PENSARES y PESARES

Imagen simbólica

La función simbólica de la imagen.

 

La idea de que la imagen es más poderosa que la palabra está suficientemente discutida. Si bien la descripción de una imagen convoca numerosas palabras para poderlo hacer también una sola palabra puede generar múltiples imágenes. La función simbólica de la imagen  pasa por el curriculum argumental oculto. El de las cosas que son exhibidas pero no habladas. Cualquier acto o hecho que permite una interpretabilidad facilita un mensaje, cumple una función comunicativa. Los cuadros en la pared de un salón o un pasillo, el tipo de fotos enmarcadas en la estantería o en la repisa, la clase de revistas que están en el revistero o en la mesita del sofá, la forma postural de participar en un espacio de habla, el modo de comer en la mesa o la forma de organizar el interior del frigorífico, todo eso son maneras concretas de comunicar. Y todo eso son imágenes. Cualquier momento dado en un lugar dado produce tantas imágenes como puntos de vista deseen capturarlas instantáneamente. La imagen es un hecho neurofisiológico preexistente a cualquier artilugio que se inventara para capturarla y fijarla en un depósito de recuperación material o archivo. Al hablar de imágenes estamos pensando en aquellas que la cinematografía o la fotografía han proporcionado o que tenemos perfectamente localizables en los álbumes de fotos de antes o en los poderosos  archivos digitales  de ahora. Pero eso sólo son soportes concretos de imágenes. La imagen es una creación neuronal a partir de los estímulos visuales o perceptuales que recibe nuestro cerebro.

Nuestro sistema de computación las va ordenando según la lógica interpretativa y las reordena mentalmente sea cual sea su orden cronológica de secuenciación en la realidad. De todas las recibidas hará una selección.

Unas imágenes tienen más poder evocativo que otras así como unas formas son más sensualistas. También sucede con los colores y con la sonoridad. Las imágenes de la realidad son policromáticas y audibles. El ruido característico de una fuente de agua será suficiente para evocar la imagen de esa fuente aunque no la tengamos a la vista, lo mismo que la voz de alguien conocido bastará para recrear la imagen de su cara aunque la oscuridad o la ceguera lo impidieran. La imagen sin ninguna clase de ruido tiene un valor interpretativo diametralmente distinto a la imagen sonora. Ambas dejan de ser lo mismo a partir de una propiedad subyacente (su sonido) de la que puede ser tácticamente   privada. La necesidad golosa de seguridad que experimenta el ser humano lo predispone para la predictibilidad y para un ambiente sonoro de arropamiento. El silencio absoluto es misterioso y alarmante la imagen vacía de elementos produce alguna inquietud. El ojo público espera acción contra la monotonía, sucesos que llenen el espacio, caras que den alguna pista, señales verbales que proporcionen mensajes.

La imagen es, generalmente, el soporte para otros lenguajes y para el nemarcamiento de lo verbal. El cine clásico es un cine fundamentalmente de texto. Incluso lo era en la época previa al cine sorono. Los cuadros episódicos de diálogo resumían un montón de cuadros escénicos y daban la pista crucial de lo que estaba sucediendo en ellos. Claro que se pueden hacer tentativas de imagen sin texto pero están condenadas a ser confusionistas. Una sucesión de imágenes sin explicación puede tener el mismo valor que su  unión un tanto al azar de acuerdo con los criterios de incoherencia o alucinación de quien las va pegando según se le antoje.

El arte cinematográfico trabaja fundamentalmente con imágenes. Imágenes de personas y de entornos. Los entornos incluso son prescindibles ante actuaciones destacadas de actores que suplen estímulos ambientales. La cámara intimista que acerca caras y detalles fisiológicos dejando el espacio contextual para el enigma o la insinuación está mas centrado en el poder del mensaje de la especificidad y en lo que digan las palabras que no en el goce estético por principio.

