Juez instructor e Inculpado
-Tengo una acusación por coacciones contra vd. Su denunciante afirma que está siendo objeto de sus sabotajes por lo que hace a suministro de agua y electricidad.-afirmó el juez de instrucción mientras leía una hoja de atestado ¿cómo se declara vd? -preguntó sin levantar la vista-
-No soy actor de ninguna clase de sabotaje contra nadie sobre suelo terráqueo -afirmó el inculpado-
-¿culpable o inocente? -preguntó el instructor dejando ver su cejijuntez al levantar su ángulo visual para taladrar al citado-
-Absolutamente inocente, desde luego. Por mí tengo el cielo ganado. -dijo con aplomo el preguntado-
-La historia de la denunciante es que vd le hace la vida imposible: le aporrea la puerta, la intercepta en la escalera, golpea las paredes, no le deja conciliar el sueño y le dinamita la existencia. ¿Cuál es su versión? -preguntó el juez desde la incredulidad del que sabe a priori que todo el mundo va a sus citas de apremio para mentirle-
-Yo no tengo ninguna versión porque no hay ningún hecho que referir. Desconozco si tal señora puede conciliar o no el sueño pero no es por mi causa, se lo aseguro. No aporreo su puerta ni sus paredes, aunque bien es cierto en que he debido realizar alguna obra en la sala de aseo. Y en cuanto a las interrupciones de agua y electricidad se han dado en todo el edifico, dado que es antiguo y tiene un problema de presión de agua. -dijo el inculpado, mientras acallaba su móvil que había sonado en el nivel más tenue de llamada-
-Vd. ha sido citado aquí por un delito de coacciones. Y esto es un tema muy grave. ¿Cree que se puede ir por la vida molestando a los congéneres? -dijo el juez en su mejor puesta en escena de la argumentística-
-No, no lo creo. Todo el mundo debe respetarse y convivir cívicamente. Yo lo hago.-afirmó el acusado con un primer deje de timidez-
-Pero aquí dice... que vd es un vecino molesto y qué además le ha agujereado la pared del pasillo de la casa por dos veces. -aseguró el juez lector-
-Efectivamente durante una reparación el delgado tabique fue perforado por accidente. De eso hace más de cinco años. Yo mismo reparé el desperfecto con la colaboración del marido (excelente persona y muy razonable por cierto) de mi denunciante, que por aquél entonces habitaba el piso contiguo. -dijo el demandado, tratando de ser preciso y no dar detalles superfluos para no saturar el limitado disco del juez instructor-
-Los accidentes no se cometen si no se quiere -dijo el juez desarmando toda lógica posible-
-Los accidentes son accidentes, su señoría. Suceden por una probabilidad no controlada de riesgo al hacer las cosas.-dijo el inculpado-
-Se cree vd muy listo ¿no es así? -dijo el juez instructor fulminando con la mirada al pobre inocente-
-No entiendo la pregunta -dijo el inculpado, tratando de demostrar que así no era listo para que su interlocutor se sintiera menos tonto-
-Volvamos al asunto, ¿es o no es cierto que vd. es un vecino molesto que encuentra un placer perverso en impedir el feliz reposo de su vecina, su denunciante para el caso, y que le ensucia el depósito de agua, obligándola a que cargue a su edad avanzada con botellones de agua potable y que además quiere provocarle un estado de angustia, llamándola a latas horas de la noche, interrumpiéndole el suministro eléctrico y armando jaleo en su apartamento contiguo? -superpreguntó el superjuez de instrucción-
-No lo es en absoluto, su señoría. -dijo el inculpado-soy un vecino tranquilo y moderado. Hago mi vida y dejo que los demás vivan la suya-añadió.
-¿No tiene nada más que añadir? ¿No quiere defenderse? ¿No será que es vd culpable y se siente avergonzado por mis preguntas?-triplicó el juez-
-Vd no pregunta, conjetura -afirmó el reo-
-Parece lógico que la susodicha no se habría desplazado hasta este juzgado si no tuviera serios motivos contra vd. -dedujo el cerebro del juez, solo ante el desierto de otra hipótesis más propia del homo sapiens-
-Los tendrá, pero no son los motivos que alega. -afirmó el inculpado-
-Dígame, le gustaría que su denunciante dejara de ser su vecina.-inquirió el juez tendiéndole una trampa-
-Yo sé que si le contesto que sí, vd inferirá que en consecuencia hago todo lo posible para hartarla y que se vaya; pero si le contesto que no, es contrario a mi estimación de las circunstancias. Ponga vd. la respuesta.-dijo el inculpado-
-Aquí únicamente pregunto yo que es quien está investido de autoridad. ¿Entonces, le gustaría que se fuera o no? -siguió con la táctica de su trampa-
-Evidentemente preferiría tener un vecino de estatura más diplomática y cordial. Si ella se fuera habría la posibilidad de tenerlo. Es muy difícil encontrar una persona tan paranoica como ella -se extendió el inculpado a riesgo de ser malinterpretado-
-Luego entonces ¿quiere echarla fuera? -estableció el juez instructor-
-su silogismo es incorrecto. Le puntualizo que he dicho ”preferiría”. -le puntualizó, intuyendo que la declaración no iba por buen camino- En cuanto a echarla no voy a hacer nada para deshacerme de ella, cosas como enjabonar los peldaños para que resbale o enviarle una colonia de escarabajos por la ventana de su dormitorio. -añadió-
-Pretende seguir dándome lecciones. Muy bien, muy bien. ¿Se cree que es el único que puede hacer razonamientos lógicos? -preguntó el juez-
-Claro que no su señoría.-repuso el inculpado- vd tiene mas sapiencia que yo como para quererle instruir –contestó, riéndose por lo bajini-
-Entonces por qué está tratando de ponerme en ridículo a cada momento ante mi secretaria y demás presentes en esta citación -preguntó el juez-
-No trato de hacer semejante cosa señor -dijo el inculpado con su habitual timidez- trato de mantener este diálogo en un contexto de lógica.
