricamente invisible. Le  parecía actuar como un niño escribiendo con aquellas plumillas con líquido alimonado, para que la escritura necesitara un tratamiento posterior para ser relevada. Escribía y escribía, historias y artículos, afabulaciones imaginarias y crónicas reales, relatos y cuentos, libros y más libros, sin estar seguro de haber terminado por completo el libro por el que querría ser conocido. Se decía, que libros habían muchos. El mundo entero estaba poblado de literaturas que en su mayor parte podían ser sinopsis o hasta plagios inconscientes o no, de otras muchas cosas escritas.El quería distinguirse por su originalidad y el precio que pagaba por ella era el paso de los años sin gestar realmente algo ya completamente terminado.De hecho, resultaba más fácil escribir acerca de la realidad y contribuir  a los dictados de la prensa o de las necesidades públicas de un tipo de información, que acerca de la fábula, donde una novela ponía a prueba  la capacidad continuísta de su autoría en lo que tenía en el pensamiento y entremanos. Un artículo podía engañar a un lector, una novela no, había leído a Reverte en una entrevista.Algo que ya había experimentado en si mismo sin interactuar con un público no tenido o por tener.Sí, una página la escribía cualquiera, una historia solo la escribía quien tenía una historia por contar.  Todo indicaba que su objetivo era el de preparar lo más original e inédito nunca antes conocido, lo cual  en el mundo de la creación era difícil,puesto que todo parecía ya haber sido creado por algún precedente en la idea. La literatura era la dimensión en la que más astuta y  libremente podía realizar su prosa y proyectar su personalidad, puesto que los condicionantes de la palabra hablada lo postraban en la marginalidad de los acallamientos y los silencios públicos. guardaba el común denominador de otros creadores de representaciones en el color y en la ficción, de arrastrar severas carencias que suplía con las imagos creadas a su antojo. Desde la palabra invisible, reorganizaba el mundo, reinventaba personajes y se  rebiografiaba múltiplemente a sí mismo. El mundo quedaba reducido a teorías de personajes de las cuales tomaba parte como hereje haciendo participara los suyos, desde una voluntad clandestina. Artista de la palabra invisible sabía que todo lo escrito en una escrituración constante e impertérrita, largada por sus sentimientos y sus razones,externada por sus dedos de cuyas yemas surgían alborozados haces magnéticos, no era vista, no era editada,  no era conocida y ni siquiera tenía porque ser leída. a pesar de todo el escritor no hacía la menor gestión por revelarse y seguía escribiendo como una actividad tan vital como la de la respiración. Y cuando se preguntaba ¿escribir para que? tenía las mismas sobradas razones de respuesta que ante la pregunta de ¿respirar, para qué? si alguien la hubiera formulado. Manteniéndose como escritor un tanto en secreto  se sabía vivo y mentalmente organizado.Hipotéticamente algún día, si antes nadie destruía toda su obra por desconsideración o por accidente, sus escritos serían conocidos y tal vez aclamados, pero para ese entonces el autor estaría muerto y no habría gozado de reconocimientos y satisfacciones. Ese era el valor de ser inédito: el de seguir escribiendo para un público inexistente y el de seguir  representando una función frente a una platea vacía. Seguía siendo más importante la cita con el silencio compañero de las frases encadenadas parsimoniosamente,una detrás de otra; que no el encuentro con los índices de ventas o las citaciones en los artículos ajenos, o las entrevistas o incluso las traducciones y  los derechos de autor. Si bien era cierto que había escritores que se habían forrado, la mayoría seguía siendo sinónimo de una actividad complementaria a otras y crematísticamente poco productiva. Sin duda para este escrito desconocido y condenado a la irrelevancia permanente, la palabra ya le había dado más de lo que podía esperarse de ella: continuar con la propia vida.todo lo demás:el éxito reconocido y la celebridad eran secundarios.De no haber escrito probablemente ya estaría muerto.

Como escribidor, era el hacedor de sí mismo. Y sabía que si algún día dejara de escribir dejaría literalmente de vivir. De vez en cuando algún iceberg de su consciencia  y más exactamente alguien que le opinaba en confianza, le recordaban que no podía mantenerse en la trinchera atómica y debía dar a luz a lo que sabía. Posiblemente el mejor destino de algunos conocimientos- se decía- era el de no decirlos. Siempre tuvo resistencias a compartir el narcisismo de las gentes locucionarias que ejercían el reinado de las audiciones, pero ¿acaso no aspiraba a ser objeto de escucha y de lectura? Cuanto más tardara en hacerlo, le apuntaba su sensibilidad al horror, menos hacía por remodelar los escenarios del mundo. Sabía como Ciorán que el tiempo siempre conspira en favor de los tiranos, y que su tiempo de silencio en la supuesta época en que hay foros para todas y para todas las palabras, clandestinizaba lo que ya no tenía porque continuar en el secreto. Pero tomada la decisión de sacar del secreto, supo que no hay secreto más guardado que el que es demostrado sin ser visto. No tenía nada escondido en las alcantarillas de su pasado  y en cambio sí mantenía una suma de discursos impíos y literaturas politizantes en una habitación sarcofágica de papelorios producto de su imaginación, que posiblemente no fueran interesantes para la crematística de los mercados.  Si eso era así el irrevelado podría continuar con sus irreverencias desde el ostracismo particular en el que se metiera. Poco importaba si encarnaba una perla o un balín de plomo con tal de vivir de espaldas al reconocimiento público.A fin de cuentas el anticipaba la decisión de una marginalidad independiente y crítica sin recibir los condicionantes de la notoriedad  ni el acoso de los fans potenciales. Igual que Margarita(Riviére)[1]   pero por distintos condicionantes, se había refugiado en la literatura que era donde uno debía dar la verdadera taller del saber irrepetido. Era sabido que el escritor público, el columnista de recuadro contratado a tanto la palabra o a tanto el artículo, no era libre de expresar sus temas descolgados de su licencia del decir, sino que debía estar al loro de los acontecimientos y opinar sobre lo que todo el mundo opinara. Los ensayos sobre la realidad eran la ficción más grotesca a su vez de todas las reconocidas.el mundo pasaba por los malos tragos de su hedor y repeticiones en las malas representaciones de si mismo.En cambio la soledad del uno permitía todavía agitar el columpio de las esperanzas, aquellas en las que la palabra escrita se convirtiera en el mundo y la personalidad deseadas. Posiblemente todo se debía a una gran mentira y el escritor no podía excluirse de ser el primer gran mentiroso, en tanto que cada palabra escriturada solo admitía la fe de que significaba lo que significaba en el momento de ser hecha, pero un instante después declinaba en su mérito. Toda pretensión de palabra inmortalizada y de frase impresa, o grabada en piedra, para las herencias futuras era un sabotaje a la verdad, porque si había una verdad esa era la de las palabras que no tenían mas significancia que la de su circunstancialidad en el momento de ser dichas.Y si eso era así, no existían escritores sino solo impostores de una farsa que los hacía tan engañadores como engañados. ¿Para que revelar más palabras escritas? se pregunta el escritor, sabedor de que formaba parte del juego de contarse mentiras.La única diferencia estaba en que él no se las contaba a nadie.

 



[1] Rivière Margarita. Crónicas virtuales (12998) después de tomar la decisión de abandonar la ensayística por considerarla invadida por los personajes grotescos de turno.

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