El arte en general trata de vincular culturalidades y significantes extempóreos y fuera de contextos. El arte que  tiende a prevalecer se sabotea a si mismo en su demanda de público contractual. Su valor potencial  está en s u transculturalidad y transtemporalidad.  Claro que la generalización artística en una época de reproductibilidad a gran escala y de posibilidades técnicas de hacerlo para cualquiera que lo pretenda tal vez lo esté devaluando en exceso.  David Catherine. Responsable en la Documenta de Kassel  y que dirigió  la muestra artística más importante en cuanto el panorama productivo de fin de milenio, sostuvo que “El arte ha dejado de ser un lenguaje transcultural”.

Podemos gozar a creadores históricos y reputados de imágenes  porque tuvieron el favor del poder en encargarlas y prodigarlas. ¿Gozaríamos de Boticcelli  sin los  favores de la ciudad de Firenze y del Palacio vaticano?

La imagen estática en un cuadro o en una fotografía o la que está en movimiento en la escena de un teatro o en el plató de una sala de creación de cine no queda circunscrita a su desnudez. Cada elemento que la contiene cuenta para una función simbólica invisible. La simbología subyacente no es siempre intuída o buscada por el autor  que la propone o crea. Así como el cameraman tiene la virtud de enfocar con su objetivo  pero es la cámara la que captura los elementos de su campo de barrido, incluso aquellos que no ha visto el ojo humano, también la imagen en su conjunto una vez conformada puede dar más significados de los que inicialmente contemplaba el creador. De hecho la creación de imágenes es un parámetro discutible. La imágenes están en realidad en una autogeneración continua de ellas por la combinatoria de los elementos en juego que coinciden en un momento dado, el director o el capturador de imágenes lo que hace es una selección de ellas y un tratamiento cromático y lumínico. Evidentemente, al hacerlo, pone su sello personal y remueve la huella artística dejando efemérides para ser referidas.

Tal vez fuera más propio hablar de gestionador o tratador de imágenes que de creador de ellas. Las imágenes existen y vienen dadas por la naturaleza, los elementos convergentes y los actos físicos de las figuras vivas sea cual sea su cuota de movimiento. Un paisaje estático proporciona innumerables imágenes al cabo de un día desde un punto de observación fijo. Tan solo basta dejar pasar las horas e ir viendo el cambio de luces.  Quien pone la mirada pone también la interpretación y además añade elementos extras de su imaginación. Cuando se toma una imagen dada, se puede enfocar el objetivo en algunas de sus partes y a partir de ellas hacer una exploración epistémica dejando de lado su contorno.

La imagen de una tempestad en el mar  en el cuadro, en la foto o en el fotograma puede sugerir incertidumbre. Si además viene el rugido del viento y del estrépito de las olas añadirá desazón. En cambio la imagen del mismo mar en una hora de sol, con el cielo límpio y las aguas apacibles, dará tranquilidad y paz personal. Hay imágenes cuyo tenebrismo generan inseguridad y otras cuya luz y dulzura producen suavidad y calma.  Pero las imágenes son las que son y  el arte las toma y desmenuza para crear resultados emocionales no necesariamente para perfeccionarlas. Javier Rui-Wamba [1]sostuvo[2] que  “La perfección es indeseable” . Un mazazo contra una idea troncal de la cultura clásica empeñada en el perfeccionismo de las formas de la  que la cultura moralista se hizo eco para insistirnos una y otra vez que el proceso existencial tiene que encontrar su razón de ser buscando la depuración continua y el virtuosismo. El derecho a las maneras deformadas y a las expresiones mediocres ha dado lugar a otra clase de imaginería y de arsenal de imágenes con las que contar. Si bien la geometría de la regularidad le permitió a Johannes Kepler sugerir que el propio creador del firmamento tenía que haber contado con ella para hacerlo, proponer las formas de la irregularidad han permitido la universalidad de las expresiones.

