PENSARES y PESARES

Los personajes imaginarios

El relato imaginario y sus personajes.

Para escribir son necesarias unas cuantas condiciones: palabras, imaginación  tiempo, pasión y aislamiento. El del escritor es un oficio sacrificado: siempre solo, siempre meditabundo. Sin embargo su soledad es solo aparente. En sus ratos elaborativos se cita con más ideas que nadie, más imágenes que las que puedan citarse en una reunión de amigos, mas personajes que los que se puedan relacionar en una historia de hechos reales. Siempre he oído decir que un escritor chupa de la imaginación. Sin ella no hace nada, no es nadie. El futuro creativo de un autor depende de sus ensoñaciones o inspiraciones. En el relato imaginario se sumerge en un mundo que solo es suyo y que ha creado para, en principio, su propia complacencia. Diseñará un personaje central con el que estructurará toda una teoría de la conducta o describirá una personalidad grotesca a partir de pinceladas tomadas de la realidad. El relato imaginario supera la realidad, la magnifica, la convierte en un cómic tan gigantesco como la osadía de autor se lo permita. Cabe todo: desde mujeres con varias mamas nutricias como lobas a podófilos embriagados con el olor de sus pies.

Inicialmente cada relato imaginario empieza y termina en si mismo pero puesto que su ubicación en el tiempo y el espacio es absolutamente arbitraria a conveniencia de los tics creativos puede, si eso apetece a quien lo escribe, en un momento dado, hacer un relato de relatos, una sopa de personajes, trayéndolos todos a colación con sus virtudes y caracteres de parto inicial.

Un personaje inventado jamás existirá en la vida real, puesto que la vida real necesita de lentos procesos evolutivos para crear los caracteres morfológicos y todo lo demás. Decir esto no es decir nada, ya que un personaje real tampoco tiene porque ser el invitado de honor del mundo imaginario. El artista en general, escritor o no, tiene la gran ventaja frente a sus contemporáneos no artistas en inventarse personajes de todas las raleas para vivir bien acompañado. Lo que no puede hacer en el contacto físico-directo con sus hermanos de especie lo puede hacer a través de sus personajes inventados en las antípodas del saber. La discusión al respecto no pasa por establecer la diferencia entre lo falso y lo verdadero (ya estoy oyendo los ecos de las voces moralistas: no se puede vivir de fantasías) sino entre una fuente de placer y otra. Escribir una historia imaginaria proporciona un registro de placer mientras que participar en una historia real tal vez quita el tiempo y el relax suficiente para escribirla. No quiero antagonizar ambas experiencias. La una no quita la otra. Es obvio que en el relato imaginario se pueden inventar cosas que jamás se atestiguaran en la vida real y por otra parte es indispensable sacarle las leches de los gustos a esta para vivir lo más coherentemente posible con los propios objetivos existenciales. En la vida creativa mucha gente vive de su imaginación. Con el humor, con la ilusión de un evento, con una imagen, con una chistera hacen todos los posibles para hacer creer en todos los imposibles. En cada relato imaginario se puede crear al menos un personaje y una situación imaginaria del todo impensable para una vida real pero con la que sin embargo guarda una conexión directa.

Es sabido que el personaje logrado es aquel que termina por quitarla la fama a su autor y a ser mas conocido que el nombre de este. A fuerza de repetirse en uno puede convertirlo en un alter ego. En ultima instancia el personaje de un autor puede llegar a vivir todas las peripecias que a este le hubiera gustado tener y que la vida limitativa lo ha postrado en una inactividad en la aventura aunque en una alta actividad de gabinete en la escritura.

No recuerdo muy bien como empecé mi colección de relatos imaginarios. Siempre supe que había que escribirlos y que deberían ocupar un lugar destacado en una obra literaria de autor. Es posible que su titulo genérico coincida con el de otros escritores. La ventaja de su brevedad es que podían crear situaciones rápidas sin plantear ninguna estructura de novela, siempre bastante mas complicada, y que sus alucinaciones podrían servir para analizar psicológicamente prototipos de personajes. Lo mas parecido a un relato imaginario es contar una anécdota. La diferencia, obvia, es que esta se tiene que remitir a hechos ocurridos, gusten o no, pero siempre circunscritos a lo sucedido sin ninguna licencia que incorpore lo no sucedido. A lo sumo el relato anecdótico puede permitirse especular sobre lo que podía haber sucedido o pensado sin que realmente haya sucedido junto a lo relatado, pero la fidelidad a este es lo prioritario. En el imaginario no es obligatoria ninguna obediencia. La noción clásica del hecho es superada en virtud del ansia especulativa del autor. Puede concebirlo todo: desde los monstruos más espantosos a las ternuras más increíbles. En el relato imaginario la creación crea algo para una satisfacción inmediata. Lo que no se consigue en la realidad se consigue en el imaginario.

La inventiva imaginaria no es patrimonio de la literatura. Antes que un adulto decidiera sacar partido de ella inventando la mitología los niños ya se habían adelantando en sus juegos compartiéndolos con seres extraños citados ex profeso para divertirse,  Un ser humano sin imaginación es la mitad de si mismo dividido por mil. Sus potencialidades quedan miniaturizadas de tal modo que se convierte en un cero con algún improbable decimal. Una persona sin imaginación es el sujeto más amputado que existe aunque externamente a su semblante no le falte nada. El autor literario no hace más que llevar al terreno del texto y luego, quien se ocupe, al de escena, lo que late en todo ser inteligente. La necesidad de inventar es tan pulsional y primaria que la historia humana en su enteridad depende de ello. Sin hombres y mujeres no dispuestos a convertir los noes en sus límites geográficos el mundo no habría pasado de la prehistoria de las cavernas. La literatura imaginaria permite crear una flota de realidades no-mundanas pero que perfectamente pueden ser consumidas por este mundo. Seria muy interesante estudiar la cantidad de tiempo que una persona por termino medio, dentro de cada país, dedica a la ficción en la forma de envasado que sea: cuentos o relatos escritos, teleseries noveladas, personajes de ficción,…Sin el juego imaginario el individuo no expande su campo de dominio, su atrevimiento a ir mas allá de la escasa libertad que le permite su estómago, sus piernas e, incluso, su razón.

Confirmo que escribir relatos imaginarios es un placer. Comparativamente más que el de escribir retratos o anécdotas en los que siempre toca hacer un balance de experiencias personales, no siempre agradables,  las cuales son simplemente los errores propios, que no tienen el menor valor ético, según Oscar Wilde. No es que el relato imaginario tenga que dejar necesariamente una moraleja o una nota deontológica de la que tomar modelo pero al menos crea el desenlace de una situación absurda, creada a conveniencia de lo que se quiere elaborar, algo  con que la realidad no suele transigir y corta de plano.

 

 

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