-¿cómo que no? ¿Me va vd a decir lo que vd hace cuando lo está demostrando en mi presencia? -bramó el juez-
-Confío en su justa interpretación sr.Juez-dijo atemorizado el inculpado-
-vd. ha venido aquí con una prepotencia infrecuente, con un libro bajo el brazo y con un teléfono en el otro. Se ha traído su despacho y cree que puede venir a aleccionarnos a los profesionales de la justicia ¿Le parece adecuado que esta citación tenga que verse interrumpida por su insolencia? -bramó más fuerte el juez-
-desde luego que no. Discúlpeme si soy el responsable de esa clase de situación. -dijo el inculpado recordando la viñeta para estos casos en los que se saca el extintor para apagar la palabrería de fuego de los concurrentes-
-Es inexcusable. Personas como vd no pueden circular libremente por la vía pública. Lo considero sospechoso de todo lo que figura en la demanda y de haberla redactado yo, habría añadido más asuntos por los que acusarlo. ¡Se lo aseguro! ¿Cómo puede negar una persona como vd haber molestado la vida pacífica de su vecina, cuando viene ahora mismo aquí a molestar la de este juzgado? Hay que darle una lección de civismo. ¿Cualquiera en mi lugar sería más severo con vd, pero yo me voy a conformar con exigirle que se mantenga a distancia de su vecina en doscientos metros por un período de cinco años, además pagar las costas de esta citación y además indemnizarla con un millón de euros. Se levanta la sesión. Ah, ¿tiene algo más que añadir? -preguntó el juez dando por terminada la instrucción y recogiendo papeles-
-Yo habito el mismo edificio que la señora. Nuestros apartamentos son contiguos y entre el uno y el otro hay una distancia de 7cms de tabique la zona más delgada y de 30 en la más gruesa. No puedo cumplir esa resolución. Por otra parte ¿no le parece descabellado facturarme por este precio ( medio millón el agujero) por un par de agujeros cometidos por error en la pared que ya fueron solventados en su momento, por un coste infinitamente inferior? -se defendió el pobre infeliz con un inaudible hilo de voz-
-Donde vd dice pequeños agujeros podrían haber sido verdaderos butrones, para colarse en el espacio privado de la vecina, y violarla durante la noche -tronó el juez-
-Permítame añadir que soy inocente de la imputación mientras no se demuestre lo contrario-dijo el reo todavía mas derrotado ante la lucidez judicial-
-No hace falta más que mirarle para quedar demostrado todo. Vd es culpable de lo que se le imputa porque yo lo establezco. -barruntó el juez mirando su reloj por ventilar el siguiente caso de otro infeliz citado a la fuerza-
-Pero establecer sólo puede establecerlo una demostración y vd. no ha demostrado nada, ni yo he reconocido haber hecho aquello de lo que se me acusa - dijo tratando de reunir argumentos para atravesar la mente blindada del juez instructor-
-¿Trata de aleccionarme nuevamente? Si sigue por esta vía la consideraré una vía de hecho y por lo tanto un entorpecimiento in situ de la justicia, con lo cual puedo condenarle a ser maniatado y acallado, a la fuerza si es necesario -dijo el juez seguro de lo que decía- y de estar en los USA, a propinarle una descarga eléctrica de unos miles de voltios a intensidad soportable.
-Sólo trato de recordar cuáles son mis derechos -insinuó el reo-
-sólo yo sé cuales son sus derechos. Soy un profesional del derecho. Vd no sabe nada, por eso está aquí. Creía que podía salirse con la suya y ya ve que todo culpable tiene su castigo. -afirmó el juez con categoría ceremoniosa-
-Pero yo no soy culpable. Me he declarado inocente -dijo el reo-
-sí ya he visto como ha dudado a mi primera pregunta. Vd es más culpable que Caín y ¿cómo puede desautorizar la validez de lo dicho por su demandante que la dobla en edad? -preguntó el juez-
-Puedo porque estoy armado con la verdad -dijo el inculpado-
-¡Pamplinas!.La verdad es únicamente lo que figura en el atestado de la demandante -dijo el juez-
-Yo también hice mi atentado desmintiendo el suyo y acusándola a su vez y debe figurar en el sumario -dijo el reo-
-Ah sí -dijo el juez desconsideradamente- Demasiado texto para una justificación. Los culpables saben que no son creíbles y por eso inventan novelas. No hace falta ni leerlo. Todas las mentiras se parecen. !Se levanta la sesión¡
-pero, cómo, inaudito...-dijo el reo casi hablando para sí, mientras un alguacil lo echaba d e la sala y hacía pasar al siguiente infortunado de la mañana-
-Váyase antes que le condene por desacato a la autoridad -dijo el juez-
-¿Qué autoridad? -se atrevió a decir el reo sacando valor de sus adentros- !vd es solo un fantoche que usurpa un cargo de justicia sin tener la menor idea de lo que es eso-
-¿Más lecciones?.Estoy harto de gentuza como tú. ¡La pistola Carmen!-le dijo a la secretaria para pegarle a continuación dos balazos al conmiserativo inculpado-
¡.Llévenselo! -añadió en total calma
-¡.El siguiente!-volvió a añadir- Y mientras entraba ese siguiente con sus gritos de !no.,no¡ en el eco de los pasillos, el cadáver del inculpado era llevado al tanatorio del subterráneo del edificio de juzgados, donde aquel día había mucho trasiego.
Y aquí acaba la historia de este inculpado que se pasó de listo por hablar demasiado.