Lo  bonito de la imagen es que puede llegar a distintos espacios léxicos sin necesidad de traducirla ideomáticamente.  El gesto es el que es y las figuras representadas son las que son mas allá de las fronteras donde fueron cubicadas.  Una imagen es también la modificación hecha a una previa que al hacerlo le da un valor añadido. Si la cartulina en blanco tiene un valor distinto antes a después de ser manejada como soporte de un dibujo, una enseña, un icono o una caligrafía también cualquier objeto puede contener un valor añadido a partir de contener nuevos trazos originales. Creo que un texto subrayado tiene un valor añadido frente al que no lo es (aunque eso nos coloca en un campo polémico en el que sé que tendría muchos detractores servidos) y algunos elementos banales de la realidad  pueden ver incrementado el suyo a partir de una mano original que intervenga. Así sucede con algunas paredes mediocres de vallas o cercados que contienen graffittis o en paredes de interior en casas ocupadas que tienen pinturas en su capa de yeso. J.S. Boogs el artista que pintaba billetes de banco con variaciones en su leyenda, ha pagado con ellos en restaurantes, con una cierta conexión en la trayectoria de otras bohemias  (Picasso, Miró,...)que pagaron sus comilonas con garabatos firmados en las servilletas. Lo que tal voz inmortalizaba el nombre del lugar sin evitarle un cabreo al propietario del momento. Con sus dibujos ya ha debido comprar cosas por valor de más de un millón de dólares, lo cual lleva a pensar en el reciclado deseo de la posibilidad de la transacción directa y a la burla al dinero. Pero ésta es otra cuestión. Lo que no quiero perder de vista es el valor de la imagen. Esta personalidad garabateando un cromo y pagando con el en lugar de dejar la tarjeta de crédito en la bandeja de la minuta ya es una imagen jugosa con la que fantasear. Luego alguien la pondrá en un lienzo, o la tomará como parte integrante en un guión cinematográfico con valor en sí misma.

Lo interesante de un discurso escénico es que puede estar comunicando un argumento con varios registros paralelos y con una pequeña cantidad de mensajes secundarios con principio y fin en si mismos en el momento de aparecer. En el cine aprendemos gestos, seguimos diálogos y entramos en conversación subvocal con otros cuando lo fundamental del argumento es un discurso coherente  y no en un empaquetamiento de acciones sin ton ni son.

La  elección de imágenes va más allá de ellas. Se produce una cierta adhesión. El inconsciente conserva en nuestra biología imágenes para siempre. Lo estructural de ellas es su poder simbólico no limitada a una superficie plana de un decorado o de unas miradas.

La naturaleza existencial prepara a los seres humanos para encuadrar y computar un determinado tipo de imágenes y se hace renuente a otras. Si bien la singularidad retiene más la atención y predispone a los cerebros para un plus atencional de energía ante ella, la carga de moral subjetivizada hace de censuradora que lleva a despreciar de lejos nuevos estímulos si son sospechosos de incomprensibles o colisionantes. No todas las imágenes son coleccionables. Quizás solamente los exploradores y los investigadores convencidos son capaces de no desechar ningún aprendizaje que la existencia les ofrezca, la mayoría social prefiere vivir dentro de la cancha limitada a unos cuantos factores segurizantes dándole la espalda a otros muchos que le puedan distorsionar su estabilidad simple. Eso pasa con contra-informaciones, conductas rebeldes o imágenes iconoclastas.

En la época del arte al que llega masivamente nuevos aspirantes a puestos de divos o de artistas de nombre, la relación con la imagen viene sufriendo una variación importante. Antes existían fotógrafos de nombre hoy cualquiera puede hacer fotografías y experimentar con filtros y usar un pasillo de un centro cultural donde colgarlas. Antes era muy complicado hacer una producción cinematográfica hoy se lo puede plantear quien tenga un video y preparar un corto. Técnicamente unir imágenes es relativamente fácil. La genialidad está en dotar de contenido a esa preparación construyendo un informe de sensaciones, emociones, personalidades o hechos.

La tecnomodernidad nos permite a la mayoría atesorar una cierta importancia de hechos visuales. Los ordenadores pasan a ser algo más que la metáfora del cerebro, son nuestros segundos cerebros conteniéndolo todo o casi todo de lo que nos valemos como caudal archivístico.

Sigue siendo heroica la personalidad de gente que atesora imágenes, una tras otra, miles y decenas de miles de ellas y mucho más si es capaz de recordarlas: coleccionistas de sellos, de numismática, de fotos de época, de postales, de films.... La psicología del coleccionista encierra muchos misterios. ¿Es la de un creador frustrado tal vez? ¿O es la del autentico creador al hacer memoria de lo existente sin sentir la necesidad pulsional de añadir algo nuevo de su propia cosecha?  En todo caso es algo necesario para la recuperación de la memoria histórica y para documentar eventos y realidades concretas de otras partes o de otros procesos extinguidos. En las bibliotecas particulares guardamos una cierta cantidad de archivística a la que acudir en momentos determinados para completar investigaciones o estudios o para gozarlos por repetido. También los organismos públicos [3]se ocupan de la conservación de materiales que permiten refrescar los hechos acaecidos por los documentales realizados y por las producciones reinventariadas a las que dieron a lugar.

Se ha admirado a Gambó por la colección de pinturas  que atesoró desde su inversión particular  y que vino a completar la que no podía asumir lo fondos museísticos o modernamente a la de Thyssen y a menor escala la de quien tiene un caudal importante de formas coleccionadas de las que hablar y mucho más si están ligadas a una proyección artística notoria. Tener imágenes es acudir a momentos congelados del pasado y traerlos a colación al presente. Es además poder gozar, por repetido, de  placeres pasados de esos momentos que se vivieron.

El encuentro con la imagen nos activa la reflexión para proyectarla a una dimensión más filosófica sobre el sentido del tiempo y de los egos a través de él, también de las concomitancias entre cada sujeto en acción y los demás con los que se relaciona. El encuentro con la imagen es un encuentro tanto con l o que dice visible y aparentemente como con lo que encierra y  a lo que deriva haya sido o no la intención profesional-artística de su creador., Miquel Tresserras en  l´encontre estètic hace una Reflexión sobre el sentido y la forma del cuadro de soledad de Modest Urgell, pero después deviene una fenomenología persuasiva de la presencia del arte en el mundo[4] . Seguramente no hay arte sin déficit de realidad en alguien que necesita crearlo para suplir sus límites materiales. El arte es el puente entre el deser y el ser o la pasarela que permite ir de un estado de conciencia al otro. Y la imagen está imbricada en todo ese proceso.

Las imágenes cinematográficas forman parte de nuestra cultura desde el principio, desde nuestra infancia. La pantalla gigante fue la primera ventana con la que vimos otros mundos muchos de nosotros. Sigue siendo el lugar de asimilación de otros argumentos que nos permiten por un paréntesis salir de los nuestros y vivir por un rato algunos ajenos. Sus imágenes son una proveduría de propuestas de formas y gestos y maneras y frases de todas clases.

Para mucha gente el contacto con la cultura, pasa por el cine como primera base de información. Acudir a las fuentes de los textos y a los paisajes sigue siendo dando a una minoría mientras que acudir a las salas de proyección lo puede hacer una mayoría. Esta admite tácitamente aceptar la mirada de la cámara y los resultados que ha proporcionado junto al texto que se le ha incorporado como una fuente legítima  de conocimiento, y cuando menos de entretenimiento y apaciguamiento de la necesidad de saber algo. Claro que no será  si no con el seguimiento de directores y campos temáticos que se puede saber algo más que lo que dicen las presentaciones. Acudir de todos modos a las iágenes cinematográficas resulta muy provechoso en particular cuando se ocmparten debates con quienes no tienen contenidos literarios o ensayísticos retenidos en sus memorias pero sí imágenes de pantalla que vieran.



[1] ingeniero de caminos, ha intervenido en actuaciones asociadas a Barna como la Ronda del Litoral. o la pl.de las Glorias

[2]. en su discurso de ingreso como  primer miembro electo de la Academia de Ingenieria,creada en 1995

 

[3] Desde 1981 momento en que la filmoteca central de España devolvió pasrte de sus funciones al gobierno catalán, la filmoteca de la Generalitatr ha adquirido y restaurado alrededor de 2000 films documentos(XII96)

[4] Valentí Puig, el país 300498

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: